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"sucio" poems
Soy mujer y me gusta el **** ¿Qué tiene eso de malo? ¿Acaso sólo los hombres pueden disfrutar del **** ¿Sólo ellos pueden tener **** con muchas personas sin que rápido le coloquen alguna etiqueta social? Yo disfruto de los orgasmos, de los coqueteos, de los mimos. Disfruto del que se ponga rudo y quiera **** conmigo, que se ponga tierno y quiera **** conmigo. De qué este desnuda en la cama leyendo y me bese hasta tener **** Disfruto que me desnude con la mirada en un lugar público, que me toque cuando hay gente presente, disfruto que me hable sucio. Y cuál es el problema? Estoy en la libertad de disfrutar mi cuerpo y su cuerpo.
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Aug 9, 2014
Aug 9, 2014 at 3:24 PM UTC
Untitled
Usted es como un espejo besado por los rayos del sol, luego se extendió a la luz en el rincón oscuro, sucio y secreto de una pequeña habitación. Soy como la pequeña habitación iluminada por su luz, ciega, preocupada, y se enamoró de la luz, no el espejo frágil.
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Oct 2, 2013
Oct 2, 2013 at 5:19 AM UTC
Parecido
Cuando el agua esperábamos ansiosos, una nube de polvo cubrió el cielo. Fue Inútil cerrar puertas y ventanas: nos invadió los hondos aposentos, cubrió maderas, apagó cristales, cayó sobre mis libros y cuadernos, fue crujido gris entre los dientes y ceniza fugaz en los cabellos. El limpio patio se llenó de tierra, de hojas, de plumas, de papeles viejos, cantaron el vuelo unas palomas y se encrespó ruidoso el gallinero. ¡Qué lástima me dio la madreselva zarandeada, rota, por el viento, y mi sillón de voluptuosos mimbres derribado de bruces en el suelo! Pero brilló un relámpago de pronto, estalló un largo trueno, y veraniegas, numulares gotas se abrieron paso por el sucio velo. Y en seguida la lluvia empezó a resonar sobre los techos. Fue entonces un cerrar y abrir de puertas, un respirar con los pulmones plenos, un poner tinas bajo de los caños que un chorro daban argentino y trémulo, sacar las plantas de los corredores, diosmas, jazmines, tímidos helechos, y un gozo de cepillos y de escobas guiando las aguas hacia el sumidero. Igual cosa que hacían los de al lado, y los de enfrente, y casi todo el pueblo. Ahora todo es frescura y poderío, el mármol brilla, el bronce echa reflejos, los mosaicos parecen de oro puro, el paraíso tiene un verde nuevo, y en el umbral sentado de mi casa miro sencillamente el universo.
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Tormenta
¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra! Una lluvia pulverizada lustra La Plaza de las Verduras, se hincha en globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo. Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su desilusión; mientras, la banda gruñe un tiempo de vals, para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren. La Virgen, sentada en una fuente, como sobre un bidé, derrama un agua enrojecida por las bombitas de luz eléctrica que le han puesto en los pies. ¡Guitarras! ¡Mandolinas! ¡Balcones sin escalas y sin Julietas! Paraguas que sudan y son como la supervivencia de una flora ya fósil. Capiteles donde unos monos se entretienen desde hace nueve siglos en hacer el amor. El cielo simple, verdoso, un poco sucio, es del mismo color que el uniforme de los soldados.
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Verona
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Memorias del circo
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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¿Por qué ese orgullo, Elvira? Que se domen en ti loca ambición, ruines enojos, y quítate esa venda de los ojos, y que esos ojos a lo real se asomen. Mira, cuando tus ansias vuelo tomen y te finjan grandezas tus antojos, bellas, rostro divino, labios rojos, que unas comen pan duro, otras no comen. Bajan a los abismos nieves puras cuando rueda el alud; y se hace fango después de estar en cumbres altaneras. ¡Ay, yo he visto llorar sus desventuras a encopetadas hembras de alto rango sobre el sucio jergón de las rameras!
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Abrojos - xxxiii
Hermano: hay cuatro o cinco nombres obscuros que sangran la poesía. El exterminio asiste a los amantes. Hay quien sin darse cuenta camina en el suicidio como si visitara la muerte de un extraño. El hombre dice polvo y soledad y angustia. La esperanza, asustada, se refugia en los niños y en los tontos y en nosotros, los que todavía, por la gracia del verbo, somos desgraciados. La tierra ignora, el hombre trata de conocer, levanta la cabeza en que los ojos brillan. Hermano: estoy enfermo, estamos bebiendo diariamente vida y muerte mezcladas, en nuestro pan hay piedras, tenemos sucio el llanto, acudimos a nuestro corazón como a una casa limpia, pero tenemos que dormir sobre montones de basura y cuando llega el día no podemos tomar leche al pie de la vaca sino brebajes de perdición en manos de brujas. Amanecer no es hoy darse cuenta del día. La sangre a veces se congela en los ojos que quieren ver el mundo. Tu mano de amor se hará de piedra si tratas de secar el llanto a tu vecino. No hables, no escuches nada, no socorras, no llames en tu auxilio, que cada quien se ahogue bajo sus propios gritos, en sus gestos de espanto para la mímica universal. Hermano: tu desaliento no tiene sentido, óyeme hablar de la primavera. Yo siento a veces que los pulmones se me quiebran, que la carne toda se me quiebra igual que un vidrio golpeado por un martillo; siento que alguien les aprieta el pescuezo a los pájaros dentro de las jaulas, que alguien mete un perro y un gato en un costal, que les dan con un mazo en la nuca a los corderos, que degüellan niñas, juntándoles la cabeza a la espalda, pero óyeme hablar de la primavera. La miel se cosecha todavía en las bodegas y en los libros. La ternura existe. Vamos a morirnos cada quien en su sitio calladamente. No hay que darle importancia.
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Carta a jorge
Hermano: hay cuatro o cinco nombres obscuros que sangran la poesía. El exterminio asiste a los amantes. Hay quien sin darse cuenta camina en el suicidio como si visitara la muerte de un extraño. El hombre dice polvo y soledad y angustia. La esperanza, asustada, se refugia en los niños y en los tontos y en nosotros, los que todavía, por la gracia del verbo, somos desgraciados. La tierra ignora, el hombre trata de conocer, levanta la cabeza en que los ojos brillan. Hermano: estoy enfermo, estamos bebiendo diariamente vida y muerte mezcladas, en nuestro pan hay piedras, tenemos sucio el llanto, acudimos a nuestro corazón como a una casa limpia, pero tenemos que dormir sobre montones de basura y cuando llega el día no podemos tomar leche al pie de la vaca sino brebajes de perdición en manos de brujas. Amanecer no es hoy darse cuenta del día. La sangre a veces se congela en los ojos que quieren ver el mundo. Tu mano de amor se hará de piedra si tratas de secar el llanto a tu vecino. No hables, no escuches nada, no socorras, no llames en tu auxilio, que cada quien se ahogue bajo sus propios gritos, en sus gestos de espanto para la mímica universal. Hermano: tu desaliento no tiene sentido, óyeme hablar de la primavera. Yo siento a veces que los pulmones se me quiebran, que la carne toda se me quiebra igual que un vidrio golpeado por un martillo; siento que alguien les aprieta el pescuezo a los pájaros dentro de las jaulas, que alguien mete un perro y un gato en un costal, que les dan con un mazo en la nuca a los corderos, que degüellan niñas, juntándoles la cabeza a la espalda, pero óyeme hablar de la primavera. La miel se cosecha todavía en las bodegas y en los libros. La ternura existe. Vamos a morirnos cada quien en su sitio calladamente. No hay que darle importancia.
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Estuve en Chiloé junto a la primavera. (Sería otoño en España.) Humedad olorosa, praderas solitarias. Recuperé de pronto tiempo y tierra. (Tiempo perdido, tierra derrotada.) El mar mordía los acantilados con sus dientes de espuma verde y blanca. Veía el Norte en el Sur. ¡Espejismo de rostros y de muros iluminados con palabras puras: libertad, compañeros! (Y en el fondo, con nieve, las montañas.) ¿De dónde regresaba todo aquello? Surgidos de la bruma -¿era ayer o mañana?- albatros quietos, levitando arriba, serenaban el aire con sus extensas alas. Todo encalló en un tiempo amargo y sucio. Ahora, asomando sobre las aguas, la arboladura rota de esos días tan sólo exhibe buitres en sus jarcias
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Chiloé, setiembre, 1972
Estoy triste no sé se destruye los rascacielos se derrumban las nubes se disipan como el humo tan fácil tan sucio no sé
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Aug 25, 2014
Aug 25, 2014 at 11:24 PM UTC
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soy veneno tú sabes tomaste el vaso llenó soy malvada viviendo en tus pesadillas muy mal soy lo que no quieres no tengo nada adentró y mis ojos se miran muy negros mi papá me mando un demonio me tomo el veneno como un pedazo de hielo ahora tengo un corazón de vidrio de cristales un espejo sucio muy malo mi papá es el diablo somos diabólicos me tomó el veneno somos reyes del cielo arriba vemos como se queman todos como sea estamos muy fríos lo que yo quiero todo negativo comiendo todos tu sueños igual todo se va para abajo
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Aug 15, 2019
Aug 15, 2019 at 1:01 AM UTC
Fruta Prohibida
Como llevaba trenza la llamábamos trencita en la tarde del jueves. Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba a una extraña región de la que nunca volveríamos. Porque es casi imposible abandonar aquel olor a tierra de su cabello sucio, sus ásperas rodillas todavía con polvo y con sangre de la última caída y, sobre todo, la nacarada nuca donde se demoraban unas gotas de luz cuando ya luz no había. Allí me dejó un día de verano y jamás regresó a recoger mi insomne pensamiento que desde entonces vaga por sus brazos corrigiendo su ruta, terco y contradictorio, lo mismo que una hormiga que no sabe salir de la rama de un árbol en el que se ha perdido.
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Así nunca volvió a ser
Enganchada en tu encanto Encantada de estar enganchada, a esa elegante manera en cual me lavas el hastió. Enganchada a cada intento. Yo que en la vida no he pretendido nada, ahora vivo para encolarme en tu verso. Yo que me he convertido en tu mefítico verso, que delinea toda la pureza de una entrega imperecedera, llena de puro deseo, deseando ser poseída por tu magia, que me pintes con tu lienzo, que me linces el pensamiento, de volver a la limpia tizne en el cual antes de ti vivía. Yo que me cuelgo como sábana a tu cuerpo, ahí, cubriéndote en pasión, protegiéndote del frio de una noche sin amor, resistiendo el cuerpo, el aire, y el mismo infierno, para encubrirte, para calentarte en mi fogón. Si, lávame como sucio lienzo. Estrújame mis tendidas ganas, engánchalas al aire fresco, que las seque el picaresco sol de tus labios. Si, lávame toda la inmundicia que dejaron amores ingratos. Lávame la mugre de la soledad. Que tu prosa sea el desinfectante para desmanchar el lodo del silencio. Que tu aliento se convierta en suavizante, para mi piel reseca y escamosa. Que tus labios sean los ganchos, que sujeten el caño de agua cuando vayas a exprimirme, después de tenderme exánime en tu pasión desbordada.. ¡Si! Lávame, Tiéndeme, Tiéntame, Engánchame, Estrújame, Detenme, Atájame, Paralízame…., ¡Es que a tu amor…..quiero vivir enganchada! ¡Es que siempre serás, mi mejor gancho! LeydisProse 7/18/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 18, 2017
Jul 18, 2017 at 4:51 PM UTC
LÁVAME LA PASIÓN
Enganchada en tu encanto Encantada de estar enganchada, a esa elegante manera en cual me lavas el hastió. Enganchada a cada intento. Yo que en la vida no he pretendido nada, ahora vivo para encolarme en tu verso. Yo que me he convertido en tu mefítico verso, que delinea toda la pureza de una entrega imperecedera, llena de puro deseo, deseando ser poseída por tu magia, que me pintes con tu lienzo, que me linces el pensamiento, de volver a la limpia tizne en el cual antes de ti vivía. Yo que me cuelgo como sábana a tu cuerpo, ahí, cubriéndote en pasión, protegiéndote del frio de una noche sin amor, resistiendo el cuerpo, el aire, y el mismo infierno, para encubrirte, para calentarte en mi fogón. Si, lávame como sucio lienzo. Estrújame mis tendidas ganas, engánchalas al aire fresco, que las seque el picaresco sol de tus labios. Si, lávame toda la inmundicia que dejaron amores ingratos. Lávame la mugre de la soledad. Que tu prosa sea el desinfectante para desmanchar el lodo del silencio. Que tu aliento se convierta en suavizante, para mi piel reseca y escamosa. Que tus labios sean los ganchos, que sujeten el caño de agua cuando vayas a exprimirme, después de tenderme exánime en tu pasión desbordada.. ¡Si! Lávame, Tiéndeme, Tiéntame, Engánchame, Estrújame, Detenme, Atájame, Paralízame…., ¡Es que a tu amor…..quiero vivir enganchada! ¡Es que siempre serás, mi mejor gancho! LeydisProse 7/18/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas. Mar de invierno. El agua gris mancha de frío las rocas. Tus piernas, tus dulces piernas, enternecen a las olas. Un cielo sucio se vuelca sobre el mar. El viento borra el perfil de las colinas de arena. Las tediosas charcas de sal y de frío copian tu luz y tu sombra. Algo gritan, en lo alto, que tú no escuchas, absorta. Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas.
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[son las gaviotas, amor]
Es una tarde mustia y desabrida de un otoño sin frutos, en la tierra estéril y raída donde la sombra de un centauro yerra.       Por un camino en la árida llanura, entre álamos marchitos, a solas con su sombra y su locura va el loco, hablando a gritos.       Lejos se ven sombríos estepares, colinas con malezas y cambrones, y ruinas de viejos encinares, coronando los agrios serrijones.       El loco vocifera a solas con su sombra y su quimera. Es horrible y grotesta su figura; flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, ojos de calentura iluminan su rostro demacrado.       Huye de la ciudad... Pobres maldades, misérrimas virtudes y quehaceres de chulos aburridos, y ruindades de ociosos mercaderes.       Por los campos de Dios el loco avanza. Tras la tierra esquelética y sequiza -rojo de herrumbre y pardo de ceniza- hay un sueño de lirio en lontananza.       Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! -¡carne triste y espíritu villano!-.  No fue por una trágica amargura esta alma errante desgajada y rota; purga un pecado ajeno: la cordura, la terrible cordura del idiota.
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Un loco
Por el amor de Dios Debido al resultado No me sentí particularmente orgulloso Durante más de dos siglos, los días de elecciones van y vienen En una temporada similar, cada cuatro años Esta vez, hubo muchas sorpresas y lágrimas De decepción, desamor, ira, ansiedad y tristeza Y la otra mitad estaba llena de alegría o felicidad Así es la vida. La política es un animal sucio e impredecible No, América no murió. Todo es normal Seguimos hablando de inmigración, libertad Habilitad de expresión y, por supuesto, economía Esperamos que todo mejore América ha sido grande durante mucho tiempo, desde siempre Es redundante añadir "otra vez" a la propaganda Sí, América no se ahogó ni murió en medio de la saga política En la furia de los huracanes o en el desbordamiento mortal de los ríos Donde los dos partidos lucharon ferozmente como dos tigres salvajes América es un país inmensamente próspero Ignoren el falso eslogan promocional y publicitario América es un mercado enorme con una economía muy rica Ignoren a los políticos locos y delirantes y a Elon Tigres, leones, jaguares y hienas luchan y compiten Por su porción o estómago. Es una nueva primavera política En noviembre. América no morirá, al contrario Rezamos, esperamos y soñamos con ver un país mejor. Copyright © Noviembre 2024, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados. Hébert Logerie es autor de numerosos libros de poesía.
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Nov 9, 2024
Nov 9, 2024 at 10:31 PM UTC
América, Los Estados Unidos, No Murió
Ah, sí, ya abrí mi casa para todo el que llega, para todo el que pasa. Sobran salud y pan, y, sin embargo, hay algo en esta miel con sabor amargo. Y desdeño mis bienes, estos bienes ganados con sangre y con lamentos, y envidio el hombre sucio que despide los trenes viendo crecer sus hijos alegremente hambrientos.
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Untitled
La noche en que estaba tendida -hoy hace diez meses- era la noche última que iba a pasar en su casa, bajo nuestro techo acogedor. ¡En su casa, donde siempre había sido el alma, y la luz, y todo! ¡En su casa, donde la adorábamos con la más vieja, noble y merecida ternura; donde cuanto la rodeaba era suyo, afectuosamente suyo! ¡Y habría que echarla fuera al día siguiente! Fuera, como a una intrusa... Fuera el pleno invierno, entre el trágico sollozar de los cierzos. Y habría que alejarla de nosotros como a una cosa impura, nefanda; ¡que esconderla en un cajón enlutado y hermético!, y llevarla lejos, por el campo llovido, por los barrizales infectos, para meterla en un agujero sucio y glacial. ¡A ella, que había disfrutado por más de diez años la blancura tibia de la mitad de mi lecho! ¡A ella, que había tenido mi hombro viril y seguro como almohada de su cabecita luminosa! ¡A ella, que vio mi solicitud tutelar encendida siempre como una lámpara sobre su existencia! ¡Oh, Dios , dime si sabes de una más despiadada angustia, y si no merezco ya que brille para mí tu misericordia!...
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Vii. 7 de noviembre (1912)
esta madera / obrera del fuego que me arde para llama con que me herís / llagás / volás o tocamiento tierno que toca el revés del alma o como un amor trabajador que sube al aire con tus rostros / tu claridad / tu acto de fuego para la llama que me ardés en la madera ya embestida de luz / tu luz / campo de luz donde encendido como llaga mi corazón pasara en brazos de vos / amor / quemando la furia de ser fuera de vos como animal sucio de noche
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Comentario xxv
Gira la flor -¡Tenue, exquisita flor!- al son del pasar, de lo próximo y lo incierto, al tacto del rincón eterno del ojo de Cronos tu vestido nochebuena; sus sangrientos espirales, bombeando la vaporosa y gris arquitectura de tu **** marcando el límite -territorio- señalando y ordenándome sentir sino punzante y pedregosa impotencia; ahogados en fuego llanto gritamos yo y mi alma en silencio: -Detente tu girar y date vuelta; haz dos de tus girares, corazón; dime, dime una vez más, con tu danzar; recuérdame cual viejo frío y senil el cómo te empecé yo a amar. Y, delimitada mi clemencia, mi suspirar y mi poder repetiste, con ignorancia, mi razón de lujo amar; diste el bucle enamorado recordando el ser de tus frías venas recostándose en su verde esplendor; tus contemplaciones, líneas de leer del parentesco tuyo al griego guerrero cuya espada y formidable escudo dorado respondían con insolente vehemencia a las plegarias del desdichado Héctor; es tu intrigante idioglosia tu secreto idioma tambaleante y curvilíneo; la respuesta onírica, anhelada bajo tu impetuoso y salvaje vestir nochebuena. Códigos causantes bañando el camisón de barroco secreto de tu sucio y ominoso deseo; poderíos inexistentes redactados con iris en el más humano idioma; la táctil y clara erección de tu registro lubricado en el sadista idioma tuyo; el tortuoso y cíclico tremor de tu vestido nochebuena.
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Dec 26, 2019
Dec 26, 2019 at 5:13 AM UTC
sin título 6