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"girando" poems
Sobre el monte pelado un calvario. Agua clara y olivos centenarios. Por las callejas hombres embozados, y en las torres veletas girando. Eternamente girando. ¡Oh pueblo perdido, en la Andalucía del llanto!
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Pueblo
En esas doce horas que somos la espalda del mundo en aquel diario eclipse eclipse de pueblos ecllipse de montes y páramos eclipse de humanos eclipse de mar el ***** le tiñe a la Tierra mitad de la cara por más que se ponga luz artificial negrura de sombra sombra de negrura que a nadie le asombra y a todo perdura obscura la España y claro Japón obscura Caracas y claro Cantón y siempre girando hacia el Este aquí está tiznando allá está celeste esa sombra inmensa esa sombra eterna que tuvo comienzo al comienzo del comienzo rotativo eclipse eclipse total pide a los humanos un solemne rito que es horizontal y cada doce horas que llega me alegro porque medio mundo se tiñe de ***** y en ello no cabe distingo racial
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La noche
Noche de cuatro lunas y un solo árbol, con una sola sombra y un solo párajo. Busco en mi carne las huellas de tus labios. El manantial besa al viento sin tocarlo. Llevo el No que me diste, en la palma de la mano, como un limón de cera casi blanco. Noche de cuatro lunas y un solo árbol, En la ***** de una aguja, está mi amor ¡girando!
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Murió Al Amanecer
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Corrida de toros
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Que era la noche del porvenir girando en pies de terriccola aventurado y un pez naufrago en un universo perdido en los ojos de una mujer, despues de todo la noche se esconde en la boca y el ayer es del entonces y un ciego se rie de chistes de un gato son balance, que era la chistosada de meditar drogado de ***** y los gatos siguen en movimiento y Cortazar ya que es Bolaño y su vientre se come ha estraños? lluvia envez de pelo de color azul marino, Wenennefer y musico llamado Jimmi, sus ojos duelen ver, eran de un time future. Y la dolienta sangre de sus manos dolian al escribir fortunas.
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Jun 22, 2014
Jun 22, 2014 at 7:30 PM UTC
Porvenir del Invisible
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Acelerando
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Domenica! Il dì che a mattina sorride e sospira al tramonto!... Che ha quella teglia in cucina? Che brontola brontola brontola... È fuori un frastuono di giuoco, per casa è un sentore di spigo... Che ha quella pentola al fuoco? Che sfrigola sfrigola sfrigola... E già la massaia ritorna da messa; così come trovasi adorna, s'appressa: la brage qua copre, là desta, passando, frr, come in un volo, spargendo un odore di festa, di nuovo, di tela e giaggiolo. La macchina è in punto; l'agnello nel lungo schidione è già pronto; la teglia è sul chiuso fornello, che brontola brontola brontola... Ed ecco la macchina parte da sé, col suo trepido intrigo: la pentola nera è da parte, che sfrigola sfrigola sfrigola... Ed ecco che scende, che sale, che frulla, che va con un dondolo eguale di culla. La legna scoppietta; ed un fioco fragore all'orecchio risuona di qualche invitato, che un poco s'è fermo su l'uscio, e ragiona. È l'ora, in cucina, che troppi due sono, ed un solo non basta: si cuoce, tra murmuri e scoppi, la bionda matassa di pasta. Qua, nella cucina, lo svolo di piccole grida d'impero; là, in sala, il ronzare, ormai solo, d'un ospite molto ciarliero. Avanti i suoi ciocchi, senz'ira né pena, la docile macchina gira serena, qual docile servo, una volta ch'ha inteso, né altro bisogna: lavora nel mentre che ascolta, lavora nel mentre che sogna. Va sempre, s'affretta, ch'è l'ora, con una vertigine molle: con qualche suo fremito incuora la pentola grande che bolle. È l'ora: s'affretta, né tace, ché sgrida, rimprovera, accusa, col suo ticchettìo pertinace, la teglia che brontola chiusa. Campana lontana si sente sonare. Un'altra con onde più lente, più chiare, risponde. Ed il piccolo schiavo già stanco, girando bel bello, già mormora, in tavola! In tavola!, e dondola il suo campanello.
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La canzone del Girarrosto
Domenica! Il dì che a mattina sorride e sospira al tramonto!... Che ha quella teglia in cucina? Che brontola brontola brontola... È fuori un frastuono di giuoco, per casa è un sentore di spigo... Che ha quella pentola al fuoco? Che sfrigola sfrigola sfrigola... E già la massaia ritorna da messa; così come trovasi adorna, s'appressa: la brage qua copre, là desta, passando, frr, come in un volo, spargendo un odore di festa, di nuovo, di tela e giaggiolo. La macchina è in punto; l'agnello nel lungo schidione è già pronto; la teglia è sul chiuso fornello, che brontola brontola brontola... Ed ecco la macchina parte da sé, col suo trepido intrigo: la pentola nera è da parte, che sfrigola sfrigola sfrigola... Ed ecco che scende, che sale, che frulla, che va con un dondolo eguale di culla. La legna scoppietta; ed un fioco fragore all'orecchio risuona di qualche invitato, che un poco s'è fermo su l'uscio, e ragiona. È l'ora, in cucina, che troppi due sono, ed un solo non basta: si cuoce, tra murmuri e scoppi, la bionda matassa di pasta. Qua, nella cucina, lo svolo di piccole grida d'impero; là, in sala, il ronzare, ormai solo, d'un ospite molto ciarliero. Avanti i suoi ciocchi, senz'ira né pena, la docile macchina gira serena, qual docile servo, una volta ch'ha inteso, né altro bisogna: lavora nel mentre che ascolta, lavora nel mentre che sogna. Va sempre, s'affretta, ch'è l'ora, con una vertigine molle: con qualche suo fremito incuora la pentola grande che bolle. È l'ora: s'affretta, né tace, ché sgrida, rimprovera, accusa, col suo ticchettìo pertinace, la teglia che brontola chiusa. Campana lontana si sente sonare. Un'altra con onde più lente, più chiare, risponde. Ed il piccolo schiavo già stanco, girando bel bello, già mormora, in tavola! In tavola!, e dondola il suo campanello.
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Inútilmente interrogas. Tus ojos miran al cielo. Buscas, detrás de las nubes, huellas que se llevó el viento. Buscas las manos calientes, los rostros de los que fueron, el círculo donde yerran tocando sus instrumentos. Nubes que eran ritmo, canto sin final y sin comienzo, campanas de espumas pálidas volteando su secreto, palmas de mármol, criaturas girando al compás del tiempo, imitándole a la vida su perpetuo movimiento. Inútilmente interrogas desde tus párpados ciegos. ¿Qué haces mirando a las nubes, José Hierro?
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Las nubes
el pobre butch butchanam pasó sus años últimos cuidando a una tórtola ciega y sin querer ver a nadie en solidaridad con el pájaro al que amaba y cuidaba y a veces aleteaba en su hombro dejando caer un dulce sonido a naranjos azules girando por el cielo a demonios de pie sobre un ratón a monos de piedra sorprendidos en el acto de hacer "oh tórtola" decía butch butchanam. "amas la ceguera y yo convertí mi corazón en ceguera para que vueles alrededor de él y te quedes" pero lo que debe desaparecer todo lo que se masca come chupa bebe o saborea, venía con el crepúsculo y tristeza para butch tristeza para butch. el cual: soñaba con el desierto sembrado de calaveras de vaca los castillos de arena instantánea o polvo rápidamente quieto en tierra los oleajes (como de serpiente) del tiempo en Melody Spring y los antepasados que ya no conocían el dolor ni el dolor de la muerte y hablaban un idioma lento amarillo feliz como un lazo de oro en el cuello noches y noches soñó butch butchanam hasta que supo que iba a morir enfiló su cama hacia el sur y se acostó de espaldas al cielo y dejó escrito en la tórtola que lo enterraran de espaldas al cielo y aquí yace de espaldas al cielo mirando todo lo que baja y sube en Melody pueblo de miserables que: degollaron la tórtola la asaron la comieron y comprobaron con cristiano horror que los miraba desde el plato con el recuerdo de sus ojos
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Lamento por la tórtola de butch butchanam
Baja del cielo la endiablada ***** Con que carne mortal hieres y engañas. Untada viene de divinas mañas y cielo y tierra su veneno junta. La sangre de hombre que en la herida apunta florece en selvas: sus crecidas cañas de sombras de oro, hienden las entrañas del cielo prieto, y su ascender pregunta. En su vano aguardar de la respuesta las cañas doblan la empinada testa. Flamea el cielo sus azules gasas. Vientos negros, detrás de los cristales de las estrellas, mueven grandes masas de mundos muertos, por sus arrabales.Rosas y lirios ves en el espino; juegas a ser: te cabe en una mano, esmeralda pequeña, el océano; hablas sin lengua, enredas el destino. Plantas la testa en el azul divino y antípodas, tus pies, en el lejano revés del mundo; y te haces soberano, y desatas al sol de tu camino. Miras el horizonte y tu mirada hace nacer en noche la alborada; sueñas y crean hueso tus ficciones. Muda la mano que te alzaba en vuelo, y a tus pies cae, cristal roto, el cielo, y polvo y sombra levan sus talones.Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran de llamaradas por morir; ya cae mi corazón desenhebrado, y trae, la noche, filos que en el viento lloran. Ya en opacas orillas se avizoran manadas negras; ya mi lengua atrae betún de muerte; y ya no se distrae de mí, la espina; y sombras me devoran. Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo Como un perro girando sobre el rabo, la tierra se echa a descansar, cansada. Mano huesosa apaga los luceros: Chirrían, pedregosos sus senderos, con la pupila negra y descarnada.
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Razones y paisajes de amor
Baja del cielo la endiablada ***** Con que carne mortal hieres y engañas. Untada viene de divinas mañas y cielo y tierra su veneno junta. La sangre de hombre que en la herida apunta florece en selvas: sus crecidas cañas de sombras de oro, hienden las entrañas del cielo prieto, y su ascender pregunta. En su vano aguardar de la respuesta las cañas doblan la empinada testa. Flamea el cielo sus azules gasas. Vientos negros, detrás de los cristales de las estrellas, mueven grandes masas de mundos muertos, por sus arrabales.Rosas y lirios ves en el espino; juegas a ser: te cabe en una mano, esmeralda pequeña, el océano; hablas sin lengua, enredas el destino. Plantas la testa en el azul divino y antípodas, tus pies, en el lejano revés del mundo; y te haces soberano, y desatas al sol de tu camino. Miras el horizonte y tu mirada hace nacer en noche la alborada; sueñas y crean hueso tus ficciones. Muda la mano que te alzaba en vuelo, y a tus pies cae, cristal roto, el cielo, y polvo y sombra levan sus talones.Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran de llamaradas por morir; ya cae mi corazón desenhebrado, y trae, la noche, filos que en el viento lloran. Ya en opacas orillas se avizoran manadas negras; ya mi lengua atrae betún de muerte; y ya no se distrae de mí, la espina; y sombras me devoran. Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo Como un perro girando sobre el rabo, la tierra se echa a descansar, cansada. Mano huesosa apaga los luceros: Chirrían, pedregosos sus senderos, con la pupila negra y descarnada.
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Hay algo denso, unido, sentado en el fondo, repitiendo su número, su señal idéntica. Cómo se nota que las piedras han tocado el tiempo, en su fina materia hay olor a edad, y el agua que trae el mar, de sal y sueño. Me rodea una misma cosa, un solo movimiento: el peso del mineral, la luz de la piel, se pegan al sonido de la palabra noche: la tinta del trigo, del marfil, del llanto, las cosas de cuero, de madera, de lana, envejecidas, desteñidas, uniformes, se unen en torno a mí como paredes. Trabajo sordamente, girando sobre mí mismo, como el cuervo sobre la muerte, el cuervo de luto. Pienso, aislado en lo extenso de las estaciones, central, rodeado de geografía silenciosa: una temperatura parcial cae del cielo, un extremo imperio de confusas unidades se reúne rodeándome.
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Unidad
Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.                 Es una tibia mañana. El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.       Pasados los verdes pinos, casi azules, primavera se ve brotar en los finos chopos de la carretera y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo parece, más que joven, adolescente.       Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido, azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido, y mística primavera!       ¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera, espuma de la montaña ante la azul lejanía, sol del día, claro día! ¡Hermosa tierra de España!
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Orillas del duero
que poca mentiras tenes de chiquito a chechuas: Lyrical y poeta Poeta y lyrical Media luna y cracked jokes Cakes and misfit animals Se van a open para vergasos Los movemos antes de llegar Muebles no carga Sangre equivocada de cuero Boludo Los libros se cargan solos Poeta Los libros en las tinieblas de la mente Poeta Girando sin parar la cabeza va Después de todo es más que un sonido Todo lo bonito se admira de repente Todo lo feo se arrepiente uno despues Que es lo interesante de tu pareja: Baudelier, se sintió frío al escribír sus poemas o estoy mintiendo. No podemos rescatar la madre de la sabiduría.
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Oct 5, 2018
Oct 5, 2018 at 12:30 PM UTC
Bardo y sana
hace frío en esta zona del país donde tu cuerpo no está y hace falta el calor de tu cuerpo y no vivo dolorido o arrepentido o triste sino solo nomás hemos aprendido a tenernos hemos aprendido a perdernos ¿por qué hace tanto frío mi dios? no comprendo qué pasa los cosmonautas rajan la noche por encima de aquí y nosotros que no hemos salido al espacio que no hemos salido a tocar las estrellas que ni siquiera hemos salido de esta casa temblamos como locos crepitábamos como cegados por el sol desnudos puros sin hablar como bestias o mundos girando en la paciencia universal
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Hace frío en esta zona del país...
Yo era feliz asi Viviendo ensi Mi vida girando En tu entorno rodando Quiza no te enterabas Lo feliz que yo estaba Con ta poco me conformaba Tu presencia me bastaba Tu mirada me enloquecia Al verte enrojecia Mi estomago saltaba De emocion por dentro gritaba Porque verte me llenaba tanto Para mi eras un encanto Fantasearte era mi alegria Verte ir siempre mi agonia Como arracancarte de mi mundo El dolor es muy rotundo Me haces mucha falta Quisiera hacerte una carta Y hacer mas el ridiculo? La estupidez es mi dicipulo Estupidez aprendiendo de un mal amor Sin futuro ,solo dolor ,no tiene correccion. 3/15/2016 EveGaby
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Mar 22, 2016
Mar 22, 2016 at 11:11 PM UTC
Dicipulo
carmicahel o'shaughnessy mi dios con el camino en la mano era un planeta girando y girando en la mañana cerrada como cubierto de lirios y de trigos ¡ah carmichael! qué grandes fierros le crecían en los pies cuando se andaba al gallo primo cantor y al segundo callado a carmichael se le caían pedazos de rabia pura de la cara que iba dejando como árboles que crecieron como árboles al costado del camino no pájaros no vientos no señoras les movían las ramas sino años de mal amor y desgracia años en que el amor viene mal o mal y triste y destrozado como la margarita que besó el *** a la solombra del atardecer donde carmichael lloró un poco por abajo por arriba por la ventanita que nadie abre iba carmichael con el camino en la mano como paquete del dolor hasta que un día los pies se le pusieron verdes áhi carmichael paró ya rojo ya mitad ya parecido y dulce fue su desventaja toda la sombra que cae de carmichael o'shaughnessy pega en el suelo y se va al sol pero antes canta como dos pechos de mujer o sea canta canta
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Lamento por los pies de carmichael o'shaughnessy
Del mar, a la montaña, por el aire, en la tierra, de una boca a otra boca, dando vueltas, girando, entre muebles y sombras, displicente, gritando, he perdido la vida, no sé dónde, ni cuándo.
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Vórtice
Estrelas alinham-se como sinais de néon, apontando na direcção da rua cósmica. Procura a verdade na mente de um louco, girando em direcção aos seus . . . desejos mais deformados.
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Mar 31, 2014
Mar 31, 2014 at 3:37 PM UTC
Todo es igual y siempre: Yo, la noche, el olvido -acá abajo las rosas y allá arriba los astros. Y el hombre y sus preguntas. Y nadie y su silencio. Y un gran montón de escombros floreciendo y girando. Todo es igual: el río, las espigas, la nieve, las lágrimas, las fechas. Todo es igual y en vano. A veces, en otoño, la música del bosque nace en las hojas secas del compás de mi paso, y hay nubes parecidas a las cosas que pienso, y me duele en los hombros lo que quisiera un árbol; pero después no importa: lo que pasa o se queda, lo que sueño y olvido, todo es igual y en vano. Libros de letras torpes, viejos pozos vacíos, turbio espejo en la sombra, negra espuma en el vaso; sello del rey asirio bajo costras de arena; mandolina del paje, talismán del templario; y nada más que el tiempo soplando su ceniza, y otra vez y cien veces, y todo igual y en vano. Y decimos: "ya es tarde". Y aún así pasa el viento. Y el viento nada dice, pero sigue pasando. Y decimos: "no importa". Y al mirar hacia arriba recorremos a tientas los caminos de abajo. Y decimos entonces: "está bien". Y no importa, y es tarde y, como siempre, todo es igual y en vano.
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Balada de las recapitulaciones
Aborrezco este oficio algunas veces: espía de palabras, busco, busco el término huidizo, la expresión inestable que signifique, exacta, lo que eres. Inmóvil en la nada, al margen de la vida (hundido en un denso silencio sólo roto por el batir oscuro de mi sangre), busco, busco aquellas palabras que no existen -quizá sirvan: delicia de tu cuello…- que te acosan y mueren sin rozarte, cuando lo que quisiera es llegar a tu cuello con mi boca -...o acaso: increíble sonrisa que he besado-, subir hasta tu boca con mis labios, sujetar con mis manos tu cabeza y ver allá en el fondo de tus ojos, instantes antes de cerrar los míos, paz verde y luz dormida, claras sombras                       -tal vez fuera mejor decir: humo en la tarde, borrosa música que llueve del otoño, niebla que cae despacio sobre un valle- avanzando hacia mí, girando, penetrándome hasta anegar mi pecho y levantar mi corazón salvado, ileso, en vilo sobre la leve espuma de la dicha.
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Las palabras inútiles