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"insidia" poems
Il mio interesse altalenante A tratti contrastante Il tuo parlare confortante Ma a volte fuorviante Uno scoglio davanti a noi Un pensiero per un poi, Per un secondo eroi E poi soltanto... Adesso è tardi sai? Ora non lo saprai mai Non attraverseremo ne mari ne monti Non diventeremo ne amanti ne tramonti Viviamo nell'incertezza ogni giorno Ma l'unica carezza che sento è quella del vento Ora non vi giro più attorno E con un respiro tento: Solo un dubbio mi percuote la mente E che si insidia nel cuore L'interrogativo silente Se questo è un sogno oppure amore
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Oct 16, 2014
Oct 16, 2014 at 4:35 PM UTC
Inutile
Talara, no digas "yes", Mira al mundo cara a cara; soporta tu desnudez ... y no digas "yes", Talara. Mi raza, al igual que tú tiene sus zonas ajenas: tú por petróleo en tus venas, yo por ser como Esaú. A veces no es el Perú lo que está bajo tus pies. Yo a veces cojo la mies para que  otro se la coma. Si sólo es nuestro el idioma Talara, no digas "yes". Lo que ganas y te dan recíbelo sin orgullo: es un diezmo de lo tuyo, es migaja de tu pan. Y si acaso un holgazán a patriota te retara, deja que siga la piara en su cuadrúpeda insidia; si el mundo entero te envidia mira al mundo cara a cara. Pero cuando tus entrañas ya no tengan más que dar y no haya qué perforar en tu mar ni en tus montañas; cuando lagartos y arañas a la "rotaria" hagan prez; cuando la actual fluidez se extinga como el ocaso, contra el viento de "El Tablazo" soporta tu desnudez. Ese día está lejano y ojalá no llegue nunca, más como todo se trunca pensemos en todo, hermano: Si te dedicas al grano yo te traeré agüita clara, y si en el desierto se ara te serviré de semilla, ... y no dobles la rodilla, ... y no digas "yes", Talara.
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Talara
Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca. Ni el odio soterraño. Ni la envidia bajuna, ni la ambición acezante, de embaïdor atuendo, ni el logrero además, al sesgo, sinuöso,         penetró en la bicoca. Ni la saña virulenta (no la iracundia hiendo, no transito la insidia: vuelo ingrávido); ni pueril amargura (nútrome de inasibles)         penetró en la bicoca. Lo que vozna o que grazna, rahez, ávido; lo que repta, serpea, húmido, yerto; lo que exhibe su pus o su laceria,         no penetró en la bicoca. Prometeo y su buitre, ni Jesús en el huerto, (Job non me peta: ¡oh gafo Jeremías!) ni la nenia (el dolor me topó estoico)         penetró en la bicoca. Platino de las noches, similor de los días; cobre de los crepúsculos; la hecha cuotidiana; la gris tragedia fonje que desuela o inunda,         no penetró en la bicoca. Ni, plácido, el frescor lustral de la mañana al espíritu libre del inútil pequeño mester, y ni la tarde sin menester minúsculo,         penetró en la bicoca. Ni la noche del fértil sueño; ni el tras-sueño -hórrido amanecer para absurdos oficios- de la aventura lauta sin la próxima angustia,         penetró en la bicoca. Libertad ni Ocio próvido ni Holganza… (ásperas sicios sin Moisés aqüifice cuando la roca toca…) (¿tú quoque jeremítico?) La palinodia imbele         no penetro en la bicoca. Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca.
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Estancias
Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca. Ni el odio soterraño. Ni la envidia bajuna, ni la ambición acezante, de embaïdor atuendo, ni el logrero además, al sesgo, sinuöso,         penetró en la bicoca. Ni la saña virulenta (no la iracundia hiendo, no transito la insidia: vuelo ingrávido); ni pueril amargura (nútrome de inasibles)         penetró en la bicoca. Lo que vozna o que grazna, rahez, ávido; lo que repta, serpea, húmido, yerto; lo que exhibe su pus o su laceria,         no penetró en la bicoca. Prometeo y su buitre, ni Jesús en el huerto, (Job non me peta: ¡oh gafo Jeremías!) ni la nenia (el dolor me topó estoico)         penetró en la bicoca. Platino de las noches, similor de los días; cobre de los crepúsculos; la hecha cuotidiana; la gris tragedia fonje que desuela o inunda,         no penetró en la bicoca. Ni, plácido, el frescor lustral de la mañana al espíritu libre del inútil pequeño mester, y ni la tarde sin menester minúsculo,         penetró en la bicoca. Ni la noche del fértil sueño; ni el tras-sueño -hórrido amanecer para absurdos oficios- de la aventura lauta sin la próxima angustia,         penetró en la bicoca. Libertad ni Ocio próvido ni Holganza… (ásperas sicios sin Moisés aqüifice cuando la roca toca…) (¿tú quoque jeremítico?) La palinodia imbele         no penetro en la bicoca. Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca.
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