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"vean" poems
Es el sufrimiento interior lo que no me deja dormir, yo lo sé. Es la soledad que siento la que no me permite descansar. No tener con quien hablar cuando me siento mal, no tener a quien contarle mis secretos, no conocer a alguien con quien me pueda abrir completamente y que llegue a conocer todos los rincones de mi alma. No tener amigos que me conozcan verdaderamente, y los que sí, se encuentran lejos de mi. No sé si necesito mostrarle al mundo mi lado sentimental. Si lo descubren, yo salgo lastimada. No sé si no mostrar tanto mi lado divertido, luego creen que no hay más y no me quieren conocer por que no hay por donde profundizar. No sé que hacer, simplemente soy yo; pero quizá eso no sea necesario. Quizá no me quieres conocer porque creas una imagen de mi que no es, y al ver esa imagen decides retirarte. Quizá yo soy la que hace que los demás vean esa imagen. Pero yo sigo aquí, esperando que llegue alguien sin crear una imagen de quien soy, y que realmente me quiera conocer. Yo sé que espero mucho de la vida, pero si no lo hiciera, me conformaría con nada.
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Aug 26, 2013
Aug 26, 2013 at 2:50 AM UTC
Soledad.
Madre, no me digas: -Hijo, quédate..., cena con nosotros y duerme después... Cuando eras pequeño daba gusto ver tu cara redonda, tu rosada tez... Yo a Dios le rogaba una y otra vez: que nunca se enferme que viva años cien; robusto, rosado, gallardo doncel le vean mis ojos allá en la vejez. Que no tenga ese aire de los hombres que se pasan la noche de café en café... Dios me ha castigado. ¡Él sabrá por qué!- Madre, no me digas: -Hijo, quédate...- La calle me llama y a la calle iré... Yo tengo una pena de tan mal jaez que ni tu ni nadie puede comprender, y en medio de la calle ¡me siento tan bien! ¿Qué cuál es mi pena? ¡Ni yo sé cuál es! Pero ella me obliga a irme, a correr, hasta de cansancio rendido caer... La calle me llama y obedeceré... Cuando pongo en ella los ligeros pies, me lleno de rimas sin saber por qué... La calle, la calle, ¡loco cascabel! La noche, la noche, ¡qué dulce embriaguez! El poeta, la calle y la noche, se quieren los tres... La calle me llama, la noche también... Hasta luego, madre, ¡voy a florecer!
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El poeta y la calle
Helos allí: junto a la mar bravía cadáveres están, ¡ay!, los que fueron honra del libre, y con su muerte dieron almas al cielo, a España nombradía.     Ansia de patria y libertad henchía sus nobles pechos que jamás temieron, y las costas de Málaga los vieron cual sol de gloria en desdichado día.     Españoles, llorad; mas vuestro llanto lágrimas de dolor y sangre sean, sangre que ahogue a siervos y opresores,         Y los viles tiranos, con espanto, siempre delante amenazando vean alzarse sus espectros vengadores.
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A la muerte de torrijos y sus compañeros
Yo tengo en el hogar un soberano Único a quien venera el alma mía; Es su corona de cabello cano, La honra es su ley y la virtud su guía. En lentas horas de miseria y duelo, Lleno de firme y varonil constancia, Guarda la fe con que me habló del cielo En las horas primeras de mi infancia. La amarga proscripción y la tristeza En su alma abrieron incurable herida; Es un anciano, y lleva en su cabeza El polvo del camino de la vida. Ve del mundo las fieras tempestades, De la suerte las horas desgraciadas, Y pasa, como Cristo el Tiberíades, De pie sobre las horas encrespadas. Seca su llanto, calla sus dolores, Y sólo en el deber sus ojos fijos, Recoge espinas y derrama flores Sobre la senda que trazó a sus hijos. Me ha dicho: «A quien es bueno, la amargura Jamás en llanto sus mejillas moja: En el mundo la flor de la ventura Al más ligero soplo se deshoja. »Haz el bien sin temer el sacrificio, El hombre ha de luchar sereno y fuerte, Y halla quien odia la maldad y el vicio Un tálamo de rosas en la muerte. »Si eres pobre, confórmate y sé bueno; Si eres rico, protege al desgraciado, Y lo mismo en tu hogar que en el ajeno Guarda tu honor para vivir honrado. »Ama la libertad, libre es el hombre Y su juez más severo es la conciencia; Tanto como tu honor guarda tu nombre, Pues mi nombre y mi honor forman tu herencia.» Este código augusto, en mi alma pudo, Desde que lo escuché quedar grabado; En todas las tormentas fue mi escudo, De todas las borrascas me ha salvado. Mi padre tiene en su mirar sereno Reflejo fiel de su conciencia honrada; ¡Cuánto consejo cariñoso y bueno Sorprendo en el fulgor de su mirada! La nobleza del alma es su nobleza, La gloria del deber forma su gloria; Es pobre, pero encierra su pobreza La página más grande de su historia. Siendo el culto de mi alma su cariño, La suerte quiso que al honrar su nombre, Fuera el amor que me inspiró de niño La más sagrada inspiración del hombre. Quisiera el cielo que el canto que me inspira siempre sus ojos con amor lo vean, Y de todos los versos de mi lira Estos dignos de su nombre sean.
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Mi padre
Yo tengo en el hogar un soberano Único a quien venera el alma mía; Es su corona de cabello cano, La honra es su ley y la virtud su guía. En lentas horas de miseria y duelo, Lleno de firme y varonil constancia, Guarda la fe con que me habló del cielo En las horas primeras de mi infancia. La amarga proscripción y la tristeza En su alma abrieron incurable herida; Es un anciano, y lleva en su cabeza El polvo del camino de la vida. Ve del mundo las fieras tempestades, De la suerte las horas desgraciadas, Y pasa, como Cristo el Tiberíades, De pie sobre las horas encrespadas. Seca su llanto, calla sus dolores, Y sólo en el deber sus ojos fijos, Recoge espinas y derrama flores Sobre la senda que trazó a sus hijos. Me ha dicho: «A quien es bueno, la amargura Jamás en llanto sus mejillas moja: En el mundo la flor de la ventura Al más ligero soplo se deshoja. »Haz el bien sin temer el sacrificio, El hombre ha de luchar sereno y fuerte, Y halla quien odia la maldad y el vicio Un tálamo de rosas en la muerte. »Si eres pobre, confórmate y sé bueno; Si eres rico, protege al desgraciado, Y lo mismo en tu hogar que en el ajeno Guarda tu honor para vivir honrado. »Ama la libertad, libre es el hombre Y su juez más severo es la conciencia; Tanto como tu honor guarda tu nombre, Pues mi nombre y mi honor forman tu herencia.» Este código augusto, en mi alma pudo, Desde que lo escuché quedar grabado; En todas las tormentas fue mi escudo, De todas las borrascas me ha salvado. Mi padre tiene en su mirar sereno Reflejo fiel de su conciencia honrada; ¡Cuánto consejo cariñoso y bueno Sorprendo en el fulgor de su mirada! La nobleza del alma es su nobleza, La gloria del deber forma su gloria; Es pobre, pero encierra su pobreza La página más grande de su historia. Siendo el culto de mi alma su cariño, La suerte quiso que al honrar su nombre, Fuera el amor que me inspiró de niño La más sagrada inspiración del hombre. Quisiera el cielo que el canto que me inspira siempre sus ojos con amor lo vean, Y de todos los versos de mi lira Estos dignos de su nombre sean.
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En este mundo universal, cada uno tendrá su espacio. Hay personas pequeñas y grandes, cercanas y distantes. Las hay sólidas e inalterables, como gaseosas y maleables. Hay quienes que por su energía, brillan con luz propia y acogen a quienes las rodean. Como también existen fugitivos: los desprotegidos errantes. Otros, cubrirán con sus polvos de colores a todo lo que les rodea. Mientras que otros, fulgurarán sólo una noche, para quienes despiertos los vean. Ensordecer con un destello es un final, pero desaparecerse en lo oscuro, o morir en el olvido del anillo, también es válido. En grupo, los astros se comportan particularmente. Veremos cúmulos que cerrados, sus miembros, apagándose esperan la muerte. En el otro extremo, aquellos abiertos, son las nuevas y más brillantes generaciones. Como galaxia, tenemos un objetivo (y) final compartido. Más allá de nuestra fauna, provenimos del mismo caos inicial y residuos de estrellas antepasadas. Aún más común será nuestro entrópico final. Los cuerpos se atraen y orbitan, para siempre tenerse a la vuelta. De a pares, intercambian energía, se calientan e iluminan. Será un día que alineados, algún humano los observaría.
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May 13, 2018
May 13, 2018 at 9:10 PM UTC
Astronomy 101
Quiero ser tu “Aurum”—Si amor, tu amanecer brillante. Que seas tú mi Argentum, el amor más puro o blanco que haya tenido. Procuremos que nuestro amor sea como oro y plata. Que sea maleable y dócil. Que nuestro regazo sea el conducto para las; Aleaciones de las más intensas pasiones, de infinita lujuria, de eterna conquista, de brillante utopía, Que seamos conductividad caldeada en el lecho. Encendiéndonos en un amor que traspase la tierra, que se funda en ella, que incruste en sus piedras, Que cada entrega se vean las chispas relumbrando entre las aguas, la peladillas y la arena, para así poder identificarlas en tiempos de indiferencias . Seamos fuerte como metal para vencer las treguas, las que alejan parejas, las intermitentes quejas, las del miedo a atarse a una sola persona por toda una vida, la desconfianza y las que conllevan a la más vil de las ofensas. Seamos tan etéreos para trascenderlas. Seamos del oro su brillo, de la plata su esencia. Que sea nuestro amor, una moneda intercambiable. Usando esos metales de amor para quitarnos hasta la pereza. Sanemos cualquier tumefacción pasional usando el oro para sanarnos. Si amor sé que somos de carne y hueso, pero para que nuestro amor perdure, tendremos que convertirnos en ¡plata y oro!. Que cuando pasemos por el fuego, nos fundamos uno con el otro, como se funden los metales que crean las más ¡impresionantes obras de arte! LeydisProse 7/13/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 13, 2017
Jul 13, 2017 at 2:17 PM UTC
“Aurum y Argentum” (vamos a derretirnos en pasión)
Más sencilla... más sencilla. Sin barroquismo, sin añadidos ni ornamentos. Que se vean desnudos los maderos, desnudos y decididamente rectos. «Los brazos en abrazo hacia la tierra, el mástil disparándose a los cielos». Que no haya un solo adorno que distraiga este gesto... este equilibrio humano de los dos mandamientos. Más sencilla... más sencilla... hazme una cruz sencilla, carpintero.
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Más sencilla
Esta casa no es la que era. En esta casa había antes lagartijas, jarras, erizos, pintores, nubes, madreselvas, olas plegadas, amapolas, humo de hogueras... Esta casa no es la que era. Fue una caja de guitarra. Nunca se habló de fibromas, de porvenires, de pasados, de lejanías. Nunca pulsó nadie el bordón del grave acento: «nos queremos, te quiero, me quieres, nos quieren...» No podíamos ser solemnes, pues qué hubieran pensado entonces el gato, con su traje verde, el galápago, el ratón blanco, el girasol acromegálico... Esta casa no es la que era. Ha empezado a andar, paso a paso. Va abandonándonos sin prisa. Si hubiera ardido en pompa, todos, correríamos a salvarnos. Pero así, nos da tiempo a todo: a recoger cosas que ahora advertimos que no existían; a decirnos adiós, corteses; a recorrer, indiferentes, las paredes que tosen, donde proyectó su sombra la adelfa, sombra y ceniza de los días. Esta casa estuvo primero varada en una playa. Luego, puso proa a azules más hondos. Cantaba la tripulación. Nada podían contra ella las horas y los vendavales. Pero ahora se disuelve, como un terrón de azúcar en agua. Qué pensará el gato feudal al saber que no tiene alma; y los ajos, qué pensarán el domingo los ajos, qué pensarán el barril de orujo, el tomillo, el cantueso, cuando se miren al espejo y vean su cara cubierta de arrugas. Qué pensarán cuando se sepan olvidados de quienes fueron la prueba de su juventud, el signo de su eternidad, el pararrayos de la muerte. Esta casa no es la que era. Compasivamente, en la noche, sigue acunándonos.
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La casa
Esta casa no es la que era. En esta casa había antes lagartijas, jarras, erizos, pintores, nubes, madreselvas, olas plegadas, amapolas, humo de hogueras... Esta casa no es la que era. Fue una caja de guitarra. Nunca se habló de fibromas, de porvenires, de pasados, de lejanías. Nunca pulsó nadie el bordón del grave acento: «nos queremos, te quiero, me quieres, nos quieren...» No podíamos ser solemnes, pues qué hubieran pensado entonces el gato, con su traje verde, el galápago, el ratón blanco, el girasol acromegálico... Esta casa no es la que era. Ha empezado a andar, paso a paso. Va abandonándonos sin prisa. Si hubiera ardido en pompa, todos, correríamos a salvarnos. Pero así, nos da tiempo a todo: a recoger cosas que ahora advertimos que no existían; a decirnos adiós, corteses; a recorrer, indiferentes, las paredes que tosen, donde proyectó su sombra la adelfa, sombra y ceniza de los días. Esta casa estuvo primero varada en una playa. Luego, puso proa a azules más hondos. Cantaba la tripulación. Nada podían contra ella las horas y los vendavales. Pero ahora se disuelve, como un terrón de azúcar en agua. Qué pensará el gato feudal al saber que no tiene alma; y los ajos, qué pensarán el domingo los ajos, qué pensarán el barril de orujo, el tomillo, el cantueso, cuando se miren al espejo y vean su cara cubierta de arrugas. Qué pensarán cuando se sepan olvidados de quienes fueron la prueba de su juventud, el signo de su eternidad, el pararrayos de la muerte. Esta casa no es la que era. Compasivamente, en la noche, sigue acunándonos.
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He visto ayer sonidos generales,                   mortuoriamente,                   puntualmente alejarse, cuando oí desprenderse del ocaso                   tristemente, exactamente un arco, un arcoíris. Vi el tiempo generoso del minuto,                   infinitamente atado locamente al tiempo grande, pues que estaba la hora                   suavemente, premiosamente henchida de dos horas. Dejóse comprender, llamar, la tierra                   terrenalmente; negóse brutalmente, así a mi historia, y si vi, que me escuchen, pues, en bloque, si toqué esta mecánica, que vean                   lentamente, despacio, vorazmente, mis tinieblas. Y si vi en la lesión de la respuesta,                   claramente, la lesión mentalmente de la incógnita, si escuché, si pensé en mis ventanillas nasales, funerales, temporales,                   fraternalmente, piadosamente echadme a los filósofos. Mas no más inflexión precipitada en canto llano, y no más el hueso colorado, el son del alma                   tristemente erguida ecuestremente en mi espinazo, ya que, en suma, la vida es                   implacablemente, imparcialmente horrible, estoy seguro.
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Panteon
La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público. ¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de "apache", que fuman un cigarrillo en las esquinas! ¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar!;Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido! ¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la de un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared? Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.
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Otro nocturno
¡En esta vida no la supe amar! Dame otra vida para reparar, ¡oh Dios!, mis omisiones, para amarla con tantos corazones como tuve en mis cuerpos anteriores; para colmar de flores, de risas y de gloria sus instantes; para cuajar su pecho de diamantes y en la red de sus labios dejar presos los enjambres de besos que no le di en las horas ya perdidas... Si es cierto que vivimos muchas vidas (conforme a la creencia teosófica), Señor, otra existencia de limosna te pido para quererla más que la he querido, para que en ella nuestras almas sean tan una, que las gentes que nos vean en éxtasis perenne ir hacia Dios digan: "¡Como se quieren esos dos!" A la vez que nosotros murmuramos con un instinto lúcido y profundo (mientras que nos besamos como locos): "¡Quizá ya nos amamos con este mismo amor en otro mundo!"
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Iii. reparación
Al sentir los ramales de su fusta ferrada, Relincha el belicoso caballo y se encabrita, Y hace sonar el sable, que el movimiento agita, La coraza de bronce, de adornos recamada. Entre lacas y acero reluce su mirada Cuando del limpio rostro la máscara se quita, Y el volcán, en la bóveda de cinabrio infinita, Levanta al cielo nieve, do ríe la alborada. Pero el astro contempla que hacia el Este distante, Alumbrando esa infausta mañana, tras un cerro, Sobre el mar, va surgiendo como un orbe radiante; Y para que sus ojos nada vean, con franca Actitud, abre al punto su abanico de hierro, Donde un sol se alza rojo, sobre la seda blanca.
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El daímio