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"vagar" poems
Spanish El ancla de oro canta…la vela azul asciende Como el ala de un sueño abierta al nuevo día. Partamos, musa mía! Ante lo prora alegre un bello mar se extiende. En el oriente claro como un cristal, esplende El fanal sonrosado de Aurora. Fantasía Estrena un raro traje lleno de pedrería para vagar brillante por las olas. Ya tiende La vela azul a Eolo su oriflama de raso… El momento supremo!…Yo me estremezco; acaso Sueño lo que me aguarda en los mundos no vistos!… Acaso un fresco ramo de laureles fragantes, El toison reluciente, el cetro de diamantes, El naufragio o la eterna corona de los Cristos?… English The golden anchor beckons, the blue sail rises Like the wing of a dream unfolding to a new day. Let us depart, my muse! Beyond an anxious prow, the sea stretches itself out. In the crystal clear East, Aurora's Blushed beacon shines. Fantasy Is donning a rare garment of gems To wander brilliantly over the waves. The blue sail Unfolds its private oriflamme to ****** The supreme moment!…I tremble: do I know– Oh God!–what awaits me in unseen worlds? Perhaps a freshly picked bouquet of fragrant laurels, The golden fleece, a diamond scepter, A shipwreck, or the eternal crown of the Anointed Ones?…
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El Poeta Leva El Ancla (Weighing The Anchor)
La vida ya no tiene mucho sentido Podría estar atrapada en el limbo Podría estar muerta; pero sólo traería un poco de tristeza y sería una mancha que borrar. Estoy en una rutina en la que no hay por donde escapar El tiempo es mi aliado y mi peor enemigo Tengo tiempo de sobra, pero ansío momentos por llegar La espera es eterna, y la eternidad se siente lenta, espesa y con mal sabor de boca que te llena de ansiedad. Estoy clavada en el piso Con pesadas cadenas que no me dejan volar Y una jaula que evita mi escape final si es que me llego a liberar. Soy una infante que se subió a un carrusel Aquellos que se quedaron fuera para admirarla vagar, se distrajeron con algo más. Soy una infante en un carrusel averiado Que da vueltas y no hay un control para un final. Todo es igual; la misma rutina, la misma jaula, y las mismas vueltas del carrusel. Yo soy igual; la misma criatura que esta encerrada y que ansía por salir. Necesito algo que me libere de la rutina, algo que me quite las cadenas y abra la jaula; algo que tome el control y detenga el carrusel. Tiempo, ven ya. Te necesito.
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Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 11:41 AM UTC
Sin título.
En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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Canción de sergio stepansky
En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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Ya me voy para siempre Para nunca volver El amor que yo quise No me quiso querer Ya me voy derrotado Me duele el corazon Por que el amor de mi alma Por que el amor de mi alma Solito me dejo Voy a vagar, por ahi Trataré de pasar Mi vida mas tranquila Si sigue este dolor No le sorprenda que Mi hogar sea una cantina Ya me voy derrotado Me duele el corazon Por que el amor de mi alma Por que el amor de mi alma Solito me dejo Voy a vagar, por ahi Trataré de pasar Mi vida mas tranquila Si sigue este dolor No le sorprenda que Mi hogar sea una cantina Ya me voy derrotado Me duele el corazon Por que el amor de mi alma Por que el amor de mi alma Solito me dejo
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Jun 1, 2015
Jun 1, 2015 at 12:14 AM UTC
Vicente Fernandez - Ya Me Voy Para Siempre
Acúsome de haber hecho por mi vida y por mi arte poca cosa de mi parte y que no estoy satisfecho. Porque si ardía en mi pecho hoguera de inspiración, ansia de dominación, no debí darme vagar... La corriente fue soñar y trabajar la excepción. La conciencia despiadada cada vez que acomete me enrostra mucho tapete, mucho beso y mucha almohada. Mucha hora disipada en nervioso caminar so pretexto de tomar ora la luna, ora el sol; mucho café, a lo español, mucho reír, mucho hablar. Sin embargo, estoy contento; esta vida a la ventura me ha dejado una frescura de niño desnudo al viento. Sólo yo sé cómo siento la belleza universal: el oro, rosa y cristal que arma la aurora al nacer, y el talle de una mujer, todo el bien y todo el mal.
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Décimas
Después que escanciáramos el vaso postrimero -metidos ya en la sima berroqueña- nos dimos a decirles a Orión, a Fomalhaut, a Aldebarán, nuestra congoja, y a Proción y al divino Boyero: no sonreían, no sonreían, sino que se hermanaban con nuestra ánima pequeña, no se mofaban de nuestro diminuto afán Muy más allá del mundo de los astros queda el país difuso de los sueños; muy más allá del campo de los sueños el reino está -brumoso y coruscante- de la locura, que en sus brazos muelles todo el amor ilímite atesora. Después de que vaciáramos el último jarro de vino -inmersos en la espelunca berroqueña- nos dimos a vagar bajo del tenso, vientre maduro de la noche, -áureo vientre y endrino: ya nos cantaba su canción zahareña, sensual, ****** la noche, perfumada de jazmín y de incienso. Canción epitalámica, imbuida en un ambiente tibio de calígine: infusa de la música felposa que integra el sortilégico Nirvana; canción de éxtasis denso, que resume y acendra -entre sus filtros- la ventura. Después de que vaciáramos el último vaso de vino -inmersos en la espelunca berroqueña- nos dimos a soñar bajo del rútilo, combo, odorante vientre diamantino de la noche cenceña: para la Virgen Noche, para la noche virgen, no es siempre el hombre mútilo? Muy más allá del túrpido deseo queda el país del sueño insaturable; más allá del deseo incoercible queda el país joyoso y frío y cáustico de la locura, que en sus brazos férreos todo el amor sin lindes atesora. Después que escanciáramos el vaso postrimero -metidos ya en la sima berroqueña- nos dimos a narrarles a las constelaciones nuestra congoja, y al matutino lucero...: no sonreían, no sonreían de nuestra ánima pequeña, no se mofaban de nuestras infinitesimales desolaciones... Y más allá de los rútilos Orbes queda el país transido de los sueños; y más allá del yermo de los sueños se asienta la región ebria y radiante de la locura, que en sus brazos róseos todo el amor ilímite atesora...
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Relato de proclo
Después que escanciáramos el vaso postrimero -metidos ya en la sima berroqueña- nos dimos a decirles a Orión, a Fomalhaut, a Aldebarán, nuestra congoja, y a Proción y al divino Boyero: no sonreían, no sonreían, sino que se hermanaban con nuestra ánima pequeña, no se mofaban de nuestro diminuto afán Muy más allá del mundo de los astros queda el país difuso de los sueños; muy más allá del campo de los sueños el reino está -brumoso y coruscante- de la locura, que en sus brazos muelles todo el amor ilímite atesora. Después de que vaciáramos el último jarro de vino -inmersos en la espelunca berroqueña- nos dimos a vagar bajo del tenso, vientre maduro de la noche, -áureo vientre y endrino: ya nos cantaba su canción zahareña, sensual, ****** la noche, perfumada de jazmín y de incienso. Canción epitalámica, imbuida en un ambiente tibio de calígine: infusa de la música felposa que integra el sortilégico Nirvana; canción de éxtasis denso, que resume y acendra -entre sus filtros- la ventura. Después de que vaciáramos el último vaso de vino -inmersos en la espelunca berroqueña- nos dimos a soñar bajo del rútilo, combo, odorante vientre diamantino de la noche cenceña: para la Virgen Noche, para la noche virgen, no es siempre el hombre mútilo? Muy más allá del túrpido deseo queda el país del sueño insaturable; más allá del deseo incoercible queda el país joyoso y frío y cáustico de la locura, que en sus brazos férreos todo el amor sin lindes atesora. Después que escanciáramos el vaso postrimero -metidos ya en la sima berroqueña- nos dimos a narrarles a las constelaciones nuestra congoja, y al matutino lucero...: no sonreían, no sonreían de nuestra ánima pequeña, no se mofaban de nuestras infinitesimales desolaciones... Y más allá de los rútilos Orbes queda el país transido de los sueños; y más allá del yermo de los sueños se asienta la región ebria y radiante de la locura, que en sus brazos róseos todo el amor ilímite atesora...
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Esta luz de Sevilla... Es el palacio donde nací, con su rumor de fuente. Mi padre, en su despacho. -La alta frente, la breve mosca, y el bigote lacio-. Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea sus libros y medita. Se levanta; va hacia la puerta del jardín. Pasea. A veces habla solo, a veces canta. Sus grandes ojos de mirar inquieto ahora vagar parecen, sin objeto donde puedan posar, en el vacío. Ya escapan de su ayer a su mañana; ya miran en el tiempo, ¡padre mío!, piadosamente mi cabeza cana.
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Soneto iv
Mi alma sueña... Ven. Y como entonces, La mano tuya entre mi mano trémula, Vamos en busca de silencio y sombra. En la noche de abril, de aromas llena, Ni una palabra nos diremos. Sólo Se oirá la brisa en el boscaje. Envuelta En mi ***** rebozo de española, La faz donde el dolor dejó su huella, No verás las arrugas de mi frente Ni mis cabellos grises... ¡Alma, sueña! Con luz de juventud los ojos míos Brillarán nuevamente en las tinieblas, y mi alma por ellos (¡Ojos míos, Ojos que tantas esperanz.as muertas Llorasteis en la vida!) para verte, Cerca de mí, se asomará risueña. Y ambos evocaremos en la calma De esta noche de tibia primavera, Los éxtasis pasados, nuestros sueños, Y de un eterno amor nuestras promesas; Y dulcemente sentiremos ambos, Entre hálitos de rosas y violetas, Que invade nuestras almas un anhelo De oración, a la luz de las estrellas. ¡Oh, qué dulce vagar en clara noche Respirando el olor de las primeras Rosas, en tanto que estridente vibra El canto de los grillos en la yerba! ... ¡Oh, callados vagar entre los árboles Con las manos unidas, y muy cerca, En el hondo silencio de las cosas Que bajo el manto de la noche sueñan, Mientras recuerdos de un amor lejano Entre las sombras fúlgidos despiertan, Y del alma agostada van surgiendo, Cual onda viva de una roca seca! ¡Di! ¿No creíste que el amor ya muerto Volvería a surgir a vida nueva?... ¡Que la embriaguez de los pasados días Un instante a sentir el alma vuelva, y que un instante bienhechor de olvido Sobre la angustia de mi vida venga, Para que una esperanza me sonría, Y destelle una luz en mi tristeza! ¡Oh, que en ímpetu ardiente, y a mi lado, Mi corazón de nuevo se estremezca, Y cante a Dios agradecida el alma, Que ante el conjuro de tu amor despierta, A Dios, que dio la juventud al hombre, Y a los campos les dio la primavera! El viento, que los álamos agita, Pasa aromado con olor de selva... Anochece. Las sombras en los campos Extendiéndose van, y en la serena Quietud, de pronto escuchase una nota Que surge clara de la fronda trémula, Y luego rompe en rítmicos gorjeos, En frenesí de gozo, que en la tierra Nunca nosotros conocimos, hechos De fango de mentira y de tristeza... La noche escucha en éxtasis el canto, Mientras el alma solitaria sueña.
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Mi alma sueña...
Mi alma sueña... Ven. Y como entonces, La mano tuya entre mi mano trémula, Vamos en busca de silencio y sombra. En la noche de abril, de aromas llena, Ni una palabra nos diremos. Sólo Se oirá la brisa en el boscaje. Envuelta En mi ***** rebozo de española, La faz donde el dolor dejó su huella, No verás las arrugas de mi frente Ni mis cabellos grises... ¡Alma, sueña! Con luz de juventud los ojos míos Brillarán nuevamente en las tinieblas, y mi alma por ellos (¡Ojos míos, Ojos que tantas esperanz.as muertas Llorasteis en la vida!) para verte, Cerca de mí, se asomará risueña. Y ambos evocaremos en la calma De esta noche de tibia primavera, Los éxtasis pasados, nuestros sueños, Y de un eterno amor nuestras promesas; Y dulcemente sentiremos ambos, Entre hálitos de rosas y violetas, Que invade nuestras almas un anhelo De oración, a la luz de las estrellas. ¡Oh, qué dulce vagar en clara noche Respirando el olor de las primeras Rosas, en tanto que estridente vibra El canto de los grillos en la yerba! ... ¡Oh, callados vagar entre los árboles Con las manos unidas, y muy cerca, En el hondo silencio de las cosas Que bajo el manto de la noche sueñan, Mientras recuerdos de un amor lejano Entre las sombras fúlgidos despiertan, Y del alma agostada van surgiendo, Cual onda viva de una roca seca! ¡Di! ¿No creíste que el amor ya muerto Volvería a surgir a vida nueva?... ¡Que la embriaguez de los pasados días Un instante a sentir el alma vuelva, y que un instante bienhechor de olvido Sobre la angustia de mi vida venga, Para que una esperanza me sonría, Y destelle una luz en mi tristeza! ¡Oh, que en ímpetu ardiente, y a mi lado, Mi corazón de nuevo se estremezca, Y cante a Dios agradecida el alma, Que ante el conjuro de tu amor despierta, A Dios, que dio la juventud al hombre, Y a los campos les dio la primavera! El viento, que los álamos agita, Pasa aromado con olor de selva... Anochece. Las sombras en los campos Extendiéndose van, y en la serena Quietud, de pronto escuchase una nota Que surge clara de la fronda trémula, Y luego rompe en rítmicos gorjeos, En frenesí de gozo, que en la tierra Nunca nosotros conocimos, hechos De fango de mentira y de tristeza... La noche escucha en éxtasis el canto, Mientras el alma solitaria sueña.
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Te he visto, por el parque ceniciento que los poetas aman para llorar, como una noble sombra vagar, envuelto en tu levita larga.       El talante cortés, ha tantos años compuesto de una fiesta en la antesala,  -¡qué bien tus pobres huesos   ceremoniosos guardan!-       Yo te he visto, aspirando distraído, con el aliento que la tierra exhala -hoy, tibia tarde en que las mustias hojas húmedo viento arranca-, del eucalipto verde el frescor de las hojas perfumadas. Y te he visto llevar la seca mano a la perla que brilla en tu corbata.
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A un viejo y distinguido señor
Oculto, en madreselvas, la veía De rosal en rosal vagar ligera. El jardín aromado sonreía Bajo radiante luz de primavera. Rosado y blanco su vestido; rojos Los lazos del sombrero; la sombrilla Blanca; rubio el cabello, azules ojos Y vivo rosicler en la mejilla. Y en su amplia cesta, rosas y más rosas; Y cantaba entre aromas y fulgores Su canción matinal. Las mariposas Eran, en torno de ella, aladas flores. Y yo dudaba, oculto en la verdura. Bajo ese cielo azul de primavera, Si era rosal fragante su hermosura, O si un rosal entre las rosas era.
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En el jardín
A veces se ilumina lo que es sombra, otras veces lo que es noche perpetua para mi pensamiento, y sé cómo coinciden las aves y los peces, los hombres y los árboles, la eternidad y el viento. Pero también a veces la noche se ilumina con el relámpago triste hasta lo más lejano; y no comprendo entonces el rencor de la espina, ni los pozos sin agua, ni los surcos en vano. Y así es mejor ser ciegos, vagar en las tormentas y olvidar las preguntas que nadie nos responde; y seguir en las sombras, peregrinando a tientas sin saber hasta cuándo, ni por qué, ni hasta dónde.
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A veces se ilumina lo que es sombra
En mi ostracismo acerbo me alegré esta mañana con el encuentro súbito de una hermosa paisana que tiene un largo nombre de remota novela: la hija del enjuto médico del lugar. Antaño íbamos juntos de la casa a la escuela; las tardes de los sábados, en infantil asueto, por las calles del pueblo solíamos vagar, y jugando aprendimos los dos el alfabeto. Me saludó, y en medio de graciosos cumplidos, su armonioso lenguaje me hizo reconocer en ella a la cuentista de las horas de ayer en la Plaza de Armas de musicales nidos. ¡Pobre amiga de entonces, pobre flor provinciana que en metrópolis andas en ruidoso paseo; pobre flor casadera, rosa que eres hermana de las que se desmayan en humilde cacharro esperando que vuelvas del viaje de recreo! Para que no se manche tu ropa con el barro de ciudades impuras, a tu pueblo regresa; y sólo pido, en nombre de mi tristeza extática que oyó con voz ingenua, que en la nocturna plática hagas de mí un recuerdo jovial de sobremesa.
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Una viajera
Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Balcones de piedra y de hierro. Tejados de teja dorada. Vencejos de la primavera por el aire de la mañana... Qué sosiego volver, hablarte, abrazarte con mis miradas, besarte la boca de tiempo donde el polvo seca la lágrima. Qué descanso poner mi oído sobre tu madera encantada, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, recordar, preguntar, soñar ahora que nada importa nada... (Borro los pájaros. Enciendo un cáliz de oro ante una acacia Y, de pronto, un rumor lejano, como de mar que se desata, órgano de oro que libera sus ruiseñores y sus aguas, viento del sur que pulsa y sopla espigas y juncos y cañas... Ya los balcones solitarios se han poblado de hombres que cantan, de hombres que sueñan y se yerguen en el umbral de la mañana. Las flores doblan su carmín allá en las praderas lejanas. Las piedras sacuden el yugo de los siglos que las encantan. Todo resurge, clama, vive, mueve sus pies, pezuñas, alas, arde en la hoguera del instante, hinche los mares y montañas, desborda el tiempo, como un pájaro que abre la puerta de su jaula. Y, vencido el tiempo, en las manos de Dios se duerme, que lo canta...) Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Abril, blandiendo por el cielo su acero pálido de espalda. Qué sosiego tocarte, verte, abrazarte con mis miradas, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, vagar sin fin y sin origen sobre tus piedras hechizadas... Andar sintiendo el alma muerta, Dios mío, ya sin esperanza
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Plaza sola
Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Balcones de piedra y de hierro. Tejados de teja dorada. Vencejos de la primavera por el aire de la mañana... Qué sosiego volver, hablarte, abrazarte con mis miradas, besarte la boca de tiempo donde el polvo seca la lágrima. Qué descanso poner mi oído sobre tu madera encantada, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, recordar, preguntar, soñar ahora que nada importa nada... (Borro los pájaros. Enciendo un cáliz de oro ante una acacia Y, de pronto, un rumor lejano, como de mar que se desata, órgano de oro que libera sus ruiseñores y sus aguas, viento del sur que pulsa y sopla espigas y juncos y cañas... Ya los balcones solitarios se han poblado de hombres que cantan, de hombres que sueñan y se yerguen en el umbral de la mañana. Las flores doblan su carmín allá en las praderas lejanas. Las piedras sacuden el yugo de los siglos que las encantan. Todo resurge, clama, vive, mueve sus pies, pezuñas, alas, arde en la hoguera del instante, hinche los mares y montañas, desborda el tiempo, como un pájaro que abre la puerta de su jaula. Y, vencido el tiempo, en las manos de Dios se duerme, que lo canta...) Cuando se fueron todos, yo me quedé a solas con mi alma. Plaza cuadrada, con su fuente sin una lágrima de agua. Abril, blandiendo por el cielo su acero pálido de espalda. Qué sosiego tocarte, verte, abrazarte con mis miradas, apurar las gotas de música de la caja de tu guitarra, vagar sin fin y sin origen sobre tus piedras hechizadas... Andar sintiendo el alma muerta, Dios mío, ya sin esperanza
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