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"florestas" poems
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, como las leves briznas al viento y al azar. Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe. La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar. Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles, como en abril el campo, que tiembla de pasión: bajo el influjo próvido de espirituales lluvias, el alma está brotando florestas de ilusión. Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos, como la entraña obscura de oscuro pedernal: la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas, en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal. Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos... (¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!) que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, y hasta las propias penas nos hacen sonreír. Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos, que nos depara en vano su carne la mujer: tras de ceñir un talle y acariciar un seno, la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer. Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres, como en las noches lúgubres el llanto del pinar. El alma gime entonces bajo el dolor del mundo, y acaso ni Dios mismo nos puede consolar. Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día... en que levamos anclas para jamás volver... Un día en que discurren vientos ineluctables ¡un día en que ya nadie nos puede retener!
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Canción de la vida profunda
O amor já tem nome Nas imagens que nós temos virtuais, Nas pradarias e rochas, Os amores não são iguais, Preciso de beijocas. Estrada que nunca vemos, Florestas virgens com beleza rara, Sol que se põe na tua cara, Poesia e amor que temos. Teu olhar até consome, Cabelos batem no rosto, Sentimento e gosto, Amor com nome. O mar com espuma, Areias te amam, Corais na bruma, Anjos te aclamam. Victor Marques
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Jan 24, 2011
Jan 24, 2011 at 9:34 AM UTC
O amor tem nome
Nova Andradina, meu moinho Sua gente me recebeu com carinho Lembro-me de cada rua e praça Ali construí uma vida cheia de graça Domingos entre amigos e festas Passeios pelos seus rios e florestas Sábados aminados em seus bares Papeando com os tipos populares No caminho do trabalho aventuras garantidas Na “Escola Agrícola” se vai parte da minha vida Ali fiz amigos e tenho estudantes incríveis E aprendi com as mais situações horríveis Política, cultura, dia-dia e aventuras Aproximaram-me da vida dura Que esse povo forte e lutador Ostenta com graça e esplendor Aqui somente abri portas e janelas Aprendi o preço da liberdade Descobri a força da vida e da solidariedade Para sobreviver às contradições e querelas
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Jan 13, 2015
Jan 13, 2015 at 12:39 PM UTC
Nova Andradina, meu moinho
A bruma carnívora e ameaçadora Enreda cousas furiosas, degrada os rios Em histerismo tortuoso dos campos sombrios No relógio que encrava a besta afora O sangue regela, crânio funéreo estoura Entoando cânticos gemedores aos navios Retumba meus cabelos em ais bravios Como cristal, febril, uma vigília fria e aterradora Vazeia o corpo anêmico morto sob rapistro Aos paradoxais lábios, bela vastidão complexa Docemente sangra e chora ferida ao medo Ó eterna! Esbravejando um fulgor sinistro Na dualidade catastrófica da quimera desconexa Falta às florestas como fruto que desvai cedo
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Aug 30, 2018
Aug 30, 2018 at 12:32 AM UTC
Lívida
Silencio, ¿dónde llevas tu cristal empañado de risas, de palabras y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, el rocío del canto y las manchas sonoras que los mares lejanos dejan sobre la albura serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas cuando sobre los campos alguna vieja noria clava su lento dardo en tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso te hieren las campanas y quiebran tu remanso las bandadas de coplas y el gran rumor dorado que cae sobre los montes azules sollozando? El aire del invierno hace tu azul pedazos, y troncha tus florestas el lamentar callado de alguna fuente fría. Donde posas tus manos, la espina de la risa o el caluroso hachazo de la pasión encuentras. Si te vas a los astros, el zumbido solemne de los azules pájaros quiebra el gran equilibrio de tu escondido cráneo. Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios. Taladrado de estrellas y maduro de música, ¿donde llevas, silencio, tu dolor extrahumano, dolor de estar cautivo en la araña melódica, ciego ya para siempre tu, manantial sagrado? Hoy arrastran tus ondas turbias de pensamiento la ceniza sonora y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos que por siempre se fueron. El estruendo remoto del mar, momificado. Si Jehová se ha dormido, sube al trono brillante, quiébrale en su cabeza un lucero apagado, y acaba seriamente con la música eterna, la armonía sonora de luz, y mientras tanto, vuelve a tu manantial, donde en la noche eterna, antes que Dios y el tiempo, manabas sosegado.
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Elegía del silencio
Silencio, ¿dónde llevas tu cristal empañado de risas, de palabras y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, el rocío del canto y las manchas sonoras que los mares lejanos dejan sobre la albura serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas cuando sobre los campos alguna vieja noria clava su lento dardo en tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso te hieren las campanas y quiebran tu remanso las bandadas de coplas y el gran rumor dorado que cae sobre los montes azules sollozando? El aire del invierno hace tu azul pedazos, y troncha tus florestas el lamentar callado de alguna fuente fría. Donde posas tus manos, la espina de la risa o el caluroso hachazo de la pasión encuentras. Si te vas a los astros, el zumbido solemne de los azules pájaros quiebra el gran equilibrio de tu escondido cráneo. Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios. Taladrado de estrellas y maduro de música, ¿donde llevas, silencio, tu dolor extrahumano, dolor de estar cautivo en la araña melódica, ciego ya para siempre tu, manantial sagrado? Hoy arrastran tus ondas turbias de pensamiento la ceniza sonora y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos que por siempre se fueron. El estruendo remoto del mar, momificado. Si Jehová se ha dormido, sube al trono brillante, quiébrale en su cabeza un lucero apagado, y acaba seriamente con la música eterna, la armonía sonora de luz, y mientras tanto, vuelve a tu manantial, donde en la noche eterna, antes que Dios y el tiempo, manabas sosegado.
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Sobre el mar de los Tiempos ruedan siglos y evos... Los volcanes se extinguen, surgen volcanes nuevos Que a su turno se apagan; elévense ciudades En las ruinas; el ara de las viejas deidades Rueda al polvo; otro culto se levanta; en la bruma La vida de los mundos va en un bajel de espuma Levantando los seres y los seres hundiendo; Y del mar en el fondo, sueño sin fin durmiendo, El incansable pólipo, artífice fecundo, Erige lentamente el pedestal de un mundo. y allá en las soledades de roca submarina, Entre torcidos juncos, do en la sombra germina La vida primitiva bajo imperfecta forma, Lentamente se extiende, palpita, se transforma; Al principio es arbusto, después un árbol grande, Más tarde es una selva tupida que se expande, Va formando otras, y otras, en el fondo, y enhiestas Extiéndense en las aguas regueros de florestas. Y del inmenso piélago, rasgando la gran clámide, Asoma al fin la roja y altísima pirámide... Pasa un siglo, y entonces conviértese en montaña, Otro siglo, otro siglo... y el sol la cumbre baña, Y por la vez primera luce su rica flora Y recibe el radiante bautismo de la aurora.
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La isla de coral