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"vilo" poems
Son bellos Nuestros cuerpos así Apenas iluminados Mirando tú fijo nada Y por desgracia Yo en vilo Nada cambia Después del amor Que supone encontrarnos Tan bellos Tu cuerpo entre el mío Dulces separados Por ellos pasa La inocencia De sentirse unidad.
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Nov 1, 2014
Nov 1, 2014 at 1:20 AM UTC
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Venido a menos víking, de poeta (¡y en el Trópico!) estoy. Cuando cavilo: ¿será mi estilo, (por llamarle estilo) -de ése mi estilo (estilo a la jineta) yo mismo en veces (pocas) me horripilo-, barroco estilo, ni motor de escándalos, 1 por descender (si criollo hasta la zeta) de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De Iberos, (no español de pandereta), de Renanos (si no bajo del tilo romanticoide y menos soto el filo 2 guadañador: el Führer non me peta), de Godos (pero zurdo: y nunca enfilo), de Vándalos (¿por miedo al diablo mándalos el Vulgo?) vengo (y vándalo un asceta?): de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De inconexo y sin orden, soy veleta. (Llévame el viento -como brizna- en vilo). Ácrata soy, de buen humor tranquilo. Jamás sóbrame duro ni peseta. La Noche es techo de mi sólo asilo. Grandes recorta, mínimos agrándalos, fechos, mi móvil Yo: ¿síntesis? ¿meta? de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De Enano hace Gigante, y -David- reta verdadero Goliat, que vé pupilo mi fantasía, y aunque corte un hilo su mandoble: y sin honda, ardid ni treta... Y, ante casos minúsculos, vacilo: (casos que un soplo blándulo desbándalos...) Tan vario humor, ¿es zumo que secreta de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De loco no aprovecho, y la chaveta perdí hace siglos, -y, si despabilo, 3 cuerdo ya soy: de la cordura silo!: más cuerdo que el mejor anacoreta. ¿Cuerdo? ¡Qué vá! Con menos me obnubilo; a Juicio y a Folía, Humor comándalos: ¿heredé Humor, Esplín -y la Pirueta-, de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De ambas soy cojo, y ando sin muleta. Sordo, y oigo el silencio. Y en sigilo -ciego- oteante el ***** mar vigilo de la cofa. Sin Fe, ni Amor, ni lieta Bienandanza, Ambición, ni Afán, destilo miel -si hiérenme- a ejemplo de los sándalos (y acíbar además...) ¿Suma -incompleta- de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? Príncipe: ¿quién mis trucos interpreta? ¿quién cargará con la que en torre apilo -¿de Babel?- ¿tonterías? ¿Quién no veta balumba tal -inundación del Nilo?- Malos caminos, muy más rápidos ándalos: es decir, rasga ya la Baladeta 4 de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos.
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Balada - baladeta en mi
Venido a menos víking, de poeta (¡y en el Trópico!) estoy. Cuando cavilo: ¿será mi estilo, (por llamarle estilo) -de ése mi estilo (estilo a la jineta) yo mismo en veces (pocas) me horripilo-, barroco estilo, ni motor de escándalos, 1 por descender (si criollo hasta la zeta) de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De Iberos, (no español de pandereta), de Renanos (si no bajo del tilo romanticoide y menos soto el filo 2 guadañador: el Führer non me peta), de Godos (pero zurdo: y nunca enfilo), de Vándalos (¿por miedo al diablo mándalos el Vulgo?) vengo (y vándalo un asceta?): de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De inconexo y sin orden, soy veleta. (Llévame el viento -como brizna- en vilo). Ácrata soy, de buen humor tranquilo. Jamás sóbrame duro ni peseta. La Noche es techo de mi sólo asilo. Grandes recorta, mínimos agrándalos, fechos, mi móvil Yo: ¿síntesis? ¿meta? de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De Enano hace Gigante, y -David- reta verdadero Goliat, que vé pupilo mi fantasía, y aunque corte un hilo su mandoble: y sin honda, ardid ni treta... Y, ante casos minúsculos, vacilo: (casos que un soplo blándulo desbándalos...) Tan vario humor, ¿es zumo que secreta de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De loco no aprovecho, y la chaveta perdí hace siglos, -y, si despabilo, 3 cuerdo ya soy: de la cordura silo!: más cuerdo que el mejor anacoreta. ¿Cuerdo? ¡Qué vá! Con menos me obnubilo; a Juicio y a Folía, Humor comándalos: ¿heredé Humor, Esplín -y la Pirueta-, de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De ambas soy cojo, y ando sin muleta. Sordo, y oigo el silencio. Y en sigilo -ciego- oteante el ***** mar vigilo de la cofa. Sin Fe, ni Amor, ni lieta Bienandanza, Ambición, ni Afán, destilo miel -si hiérenme- a ejemplo de los sándalos (y acíbar además...) ¿Suma -incompleta- de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? Príncipe: ¿quién mis trucos interpreta? ¿quién cargará con la que en torre apilo -¿de Babel?- ¿tonterías? ¿Quién no veta balumba tal -inundación del Nilo?- Malos caminos, muy más rápidos ándalos: es decir, rasga ya la Baladeta 4 de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos.
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Un mundo como un árbol desgajado. Una generación desarraigada. Unos hombres sin más destino que apuntalar las ruinas.                                           Romper el mar en el mar, como un himen inmenso, mecen los árboles el silencio verde, las estrellas crepitan, yo las oigo. Sólo el hombre está solo. Es que se sabe vivo y mortal. Es que se siente huir -ese río del tiempo hacia la muerte-. Es que quiere quedar. Seguir siguiendo, subir, a contramuerte, hasta lo eterno. Le da miedo mirar. Cierra los ojos para dormir el sueño de los vivos. Pero la muerte, desde dentro, ve. Pero la muerte, desde dentro, vela. Pero la muerte, desde dentro, mata. ...El mar -la mar-, como un himen inmenso, los árboles moviendo el verde aire, la nieve en llamas de la luz en vilo...
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«la tierra»
Rubios, pulidos senos de Amaranta, por una lengua de lebrel limados. Pórticos de limones, desviados por el canal que asciende a tu garganta.Rojo, un puente de rizos se adelanta e incendia tus marfiles ondulados. Muerde, heridor, tus dientes desangrados, y corvo, en vilo, al viento te levanta.La soledad, dormida en la espesura, calza su pie de céfiro y desciende del olmo alto al mar de la llanura.Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende, y gladiadora, como un ascua impura, entre Amaranta y su amador se tiende.
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Amaranta
En el fin del mundo, frente a un paisaje de ojos inmensos, adormecidos pero aún chisporroteantes, aún destellantes, me miras con tu mirada última -la mirada que pierde cielo-. La playa se cubre de miradas absortas, escamas resplandecientes. Se retira la ola de oro líquido. Tendida sobre la lava que huye, eres un gran témpano lunar que enfila hacia el ay, un pedazo de estrella que cintila en la boca del cráter. En tu lecho vertiginoso te enciendes y apagas. Tu caída me arrastra, oh herida que parpadea, oh círculo que cierra sus pestañas, oh negrura que se abre, despeñadero en cuyo fondo nace un astro de hielo. Desde tu caer me contemplas con tu primer mirada -la mirada que pierde suelo-. Y tu mirar se prende al mío. Te sostienen en vilo mis ojos, como la luna a la marea encendida. A tus pies la espuma degollada canta el canto de la noche que empieza.
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Lecho de helechos
Por la calle brinca y corre caballo de larga cola, mientras juegan o dormitan viejos soldados de Roma. Medio monte de Minervas abre sus brazos sin hojas. Agua en vilo redoraba las aristas de las rocas. Noche de torsos yacentes y estrellas de nariz rota aguarda grietas del alba para derrumbarse toda. De cuando en cuando sonaban blasfemias de cresta roja. Al gemir, la santa niña quiebra el cristal de las copas. La rueda afila cuchillos y garfios de aguda comba. Brama el toro de los yunques, y Mérida se corona de nardos casi despiertos y tallos de zarzamora. Flora desnuda se sube por escalerillas de agua. El Cónsul pide bandeja para los senos de Olalla. Un chorro de venas verdes le brota de la garganta. Su **** tiembla enredado como un pájaro en las zarzas. Por el suelo, ya sin norma, brincan sus manos cortadas que aún pueden cruzarse en tenue oración decapitada. Por los rojos agujeros donde sus pechos estaban se ven cielos diminutos y arroyos de leche blanca. Mil arbolillos de sangre le cubren toda la espalda y oponen húmedos troncos al bisturí de las llamas. Centuriones amarillos de carne gris, desvelada, llegan al cielo sonando sus armaduras de plata. Y mientras vibra confusa pasión de crines y espadas, el Cónsul porta en bandeja senos ahumados de Olalla. Nieve ondulada reposa. Olalla pende del árbol. Su desnudo de carbón tizna los aires helados. Noche tirante reluce. Olalla muerta en el árbol. Tinteros de las ciudades vuelcan la tinta despacio. Negros maniquíes de sastre cubren la nieve del campo en largas filas que gimen su silencio mutilado. Nieve partida comienza. Olalla blanca en el árbol. Escuadras de níquel juntan los picos en su costado. Una Custodia reluce sobre los cielos quemados entre gargantas de arroyo y ruiseñores en ramos. ¡Saltan vidrios de colores! Olalla blanca en lo blanco. Ángeles y serafines dicen: Santo, Santo, Santo.
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Romance histórico i
Por la calle brinca y corre caballo de larga cola, mientras juegan o dormitan viejos soldados de Roma. Medio monte de Minervas abre sus brazos sin hojas. Agua en vilo redoraba las aristas de las rocas. Noche de torsos yacentes y estrellas de nariz rota aguarda grietas del alba para derrumbarse toda. De cuando en cuando sonaban blasfemias de cresta roja. Al gemir, la santa niña quiebra el cristal de las copas. La rueda afila cuchillos y garfios de aguda comba. Brama el toro de los yunques, y Mérida se corona de nardos casi despiertos y tallos de zarzamora. Flora desnuda se sube por escalerillas de agua. El Cónsul pide bandeja para los senos de Olalla. Un chorro de venas verdes le brota de la garganta. Su **** tiembla enredado como un pájaro en las zarzas. Por el suelo, ya sin norma, brincan sus manos cortadas que aún pueden cruzarse en tenue oración decapitada. Por los rojos agujeros donde sus pechos estaban se ven cielos diminutos y arroyos de leche blanca. Mil arbolillos de sangre le cubren toda la espalda y oponen húmedos troncos al bisturí de las llamas. Centuriones amarillos de carne gris, desvelada, llegan al cielo sonando sus armaduras de plata. Y mientras vibra confusa pasión de crines y espadas, el Cónsul porta en bandeja senos ahumados de Olalla. Nieve ondulada reposa. Olalla pende del árbol. Su desnudo de carbón tizna los aires helados. Noche tirante reluce. Olalla muerta en el árbol. Tinteros de las ciudades vuelcan la tinta despacio. Negros maniquíes de sastre cubren la nieve del campo en largas filas que gimen su silencio mutilado. Nieve partida comienza. Olalla blanca en el árbol. Escuadras de níquel juntan los picos en su costado. Una Custodia reluce sobre los cielos quemados entre gargantas de arroyo y ruiseñores en ramos. ¡Saltan vidrios de colores! Olalla blanca en lo blanco. Ángeles y serafines dicen: Santo, Santo, Santo.
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Con mi yo y mil un yo           y un yo con mi yo en mí yo mínimo larva llama lacra ávida alga de algo mi yo antropoco solo y mi yo tumbo a tumbo canto rodado en sangre yo abismillo yo dédalo posyo del mico ancestro semirefluido en vilo ya lívido de líbido yo tantan yo panyo yo ralo yo voz mito pulpo yo en mudo nudo de saca y pon gozón en don más don tras don yo vamp yo maramante apenas yo ya otro poetudo yo tan buzo tras voces niñas cálidas de tersos tensos hímenes yo gong gong yo sin son un tanto yo San caries con sombra can viandante vidente no vidente de semiausentes yoes y coyoes no médium nada yogui con que me iré gas graso sin mí ni yo al después sin bis y sin después
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Tantan yo
Aborrezco este oficio algunas veces: espía de palabras, busco, busco el término huidizo, la expresión inestable que signifique, exacta, lo que eres. Inmóvil en la nada, al margen de la vida (hundido en un denso silencio sólo roto por el batir oscuro de mi sangre), busco, busco aquellas palabras que no existen -quizá sirvan: delicia de tu cuello…- que te acosan y mueren sin rozarte, cuando lo que quisiera es llegar a tu cuello con mi boca -...o acaso: increíble sonrisa que he besado-, subir hasta tu boca con mis labios, sujetar con mis manos tu cabeza y ver allá en el fondo de tus ojos, instantes antes de cerrar los míos, paz verde y luz dormida, claras sombras                       -tal vez fuera mejor decir: humo en la tarde, borrosa música que llueve del otoño, niebla que cae despacio sobre un valle- avanzando hacia mí, girando, penetrándome hasta anegar mi pecho y levantar mi corazón salvado, ileso, en vilo sobre la leve espuma de la dicha.
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Las palabras inútiles