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"tocan" poems
Esos besos tocan más que labios Esos besos tocan más que piel Esos besos tocan más que la necesidad.., Ellos emocionan, causan euforia, castigan cuando no son ofrecidos -  pero eternamente apetecidos. Aquellos besos suavizan la piel más erguida. Nuestros besos huelen a manzana en tiempo navideño en Dominicana. Esos, aquellos, nuestros besos.., se van descargando poro a poro, penetrando más allá del logro de poder hurgar en los umbrales físicos y los del alma. Esos, aquellos, nuestros besos, se van diluyendo entre pequeñeces, momentos que a veces parecen estar estampados en cada fibra de nuestros cuerpos. Me besas y te beso, siento tus labios susurrarle a mi razón; que el tiempo es nuestro y no en vano ese beso es sustento, que aboga constantemente por nuestro amor. Te beso y me besas se abren las puertezuelas se zafaron los anzuelos somos la misma carne y hueso yo vivo entre tu sien y labios tu pueblas dentro de mi ser y templo. Esos, aquellos, nuestros besos… A veces corto en nuestro silencio A veces tan inacabable como nuestra pasión A veces tan dulce, arruinando cada discusión Tan llenos de energía, de magia y devoción Tan llenos de vida son esos, aquellos, nuestros besos.., penetrando día a día un poco más nuestro corazón.   LeydisProse 11/30/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Nov 30, 2018
Nov 30, 2018 at 3:56 PM UTC
Esos Besos
Tu y tu solo en este mundo Tu y me conoces tan desnuda y me conoces no tan bien como me gustaría que sabíamos nosotros solos Te veré de nuevo pronto siento esto Sientes esto, lo sabemos esto es saber en la sangre bajo la luna, cerca del rio donde soñé con encontrarte hace tantos años mi amor ¿remarás este bote a través del río? Algún día tendremos que dejar de lado estos sueños. Pero nunca the dejaré ir sin mostrarte todo mi amor todo mi amor hueso profundo a mi palma todo tu amor donde la x marca el lugar Tiempo es un círculo que se come a sí mismo no sabe nada más que hambre y anhelo Los días nos pasan como antes somos mejores que eso ahora quiero coronar mis años con algo que se siente mucho mucho como tú ai ai ai ai ai mucho como tú mis años vienen cayendo sobre mí años tocan y se van tienen mucho que decir tantos sueños que nunca fueron puestos en palabras te quedas te quedas te quedas written by  Medusa
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Oct 20, 2018
Oct 20, 2018 at 4:00 AM UTC
Cerca Del Rio
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
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En ti la tierra
Pulida claridad de piedra diáfana, lisa frente de estatua sin memoria: cielo de invierno, espacio reflejado en otro más profundo y más vacío. El mar respira apenas, brilla apenas. Se ha parado la luz entre los árboles, ejército dormido. Los despierta el viento con banderas de follajes. Nace del mar, asalta la colina, oleaje sin cuerpo que revienta contra los eucaliptos amarillos y se derrama en ecos por el llano. El día abre los ojos y penetra en una primavera anticipada. Todo lo que mis manos tocan, vuela. Está lleno de pájaros el mundo.
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Primavera a la vista
No te enamores de un cabrón Ni de su ***** ni de su boca ni de su barba Ni de sus labios ni de sus palabras Ni de sus escritos ni de sus historias Ni de sus ojos a través de las gafas Ni de sus manos felinas y curiosas que todo lo tocan Ni de sus anomalías ni de sus defectos Ni de su respiración sobre tu cara Ni de su cama al despertar por la mañana ¡Que no te enamores de un cabrón! que es solo mío.
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Nov 25, 2016
Nov 25, 2016 at 3:09 AM UTC
No te enamores de un cabrón
La mujer que tiene los pies hermosos nunca podrá ser fea mansa suele subirle la belleza por totillos pantorrillas y muslos demorarse en el ***** que siempre ha estado más allá de todo canon rodear el ombligo como a uno de esos timbres que si se les presiona tocan para elisa reivindicar los lúbricos pezones a la espera entreabir los labios sin pronunciar saliva y dejarse querer por los ojos espejo la mujer que tiene los pies hermosos sabe vagabundear por la tristeza.
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Pies hermosos
El peñón enarca su espinazo de tigre que espera dar un zarpazo en el canal. Agarradas a la única calle, como a una amarra, las casas hacen equilibrio para no caerse al mar, donde los malecones arrullan entre sus brazos a los buques de guerra, que tienen epidermis y letargos de cocodrilo. Las caras idénticas a esas esculturas que los presidiarios tallan en un carozo de aceituna, los indios venden marfiles de tibias de mamut, sedas auténticas de Munich, juegos de te, que las señoras ocultan bajo sus faldas, con objeto de abanicar su azoramiento al cruzar la frontera. Hartos de tierra firme, las marineros se embarcan en los cafés, hasta que el mareo los zambulle bajo las mesas, o tocan a rebato con las campanas de sus pantalones para que las niñeras acudan a agravar sus nostalgias, de países lejanos, con que las pipas inciensan las veredas de la ciudad.
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Gibraltar
Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse, y hay ganas de morir, combatido por dos aguas encontradas que jamás han de istmarse. Hay ganas: de un gran beso que amortaje a la Vida, que acaba en el áfrica de una agonía ardiente, suicida! Hay ganas de... no tener ganas. Señor; a ti yo te señalo. con el dedo deicida: hay ganas de no haber tenido corazón. La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios, curvado en tiempo, se repite, y pasa:  pasa: a cuestas con la espina dorsal del Universo. Cuando, las sienes tocan su lúgubre tambor... cuando me duele el sueño grabado en un puñal, hay ganas de quedarse plantado en este verso!
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Los anillos fatigados
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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Xiv
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
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Él no es elegante, Él no es amable, Era inculto e inclusive hasta intolerante. Pero tiene un je ne sais quoi, que me tiene excitada. Es feo, pero tiene, un Je ne sais quoi! Sus palabras son como un brebaje que sana. Una mezcla de ternura y picardía, que enternece, que intriga, que me arropan los temores. Es feo, pero tiene, un Je ne sais quoi! La vida no lo bendijo con buena altura, mas tiene estatura de los dioses romanos. Es su caminar toda una obra de arte, es inevitable que a su pasar, se paraliza hasta el aire. Es feo, pero tiene, un Je ne sais quoi! Tiene carácter de esos que destila aroma de hombre macho. Tiene aroma de buen amante, de esos que transforman tu vida en un instante. Sus manos son de seda, cuando tocan; hipnotizan, hechizan, encantan, embelesan, y me atraparon desde el primer día. Es feo, pero tiene, un Je ne sais quoi! tiene una mirada que cautiva, que perdona, que transforma, que emociona, que resplandece toda oscuridad, desde que lo mire por primera vez repudie el opacado brillo del sol antes la radiante luz de sus ojos. Es feo, pero tiene, un Je ne sais quoi! Sus labios son como el día después de la tormenta, un arcoíris de sabores inexplicables, es como si en sus labios, están todas las frutas mescladas. No lo niego, y nunca pensaría en hacerlo..... La realidad es que es feo. Pero tiene, un Je ne sais quoi, y así, lo AMO! Es que no lo cambio, ni por William Levy! LeydisProse 6/5/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 7, 2017
Jun 7, 2017 at 9:48 AM UTC
Es feo (Pero tiene un Je ne sais quoi)
Hoy se casa, hoy se casa en pandemia, estoy a nubes de ella. Hoy se casa hoy se compromete a lo inevitable. Y yo tan lejano tanto la descuide me fui lejos de ella. Hoy se casa hoy se casa en pandemia y yo tan lejano tan distante con ella. Hoy se casa y yo tan lunero, me siento descosido no hay que me aguante. Hoy se casa hoy tocan campanas la quiero tanto que sonrió lejano. Hoy se casa y mi alma quebranta pero luego suspiro mi alma la deja que hoy se casa mi flaca poema.
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Nov 18, 2021
Nov 18, 2021 at 11:43 PM UTC
Hoy se casa y yo tan lunero.
Yo he visto perlas claras de inimitable encanto, de esas que no se tocan por temor a romperlas; pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto las burbujas de nieve de tu collar de perlas. Y más, aquella noche de amor satisfecho, del amor que eterniza lo fugaz de las cosas, cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho y el rubor te cubría como un manto de rosas. Yo acaricié tus perlas sin desprender su broche, y las vi como nadie nunca más podrá verlas, pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche, vestida solamente con tu collar de perlas.
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La dama de las perlas
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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Lánguidamente su licor
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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Su cuerpo es una hostia fina, mínima y leve. Tiene azules los ojos y las manos de nieve. En el parque los árboles parecen congelados, los pájaros en ellos se detienen cansados. Sus trenzas rubias tocan el agua dulcemente como dos brazos de oro brotados de la fuente. Zumba el vuelo perdido de las lechuzas ciegas. Melisanda se pone de rodillas y ruega. Los árboles se inclinan hasta tocar su frente. Los pájaros se alejan en la tarde doliente. Melisanda, la dulce, llora junto a la fuente.
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Melisanda
De besos y abrazos no nacen muchachos, pero tocan a vísperas. Como avispas: picantes y enojosas enaguas blancas entre ***** y ***** (y rosa y rosa muslos hacia el alba casi azul de tus ingles), cuando corres. ¡Aire! ¡Aire! (El viento frío y azul la tarde). Dicen que te dejas besar en los portales y abrazar la cintura. ¡Aire! ¡Aire! Me callaré tu nombre, pero escucha: de besos y abrazos no nacen muchachos, porque no eran los míos.
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Colegiala
Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra. Los tres maderos son de igual altura. Cristo no está en el medio. Es el tercero. La negra barba pende sobre el pecho. El rostro no es el rostro de las láminas. Es áspero y judío. No lo veo y seguiré buscándolo hasta el día último de mis pasos por la tierra. El hombre quebrantado sufre y calla. La corona de espinas lo lastima. No lo alcanza la befa de la plebe que ha visto su agonía tantas veces. La suya o la de otro. Da lo mismo. Cristo en la cruz. Desordenadamente piensa en el reino que tal vez lo espera, piensa en una mujer que no fue suya. No le está dado ver la teología, la indescifrable Trinidad, los gnósticos, las catedrales, la navaja de Occam, la púrpura, la mitra, la liturgia, la conversión de Guthrum por la espada, la Inquisición, la sangre de los mártires, las atroces Cruzadas, Juana de Arco, el Vaticano que bendice ejércitos. Sabe que no es un dios y que es un hombre que muere con el día. No le importa. Le importa el duro hierro de los clavos. No es un romano. No es un griego. Gime. Nos ha dejado espléndidas metáforas y una doctrina del perdón que puede anular el pasado. (Esa sentencia la escribió un irlandés en una cárcel.) El alma busca el fin, apresurada. Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto. Anda una mosca por la carne quieta. ¿De qué puede servirme que aquel hombre haya sufrido, si yo sufro ahora?
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Cristo en la cruz
Toda la noche he dormido contigo junto al mar, en la isla. Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, entre el fuego y el agua. Tal vez muy tarde nuestros sueños se unieron en lo alto o en el fondo, arriba como ramas que un mismo viento mueve, abajo como rojas raíces que se tocan. Tal vez tu sueño se separó del mío y por el mar oscuro me buscaba como antes cuando aún no existías, cuando sin divisarte navegué por tu lado, y tus ojos buscaban lo que ahora -pan, vino, amor y cólera- te doy a manos llenas porque tú eres la copa que esperaba los dones de mi vida. He dormido contigo toda la noche mientras la oscura tierra gira con vivos y con muertos, y al despertar de pronto en medio de la sombra mi brazo rodeaba tu cintura. Ni la noche, ni el sueño pudieron separarnos. He dormido contigo y al despertar tu boca salida de tu sueño me dio el sabor de tierra, de agua marina, de algas, del fondo de tu vida, y recibí tu beso mojado por la aurora como si me llegara del mar que nos rodea.
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La noche en la isla
Coses en dulce paz, y son divinos tus mirares y plácido tu gesto, cuando escuchas la rima que he compuesto para tus dedos ágiles y finos. La candidez sin mancha de los linos nieva y decora tu regazo honesto, y en grato ir y venir tocan el cesto las yemas de tus dedos marfilinos. Mirándote coser, tan envidiosa de tu aguja está el alma, que quisiera tener, en la existencia fastidiosa, la suerte de la aguja afortunada, por quedar un momento prisionera entre los dedos de la bien amada.
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Coses en dulce paz...
Fuensanta, dulce amiga, blanca y leve mujer, dueña ideal de mi primer suspiro y mis copiosas lágrimas de ayer; enlutada que un día de entusiasmo soñé condecorar, prendiendo, en la alborada de las nupcias, en el gro mobiliario de tu pecho una fecunda rama de azahar; dime: ¿es verdad que ha muerto mi quimera, y el idólatra de tu palidez no volverá a soñar con el milagro de la diáfana rosa de tu tez? (Así interrogo en la profunda noche mientras las nubes van cual pesadillas lóbregas, y gimen, a distancia, unos huérfanos sin pan). De las cercanas torres bajo el fúnebre son de un toque de difuntos, y Fuensanta clama en un gesto de desolación: «¿No escuchas las esquilas agoreras? »¡Tocan a muerto por nuestra ilusión! Me duele ser crüel y quitar de tus labios la última gota de la vieja miel. »Mas el cadáver del amor con alas con que en horas de infancia me quisiste, yo lo he de estrechar contra mi pecho fiel, y en una urna presidirá los lutos de mi hogar». (Hemos callado porque nuestras almas están bien enclavadas en su cruz. Me despido... Ella guía, llevando, en un trasunto de Evangelio, en las frágiles manos una luz. Pero apenas llegados al umbral -suspiro de alma en pena o soplo del Espíritu del mal-, un golpe de aire mata la bujía... Aúlla un perro en la calma sepulcral). Fue así como Fuensanta y el idólatra nos dijimos adiós en las tinieblas de la noche fatal...
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El adiós
esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa en el revés de un éxtasis/hace dos o tres besos fue mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo cuando le dan de amar/ y un beso antes todavía/ pisaba el mundo corrigiendo la noche con un pretexto cualquiera/en realidad es una nube a caballo de una mujer/un corazón que avanza cuando tocan el himno nacional y ella rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos por la llovizna nacional/ esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas que lava con furor/con sangre/con olvido/ encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel/ caen calles de fuego de su barrio irrompible y una mujer y un hombre que caminan atados al delantal de penas con que se pone a lavar/ igual que mi madre lavando pisos cada día/ para que el día tenga una perla en los pies/ es una perla de rocío/ mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío/ le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío/ en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas creciendo/ el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza/ siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día/ limpiaba suciedades del mundo/ lavaba el piso del sur/ volviendo a esa mujer/en sus hojas más altas se posan los horizontes que miré mañana/ los pajaritos que volarán ayer/ yo mismo con su nombre en mis labios/
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Cerezas
Toco toco poros amarras calas toco teclas de nervios muelles tejidos que me tocan cicatrices cenizas trópicos vientres toco solos solos resacas estertores toco y mastoco y nada Prefiguras de ausencia inconsistentes tropos qué tú qué qué qué quenas qué hondonadas qué máscaras qué soledades huecas qué sí qué no qué sino que me destempla el toque qué reflejos qué fondos qué materiales brujos qué llaves qué ingredientes nocturnos qué fallebas heladas que no abren qué nada toco en todo
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Tropos