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"cirio" poems
on tall trees (en arboles altos) they begin as small white flowers (empiezan como flores pequeñas y blancas) with five petals (con cinco petalos) and a sweet smell (y un olor dulce) ready in summer (estan listos en el verano) smooth skin (piel suave) colorful skin (piel lleno de color) red, orange, yellow, green (rojo, anaranjado, amarillo, verde) single pit in the middle (una semilla en el medio) sweet flavor (sabor dulce) soft or firm (blando o firme) the knife breaks the thin surface (el cuchillo rompe la superficie delgada) and reveals a golden sun (y revela un sol dorado) a sun (un sol) bright (brillante) shining (radiante) and glorious (y glorioso) i like mangos (me gusta mangos) mango juice (jugo de mango) mango smoothies (batidos de mangos) mango ice cream (helado de mango) i have a candle (tengo un cirio) that smells like (que huele como) mangos (mangos) it’s one of my favorite smells (es uno de mis olores favoritos) in the entire world (en todo el mundo) when i think of (cuando yo pienso en) mangos (mangos) i think of (yo pienso en) summer (el verano) my happy place (mi lugar feliz) my paradise (mi paraiso)
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Feb 5, 2015
Feb 5, 2015 at 10:55 PM UTC
ode to the mango (oda al mango)
Paso a Nuestro Amo y Señor andas, lienzo y candelabros. Paso a Nuestro Salvador el Señor de los Milagros. La calle es un río humano por cuyo cauce, la gente muy acompasadamente camina desde temprano. "Avancen, avancen hermanos, no estorben al cargador..." grita el Capataz Mayor que las cuadrillas comanda. "Paso, que vienen las andas, paso a Nuestro Amo y Señor..." Por las calles se desborda aquel torrente morado; gimen los pies maltratados, la Fe permanece sorda. La multitud que lo aborda da marco al rey de los cuadros: Caídas y descalabros en aquella mar mulata, y cual velero de plata andas, lienzo y candelabros. Una señora morena le ofrece todos sus hijos; una ciega de ojos fijos pídele Luz Nazarena; azota una Magdalena su vil cuerpo pecador. Al paso del Redentor doblan tristes las campanas "Avancen, avancen hermanas, paso a Nuestro Salvador..." Sobre el lienzo de Jesús la tarde pinta una sombra. Sobre las frentes se nombra señal dela Santa Cruz... Bajo un cirio -santa luz- A Ti, Señor, me consagro, y de tus perfiles magros venga a nos tu Redención que nunca negó perdón el Señor de los Milagros.
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Al señor de los milagros
Crecí               Para ti.         Tálame. Mi acacia Implora a tus manos su golpe de gracia.               Florí               Para ti.         Córtame. Mi lirio Al nacer dudaba ser flor o ser cirio.               Fluí               Para ti.         Bébeme. El cristal Envidia lo claro de mi manantial.               Alas di               Por ti.         Cázame. Falena, Rodeo tu llama de impaciencia llena.               Por ti sufriré. ¡Bendito sea el daño que tu amor me dé! ¡Bendita sea el hacha, bendita la red, Y loadas sean tijeras y sed!               Sangre del costado               Manaré, mi amado. ¿Qué broche más bello, qué joya más grata, Que por ti una llaga color escarlata? En vez de abalorios para mis cabellos Siete espinas largas hundiré entre ellos. Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas, Como dos rubíes dos ascuas bermejas.               Me verás reír               Viéndome sufrir.         Y tú llorarás. Y entonces... ¡más mío que nunca serás!
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El fuerte lazo
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don *****
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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Tierra mojada de las tardes líquidas en que la lluvia cuchichea y en que se reblandecen las señoritas, bajo el redoble del agua en la azotea... Tierra mojada de las tardes olfativas en que un afán misántropo remonta las lascivas soledades del éter, y en ellas se desposa con la ulterior paloma de Noé; mientras se obstina el tableteo del rayo, por la nube cenagosa... Tarde mojada, de hálitos labriegos, en la cual reconozco estar hecho de barro, porque en sus llantos veraniegos, bajo el auspicio de la media luz, el alma se licúa sobre los clavos de su cruz... Tardes en que el teléfono pregunta por consabidas náyades arteras, que salen del baño al amor a volcar en el lecho las fatuas cabelleras y a balbucir, con alevosía y con ventaja, húmedos y anhelantes monosílabos, según que la llovizna acosa las vidrieras... Tardes como una alcoba submarina con su lecho y su tina; tardes en que envejece una doncella ante el brasero exhausto de su casa, esperando a un galán que le lleve una brasa; tardes en que descienden los ángeles, a arar surcos derechos en edificantes barbechos; tardes de rogativa y de cirio pascual; tardes en que el chubasco me induce a enardecer a cada una de las doncellas frígidas con la brasa oportuna; tardes en que , oxidada la voluntad, me siento acólito del alcanfor, un poco pez espada y un poco San Isidro Labrador....
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Tierra mojada
Para no discontinuar la corriente de sucesos doy cuenta de mi hoy y del momento busco una imagen en el mar desprovista de lamentos un cirio unos ojos que perdí en un torrente de emociones cuando todo estaba por pasar y el tiempo estaba puesto de perfil sueños en tu piel de amaneceres. En este ahora en que solo tengo tu nombre uno que no puedes ver aún prendido entre mis manos que atesoran un Azul en este tiempo sucedáneo en fin que en consecuencia y conclusión ahogado en emociones de arrebol libre y soberano yo te amo ... Jorge Neira
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Jun 21, 2015
Jun 21, 2015 at 3:41 PM UTC
UN DÍA
Éramos aturdidos mozalbetes: blanco listón al codo, ayes agónicos, rimas atolondradas y juguetes. Sin la virtud frenética de Orfeo, fiados en la campánula y el cirio, fuimos a embelesar las alimañas cual neófitos que buscan el martirio. En la misma espesura se extraviaba la primeriza luz de nuestra frente, y ante la misma fiera, reacia y sorda, cesaba nuestro cántico inocente. De aquella planta que regamos juntos eran cofrades la senil vihuela, los pupitres manchados de la escuela, la bíblica muchacha que adoraste, los días uniformes, el contraste de un volumen de Bécquer y Fabiola, la soprano indeleble que aún nos mima con el ahínco de su voz pretérita, y el prístino lucero que te indujo al apurado trance de la rima. ¿Qué hicimos, camarada, del tanteo feliz y de los ripios venturosos, y de aquel entusiasta deletreo? Hoy la armonía adulta va de viaje a reclamar a una centuria prófuga el vellón de su casto aprendizaje. Mi maquinal dolencia es una caja de música falible que en lo gris de un tácito aposento se desgaja. Y el alma, cera ayer, se petrifica como los rosetones coloniales de una iglesia con lama, que complica su fachada borrosa con el humo inveterado de los temporales.
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Introito
¡Oh, Señor! yo en tu Cristo busqué un esposo que me quisiera; le ofrendé mis quince años, mi **** núbil; violó mi boca, y por Él ha quedado mi faz de nácar como la cera, mostrando palideces de viejo cirio bajo mi toca. ¡Mas Satán me persigue y es muy hermoso! Viene de fuera y ofreciéndome el cáliz de la ignominia, me vuelve loca... ¡Oh, Señor!, no permitas que bese impío mi faz de cera, que muestra palideces de viejo cirio bajo mi toca... Ya en las sombras del coro cantar no puede mi voz austera los litúrgicos salmos, mi alma está estéril como una roca; mi virtud agoniza, mi fe sucumbe, Satán espera... ¡Oh, Señor!, no permitas que bese impío mi faz de cera, que muestra palidez de viejo cirio bajo mi toca!
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Antífona
Absorto pez, dormida golondrina, mariposa en el aire de la muerte, rosa fallida en la impasible umbría, esmeralda evadiéndose del verde color de su destino. En las heridas la sangre blanca y el dolor ausente, el mundo trastrocado en una orilla en que la luz y el ámbito se pierden. Dentro de la avellana de mi sueño esa hilera de imágenes sin filo, ese jardín de helados asfodelos, esa playa de lápices y vidrios, esa manada afónica de renos, esa luna guiñando sobre el cirio. ¡Gozo de despertar equilibrada, como cualquier mañana de los días! ¡Gozo de sol y éxtasis del agua, exacta magnitud de la alegría, regreso de la imagen dislocada en los espejos de la pesadilla y la casa, mis perros, la mañana, en la gracia y el orden de la vida!
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Despertar
Bien sus cortinas sean de sarga o de brocado, Triste como una tumba, o alegre como un nido, Es en él donde el hombre duerme en paz o se ha unido; Esposo, madre o virgen, en él hemos soñado. De muerte o de amor, agua bendita lo ha regado, Y bajo cruz o ramo que consuelo ha traído, En él todo comienza y todo ha concluido, Desde la infancia al cirio que arde ante un ser amado. Pobre, o de rico encaje su cimera adornada, De oro vivo o de rojo su madera pintada, De encina, roble o pino, cerrado o descubierto, Feliz quien con el alma tranquila dormir pueda En el paterno lecho, de tela humilde o seda, Donde todos los suyos han nacido y han muerto.
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El lecho
Desde media noche, aquel día No terminaba de llover. ¡Qué gris y honda melancolía La de ese triste amanecer! Dos lámparas agonizantes Daban luz vaga al corredor. Leves sombras, y en los semblantes Huellas de insomnio y de dolor. Desde el patio se columbraba Oscura cerrazón sin fin. Bajo la lluvia se doblaba El jazminero en el jardín. Sobre su lecho de caoba Se agitaba, y un fuerte olor De ácido fénico en la alcoba Aumentaba nuestro dolor. Su cabello en las almohadas, Inmóvil en su reposar, Fingía dos alas plegadas En blancas espumas del mar. Cual quietos remos en la ola Sus brazos dejaba caer, Y un fulgor como de aureola Parecía en su frente arder. Entre la sombra y la tormenta, Del agua no cesaba el son... ¡Cómo el dolor la lluvia aumenta Cuando está triste el corazón! De un crucifijo se veía A su lado la triste faz, Y ante él un cirio se extinguía Con chisporroteo tenaz. En torno de ella, flor ya mustia, Última luz de una ilusión, Las almas eran honda angustia, Los labios eran oración. ¡Veintiún años!... Rosal florido Iba la muerte a deshojar... ¡Y cayendo en aguas de olvido Ya su corona de azahar! Cuando el alba, entre el aguacero, En el alto cerro brilló, Un gemido largo, el postrero, Sus labios por siempre cerró. En redor, sollozos ahogados... ¡Vino a ella la eterna paz! Sus ojos estaban cerrados, Pero ellos veían ya más.
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En la agonía