"abren" poems
El sol dentro del día
El frío dentro del sol.
Calles sin nadie
autos parados
Todavía no hay nieve
hay viento viento
Arde todavía
en el aire helado
un arbolito rojo
Hablo con él al hablar contigo
Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje
Tú estás en otro cuarto idéntico
O los dos estamos
en una calle que tu mirada ha despoblado
El mundo
imperceptiblemente se deshace
Memoria
desmoronada bajo nuestros pasos
Estoy parado a la mitad de esta línea
no escrita
Las puertas se abren y cierran solas
El aire
entra y sale por nuestra casa
El aire
habla a solas al hablar contigo
El aire
sin nombre por el pasillo interminable
No se sabe quién está del otro lado
El aire
vuelve aire todo lo que toca
El aire
con dedos de aire disipa lo que digo
Soy aire que no miras
No puedo abrir tus ojos
No puedo cerrar la puerta
El aire se ha vuelto sólido
Esta hora tiene la forma de una pausa
La pausa tiene tu forma
Tú tienes la forma de una fuente
no de agua sino de tiempo
En lo alto del chorro de la fuente
saltan mis pedazos
el fui el soy el no soy todavía
Mi vida no pesa
El pasado se adelgaza
El futuro es un poco de agua en tus ojos
Ahora tienes la forma de un puente
Bajo tus arcos navega nuestro cuarto
Desde tu pretil nos vemos pasar
Ondeas en el viento más luz que cuerpo
En la otra orilla el sol crece
al revés
Sus raíces se entierran en el cielo
Podríamos ocultarnos en su follaje
Con sus ramas prendemos una hoguera
El día es habitable
El frío ha inmovilizado al mundo
El espacio es de vidrio
El vidrio es de aire
Los ruidos más leves erigen
súbitas esculturas
el eco las multiplica y las dispersa
Tal vez va a nevar
Tiembla el árbol encendido
Ya está rodeado de noche
Al hablar con él hablo contigo
2.3k
Esos besos tocan más que labios
Esos besos tocan más que piel
Esos besos tocan más que la necesidad..,
Ellos emocionan, causan euforia,
castigan cuando no son ofrecidos
- pero eternamente apetecidos.
Aquellos besos suavizan la piel más erguida.
Nuestros besos huelen a manzana
en tiempo navideño en Dominicana.
Esos, aquellos, nuestros besos..,
se van descargando poro a poro,
penetrando más allá del logro
de poder hurgar en los umbrales
físicos y los del alma.
Esos, aquellos, nuestros besos,
se van diluyendo entre pequeñeces,
momentos que a veces parecen
estar estampados en cada fibra
de nuestros cuerpos.
Me besas y te beso,
siento tus labios susurrarle a mi razón;
que el tiempo es nuestro y no en vano
ese beso es sustento, que aboga
constantemente por nuestro amor.
Te beso y me besas
se abren las puertezuelas
se zafaron los anzuelos
somos la misma carne y hueso
yo vivo entre tu sien y labios
tu pueblas dentro de mi ser y templo.
Esos, aquellos, nuestros besos…
A veces corto en nuestro silencio
A veces tan inacabable como nuestra pasión
A veces tan dulce, arruinando cada discusión
Tan llenos de energía, de magia y devoción
Tan llenos de vida son esos, aquellos, nuestros besos..,
penetrando día a día un poco más nuestro corazón.
LeydisProse
11/30/2018
https://m.facebook.com/LeydisProse//
Nov 30, 2018
Nov 30, 2018 at 3:56 PM UTC
Aquí los antiguos recibían al fuego
Aquí el fuego creaba el mundo
Al mediodía las piedras se abren como frutos
El agua abre los párpados
La luz resbala por la piel del día
Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia
A la española el día entra pisando fuerte
Un rumor de hojas y pájaros avanza
Un presentimiento de mar o mujeres
El día zumba en mi frente como una idea fija
En la frente del mundo zumba tenaz el día
La luz corre por todas partes
Canta por las terrazas
Hace bailar las casas
Bajo las manos frescas de la yedra ligera
El muro se despierta y levanta sus torres
Y las piedras dejan caer sus vestiduras
Y el agua se desnuda y salta de su lecho
Más desnuda que el agua
Y la luz se desnuda y se mira en el agua
Más desnuda que un astro
Y el pan se abre y el vino se derrama
Y el día se derrama sobre el agua tendida
Ver oír tocar oler gustar pensar
Labios o tierra o viento entre veleros
Sabor del día que se desliza como música
Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha
Y la deja desnuda en el centro del día
Nadie sabe su nombre ni a qué vino
Como un poco de agua se tiende a mi costado
El sol se para un instante por mirarla
La luz se pierde entre sus piernas
La rodean mis miradas como agua
Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua
Como la luz no tiene nombre propio
Como la luz cambia de forma con el día
1.6k
Siento el peso de este mundo en mi cabeza. Y no sé si en algún momento de mi vida fui.
Si viviera yo en una edad oscura, si obedeciera yo a un ínclito rey, a una palabra suprema, al poder de dios, entonces yo caminaría en el relieve bajo el mar. Y sería perfecta porque existiría para pelear guerras santas y salvar vírgenes raptadas.
Sería perfecta y no tendría miedo.
Estaría yo forjada desde el principio con una lanza en la mano y el yelmo en la cabeza. Sería un caballero de ilustres tierras, de ilustres logros.
Los tiempos modernos, sin embargo, me han despojado de un destino glorioso.
No tengo nada más que incertidumbre. No tengo un nombre que sea mío. No poseo títulos ni tesoros ganados.
No soy nada más que una armadura vacía. Y el paso del tiempo me oxida las articulaciones.
¿A dónde pueden huir las almas guerreras? ¿A qué rey acudo para prometerle fidelidad?
No hay aspiraciones nobles en este mundo. Me tengo que armar de pedazos rotos, de rituales inútiles. Mi escudo es un libro de hojas muy blandas. Mi vestido es de hilos muy ligeros. Jamás he visto vestíbulos de grandes castillo, jamás he añorado el amor de una hermosa señora, jamás he clavado flechas en el corazón de un dragón.
¿Qué soy entonces?
Si no soy lo que quiero, ¿qué es esto que respira y que duele y que se lastima los nudillos de las manos de tanto golpear las puertas?
Las puertas no abren. No sé si algún día abrirán. Mis sueños están formados con la intención de atravesarlas. Mis manos están hechas para esgrimar famosas espadas.
Y no tengo nada. Y no tengo nada que no sea invisible.
La armadura que soy yo no es nada más que la promesa de la armadura. Y mi voz metálica es la promesa de la voz.
Y no sé yo si soy.
Feb 1, 2013
Feb 1, 2013 at 2:49 PM UTC
El cielo eterno gira arriba de los edificios
que como centinelas vigilan los caminos
ya pisados por tantas suelas. Los desagües
húmedos y las papeleras desbordantes.
Las murallas añejas, pintadas y ralladas.
Letras y diseños de decenios; rojo como el fuego
y a la vez azul y arcano. '...Estuvo aquí'.
Las lámparas paradas fielmente y derechas;
Han estado ahí por tanto tiempo, sin cambio
y constante. La gente se evapora, como el agua
en un charco de barro. Como sus conversaciones son
como el reclamo de los pájaros. En el parque,
las ramas de los arboles balancean en el viento,
mientras que la gente camina por los retiros verdes
y las fuentes como dedos esbeltos que se abren y enganchan.
La ciudad entera baila detrás del fuego
en el equinoccio, bautizado por la luz de las estrellas
Jan 18, 2012
Jan 18, 2012 at 2:35 AM UTC
Por la alta noche, por la vida entera,
de lágrima a papel, de ropa en ropa,
anduve en estos días abrumados.
Fui el fugitivo de la policía:
y en la hora de cristal, en la espesura
de estrellas solitarias,
crucé ciudades, bosques,
chacarerías, puertos,
de la puerta de un ser humano a otro,
de la mano de un ser a otro ser, a otro ser,
Grave es la noche, pero el hombre
ha dispuesto sus signos fraternales,
y a ciegas por caminos y por sombras
llegué a la puerta iluminada, al pequeño
punto de estrella que era mío,
al fragmento de pan que en el bosque los lobos
no habían devorado.
Una vez, a una casa, en la campiña,
llegué de noche, a nadie
antes de aquella noche había visto,
ni adivinado aquellas existencias.
Cuanto hacían, sus horas
eran nuevas en mi conocimiento.
Entré, eran cinco de familia:
todos como en la noche de un incendio
se habían levantado.
Estreché una
y otra mano, vi un rostro y otro rostro,
que nada me decían: eran puertas
que antes no vi en la calle,
ojos que no conocían mi rostro,
y en la alta noche, apenas
recibido, me tendí al cansancio,
a dormir la congoja de mi patria.
Mientras venía el sueño,
el eco innumerable de la tierra
con sus roncos ladridos y sus hebras
de soledad, continuaba la noche,
y yo pensaba: «Dónde estoy? Quiénes
son? Por qué me guardan hoy?
Por qué ellos, que hasta hoy no me vieron,
abren sus puertas y defienden mi canto?».
Y nadie respondía
sino un rumor de noche deshojada,
un tejido de grillos construyéndose:
la noche entera apenas
parecía temblar en el follaje.
Tierra nocturna, a mi ventana
llegabas con tus labios,
para que yo durmiera dulcemente
como cayendo sobre miles de hojas,
de estación a estación, de nido a nido,
de rama en rama, hasta quedar de pronto
dormido como un muerto en tus raíces.
1.4k
¿Tengo patria todavía?
¿Aún reconozco fronteras?
Hacia el norte el desierto
la montaña al oriente
y el mar y las islas qué son sino puertas
que se abren a todo el universo
¿Qué son sino puertas los hielos eternos?
¿Todavía tengo historia?
¿Tengo todavía monumentos?
He olvidado las batallas
he olvidado las fechas
sólo tengo memoria de caídos
por causas ajenas y pequeñas.
Mi único héroe guerrea con su verbo.
Y yo tengo otro ritmo
son otras mis leyes
y otras sutiles cacerías
con distintos trofeos
ocupan mi espacio y mi tiempo.
Y tengo tan solo un consejero.
Cómo hiere el filo de su lengua.
Y también tengo amigos
sólo íntimos amigos
que me traen caracolas y amatistas
y libros y flechas de silex.
Momentos dorados comparto con ellos
al calor de una taza de té.
Momentos surgidos de un sueño.
Y se va redondeando nuestra historia
sin tambores ni trompetas
en la pura amistad y en el silencio.
No tenemos fronteras
ni queremos monumentos.
Nuestro único guerrero
combate con el filo de su lengua.
Dec 6, 2011
Dec 6, 2011 at 2:54 PM UTC
Al pedir el boleto hay que impostar la voz.
¡ISOLA BELLA! ¡ISOLA BELLA!
Isola Bella, tiene justo el grandor que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.
Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido:
HUMILITAS
¡Salones! Salones de artesonados tormentosos donde cuatrocientas cariátides se hacen cortes de manga entre una bandada de angelitos.
HUMILITAS
Alcobas con lechos de topacio que exigen que quien se acueste en ellos se ponga por lo menos una aigrette de ave de paraíso en el trasero.
HUMILITAS
Jardines que se derraman en el lago en una cascada de terrazas, y donde los pavos reales abren sus blancas sombrillas de encaje, para taparse el sol o barren, con sus escobas incrustadas de zafiros y de rubíes, los caminos ensangrentados de amapolas.
HUMILITAS
Jardines donde los guardianes lustran las hojas de los árboles para que al pasar, nos arreglemos la corbata, y que ante la desnudez de las Venus que pueblan los boscajes nos brindan una rama de alcanfor...
¡ISOLA BELLA!...
Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.
Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido:
HUMILITAS
1.2k
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh ***** toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡¡Yo no quiero verla!!
1.3k
La ferocidad de un coito,
Y ese fuego apagado en tu
****** de leona, te une y
te completa,
y la luz de tus ojos, y el
Brillo intenso que mana
De tu alma, me conecta
A ti
A tu deseo, a tu alma
Brillante y adorada.
Eres el fuego y el agua,
Bajo mis dedos, ardes
y apagas el fuego, y tu
Pliegue erogeno se expande
Para mi
Lleva mi nombre,
Como tatuado por tu
Alma, como si tu corazon
Lo hubiera impreso,
Y brillas completa y amada,
Bajo mis garras de Leon,
ese Leon que es tuyo,
Y adorada te ves en mis
Garras
Completa y amada, y
tus ríos se abren para
Mi, y yo bebo de ellos,
Como si fueras el agua mas
Pura
Y en tus ojos, esa luz que te
Pertenece como mi espada
Samurai, y el espacio que
las diabla dejaron en mi pecho
Y el vapor que sale de nuestros
Cuerpos al unirnos, es el
Resultado de tu **** hermoso y
Adorado, que oh MUDRAS HERMOSAS
y adoradas sellan mi energía,
Y nos comunica con el padre, y
Somos uno, y te amo bajo su
Energía, conectados a EL.
y bajo sus ojos y en su
Energía, te llenas de luz,
Y asciendiendo vas llegando a
ese hermoso despertar,
y tu pliegue erogeno, es
besado y adorado, y cuando
entro con fuerza, siento que
llego a casa, y que me perteneces
Y tu piel blanca de alabastro
Lleva mi nombre, un nombre
que es tuyo.
Oct 18, 2018
Oct 18, 2018 at 4:13 PM UTC
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el **** complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
1.1k
Y vendrán tus monstruos a buscarte,
Escondidos en la solapa del pasado,
Recordando aquellos tiempos escaseados,
Donde existías sin necesidad de responsabilizarte,
Y vendrán tus monstruos a buscarte,
Todos ecos de tus gritos y tus golpes,
Alhajados con mil manillas de cobre,
Donde hay llaves que abren lo menos deseado,
Y vendrán todos tus monstruos a buscarte,
Desde el más pequeño y recóndito rincón,
¿Te recuerdas cuando te decías campeón?
Ahora vives haciéndole ofrendas al amor
Esperando que te vuelvan lo invencible
Y vendrán tus monstruos a enamorarte,
Pegándote los labios al oído,
Repitiendo cada prosa ya olvidada,
Con la que te hacías decir que eras un dios:
Los demás no valían nada.
Y vendrán tus monstruos a devorarte,
Como punto final de breve historia,
Llegaran mofándose de tu gloria,
Y no tendrás más que callar
Y volverte una memoria.
Sep 25, 2018
Sep 25, 2018 at 11:15 PM UTC
En el estado de Nevada
los caminos de hierro tienen nombres de pájaro
son de nieve los campos
y de nieve las horas.
Las noches transparentes
abren luces soñadas
sobre las aguas o tejados puros
constelados de fiesta.
Las lágrimas sonríen
la tristeza es de alas
y las alas sabemos
dan amor inconstante.
Los árboles abrazan árboles
una canción besa otra canción
por los caminos de hierro
pasa el dolor y la alegría.
Siempre hay nieve dormida
sobre la nieve allá en Nevada.
941
Llueven las estrellas sobre mi cama.
Danzan a mi lado y se postran ante ti.
Canta el ruiseñor despuntando el alba.
Veo tus lindos ojos y me olvido de mi.
Sigo en mi sueño de tenerte a mi lado.
En mi lecho bendecido yacemos los dos.
Un rayo de luz asoma por la ventana
e ilumina tu desnudez; pura tentación.
Admiro tu belleza con mis cinco sentidos
y me pierdo, distraído en cada paso que doy.
¿Cómo he de aburrirme de todos tus encantos
si ellos me transforman en el loco que soy?
Sueño despierto cuando estás conmigo.
Y me levanto dormido si no estás aquí.
Tímido el latir de mi corazón cuando te veo.
Frenético su ritmo al verte partir.
Frágil es la piel que mis dedos recorren.
Exótica figura que dibujan al pasar.
Suaves son los labios que me besan cada noche.
Hipnotizantes ojos no me dejan de mirar.
Llueven las estrellas sobre mi cama.
Danzan a mi lado y se postran ante ti.
Se abren las flores al llegar la mañana,
al igual que tus ojos que se fijan en mi.
Sep 13, 2015
Sep 13, 2015 at 8:13 PM UTC
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
864
Volveré mañana en el corcel del Viento.
Volveré. Y cuando vuelva, vosotros os estaréis yendo:
Vosotros los alcabaleros de la muerte, los centuriones en acecho
bajo la gran ojiva de la puerta,
los constructores de ataúdes que al medir el cuerpo
amarillo de los que se van, con la cinta de metro y medio
de los alfayates, decís siempre: ¡Cómo crecen los muertos!
¡Oh, sí! Los muertos crecen. El último traje que se hicieron
al amortajarlos ya les viene pequeño.
Crecen. Y apenas los entierran, rompen los tablones de pino
y los catafalcos de acero;
crecen después en la tumba, fuera de la caja, abren la tierra
como las semillas del centeno
y ya, bajo el sol y la lluvia, en el aire, sueltos,
y sin raíces, siguen y siguen creciendo.
Yo me voy a crecer con los muertos.
Volveré mañana en el corcel del Viento.
Volveré, ¡Y volveré crecido! Entonces vosotros
que os estaréis yendo
no me conoceréis. Mas cuando nos crucemos
en el puente, yo os diré con la mano:
¡Adiós, alcabaleros,
centuriones,
sepultureros!...
A crecer, a crecer,
a la tierra otra vez...
al agua,
al sol,
al Viento... al Viento...
¡Otra vez al Viento!
835
Veo y pienso.
[En ti, cuando sé que no piensas en mí.]
Puertas se abren y se cierran.
Pasos se escuchan.
Alarmas se activan.
Gatas lloran y perros follan.
Escucho todo, cansado de nada.
Veo y no pienso, pienso en todo,
cuando en realidad no quisiera pensar
en nada.
Caos.
Quisiera estar sordo; así no pensaría,
así no sentiría, así, así, así
no pensaría.
Jul 16, 2017
Jul 16, 2017 at 2:09 AM UTC
Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.
La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.
Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?
Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.
Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.
692
Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.
Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.
Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.
Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.
650
Alzo en la noche tu rollizo cuerpo,
altos mis brazos sobre mi cabeza.
Rosada fruta es tu desnuda carne,
mis manos se abren como dos bandejas.
Y coronado de tu gracia pura,
los pies hundidos en la fresca hierba,
saliente el pecho en el ligero esfuerzo,
os lo presento, atónitas estrellas.
573
Muchachos
Que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
Adiós.
Muchachos
Que no seréis nunca compañeros de mi vida
Adiós.
El tiempo de una vida nos separa
Infranqueable:
A un lado la juventud libre y risueña;
A otro la vejez humillante e inhóspita.
De joven no sabía
Ver la hermosura, codiciarla, poseerla;
De viejo la he aprendido
Y veo a la hermosura, mas la codicio inútilmente.
Mano de viejo mancha
El cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Con solitaria dignidad el viejo debe
Pasar de largo junto a la tentación tardía.
Frescos y codiciables son los labios besados,
Labios nunca besados más codiciables y frescos aparecen.
¿Qué remedio, amigos? ¿Qué remedio?
Bien lo sé: no lo hay.
Qué dulce hubiera sido
En vuestra compañía vivir un tiempo:
Bañarse juntos en aguas de una playa caliente,
Compartir bebida y alimento en una mesa.
Sonreír, conversar, pasearse
Mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
Seguid, seguid así, tan descuidadamente,
Atrayendo al amor, atrayendo al deseo.
No cuidéis de la herida que la hermosura vuestra y vuestra
gracia abren
En este transeúnte inmune en apariencia a ellas.
Adiós, adiós, manojos de gracias y donaires.
Que yo pronto he de irme, confiado,
Adonde, anudado el roto hilo, diga y haga
Lo que aquí falta, lo que a tiempo decir y hacer
aquí no supe.
Adiós, adiós, compañeros imposibles.
Que ya tan sólo aprendo
A morir, deseando
Veros de nuevo, hermosos igualmente
En alguna otra vida.
627
Nada me has dado y para ti mi vida
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro,
las mismas tierras y los mismos cielos,
porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer .al beso puro
del sol, del mismo sol que a mí me besa.
Mujer, nada me has dado y sin embargo
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra
en que tu corazón tiembla y reposa.
Me limitan en vano mis sentidos
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa
y que mojó de azul tu sentimiento.
Y sin embargo no me has dado nada,
no se florecen para mí tus años,
la cascada de cobre de tu risa
no apagará la sed de mis rebaños.
Hostia que no probó tu boca fina,
amador del amado que te llame,
saldré al camino con mi amor al brazo
como un vaso de miel para el que ames.
Ya ves, noche estrellada, canto y copa
en que bebes el agua que yo bebo,
vivo en tu vida, vives en mi vida,
nada me has dado y todo te lo debo.
716
¡Tantos que van abriéndose, jardines,
celestes, y en el agua!
Por el azul, espumas, nubecillas,
¡tantas corolas blancas!
Presente, este vergel, ¿de dónde brota,
si anoche aquí no estaba?
Antes que llegue el día, labradora,
la aurora se levanta,
y empieza su quehacer: urdir futuros.
Estrellas rezagadas.
las luces que aún recoge por los cielos
por el mar va a sembrarlas.
Nacen con el albor olas y nubes.
¡Primavera, qué rápida!
Esa apenas capullo -nube-, en rosa,
en oro, en gloria, estalla.
Blancas vislumbres, flores fugacísimas
florecen por las campas
de otro azul. Si una espuma se deshoja,
-pétalos por la playa-,
se abren mil; que el rosal de donde suben
es rosal que no acaba.
De esplendores corona el mediodía
el trabajo del alba.
Ya se ve en brillo, en ola, en pompa, en nube
la cosecha granada.
Una estación se abrevia: es una hora.
Lo que la tierra tarda
tanto en llevar a tallos impacientes
lo trae una mañana.
¿La aurora? Es la frecuente, la celeste,
primavera diaria;
por el azul, sin esperar abriles,
sus abriles desata.
¿De dónde su poder, el velocísimo
impulso de su savia?
Obediencia. A la luz. Pura obediencia,
ella, en su cenit, manda.
Espacios a su seña se oscurecen,
a su seña se aclaran.
El mar no cría cosa que dé sombra;
para la luz se guarda.
Y ella le cubre su verdad de mitos:
la luz, eterna magia.
556
En filas ordenadas regresamos
y cada noche, cada noche,
mientras hacemos el camino,
el breve infierno de la espera
y el espectro que vierte en el oído:
"¿No tienes sangre ya? ¿por qué te mientes?
Mira los pájaros…
El mundo tiene playas todavía
y un barco allá te espera, siempre."
Y las piernas caminan
y una roja marea
inunda playas de ceniza.
"Es hermosa la sangre
cuando salta de ciertos cuellos blancos.
Báñate en esa sangre:
el crimen hace dioses."
Y el hombre aprieta el paso
y ve la hora: aún es tiempo
de alcanzar el tranvía.
"Allá, del otro lado,
yacen las islas prometidas. Danzan
los árboles de música vestidos,
se mecen las naranjas en las ramas
y las granadas abren sus entrañas
y se desgranan en la yerba,
rojas estrellas en un cielo verde,
para la aurora de amarilla cresta…"
Y los labios sonríen y saludan
a otros condenados solitarios:
¿Leyó usted los periódicos?
"¿No dijo que era el Pan y que era el Vino?
¿No dijo que era el Agua?
Cuerpos dorados como el pan dorado
y el vino de labios morados
y el agua, desnudez…"
Y el hombre aprieta el paso
y al tiempo justo de llegar a tiempo
doblan la esquina, puntuales, Dios y el tranvía.
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