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"corra" poems
Bom dia a todos...Desejo que tudo corra na plenitude e vossos anseios e desejos se concretizem na abundância e plenitude. Boa vindima para aqueles que ainda continuam na tão nobre Colheita. Esta poesia é dedicada ao meu Pai: António Alexandre Marques e a todos os seus amigos e conhecidos. Lembro-me de Ti meu querido Pai As videiras cansadas pelo sol tórrido de verão, O rio corre por amor e paixão. Eu procuro a resposta que não acho, Sou feito de uvas e do teu abraço. As rochas xistosas esperam a madrugada, As uvas amarelas e avermelhadas. E tu meu Pai continuas aqui sepultado, Pois o vinho foi teu amor, meu fado… Palavras sábias de profeta que sonha e sabe, Lembrança de ti e eterna saudade. Nossa Senhora de Fátima te acolheu, Eu anseio também para ser seu… As uvas dão precioso fruto, Eu continuo vivo e de luto. O Douro sublime se consome e exalta, Por ti Pai saudade quase me mata… Victor Marques
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Oct 8, 2013
Oct 8, 2013 at 2:29 AM UTC
Lembro-me de ti meu Pai
Cuento mucho todo y nada ,asi empezo la tonada con el mar que hay en tus labios, y el desierto de mi boca podemos hacer que un rio corra hasta por las mas secas praderas Dime si estas jugando porque para mi es serio no se como lo hiciste , pero de mi conciencia te deshiciste lograste poner todo al revez ahora soy yo la que no sabe ni leer No se que pasaria si manana no te encuentro se oiria mi suplicio, mi tortura y mi lamento, y es que te has convertido en el aire que respiro, no se como ni donde pero sin avisar llego a mi como, tornado revolviendo y destrullendo todo lo que encontro a su paso Y es que te has convertido en parte de mi alma eres dueno de mi corazon, de mis suenos y mis primaveras como podria olvidarte, como podria arrancarte si te arranco me arranco el corazon y si te borro me muero de dolor. Siempre seras parte de mi......
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Feb 27, 2012
Feb 27, 2012 at 8:30 PM UTC
Contigo en la distancia
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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La desesperación
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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No es tarde para dar la vuelta recordar la meta. El reloj marca la hora exacta pero las manecillas no se mueven, se detiene el tiempo en tus ojos al ver que se cierra la puerta. Me da miedo el olvido, y mantengo una ventana abierta para admirar clandestinamente tu mente en libertad. Mientras tú esperas una señal mi seducida voz grita señales mudas esperando que tus necios oídos entiendan, que eres todo lo que jamás soñé, y que tus labios son los que quiero yo besar. Sin embargo, inmersos en caricias de lejos, y miradas de admirar esperamos la manecilla siga inmóvil, y el tiempo no corra y sólo así no lleguemos tarde.
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Jan 18, 2015
Jan 18, 2015 at 11:59 AM UTC
Las manecillas
Yo tengo dos personas en mi interior una que me dice que no ame a nadie otra que me pide que sueñe con alguien a veces una me ruega que sueñe con ella mientras que la otra me ordena pasar la noche en vela a veces una me aconseja que tome conciencia y mientras otra me susurra que corra con demencia pero no he amado a nadie y he soñado con todos y pase las noches en vela mientras soñaba despierto y he sido consiente de que estoy demente así que creo que no tengo dos personas dentro de mí creo que dos personas me tienen dentro de sí.
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Apr 30, 2014
Apr 30, 2014 at 9:32 PM UTC
Dos personas.
El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo. Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos. Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable. Escucha como el viento me llama galopando para llevarme lejos. Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme. Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amor mío.
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El viento en la isla
Quién me iba a decir que el destino era esto Ver la lluvia a través de letras invertidas, un paredón con manchas que parecen prohombres, el techo de los ómnibus brillantes como peces y esa melancolía que impregna las bocinas. Aquí no hay cielo, aquí no hay horizonte. Hay una mesa grande para todos los brazos y una silla que gira cuando quiero escaparme. Otro día se acaba y el destino era esto. Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: siempre suena una orden, un teléfono, un timbre, y, claro, está prohibido llorar sobre los libros porque no queda bien que la tinta se corra.
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Ángelus
Todos me piden que dé saltos, que tonifique y que futbole, que corra, que nade y que vuele. Muy bien. Todos me aconsejan reposo, todos me destinan doctores, mirándome de cierta manera. Qué pasa? Todos me aconsejan que viaje, que entre y que salga, que no viaje, que me muera y que no me muera. No importa. Todos ven las dificultades de mis vísceras sorprendidas por radioterribles retratos. No estoy de acuerdo. Todos pican mi poesía con invencibles tenedores buscando, sin duda, una mosca. Tengo miedo. Tengo miedo de todo el mundo, del agua fría, de la muerte. Soy como todos los mortales, inaplazable. Por eso en estos cortos días no voy a tomarlos en cuenta, voy a abrirme y voy a encerrarme con mi más pérfido enemigo, Pablo Neruda.
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El miedo
I wrote you, because I so longed for you to be me I wrote you because I wanted to feel powerful I felt useless, so I created you, the better me You are the stronger me I think of you when I feel weak, because I know you would be able to fight better than I You can use your head instead of your heart, You can love without it getting in the way I made you to face a problem head on, and to not be afraid I think of you when I don't want to be me, when I don't want to be scared You take me away to your world, the world I have always wanted to live Because in your world, I can do anything I can become you I created you to become free and fight for what you believe I made you to be capable of anything I wanted you, because you're the person I want in my story Because I know I could never fill that place
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Aug 12, 2013
Aug 12, 2013 at 7:07 AM UTC
Corra
Los que ciego me ven de haber llorado y las lágrimas saben que he vertido, admiran de que, en fuentes dividido o en lluvias, ya no corra derramado. Pero mi corazón arde admirado (porque en tus llamas, Lisi, está encendido) de no verme en centellas repartido, y en humo ***** y llamas desatado. En mí no vencen largos y altos ríos a incendios, que animosos me maltratan, ni el llanto se defiende de sus bríos. La agua y el fuego en mí de paces tratan; y amigos son, por ser contrarios míos; y los dos, por matarme, no se matan.
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Padece ardiendo y llorando sin que le remedie la oposición de las contrarias calidades
Aveces Camimos Caminaos a un nuevo destino Sin pensar, el pasado Pero el pasado son las raizes del nuestro futuro Un futuro lleno de fantasia Despues que nuestras imaginacion corra Ni los rios nos pueden parar.
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May 29, 2016
May 29, 2016 at 4:00 AM UTC
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Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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Los dos carreteros
Dos carreteros en sus lentos carros, En alta noche, solitarios velan; y al son de cascabeles y guijarros, En canto alterno su dolor consuelan. Baja la luna y tiñe de amarillo Los campos y el azul del hondo espacio; y en una casa de cristal, el brillo lejos se ve de un fúlgido topacio. Baja la luna, y duerme el amor mío, y velo y rondo el sueño de mi amada; y de cansancio trémulo y de frío Beso en vano el umbral de su morada. Un pie de rosa floreció en su huerto En risueña mañana del estío. Tal vez conmigo soñará, cubierto De gotas temblorosas de rocío. En vano rondo, y mi esperanza es vana, Que mía no será su padre jura. y alta la frente miro a su ventana, Con el cuchillo pronto en la cintura. Yo quiero trasplantar el pie de rosa y que florezca en medio de mi estancia, y que corra mi vida silenciosa A solas aspirando su fragancia. Filo tiene el cuchillo y grita: «¡Mata!» y sonríe al amago de la muerte. En vano velo el sueño de la ingrata Que con otro tal vez burla mi suerte. Mas, ¿qué miro? ¿No ves? Baja del cielo una nube de lirios luminosa que envuelven a una rosa en blanco velo; y el corazón me dice: «¡Esa es tu esposa!» Más que la vida en la prisión, sonroja La vida entre la lluvia y el sereno. Un blanco seno luce cinta roja... Sangre habrá de correr de un blanco seno. Esposa, voy a ti; cansado llego... ¡Que mi ensueño en tus ojos se extasíe! Yate miro rendida ante mi ruego: Abre tus brazos y a mi amor sonríe. Di: ¿cuántas veces a traición me heriste? ¿Cuántas veces burlaste mi esperanza? Ya en la existencia tu misión cumpliste... La sangre corre... ¡Mira! ¡Es mi venganza! «¡Durmamos!... Olvidemos las canciones, Cuchillo, sangre, rosas, y falsía... Durmamos olvidados de traiciones Hasta que venga y nos despierte el día». Callaron, y los carros prosiguieron, y hasta que el cielo se tiñó en fulgores Sueño profundo, sin soñar, durmieron... Cantaron por cantar, cual ruiseñores.
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¡Ahí pasa! ¡llamadla! ¡es su costado! ¡Ahí pasa la muerte por Irún: sus pasos de acordeón, su palabrota, su metro del tejido que te dije, su gramo de aquel peso que he callado... ¡si son ellos! ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome en los rifles, como que sabe bien dónde la venzo, cuál es mi maña grande, mis leyes especiosas, mis códigos terribles. ¡Llamadla! Ella camina exactamente como un hombre, entre las fieras, se apoya de aquel brazo que se enlaza a nuestros pies cuando dormimos en los parapetos y se pára a las puertas elásticas del sueño. ¡Gritó! ¡Gritó! ¡Gritó su grito nato, sensorial! Gritara de vergüenza, de ver cómo ha caído entre las plantas, de ver cómo se aleja de las bestias, de oír cómo decimos: ¡Es la muerte! ¡De herir nuestros más grandes intereses! (Porque elabora su higado la gota que te dije, camarada; porque se come el alma del vecino). ¡Llamadla! Hay que seguirla hasta el pie de los tanques enemigos, que la muerte es un ser sido a la fuerza, cuyo principio y fin llevo grabados a la cabeza de mis ilusiones, por mucho que ella corra el peligro corriente que tú sabes y que haga como que hace que me ignora. ¡Llamadla! No es un ser, muerte violenta, sino, apenas, lacónico suceso; más bien su modo tira, cuando ataca, tira a tumulto simple, sin órbitas ni cánticos de dicha; más bien tira su tiempo audaz, a céntimo impreciso y sus sordos quilates, a déspotas aplausos. Llamadla, que en llamándola con saña, con figuras, Se la ayuda a arrastrar sus tres rodillas, como,  a veces, a veces, duelen, punzan fracciones enigmáticas, globales, como, a veces, me palpo y no me siento. ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome, con su coñac, su pómulo moral, sus pasos de acordeón, su palabrota. ¡Llamadla! No hay que perderle el hilo en que la lloro. De su olor para arriba, ¡ay de mi polvo, camarada! De su pus para arriba, ¡ay de férula, teniente! De su imán para abajo, ¡ay de mi tumba!
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¡Ahí pasa! ¡llamadla! ¡es su costado! ¡Ahí pasa la muerte por Irún: sus pasos de acordeón, su palabrota, su metro del tejido que te dije, su gramo de aquel peso que he callado... ¡si son ellos! ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome en los rifles, como que sabe bien dónde la venzo, cuál es mi maña grande, mis leyes especiosas, mis códigos terribles. ¡Llamadla! Ella camina exactamente como un hombre, entre las fieras, se apoya de aquel brazo que se enlaza a nuestros pies cuando dormimos en los parapetos y se pára a las puertas elásticas del sueño. ¡Gritó! ¡Gritó! ¡Gritó su grito nato, sensorial! Gritara de vergüenza, de ver cómo ha caído entre las plantas, de ver cómo se aleja de las bestias, de oír cómo decimos: ¡Es la muerte! ¡De herir nuestros más grandes intereses! (Porque elabora su higado la gota que te dije, camarada; porque se come el alma del vecino). ¡Llamadla! Hay que seguirla hasta el pie de los tanques enemigos, que la muerte es un ser sido a la fuerza, cuyo principio y fin llevo grabados a la cabeza de mis ilusiones, por mucho que ella corra el peligro corriente que tú sabes y que haga como que hace que me ignora. ¡Llamadla! No es un ser, muerte violenta, sino, apenas, lacónico suceso; más bien su modo tira, cuando ataca, tira a tumulto simple, sin órbitas ni cánticos de dicha; más bien tira su tiempo audaz, a céntimo impreciso y sus sordos quilates, a déspotas aplausos. Llamadla, que en llamándola con saña, con figuras, Se la ayuda a arrastrar sus tres rodillas, como,  a veces, a veces, duelen, punzan fracciones enigmáticas, globales, como, a veces, me palpo y no me siento. ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome, con su coñac, su pómulo moral, sus pasos de acordeón, su palabrota. ¡Llamadla! No hay que perderle el hilo en que la lloro. De su olor para arriba, ¡ay de mi polvo, camarada! De su pus para arriba, ¡ay de férula, teniente! De su imán para abajo, ¡ay de mi tumba!
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Un hombre trabajado por el tiempo, un hombre que ni siquiera espera la muerte (las pruebas de la muerte son estadísticas y nadie hay que no corra el albur de ser el primer inmortal), un hombre que ha aprendido a agradecer las modestas limosnas de los días: el sueño, la rutina, el sabor del agua, una no sospechada etimología, un verso latino o sajón, la memoria de una mujer que lo ha abandonado hace ya tantos años que hoy puede recordarla sin amargura, un hombre que no ignora que el presente ya es el porvenir y el olvido, un hombre que ha sido desleal y con el que fueron desleales, puede sentir de pronto, al cruzar la calle, una misteriosa felicidad que no viene del lado de la esperanza sino de una antigua inocencia, de su propia raíz o de un dios disperso.Sabe que no debe mirarla de cerca, porque hay razones más terribles que tigres que le demostrarán su obligación de ser un desdichado, pero humildemente recibe esa felicidad, esa ráfaga.Quizá en la muerte para siempre seremos, cuando el polvo sea polvo, esa indescifrable raíz, de la cual para siempre crecerá, ecuánime o atroz, nuestro solitario cielo o infierno.
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Alguien
-¿No escuchas?...                                     -Es la lluvia que roza los cristales. -¿No escuchas?...                                     -Nada temas. Es el rumor del Rhin. Son las heladas brisas, las brisas invernales Que juegan con las flores marchitas del jardín. Los pinos cabecean; el cielo está sombrío, Y el viento aúlla, aúlla con tétrico rumor; Afuera todo es muerte y soledad y frío... ¡Ay de las almas tristes, las almas sin amor! -¿Leemos?                                     -Lee, bien mío, como en lejanos días, Los cantos del poeta de tu país natal; ¡Mas no!... tiene más dulces y vagas armonías Tu voz que del poeta el cántico inmortal. Sobre el cojín de raso do apoyas la cabeza, De la rosada lámpara al trémulo fulgor, En vivos resplandores irradia tu belleza Cubierta con el blanco y holgado peinador. Oh carne, oh carne mórbida, oh carne sonrosada, Oh labios que he besado con loco frenesí, ¡Sois míos... sólo míos! ¿Verdad, mi bien amada, Verdad que es tu hermosura tan sólo para mí? Corra la vida aprisa, destelle en el oriente El sol para las almas esclavas del dolor, Y siga en noche eterna mi corazón ardiente Soñando con la dicha, soñando con tu amor! Riega sobre mis hombros tu blonda cabellera; Unamos nuestros labios en ósculo sin fin... Y deja que la lluvia sacuda la vidriera Y rumoree a lo lejos entre la bruma el Rhin.
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Noche de invierno
está negra la madera de tu casa y el verde de tus plantas brilla como lustrado a mano/ te debe haber llovido mucha ausencia/ debe haberte apagado los fuegos que encendías para leer tus pechos/ para saber quién anda por ahí/ en el verano de tu rigidez empujada/ ¿qué sería la muerte sin la lluvia/ su ciencia de humo y claridad?/ temblabas como un cafetín/ pasaban tangos de gardel y toros ya suavísimos/ tus piernas ardían al lado de los ángeles y volaban cenizas del secreto cremado/ ¿cómo es posible el horror de saber?/ ¡dale/viento!/ ¡raspa la música que hace diamantes en cada esquina de la sonreidora!/ ¡la música que separa los nacimientos de los espantapájaros! ¡los espantapájaros verdaderos!/ ¡que me conocen y no son yo!/ vos/que sabés hacer cuchillos con un instante del amor/ cantá/sentada en los panes que horneo y nunca comeré/ ¡cantá/para que corra la mañana y se subleven los canarios que lloran ocultamente!/
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Está negra la madera de tu casa