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"ambiguo" poems
La cosa va así: no sé cómo nombrar este libro, como si nombrar esto fuera la hipérbole de la hermandad, no temerle a lo cierto, pasar del alimento cotidiano al polvo de un paisaje, saltar por lo sencillo de la imagen de un pájaro blanco que irrumpe sin respeto, a lo que nunca supe. Escribir es escribir lo que no se sabe, por lo demás, un impulso que tienta definir la sonrisa de alguien, con la estampa accesible de un nombre propio. Pero la cosa va así amor: no sé cómo nombrar este libro, susceptible todo desde lo nada, por eso el tema del clima, árboles totales, victorias contundentes de insectos, lo que contiene decir un niño ambiguo: para alguien la carcajada, para otro el asco, para alguien más, horas claras, semanas marcadas para siempre-nunca. Al escribir tenemos reservas, al ver de frente tenemos reservas, al poner el pie derecho pensando en las serpientes tenemos reservas, al dormir al lado de algún desconocido tenemos reservas. Al menos hoy, al no saber cómo darle nombre a esto que ha ocurrido, mientras los truenos marcan distancia y certidumbre.
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Jan 17, 2012
Jan 17, 2012 at 10:06 PM UTC
viaje al centro de la tierra
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
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Acuarimántima viii
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
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La santidad de la muerte llenó de paz tu semblante, y yo no puedo ya verte de mi memoria delante, sino en el sosiego inerte y glacial de aquel instante. En el ataúd exiguo, de ceras a la luz fatua, tenía tu rostro ambiguo qiuetud augusta de estatua en un sarcófago antiguo. Quietud con yo no sé qué de dulce y meditativo; majestad de lo que fue; reposo definitivo de quién ya sabe el porqué. Placidez, honda, sumisa a la ley; y en la gentil boca breve, una sonrisa enigmática, sutil, iluminando indecisa la tez color de marfil. A pesar de tanta pena como desde entonces siento, aquella visión me llena de blando recogimiento y unción..., como cuando suena la esquila de algún convento en una tarde serena...
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Viii. la santidad de la muerte
De habitación en habitación va, Inestable, ambiguo, vacío. Sin alma, sin sed, sin errar, sin perder ¿Qué queda en su insaciable piel? No lo sé Poco menos de un hombre, Tal vez
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Jan 31, 2022
Jan 31, 2022 at 9:28 PM UTC
amoroso errante