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He visto ayer sonidos generales,                   mortuoriamente,                   puntualmente alejarse, cuando oí desprenderse del ocaso                   tristemente, exactamente un arco, un arcoíris. Vi el tiempo generoso del minuto,                   infinitamente atado locamente al tiempo grande, pues que estaba la hora                   suavemente, premiosamente henchida de dos horas. Dejóse comprender, llamar, la tierra                   terrenalmente; negóse brutalmente, así a mi historia, y si vi, que me escuchen, pues, en bloque, si toqué esta mecánica, que vean                   lentamente, despacio, vorazmente, mis tinieblas. Y si vi en la lesión de la respuesta,                   claramente, la lesión mentalmente de la incógnita, si escuché, si pensé en mis ventanillas nasales, funerales, temporales,                   fraternalmente, piadosamente echadme a los filósofos. Mas no más inflexión precipitada en canto llano, y no más el hueso colorado, el son del alma                   tristemente erguida ecuestremente en mi espinazo, ya que, en suma, la vida es                   implacablemente, imparcialmente horrible, estoy seguro.
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Panteon
He visto ayer sonidos generales,                   mortuoriamente,                   puntualmente alejarse, cuando oí desprenderse del ocaso                   tristemente, exactamente un arco, un arcoíris. Vi el tiempo generoso del minuto,                   infinitamente atado locamente al tiempo grande, pues que estaba la hora                   suavemente, premiosamente henchida de dos horas. Dejóse comprender, llamar, la tierra                   terrenalmente; negóse brutalmente, así a mi historia, y si vi, que me escuchen, pues, en bloque, si toqué esta mecánica, que vean                   lentamente, despacio, vorazmente, mis tinieblas. Y si vi en la lesión de la respuesta,                   claramente, la lesión mentalmente de la incógnita, si escuché, si pensé en mis ventanillas nasales, funerales, temporales,                   fraternalmente, piadosamente echadme a los filósofos. Mas no más inflexión precipitada en canto llano, y no más el hueso colorado, el son del alma                   tristemente erguida ecuestremente en mi espinazo, ya que, en suma, la vida es                   implacablemente, imparcialmente horrible, estoy seguro.
César Vallejo
1892 - 1938/Male/Peruvian