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"vereda" poems
Con mi gorro y mi pipa, con mi luz tenue, mi cobija blanda y el cielo estrellado, pienso en ti;  y te mezclo con mi entorno, con mis ideas y mis locuras. Me río inocentemente, irónicamente, porque son cosas que solo se me ocurrirían a mí, verte bailando con un traje de ballet o un vestido, verte anunciando un producto en televisión, verte ahí parada justo frente a mí, con cara de alegría, como si me hubieras  esperado. verte así de pronto sin pensarte, como algo nuevo que no termino de explorar, verte disfrazada de rebeldía y de seriedad, verte así, sin verte, sentado sin parpadear, enloqueciendo, suspirando y alardeando como si supiera que decir.   Verte así,  sin verte, pensando en si algún día pasará, pensándote, así por la mitad, sin saber, si ser o no ser contigo, en una playa, en la vereda; con tus brazos en mis hombros, y mi alma en tu boca, verte así, lenta y maravillada, verte sonreír, verte enrojecer; me encanta, encanta que yo sienta esto, porque es raro, porque hay q darle vuelta al mundo para lograrlo,  porque me gustas así, como un helado, así de simple, así de complicado.   Me gustas, así sin verte, entre la alarma del despertador, entre el volumen de la televisión, en el libro a medio leer, en lo frío que está el piso, en mi taza de café y en mi lápiz azul, mientras te pienso, acostado y con los ojos cerrados.
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Oct 10, 2015
Oct 10, 2015 at 3:59 PM UTC
Me gustas
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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La noche cíclica
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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Probablemente mientras duermes, alrededor de las once yo sigo despierto y dormito ideas, mi cuerpo flota y en el sillón viendo al techo esta tu espacio, un metro cincuenta y ocho, eternos. Una extraña marca en la pared que solo yo puedo ver ha quedado,  me estoy acostumbrando a ella ya que de vez en cuando logro evitar su mirada, sobre todo cuando es de noche y apago la luz; todos lo saben, la noche hace invisible la propia oscuridad y encierra en un dulce  parpadeo la cordura. Y así son las doce y tú duermes, mientras yo camino por las calles, solo para seguir en la luna al reflejo de tus ojos. ¿Has notado como las cosas cambian en la noche?, las horas se doblan sobre otras y hacen perder el hilo de los minutos, la sombra cambia los colores, la forma de la vereda hacia tu casa ya no es tan segura, ni las figuras que se puede imaginar en ella durante el día y quizás en la noche el tiempo pasa más lento en tu boca, pero me queda la duda de que solo sea la noche y no tu boca, ¿cómo saber si el sabor será el mismo mañana a las seis? Y así son las tres, y me pierdo en el mismo lugar al que mi mente llega todas las noches, el desenlace y el terminal al que a esta hora conducen todos los caminos, espejismo. Solo sé que no soy yo el que duerme.
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Jan 28, 2016
Jan 28, 2016 at 11:39 PM UTC
Un metro cincuenta y ocho
un dia de estos encontraré tu caballo blanco sentado al cordón de la vereda sí, esperando que pase el sol de lluvia buena eterno sueño mimado del día siguiente a los pasos tristes de mi sombra celeste simple y solo una pena no tenerte a mi lado hoy y ayer y hasta mañana esperaré al cielo y a la estrella fugaz mas lejana antes que tus vidas pasadas golpeen mi puerta y nos reencontremos reencarnados en otro lugar del mundo y la tierra. --------------------------------------------------------------- simple and only some day of these i will find your white horse sitting at the sidewalk curb yes, waiting the good rain sun to pass by eternal spoiled daydream next to the sorrowful steps of my skyblue shadow simple and only it is a pity i dont have you by my side today and yesterday and until tomorrow i will wait to the sky and the farthest shooting star sooner than your past lives knock at my door and we will reincarnated rejoin somewhere else in the world and earth.
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Feb 2, 2012
Feb 2, 2012 at 6:43 PM UTC
simple y solo
La ciudad imita en cartón, una ciudad de pórfido.Caravanas de montañas acampan en los alrededores.El "Pan de Azúcar" basta para almibarar toda la bahía... El "Pan de Azúcar" y su alambre carril, que perderá el equilibrio por no usar una sombrilla de papel. Con sus caras pintarrajeadas, los edificios saltan unos encima de otros y cuando están arriba, ponen el lomo, para que las palmeras les den un golpe de plumero en la azotea.El sol ablanda el asfalto y las nalgas de las mujeres, madura las peras de la electricidad, sufre un crepúsculo, en los botones de ópalo que los hombres usan hasta para abrocharse la bragueta.¡Siete veces al día, se riegan las calles con agua de jazmín! Hay viejos árboles pederastas, florecidos en rosas té; y viejos árboles que se tragan los chicos que juegan al arco en los paseos. Frutas que al caer hacen un huraco enorme en la vereda; negros que tienen cutis de tabaco, las palmas de las manos hechas de coral, y sonrisas desfachatadas de sandía.Sólo por cuatrocientos mil reis se toma un café, que perfuma todo un barrio de la ciudad durante diez minutos.
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Río de janeiro
En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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Canción de sergio stepansky
En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra! Una lluvia pulverizada lustra La Plaza de las Verduras, se hincha en globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo. Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su desilusión; mientras, la banda gruñe un tiempo de vals, para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren. La Virgen, sentada en una fuente, como sobre un bidé, derrama un agua enrojecida por las bombitas de luz eléctrica que le han puesto en los pies. ¡Guitarras! ¡Mandolinas! ¡Balcones sin escalas y sin Julietas! Paraguas que sudan y son como la supervivencia de una flora ya fósil. Capiteles donde unos monos se entretienen desde hace nueve siglos en hacer el amor. El cielo simple, verdoso, un poco sucio, es del mismo color que el uniforme de los soldados.
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Verona
¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su ****** El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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Fundación mítica de buenos aires
¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su ****** El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el **** se les caiga en la vereda. Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas. Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran  desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.
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Exvoto
Cerrado te quedaste, libro mío. Tú, que con la palabra bien medida me abriste tantas veces la escondida vereda que pedía mi albedrío, esta noche de julio eres un frío mazo de papel blanco. Tu fingida lumbre de buen amor está encendida dentro de mí con no fingido brío. Pero no has muerto, no, buen compañero  que para vida superior te acreces: el oro que guardaba tu venero hoy está libre en mí, no en ti cautivo, y lo que me fingiste tantas veces aquí en mi corazón lo siento vivo.
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Como te va hace tiempo el tema de amor Hace tiempo que pasamos juntos por la vereda de la realidad
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Mar 23, 2013
Mar 23, 2013 at 1:47 PM UTC
a little spanish melody
El aljibe. En el fondo la tortuga. Sobre el patio la vaga astronomía del niño. La heredada platería que se espeja en el ébano. La fuga del tiempo, que al principio nunca pasa. Un sable que ha servido en el desierto. Un grave rostro militar y muerto. El húmedo zaguán. La vieja casa. En el patio que fue de los esclavos la sombra de la parra se aboveda. Silba un trasnochador por la vereda. En la alcancía duermen los centavos. Nada. Sólo esa pobre medianía que buscan el olvido y la elegía.
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Buenos aires, 1899
La calle pasa con olor a desierto, entre un friso de negros sentados sobre el cordón de la vereda. Frente al Palacio de la Gobernación:                                                       ¡CALOR! ¡CALOR! Europeos que usan una escupidera en la cabeza. Negros estilizados con ademanes de sultán. El candombe les bate las ubres a las mujeres para que al pasar, el ministro les ordeñe una taza de chocolate. ¡Plantas callicidas! Negras vestidas de papagayo, con sus crías en uno de los pliegues de la falda. Palmeras, que de noche se estiran para sacarle a las estrellas el polvo que se les ha entrado en la pupila. ¡Habrá cohetes! ¡Cañonazos! Un nuevo impuesto a los nativos. Discursos en cuatro mil lenguas oscuras. Y de noche:                             ¡ILUMINACIÓN!                                                         a cargo de las                                                         constelaciones.
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Fiesta en dakar
En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.
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Apunte callejero
Aquella esperanza que cabía en un dedal, aquella alta vereda junto al barro, aquel ir y venir del sueño, aquel horóscopo de un larguísimo viaje y el larguísimo viaje con adioses y gente y países de nieve y corazones donde cada kilómetro es un cielo distinto, aquella confianza desde nos cuándo, aquel juramento hasta nos dónde, aquella cruzado hacia nos qué, ese aquel que uno hubiera podido ser con otro ritmo y alguna lotería, en fin, para decirlo de una vez por todas, aquella esperanza que cabía en un dedal evidentemente no cabe en este sobre con sucios papeles de tantas manos sucias que me pagan, el lógico, en cada veintinueve por tener los libros rubricados al día y dejar que la vida transcurra, gotee simplemente como un aceite rancio.
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Sueldo
la casa de la esquina ya no es un río ni llora/ todavía se queda al lado del café/ todavía parece una cara colorada/ pero no estamos vos y yo en el umbral tocándonos los miedos/la fuga del infinito mordido/ bajo la anchura de la noche -la más perdonadora- cruzábamos un mar de puertos desclavados/ si al deshacer la valija del tiempo encontraras tu vestidito de percal con salivas lunares/ ¿te lo pusieras de nuevo para barrer la vereda/ echar al agua sucia las ramas secas del deseo rompidas por nuestra torpeza en el umbral anterior?/ ¿y quién haría una hoguera con las convulsiones/las tenazas/ los cueros de tu voz?/¿lo que temblaba allí contra los muros/la pierna azul del pensamiento que vuela y vuela entre dos pieles?/ ¡caídas de tu voz donde la ciudad entera ardía!/ ¡crepitaciones de tu niña sobrevolando un instante blanquísimo! ¡allí donde los chicos del barrio se suicidan!/ ¡entre la voz de adentro y la de afuera!/ ¡entre el bosque deseante y la palabra!/ ¡por allí vos pasabas con un ramo de besos!/ ¡hembra/hembra/hembra/ que mezclás todas las heridas! ¡los dioses de oro con la tierra!/ ¡lujosa de odio y soledad!/
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La casa de la esquina ya no es un río ni llora
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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Promesa
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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Tengo que sostener la risa, tantos años amando la prisa, sintiendo la cruel brisa y tus brazos secos y vacíos. Estoy viviendo otro momento, ha cambiado la cara del viento, ha soplado a otra senda la ansiedad y los tormentos, se ha llevado consigo todos los años de desierto, la incertidumbre de no ser correspondida, la agonía de un beso que se evaporaba ante tu cobardía. Me veo y no me contengo, tan larga la vereda cuando uno está consumido en la pena, …tan corto el camino cuando ha llegado a su destino. Nuestro amor moro en lo incierto, de mis sonrisas hiciste miles de silencios, poblé en la invisibilidad de tu epicentro, olvidando cada día mis propios preceptos. Se esfumo mi tiempo tratando de convencer, ¿a quién? Todavía no lo entiendo. Lo que si llegue a entender, ….es que el ego no tiene sentimientos. Que no vale el amor cuando no hay respeto. Hoy ha cambiado el tiempo, mi rostro tiene otro color, mi piel tiene otro olor, mis ojos tienen un brillo que opaca el mismo sol, mi alma se jubila al saber lo valiente que soy. Hoy mi cuerpo es tibio, aun cuando subyuga el frio, la sangre fluye, mi pelo ****** mis labios tan dulces, mi manos calientan, mi roce alienta, mi sombra sonríe como niña traviesa, me siento entera, feliz y completa. No podía ser de otra manera, todo los años mal dedicados, todas las lágrimas que me abrazaban, todas esas caricias almacenadas, hoy solo sonrió, pensar que todo aquel daño seria recompensado… con un hombre que ha llenado mi vida rosas y diamantes, amor y una hoguera que nunca termina de apagarse. De nuevo…solo puedo decirte………GRACIAS!!!!
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Oct 10, 2017
Oct 10, 2017 at 3:13 PM UTC
Pensar que sin ti (hoy estaría tan feliz)
Tengo que sostener la risa, tantos años amando la prisa, sintiendo la cruel brisa y tus brazos secos y vacíos. Estoy viviendo otro momento, ha cambiado la cara del viento, ha soplado a otra senda la ansiedad y los tormentos, se ha llevado consigo todos los años de desierto, la incertidumbre de no ser correspondida, la agonía de un beso que se evaporaba ante tu cobardía. Me veo y no me contengo, tan larga la vereda cuando uno está consumido en la pena, …tan corto el camino cuando ha llegado a su destino. Nuestro amor moro en lo incierto, de mis sonrisas hiciste miles de silencios, poblé en la invisibilidad de tu epicentro, olvidando cada día mis propios preceptos. Se esfumo mi tiempo tratando de convencer, ¿a quién? Todavía no lo entiendo. Lo que si llegue a entender, ….es que el ego no tiene sentimientos. Que no vale el amor cuando no hay respeto. Hoy ha cambiado el tiempo, mi rostro tiene otro color, mi piel tiene otro olor, mis ojos tienen un brillo que opaca el mismo sol, mi alma se jubila al saber lo valiente que soy. Hoy mi cuerpo es tibio, aun cuando subyuga el frio, la sangre fluye, mi pelo ****** mis labios tan dulces, mi manos calientan, mi roce alienta, mi sombra sonríe como niña traviesa, me siento entera, feliz y completa. No podía ser de otra manera, todo los años mal dedicados, todas las lágrimas que me abrazaban, todas esas caricias almacenadas, hoy solo sonrió, pensar que todo aquel daño seria recompensado… con un hombre que ha llenado mi vida rosas y diamantes, amor y una hoguera que nunca termina de apagarse. De nuevo…solo puedo decirte………GRACIAS!!!!
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La banda de música le chasquea el lomo para que siga dando vueltas cloroformado bajo los antifaces con su olor a pomo y a sudor y su voz falsa y sus adioses de naufragio y su cabellera desgreñada de largas tiras de papel que los árboles le peinan al pasar junto al cordón de la vereda donde las gentes le tiran pequeños salvavidas de todos los colores mientras las chicas se sacan los senos de las batas para arrojárselos a las comparsas que espiritualizan en un suspiro de papel de seda su cansancio de querer ser feliz que apenas tiene fuerzas para llegar a la altura de las bombitas de luz eléctrica.
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Corso
En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor de la ciudad. Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para fornicar en la vereda. Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la visión convexa de la gente que pasa en automóvil. Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas de las victorias. Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una mujer. Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar (1). De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.
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Pedestre
Únicamente el río conoce tu secreto, ese secreto tuyo que es el secreto mío. El río es un hombre de corazón inquieto pero el amor se aleja como el agua del río. Únicamente el río nos vio por la vereda, y el rumor de sus aguas era como un reproche. Tu piel era más blanca bajo la magra seda, como el deslumbramiento de la nieve en la noche. No importa que huya el agua como un amor de un día; mi amor, igual que el río, se quedará aunque huya. Únicamente el río supo que fuiste mía, para que mí alma fuera profundamente tuya. El río es como un viaje para el sueño del hombre, el hombre, es como el río, un gran dolor en viaje. Únicamente el río te oyó decir mí nombre cuando las hojas secas decoraron tu traje. Sí. El río es como un hombre de corazón inquieto que va encendiendo hogueras y se muere de frío. Únicamente el río conoce tu secreto. Únicamente el río.
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Poema del río