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Es preciso que tornes de la esfera sombría con los flavos destellos de la Luna, que escapa, cual la momia de un mundo, de la azul lejanía; es preciso que tornes y te vuelvas mi guía y me des un refugio, ¡por piedad!, en la Trapa. Si lo mandas, ¡oh padre!, si tu regla lo ordena, cavaré por mi mano mi sepulcro en el huerto, Y al amparo infinito de la noche serena vagaré por sus bordes como el ánima en pena, mientras lloran los bronces con un toque de muerto... La leyenda refiere que tu triste mirada extinguía los duelos y las ansias secretas, y yo guardo aquí dentro, como en urna cerrada, desconsuelos muy hondos, mucha hiel concentrada, y la fiera nostalgia que tocó a los poetas... Viviré de silencio -el silencio es la plática con Jesús, escribiste: tal mi plática sea-, y mezclado a tus frailes, con su turba hierática gemirá De profundis la voz seca y asmática que fue verbo: ese verbo que subyuga y flamea. Ven, abad incurable, gran asceta, yo quiero anegar mis pupilas en las tuyas de acero, aspirar el efluvio misterioso que escapa de tus miembros exangües, de tu rostro severo, y sufrir el contagio de la paz de tu Trapa.
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A rancé, reformador de la trapa (1626-1700)
Es preciso que tornes de la esfera sombría con los flavos destellos de la Luna, que escapa, cual la momia de un mundo, de la azul lejanía; es preciso que tornes y te vuelvas mi guía y me des un refugio, ¡por piedad!, en la Trapa. Si lo mandas, ¡oh padre!, si tu regla lo ordena, cavaré por mi mano mi sepulcro en el huerto, Y al amparo infinito de la noche serena vagaré por sus bordes como el ánima en pena, mientras lloran los bronces con un toque de muerto... La leyenda refiere que tu triste mirada extinguía los duelos y las ansias secretas, y yo guardo aquí dentro, como en urna cerrada, desconsuelos muy hondos, mucha hiel concentrada, y la fiera nostalgia que tocó a los poetas... Viviré de silencio -el silencio es la plática con Jesús, escribiste: tal mi plática sea-, y mezclado a tus frailes, con su turba hierática gemirá De profundis la voz seca y asmática que fue verbo: ese verbo que subyuga y flamea. Ven, abad incurable, gran asceta, yo quiero anegar mis pupilas en las tuyas de acero, aspirar el efluvio misterioso que escapa de tus miembros exangües, de tu rostro severo, y sufrir el contagio de la paz de tu Trapa.