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"ruego" poems
Mis Lagrimas Son com o las estrellas Solamente en las noches Salen ellas Mis lagrimas Son como las estrellas Cuando se caen del cielo Bajan en silencio Al suelo Mis Lagrimas Son como las estrellas Brillan Como diamantes infinitos Bajo mis ojos Bajo la luna Si una noche tu Miras caer una estrellita Pida le tu deseo Dios te lo consedera Por k cada noche Le elevo mi Corazon lleno de llanto y desesperacion y le ruego k te cuide y k todos tus deseos se hagan realidad…..
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Jun 27, 2011
Jun 27, 2011 at 12:28 AM UTC
Estrellas de lagrimas
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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El mendigo
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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Disculpa mi mirada Pequeña flor de bronce La curiosidad embriaga Por como te mostrarás Floreciente Y el brillo del rocío matinal Le ruego al sol Aparece ahora y revela El objeto de mi deseo Siente mi aliento, pequeña flor Como unos labios suavemente exploran Y remplazan mis pasiones Con tu dulce aroma Mi ambición es mejorar Y mantener la esmeralda con cuidados No temas al abrazo Y saborea el néctar que compartes ~ Scott Mitchell
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Dec 23, 2012
Dec 23, 2012 at 7:26 PM UTC
Entre los pétalos
¡Criollo, no: ¡Criollazo! Canta en el tono que rasques. Le llaman "El Amigazo", Su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ! Escúcheme, por favor, escúcheme aunque no quiera: cómo canta marinera, yo lo creo un trovador. Soy su fiel admirador, lo oí y le di un abrazo; donde él fui pasito a paso por sentir su melodía. Le digo, desde ese día ¡criollo, no: ¡Criollazo...! Es el adjetivo justo que merece un decimista, zapateador, jaranista, compositor de buen gusto. Perdóname si te asusto pero por Dios, no me atasques, que aunque la lengua me masques repetiré que es tan ducho que sin esforzarse mucho canta en el tono que rasques. Riqueza debía tener mas Dios le dará otro premio, pues por su alma de bohemio como si fuera un deber, gozó más con proteger al que le tendió su brazo. Hoy comentan este caso los que de él han recibido, y en un geto agradecido le llaman "El Amigazo". Cuando le llegue el momento... -y esto no es un mal presagio-, como póstumo sufragio le haremos un monumento. Ruego al que grabe el cemento que con buen cincel recalque y en un ángulo le marque, donde la piedra resista, para que por siempre exista su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ!
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A don porfirio vásquez
Vengada la hermosa Filis de los agravios de Fabio a verle viene al aldea enfermo de desengaños. A ruego de los pastores baja de su monte al prado, que como se ve querida da a entender que la forzaron. Eso mismo que desea, quiere que la estén rogando, que sube al gusto los precios amor conforme a los años. Huyóse Fabio celoso, pensó Fabio hallar sagrado, pero hay estados de amor que está en el remedio el daño. ¡Desdichado del que llega a tiempo tan desdichado que le matan los remedios con que muchos quedan sanos! En fin, a Fabio rendido viene a ver su dueño ingrato, alegre porque es amor en las venganzas villano. No va sin galas a verle, aunque pudiera escusarlo, que la mayor hermosura no deja en casa el cuidado. Lleva de palmilla verde saya y sayuelo bizarro, con pasamanos de plata si en ellos pone las manos. No lleva cosa en el cuello que Fabio le hubiese dado, porque no entienda que viven memorias de sus regalos. Joyas lleva que él no ha visto, no porque le ha hecho agravio, mas porque sepan ausencias que no está seguro el campo. Con una cinta de cifras lleva el cabello apretado, que quien gusta de dar celos se vale de mil engaños. De rebociño le sirve para mayor desenfado el capote de los ojos bordado de negros rayos. En argentadas chinelas listones lleva, admirados de que quepan tantos bríos en tan pequeños espacios. Llegó Filis al aldea, entró en su casa de Fabio, los pastores la reciben como al sol los montes altos. Dando perlas con la risa extiende a todos los brazos, que gana mares de amor y da perlas de barato. Apenas Fabio la mira cuando a un tiempo se bañaron el alma en pura alegría, los ojos en tierno llanto. No hablaron los dos tan presto, aunque los ojos hablaron, Filis porque no quería, Fabio porque quiere tanto. Cuando en esta suspensión los dos se encuentran mirando a un tiempo bajan los ojos como que envidian de falso. Habló Filis y tuvieron alma de coral sus labios, que ver humilde al rendido hace piadoso al vengado. A Fabio culpa le pone que es error hacer, amando, con la lengua valentías, si el alma no tiene manos. Él responde y se disculpa, que viendo cerca los brazos, pide perdón ofendido quien ama desengañado.
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Guzmán el bravo
Vengada la hermosa Filis de los agravios de Fabio a verle viene al aldea enfermo de desengaños. A ruego de los pastores baja de su monte al prado, que como se ve querida da a entender que la forzaron. Eso mismo que desea, quiere que la estén rogando, que sube al gusto los precios amor conforme a los años. Huyóse Fabio celoso, pensó Fabio hallar sagrado, pero hay estados de amor que está en el remedio el daño. ¡Desdichado del que llega a tiempo tan desdichado que le matan los remedios con que muchos quedan sanos! En fin, a Fabio rendido viene a ver su dueño ingrato, alegre porque es amor en las venganzas villano. No va sin galas a verle, aunque pudiera escusarlo, que la mayor hermosura no deja en casa el cuidado. Lleva de palmilla verde saya y sayuelo bizarro, con pasamanos de plata si en ellos pone las manos. No lleva cosa en el cuello que Fabio le hubiese dado, porque no entienda que viven memorias de sus regalos. Joyas lleva que él no ha visto, no porque le ha hecho agravio, mas porque sepan ausencias que no está seguro el campo. Con una cinta de cifras lleva el cabello apretado, que quien gusta de dar celos se vale de mil engaños. De rebociño le sirve para mayor desenfado el capote de los ojos bordado de negros rayos. En argentadas chinelas listones lleva, admirados de que quepan tantos bríos en tan pequeños espacios. Llegó Filis al aldea, entró en su casa de Fabio, los pastores la reciben como al sol los montes altos. Dando perlas con la risa extiende a todos los brazos, que gana mares de amor y da perlas de barato. Apenas Fabio la mira cuando a un tiempo se bañaron el alma en pura alegría, los ojos en tierno llanto. No hablaron los dos tan presto, aunque los ojos hablaron, Filis porque no quería, Fabio porque quiere tanto. Cuando en esta suspensión los dos se encuentran mirando a un tiempo bajan los ojos como que envidian de falso. Habló Filis y tuvieron alma de coral sus labios, que ver humilde al rendido hace piadoso al vengado. A Fabio culpa le pone que es error hacer, amando, con la lengua valentías, si el alma no tiene manos. Él responde y se disculpa, que viendo cerca los brazos, pide perdón ofendido quien ama desengañado.
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¿Adónde fuiste, Amor; adónde fuiste? Se extinguió del poniente el manso fuego, y tú que me decías: «hasta luego, volveré por la noche»... ¡no volviste! ¿En qué zarzas tu pie divino heriste? ¿Qué muro cruel te ensordeció a mi ruego? ¿Qué nieve supo congelar tu apego y a tu memoria hurtar mi imagen triste? ...Amor, ¡ya no vendrás! En vano, ansioso, de mi balcón atalayando vivo el campo verde y el confín brumoso; y me finge un celaje fugitivo nave de luz en que, al final reposo, va tu dulce fantasma pensativo.
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Xii. el celaje
Vete como quien llega, pero vete, pues ya el trigo creció para la siega. Mi amor es como un niño que no juega para que no se rompa su jugete. Te irás coomo la lluvia, gota a a gota; y yo al cantar mi canto hacia el olvido, soy la rama que sólo ha florecido para que no se vea que está rota. Y mientras tú te vas sin un sollozo yo cruzaré los brazos sin un ruego, muriéndome de sed igual que un ciego que se sentara en el brocal de un pozo. O he de mirarte como el moribundo que ve llegar la primavera al huerto, y piensa que después que se haya muerto no debiera haber flores en el mundo. Pues como el monje ante su crucifijo, que es su esperanza y a la vez su yugo, yo sentiré la angustia de un verdugo que debe ajusticiar su único hijo. Vete... pero es mejor que ni en el eco pueda sobrevivir tu voz ausente, porque mi amor es triste como un puente sobre la cicactríz de un río seco... Y aunque sonría como quien engaña, viéndote ir como quien se equivoca, mi corazón será una araña loca que se enreda en su propia telaraña. Yo he de fingir un ademán de hastío en una despedida indiferente, pero mi amor será como un demente que sepultará un ataúd vacío. Y, ya lejos mi boca de tu boca, mi alma despertará cada mañana con su oscuro silencio de campana que se puede tocar y no se toca. Pues aunque digas un adíos risueño yo sentiré que cierras una puerta, como esa mano cruel que nos despierta cuando soñamos lo mejor de un sueño.
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Segundo poema de la despedida
¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas. Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. ¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí! Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias. ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
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Hallazgo de la vida
¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas. Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. ¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí! Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias. ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
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esta noche mi amor estoy en tus brazos. ruego al reza la luna y estrellas nunca dejan te chispa la vela se desvanecera saldra el sol y con su luz me dejas
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Jan 17, 2015
Jan 17, 2015 at 8:35 AM UTC
mi oracion
Perdido en mi mente por pensamientos de otra gente, confiar en la vida nunca deber, arrepentido de cada trazo que causaste en mi vida, ¿será posible que la gente cambie palabras del momento al siguiente dia?, nada en esta vida se debe forzar, si el confundido estar y no querer arriesgar es mejor hacer la verdad, ya que el aferrar sin querer estar es mejor el aplicar la claridad y las cosas pasar. Recuerdos, expresiones y sentimientos de aquella noche la pena nada valieron, me hacía en el cielo, y simplemente hoy me dejas caer como si todo se tratara de un juego. Palabras más no tengo para expresar lo que siento, ruego a dios por que todo esto no lo hayas hecho con la intención de hacer sufrir mi corazón.
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Jun 25, 2017
Jun 25, 2017 at 3:36 AM UTC
Untitled
La nieta del mendigo suspira amargamente, mojando con sus lágrimas la muñeca de trapo: Sobre la falda humilde, como una cosa ausente, la muñeca es ahora solamente un guiñapo. Porque aquella mañana cruzo frente a su choza un brillante cortejo, rumbo al palacio real, y vio a una niña triste, que, en una áurea carroza, llevaba una muñeca de marfil y cristal. Y, en tanto, en el palacio del benévolo abuelo, donde su ruego es orden y su capricho es ley, con los húmedos ojos llenos de desconsuelo, también llora la rubia nietecita del rey. Y también su muñeca sin par es un harapo, ya sin traje de oro ni cabellos de trigo, pues la princesa ansía la muñeca de trapo que tenía en su falda la nieta del mendigo.
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Las dos muñecas
Yo odio a la luna. La luna me embruja Y me pone triste con su faz de bruja. Tan triste me pone que a veces parece Que en mi alma un ***** ciprés se estremece. Bajo su luz clara mi alma queda inerte Y es como un guiñapo con olor a muerte. Bajo su luz clara , tan estéril es Como un prado ***** cubierto de pez. Cavadora blanca, con su azada ahonda El pozo sombrío de mi pena honda, Y con sus dos largas manos de cristal, Derrama en ni¡ senda puñados de sal. Aunque cubra el ascua de mi angustia viva Con grises cenizas, la bruja, de arriba Me arroja su soplo y reanima el fuego, Ciega a todo llanto, sorda a todo ruego.             ¡No podré olvidar Mientras a la luna tenga que mirar!             ¡Clamo la ceguera! ¡Quién no ver su lumbre nunca nmás, me diera!
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La tristeza de la luna
No te quiero sino porque te quiero y de quererte a no quererte llego y de esperarte cuando no te espero pasa mi corazón del frío al fuego. Te quiero sólo porque a ti te quiero, te odio sin fin, y odiándote te ruego, y la medida de mi amor viajero es no verte y amarte como un ciego. Tal vez consumirá la luz de Enero, su rayo cruel, mi corazón entero, robándome la llave del sosiego. En esta historia sólo yo me muero y moriré de amor porque te quiero, porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
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Soneto lxvi
¿En qué silente cinturón de espuma se oculta ahora la promesa yerta? ¿Tras de qué muro o entornada puerta gime mi mundo? ¿Qué hora, qué mañana entre tumultos de sol y risa, ya de cara al gozo, me traerá su jazmín más primoroso con la sortija mágica del rumbo? Se quemó mi laurel entre la fiebre, la palma fiel perdió su airón de fuego. Ya sólo soy raíz, rígido ruego, vástago de espiral lenta y endeble. Pero yo me he de alzar del pudridero, volveré a mi esplendor de carne y canto, blanca y bruñida por mi propio llanto, viva, de nuevo.
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Regreso
philip se sacó la camisa servil llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe y asesinatos de su niño románticamente hablando su niño operado cortado transplantado injertado de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto verdadera en la tarde de agosto gris se quedó en pecho philip y cuando se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando: le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro) le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria potestad) formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal (a espaldas de toda invasión maternal) se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la iglesia) en general de cuando ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible) fortificó sus entretelas acostumbradas al vuelo (siempre que el tiempo lo permita) engañó a su mujer (con permiso) philip era glorioso en esas noches de whisky y hasta vino exóticamente consumido con referencias a la costa del sol una palabra encantadora lo retenía semanas y semanas a su alrededor sol por ejemplo o sol digamos o la palabra sol como si philip buscara lejos de la sociedad industrial fuentes de luz fuentes de sombra fuentes qué coraje hablar del sol como suele ocurrir philip murió una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas) o el ejército la iglesia ( a sus espaldas o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas: su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati que creció bendecido por los jugos del cielo y también se curvó y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip fíjese en el arbolito le ruego fíjese en el arbolito por favor hay varias formas de ser mejor dicho muchas formas de ser: llamarse Hughes hablar arameo mojarlo con té estallar contra la tristeza del mundo pero a ustedes les pido que se fijen en el curvado arbolito tiernamente inclinado sobre philip su pecho en pena en piel como se dice ni un pajarito nunca cantó o lloró sobre ese árbol verde todo inclinado inclinado
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Lamento por el arbolito de philip
philip se sacó la camisa servil llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe y asesinatos de su niño románticamente hablando su niño operado cortado transplantado injertado de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto verdadera en la tarde de agosto gris se quedó en pecho philip y cuando se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando: le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro) le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria potestad) formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal (a espaldas de toda invasión maternal) se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la iglesia) en general de cuando ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible) fortificó sus entretelas acostumbradas al vuelo (siempre que el tiempo lo permita) engañó a su mujer (con permiso) philip era glorioso en esas noches de whisky y hasta vino exóticamente consumido con referencias a la costa del sol una palabra encantadora lo retenía semanas y semanas a su alrededor sol por ejemplo o sol digamos o la palabra sol como si philip buscara lejos de la sociedad industrial fuentes de luz fuentes de sombra fuentes qué coraje hablar del sol como suele ocurrir philip murió una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas) o el ejército la iglesia ( a sus espaldas o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas: su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati que creció bendecido por los jugos del cielo y también se curvó y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip fíjese en el arbolito le ruego fíjese en el arbolito por favor hay varias formas de ser mejor dicho muchas formas de ser: llamarse Hughes hablar arameo mojarlo con té estallar contra la tristeza del mundo pero a ustedes les pido que se fijen en el curvado arbolito tiernamente inclinado sobre philip su pecho en pena en piel como se dice ni un pajarito nunca cantó o lloró sobre ese árbol verde todo inclinado inclinado
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Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Se le acercaron dos y repitiéronle: «¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando «¡Tanto amor y no poder  nada contra la muerte!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: «¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Entonces todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar...
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Xii
Pues hoy pretendo ser tu monumento, porque me resucites del pecado, habítame de gracia, renovado el hombre antiguo en ciego perdimiento. Si no, retratarás tu nacimiento en la nieve de un ánimo obstinado y en corazón pesebre, acompañado de brutos apetitos que en mí siento. Hoy te entierras en mí, siervo villano, sepulcro, a tanto huésped vil y estrecho, indigno de tu Cuerpo soberano. Tierra te cubre en mí, de tierra hecho; la conciencia me sirve de gusano; mármol para cubrirte da mi pecho.
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Reconocimiento propio y ruego piadoso antes de comulgar
El mal, que en sus recursos es proficuo, jamás en vil parodia tuvo empachos: Mefistófeles es un cristo oblicuo que lleva retorcidos los mostachos. Y tú, que eres unciosa como un ruego y sin mácula y simple como un nardo, tienes trágica crin dorada a fuego y amarillas pupilas de leopardo.
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A una francesa
Pues me hacéis casamentero, Ángela de Mondragón, escuchad de vuestro esposo las grandezas y el valor. Él es un Médico honrado, por la gracia del Señor, que tiene muy buenas letras en el cambio y el bolsón. Quien os lo pintó cobarde no lo conoce, y mintió, que ha muerto más hombres vivos que mató el Cid Campeador. En entrando en una casa tiene tal reputación, que luego dicen los niños: «Dios perdone al que murió». Y con ser todos mortales los Médicos, pienso yo que son todos venïales, comparados al Dotor. Al caminante, en los pueblos se le pide información, temiéndole más que a la peste de si le conoce, o no. De Médicos semejantes hace el Rey nuestro Señor bombardas a sus castillos, mosquetes a su escuadrón. Si a alguno cura, y no muere, piensa que resucitó, y por milagro le ofrece la mortaja y el cordón. Si acaso estando en su casa oye dar algún clamor, tomando papel y tinta escribe: «Ante mí pasó». No se le ha muerto ninguno de los que cura hasta hoy, porque antes que se mueran los mata sin confesión. De envidia de los verdugos maldice al Corregidor, que sobre los ahorcados no le quiere dar pensión. Piensan que es la muerte algunos; otros, viendo su rigor, le llaman el día del juicio, pues es total perdición. No come por engordar, ni por el dulce sabor, sino por matar la hambre, que es matar su inclinación. Por matar mata las luces, y si no le alumbra el sol, como murciégalo vive a la sombra de un rincón. Su mula, aunque no está muerta, no penséis que se escapó, que está matada de suerte que le viene a ser peor. Él, que se ve tan famoso y en tan buena estimación, atento a vuestra belleza, se ha enamorado de vos. No pide le deis más dote de ver que matáis de amor, que en matando de algún modo para en uno sois los dos. Casaos con él, y jamás vïuda tendréis pasión, que nunca la misma muerte se oyó decir que murió. Si lo hacéis, a Dios le ruego que os gocéis con bendición; pero si no, que nos libre de conocer al Dotor.
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Romance satírico
Pues me hacéis casamentero, Ángela de Mondragón, escuchad de vuestro esposo las grandezas y el valor. Él es un Médico honrado, por la gracia del Señor, que tiene muy buenas letras en el cambio y el bolsón. Quien os lo pintó cobarde no lo conoce, y mintió, que ha muerto más hombres vivos que mató el Cid Campeador. En entrando en una casa tiene tal reputación, que luego dicen los niños: «Dios perdone al que murió». Y con ser todos mortales los Médicos, pienso yo que son todos venïales, comparados al Dotor. Al caminante, en los pueblos se le pide información, temiéndole más que a la peste de si le conoce, o no. De Médicos semejantes hace el Rey nuestro Señor bombardas a sus castillos, mosquetes a su escuadrón. Si a alguno cura, y no muere, piensa que resucitó, y por milagro le ofrece la mortaja y el cordón. Si acaso estando en su casa oye dar algún clamor, tomando papel y tinta escribe: «Ante mí pasó». No se le ha muerto ninguno de los que cura hasta hoy, porque antes que se mueran los mata sin confesión. De envidia de los verdugos maldice al Corregidor, que sobre los ahorcados no le quiere dar pensión. Piensan que es la muerte algunos; otros, viendo su rigor, le llaman el día del juicio, pues es total perdición. No come por engordar, ni por el dulce sabor, sino por matar la hambre, que es matar su inclinación. Por matar mata las luces, y si no le alumbra el sol, como murciégalo vive a la sombra de un rincón. Su mula, aunque no está muerta, no penséis que se escapó, que está matada de suerte que le viene a ser peor. Él, que se ve tan famoso y en tan buena estimación, atento a vuestra belleza, se ha enamorado de vos. No pide le deis más dote de ver que matáis de amor, que en matando de algún modo para en uno sois los dos. Casaos con él, y jamás vïuda tendréis pasión, que nunca la misma muerte se oyó decir que murió. Si lo hacéis, a Dios le ruego que os gocéis con bendición; pero si no, que nos libre de conocer al Dotor.
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Misterioso y silencioso iba una y otra vez. Su mirada era tan profunda que apenas se podía ver. Cuando hablaba tenía un dejo de timidez y de altivez. Y la luz de sus pensamientos casi siempre se veía arder. Era luminoso y profundo como era hombre de buena fe. Fuera pastor de mil leones y de corderos a la vez. Conduciría tempestades o traería un panal de miel. Las maravillas de la vida y del amor y del placer, cantaba en versos profundos cuyo secreto era de él. Montado en un raro Pegaso, un día al imposible se fue. Ruego por Antonio a mis dioses, ellos le salven siempre. Amén.
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Oración por antonio machado
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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Los dos carreteros
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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Jesús, en aquel tiempo, en tarde hermosa, fragante y rumorosa, llegó del lago a la desierta orilla, y junto a sus discípulos sentado, bajo el fresco arbolado, fue ante sus pies amontonando arcilla. Y empezó a modelar mirlas, zorzales, palomas y turpiales y jilgueros con arte peregrino; y los niños al verlo, abandonaron sus juegos y llegaron en torno del artífice divino. Fariseos ceñudos que del templo regresaban: «qué ejemplo das tú», gritaron con acento airado; ¿En sábado trabajas? ¿No comprendes que al Dios del Cielo ofendes? El día del Señor has profanado. Alzó como en un ruego la mirada hacia la turba airada, y en voz humilde y de cadencia suave, voz armoniosa de celeste encanto: ¿Habré pecado tanto? y el pico terminó de un ave. Y luego ante la turba que con ira su indiferencia mira, y que sigue en redor vociferando, tres golpes dio en el suelo. Y al instante. hacia el azul radiante, se lanzaron los pájaros cantando.
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El milagro de los pájaros
La culpa ha sido tuya. ¡Sí! Tuya. Te lo he dicho, Lo repito, y no niegues que lo hiciste ex profeso, Lo sabes, pues te dejas llevar de tu capricho. Mas no llores, no llores... ¿Qué sacarás con eso? Toma el té. Que esto acabe... Dos horas disputando. Tómate el té; y hablemos de cosa diferente, Porque inmediatamente Me iré, te lo prevengo, si has de seguir llorando. Pero ¿qué es lo que he dicho? ¿Qué tienes? ¿Tu porfía A qué obedece? ¡Sea! Pues bien, la culpa es mía; Mas enjúgate el llanto, ¡Porque has llorado tanto! Y como soy sincero -¿Y para qué callarlo?- te digo que te quiero; Bien lo sabes, lo sabes, amor de mis amores, Bien sabes que te quiero. Pero ¡Por Dios! no llores. Dices... ¿Qué es lo que dices? ¿Dices que te he pegado? ¿Y cómo dices eso? ¡Si yo no te he tocado! ¿En dónde te he hecho daño? ¿Cómo aseguras eso? Déjate de esas cosas... y dame pronto un beso; Y que nuestra disputa quede ya terminada, Que todo esto se acabe... Di: ¿no estás enojada? Cálmate en el instante. Tómate el té. Te ruego... Después te pondrás polvos... cuando venga el sosiego; Y dime que me quieres, que soy tu solo amado, Y toma mi pañuelo, que el tuyo está mojado. ¿Y qué quieres ahora? ¿Un poco más de crema? ¿La polvera?... ¡Señora! ¿Ya lo ves? Y ocultarlo tu corazón no puede, Qué en todas las disputas siempre soy el que cede. Pero tienes hinchados, muy hinchados, los ojos, Y los tienes muy rojos. ¡Vamos! Sonríe ahora; que sonreír te vea, Porque cuando te enojas hasta te pones fea; Y dame un beso pronto, con labio apasionado, Porque ya nuestra riña ¿no es cierto? ha terminado.
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Disputa
La culpa ha sido tuya. ¡Sí! Tuya. Te lo he dicho, Lo repito, y no niegues que lo hiciste ex profeso, Lo sabes, pues te dejas llevar de tu capricho. Mas no llores, no llores... ¿Qué sacarás con eso? Toma el té. Que esto acabe... Dos horas disputando. Tómate el té; y hablemos de cosa diferente, Porque inmediatamente Me iré, te lo prevengo, si has de seguir llorando. Pero ¿qué es lo que he dicho? ¿Qué tienes? ¿Tu porfía A qué obedece? ¡Sea! Pues bien, la culpa es mía; Mas enjúgate el llanto, ¡Porque has llorado tanto! Y como soy sincero -¿Y para qué callarlo?- te digo que te quiero; Bien lo sabes, lo sabes, amor de mis amores, Bien sabes que te quiero. Pero ¡Por Dios! no llores. Dices... ¿Qué es lo que dices? ¿Dices que te he pegado? ¿Y cómo dices eso? ¡Si yo no te he tocado! ¿En dónde te he hecho daño? ¿Cómo aseguras eso? Déjate de esas cosas... y dame pronto un beso; Y que nuestra disputa quede ya terminada, Que todo esto se acabe... Di: ¿no estás enojada? Cálmate en el instante. Tómate el té. Te ruego... Después te pondrás polvos... cuando venga el sosiego; Y dime que me quieres, que soy tu solo amado, Y toma mi pañuelo, que el tuyo está mojado. ¿Y qué quieres ahora? ¿Un poco más de crema? ¿La polvera?... ¡Señora! ¿Ya lo ves? Y ocultarlo tu corazón no puede, Qué en todas las disputas siempre soy el que cede. Pero tienes hinchados, muy hinchados, los ojos, Y los tienes muy rojos. ¡Vamos! Sonríe ahora; que sonreír te vea, Porque cuando te enojas hasta te pones fea; Y dame un beso pronto, con labio apasionado, Porque ya nuestra riña ¿no es cierto? ha terminado.
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¿Que hago? Sueño, deseo, ruego, espero. Nada. Busco, camino, corro, nado, floto. Nada. Nada pero la ausencia de felicidad Y la ausencia de alguún respeto. Esta es mi religión. Respeta! Esto es en lo que yo creo. Respeta! Esa es tu religión. Respeto. Eso es en lo que tu crees. Respeto. Yo te respeto, Pues respétame.
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May 6, 2018
May 6, 2018 at 1:10 PM UTC
Chingones ;)
Llamaba a misa el esquilón lejano; En el valle, la aldea sonreía; Galopábamos ambos por el llano; El sol radiante, y sonrosado el día. «¡Corre!» gritaba; «quiero ver al Cura, A confesarme voy antes de misa». Y sonaba su voz como agua pura, Y galopaba aprisa, y más aprisa. Y recibió su labio el pan bendito Alzando al cielo los azules ojos En mudo ruego, el ademán contrito, Y en la mejilla púdicos sonrojos. Y le dije: «¿De qué te confesaste, De engaño o burla, de traición o ira?» Y vivaz respondió: «¿Ya lo olvidaste?... Te hice anoche llorar, y era mentira».
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La confesión