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"verdadero" poems
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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A la orilla, de mí ya desprendido, toco la destrucción que en mí se atreve, palpo ceniza y nada, lo que llueve el cielo en su caer oscurecido. Anegado en mi sombra-espejo mido la deserción del soplo que me mueve: huyen, fantasma ejército de nieve, tacto y color, perfume y sed, ruido. El cielo se desangra en el cobalto de un duro mar de espumas minerales; yazgo a mis pies, me miro en el acero de la piedra gastada y del asfalto: pisan opacos muertos maquinales, no mi sombra, mi cuerpo verdadero.
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Crepúsculos de la ciudad
Pienso en un tigre. La penumbra exalta La vasta Biblioteca laboriosa Y parece alejar los anaqueles; Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, él irá por su selva y su mañana Y marcará su rastro en la limosa Margen de un río cuyo nombre ignora (En su mundo no hay nombres ni pasado Ni porvenir, sólo un instante cierto.) Y salvará las bárbaras distancias Y husmeará en el trenzado laberinto De los olores el olor del alba Y el olor deleitable del venado; Entre las rayas del bambú descifro, Sus rayas y presiento la osatura Baja la piel espléndida que vibra. En vano se interponen los convexos Mares y los desiertos del planeta; Desde esta casa de un remoto puerto De América del Sur, te sigo y sueño, Oh tigre de las márgenes del Ganges. Cunde la tarde en mi alma y reflexiono Que el tigre vocativo de mi verso Es un tigre de símbolos y sombras, Una serie de tropos literarios Y de memorias de la enciclopedia Y no el tigre fatal, la aciaga joya Que, bajo el sol o la diversa luna, Va cumpliendo en Sumatra o en Bengala Su rutina de amor, de ocio y de muerte. Al tigre de los simbolos he opuesto El verdadero, el de caliente sangre, El que diezma la tribu de los búfalos Y hoy, 3 de agosto del 59, Alarga en la pradera una pausada Sombra, pero ya el hecho de nombrarlo Y de conjeturar su circunstancia Lo hace ficción del arte y no criatura Viviente de las que andan por la tierra. Un tercer tigre buscaremos. Éste Será como los otros una forma De mi sueño, un sistema de palabras Humanas y no el tigre vertebrado Que, más allá de las mitologías, Pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo Me impone esta aventura indefinida, Insensata y antigua, y persevero En buscar por el tiempo de la tarde El otro tigre, el que no está en el verso.
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El otro tigre
Pienso en un tigre. La penumbra exalta La vasta Biblioteca laboriosa Y parece alejar los anaqueles; Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, él irá por su selva y su mañana Y marcará su rastro en la limosa Margen de un río cuyo nombre ignora (En su mundo no hay nombres ni pasado Ni porvenir, sólo un instante cierto.) Y salvará las bárbaras distancias Y husmeará en el trenzado laberinto De los olores el olor del alba Y el olor deleitable del venado; Entre las rayas del bambú descifro, Sus rayas y presiento la osatura Baja la piel espléndida que vibra. En vano se interponen los convexos Mares y los desiertos del planeta; Desde esta casa de un remoto puerto De América del Sur, te sigo y sueño, Oh tigre de las márgenes del Ganges. Cunde la tarde en mi alma y reflexiono Que el tigre vocativo de mi verso Es un tigre de símbolos y sombras, Una serie de tropos literarios Y de memorias de la enciclopedia Y no el tigre fatal, la aciaga joya Que, bajo el sol o la diversa luna, Va cumpliendo en Sumatra o en Bengala Su rutina de amor, de ocio y de muerte. Al tigre de los simbolos he opuesto El verdadero, el de caliente sangre, El que diezma la tribu de los búfalos Y hoy, 3 de agosto del 59, Alarga en la pradera una pausada Sombra, pero ya el hecho de nombrarlo Y de conjeturar su circunstancia Lo hace ficción del arte y no criatura Viviente de las que andan por la tierra. Un tercer tigre buscaremos. Éste Será como los otros una forma De mi sueño, un sistema de palabras Humanas y no el tigre vertebrado Que, más allá de las mitologías, Pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo Me impone esta aventura indefinida, Insensata y antigua, y persevero En buscar por el tiempo de la tarde El otro tigre, el que no está en el verso.
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Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré una piel una capa Pero no es un abrigo de piel auténtica, eso es cruel Y si tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré una mascota exótica Sí, como una llama o un emú Y si tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré los restos de John Merrick Todos esos huesos de elefante loco Y si tuviera un millón de dólares me compraría tu amor Si yo tuviera un millón de dólares No tendríamos que caminar a la tienda Si yo tuviera un millón de dólares Nos tomamos causa de una limusina 'cuesta más Si yo tuviera un millón de dólares No tendríamos que comer la cena Kraft Pero nos gustaría cenar Kraft Por supuesto que nos gustaría, acabábamos de comer más Y comprar ketchups muy caros con ella Así es, las más elegantes ketchups Dijon Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré un vestido verde Pero no es un vestido verde verdadero, eso es cruel Y si tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré un poco de arte A Picasso o Garfunkel Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré un mono ¿Siempre ha querido un mono? Si yo tuviera un millón de dólares me compraría tu amor Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Sería rico
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Jul 6, 2013
Jul 6, 2013 at 12:12 AM UTC
If I Had A Million Pesos
Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré una piel una capa Pero no es un abrigo de piel auténtica, eso es cruel Y si tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré una mascota exótica Sí, como una llama o un emú Y si tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré los restos de John Merrick Todos esos huesos de elefante loco Y si tuviera un millón de dólares me compraría tu amor Si yo tuviera un millón de dólares No tendríamos que caminar a la tienda Si yo tuviera un millón de dólares Nos tomamos causa de una limusina 'cuesta más Si yo tuviera un millón de dólares No tendríamos que comer la cena Kraft Pero nos gustaría cenar Kraft Por supuesto que nos gustaría, acabábamos de comer más Y comprar ketchups muy caros con ella Así es, las más elegantes ketchups Dijon Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré un vestido verde Pero no es un vestido verde verdadero, eso es cruel Y si tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré un poco de arte A Picasso o Garfunkel Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Bueno, me compraré un mono ¿Siempre ha querido un mono? Si yo tuviera un millón de dólares me compraría tu amor Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Si yo tuviera un millón de dólares Sería rico
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Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Caballero sólo
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Ayer todavía recordaba. El rostro lo sentía iluminado por el sol verdadero. Ese sol es hoy el mismo. Sólo mi rostro ha cambiado. Ayer algo me alzó algo ayer me acariciaba cercano a lo que hoy día me vulnera y quiere ensombrecerme y aplastarme. Lo que ayer era leve en su certeza hoy es pura terrestre gravedad. Ilusión de los cuerpos y las almas. No más que materia desencantada. Hoy día desperté sin recordar lo que ayer me iluminaba.
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Nov 14, 2011
Nov 14, 2011 at 11:30 AM UTC
Ayer (II)
Fue Cervantes quien relató con su pluma sabia la extraña historia de dos amigos florentinos que por amor forzaron sobre sí la desgracia al maniobrar con impertinencia y desatino en el ánima de una recogida muchacha. El esposo con el amigo la puso a prueba pidiéndole que a su mujer hiciera la corte sin prevenir el impertinente a dónde lleva la duda cuando no cuenta con ningún soporte. Y el que pretendía sólo simular amor para satisfacer al esposo empecinado y comprobar de la mujer lealtad y honor, termino, al fin, de sus virtudes enamorado. De tal modo que el marido quiso probar la honra colocándole acechanzas a la castidad de aquella desprevenida y sosegada esposa, las que fatalmente minaron su voluntad. Lo que comenzaron como una prueba fingida terminó en calamitoso engaño verdadero porque quien pone trampas a la luz y la vida termina transitando por oscuros senderos. (Jorge Gómez A.)
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Jun 21, 2012
Jun 21, 2012 at 5:22 PM UTC
LOS DOS AMIGOS
La verdad es verdad, es absoluta y nada la puede hacer cambiar. Ya que hablamos de verdades déjame decirte la verdad,juro no mentir. Eres verdaderamente hermosa y esa es la verdad, no lo puedes evitar,no estoy mintiendo, al fin y al cabo no tienes que creerlo para que sea verdadero. La verdad es el lenguaje de los poetas, el lenguaje de lo que no se ve, sino de lo que se siente, la poesía no miente,la poesía no se corrompe, eso es lo que hace que la adore.
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Nov 27, 2014
Nov 27, 2014 at 11:40 PM UTC
Verdades que son verdad
Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos. Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo. Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos. Somos el ser que se crece. Somos un río derecho. Somos el golpe temible de un corazón no resuelto. Somos bárbaros, sencillos. Somos a muerte lo ibero que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero. De cuanto fue nos nutrimos, transformándonos crecemos y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto. ¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo. No reniego de mi origen pero digo que seremos mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo. Españoles con futuro y españoles que, por serlo, aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno. Recuerdo nuestros errores con mala saña y buen viento. Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño. Vuelvo a decirte quién eres. Vuelvo a pensarte, suspenso. Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo. No quiero justificarte como haría un leguleyo, Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso. España mía, combate que atormentas mis adentros, para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.
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España en marcha
Dos elefantes fugarse. En paralelo. En paralelo. Caminan juntos Hablan juntos. Siempre lado a lado. Uno es dueño de amor verdadero. La única derrota. Y todavía se Caminar juntos ellos Hablar juntos. En paralelo. En paralelo.
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Dec 9, 2013
Dec 9, 2013 at 2:32 PM UTC
Dos Elefantes
Es un gusto conocerte, pero el verdadero placer sera verte crecer.
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Jun 15, 2015
Jun 15, 2015 at 9:45 PM UTC
Nuevas Amistades
Tardan las cartas y son poco para decir lo que uno quiere. Después pasan los años, y la vida (demasiado confusa para explicar por carta) nos hará más perdidos. Los unos en los otros, iguales a las sombras al fondo un pasillo desvayéndonos, viviremos de luz involuntaria pero sólo un instante, porque ya el recuerdo será como un puñado de conchas recogidas, tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca las palmeras felices y el mar trémulo. Todo fue hace minutos: dos amigos hemos visto tu rostro terriblemente serio queriendo sonreír.                             Has desaparecido. Y estamos los dos solos y en silencio, en medio de este día de domingo, bellísimo de mayo, con matrimonios jóvenes y niños excitados que gritaban al levantarse tu avión. Ahora las montañas parecen más cercanas. Y, por primera vez, pensamos en nosotros. A solas con tu imagen, cada cual se conoce por este sentimiento de cansancio, que es dulce -como un brillo de lágrimas que empaña la memoria de estos días, esta extraña semana. Y el mal que nos hacemos, como el que a ti te hicimos, lo inevitablemente amargo de esta vida en la que siempre, siempre, somos peores que nosotros mismos, acaso resucite un viejo sueño sabido y olvidado. El sueño de ser buenos y felices. Porque sueño y recuerdo tienen fuerza para obligar la vida, aunque sean no más que un límite imposible. Si este mar de proyectos y tentativas naufragadas, este torpe tapiz a cada instante tejido y destejido, esta guerra perdida, nuestra vida, da de sí alguna vez un sentimiento digno, un acto verdadero, en él tu estarás para siempre asociado a mi amigo y a mí. No te habremos perdido.
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En una despedida
Tardan las cartas y son poco para decir lo que uno quiere. Después pasan los años, y la vida (demasiado confusa para explicar por carta) nos hará más perdidos. Los unos en los otros, iguales a las sombras al fondo un pasillo desvayéndonos, viviremos de luz involuntaria pero sólo un instante, porque ya el recuerdo será como un puñado de conchas recogidas, tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca las palmeras felices y el mar trémulo. Todo fue hace minutos: dos amigos hemos visto tu rostro terriblemente serio queriendo sonreír.                             Has desaparecido. Y estamos los dos solos y en silencio, en medio de este día de domingo, bellísimo de mayo, con matrimonios jóvenes y niños excitados que gritaban al levantarse tu avión. Ahora las montañas parecen más cercanas. Y, por primera vez, pensamos en nosotros. A solas con tu imagen, cada cual se conoce por este sentimiento de cansancio, que es dulce -como un brillo de lágrimas que empaña la memoria de estos días, esta extraña semana. Y el mal que nos hacemos, como el que a ti te hicimos, lo inevitablemente amargo de esta vida en la que siempre, siempre, somos peores que nosotros mismos, acaso resucite un viejo sueño sabido y olvidado. El sueño de ser buenos y felices. Porque sueño y recuerdo tienen fuerza para obligar la vida, aunque sean no más que un límite imposible. Si este mar de proyectos y tentativas naufragadas, este torpe tapiz a cada instante tejido y destejido, esta guerra perdida, nuestra vida, da de sí alguna vez un sentimiento digno, un acto verdadero, en él tu estarás para siempre asociado a mi amigo y a mí. No te habremos perdido.
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¿Qué me va a doler la muerte? ¿Y es que no duele la vida? ¿Por qué he de ser más osado para el vivir esterior que para el hondo morir? La tierra ¿qué no es que el aire? ¿Por qué nos ha de asfixiar, por qué nos ha de cegar, por qué nos ha de aplastar, por qué nos ha de callar, si es atmósfera del muerto? ¿Por qué el morir ha de ser lo que decimos morir, y el vivir, sólo el vivir, lo que callamos vivir? ¿Por qué el morir verdadero (lo que callamos morir) no ha de ser bueno y gustoso como el vivir verdadero (lo que decimos vivir)?
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Lo que decimos morir
Cada uno de nosotros quiere ser amado, abrazado, besado y colmado de regalos. Pero el Amor tiene su propia personalidad y exigencias. No es un plato servido en una vasija de oro. El Amor verdadero viene a ti si tienes un corazón puro y eres verdadero a ti mismo dando de tu riqueza interior. Palabras solas no satisfacen al Amor. Después de todo Amar es un verbo y entonces exige acción, atención, admiración y cuidado. Es muy parecido a un fuego alimentado solo de encendajas que se muere dentro de una hora. No le gustaría más escoger el leño más grande que se encuentre para que dure hasta la luz de la mañana. Y aun para guardar ese fuego vivo tiene que volver al bosque muchas veces para obtener los mejores pedazos de leño. Aunque la madera no se corta de si misma tiene que hacerlo tú mismo. Solo así entonces tu fogata te depura, te calienta y te provee con medios de alimentarte mientras que hagas tu parte. El Bosque es tu corazón donde hallaras la mejor madera del mundo. Es gratuita, abundante y accesible en la tierra del silencio dorado. Ahora es el verdadero maestro de una “fogata” atractiva y durable y los dos de Uds. pueden gozar en ese éxtasis cómodo y hypnotizante.
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Sep 4, 2015
Sep 4, 2015 at 2:24 PM UTC
EL BOSQUE
Si el hombre pudiera decir lo que ama, Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo Como una nube en la luz; Si como muros que se derrumban, Para saludar la verdad erguida en medio, Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor, La verdad de sí mismo, Que no se llama gloria, fortuna o ambición, Sino amor o deseo, Yo sería aquel que imaginaba; Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos Proclama ante los hombres la verdad ignorada, La verdad de su amor verdadero. Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina, Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu Como leños perdidos que el mar anega o levanta Libremente, con la libertad del amor, La única libertad que me exalta, La única libertad porque muero. Tú justificas mi existencia: Si no te conozco, no he vivido Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
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Si el hombre pudiera decir lo que ama
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más ***** que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colemena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
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Contra jaime gil de biedma
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más ***** que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colemena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
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Si existes ... Hoy te vi Te acercaste a mi Y, en silencio, Te combinaste Con mi latir. Hoy otra vez Me escape de ti... Logre salir, Pero sólo pude percibir tal discreta fragancia "Apagando la molesta Alarma." {(Ya deberías de incendiarla, entra en razón de una vez escritor!!!)} De tu existir Me he querido D i lu ir De tu imagen He querido M. O. R. I. R He hecho lo imposible Por humillarte Por escupirte, y destruirte. .. ... Y de nuevo me encuentro perdido Sin ti... No hay respuesta a Tal misterio Sólo se que tu existir Es verdadero Eres tan real como Aquiles y Goliath. Eres tan real.... como la dulce mañana Entrando por mi ventana Tan fría y refrescante Como lluvia en el tejado Tocando tus talones desnudos Tan arrogante e impresionante Como el fuego Tan desquiciante Eres tan real que J U E G As A quererte ocultar Y yo juego a querer escapar...
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Sep 3, 2014
Sep 3, 2014 at 10:57 AM UTC
Amor
«Mirad: Un extranjero...» Yo los reconocía, siendo niño, en las calles por su no sé que ausente. Y era una extraña mezcla de susto y de alegría pensar que eran distintos al resto de la gente. Después crecí, soñando, sobre los libros viejos; corrí, de mapa en mapa, frenéticos azares, y al despertar, a veces, para viajar más lejos, inventaba a mi antojo más tierras y más mares. Entonces yo envidiaba, melancólicamente, a aquellos que se iban de verdad, en navíos de gordas chimeneas y casco reluciente, no en viajes ilusorios como los viajes míos. Y hoy, que quizás es tarde, con los cabellos grises, emprendo, como tantos, el viaje verdadero; y escucho que los niños de remotos países murmuran al mirarme: «Mirad: Un extranjero...»
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El extranjero
No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que -es evidente- disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo:                                   «no»,                                             mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda.
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Entreacto
No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que -es evidente- disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo:                                   «no»,                                             mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda.
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Tierra le dieron una tarde horrible del mes de julio, bajo el sol de fuego.   A un paso de la abierta sepultura, había rosas de podridos pétalos, entre geranios de áspera fragancia y roja flor. El cielo puro y azul. Corría un aire fuerte y seco.   De los gruesos cordeles suspendido, pesadamente, descender hicieron el ataúd al fondo de la fosa los dos sepultureros...   Y al reposar sonó con recio golpe, solemne, en el silencio.   Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio.   Sobre la negra caja se rompían los pesados terrones polvorientos...   El aire se llevaba de la honda fosa el blanquecino aliento.   -Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa, larga paz a tus huesos...   Definitivamente, duerme un sueño tranquilo y verdadero.
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En el entierro de un amigo
Mis recuerdos le reclaman a mi piel la manera de mantenerte en mi silencio y poco tardo en recogerle al tiempo un segundo de tu voz. recuerda la noche acaso ¿cómo llamarte si le robas su dulzura? y  ¿cómo me llamo yo? si en tus labios guardo la cura, Entonces soy silencio si en silencio es que estás soy recuerdo si me quieres olvidar las tinieblas que me dejas si te vas, y la luz de tus ojos si me vuelves a mirar… Tal vez nunca sepa tu nombre verdadero y viva engañado por una simple ilusión pero recordaré que tu amor fue el primero el primero que me robo el corazón.
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Apr 22, 2014
Apr 22, 2014 at 10:45 PM UTC
Untitled
Quitar codicia, no añadir dinero, Hace ricos los hombres, Casimiro: Puedes arder en púrpura de Tiro, Y no alcanzar descanso verdadero. Señor te llamas; yo te considero Cuando el hombre interior que vives miro, Esclavo de las ansias y el suspiro, Y de tus propias culpas prisionero. Al asiento de l'alma suba el oro, No al sepulcro del oro l'alma baje, Ni le compita a Dios su precio el lodo. Descifra las mentiras del tesoro, Pues falta (y es del Cielo este lenguaje) Al pobre, mucho, y al avaro todo.
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Enseña cómo no es rico el que tiene mucho caudal
¿Miras este Gigante corpulento Que con soberbia y gravedad camina? Pues por de dentro es trapos y fajina, Y un ganapán le sirve de cimiento. Con su alma vive y tiene movimiento, Y adonde quiere su grandeza inclina, Mas quien su aspecto rígido examina Desprecia su figura y ornamento. Tales son las grandezas aparentes De la vana ilusión de los Tiranos, Fantásticas escorias eminentes. ¿Veslos arder en púrpura, y sus manos En diamantes y piedras diferentes? Pues asco dentro son, tierra y gusanos.
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Desengaño de la exterior apariencia, con el examen interior y verdadero
Venido a menos víking, de poeta (¡y en el Trópico!) estoy. Cuando cavilo: ¿será mi estilo, (por llamarle estilo) -de ése mi estilo (estilo a la jineta) yo mismo en veces (pocas) me horripilo-, barroco estilo, ni motor de escándalos, 1 por descender (si criollo hasta la zeta) de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De Iberos, (no español de pandereta), de Renanos (si no bajo del tilo romanticoide y menos soto el filo 2 guadañador: el Führer non me peta), de Godos (pero zurdo: y nunca enfilo), de Vándalos (¿por miedo al diablo mándalos el Vulgo?) vengo (y vándalo un asceta?): de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De inconexo y sin orden, soy veleta. (Llévame el viento -como brizna- en vilo). Ácrata soy, de buen humor tranquilo. Jamás sóbrame duro ni peseta. La Noche es techo de mi sólo asilo. Grandes recorta, mínimos agrándalos, fechos, mi móvil Yo: ¿síntesis? ¿meta? de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De Enano hace Gigante, y -David- reta verdadero Goliat, que vé pupilo mi fantasía, y aunque corte un hilo su mandoble: y sin honda, ardid ni treta... Y, ante casos minúsculos, vacilo: (casos que un soplo blándulo desbándalos...) Tan vario humor, ¿es zumo que secreta de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De loco no aprovecho, y la chaveta perdí hace siglos, -y, si despabilo, 3 cuerdo ya soy: de la cordura silo!: más cuerdo que el mejor anacoreta. ¿Cuerdo? ¡Qué vá! Con menos me obnubilo; a Juicio y a Folía, Humor comándalos: ¿heredé Humor, Esplín -y la Pirueta-, de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De ambas soy cojo, y ando sin muleta. Sordo, y oigo el silencio. Y en sigilo -ciego- oteante el ***** mar vigilo de la cofa. Sin Fe, ni Amor, ni lieta Bienandanza, Ambición, ni Afán, destilo miel -si hiérenme- a ejemplo de los sándalos (y acíbar además...) ¿Suma -incompleta- de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? Príncipe: ¿quién mis trucos interpreta? ¿quién cargará con la que en torre apilo -¿de Babel?- ¿tonterías? ¿Quién no veta balumba tal -inundación del Nilo?- Malos caminos, muy más rápidos ándalos: es decir, rasga ya la Baladeta 4 de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos.
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Balada - baladeta en mi
Venido a menos víking, de poeta (¡y en el Trópico!) estoy. Cuando cavilo: ¿será mi estilo, (por llamarle estilo) -de ése mi estilo (estilo a la jineta) yo mismo en veces (pocas) me horripilo-, barroco estilo, ni motor de escándalos, 1 por descender (si criollo hasta la zeta) de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De Iberos, (no español de pandereta), de Renanos (si no bajo del tilo romanticoide y menos soto el filo 2 guadañador: el Führer non me peta), de Godos (pero zurdo: y nunca enfilo), de Vándalos (¿por miedo al diablo mándalos el Vulgo?) vengo (y vándalo un asceta?): de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De inconexo y sin orden, soy veleta. (Llévame el viento -como brizna- en vilo). Ácrata soy, de buen humor tranquilo. Jamás sóbrame duro ni peseta. La Noche es techo de mi sólo asilo. Grandes recorta, mínimos agrándalos, fechos, mi móvil Yo: ¿síntesis? ¿meta? de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos. De Enano hace Gigante, y -David- reta verdadero Goliat, que vé pupilo mi fantasía, y aunque corte un hilo su mandoble: y sin honda, ardid ni treta... Y, ante casos minúsculos, vacilo: (casos que un soplo blándulo desbándalos...) Tan vario humor, ¿es zumo que secreta de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De loco no aprovecho, y la chaveta perdí hace siglos, -y, si despabilo, 3 cuerdo ya soy: de la cordura silo!: más cuerdo que el mejor anacoreta. ¿Cuerdo? ¡Qué vá! Con menos me obnubilo; a Juicio y a Folía, Humor comándalos: ¿heredé Humor, Esplín -y la Pirueta-, de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? De ambas soy cojo, y ando sin muleta. Sordo, y oigo el silencio. Y en sigilo -ciego- oteante el ***** mar vigilo de la cofa. Sin Fe, ni Amor, ni lieta Bienandanza, Ambición, ni Afán, destilo miel -si hiérenme- a ejemplo de los sándalos (y acíbar además...) ¿Suma -incompleta- de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos? Príncipe: ¿quién mis trucos interpreta? ¿quién cargará con la que en torre apilo -¿de Babel?- ¿tonterías? ¿Quién no veta balumba tal -inundación del Nilo?- Malos caminos, muy más rápidos ándalos: es decir, rasga ya la Baladeta 4 de Renanos, Iberos, Godos, Vándalos.
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Si fuera rey, las personas me envidiarían; Criollo soy, que nada tengo, Pero siempre voy en busca de aventuras, Pero de que sirve ser un aventurero Si mi amor verdadero ,No lo tengo, No sirve de nada contar mis aventuras, Si no tengo persona por quien arriesgar mi vida, y desperdiciar mi valentia. Asi me despido carisbajo y sin un ruido, Esperando que este poema, llegue a tus lindas manos, y el minimo el saber que tu sepas, Que yo existo, Solo así, Mi corazón, Estará tranquilo.
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Nov 29, 2016
Nov 29, 2016 at 11:07 PM UTC
A ti espero.