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"perder" poems
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:18 PM UTC
Carta a mi futuro yo.
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor. Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui. Todo eso que fui se fue por fingir tanto. Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío. Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto. La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados. Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente. Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas. Me estaba pasando lo mismo. De tanto dar, perder, esforzar y desgastar por lo desconocido, lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento. La indiferencia es un premio que se gana por los años. Bien dirán que el tiempo cura, pero para mi que no es más que costumbre de pérdida y pérdida de cualquier dolor futuro.
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A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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La vida sencilla
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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Soy huellas que no secan en el vacío interminable de tu pecho como marca hecha en desiertos por el cadáver sediento de tu cuerpo Soy un jugador con sonrisa de plata que se burla a escondidas, y se cree ganador de todo lo perdido aceptando el trofeo en secreto sabiendo que ha hecho bien en romper silencios, cadenas, el alma, y ha hecho jirones la camisa de un amante, en busca del elixir divino Soy quien encontró ambrosía en labios rosas como almohadas celestiales que bajan a su encuentro entre noches perdidas, secretas, sedientas Soy quien ríe al último con honestidad y el alma limpia pues no tengo nada que perder ya que he dado todo y regresó en migajas en platos rotos y en realidades que no concuerdan con los sueños y no me arrepiento de nada la historia me absuelve como algún matón cubano dijo alguna vez en algún lugar pues todos los asesinos tienen su razón justificada.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 3:57 AM UTC
Plenitud secreta
Hoy que es día de los muertos quisiera recordar a mis amigos, a aquellos que están perdidos, que nos dejaron de improvisto. Alex con sus gritos a cualquiera impresionaba, mas poseía un alma noble y seguro lo demostraba. La muerte siendo injusta, traicionera y juguetona le hizo perder el equilibrio para no jugar más sola. Daniela guapa era. Coqueta y encantadora. A los hombres enloquecía en cuestión de pocas horas. La muerte, por celosa, le echó una maldición. Ahora les encanta desde el mismísimo panteón. Al pequeño, alegre Ivan el futbol volvía loco. El Barça su pasión y un partido dentro de poco. La muerte en su equipo carecía de un defensor, y pensó en el joven Ivan para su equipo ganador. Aunque hoy se encuentren lejos los llevamos en el corazón, mas no dejan de ser calaveras, calaveras del montón.
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Nov 2, 2014
Nov 2, 2014 at 9:30 AM UTC
Calaveritas
Eu pintei-me de preto e vesti-me de ***** E colori em forma de arco-íris, o meu coração! Descansei os sapatos e assim com ar integro, Analisei todos os meus males, aqui atrás do Marão! Olhei o sol que estava lindo, assim como a luz do dia, E eu ali senti-me um milhafre perdido no raiar do céu, Despi-me de preconceitos e agarrei a luz que me alumia, Comecei a correr até ficar cansado, até perder o chapéu! Comecei a despir o ***** que trazia vestido e foi nu, Que comecei a procurar ao redor uma nova capa, Com cores coloridas com sorrisos tirados do baú! Não servia sorrir de novo, sorrisos fingidos á socapa! Jurei que iria sair do escuro, que trazia vestido, Comprometi-me com a alma, e entregar-me ao destino, Porque afinal, eu não tinha perdido, então porquê, o alarido! Seria por me despir, reflectir e sentir culpado e latino? Hoje não é dia de pensar assim, não é dia de fingir, Não é dia de mentir, nem é dia de ficar para ali a latir. Porque quem me pudesse ouvir, estaria ali não para me ouvir, Mas sim para fingir, que eu era o corvo, e tinha de partir! Quanto tempo durou o fingimento que te cativou? Porquê que eu nunca percebi que teria de sair! Não sei, nem posso deitar-me a adivinhar. Sei, acabou. Não tenho mais comigo razões para me prostituir! Como poderia eu ter sido ingrato, se tivesse visto, Que afinal tudo que vivi, até ali, nunca foi real e meu. Nunca fui afinal muito mais, que um pequeno imprevisto. Ingrato, não estou. Hoje eu sei, que afinal, estou ao léu! Sem qualquer compromisso no coração, e pode ser teu. Autor: António Benigno Dedicado do Romeiro para a Rameira.
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Sep 11, 2013
Sep 11, 2013 at 9:17 AM UTC
Ingratidão
Eu pintei-me de preto e vesti-me de ***** E colori em forma de arco-íris, o meu coração! Descansei os sapatos e assim com ar integro, Analisei todos os meus males, aqui atrás do Marão! Olhei o sol que estava lindo, assim como a luz do dia, E eu ali senti-me um milhafre perdido no raiar do céu, Despi-me de preconceitos e agarrei a luz que me alumia, Comecei a correr até ficar cansado, até perder o chapéu! Comecei a despir o ***** que trazia vestido e foi nu, Que comecei a procurar ao redor uma nova capa, Com cores coloridas com sorrisos tirados do baú! Não servia sorrir de novo, sorrisos fingidos á socapa! Jurei que iria sair do escuro, que trazia vestido, Comprometi-me com a alma, e entregar-me ao destino, Porque afinal, eu não tinha perdido, então porquê, o alarido! Seria por me despir, reflectir e sentir culpado e latino? Hoje não é dia de pensar assim, não é dia de fingir, Não é dia de mentir, nem é dia de ficar para ali a latir. Porque quem me pudesse ouvir, estaria ali não para me ouvir, Mas sim para fingir, que eu era o corvo, e tinha de partir! Quanto tempo durou o fingimento que te cativou? Porquê que eu nunca percebi que teria de sair! Não sei, nem posso deitar-me a adivinhar. Sei, acabou. Não tenho mais comigo razões para me prostituir! Como poderia eu ter sido ingrato, se tivesse visto, Que afinal tudo que vivi, até ali, nunca foi real e meu. Nunca fui afinal muito mais, que um pequeno imprevisto. Ingrato, não estou. Hoje eu sei, que afinal, estou ao léu! Sem qualquer compromisso no coração, e pode ser teu. Autor: António Benigno Dedicado do Romeiro para a Rameira.
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A vida, há não sei dizer quanto tempo, Tem-se mostrado uma interminável batalha. Conseguir ouvir a razão sem abafar o sentir Conseguir sentir sem por ele ser consumida Inteiramente. Não quero mais escrever poesia de guerra Nem fazer da poesia uma guerra de amor Só vale o que eu deixar que valha. E escrevo-o aqui, as desculpas de merda não valem Nem valeriam se fossem desculpas muitíssimo boas Se estou a perder a cabeça vou atrás dela e Encaixo-a de novo no pescoço e Bato com ela nas paredes até tornar a funcionar Não a ajudo a ir. Não. Não quero continuar a perguntar-me à noite O que raio é que estou a fazer Que vida é esta que escolho e não vivo Que não vivo por a escolher incessantemente. Não se pode querer paz e respostas E por ambas querer nenhuma tenho Só a mim e ao silêncio que não deixo existir. Não quero. Não sei o que quero mas Não quero isto. Querer isto não Me deixa querer mais nada. Nem a mim. Especialmente a mim. E tenho que me querer a mim Antes de querer qualquer outra coisa.
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Jun 14, 2017
Jun 14, 2017 at 10:27 AM UTC
Poesia de Guerra
Cuando quiera que tus labios pronunciaran mi nombre se me pondría la piel de gallina y mis huesos comenzarían a estremecerse No estoy acostumbrada a ser llamada con esa dulzura, una dulzura que sonara tan sincera Por eso me trastorné tanto cuando te fuiste Me dejé convencer por tus labios, pensé que serías diferente y me convencí a mí misma de que te quedarías aún cuando por adelantado sabía que no lo harías Pero quién podría sospechar que una voz como la tuya mentiría, que serías de la clase que hace promesas en el cielo sólo para dejar que el viento se las lleve tan fácil como tu te llevaste mi mente Me tomó 5 segundos darme cuenta que me había enamorado de ti te tomó 5 segundos romper mi corazón en tantas piezas, tan pequeñas que el viento se las llevó Ahora jamás completaré mi corazón siempre me faltarán piezas y no latirá como solía hacerlo pero sé al menos que seguirá latiendo y creo que alguien más vendrá y hará lo mismo que tú porque siempre es así y vendrán los que sean necesarios para perder tantas piezas hasta que no pueda encontrar ninguna de ellas y así moriré.
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Jul 11, 2016
Jul 11, 2016 at 1:36 PM UTC
García Márquez me enseñó a morir
Si hubiera de morir dentro de unos instantes, escribiría estas sabias palabras: árbol del pan y de la miel, ruibarbo, cocacola, zonite, cruz gamada. Y me echaría a llorar. Uno puede llorar hasta con la palabra «excusado» si tiene ganas de llorar. Y esto es lo que hoy me pasa. Estoy dispuesto a perder hasta las uñas, a sacarme los ojos y exprimirlos como limones sobre la taza de café. («Te convido a una taza de café con cascaritas de ojo, corazón mío»). Antes de que caiga sobre mi lengua el hielo del silencio, antes de que se raje mi garganta y mi corazón se desplome como una bolsa de cuero, quiero decirte, vida mía, lo agradecido que estoy, por este hígado estupendo que me dejó comer todas tus rosas, el día que entré a tu jardín oculto sin que nadie me viera. Lo recuerdo. Me llené el corazón de diamantes -que son estrellas caídas y envejecidas en el polvo de la tierra- y lo anduve sonando como una sonaja mientras reía. No tengo otro rencor que el que tengo, y eso porque pude nacer antes y no lo hiciste. No pongas el amor en mis manos como un pájaro muerto.
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Aleluya
Si para recobrar lo recobrado debí perder primero lo perdido, si para conseguir lo conseguido tuve que soportar lo soportado, si para estar ahora enamorado fue menester haber estado herido, tengo por bien sufrido lo sufrido, tengo por bien llorado lo llorado. Porque después de todo he comprobado que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido. Porque después de todo he comprendido por lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado.
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Untitled
*Increiblemente mi primer pensamiento cuando desperte fue la melodia y palabras de la canción de tus gemidos de anoche, eres una infatuacion total. Tu cuerpo es mi terapia, repara y revitaliza. eso es lo que provocas en mi, inspiras una passion excesiva, me haces perder los sentidos cuando estoy cerca de ti, puedo compartir mis fantasías contigo y no las rechazas, tratas de hacerlas realidad.*
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Nov 4, 2013
Nov 4, 2013 at 11:15 PM UTC
Infatuación
Quando o céu começar a descosturar, e tudo que era sólido perder o sentido, eu vou te segurar. E vamos rasgar as bordas do que disseram para nós. Até o nosso tempo acabar. E eu não vou desmoronar, porque a melhor parte de mim é o seu sorriso. É irremediável o frio na minha barriga quando você sorri. E se conseguissem ver no seu sorriso o que eu vejo, conseguiriam ver sua alma em seus olhos.
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Sep 1, 2012
Sep 1, 2012 at 1:33 PM UTC
Descosturas
Probablemente mientras duermes, alrededor de las once yo sigo despierto y dormito ideas, mi cuerpo flota y en el sillón viendo al techo esta tu espacio, un metro cincuenta y ocho, eternos. Una extraña marca en la pared que solo yo puedo ver ha quedado,  me estoy acostumbrando a ella ya que de vez en cuando logro evitar su mirada, sobre todo cuando es de noche y apago la luz; todos lo saben, la noche hace invisible la propia oscuridad y encierra en un dulce  parpadeo la cordura. Y así son las doce y tú duermes, mientras yo camino por las calles, solo para seguir en la luna al reflejo de tus ojos. ¿Has notado como las cosas cambian en la noche?, las horas se doblan sobre otras y hacen perder el hilo de los minutos, la sombra cambia los colores, la forma de la vereda hacia tu casa ya no es tan segura, ni las figuras que se puede imaginar en ella durante el día y quizás en la noche el tiempo pasa más lento en tu boca, pero me queda la duda de que solo sea la noche y no tu boca, ¿cómo saber si el sabor será el mismo mañana a las seis? Y así son las tres, y me pierdo en el mismo lugar al que mi mente llega todas las noches, el desenlace y el terminal al que a esta hora conducen todos los caminos, espejismo. Solo sé que no soy yo el que duerme.
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Jan 28, 2016
Jan 28, 2016 at 11:39 PM UTC
Un metro cincuenta y ocho
No cabe gozo más grande ni mayor satisfacción que poder parir a un hijo para darle nuestro amor. Te expones a perder la vida, a sufrir un gran dolor, pero nada nos importa, solo cuenta nuestro amor. Amor hacia esa criatura que queremos con pasión, y es tanto lo que la quieres que perderías la razón si algo malo le ocurre o si simplemente enfermó. Le ves como va creciendo, lo mimas y con razón, se ha convertido en un hombre o en mujer si no es varón, hace poco se casó ¿su pareja? un amor. Pero todo va cambiando, para tu pena y dolor, y ese hijo al que tu amas, Poco a poco se olvidó de que tú eres su madre,! la madre que lo parió!, la que expuso así su vida y le dio todo su amor, la que le cuidó de niño, la que siempre le mimó, la que él ahora no escucha, de la que ya se olvidó, de la que ya no le importa si vive, o si de pena murió. Mas con lágrimas en los ojos, esta pregunta hago yo: De que materia es el hijo que a su madre renunció, que le negó su cariño y a la que nunca escuchó, a la que poco a poquito hasta la vida quitó. Pero a pesar del dolor y de la gran decepción, ¡Gracias le doy a la vida y Gracias a nuestro señor , porque por cada hijo de estos , de los Buenos hay un millón! Con cariño y admiración para todos aquellos hijos que aman a su madre con todo su corazón.
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El dolor de una madre:
Hueles a playa, a lo familiar. Hueles a casa, pero hueles a ti. Hueles a que me gustas, a que me quiero acercar. Dos mundos en tu rostro, cada uno con una historia Y cada una me habla de ti. Llenas la habitación con belleza, y al viento le das una infusión de deseo. Vivir tu sonrisa cuando me miras es ganar. Quedar sin otra alternativa mas que sonreír sin saber que me pasa es perder. Pierdo lo mundano, me vuelve a gustar la vida. No eres lo que busco, fuiste lo que ya encontré. Hueles a estar bien, a estar completo. Hueles cuando estás, y hoy no hueles. Hoy los mundos en tu rostro no me cuentan nada, Pues no están aquí. El viento sólo es aire, sin perfume ni emoción. Y esta habitación muere insípida, sola, gris. Hasta que vuelva a mirarte mañana. Y huelas a playa, a lo familiar, a ti. Hasta que vuelva a mirarte de lejos, Y viva en mi la esperanza de conquistarte con mis versos.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:06 PM UTC
Hueles a ti
Volver y volver a perder mis dedos en tu cabellera, volver a contraer y volver a perder la calma cuando la calma es lo que se necesita para volver al momento cero en que te conocí. Volver y volver a los días cuando la respuestas a mis insistencias fueron no, queriendo decir sigue intentándolo que volveré amar, volveré a donde el amor no es utópico. Querer ser lo que no era una opción en su momento, momento en que querer ya no era opción, Querer estar en el punto medio del inicio cuando nos presentaron el uno al otro y se marcó el final de dos soledades. Así como se dice: Quién no espera nada no se decepciona”. Yo digo: Que uno sabe reconocer lo mejor cuando lo peor era lo único que se conocía. Con una mirada, me di un viaje al interior de eso que estaba resguardado, lo nunca visto: la profundidad de lo que estaba a la superficie; La hermosura latente. Y en un atardecer: Tus ojos mirando hacia el mar, los míos a la luna, tú aroma en mi camisa, mi mano en tu pelo, tú pelo sobre mi hombro, mi hombro sosteniendo cabeza y mi corazón como bailando a la par con el tuyo. Todo parece utópico, pero no lo es…
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Oct 10, 2011
Oct 10, 2011 at 3:01 PM UTC
Hermosura latente.
Cuando daba por perdido todo, entonces me encontre con la luz. No tuve miedo por un momento ya que todo el dolor que sufria habia desaparecido. Era entonces que descubri que habia muerto. Mi enfermedad me agarro por sorpresa al igual que todos. No dio tiempo ni de un solo suspiro para darnos cuenta que habia terminado sin antes haber comenzado. Fue una batalla donde yo no tuve lugar alguno. Mi cuerpo era un extraño que atormentaba mi alma y ganas de vivir. Esa luz era el tunel de mi salida. Al darme cuenta, algo tarde, habia desalojado mi cuerpo. Fue entonces que habia muerto, pero mi alma estaba perdida en un infinito sin entrada ni salida. Sometida a una tortura toda mi vida y en un abrir y cerrar de ojos se esfumo. La luz brillaba tanto que penetraba hasta mis pensamientos. Luego de un rato, el camino se volvio algo magico, ya no tenia miedo y solo pensaba en lo hermoso que era. Mi cara era hermosa sin signos de tristeza o dolor que algun dia vivieron en mi. Entonces ahi deje mi cuerpo y mi alma floto hasta lo mas alto donde era libre y lo mejor era que podia ver lo que yo quisiera. Busque a mi madre y trate de abrazarla, ella no me sentia pero le susurre al oído que la amaba. Para mí sorpresa ella sonrió. Abandoné ese escenario y me fui al jardín mas bello donde veia peces nadar y flores de todo tipo. Poco  a poco me desvanecia hasta que mi persona desaparecio y fue ahi donde algun dia existi y todo lo que vi fue real pero me llevaba un recuerdo que espero no perder donde sea que este.
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Jan 9, 2017
Jan 9, 2017 at 10:51 AM UTC
Del otro lado.
Cuando daba por perdido todo, entonces me encontre con la luz. No tuve miedo por un momento ya que todo el dolor que sufria habia desaparecido. Era entonces que descubri que habia muerto. Mi enfermedad me agarro por sorpresa al igual que todos. No dio tiempo ni de un solo suspiro para darnos cuenta que habia terminado sin antes haber comenzado. Fue una batalla donde yo no tuve lugar alguno. Mi cuerpo era un extraño que atormentaba mi alma y ganas de vivir. Esa luz era el tunel de mi salida. Al darme cuenta, algo tarde, habia desalojado mi cuerpo. Fue entonces que habia muerto, pero mi alma estaba perdida en un infinito sin entrada ni salida. Sometida a una tortura toda mi vida y en un abrir y cerrar de ojos se esfumo. La luz brillaba tanto que penetraba hasta mis pensamientos. Luego de un rato, el camino se volvio algo magico, ya no tenia miedo y solo pensaba en lo hermoso que era. Mi cara era hermosa sin signos de tristeza o dolor que algun dia vivieron en mi. Entonces ahi deje mi cuerpo y mi alma floto hasta lo mas alto donde era libre y lo mejor era que podia ver lo que yo quisiera. Busque a mi madre y trate de abrazarla, ella no me sentia pero le susurre al oído que la amaba. Para mí sorpresa ella sonrió. Abandoné ese escenario y me fui al jardín mas bello donde veia peces nadar y flores de todo tipo. Poco  a poco me desvanecia hasta que mi persona desaparecio y fue ahi donde algun dia existi y todo lo que vi fue real pero me llevaba un recuerdo que espero no perder donde sea que este.
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No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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Oct 11, 2014
Oct 11, 2014 at 11:05 PM UTC
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
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Escorial
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
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Las huestes de don Rodrigo   desmayaban y huían cuando en la octava batalla   sus enemigos vencían. Rodrigo deja sus tiendas   y del real se salía, solo va el desventurado,   sin ninguna compañía; el caballo de cansado   ya moverse no podía, camina por donde quiera   sin que él le estorbe la vía. El rey va tan desmayado   que sentido no tenía; muerto va de sed y hambre,   de velle era gran mancilla; iba tan tinto de sangre   que una brasa parecía. Las armas lleva abolladas,   que eran de gran pedrería; la espada lleva hecha sierra   de los golpes que tenía; el almete de abollado   en la cabeza se hundía; la cara llevaba hinchada   del trabajo que sufría. Subióse encima de un cerro,   el más alto que veía; desde allí mira su gente   cómo iba de vencida; de allí mira sus banderas   y estandartes que tenía, cómo están todos pisados   que la tierra los cubría; mira por los capitanes,   que ninguno parescía; mira el campo tinto en sangre,   la cual arroyos corría. Él, triste de ver aquesto,   gran mancilla en sí tenía, llorando de los sus ojos   desta manera decía: «Ayer era rey de España,   hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos,   hoy ninguno poseía; ayer tenía criados   y gente que me servía, hoy no tengo ni una almena,   que pueda decir que es mía. ¡Desdichada fue la hora,   desdichado fue aquel día en que nací y heredé   la tan grande señoría, pues lo había de perder   todo junto y en un día! ¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes   y llevas esta alma mía de aqueste cuerpo mezquino,   pues se te agradecería?»
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Romance sexto. el reino perdido
Las huestes de don Rodrigo   desmayaban y huían cuando en la octava batalla   sus enemigos vencían. Rodrigo deja sus tiendas   y del real se salía, solo va el desventurado,   sin ninguna compañía; el caballo de cansado   ya moverse no podía, camina por donde quiera   sin que él le estorbe la vía. El rey va tan desmayado   que sentido no tenía; muerto va de sed y hambre,   de velle era gran mancilla; iba tan tinto de sangre   que una brasa parecía. Las armas lleva abolladas,   que eran de gran pedrería; la espada lleva hecha sierra   de los golpes que tenía; el almete de abollado   en la cabeza se hundía; la cara llevaba hinchada   del trabajo que sufría. Subióse encima de un cerro,   el más alto que veía; desde allí mira su gente   cómo iba de vencida; de allí mira sus banderas   y estandartes que tenía, cómo están todos pisados   que la tierra los cubría; mira por los capitanes,   que ninguno parescía; mira el campo tinto en sangre,   la cual arroyos corría. Él, triste de ver aquesto,   gran mancilla en sí tenía, llorando de los sus ojos   desta manera decía: «Ayer era rey de España,   hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos,   hoy ninguno poseía; ayer tenía criados   y gente que me servía, hoy no tengo ni una almena,   que pueda decir que es mía. ¡Desdichada fue la hora,   desdichado fue aquel día en que nací y heredé   la tan grande señoría, pues lo había de perder   todo junto y en un día! ¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes   y llevas esta alma mía de aqueste cuerpo mezquino,   pues se te agradecería?»
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S. Martinho Os sonhos que se sonham acordados, Altares de santos beatificados. Amargos de boca, leitos maltratados, S. Martinho quero beber o vinho com prazer, De manhã até ao anoitecer, Afogar mágoas e pecados. Desde pequeno que ouço falar de Ti, Com bom vinho o povo ri…! Vinho maduro por Ti e DEUS abençoado, Vinho da mesa de Jesus crucificado… Paixão de degustar e bem apreciar, Perder – me no encanto de o decantar. Castanhas e vinho todo bebido, S. Martinho alegre e divertido. Victor Marques
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Nov 6, 2012
Nov 6, 2012 at 2:18 PM UTC
S. Martinho
La víspera de un nuevo despertar se nubla en neblina de adicción, mi garganta se seca de tanto cantar y a mi voz le hace falta una musa. Por latir y perseguir a la quimera de ilusión que me hace perder la razón, Cansado mi bohemio corazón está. En un trago amargo se ahoga el llanto de lagrimas disecadas; mientras tanto sus besos embargo con las palabras de un enamorado trovador Soy el loco bohemio, no se a donde voy y acepto que no me importa, pero aún en las veredas de húmedos desiertos mi alma yo le doy. No son los primeros versos que te escribo, los últimos espero tampoco. Mil palabras de vino tinto este poeta escribe a la vena de fábula Esperando algún día, el mito clandestino se vuelva realidad.
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Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 10:35 PM UTC
Mito Clandestino
Nunca achei que seria tão fácil me vendar Mas olhando para trás Havia tantas coisas que não gostaria de ver E talvez graças a essa cegueira, lembrar não me faz sofrer Apenas buscar um abraço e tentar esquecer Ver o mundo desaparecer Talvez viver de promessas e sonhos foi o que nós fez perder E todo esses pedregulhos viraram aterros Para os próximos sonhos Que podem se tornar verdadeiros E não apenas uma moldura sem fotografia Que decora a mobília de um cômodo sem a pintura do apego E deixar o tempo passar seja o melhor que tenho a fazer Ele revigora e maquia cicatrizes que nem podemos ver Por isso talvez, mesmo sem historias para contar Acho que deveria me entregar Para que ele me leve ao lugar mais distante de ti Sempre achei que um pouco de nós faria bem O que dizer? nunca fui muito bom em escolher Mas talvez se nós reencontrarmos em alguns anos quais quer Podemos perceber que o jogo nunca terminou Apenas virou, e agora estamos em times diferentes Sempre se esbarrando e se machucando Mas nunca se cumprimentando Talvez devesse ter visto de longe Ou não ter me iludido tanto E saber que fomos Destinados a fingir Viver de falsas proximidades e carícias geladas E nunca de ternura nos abraços ou paixão nos beijos Destinados a fingir Uma paixão idiota Que mais parecia um cigarro Que logo se transforma em fumaça E no vento para o mundo se esvai
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Nov 5, 2015
Nov 5, 2015 at 7:48 PM UTC
Tempo de fingir