"bailaban" poems
Conocí a un millonario.
Era estanciero, rey
de llanuras grises
en donde se perdían
los caballos.
Paseábamos su casa,
sus jardines,
la piscina con una torre blanca
y aguas
como para bañar a una ciudad.
Se sacó los zapatos,
metió los pies
con cierta
severidad sombría
en la piscina verde.
No sé por qué
una a una
fue descartando
todas sus mujeres.
Ellas
bailaban en Europa
o atravesaban rápidas la nieve
en trineo, en Alaska.
S. me contó cómo
cuando niño
vendía diarios
y robaba panes.
Ahora sus periódicos
asaltaban las calles temblorosas,
golpeaban a la gente con noticias
y decían con énfasis
sólo sus opiniones.
Tenía bancos, naves,
pecados y tristezas.
A veces con papel,
pluma, memoria,
se hundía en su dinero,
contaba,
sumando, dividiendo,
multiplicando cosas,
hasta que se dormía.
Me parece
que el hombre nunca
pudo salir de su riqueza
-lo impregnaba,
le daba
aire, color abstracto-,
y él se veía
adentro
como un molusco ciego
rodeado
de un muro impenetrable.
A veces, en sus ojos,
vi un fuego
frío, lejos,
algo desesperado que moría.
Nunca supe si fuimos enemigos.
Murió una noche
cerca de Tucumán.
En la catástrofe
ardió su poderoso Rolls
como cerca del río
el catafalco
de una
religión oscura.
Yo sé
que todos
los muertos son iguales,
pero no sé, no sé,
pienso
que aquel
hombre, a su modo, con la muerte
dejó de ser un pobre prisionero.
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todas las niñas cantan en Melody Spring
todos los niños bailan en Melody Spring
y las ancianas tejen los ancianos fuman sus pipas de espuma de mar de Melody Spring
menos chester carmichael muerto en el otoño de 1962
previamente se había deshojado como un árbol
plumas vientos pedazos de memoria se le fueron cayendo
lo último fue una mujer o lo que quedaba de una mujer
semirroída masticada seca y aún fosforescente
que iluminó a chester carmichael noches y noches
y no se apagó todavía y brilla donde empieza el camino del sur
él está oscuro:
no tanto por eso de la tierra y la muerte
el tiempo le trabajó la cara como un angelito
y ahora está desnudo de alternativas decadencias furias
entre suaves raíces y demás compañeros de estación
se acabó chester carmichael
se fue con nardo en la mano acompañado por cien mil monos
que cantaban bailaban como las niñas y los niños de Melody Spring
no hubo sollozos gritos flores sobre su corazón
solo un pájaro bello que lo miraba fijo
y ahora vigila su cabeza
¡ah pajarito!
cada tanto se inclina sobre chester carmichael y oye lo que está devolviendo
tranquilo como el sol
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La Kumbia Kalvinista no es ritmo vaticano
se baila todo libre con la biblia en la mano
La Kumbia Kalvinista es la onda reformada
las sectas sí prometen—pero no entregan nada
Esta cumbia trascendente, pero poco conocida
es la cumbre de verdad, y predestina pura vida
La Kumbia Kalvinista es la nueva nueva onda
se la cantan las iglesias y ofrecen otra ronda
La Kumbia Kalvinista no lo bailan los de Roma
si un padre lo intenta terminará caído en coma
es un baile teológico que es absurdo mientras lógico
lo baile cada tribu, cada etnia y antropólogo
el papa mismo, y su esposa
bailan esta cumbia fabulosa
tu estado de animo no es nada
sino gracia predestinada
lo bailan los sajones con cojones
lo bailan las alemanas si le dan la ganas
este baile está basado en un ritmo luterano
apetece a los gringos, a los indios, y a fulano
no bailaban los franceses aunque Calvin era suya
si bailaban los escoceses y gritaban aleluya !
Apr 23, 2017
Apr 23, 2017 at 8:44 PM UTC
El grafófono,
A tarde y mañana,
En el puente del barco
Sonaba y sonaba.
Era un barco muy viejo,
Un barco de carga
(Ron, azúcar y negros).
Que todos los meses salía
El día 19,
De Martinica
Para Burdeos.
Negros y negras
(Café tinto con gotas de leche)
Bailaban a tarde y mañana
Shimmy, jaba y fox-trot en el puente;
Charleston no se bailaba
Que es mal de San Vito reciente;
Corbatas muy rojas, los hombres,
De rojo y azul las mujeres,
Zarcillos de oro, muy largos,
De carey, brazaletes,
Y Houbigant y sudor confundidos....
Houbigant en sudor.... ¡qué mal hueles!
«Adieu! Fort de France!»
Decían riendo.
¡Qué blancos sus dientes lucían
En los labios carnudos y anémicos!
Y seguía el grafófono,
Y seguían bailando los martiniqueños.
De pronto
El cielo se puso muy *****
Y estrellóse en el barco una ola,
Una ola muy grande, rugiendo,
Y la ola inundó todo el puente
...Era el mar, que colérico
Acababa con música y baile
Y escupía en la cara a los negros.
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Las campanas, los domingos,
Con su alegre repicar,
Eran canto de alborozo
Bajo el cielo matinal.
Hoy las oigo sólo en sueños...
¡Cómo es triste recordar!
Los domingos... ¡cuán lejanos
Esos tiempos están ya!...
Sin escuela, por las calles,
Campo, río, libertad.
Los domingos de la infancia...
¡Cómo es triste recordar!
Los domingos, por el puente
Cuántas veces vi pasar
Para misa a los labriegos:
Las campanas ya no oirán
Muchos de ellos, bajo tierra...
¡Cómo es triste recordar!
Los domingos, los labriegos
El crepúsculo al llegar
Regresaban a sus campos...
Un cantar aquí y allá,
Y la plaza casi sola...
¡Cómo es triste recordar!
En la venta, junto al puente,
Se escuchaba el rasguear
De los tiples, bajo el oro
De la tarde tropical;
Y bailaban los labriegos...
¡Cómo es triste recordar!
En redor de las fogatas,
En la plaza del lugar,
Los rapaces nos uníamos
Al venir la oscuridad,
Y saltábamos sobre ellas...
¡Cómo es triste recordar!
Los domingos en la noche,
Ya cansados de jugar,
Nos rendíamos al sueño,
En un sueño de honda paz.
Hoy... ¡las noches intranquilas!
¡Cómo es triste recordar!
Los domingos de la infancia...
¡Qué dichoso despertar!
¡El vestido limpio, frutas,
Campo, río, libertad!
¡Ya la tarde... todo lejos!...
¡Cómo es triste recordar!
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Pasamos por el puente de guaduas y bejucos;
Surgía de las frondas un grato olor silvestre,
Y risas animaban, cantares y bambucos,
El paseo campestre.
Sombreritos de caña, trajes de abiertas golas,
Las muchachas del pueblo lucían con donaire,
Y al son bailaban todos de tiples y bandolas,
Y embalsamaba el aire.
El mozo más garrido, quien siempre mejor danza,
Con la bella entre todas, y a quien feliz corteja,
Sale a bailar, y al corro, grito de pronto lanza:
«¡Que viva mi pareja!»
La suelta, y en las frondas ocúltase y se pierde,
Trae, de clavelinas, para ella una guirnalda,
Y al brillo de la tarde luce el campo más verde
Su verde de esmeralda.
Al pueblo por el puente de guaduas y bejucos
Volvimos, las parejas por entre calles solas,
Y uníase a las risas el son de los bambucos
De tiples y bandolas.
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