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"vienen" poems
They look out from the terrace. At the borders of sight live rocky hills behind brown and golden and olive crop under a cloudless sky. BANG! An artificial cloud. “Mira,” she points, “Venga!” They fly down stairs, diving like sparrows into the street. Boys sprint across pavements and climb; men vault over fences in time for news to reach ears. "¡Ya vienen!" Excitement and fear. The rattling of cow bells and galloping nears. Men bait and dodge horns and escape through doors and up and over red wooden bars. Sticks beat on the concrete ground and closer, louder, gallops sound. Seconds away – until the last, he side steps into a house; indoors, apart, he runs through the foyer and up the stairs around a corner with long strides too fast to follow. She chooses left and sings soprano when doors won't budge and        it                       crashes                                        in. She turns and the fear is paralysing. "FERMIN!" "FERMIN!" "FERMIN!" He hurdles the stairs and explodes but it rams her to and fro, thrashing her head against the wall where horns sin and gore cement and brick. He clasps the tail and heaves its hide from side to side as hooves smash crates of wine - they slip and slide in fractured glass; he finds a horn and yanks the head! He's yanked instead near dead before the men arrive down stairs to punch and kick it; strike and stick it smack and hit it; 'til it fits and quits and flees the foyer, fast and frantic, flying flustered by the frenzy, finally finding pattering paves it peters off down the street. "¿Que ha pasado?   ¿Quien ha sido?   ¡El Balbotin   y la Chicha!   ¡Que una vaca   les ha pillado!" "¿Estas bien?" Dizzy she's there with searching hands and scolding. "Podria haber sido peor"
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Apr 25, 2018
Apr 25, 2018 at 7:09 PM UTC
Fermin el Balbotin
They look out from the terrace. At the borders of sight live rocky hills behind brown and golden and olive crop under a cloudless sky. BANG! An artificial cloud. “Mira,” she points, “Venga!” They fly down stairs, diving like sparrows into the street. Boys sprint across pavements and climb; men vault over fences in time for news to reach ears. "¡Ya vienen!" Excitement and fear. The rattling of cow bells and galloping nears. Men bait and dodge horns and escape through doors and up and over red wooden bars. Sticks beat on the concrete ground and closer, louder, gallops sound. Seconds away – until the last, he side steps into a house; indoors, apart, he runs through the foyer and up the stairs around a corner with long strides too fast to follow. She chooses left and sings soprano when doors won't budge and        it                       crashes                                        in. She turns and the fear is paralysing. "FERMIN!" "FERMIN!" "FERMIN!" He hurdles the stairs and explodes but it rams her to and fro, thrashing her head against the wall where horns sin and gore cement and brick. He clasps the tail and heaves its hide from side to side as hooves smash crates of wine - they slip and slide in fractured glass; he finds a horn and yanks the head! He's yanked instead near dead before the men arrive down stairs to punch and kick it; strike and stick it smack and hit it; 'til it fits and quits and flees the foyer, fast and frantic, flying flustered by the frenzy, finally finding pattering paves it peters off down the street. "¿Que ha pasado?   ¿Quien ha sido?   ¡El Balbotin   y la Chicha!   ¡Que una vaca   les ha pillado!" "¿Estas bien?" Dizzy she's there with searching hands and scolding. "Podria haber sido peor"
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Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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Poema 14
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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¡Qué alegre y fresca la mañanita! Me agarra el aire por la nariz: los perros ladran, un chico grita y una muchacha gorda y bonita, junto a una piedra, muele maíz. Un mozo trae por un sendero sus herramientas y su morral: otro con caites y sin sombrero busca una vaca con su ternero para ordeñarla junto al corral. Sonriendo a veces a la muchacha, que de la piedra pasa al fogón, un sabanero de buena facha, casi en cuclillas afila el hacha sobre una orilla del mollejón. Por las colinas la luz se pierde bajo el cielo claro y sin fin; ahí el ganado las hojas muerde, y hay en los tallos del pasto verde, escarabajos de oro y carmín. Sonando un cuerno corvo y sonoro, pasa un vaquero, y a plena luz vienen las vacas y un blanco toro, con unas manchas color de oro por la barriga y en el testuz. Y la patrona, bate que bate, me regocija con la ilusión de una gran taza de chocolate, que ha de pasarme por el gaznate con la tostada y el requesón.
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Del trópico
Flores amarillas Con un flan de coco, Una botella de ron boricua Y la taza de cafe cubano. Las palmas tropicales Por arriba sobre todo. Te lo digo ahora, Va ser una noche muy buena. No te vayas temprano. Si te vas, Olvídate del chocolate. Tenemos mucho para darte, Pero eres tu que le hace falta Llevar. Entonces, Siéntate en la playa Y con nosotros pasaras el rato. Cálmate por esta noche, Que las que vienen van hacer Del carajo.
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May 22, 2019
May 22, 2019 at 4:36 PM UTC
Viva la Fiesta
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El hijo que la esclava ha concebido, dice el derecho que le pertenece al legítimo dueño que obedece la esclava madre, de quien es nacido. El que retorna el campo agradecido, opimo fruto, que obediente ofrece, es del señor, pues si fecundo crece, se lo debe al cultivo recibido. Así, Lysi divina, estos borrones que hijos del alma son, partos del pecho, será razón que a ti te restituya; y no lo impidan sus imperfecciones, pues vienen a ser tuyos de derecho los conceptos de una alma que es tan tuya.
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Soneto
Tu y tu solo en este mundo Tu y me conoces tan desnuda y me conoces no tan bien como me gustaría que sabíamos nosotros solos Te veré de nuevo pronto siento esto Sientes esto, lo sabemos esto es saber en la sangre bajo la luna, cerca del rio donde soñé con encontrarte hace tantos años mi amor ¿remarás este bote a través del río? Algún día tendremos que dejar de lado estos sueños. Pero nunca the dejaré ir sin mostrarte todo mi amor todo mi amor hueso profundo a mi palma todo tu amor donde la x marca el lugar Tiempo es un círculo que se come a sí mismo no sabe nada más que hambre y anhelo Los días nos pasan como antes somos mejores que eso ahora quiero coronar mis años con algo que se siente mucho mucho como tú ai ai ai ai ai mucho como tú mis años vienen cayendo sobre mí años tocan y se van tienen mucho que decir tantos sueños que nunca fueron puestos en palabras te quedas te quedas te quedas written by  Medusa
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Oct 20, 2018
Oct 20, 2018 at 4:00 AM UTC
Cerca Del Rio
Sonrisas que vienen con el color, historias olvidadas que reviven al alma. Colores, imágenes, música y sentimientos, que cautivan, que encantan, que hipnotizan con los detalles que crean la magia, entretejiendo líneas de ilusión y felicidad, que en un suspiro se extingue, pero que perdura en el recuerdo, corta e inolvidable, es un camino para los sueños.
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Oct 12, 2012
Oct 12, 2012 at 1:00 AM UTC
"De lo sueños..."
Tu cuerpo dibuja las olas en la arena Tus caderas van y vienen con un ritmo interrumpido por la espuma del mar Tus labios tan salados como el agua en la que nado Tu canto irreal como las sirenas de leyenda Tus manos me aprehenden como el pulpo a su presa Tus piernas me envuelven como el alga al coral Navego lentamente hacia mar abierto Atrás quedó la seguridad de la bahía Yo capitán y tú tormenta Azotas mi navío con violencia Me lanzas a las frías e imperdonables aguas de tu océano Atrás quedó la seguridad de la bahía El agua de tu **** inunda mis sentidos y ahoga mi conciencia Naufrago Al despuntar el alba estás tú Etérea en mi soledad Efímera en esencia Eterna en alta mar
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Nov 14, 2016
Nov 14, 2016 at 5:40 PM UTC
Naufrago en ti
Es donde todos los barcos vienen a fallecer! Esta costa inspirado a Piratas del Caribe. Y el Capitán Jack Sparrow! Y este es mi primer poema Español. Coast of Death That is where all the ships come to perish! This coast inspired Pirates of the Carribean. And Captain Jack Sparrow! And this is my first Spanish poem.
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Jan 11, 2017
Jan 11, 2017 at 5:28 AM UTC
Costa da Morte
Los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. Sobre la cresta de los peñones, vestidas de primera comunión, las casas de los aldeanos se arrodillan a los pies de la iglesia, se aprietan unas a otras, la levantan como si fuera una custodia, se anestesian de siesta y de repiqueteo de campana. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. A veces "suele" acontecer que precisamente allí se encuentra una estación. ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las catorce horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, de donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. En los compartimentos de primera, las butacas nos atornillan sus elásticos y nos descorchan un riñón, en tanto que las arañas realizan sus ejercicios de bombero alrededor de la lamparilla que se incendia en el techo. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros, y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. ¿Llegaremos al alba, o mañana al atardecer...? A través de la borra de las ventanillas. el crepúsculo espanta a los rebaños de sombras que salen de abajo de las rocas mientras nos vamos sepultando en una luz de catacumba. Se oye: el canto de las mujeres que mondan las legumbres del puchero de pasado mañana; el ronquido de los soldados que, sin saber por qué, nos trae la seguridad de que se han sacado los botines; los números del extracto de lotería, que todos los pasajeros aprenden de memoria. pues en los quioscos no han hallado ninguna otra cosa para leer. ¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo a alguno de los agujeritos que hay en el cielo! ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las veintisiete horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje.
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El tren expreso
Los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. Sobre la cresta de los peñones, vestidas de primera comunión, las casas de los aldeanos se arrodillan a los pies de la iglesia, se aprietan unas a otras, la levantan como si fuera una custodia, se anestesian de siesta y de repiqueteo de campana. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. A veces "suele" acontecer que precisamente allí se encuentra una estación. ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las catorce horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, de donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. En los compartimentos de primera, las butacas nos atornillan sus elásticos y nos descorchan un riñón, en tanto que las arañas realizan sus ejercicios de bombero alrededor de la lamparilla que se incendia en el techo. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros, y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. ¿Llegaremos al alba, o mañana al atardecer...? A través de la borra de las ventanillas. el crepúsculo espanta a los rebaños de sombras que salen de abajo de las rocas mientras nos vamos sepultando en una luz de catacumba. Se oye: el canto de las mujeres que mondan las legumbres del puchero de pasado mañana; el ronquido de los soldados que, sin saber por qué, nos trae la seguridad de que se han sacado los botines; los números del extracto de lotería, que todos los pasajeros aprenden de memoria. pues en los quioscos no han hallado ninguna otra cosa para leer. ¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo a alguno de los agujeritos que hay en el cielo! ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las veintisiete horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje.
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Con efecto mundial de vela que se enciende, el prepucio directo, hombres a golpes, funcionan los labriegos a tiro de neblina, con alabadas barbas, pie práctico y reginas sinceras de los valles. Hablan como les vienen las palabras, cambian ideas bebiendo orden sacerdotal de una botella; cambian también ideas tras de un árbol, parlando de escrituras privadas, de la luna menguante y de los ríos públicos! (Inmenso! Inmenso! Inmenso!) Función de fuerza sorda y de zarza ardiendo, paso de palo, gesto de palo, acápitcs de palo, la palabra colgando de otro palo. De sus hombros arranca, carne a carne, la herramienta florecida, de sus rodillas bajan ellos mismos por etapas hasta el cielo, y, agitando y agitando sus faltas en forma de antiguas calaveras, levantan sus defectos capitales con cintas, su mansedumbre y sus vasos sanguíneos, tristes, de jueces colorados. Tienen su cabeza, su tronco, sus extremidades, tienen su pantalón, sus dedos metacarpos y un palito; para comer vistiéronse de altura y se lavan la cara acariciándose con sólidas palomas. Por cierto, aquestos hombres cumplen años en los peligros, echan toda la frente en sus salutaciones; carecen de reloj, no se jactan jamás de respirar y, en fin, suelen decirse: Allá, las putas, Luis Taboada, los ingleses; allá ellos, allá ellos, allá ellos!
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Gleba
Tuvo miedo Dijo que cuando duerme Las mancitas gritan sobre el rió Lethe. Hay alguien con él, pero ellos no sepan quien. Mi hemana lo vio. Alguien enseñándole. Es alguien con derecho ancestral. A veces, respuestas vienen Es mi ñaño, hermano mió. A veces, las creamos. A veces, lo agradezcamos.
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Apr 12, 2013
Apr 12, 2013 at 12:02 AM UTC
Quedate, Tía
El agua la manda el cielo, la tierra la puso dios. Viene el amo y me la quita, ¡la p...ita que se partió! A ver, respóndame, hermano: si esta fue tierra ´e los incas ¿de donde hay dueños de fincas con títulos en la mano? Pa mí que al pobre serrano le vienen tomando el pelo. Acequia, puquio, riachuelo todo en títulos se fragua. ¿De ´onde tiene dueño l´agua? ¡el agua la manda el cielo! Y por último, los incas no han sido los más primeros; antes los huancas ´stuvieron y antes que ellos los mochicas. Ora hay haciendas tan ricas pa sólo un dueño o pa dos y gritan a toda voz que heredaron de su padre... ¡Que no me vengan, compadre, la tierra la puso Dios! Donde no hay minas de gringos hay tierras de gamonales, pagan míseros jornales y te andan a los respingos. Se trabaja los domingos Más pior que en tiempo ´e la mita. Y hasta si tengo cholita para mi pobre querer, por el gusto de ...poder viene el amo y me la quita. Creo que, ultimadamente, debiera ser propietario quien fecunda el suelo agrario con el sudor de su frente. Así espera nuestra gente y así mesmo espero yo. Y así ha de ser, pues si no a gringos y gamonales vamo a recontrasacarle ¡la p... ita que se partió!
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Cantares campesinos
La gente viene y va, Pero los recuerdos permanecerán siempre , A medida que nuevos amigos vienen a lo largo, Para hacer nuevos recuerdos, De felicidad, De la tristeza, Siempre hay espacio para más.... Debo confesarte que Tus recuerdos acarician mi corazón Mientras que otros salen por la puerta. Debo contarte que tus recuerdos son la razón por cual llevo esta sonrisa justo en este momento Escribiéndole esto Debo decirte que tus recuerdos se mantienen en mi interior......... Espero que yo también lo estoy..... En el tuyo. -MM-
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Nov 23, 2016
Nov 23, 2016 at 9:45 PM UTC
Tus Recuerdos
Apago el cigarro Y enciendo otra botella, Los pensamientos Vienen en olas cansadas, Mar sin fondo Cielo sin tapón, Las nubes distraídas Me pintan imágenes Que me persiguen Como sábanas en la lavadora Vuelta y vuelta Ciclo interminable, Pero no importa Cuanto lave, La grama sigue Manchando Verde como jade Creciendo Entre las fisuras De las piedras Imposible de matar Con simples químicos, Solo la muerte Esperará Ver el fin De esta mente Atado a un corazón Con un lazo Torturado De amor... APAD13 019 - © okpoet
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Jan 20, 2013
Jan 20, 2013 at 4:23 AM UTC
Torturado...
Ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Por mucho que intentara ocultarme, enterrarlos, por mucho que quisiera creer que está el pasado para siempre dormido, ellos, desde sus altos tronos, ellos, siluetas contra un cielo apagado, ellos, amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados por su pesada carga vendrían a mi lado. Ellos, son muy temblorosos, muy lentos y muy pálidos. Pedro, grave, tranquilo, enorme, sosegado como el mar en otoño. Murió un día de marzo allá lejos…                     Fernando: parecía una tapia bajo el sol del ocaso. Enterrado en la niebla quedó un día.                       Milagros: yo no la conocí. Tenía veinte años. Dicen que eran sus ojos transparentes y vagos; que era alegre y muy linda… Rodrigo, coronado de espumas, semidiós marino. Murió ahogado frente a la playa un día de tormenta.                     ¡Qué claros los veo! Ellos son, vienen cada noche a mi lado, vestidos de jirones oscuros del pasado. Ellos quiebran el vidrio de mis sueños, extraños y ausentes, como si nunca hubieran soñado conmigo, bajo el mismo cielo triste.                     Descalzos andan. Yo no los siento descender de sus marcos. Yo no sé que palabras traen, que no he descifrado. Nombres, fechas, lugares… ¡Señor, me está vedado tu secreto! No puedo darles mi sangre. Hablo con ellos y no entienden mis palabras. Los llamo a voces y no me oyen. Ellos, lentos y vagos, ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Ellos amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados, llenos de pesadumbre, misteriosos y vagos.
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Ellos
Ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Por mucho que intentara ocultarme, enterrarlos, por mucho que quisiera creer que está el pasado para siempre dormido, ellos, desde sus altos tronos, ellos, siluetas contra un cielo apagado, ellos, amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados por su pesada carga vendrían a mi lado. Ellos, son muy temblorosos, muy lentos y muy pálidos. Pedro, grave, tranquilo, enorme, sosegado como el mar en otoño. Murió un día de marzo allá lejos…                     Fernando: parecía una tapia bajo el sol del ocaso. Enterrado en la niebla quedó un día.                       Milagros: yo no la conocí. Tenía veinte años. Dicen que eran sus ojos transparentes y vagos; que era alegre y muy linda… Rodrigo, coronado de espumas, semidiós marino. Murió ahogado frente a la playa un día de tormenta.                     ¡Qué claros los veo! Ellos son, vienen cada noche a mi lado, vestidos de jirones oscuros del pasado. Ellos quiebran el vidrio de mis sueños, extraños y ausentes, como si nunca hubieran soñado conmigo, bajo el mismo cielo triste.                     Descalzos andan. Yo no los siento descender de sus marcos. Yo no sé que palabras traen, que no he descifrado. Nombres, fechas, lugares… ¡Señor, me está vedado tu secreto! No puedo darles mi sangre. Hablo con ellos y no entienden mis palabras. Los llamo a voces y no me oyen. Ellos, lentos y vagos, ellos son, ellos vienen cada noche a mi lado. Ellos amigos, hijos del mismo tiempo, hermanos en el mismo dolor, silenciosos, doblados, llenos de pesadumbre, misteriosos y vagos.
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el dolor siempre es necesario. muchos estan cegados y no encuentran nunca un motivo o una razon por la cual el dolor se necesite... pero al final de todo, lo necesitas. el ser humano siempre va a carecer de muchas cosas, pero nunca de dolor. con esto no quiero decir que la felicidad no se necesite, porque se necesita y mucho. pero ciertamente las cosas buenas y malas vienen de la mano. toda felicidad va a llegar con algo malo y todo lo malo va a venir con algo bueno. pero en realidad, sin dolor no serias nadie. imagina un mundo lleno de felicidad, un mundo donde todo sea perfecto... no puedes imaginarlo, porque la perfeccion no es real. lo perfecto es una vision que creas con tus propios ojos. lo curioso es ¿por que el ser humano no crea una vision perfecta con el dolor? es obvio que nadie quisiera crear del dolor alguna vision de perfeccion ya que es eso, dolor. a veces duele demasiado a un punto que te deja ciego...pero al final del dia, nadie hace el intento de sacar lo perfecto de ahi. solo sacan tiempo para crear visiones perfectas acerca de cosas sin valor y sentido alguno. yo en mi caso, no saco lo perfecto del dolor. tan siquiera logro buscarle lo positivo a las cosas malas. pero si en este mundo hay alguien de la manera que estoy describiendo, realmente lo envidio. quisiera poder crear una vision perfecta de todo y cada uno de los dolores que he tenido en esta vida. yo por lo menos, no puedo. pero quien puede es dichoso y afortunado. quien puede, estoy segura que entiende a la perfeccion que el dolor es necesario. que necesitas dolor para crecer y continuar con la travesía mas larga y corta de todas, la vida.
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Jul 5, 2014
Jul 5, 2014 at 4:09 PM UTC
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el dolor siempre es necesario. muchos estan cegados y no encuentran nunca un motivo o una razon por la cual el dolor se necesite... pero al final de todo, lo necesitas. el ser humano siempre va a carecer de muchas cosas, pero nunca de dolor. con esto no quiero decir que la felicidad no se necesite, porque se necesita y mucho. pero ciertamente las cosas buenas y malas vienen de la mano. toda felicidad va a llegar con algo malo y todo lo malo va a venir con algo bueno. pero en realidad, sin dolor no serias nadie. imagina un mundo lleno de felicidad, un mundo donde todo sea perfecto... no puedes imaginarlo, porque la perfeccion no es real. lo perfecto es una vision que creas con tus propios ojos. lo curioso es ¿por que el ser humano no crea una vision perfecta con el dolor? es obvio que nadie quisiera crear del dolor alguna vision de perfeccion ya que es eso, dolor. a veces duele demasiado a un punto que te deja ciego...pero al final del dia, nadie hace el intento de sacar lo perfecto de ahi. solo sacan tiempo para crear visiones perfectas acerca de cosas sin valor y sentido alguno. yo en mi caso, no saco lo perfecto del dolor. tan siquiera logro buscarle lo positivo a las cosas malas. pero si en este mundo hay alguien de la manera que estoy describiendo, realmente lo envidio. quisiera poder crear una vision perfecta de todo y cada uno de los dolores que he tenido en esta vida. yo por lo menos, no puedo. pero quien puede es dichoso y afortunado. quien puede, estoy segura que entiende a la perfeccion que el dolor es necesario. que necesitas dolor para crecer y continuar con la travesía mas larga y corta de todas, la vida.
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Flor de Mayo, como un rayo de la tarde, se moría... Yo te quise, Flor de Mayo, tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, cantando irán. Flor de Mayo ni se viste ni se alahaja ni atavía; ¡Flor de Mayo está muy triste! ¡Pobrecita, pobrecita vida mía! Cada estrella que palpita, desde el cielo le habla asi: «Ven conmigo Florecita, brillarás en la extensión igual a mí.» Flor de Mayo, con desmayo, le responde: «¡Pronto iré!»Se nos muere Flor de Mayo, ¡Flor de Mayo, la Elegida, se nos fue! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, llorando irán... «¡No me dejes!», yo le grito; «¡No te vayas, dueño mío: el espacio es infinito y es muy ***** y hace frío, mucho frío!» Sin curarse de mi empeño, Flor de Mayo se alejó, y en la noche, como un sueño, misteriosamente triste se perdió. Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, ¡ay cómo irán! Al amparo de mi huerto una sola flor crecía: Flor de Mayo, y se me ha muerto... Yo la quise, ¡pero Dios no lo quería!
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La canción de flor de mayo
Como enjambre de abejas irritadas, de un oscuro rincón de la memoria salen a perseguirme los recuerdos         de las pasadas horas. Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo inútil!         Me rodean, me acosan, y unos tras otros a clavarme vienen el agudo aguijón que el alma encona.
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Rima lxiii
Paso a Nuestro Amo y Señor andas, lienzo y candelabros. Paso a Nuestro Salvador el Señor de los Milagros. La calle es un río humano por cuyo cauce, la gente muy acompasadamente camina desde temprano. "Avancen, avancen hermanos, no estorben al cargador..." grita el Capataz Mayor que las cuadrillas comanda. "Paso, que vienen las andas, paso a Nuestro Amo y Señor..." Por las calles se desborda aquel torrente morado; gimen los pies maltratados, la Fe permanece sorda. La multitud que lo aborda da marco al rey de los cuadros: Caídas y descalabros en aquella mar mulata, y cual velero de plata andas, lienzo y candelabros. Una señora morena le ofrece todos sus hijos; una ciega de ojos fijos pídele Luz Nazarena; azota una Magdalena su vil cuerpo pecador. Al paso del Redentor doblan tristes las campanas "Avancen, avancen hermanas, paso a Nuestro Salvador..." Sobre el lienzo de Jesús la tarde pinta una sombra. Sobre las frentes se nombra señal dela Santa Cruz... Bajo un cirio -santa luz- A Ti, Señor, me consagro, y de tus perfiles magros venga a nos tu Redención que nunca negó perdón el Señor de los Milagros.
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Al señor de los milagros
Cuando se mira los faroles rojos en la orilla del mar, mi pescador, el de profundos ojos, pone sus negras redes a pescar. (El mar ante la noche se ilumina, y sus olas doradas, al nacer, florecen como un ansia repentina en ojos de mujer). Pez de luna bruñida no se pesca, pescador. Agua del golfo, la ondulada y fresca, deja que riegue la orilla con amor. No persigas la forma del lucero, que ni el agua dormida la dará; si él, como un sonámbulo viajero, sólo viene y se va. Que, pobres, las corrientes y la charca encierran ilusión, y ajenos al peligro de tu barca vienen sueños de luz al corazón. Con los ojos, ya tímidos, escarbas en los mares rebeldes a cincel, y puede correr llanto por tus barbas de serpientes de miel. El agua misma, la ondulada y fresca, ponga un poco de sol en tu dolor. ¡Pez de luna bruñida no se pesca pescador!
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Pescador de luna
Todo el amor en una copa ancha como la tierra, todo el amor con estrellas y espinas te di, pero anduviste con pies pequeños, con tacones sucios sobre el fuego, apagándolo. Ay gran amor, pequeña amada! No me detuve en la lucha. No dejé de marchar hacia la vida, hacia la paz, hacia el pan para todos, pero te alcé en mis brazos y te clavé a mis besos y te miré como jamás volverán a mirarte ojos humanos. Ay gran amor, pequeña amada! Entonces no mediste mi estatura, y al hombre que para ti apartó la sangre, el trigo, el agua confundiste con el pequeño insecto que te cayó en la falda. Ay gran amor, pequeña amada! No esperes que te mire en la distancia hacia atrás, permanece con lo que te dejé, pasea con mi fotografía traicionada, yo seguiré marchando, abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo suave la tierra, repartiendo la estrella para los que vienen. Quédate en el camino. Ha llegado la noche para ti. Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo. Ay gran amor, pequeña amada!
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El olvido
Oh amor, eres como un mar Con olas que vienen y van. Tan profundo que es difícil de llegar al fondo; oh amor mío ¿qué nos pasó? ¿fue el tiempo que nos consumió? ¿o fueron tus olas que me alejaron? Vivo a la orilla del mar, esperando tus olas, las que me arrastran hlacia ti, llévame con la corriente hacia tu corazón y mantenme ahí.
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Nov 30, 2016
Nov 30, 2016 at 2:30 PM UTC
Amor acuático