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#versolibre
Siento que he muerto, muerto de una ternura febril, de esas que no matan el cuerpo, pero dejan al alma tendida sobre las sábanas de la madrugada. Esta noche morí en tus brazos. No con estrépito ni tragedia, sino como mueren las velas cuando la última corriente de aire les susurra un secreto. Debió haber sido algo que dijiste; una palabra pequeña, acaso, pero afilada como la luz atravesando vitrales, capaz de cruzar mi pecho y encontrar refugio en el sitio exacto donde guardo los nombres que no olvido. O tal vez fue un beso. Uno de esos besos imposibles de explicar, que no buscan la boca, sino la parte más antigua del espíritu, esa habitación cerrada donde duermen los sueños que jamás confesamos. Y me pregunto, si existe alguna razón justa para sentirse así. Para llevar un incendio bajo la piel y fingir que se trata solamente de calor. Intento ser discreto. Construyo silencios, ordeno mis gestos, escondo las flores marchitas de mi nostalgia. Pero entonces vuelo de nuevo, como una polilla enamorada de la llama, como un náufrago que confunde el horizonte con la promesa de una tierra eterna. Porque he estado encantado por la fantasía demasiadas veces. He bebido de espejismos con la devoción de un creyente. He confundido reflejos con constelaciones y ausencias con milagros. Y aun así, cuando tu sombra pasa rozando mis pensamientos, vuelvo a morir dulcemente. Muero de ternura. Muero de belleza. Muero de la absurda esperanza de que algunos encuentros fueron escritos mucho antes de que existiera el tiempo. Y si esta muerte tiene nombre, si este naufragio posee una causa, que nadie venga a salvarme. Hay finales que se parecen demasiado a la forma en que comienzan los sueños J. Felix
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2d ago
Jun 1, 2026 at 7:48 PM UTC
He muerto
Siento que he muerto, muerto de una ternura febril, de esas que no matan el cuerpo, pero dejan al alma tendida sobre las sábanas de la madrugada. Esta noche morí en tus brazos. No con estrépito ni tragedia, sino como mueren las velas cuando la última corriente de aire les susurra un secreto. Debió haber sido algo que dijiste; una palabra pequeña, acaso, pero afilada como la luz atravesando vitrales, capaz de cruzar mi pecho y encontrar refugio en el sitio exacto donde guardo los nombres que no olvido. O tal vez fue un beso. Uno de esos besos imposibles de explicar, que no buscan la boca, sino la parte más antigua del espíritu, esa habitación cerrada donde duermen los sueños que jamás confesamos. Y me pregunto, si existe alguna razón justa para sentirse así. Para llevar un incendio bajo la piel y fingir que se trata solamente de calor. Intento ser discreto. Construyo silencios, ordeno mis gestos, escondo las flores marchitas de mi nostalgia. Pero entonces vuelo de nuevo, como una polilla enamorada de la llama, como un náufrago que confunde el horizonte con la promesa de una tierra eterna. Porque he estado encantado por la fantasía demasiadas veces. He bebido de espejismos con la devoción de un creyente. He confundido reflejos con constelaciones y ausencias con milagros. Y aun así, cuando tu sombra pasa rozando mis pensamientos, vuelvo a morir dulcemente. Muero de ternura. Muero de belleza. Muero de la absurda esperanza de que algunos encuentros fueron escritos mucho antes de que existiera el tiempo. Y si esta muerte tiene nombre, si este naufragio posee una causa, que nadie venga a salvarme. Hay finales que se parecen demasiado a la forma en que comienzan los sueños J. Felix
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Qué ojos tan bonitos… Dime la verdad, ¿son cafés o avellanas quemaditas? Los miro un momento y me entra la duda, porque a veces parecen dulces como la tarde, y otras… traviesos como si escondieran algo. Tal vez son cafés, como el calor de una conversación larga. O tal vez avellana, como un secreto que invita a acercarse más. Pero mientras intento adivinar su color, me doy cuenta de algo curioso: no importa si son cafés o avellanas quemaditas… lo que de verdad pasa es que cuando me miran así me dan ganas de seguir preguntándolo solo para poder mirarlos un rato más. J. Felix
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Mar 11
Mar 11, 2026 at 7:49 PM UTC
Ojos avellana
Siento el miedo, como un animal sin rostro respirándome en la nuca. Siento las víboras subir por mi cuerpo, lentas, frías, inevitables, enredarse en mis piernas, en mi voz, hasta dejarme sin nombre, como si nunca hubiera sido mío. El aire cambió primero. Siempre cambia. Se vuelve espeso, ajeno, como si alguien más lo habitara. Después, el presentimiento: un tirón oscuro en la espalda, una certeza sin palabras de que algo viene y no trae luz. Y entonces el cuerpo entiende. Antes que el alma, antes que el pensamiento. El corazón ya no late: golpea. Golpea con una urgencia antigua, como si quisiera huir primero, como si supiera que quedarse es peligro. Y llega ese pensamiento, brutal, sin forma, sin aviso: no es idea, es caída, es ruptura, es el mundo deshaciéndose en un segundo. Quiero correr. Pero el cuerpo pesa como si ya fuera tierra. Quiero gritar. Pero la voz se quiebra antes de nacer. Y el miedo crece… crece hasta llenarlo todo, hasta volverse aire, hasta volverse yo. No era solo el miedo a ser tocada, era el miedo a ser borrada, a desaparecer en manos ajenas, a que mi nombre se vuelva silencio. El mundo se reduce: unos pasos detrás, una respiración que no es mía, la distancia temblorosa entre yo y la salida. Entonces corro. No sé cómo, no sé en qué momento, pero algo en mí —tal vez lo último— rompe el miedo lo suficiente para arrancarme de ahí. Corro con el corazón en la garganta, con las lágrimas nublando el camino, con el terror empujándome como si fuera fuego. Y escapo. Escapo, sí— pero no regreso. Porque cuando el ruido termina y el cuerpo deja de huir, empieza otra cosa: el temblor. Las manos ya no obedecen, las piernas olvidan sostenerme, y las lágrimas —ahora sí— caen, caen sin pedir permiso. No son solo de alivio. Son de rabia, de impotencia, de haber estado tan cerca de dejar de existir en mí misma. Me miro. Sigo aquí. Pero no soy intacta. Algo se ha roto en silencio: la confianza en la noche, en las calles, en las sombras, en los pasos ajenos. La vulnerabilidad ya no es palabra, es herida abierta en la memoria. Y entonces entiendes —porque lo entiendes— que el peligro no siempre se ve, pero siempre deja marca. Desde entonces, cada esquina respira distinto, cada silencio pesa más. Y aunque sigo caminando, aunque sigo viva, hay una parte de mí que no ha dejado de huir… que no ha dejado de llorar… que no ha dejado, nunca, de tener miedo. J. Felix
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Apr 22
Apr 22, 2026 at 6:29 PM UTC
Miedo
Siento el miedo, como un animal sin rostro respirándome en la nuca. Siento las víboras subir por mi cuerpo, lentas, frías, inevitables, enredarse en mis piernas, en mi voz, hasta dejarme sin nombre, como si nunca hubiera sido mío. El aire cambió primero. Siempre cambia. Se vuelve espeso, ajeno, como si alguien más lo habitara. Después, el presentimiento: un tirón oscuro en la espalda, una certeza sin palabras de que algo viene y no trae luz. Y entonces el cuerpo entiende. Antes que el alma, antes que el pensamiento. El corazón ya no late: golpea. Golpea con una urgencia antigua, como si quisiera huir primero, como si supiera que quedarse es peligro. Y llega ese pensamiento, brutal, sin forma, sin aviso: no es idea, es caída, es ruptura, es el mundo deshaciéndose en un segundo. Quiero correr. Pero el cuerpo pesa como si ya fuera tierra. Quiero gritar. Pero la voz se quiebra antes de nacer. Y el miedo crece… crece hasta llenarlo todo, hasta volverse aire, hasta volverse yo. No era solo el miedo a ser tocada, era el miedo a ser borrada, a desaparecer en manos ajenas, a que mi nombre se vuelva silencio. El mundo se reduce: unos pasos detrás, una respiración que no es mía, la distancia temblorosa entre yo y la salida. Entonces corro. No sé cómo, no sé en qué momento, pero algo en mí —tal vez lo último— rompe el miedo lo suficiente para arrancarme de ahí. Corro con el corazón en la garganta, con las lágrimas nublando el camino, con el terror empujándome como si fuera fuego. Y escapo. Escapo, sí— pero no regreso. Porque cuando el ruido termina y el cuerpo deja de huir, empieza otra cosa: el temblor. Las manos ya no obedecen, las piernas olvidan sostenerme, y las lágrimas —ahora sí— caen, caen sin pedir permiso. No son solo de alivio. Son de rabia, de impotencia, de haber estado tan cerca de dejar de existir en mí misma. Me miro. Sigo aquí. Pero no soy intacta. Algo se ha roto en silencio: la confianza en la noche, en las calles, en las sombras, en los pasos ajenos. La vulnerabilidad ya no es palabra, es herida abierta en la memoria. Y entonces entiendes —porque lo entiendes— que el peligro no siempre se ve, pero siempre deja marca. Desde entonces, cada esquina respira distinto, cada silencio pesa más. Y aunque sigo caminando, aunque sigo viva, hay una parte de mí que no ha dejado de huir… que no ha dejado de llorar… que no ha dejado, nunca, de tener miedo. J. Felix
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No siento nada ya. Ni tristeza, ni felicidad, ni siquiera el eco del éxtasis rozando mis huesos. Soy un cuarto vacío donde antes alguien respiraba. He perdido mi esencia —si es que alguna vez fue mía— y ahora camino con pasos prestados, con un nombre que me queda grande y una voz que no reconozco. ¿Quién era yo antes de diluirme en esta multitud de rostros idénticos? ¿Quién soy yo ahora? Dímelo tú, si puedes, porque yo me busco y solo encuentro ecos. Una silueta repetida, una copia mal hecha de algo que tampoco era original, una grieta más en el espejo infinito de los otros. Y sin embargo, en este no sentir, en esta nada que me habita… hay una pregunta que insiste, que no muere: si me perdí, ¿eso significa que alguna vez fui real? ... Hubo un tiempo en que quise ser grande, extraordinario, romper el cielo con mis propias manos. Pero ahora me he vuelto ordinario, terriblemente ordinario, un latido más en la maquinaria del mundo, un pensamiento que no deja huella. Ahora solo observo, desde esta calma ajena, cómo se apaga lentamente lo que tal vez… nunca fui. J.Felix
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Mar 21
Mar 21, 2026 at 9:43 PM UTC
V
Ya no me conmueven tus ojos tristes, ni nada más… ni la forma en que caía tu voz como lluvia lenta sobre mis noches, ni ese temblor oculto que antes confundía con ternura. Ya no me duelen tus silencios, ni las palabras que nunca dijiste. Se me hizo costumbre el vacío hasta que dejó de ser tuyo y empezó a ser mío… y luego de nadie. Te miré tanto tiempo que olvidé cómo cerrar los ojos, y ahora que por fin descanso, ya no encuentro en ti ningún refugio. Tus tristezas ya no me llaman, ya no me invitan a quedarme, ni despiertan en mí ese impulso absurdo de salvar lo que no quería salvarse. Porque un día entendí, casi sin darme cuenta, que hay miradas que no buscan ser vistas, y amores que no quieren ser amados. Y entonces… simplemente dejé de sentirte. J.Felix
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Mar 21
Mar 21, 2026 at 9:27 PM UTC
IV
Hay un blanco espeso que cubre las paredes que borra los contornos que apaga los colores. Intento pensar, pero las ideas se disuelven antes de nacer. Mi mente es una hoja sin tinta, sin trazo, sin error. Ni dolor, ni recuerdo, ni eco. Sólo este Silencio que no grita que no hiere que no consuela. Camino o creo caminar pero el paso no deja huella. Soy una pausa demasiado larga. Un pensamiento que nunca llegó. J. Felix
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Feb 23
Feb 23, 2026 at 8:33 PM UTC
II
¿Por qué es tan breve el Amor y tan extenso el Olvido? Dichoso quien Ama — sin Sombra — sin el leve temblor del Remordimiento. Inmortal quien sigue tras la Ruptura como un Reloj — que insiste — aun roto. Extraordinario el que sonríe después de la Caída y recoge — con dedos de Aurora — sus Fragmentos. Casi Divino quien Goza — todavía — cuando el Dolor ya sabe su Nombre. J. Felix
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Feb 21
Feb 21, 2026 at 8:17 PM UTC
I
Las estrellas son pequeñas voces ardiendo en la hondura del cielo. Titilan como dudas que Dios olvidó apagar. Son hermosas, sí como promesas lejanas, como ojos que observan sin atreverse a descender. Pero la Luna ah, la Luna no titubea. Ella — pálida soberana — no suplica atención —la impone — Mientras las estrellas susurran. Ella guarda silencio y en su silencio reina. ¿Podrán superarla? Tal vez, en número nunca en soledad Porque la multitud brilla pero sólo lo único es eterno. J. Felix
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Feb 24
Feb 24, 2026 at 11:30 PM UTC
III
Mi rostro permanece intacto, como un lago sin viento, pero debajo tiembla una verdad indómita. Aún te amo. Lo confiesa el golpe sordo que mi corazón da contra su jaula de hueso cada vez que ríes, cada vez que tu mirada roza la mía como si encendiera una luz antigua. Late con furia, insiste en pronunciar tu nombre aunque mis labios lo destierren. Te nombra en silencio, te persigue en la memoria, te levanta como un sueño que se rehúsa a despertar. Sabe —pobre necio— que no puede tenerte, y aun así te guarda como se guarda el fuego en invierno. Por eso calla a veces. No por olvido, sino por cansancio. Y cuando calla, llora. J. Felix
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Feb 18
Feb 18, 2026 at 11:13 PM UTC
Corazon
¿Que hacer cuando el mar de la duda parece saber mas que uno? Confiar en lo poco, en lo torcido, en la pregunta que no se responde pero acompaña. La fuerza no ruge: Se sienta al lado, comparte el cansancio y dice “Todavia”. A veces basta eso: no vencer al mar; si no aprender su ritomo, sin dejar de ser orilla. J. Felix
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Feb 7
Feb 7, 2026 at 9:18 PM UTC
?
Que raro milagro Sobreviví —Qué palabra más extraña— He llegado hasta aquí — Aun con el mundo hecho añicos y el alma despeinada mordiendo los talones del tiempo— Recibo el año, siendo testigo del alba, sentada en primera fila, contemplando el salir del sol naciente que derrama sus primeros rayos de luz sobre mi. Hoy traigo las manos vacías pero guardó intacta la certeza de que algo nuevo viene: No es perfecto, tampoco grandioso Simplemente es… Mejor, jodidamente resplandeciente Algo que es solamente mío. Algo gira para bien, lo se Y no es porque el pasado lo diga — Después de una mala racha — Sino porque el futuro — Por fin— me mira de frente y sonríe. Y aunque me duela un poco recordar el caos, — De la ruinas emocionales sobreexplotadas como argumentos mal elaborados — la emoción me gana, me abraza y me dice bajito: Todo irá de maravilla, solo ten paciencia… la alegría ya está en camino. Sin prisa, sin temblor. bajo mis propios términos.
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Jan 11
Jan 11, 2026 at 11:56 PM UTC
01/01/26
He abandonado el manto de melancolía, que durante tanto tiempo me habito. Ya no hay razon para cargar con esta tristeza, ni siquiera tu nombre la justifica. Algo en mi despertó, abri los ojos... Y los colores — tan vivos y brillantes— regresaron sin pedir permiso. —El mundo no había perdido su luz, solo era mi pesadumbre quien la opacaba— Mi corazón, mi mente, mi cuerpo, Mi todo... Te han abandonado, te quitan las cadenas para dejarte andar libre en los prados de la vida. Mi alma herida —Sin razon coherente — ahora divaga, ligera sin remordimiento — simplemente, dejo de existir sin dolor aparente — Ahora ya no huye, solo... Esta ahi, en silencio... Uno en el que puede respirar.
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Jan 11
Jan 11, 2026 at 11:51 PM UTC
He abandonado la melancola?
Es un deleite divagar un poco, soltarse de la cuerda firme de lo real, dejar que la utopía nos tome de la mano (nos consuma un poco) y caminar, aunque sea a ciegas, hacia lo imposible. Imaginar es un acto de rebeldía silenciosa, una conspiración íntima contra la rutina que tanto aturde. ¿No lo creen? J. Felix
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Jan 11
Jan 11, 2026 at 11:38 PM UTC
Divagar e Imaginar....
No hay nada más liberador que sentarte a escribir con el mundo en trance suspendido como un reloj sin péndulo, con una taza de café ***** en la mano, mientras la música llena el despacho y las palabras vuelan, giran ¡¡ Te poseen creando tu propio universo!! Esa es la magia del escritor: escribir hasta desaparecer, filtrar el mundo, salvar lo relevante, reclamar solo lo que nuestros ojos nombran lo bello en donde otros solo ven ruido, porque la belleza no es universal ni democrática, No es secreto que se revela según el buen o mal ojo que observa. Pero ¿saben qué es lo peor. cuando la magia se esfuma sin aviso, y el encanto se agota...? Es cuando llega la frustración y las páginas se pintan de blanco como derrota, las palabras se atoran, se esconden o huyen, la tinta bosteza y empieza a faltar y el mundo se vuelve insoportablemente ruidoso, jodidamente irritante, absurdamente real. Entonces no queda más que esperar a que la chispa regrese del exilio, convivir con la mísera realidad otra vez, volver a respirar lo común, lo simple, lo tangible. Recordando que la literatura no muere, solo se toma vacaciones crueles, dejándonos huérfanos de metáforas por un rato. Qué encantador y cruel es ser literato: vivir entre incendios y silencios, entre escribir para escapar del mundo y volver a él para tener algo que contar. Pero cuando la chispa vuelve, aunque sea débil, aunque sea breve, uno entiende que no se escribe por magia… se escribe por necesidad. Y esa necesidad, siempre encuentra el camino de regreso. J. Felix
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Jan 2
Jan 2, 2026 at 10:19 PM UTC
La Necesidad De Escribir
No hay nada más liberador que sentarte a escribir con el mundo en trance suspendido como un reloj sin péndulo, con una taza de café ***** en la mano, mientras la música llena el despacho y las palabras vuelan, giran ¡¡ Te poseen creando tu propio universo!! Esa es la magia del escritor: escribir hasta desaparecer, filtrar el mundo, salvar lo relevante, reclamar solo lo que nuestros ojos nombran lo bello en donde otros solo ven ruido, porque la belleza no es universal ni democrática, No es secreto que se revela según el buen o mal ojo que observa. Pero ¿saben qué es lo peor. cuando la magia se esfuma sin aviso, y el encanto se agota...? Es cuando llega la frustración y las páginas se pintan de blanco como derrota, las palabras se atoran, se esconden o huyen, la tinta bosteza y empieza a faltar y el mundo se vuelve insoportablemente ruidoso, jodidamente irritante, absurdamente real. Entonces no queda más que esperar a que la chispa regrese del exilio, convivir con la mísera realidad otra vez, volver a respirar lo común, lo simple, lo tangible. Recordando que la literatura no muere, solo se toma vacaciones crueles, dejándonos huérfanos de metáforas por un rato. Qué encantador y cruel es ser literato: vivir entre incendios y silencios, entre escribir para escapar del mundo y volver a él para tener algo que contar. Pero cuando la chispa vuelve, aunque sea débil, aunque sea breve, uno entiende que no se escribe por magia… se escribe por necesidad. Y esa necesidad, siempre encuentra el camino de regreso. J. Felix
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Cariño, pintas mi mundo de colores que no sabía nombrar, arrullas mi corazón con suaves caricias que me curan poco a poco. Quisiera abrazarte y devorarte a tiernos besos, devolverte por igual esa misma luz que tú me regalas sin hablar. Eres un amor, que salvó mi alma cansada, eres mi tono favorito, mi hogar en calma. Ojalá, mi cariño te alcance hasta el alma, y que, al tocarte suavemente, también en mí encuentres calma. J. Felix
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Dec 30, 2025
Dec 30, 2025 at 12:03 AM UTC
Cariño
Últimamente, en estos días de verano, cuando despierto y miro hacia la nada, llegas a mí como un susurro sin forma. Te recuerdo, sí, pero sin rostro, sin voz, sin tacto, sin calor que pueda nombrar, pero recuerdo tu nombre… y sé, con una certeza lejana, que te amé en algún punto de mi juventud. Ahora eres un eco que no reconozco, una pregunta sin respuesta, un capítulo que ya no sé leer alguien que ya no sé qué significa para mí. Fuiste risa, brillo, instante, emociones, fuiste vagos momentos que disfruté, pequeños soles que ardieron breves y que aún tibian la memoria, aunque ya no quemen. Y aunque el tiempo me enseña a soltar, aunque el pasado aprenda a callarse, me pregunto —sin urgencia, sin dolor— si tú también, alguna mañana, te acuerdas de mí como quien recuerda un sueño que no duele, pero que marcó. Un recuerdo vago, sí… pero verdadero, porque fue sentido, aunque ya no pese y solo sea recreado por la nostalgia del ayer.
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Dec 26, 2025
Dec 26, 2025 at 8:26 PM UTC
Recuerdos
Oh, estar enamorada vuelve a una mujer demasiado comprensiva, diría yo. Es una condena silenciosa que recae, casi siempre, en quienes tienen un alma bondadosa y buen corazón, que cree —ingenuo— que amar es salvar. Y esa nobleza, tristemente, suele extraviarse, porque la comprensión —igual que el amor— termina mal dirigida. Se entrega a quienes no saben cuidar nada, a quienes confunden ternura con permiso, paciencia con sumisión, amor con obligación. Y nuestros corazones, tan dispuestos a quedarse, son pisoteados con risas, con indiferencias afiladas, con silencios que hieren más que cualquier palabra sin pudor. ¡¡Ingratos que no conocen de culpa!! Pobres mujeres, levantando escombros ajenos, sosteniendo lo que en otros se derrumba, intentando reconstruir hombres que jamás pidieron ser salvados. Dándolo todo a malagradecidos que ni siquiera saben pronunciar un gracias sin que les pese en la boca. Me apenan. Porque sí, yo fui una de ellas. Y no, no, me parece justo. No es justo que amar con honestidad sea motivo de burla, que termine siendo una condena. Hay santas exhaustas muriendo lentamente por cabrones que no lo valen, que no valen las lágrimas nocturnas de incertidumbre, ni la espera paciente, ni el sacrificio silencioso que realizan día tras día. Oh, pobres damas, qué equivocadas, nos hicieron sentir y nos enseñaron a dudar de nosotras, a creer que sentir tanto era un defecto. Cuando la verdad es esta, clara y brutal: merecemos algo mejor. Un amor que no humille. Que no pisotee. Que no se burle de la entrega. Un amor que sepa quedarse sin rompernos que nos valore y nos ame igual que nosotras a ellos. Y si no existe, entonces también merecemos la paz de no seguir desangrándonos por nadie que no valga la pena y no valore. J. Felix
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Dec 22, 2025
Dec 22, 2025 at 11:26 PM UTC
No es justo
Oh, estar enamorada vuelve a una mujer demasiado comprensiva, diría yo. Es una condena silenciosa que recae, casi siempre, en quienes tienen un alma bondadosa y buen corazón, que cree —ingenuo— que amar es salvar. Y esa nobleza, tristemente, suele extraviarse, porque la comprensión —igual que el amor— termina mal dirigida. Se entrega a quienes no saben cuidar nada, a quienes confunden ternura con permiso, paciencia con sumisión, amor con obligación. Y nuestros corazones, tan dispuestos a quedarse, son pisoteados con risas, con indiferencias afiladas, con silencios que hieren más que cualquier palabra sin pudor. ¡¡Ingratos que no conocen de culpa!! Pobres mujeres, levantando escombros ajenos, sosteniendo lo que en otros se derrumba, intentando reconstruir hombres que jamás pidieron ser salvados. Dándolo todo a malagradecidos que ni siquiera saben pronunciar un gracias sin que les pese en la boca. Me apenan. Porque sí, yo fui una de ellas. Y no, no, me parece justo. No es justo que amar con honestidad sea motivo de burla, que termine siendo una condena. Hay santas exhaustas muriendo lentamente por cabrones que no lo valen, que no valen las lágrimas nocturnas de incertidumbre, ni la espera paciente, ni el sacrificio silencioso que realizan día tras día. Oh, pobres damas, qué equivocadas, nos hicieron sentir y nos enseñaron a dudar de nosotras, a creer que sentir tanto era un defecto. Cuando la verdad es esta, clara y brutal: merecemos algo mejor. Un amor que no humille. Que no pisotee. Que no se burle de la entrega. Un amor que sepa quedarse sin rompernos que nos valore y nos ame igual que nosotras a ellos. Y si no existe, entonces también merecemos la paz de no seguir desangrándonos por nadie que no valga la pena y no valore. J. Felix
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Te miro y no te reconozco. Hay una violencia muda en la forma en que existes Es decepcionante descubrir ese lado tuyo, ese filo escondido en tus palabras. Tan hiriente, tan ajeno al chico que prometías ser. —¿Acaso hay un poco de sinceridad en ti? — Intenté comprenderte, sostenerte cuando todo en ti se derrumbaba, incluso cuando otros te señalaban, pero hay batallas que no se ganan. Lo lamento, querido, de verdad lo lamento no es porque me falte amor, sino porque me falta piel para seguir rompiéndola por ti. No puedo salvarte sí al hacerlo me pierdo, solo para probarte que te quise. ¿No crees injusto que me arriesgue a sangrar más por alguien que no teme herir? J. Felix
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Dec 20, 2025
Dec 20, 2025 at 8:11 PM UTC
Decepcion
A veces pienso que no soy nada. Que todos aquellos a los que he amado ni siquiera saben o recuerdan mi nombre. Soy solo un casi algo, y a veces nada. No compito con lo que desean, estoy demasiado abajo como para ser vista. Tan lejos que duele medirlo, Y entonces me pregunto: ¿qué podría ofrecerles yo sí apenas existo? Nada o muy poco tal vez. Soy alguien simple, tan simple que da vergüenza mirar. Soy, tal vez, una presencia que estorba, una sombra torpe que provoca pena ajena. Solo sé amar, y eso no compite con lo que hoy esperan. No cumplo expectativas, no lleno los corazones modernos. ¡¡Qué crueldad!! Y aun así me quedo, con este amor torpe en mis manos, esperando que algún día no sea un defecto sentir tanto, que no sea razon para sentir vergüenza. Y si duele, que duela, pero que jamás les pese por haber sentido de verdad. J. Felix
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Dec 17, 2025
Dec 17, 2025 at 9:33 PM UTC
Vergüenza sin fundamentos
Basta una sola para llenar el vasto mar, de una tristeza inexplicable, una que el corazón no sabe nombrar. Dios, ¿qué pena es esta que apaga la flama de mi alma, esta vuelve ceniza la esperanza y pesa más que el silencio? Una gran decepción ¿Tal vez? puede alzar tal escándalo, romper promesas en ecos, y sembrar colera donde hubo fe. ¿Calumnias? Tal vez solo eso: Un torpe intento de justificar a quien quise, a quien entregué todas mis esperanzas, con mentiras piadosas –Para intentar convencerme a mí misma–. Y aquí estoy, con las lágrimas resbalando por mis mejillas, no por odio –Tal vez– sino por amor mal herido que aún no aprende a irse después de ver la mala cara de la moneda . J. Felix
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Dec 15, 2025
Dec 15, 2025 at 9:26 PM UTC
Lagrimas
Él era tan divertido, tan ingenioso, tan atrevido. Había en su forma de hablar cierta elegancia un atrevimiento que jamás pedía permiso. que no se aprendía: Se nacía con él. En sus ojos se encendían un fuego cuando hablaba de sus sueños, y yo, —en secreto— le envidiaba ese brillo. Me gustaba —lo admito— No lo niego. Éramos distintos, casi opuestos, y, sin embargo, en su mirada cabían todos los caminos. No se parecía a ninguno de los chicos que conocí, ni a mis amigos, ni a nadie. Era más decidido, más valiente, más libre… como un ave diminuta que traza su propio rumbo en el cielo más vasto y que jamás se pregunta por el viento. Y aunque el destino nos separó, aún lo guardo en la memoria. Fue él quien hizo brillar mis ojos cansados, quien encendió mis mejillas pálidas, quien regó de vida este pecho que creía hueco, sin corazón. Despertó la fuerza dormida en mí, dio belleza a mi rostro y arrancó de mis labios una risa clara, radiante, chispeante. Su presencia despertó la fuerza oculta, limpió mis pensamientos, desanudó la tristeza adherida a mi rostro y lo cubrió con la hermosura breve de una sonrisa que todavía recuerdo. Me salvó de la sumisión, de esa timidez que me condenaba, y tal vez incluso del arrepentimiento; me rescató de la melancolía pesada y del rencor silencioso hacia la vida que se pudría en silencio. Ahora, si él me viera, quizás sentiría pena tal vez lamentaría que esa belleza fugaz que me regaló, nacida de sus propias manos se marchitará tan pronto con su partida; que su luz, brillara en mí apenas un instante tan breve, tan engañosamente, como una falsa eternidad. Quizá le dolería no haber tenido tiempo de amar o ser amado. Porque hubo tanto que pudo haber sido, y ahora solo vive en nuestra memoria. J. Felix
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Oct 30, 2025
Oct 30, 2025 at 1:58 AM UTC
El
Él era tan divertido, tan ingenioso, tan atrevido. Había en su forma de hablar cierta elegancia un atrevimiento que jamás pedía permiso. que no se aprendía: Se nacía con él. En sus ojos se encendían un fuego cuando hablaba de sus sueños, y yo, —en secreto— le envidiaba ese brillo. Me gustaba —lo admito— No lo niego. Éramos distintos, casi opuestos, y, sin embargo, en su mirada cabían todos los caminos. No se parecía a ninguno de los chicos que conocí, ni a mis amigos, ni a nadie. Era más decidido, más valiente, más libre… como un ave diminuta que traza su propio rumbo en el cielo más vasto y que jamás se pregunta por el viento. Y aunque el destino nos separó, aún lo guardo en la memoria. Fue él quien hizo brillar mis ojos cansados, quien encendió mis mejillas pálidas, quien regó de vida este pecho que creía hueco, sin corazón. Despertó la fuerza dormida en mí, dio belleza a mi rostro y arrancó de mis labios una risa clara, radiante, chispeante. Su presencia despertó la fuerza oculta, limpió mis pensamientos, desanudó la tristeza adherida a mi rostro y lo cubrió con la hermosura breve de una sonrisa que todavía recuerdo. Me salvó de la sumisión, de esa timidez que me condenaba, y tal vez incluso del arrepentimiento; me rescató de la melancolía pesada y del rencor silencioso hacia la vida que se pudría en silencio. Ahora, si él me viera, quizás sentiría pena tal vez lamentaría que esa belleza fugaz que me regaló, nacida de sus propias manos se marchitará tan pronto con su partida; que su luz, brillara en mí apenas un instante tan breve, tan engañosamente, como una falsa eternidad. Quizá le dolería no haber tenido tiempo de amar o ser amado. Porque hubo tanto que pudo haber sido, y ahora solo vive en nuestra memoria. J. Felix
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Mis versos nacen de la melancolía y la nostalgia; me deleito en la tragedia y la lírica, en ese lugar donde el dolor se vuelve belleza y la tristeza se viste de palabras. Amo el café que humea en la madrugada, el vino que acompaña mis desvelos y los gatos, esas pequeñas bestias domésticas (…) silenciosas, que observan mis pensamientos más íntimos. En cada poema intento capturar lo efímero, lo profundo, lo que duele y lo que embellece la vida. Mis letras son un reflejo de mi alma: vulnerable, curiosa y eternamente buscando sentido en la fugacidad del tiempo, llevando siempre un poco de mí entre el papel y la tinta. J. Felix
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Oct 28, 2025
Oct 28, 2025 at 1:44 AM UTC
Un poco de mí
Envuelta entre mantas, te estremeces —inquieta— El silencio se arrastra por los muros no proviene del aire, sino del vacío que respira contigo. Algo se ha interrumpido en tu morada: una sombra que se desliza bajo tu puerta —un soplo de muerte— Toda calla, salvo tu pecho, que intenta recordar el ritmo de un corazón ajeno. ¡¡Un mal presagio!! La noche se inclina sobre ti como un animal hambriento. Miras el umbral, esperas —todavía— Solo anhelas volver a ver sus pasos —tan largos, tan lentos— pero solo hay vacío que se pierden en el tiempo, sin dejar rastro, sin dejarte nada. ¡Oh, mujer! En esta quietud sombría, el cielo ***** y sordo— prepara el regreso de un cuerpo sin alma, a vuestra casa. No aguardes su sombra por el sendero pues el camino ha devorado sus pasos ya no volverá pues la muerte ya lo abraza. ¡Oh, joven viuda! Tu amante yace entre la escarcha, sepultado por la nieve y el abandono, su carne se ha mezclado con la tierra del silencio. Tú —flor sin savia— no lo siguas esperando, con el alma ardiendo bajo el frío, pues el amor no resucitara a un fantasma. El mundo continúa, pero tú no. Te quedas ahí, atada, con los ojos abiertos esperando que la muerte te pronuncie con su misma voz. Te preguntas ansiosa: ¿Quién ama a los que esperan, cuando ya nadie regresa? J. Felix
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Oct 28, 2025
Oct 28, 2025 at 1:39 AM UTC
La viuda
¿Es posible acostumbrarse a la espera? A veces me descubro hablándote en voz baja, como si aún existieras en esta habitación sin ventanas. Hay una taza de café que reposa en la mesa desde hace horas. Es para ti — por si acaso vuelves— Sé que no lo harás. Pero me consuela fingir que sí. Que hay trenes que llegan tarde. Que hay cartas que algún día serán abiertas. Que hay palabras que valen la pena, aunque nunca sean oídas. Lo terrible no es que te hayas ido. Lo insoportable es que sigues aquí a mi alrededor —Un recuerdo tan vivo— Como un perfume que no se disipa. Como un sueño que se repite, un sueño que se hace pesadilla… —Carta IV— J. Felix
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Oct 28, 2025
Oct 28, 2025 at 1:37 AM UTC
La costumbre de esperar
Escribo con la esperanza de alguna vez ser escuchada, Aunque el silencio sea mi única respuesta. Escribo cartas que nunca encontraran su camino Y sigo esperando respuestas que nunca llegaron — ni llegaran— Escribo con el corazón en mano y A la memoria de todos a los que alguna vez quise y sigo queriendo a pesar de la distancia y el tiempo. — Y a las terribles tempestades que nos distanciaron convirtiéndonos en desconocidos — Escribo para todos esos “nosotros” Que quedaron en el olvido y el remordimiento. J. Felix
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Oct 28, 2025
Oct 28, 2025 at 1:35 AM UTC
Escribo