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"obstante" poems
Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose y, sin embargo, se complace en su pecho colorado; que lo único que hace es componerse de días; que es lóbrego mamífero y se peina... Considerando que el hombre procede suavemente del trabajo y repercute jefe, suena subordinado; que el diagrama del tiempo es constante diorama en sus medallas y, a medio abrir, sus ojos estudiaron, desde lejanos tiempos, su fórmula famélica de masa... Comprendiendo sin esfuerzo que el hombre se queda, a veces, pensando, como queriendo llorar, y, sujeto a tenderse como objeto, se hace buen carpintero, suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona... Considerando también que el hombre es en verdad un animal y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza... Examinando, en fin, sus encontradas piezas, su retrete, su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo... Comprendiendo que él sabe que le quiero, que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente... Considerando sus documentos generales y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito... le hago una seña, viene, y le doy un abrazo, emocionado. ¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
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Considerando en frío, imparcialmente...
Voy contra mi interés al confesarlo;         no obstante, amada mía, pienso, cual tú, que una oda sólo es buena de un billete del Banco al dorso escrita. No faltará algún necio que al oírlo         se haga cruces y diga: -Mujer al fin del siglo diecinueve, material y prosaica... ¡Boberías!   Voces que hacen correr cuatro poetas que en invierno se embozan con la lira; ¡Ladridos de los perros a la luna!   Tú sabes y yo sé que en esta vida con genio es muy contado el que la escribe, y con oro cualquiera hace poesía.
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Rima xxvi
Es cuestión de palabras y, no obstante,     ni tú ni yo jamás, después de lo pasado, convendremos     en quién la culpa está.   ¡Lástima que el Amor un diccionario     no tenga donde hallar cuándo el orgullo es simplemente orgullo     y cuándo es dignidad!
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Rima xxxiii
Esta noche sin luces y esta lluvia constante son para las historias de aquellos peregrinos que dejaban el lodo de sus buenos caminos, cegados por la recia tempestad del instante, y con paso más firme seguían adelante, a lucir de los nuevos joyeles matutinos. Esta noche sin luces aguardo ante mi puerta los tres toques de aldaba que tocará un viajero, y, no obstante, podría negarle mi dinero, el calor de la alcoba o la paz de mi huerta; pero vendrá a mi casa y al corazón alerta porque siempre me busca cuando yo no lo quiero. E iluminado por el espejo que brilla -todo un campo de luz en las horas morenas- al vaivén de las manos blancas como azucenas me contará sus historia agradable y sencilla, y a sus labios, ocultos por la barba amarilla, ha de fluir el canto mortal de las sirenas. Ya no podré vencerle, ya no tendré la mano fuerte para arrojarle de mi casa tranquila, si apenas el relámpago ***** de su pupila le da el pequeño orgullo de llamarme su hermano, mientras retiene un poco del cielo de verano la lluvia pescadora con sus redes en fila. Pero tú, que de nobles éxtasis te revistes, no abras nunca la puerta para dar hospedaje. Ten el oído sordo cuando ceda un ramaje bajo la taciturna pisada de los tristes, o busca el más secreto bálsamo si resistes a no probar el ímpetu fantástico del viaje.
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Nocturno
¡Cae agua de revólveres lavados! Precisamente, es la gracia metálica del agua, en la tarde nocturna en Aragón, no obstante las construidas yerbas, las legumbres ardientes, las plantas industriales. Precisamente, es la rama serena de la química, la rama de explosivos en un pelo, la rama de automóviles en frecuencias y adioses. Así responde el hombre, así, a la muerte, así mira de frente y escucha de costado, así el agua, al contrario de la sangre, es de agua, así el fuego, al revés de la ceniza, alisa sus rumiantes ateridos. ¿Quién va, bajo la nieve? ¿Están matando? No. Precisamente, va la vida coleando, con su segunda soga. ¡Y horrísima es la guerra, solivianta, lo pone a uno largo, ojoso; da tumba la guerra, da caer, da dar un salto extraño de antropoide! Tú lo hueles, compañero, perfectamente, al pisar por distracción tu brazo entre cadáveres; tú lo ves, pues, tocaste tus testículos, poniéndote rojísimo; tú lo oyes en tu boca de soldado natural. Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada, mediodía capitán, noche soldado raso... Por eso, al referirme a esta agonía, aléjome de mí gritando fuerte: ¡Abajo mi cadáver! ... Y sollozo.
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X
El cadalso y carlota corday los alinearon en la habitual arruga de la historia pero danton robespierre marat no se miran ni se dirigen la palabra la muerte esa inasible que fuera su cofrade y su enemiga los recorre con dulce escalofrío en tanto que la fama los satura de himnos desafueros y retórica matarifes o mártires pródigos o inclementes jacobinos o nada entrañables o impíos bonne nouvelle o fetiches patronos de la luz o del terror blandieron la justicia como fiebre el amor cual relámpago la excepción como regla y la revolución ese eterno entrevero como última acrobacia inevitable no obstante hace dos siglos bregaron deliraron murieron con urgencia no sin antes mostrar al resto de los tiempos lo frágiles que eran la cerviz los poderes y sin embargo esos huéspedes o anfitriones del peligro marat danton y robespierre no se hablaban ni se miraban o al menos no se hablaron ni se miraron hasta que de las nuevas arrugas de la historia emergieron artigas y martí y sandino y el che y otros abuelos y bisabuelos cándidos y al abrazarlos sin hacer distingos de a poquito los fueron persuadiendo de que todos lucharon por el hombre el pobrecito duende de este mundo
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Los tres
Hay quienes se resisten deshilachadamente a morir sin haberse concedido un año un mes una hora de goce y esperan ese don cultivando el silencio vaciándose de culpas y de pánicos descansando en el lecho del cansancio o evocando la infancia más antigua así / con la memoria en rebanadas con ojos que investigan lo invisible y el desaliento tímido y portátil que se cubre y descubre a duras penas así miden el cuerpo torpe cándido ese montón de riesgos y de huesos áspero de deseos como llagas que no elige agotarse mas se agota merodean tal vez por la nostalgia ese usual laberinto de abandonos buscan testigos y no los encuentran salvo en las caravanas de fantasmas piden abrazos pero nadie cae en la emboscada de los sentimientos carne de espera / alma de esperanza los desnudos se visten y no vuelven el amor hace un alto en el camino sorprendido in fraganti / condenado y no obstante siempre hay quien se resiste a irse sin gozar / sin apogeos sin brevísimas cúspides de gloria sin periquetes de felicidad como si alguien en el más allá o quizás en el más acá suplente fuera a pedirle cuentas de por qué no fue dichoso como puede serlo un bienaventurado del montón
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Resistencias
La indiferencia de la roca me conmueve y me aplaza cómo irme desgranando hora a hora pestaña tras pestaña pellejo tras pellejo ante ese paradigma de tesón y pureza no obstante apuesto a que la indiferencia de la roca quiere comunicarnos una alarma infinita
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La roca
Cada respiración es una canción de amor De izquierda a derecha, nos rebasa Regresaremos al mundo del más allá. A tal destino nadie puede desafiar. Venimos de los cielos Ahí fraternizamos con los Ángeles Al mismo lugar nos elevaremos A esa ciudad, pasando los siete cielos. Estamos por encima de los cielos y trascendemos a los ángeles ¿Por qué deberíamos transigir? La Casa de las Canciones es nuestro destino. Vivamos con buena Fortuna El destino es contradictorio, Alegres a nuestras vidas demos La victoria del orgullo mundano. El dulce aroma de esta brisa Brota del rizo de ese cabello Radiante fantasía sobre sus rodillas Sobre de esa cara gustoso se fija. Las personas son como los dementes Nacen del mar del alma Manténgase a flote muchas lunas Al mar, el demente, controla. Desde ese mar llegó la ola Mientras el barco tomaba forma Del naufragio nadie podría salvarse Volviendo al mar por esa tormenta. Lo que parecía malo, era la gracia la amabilidad estaba en la ira de la ola El amanecer de la conciencia aparece Iluminando ese camino divino. Desde Tabriz comenzó a brillar La Luz de la Verdad, me llama Tu luz que siendo la Distinta Luz Divina, no obstante, conecta todo. Rumi-Divan-e Shams Tomado de la magnífica traducción al inglés de Shahriar Shahriari Vancouver, Canada July 20, 1998
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Jan 30, 2019
Jan 30, 2019 at 1:35 PM UTC
RUMI
Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul...! Pasó con su madre. Volvió la cabeza: ¡me clavó muy hondo su mirada azul! Quedé como en éxtasis...                                         Con febril premura, «¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par. ...Pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas, que suelen sangrar, ¡y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la dejé pasar!
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Cobardía
había tomado como un beduino conservaba no obstante el acento en la esdrújula y su voz era como un desierto infinito donde los animales más extraños se amaban sus manos ascendían brevemente a subrayar el gesto de amor de una esmerángula o la danza nupcial de los promecos el beduino se alzaba de sí mismo y sacaba del fondo de su voz bellos casos de amor entre las bestias un gran ejemplo jemplo como un caramineco que a su caramineca prometió serle fiel y lo fue por kilómetros hasta que castigado por la sed del desierto y el hambre rechazó pan y agua de la otra y murió musitando "caramineca mía" y ella enterada del fin del caramineco desesperada loca de amor y de distancia besó el retrato de él y se cortó las venas y aún otros casos hubo en la voz del beduino nosotros escuchábamos debajo de la tienda tan sólo interrumpidos por piafar de caballos y estrépitos de estrellas cayendo sobre el mundo y un viento malhadado nos llenaba los ojos de arenas como viejos olvidos nunca disueltos siempre quedando un poco al fondo de botellas nacidas ya después de todo pero sabias ah las conocedoras abrigadoras guardan tu boca como alcol y el beduino tenía los ojos amarillos como el pañuelo verde que te compré una tarde sus ojos saludaban adiós todas las cosas dicen adiós de un tiempo a esta parte ¿notaste? los relojes el puerto los bodegones vos
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El beduino
Pasaba arrolladora en su hermosura     y el paso le dejé; ni aun a mirarla me volví y, no obstante, algo a mi oído murmuró: -Esa es.   ¿Quién reunió la tarde a la mañana?     Lo ignoro; sólo sé que en una breve noche de verano se unieron los crepúsculos, y... fue.
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Rima xxxii