"bordes" poems
Y el reflejo te persiguió
Sin pensárselo dos veces
Aún cuando cerrabas los ojos,
Aunque te ocultases
La luz apagada de aquel instante
Te atrapó, insaciablemente
Y en sus brazos dañados
Sedientos, ardientes
Permitió nuevamente tu desgarre
La ruptura entre cuerpo y alma
Tomó su lugar
Y volviéndote un lienzo
Te sedujo hasta el final
En ti yace un brillo
Que diluye la tranquilidad
Entre colores finos
Dedicándose a prosperar
Piel y tela se vuelven una
Y así el arte toma forma
Tus huesos frágiles se vuelven
Del canvas la estructura
Mientras que las tonalidades
De aquellos lugares apartados
Se definen por tu esplendor
Y el artista dibuja figuras,
Garabatos y líneas torcidas
Delineando tu cuerpo,
Conservando la vida
Cada pedazo de papel
Que le rinde homenaje
A tus bordes y extremidades
Posee su propio significado
El amor, el arte, el cuerpo y la belleza
Se fusionan
Cada vez.
Jul 31, 2019
Jul 31, 2019 at 1:49 AM UTC
Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su **** la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.
1.1k
El río desemboca en el océano
sin darse cuenta.
La bahía
no sabe dónde comienza
dónde acaba el mar, dónde el peñasco…
Así tu boca me confunde
dejándome incapaz de saber
dónde están los bordes
en que comienzo yo
en que acabas tú.
Un ritmo como el oleaje
me marea:
desembocamos juntos:
cómo llamar a este nuevo cuerpo
cómo si está ocupado el aliento
en arreciarnos
a cada bocado.
Oct 15, 2014
Oct 15, 2014 at 9:26 PM UTC
Quise tocar el gozo primitivo,
batir mis alas, trasponer la linde
y volver, al origen, desde el fin de
mi juventud, para sentirme vivo.
Quise reverdecer el viejo olivo
de la paz, pero el alma se me rinde.
¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde,
sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?
Y ¿quién se adueñará de la armonía
universal, si rompe, nota a nota,
grano a grano, el racimo, los acordes?
¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día
y noche, honda raíz y flor que brota,
luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?
958
Viendo pasar las nubes fue pasando la vida,
y tú, como una nube, pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu corazón y el mío,
como se van uniendo los bordes de una herida.
Los últimos ensueños y las primeras canas
entristecen de sombra todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida son como estrellas,
pues pueden verse juntas, estando tan lejanas...
Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita,
nos da una sed más honda que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de poder olvidar...
Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar.
950
En los musgosos bordes de la fuente
Del huerto de tu casa,
Con palabras de miel noche por noche
Juraste que me amabas.
El agua en chorros mil saltando alegre
Recogió tus palabras,
Dando sus ondas música a tu acento
Como amorosas arpas.
Han corrido los años. Cuando busco
La reja solitaria,
Hallo la fuente destrozada y seca.
¡Lo mismo tengo el alma!
Sólo palabras tus promesas fueron;
¡Ay! sí,
¡sólo palabras
Que murmurando alegres se perdieron
Como en la fuente el agua!
895
Y ahora, aquí está frente a mí.
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos , los del principio,
de este final asombrados.
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.
870
El marfil con tal arte ha sido cincelado
que en él se ven de Colquida la floresta sombría
la hermosa Medea. Y el Toisón, como el día
radiante, en una estela reposa recostado.
El Nilo, cerca; y ebrias, bajo el azul dorado,
Las Bacantes, que riegan perfumes y ambrosía,
adornan con un pámpano, entre luz de alegría,
el yugo de una yunta que lenta huella el prado.
Abajo hay un combate de caballeros rudos;
después, héroes que vuelven muertos en sus escudos,
ancianos sollozan les y madres plañideras;
y en fin, en forma de asa, encorvando sus flancos,
apoyando en los bordes sus firmes senos blancos,
en el ánfora vense bebiendo las Quimeras.
732
Yo **** versos en rima terciana
-cosa es pecado de adolescencia-
ansí como versos trabados de cienscia
retórica: asaz cosa vana!
Agora, mis versos...: bufón tarambana
aduna el capricho con la impertinencia,
los ritmos asorda, las rimas silencia...
Son cantos de tana: diz la gente llana...
La rana musica de timbre nasal
e irónico. Oh músicas plagadas de duro
encanto, suaves disonancias, límpidos desacordes!
La gente llana diz que suena mal...
Yo **** versos en rimas sabias en tiempo antefuturo:
y estoy harto de tal simpleza hasta los bordes!
684
Entre la imperturbable quietud de la alameda,
donde el césped recama su tapiz absorbente,
la fuente silabea melancólicamente
las tímidas metáforas de una estrofa de seda.
El chorro de agua clara vacila, ondula y rueda,
irisando de espuma los labios de la fuente,
y sobre la amatista cóncava del poniente
el sol funde los bordes de su roja moneda.
En el plácido estanque de linfa transparente
un cisne erige el asa de su cuello indolente,
y en actitud heráldica meditabundo queda...
Pero el plumaje cándido se eriza de repente,
y del pico de ámbar fluye un grito estridente,
ante un botón de rosa que flota en la corriente,
húmedo y sonrosado como el **** de Leda...
641
Es preciso que tornes de la esfera sombría
con los flavos destellos de la Luna, que escapa,
cual la momia de un mundo, de la azul lejanía;
es preciso que tornes y te vuelvas mi guía
y me des un refugio, ¡por piedad!, en la Trapa.
Si lo mandas, ¡oh padre!, si tu regla lo ordena,
cavaré por mi mano mi sepulcro en el huerto,
Y al amparo infinito de la noche serena
vagaré por sus bordes como el ánima en pena,
mientras lloran los bronces con un toque de muerto...
La leyenda refiere que tu triste mirada
extinguía los duelos y las ansias secretas,
y yo guardo aquí dentro, como en urna cerrada,
desconsuelos muy hondos, mucha hiel concentrada,
y la fiera nostalgia que tocó a los poetas...
Viviré de silencio -el silencio es la plática
con Jesús, escribiste: tal mi plática sea-,
y mezclado a tus frailes, con su turba hierática
gemirá De profundis la voz seca y asmática
que fue verbo: ese verbo que subyuga y flamea.
Ven, abad incurable, gran asceta, yo quiero
anegar mis pupilas en las tuyas de acero,
aspirar el efluvio misterioso que escapa
de tus miembros exangües, de tu rostro severo,
y sufrir el contagio de la paz de tu Trapa.
643
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma
Que envuelve densa mis amargos días;
Sus olas son de lágrimas; mi pluma
Está empapada en ellas, hijas mías.
Vosotras sois las inocentes flores
Nacidas de ese mar en la ribera;
La sorda tempestad de mis dolores
Sirve de arrullo a vuestra edad primera.
Nací para luchar; sereno y fuerte
Cobro vigor en el combate rudo;
Cuando pague mi audacia con la muerte,
Caeré cual gladiador sobre mi escudo.
Llévenme así a vosotras; de los hombres
Ni desdeño el poder ni el odio temo;
Pongo todo mi honor en vuestros nombres
Y toda el alma en vuestro amor supremo.
Para salir al mundo vais de prisa.
¡Ojalá que esa vez nunca llegara!
Pues hay que ahogar el llanto con la risa,
Para mirar al mundo cara a cara.
No me imitéis a mí: yo me consuelo
con abrir más los bordes de mi herida;
Imitad en lo noble a vuestro abuelo:
¡Sol de virtud que iluminó mi vida!
Orad y perdonad; siempre es inmensa
Después de la oración la interna calma,
Y el ser que sabe perdonar la ofensa
Sabe llevar a Dios dentro del alma.
Sea vuestro pecho de bondades nido,
No ambicionéis lo que ninguno alcanza,
Coronad el perdón con el olvido
Y la austera virtud con la esperanza.
Sin dar culto a los frívolos placeres
Que la pureza vuestra frente ciña,
Buscad alma de niña en las mujeres
Y buscad alma de ángel en la niña.
Nadie nace a la infamia condenado,
Nadie hereda la culpa de un delito,
Nunca para ser siervas del pecado
Os disculpéis clamando: estaba escrito.
¡Existir es luchar! No es infelice
Quien luchando, de espinas se corona;
Abajo, todo esfuerzo se maldice,
Arriba, toda culpa se perdona.
Se apaga la ilusión cual lumbre fatua
Y la hermosura es flor que se marchita;
La mujer sin piedad es una estatua
Dañosa al mundo y del hogar proscrita.
No fijéis en el mal vuestras pupilas
Que víbora es el mal que todo enferma,
Y haced el bien para dormir tranquilas
Cuando yo triste en el sepulcro duerma.
Nunca me han importado en este suelo
Renombre, aplausos, oropeles, gloria:
Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo;
Amaros y sufrir tal es mi historia.
Cuando el sol de mi vida tenga ocaso
Recordad mis consejos con ternura,
Y en cada pensamiento, en cada paso,
Buscad a Dios tras de la inmensa altura.
Yo anhelo que, al morir, por premio santo,
Tengan de vuestro amor en los excesos:
Las flores de mi tumba vuestro llanto,
Las piedras de mi tumba vuestros besos.
690
Era el silencio miel sobre seda,
y era un ungüento de paz la brisa.
Yo iba del brazo con tu sonrisa
por la alameda.
Tu boca dulce como un olvido
me dio sus jugos bajo el follaje,
y su chasquido
rozó mi oído
como un plumaje
de un cisne herido;
como un encaje
desvanecido;
como un celaje
loco de viaje
sobre un paisaje
desconocido...
Tu boca ungida de luz de trino,
bordó una sombra de frases quedas...
Tu boca tibia me supo a vino,
y en la hojarasca de las veredas
se alzó el revuelo de un remolino
de áureas monedas...
Y fue el silencio como una gruta,
y la quimera fue como un río
donde bogaron tu amor y el mío...
Y fue tu boca como una fruta
humedecida por el rocío...
Como amputando gestos sombríos
bruñó la luna su filo de hacha,
y retorciendo sus dedos fríos
cruzó una racha...
Yo unté de besos tu boca roja,
tu boca dulce como un regreso,
y en cada árbol fue cada hoja
un eco verde de cada beso.
Tu boca intacta me dio sus rasos,
tu voz sin bordes me dio su seda,
y, en la delicia de los retrasos,
moría el roce de nuestros pasos
en el silencio de la alameda...
569
Como el día que madura de hora en hora hasta no ser sino un instante inmenso,
Gran vasija de tiempo que zumba como una colmena, gran mazorca compacta de horas vivas,
Gran vasija de luz hasta los bordes henchida de su propia y poderosa sustancia,
Fruto violento y resonante que se mece entre la tierra y el cielo, suspendido como el trueno,
Entre la tierra y el cielo abriéndose como una flor gigantesca de pétalos invisibles,
Como el surtidor que al abrirse se derrumba en un blanco clamor de pájaros heridos,
Como la ola que avanza y se hincha y se despliega en una ancha sonrisa,
Como el perfume que asciende en una columna y se esparce en círculos,
Como una campana que tañe en el fondo de un lago,
Como el día y el fruto y la ola, como el tiempo que madura un año para dar un instante de belleza y colmarse a sí mismo con esa dicha instantánea,
La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde y otra y otra
(Porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y están a nuestro alcance
Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los ojos) y desde entonces creo en los árboles
Y a veces, bajo su sombra, he comido sin miedo los frutos de una amistad parecida a las manzanas
Y he conversado con ella y con su marido y su cuñado como hablan entre sí el agua y las hojas y las raíces.
497
Es triste la tristeza de este cauce vacío,
con árboles sin sombra muriendo en sus orillas;
y, como si lloraran por la ausencia del río,
son lágrimas de oro sus hojas amarillas.
Los bordes de este cauce son los labios de un viejo
que aprendió la amargura de besar en la frente;
y, como el marco inútil donde brilló el espejo,
hay algo que nos mira tras su reflejo ausente.
Es triste la tristeza de este cauce vacío,
triste como las canas de un hombre sin mujer,
porque el cauce es la inmensa desolación de un río
que se convierte en surco, sin lograr florecer...
A veces, en otoño, la lluvia persistente
llena la zanja seca con sus aguas sin brío,
y el cauce desolado tal parece que siente
la fugaz alegría de volver a ser río.
Hoy su propio silencio tiene una voz ajena,
y ayer, cantando el canto de las aguas felices,
olvido la asechanza de la sed de la arena
y el misterioso instinto que alarga las raíces.
Y, ante este gran cadáver que lucha con lo inerte,
en su terca esperanza rebosante de fe,
se diría que el cauce no comprendió su muerte
y se quedó esperando el agua que se fue.
463
La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?
La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye, tú, mujerzuela, no vayas a volver.
A carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella,
como en un pantanoso corazón de mujer.
Ascua astral... He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
Ah, mujer! Por ti existe
la carne hecha de instinto. Ah mujer!
Por eso ¡oh, ***** cáliz! aun cuando ya te fuiste,
me ahogo con el polvo;
y piafan en mis carnes más ganas de beber!
423
Y cerraré los ojos para siempre, algún día
y habrá noches de estrellas que ya nunca he de ver
y cantará otra boca lo que cantó la mía,
cuando pasan las nubes en el atardecer.
Y habrá polvo en los bordes de la copa vacía
donde exalté mi ensueño y aturdí mi placer.
Y en las tardes de otoño lloverá todavía,
para que otro hombre triste recuerde a otra mujer.
Todo será lo mismo, y a la vez diferente,
habrá rosas y besos naciendo dulcemente
y un niño sin infancia caminando hacia el mar...
Y yo seré la sombra de un viajero tardío
que quiso ser el cauce donde pasara un río,
y fue solo una nube que no volvió a pasar.
321
El corazón de un sueño
palpita entre mis manos.
-Pétalo de una música
rizada hacia los astros-.
(Ya no recuerdo dónde,
ya no recuerdo cuando,
ya no recuerdo cómo...
No puedo recordarlo...)
El corazón de un sueño
palpita entre mis manos.
-Puerta que no abrió nadie,
y que nadie ha cerrado-.
Onda de bordes tibios,
pálida voz sin labios,
latido de silencio,
polvo de ecos amargos...
El corazón de un sueño
palpita entre mis manos...
299
Tal vez porque cantamos embriagados la vida
crees que fue con nosotros lo que tú llamas buena.
Puedes aproximarte, puedes tocar la herida
de amargura y de sangre hasta los bordes llena.Ganamos la alegría bajo un cielo sombrío,
mientras el desaliento nos prendía en sus redes.
Hemos tenido sueño, hemos tenido frío,
hemos estado solos entre cuatro paredes.Vivimos... Llena el alma la hermosura más plena.
En países de nieblas también nacen flores.
Después de la amargura y después de la pena
es cuando da la vida sus más bellos colores.
291