Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"velas" poems
Nossa Senhora da Aparecida Na noite te pedi inspiração, Divulgar teu nome e devoção. As correntes do escravo Zacarias, Velas apagadas Tu acendias. A corrente to rio era muito forte, O menino Tu livraste da morte. Aqui em Castanheiro do Norte, Te pedimos pão e sorte. A fé em Deus, ele é amor, Olhai para as vinhas do Senhor, Ao Jorge e á D. Anita, Agradecemos a festa bonita. Victor Marques
0
Nov 16, 2011
Nov 16, 2011 at 11:18 AM UTC
Nossa Senhora da Aparecida
Ansiar por ti no nosso doce leito, Lúgubres as noites de cansaço, Amar-te do fundo do peito, Vivo no teu regaço. Teu calor que tua doença cura, Sentimento puro e forte, Amar-te com meiguices e ternura, Enlace da nossa sorte. O barco sem velas nos conduz, Carrocéis que rodeais  o ermo. Amar-te com palavras feitas de luz, Por ti estou enfermo. Juntar ao teu meu coração, Sofrer com excelsa mágoa, Amar-te com gratidão, Minha musa bem amada. Victor Marques
0
Jul 7, 2010
Jul 7, 2010 at 4:11 AM UTC
AMAR-TE
A flor colorida Não te dou sandálias para caminhar, Suspiros de embalar, Horizonte sempre apaixonado, Afecto bem guardado. Ai a neve branca da montanha, Carinho nobre e desmedido, Amor descomprometido, Desejo rejuvenescido. Caminhar sobre o mar, Barquinho com velas sem navegar, Amor eterno como o paraíso, Dar um beijo, um sorriso. O céu está estrelado, Carícias do passado, Primavera sempre envaidecida, Flor florida…. Victor Marques
0
Aug 30, 2010
Aug 30, 2010 at 7:15 AM UTC
Flor Florida
Flotante, sin asidero, nadador fuera del agua, voluntario a la deriva, por las horas, por el aire, por el haz de la mañana. Todo fugitivo, todo resbaladizo, se escapa de entre los dedos el mundo, la tierra, la arena. Nubes, velas, gaviotas, espumas, blancuras desvariadas, tiran de mí, que las sigo, que las dejo. ¿Estoy, estaba, estaré? Pero sin ir, sin venir, quieto, flotando en aquí, en allí, en azul. Una alegría que es el filo de la mañana rompe, corta, desenreda nudos, promesas, amarras. Tropeles de sombras ninfas huyendo van de sus cuerpos en islas desenfrenadas. Con su cargamento inútil de recuerdos y de plazos -¡ya no sirven, ya no sirven!- el tiempo leva las anclas. No se le ve ya. Sin tiempo, prisa y despacio lo mismo, ¡qué de prisa, qué despacio juegan los lejos a cercas colgados del verdiazul columpio de las distancias! Su silencio echan a vuelo enmudecidas campanas y cumplen su juramento los horizontes del alba: la vida toda de día, sin lastre, pura, flotando ni en agua, ni en aire, en nada.
0
1.7k
49
O mar dos poetas Sereias do mar em que eu acredito, Ilhas do oceano pacifico, Noites que dormem em mim, Cavalgadas no horizonte sem fim. Escravizados pela monotonia que nos engana, Faróis que alertam os desprevenidos, O azul do mar que nos chama, Poema dos poetas esquecidos. A liberdade dos versos meus, Ondas brancas com espuma, Linhas azuis de coisa alguma, O mar e Deus. Cemitérios dos poetas sem nome, Barcos sem velas içadas, Imensidão que abraça e consome, O mar, os poetas e suas cavalgadas. Victor Marques
0
Jan 17, 2012
Jan 17, 2012 at 11:39 AM UTC
O Mar dos Poetas
Otra canción he de cantar, ingenua. Otra canción (desnuda de artificios como mi pena: que no llora, ni se crispa, ni se queja). Otra canción desnuda de artificios como mi pena, (como mi pena: muda, así la relate mórbidamente; y quieta: no importa que sea motor de mi cansancio, hélice de mi pereza, remo de mi estatismo, ala de mi indiferencia; como mi pena: -por más que avizore y otee los horizontes- ciega). Otra canción he de cantar ingenua. Otra canción, de un ritmo opacado, de brumas y de leyenda, de brumas y de quimera: sin timbres gárrulos de Oriente -asordinada-; sin tamboriles gayos ni danzarinas bayaderas; sin bélicos clarines y sin fanfarrias épicas. Una canción hiperbórea, gris: que la cantasen noruegos marinos en sus barcazas pesqueras; que la cantasen campesinos de Helsingor y aldeanas de Abylund y de la Karelia. Otra canción he de cantar ingenua. Sin este sol vibrante ni los estridores que me circundan: como si no habitase las tropicales beocias antitéticas -burgos sordos, cálidas selvas-: como si no retumbase en mis oídos la fragorosa cantinela del río que rompe su fastidio en las filudas peñas! Canción que nada diga y apenas sí sugiera. Que nada diga mas deje en los oídos vaga impresión insegura de leyenda y de quimera: (el hondo rumor que de los caracoles en la rósea espiral se aposenta). Canción de gente tosca, de ruda gente marinera, canción que se cantase en la hora de los coloquios -del norteño puerto nativo en el muelle o en la taberna-. Otra canción he de cantar, ingenua. Desnuda de artificios como mi pena, Sobria de afeites frívolos, burda como la lona de las velas de los esquifes pescadores; burda: ¡y encinta de odiseas, de temporales y de naufragios como las velas!
0
1.5k
Cantigas
Otra canción he de cantar, ingenua. Otra canción (desnuda de artificios como mi pena: que no llora, ni se crispa, ni se queja). Otra canción desnuda de artificios como mi pena, (como mi pena: muda, así la relate mórbidamente; y quieta: no importa que sea motor de mi cansancio, hélice de mi pereza, remo de mi estatismo, ala de mi indiferencia; como mi pena: -por más que avizore y otee los horizontes- ciega). Otra canción he de cantar ingenua. Otra canción, de un ritmo opacado, de brumas y de leyenda, de brumas y de quimera: sin timbres gárrulos de Oriente -asordinada-; sin tamboriles gayos ni danzarinas bayaderas; sin bélicos clarines y sin fanfarrias épicas. Una canción hiperbórea, gris: que la cantasen noruegos marinos en sus barcazas pesqueras; que la cantasen campesinos de Helsingor y aldeanas de Abylund y de la Karelia. Otra canción he de cantar ingenua. Sin este sol vibrante ni los estridores que me circundan: como si no habitase las tropicales beocias antitéticas -burgos sordos, cálidas selvas-: como si no retumbase en mis oídos la fragorosa cantinela del río que rompe su fastidio en las filudas peñas! Canción que nada diga y apenas sí sugiera. Que nada diga mas deje en los oídos vaga impresión insegura de leyenda y de quimera: (el hondo rumor que de los caracoles en la rósea espiral se aposenta). Canción de gente tosca, de ruda gente marinera, canción que se cantase en la hora de los coloquios -del norteño puerto nativo en el muelle o en la taberna-. Otra canción he de cantar, ingenua. Desnuda de artificios como mi pena, Sobria de afeites frívolos, burda como la lona de las velas de los esquifes pescadores; burda: ¡y encinta de odiseas, de temporales y de naufragios como las velas!
Continue reading...
66
Estas rachas de marzo, en los desvanes -hacia la mar- del tiempo; la paloma de pluma tornasol, los tulipanes gigantes del jardín, y el sol que asoma, bola de fuego entre dorada bruma, a iluminar la tierra valentina... ¡Hervor de leche y plata, añil y espuma, y velas blancas en la mar latina! Valencia de fecundas primaveras, de floridas almunias y arrozales, feliz quiero cantarte, como eras, domando a un ancho río en tus canales, al dios marino con tus albuferas, al centauro de amor con tus rosales.
0
1.4k
Amanecer en valencia
La canción que ardiente me sale del alma no es nunca sólo canción desesperada, es más bien una canción enamorada que al cantar, Maluriposa, busca calma. Las palabras que surgen a raudales por el cerco de mis dientes y mi boca son unas formas que parecen muy locas y buscan, Primavera, exorcizar males. Las reflexivas expresiones que tengo y que salen, Preciosa, pensando en ti, intentan, de algún modo, ponerle fin a toda esta enorme invasión de lamentos. Los términos que dicta la fantasía, traídos de imaginación o conciencia son vocablos que llaman a la paciencia y no al enojo, querida Luz del Día. Mas las voces también son ecos de ausencias en las que sin sosiego alma y cuerpo esperan tener un encuentro a la luz de las velas para que alejen fatigas e impaciencias. Voces formadas por amor y deseos para que cuando la linda Mariposa sea atrapada en la prisa de las cosas no olvide que abrazar su cintura quiero. (Jorge Gómez Arias)
0
Jul 9, 2012
Jul 9, 2012 at 10:07 AM UTC
BALADA DE FATIGAS Y AFANES
Al pie de tu cadáver sólo llora tu hija. Nadie te pone amor, ni flores, ni recuerdos. Desnuda estás, y sola, entre cuatro paredes altas, altas y solas, sin penas y sin duelos. Ni una silla siquiera, ni un banco en que la gente si llegara a mirarte se sentara en silencio. Arden las cuatro velas y arden las paredes con una llama fría, un apagado incendio. El hospital es tierno y son tiernas las manos que te han puesto bonita en tu vestido viejo. Tu nariz se adelgaza y tu blancura crece, se derrama en tu piel como un viento. Arañas, caen arañas del techo, caen cenizas, papeles, sombras, trapos, caen del cielo, rosas que Dios te tira, ángeles en pedazos, y sueños.
0
1.2k
La hermana rosa
Este insólito e inaudito conjunto de explosões atemporais, inobservável a longas distâncias, é, factualmente, o tecelão da portentosa dimensão da mente. Abundantes vozes desnorteadas, obscuras e perturbadoras, nela se fazem existir. São vozes que são sentidas, vozes sombrias que escrevem. Vozes pelas quais fui, eu próprio, desenhado. E criado para navegar, parti para o mar em busca das partes que me faltavam em terra firme. Fragmentado, nas mais diversas ilhas - paradisíacas e apocalípticas -, nas profundezas e no horizonte azul, busco, ainda hoje, estilhaços e peças escassas perdidas; Cotidianamente, ao acercar da noite, os sons de batalha tendenciosamente indicam direções para não seguir, e ainda que mantenha sem medo o controle das velas, os ventos insistem em dizer aonde ir... Pois que seja! "Navegarei com todos eles!" 'Placebo ou morte?' O que minha tripulação anseia não importa, ela tampouco existe. Nesta irremediável transposição constante de caminhos, sem o reconhecimento de qualquer lógica postulável, oscilante, transgrido e navego ainda por mares intergaláticos. E nesta imensidão extraordinariamente escura do cosmos, carregando a experiência daqueles oceanos pesados e profundos, me encontro a observar, sempre ao longe, uma fagulha, ínfimo ponto que se faz visível. Em sua direção, continuo a jornada do pouco infindável dessa dimensão que permanentemente remanesce como o desconhecido. O mais próximo e o maior ângulo possível para apreciar esse pontual, eterno e único nascer da super nova, eu encontrarei.
0
May 12, 2013
May 12, 2013 at 9:52 PM UTC
Nascer-me-ei em supernova
Este insólito e inaudito conjunto de explosões atemporais, inobservável a longas distâncias, é, factualmente, o tecelão da portentosa dimensão da mente. Abundantes vozes desnorteadas, obscuras e perturbadoras, nela se fazem existir. São vozes que são sentidas, vozes sombrias que escrevem. Vozes pelas quais fui, eu próprio, desenhado. E criado para navegar, parti para o mar em busca das partes que me faltavam em terra firme. Fragmentado, nas mais diversas ilhas - paradisíacas e apocalípticas -, nas profundezas e no horizonte azul, busco, ainda hoje, estilhaços e peças escassas perdidas; Cotidianamente, ao acercar da noite, os sons de batalha tendenciosamente indicam direções para não seguir, e ainda que mantenha sem medo o controle das velas, os ventos insistem em dizer aonde ir... Pois que seja! "Navegarei com todos eles!" 'Placebo ou morte?' O que minha tripulação anseia não importa, ela tampouco existe. Nesta irremediável transposição constante de caminhos, sem o reconhecimento de qualquer lógica postulável, oscilante, transgrido e navego ainda por mares intergaláticos. E nesta imensidão extraordinariamente escura do cosmos, carregando a experiência daqueles oceanos pesados e profundos, me encontro a observar, sempre ao longe, uma fagulha, ínfimo ponto que se faz visível. Em sua direção, continuo a jornada do pouco infindável dessa dimensão que permanentemente remanesce como o desconhecido. O mais próximo e o maior ângulo possível para apreciar esse pontual, eterno e único nascer da super nova, eu encontrarei.
Continue reading...
36
Todavia en el tiempo sin saberlo, aferrado en la oscuridad del sentimiento mis ojos caen, en la lentitud de la ceguera y mis manos quieren tocar lo imposible, ir contigo, a lo más lejos del horizonte, por vez primera correr sin miedo, viéndote sin barro, blanca de espuma, desnuda y roja por vez primera, viéndote, pero sé que, el tiempo me engaña disfrazando a tu cuerpo, si esta imagen eres tu o el recuerdo de una máscara que la mente haya dibujado. Cae la tarde y con ella viene el torpe movimiento, ante la duda del equilibrio por mantenerlo. Todo se vuelve frágil, oscuro y entiendo que llega el naufragio al calor de las velas, despacito. Sin tormentas.
0
Aug 28, 2015
Aug 28, 2015 at 9:49 AM UTC
EN LA OSCURIDAD DEL SENTIMIENTO
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
0
1.1k
A colón
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
Continue reading...
56
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
0
1.1k
Sólo la muerte
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
Continue reading...
47
Anoche, unos abriles granas capitularon ante mis mayos desarmados de juventud; los marfiles histéricos de su beso me hallaron muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé. Espiga extraña, dócil. Sus ojos me asediaron una tarde amaranto que dije un canto a sus cantos; y anoche, en medio de los brindis, me hablaron las dos lenguas de sus senos abrasadas de sed. Pobre trigueña aquella; pobres sus armas; pobres sus velas cremas que iban al tope en las salobres espumas de un marmuerto. Vencedora y vencida, se quedó pensativa y ojerosa y granate. Yo me partí de aurora. Y desde aquel combate, de noche entran dos sierpes esclavas a mi vida.
0
945
Capitulación
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo. Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros. Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo. Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo. Allí la acostaron, tapiáronle luego, y con un saludo despidióse el duelo. La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos...! ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna aunque es fuerza hacerlo, el dejar tan tristes, tan solos los muertos.
0
1k
Rima lxxiii
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo. Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros. Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo. Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo. Allí la acostaron, tapiáronle luego, y con un saludo despidióse el duelo. La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos...! ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna aunque es fuerza hacerlo, el dejar tan tristes, tan solos los muertos.
Continue reading...
104
Ella no fue, entre todas, la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me amaron más; y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella. Acaso fue porque la amé de lejos, como una estrella desde mi ventana... 1 Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene más reflejos. Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena. Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que vuelve en el viento todavía. Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha. Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más... Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
0
931
Canción del amor lejano
Variaciones que enseñaban en la escuela: Egeo, Atlántico, Indico, Caribe, Mármara, mar de la Sonda, mar Blanco. Todos sois uno a mis ojos: el azul del Contemplado. En los atlas, un azul te finge, falso. Pero a mí no me engañó ese engaño. Te busqué el azul verdad; un ángel, azul celeste, me llevaba de la mano. Y allí en tu azul te encontré jugando con tus azules, a encenderlos, a apagarlos. ¿Eras como te pensaba? Más azul. Se queda pálido el color del pensamiento frente al que miran los ojos, en más azul extasiados. Eres lo que queda, azul; lo que sirve de fondo a todos los pasos, que da lo que pasa, olas, espumas, vidas y pájaros, velas que vienen y van. Pasa lo blanco, mortal. Y tú estás siempre llenando, como llena un alma un cuerpo, las formas de tus espacios. Cada vez que fui en tu busca, allí te encontré, en tu gloria, la que nunca me ha fallado. Tu azul por azul se explica: color azul, paraíso; y mirarte a ti, mirarlo.
0
905
Variación i
Fim, desdita é tua demora; Que é amarga, no entanto, Tua certeza de avigora Ao século qual pare teu pranto Fim, conta-me teu segredo; Que fazes neste mundo alucinado? Que eras? Trazes-me medo! Tens fé em um crepúsculo gelado? Fim, por tua espera, quantas almas emudeceram? És arcanjo dos gritos irreais! Quantas mágoas míseras no vazio colheram, As velas apagadas, as páginas finais?
0
Jul 19, 2017
Jul 19, 2017 at 3:11 AM UTC
Paisagens do Inverno - II
Mar armonioso. mar maravilloso, tu salada fragancia, tus colores y músicas sonoras me dan la sensación divina de mi infancia en que suaves las horas venían en un paso de danza reposada a dejarme un ensueño o regalo de hada.Mar armonioso, mar maravilloso de arcadas de diamante que se rompen en vuelos rítmicos que denuncian algún ímpetu oculto, espejo de mis vagas ciudades de los cielos, blanco y azul tumulto de donde brota un canto inextinguible, mar paternal, mar santo, mi alma siente la influencia de tu alma invisible.Velas de los Colones y velas de los Vascos, hostigadas por odios de ciclones ante la hostilidad de los peñascos; o galeras de oro, velas purpúreas de bajeles que saludaron el mugir del toro celeste, con Europa sobre el lomo que salpicaba la revuelta espuma. Magnífico y sonoro se oye en las aguas como un tropel de tropeles, ¡tropel de los tropeles de tritones! Brazos salen de la onda, suenan vagas canciones, brillan piedras preciosas, mientras en las revueltas extensiones Venus y el Sol hacen nacer mil rosas.
0
876
Marina
Sobre a grande mesa A luz de duas velas O telefone tocou Interrupção Lá fora, situação delicada Choro - Desespero Mais tarde o jogo Truques da vida Conversa, mais conversa No limiar da noite - O filme Acordo Um choro Duas mortes Um repousar incompleto Manhã Um outro dia
0
Jan 15, 2014
Jan 15, 2014 at 3:13 PM UTC
a noite passada
En el espejo he visto el Mar, el Mar sordo. La cimera cubríanle nubes grávidas de borrasca, la faz en movimiento delirante bullía con un hervor preñado de mútilos cadáveres cárdenos, a la deriva. 1 Cegaba con telones cinéreos la angustia, propugnando saltar de las órbitas -adamantina-. 2 Tenía de las bridas la voz ululadora lista a irrumpir como jamás apolíptica. Los ojos eran cóncavos vórtices abisales donde ya nunca la estrella encendería ni rielar idílico, ni tórridas fogatas. En el espejo he visto el Mar sordo 3 -vago y difuso como en cristales de recuerdo; -rígido y penetrante, -lacerante- como un sueño fallido: 4 y le he visto en el Día como en la Noche (y en el Crepúsculo de estrellas desdibujadas y de músicas en esbozo y de perfumes preludiando las sensuales sonatinas); y le he visto en el Día (vigía desde la cofa) que escudriña, oteante, el ir y venir en volúmenes aborregados de las ondas indiferentes) y le he visto en la Noche (sutil escucha en el acecho de voces ultraterrenas, y de próximas, cuya caricia fuera regalo de sus oídos, si no tortura lancinante). Pero el Mar es un símbolo? Y es un mito el Océano, emblemática selva pululadora de fugitivas sombras, caos mirífico, floresta legendaria donde discurren 5 las vagueantes Náyades y las Titanias inasibles. Un mito el Mar? Mirado en el espejo, refractado en el ávida retina y bebido en su son 6 y aspirado en sus hálitos salinos y yodados, -huésped de las Sirenas sortílegas y de las Circes y las Calypsos prestigiösas de hechizo inabolible? Es un Mito?   Es un Símbolo? En el espejo he visto el Mar sordo. 7 Y le he visto en la Noche y en el Crepúsculo (y en el Día): quieto Mar de viñeta, con la fuga en los mástiles y la fuga en las velas recogidas de los barcos inútiles, anclados como esqueletos de pirámides en las glaucas arenas fijas.
0
837
Sonatina
En el espejo he visto el Mar, el Mar sordo. La cimera cubríanle nubes grávidas de borrasca, la faz en movimiento delirante bullía con un hervor preñado de mútilos cadáveres cárdenos, a la deriva. 1 Cegaba con telones cinéreos la angustia, propugnando saltar de las órbitas -adamantina-. 2 Tenía de las bridas la voz ululadora lista a irrumpir como jamás apolíptica. Los ojos eran cóncavos vórtices abisales donde ya nunca la estrella encendería ni rielar idílico, ni tórridas fogatas. En el espejo he visto el Mar sordo 3 -vago y difuso como en cristales de recuerdo; -rígido y penetrante, -lacerante- como un sueño fallido: 4 y le he visto en el Día como en la Noche (y en el Crepúsculo de estrellas desdibujadas y de músicas en esbozo y de perfumes preludiando las sensuales sonatinas); y le he visto en el Día (vigía desde la cofa) que escudriña, oteante, el ir y venir en volúmenes aborregados de las ondas indiferentes) y le he visto en la Noche (sutil escucha en el acecho de voces ultraterrenas, y de próximas, cuya caricia fuera regalo de sus oídos, si no tortura lancinante). Pero el Mar es un símbolo? Y es un mito el Océano, emblemática selva pululadora de fugitivas sombras, caos mirífico, floresta legendaria donde discurren 5 las vagueantes Náyades y las Titanias inasibles. Un mito el Mar? Mirado en el espejo, refractado en el ávida retina y bebido en su son 6 y aspirado en sus hálitos salinos y yodados, -huésped de las Sirenas sortílegas y de las Circes y las Calypsos prestigiösas de hechizo inabolible? Es un Mito?   Es un Símbolo? En el espejo he visto el Mar sordo. 7 Y le he visto en la Noche y en el Crepúsculo (y en el Día): quieto Mar de viñeta, con la fuga en los mástiles y la fuga en las velas recogidas de los barcos inútiles, anclados como esqueletos de pirámides en las glaucas arenas fijas.
Continue reading...
40
Entre un bosque de mástiles, y con sus muelles empavesados de camisas, Chioggia fondea en la laguna, ensangrentada de crepúsculo y de velas latinas. ¡Redes tendidas sobre calles musgosas... sin afeitar! ¡Aire que nos calafatea los pulmones, dejándonos un gusto de alquitrán! Mientras las mujeres se gastan las pupilas tejiendo puntillas de neblina, desde el lomo de los puentes, los chicos se zambullen en la basura del canal. ¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos de los pies! Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen con ella la cintura, como con una falda suntuosa y con olor a mar. Al atardecer, un olor a frituras agranda los estómagos, mientras los zuecos comienzan a cantar... Y de noche, la luna, al disgregarse en el canal, finge un enjambre de peces plateados alrededor de una carnaza.
0
716
Chioggia
Viejo lobo de mar, de sed sorda y violenta: El humo de tu pipa tiene olor a tormenta. Si relatas tus viajes ya nadie te hace caso, porque siempre naufragas en el fondo de un vaso, y cada travesía concluye como empieza: en espuma de mar o espuma de cerveza. Viejo lobo de mar: quédate en tu navío, y escupe hacia la noche tu rencor y tu hastío. La tierra te rechaza, viejo lobo sediento, pues ya, como las velas, perteneces al viento; y la mujer desnuda que adorna tu tatuaje hoy duerme con un hombre que no se va de viaje. El amor es un surco que florece o se cierra, y tú, al vencer el mar, naufragaste en la tierra. No, viejo navegante: quédate en tu navío, y llena de humo amargo tu corazón vacío, y esconde, en una risa de dientes incompletos, la pesadumbre inmensa de tu vejez sin nietos. Vuélvete a tu guarida, lobo de pelo cano, para morir la muerte del que ha vivido en vano; ¡y córtate esa mano que no supo sembrar, porque ya, para siempre, perteneces al mar!
0
766
Viejo lobo de mar
En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas; Europa le ha tocado con sus manos divinas cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas, le acerqué a mis oídos y las azules minas me han contado en voz baja su secreto tesoro.Así la sal me llega de los vientos amargos que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos cuando amaron los astros el sueño de Jasón;y oigo un rumor de olas y un incógnito acento y un profundo oleaje y un misterioso viento... (El caracol la forma tiene de un corazón.)
0
692
Caracol
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
0
700
Euzkadi
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
Continue reading...
48