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"soledades" poems
Esta sal del salero yo la vi en los salares. Sé que no van a creerme, pero canta, canta la sal, la piel de los salares, canta con una boca ahogada por la tierra. Me estremecí en aquellas soledades cuando escuché la voz de la sal en el desierto. Cerca de Antofagasta toda la pampa salitrosa suena: es una voz quebrada, un lastimero canto. Luego en sus cavidades la sal gema, montaña de una luz enterrada, catedral transparente, cristal del mar, olvido de las olas. Y luego en cada mesa de ese mundo, sal, tu substancia ágil espolvoreando la luz vital sobre los alimentos. Preservadora de las antiguas bodegas del navío, descubridora fuiste en el océano, materia adelantada en los desconocidos, entreabiertos senderos de la espuma. Polvo del mar, la lengua de ti recibe un beso de la noche marina: el gusto funde en cada sazonado manjar tu oceanía y así la mínima, la minúscula ola del salero nos enseña no sólo su doméstica blancura, sino el sabor central del infinito.
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Oda a la sal
Ellos tienen razón esa felicidad al menos con mayúscula                                     no existe ah pero si existiera con minúscula sería semejante a nuestra breve                                                         presoledad después de la alegría viene la soledad después de la plenitud viene la soledad después del amor viene la soledad ya sé que es una pobre deformación pero cierto es que en ese durable minuto uno se siente                       solo en el mundo sin asideros sin pretextos sin abrazos sin rencores sin las cosas que unen o separan y en esa sola manera de estar solo ni siquiera uno se apiada de uno mismo los datos objetivos son como sigue Hay diez centímetros de silencio                 entre sus manos y mis manos una frontera de palabras no dichas                 entre tus labios y mis labios y algo que brilla así de triste                 entre tus ojos y mis ojos claro que la soledad no viene sola Si se mira por sobre el hombro mustio de nuestras soledades se verá un largo y compacto imposible un sencillo respeto por terceros o cuartos ese percance de ser buenagente Después de la alegría después de la plenitud después del amor                               viene la soledad conforme                 pero qué vendrá después de la soledad a veces no me siento                                     tan solo si imagino mejor dicho si sé que más allá de mi soledad                                               y de la tuya otra vez estás vos aunque sea preguntándote a solas qué vendrá después                                   de la soledad.
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Soledades
Ellos tienen razón esa felicidad al menos con mayúscula                                     no existe ah pero si existiera con minúscula sería semejante a nuestra breve                                                         presoledad después de la alegría viene la soledad después de la plenitud viene la soledad después del amor viene la soledad ya sé que es una pobre deformación pero cierto es que en ese durable minuto uno se siente                       solo en el mundo sin asideros sin pretextos sin abrazos sin rencores sin las cosas que unen o separan y en esa sola manera de estar solo ni siquiera uno se apiada de uno mismo los datos objetivos son como sigue Hay diez centímetros de silencio                 entre sus manos y mis manos una frontera de palabras no dichas                 entre tus labios y mis labios y algo que brilla así de triste                 entre tus ojos y mis ojos claro que la soledad no viene sola Si se mira por sobre el hombro mustio de nuestras soledades se verá un largo y compacto imposible un sencillo respeto por terceros o cuartos ese percance de ser buenagente Después de la alegría después de la plenitud después del amor                               viene la soledad conforme                 pero qué vendrá después de la soledad a veces no me siento                                     tan solo si imagino mejor dicho si sé que más allá de mi soledad                                               y de la tuya otra vez estás vos aunque sea preguntándote a solas qué vendrá después                                   de la soledad.
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Volver y volver a perder mis dedos en tu cabellera, volver a contraer y volver a perder la calma cuando la calma es lo que se necesita para volver al momento cero en que te conocí. Volver y volver a los días cuando la respuestas a mis insistencias fueron no, queriendo decir sigue intentándolo que volveré amar, volveré a donde el amor no es utópico. Querer ser lo que no era una opción en su momento, momento en que querer ya no era opción, Querer estar en el punto medio del inicio cuando nos presentaron el uno al otro y se marcó el final de dos soledades. Así como se dice: Quién no espera nada no se decepciona”. Yo digo: Que uno sabe reconocer lo mejor cuando lo peor era lo único que se conocía. Con una mirada, me di un viaje al interior de eso que estaba resguardado, lo nunca visto: la profundidad de lo que estaba a la superficie; La hermosura latente. Y en un atardecer: Tus ojos mirando hacia el mar, los míos a la luna, tú aroma en mi camisa, mi mano en tu pelo, tú pelo sobre mi hombro, mi hombro sosteniendo cabeza y mi corazón como bailando a la par con el tuyo. Todo parece utópico, pero no lo es…
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Oct 10, 2011
Oct 10, 2011 at 3:01 PM UTC
Hermosura latente.
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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Después del amor
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo ***** y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre. Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos la luz del mundo. Ríete tanto que en el alma al oírte, bata el espacio. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo! Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece cielo cernido. ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera! Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes. Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.
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Nanas de la cebolla
La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo ***** y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre. Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna cuando es preciso. Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos la luz del mundo. Ríete tanto que en el alma al oírte, bata el espacio. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo! Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece cielo cernido. ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera! Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes. Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.
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Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas de color inundado, y cae su cabeza de ángel verde, y sus delgados rizos se acongojan, y entran los pies del apio en los mercados de la mañana herida, entre sollozos, y se cierran las puertas a su paso. y los dulces caballos se arrodillan. Sus pies cortados van, sus ojos verdes van derramados, para siempre hundidos en ellos los secretos y las gotas: los túneles del mar de donde emergen, las escaleras que el apio aconseja, las desdichadas sombras sumergidas, las determinaciones en el centro del aire, los besos en el fondo de las piedras. A medianoche, con manos mojadas, alguien golpea mi puerta en la niebla, y oigo la voz del apio, voz profunda, áspera voz de viento encarcelado, se queja herido de aguas y raíces, hunde en mi cama sus amargos rayos, y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho buscándome la boca del corazón ahogado. Qué quieres, huésped de corsé quebradizo, en mis habitaciones funerales? Qué ámbito destrozado te rodea? Fibras de oscuridad y luz llorando, ribetes ciegos, energías crespas, río de vida y hebras esenciales, verdes ramas de sol acariciado, aquí estoy, en la noche, escuchando secretos, desvelos, soledades, y entráis, en medio de la niebla hundida, hasta crecer en mí, hasta comunicarme la luz oscura y la rosa de la tierra.
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Apogeo del apio
Del centro puro que los ruidos nunca atravesaron, de la intacta cera, salen claros relámpagos lineales, palomas con destino de volutas, hacia tardías calles con olor a sombra y a pescado. Son las venas del apio! Son la espuma, la risa, los sombreros del apio! Son los signos del apio, su sabor de luciérnaga, sus mapas de color inundado, y cae su cabeza de ángel verde, y sus delgados rizos se acongojan, y entran los pies del apio en los mercados de la mañana herida, entre sollozos, y se cierran las puertas a su paso. y los dulces caballos se arrodillan. Sus pies cortados van, sus ojos verdes van derramados, para siempre hundidos en ellos los secretos y las gotas: los túneles del mar de donde emergen, las escaleras que el apio aconseja, las desdichadas sombras sumergidas, las determinaciones en el centro del aire, los besos en el fondo de las piedras. A medianoche, con manos mojadas, alguien golpea mi puerta en la niebla, y oigo la voz del apio, voz profunda, áspera voz de viento encarcelado, se queja herido de aguas y raíces, hunde en mi cama sus amargos rayos, y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho buscándome la boca del corazón ahogado. Qué quieres, huésped de corsé quebradizo, en mis habitaciones funerales? Qué ámbito destrozado te rodea? Fibras de oscuridad y luz llorando, ribetes ciegos, energías crespas, río de vida y hebras esenciales, verdes ramas de sol acariciado, aquí estoy, en la noche, escuchando secretos, desvelos, soledades, y entráis, en medio de la niebla hundida, hasta crecer en mí, hasta comunicarme la luz oscura y la rosa de la tierra.
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Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey Arrastrándose a los pies de la tierra Para conseguir un trozo de vida. No sabía los límites impuestos, Límites de metal o papel, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, Adonde no llegan realidades vacías, Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos. Extender entonces una mano Es hallar una montaña que prohíbe, Un bosque impenetrable que niega, Un mar que traga adolescentes rebeldes. Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, Ávidos dientes sin carne todavía, Amenazan abriendo sus torrentes, De otro lado vosotros, placeres prohibidos, Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, Tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan. Abajo, estatuas anónimas, Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; Una chispa de aquellos placeres Brilla en la hora vengativa. Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
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Diré cómo nacisteis
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey Arrastrándose a los pies de la tierra Para conseguir un trozo de vida. No sabía los límites impuestos, Límites de metal o papel, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, Adonde no llegan realidades vacías, Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos. Extender entonces una mano Es hallar una montaña que prohíbe, Un bosque impenetrable que niega, Un mar que traga adolescentes rebeldes. Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, Ávidos dientes sin carne todavía, Amenazan abriendo sus torrentes, De otro lado vosotros, placeres prohibidos, Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, Tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan. Abajo, estatuas anónimas, Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; Una chispa de aquellos placeres Brilla en la hora vengativa. Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
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En mi rincón le insuflo a mi fagote vientos de libre poesía. Vale, vale la pena: (como no brinquen multitudes en algarabía -bárbara tribu diapreada de achiote- y aunque no salten soledades de Góngora y Argote...): ¡surta clara, serena, sincronizada, esbelta Arquitectura, Música pura, libre Poesía! En mi rincón le insuflo a mi fagote vientos de libre poesía! Vale la pena, vale: y así chillen don Pánfilo, don Zote, doña Carraca, doña Chirimía: ¡toda la trinca! todo el cotarro! El zafio lote! ¡como apruebe la Onfale cuya rueca devano, Esfinge Obscura, sóla Aventura, mía Fantasía! En mi rincón le insuflo a mi fagote vientos de libre poesía. Vale, vale la brega: ¿muy ronco el timbre para el flébil estrambote de mi Balada? ¿muy áspera la voz? ¿la melodía muy tosca? ¿a los oídos es azote mi troya nocharniega? ¡no me importe!: si ríspida y si dura, de ésa sólo se cura la Musa mía! En mi rincón le insuflo a mi fagote -don Pánfilo, don Péndolo, don Zote, doña Carraca, doña Chirimía- vientos de libre y pura y de díscola y recia poesía.
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Aire para fagote
Es preciso ponernos brevemente de acuerdo aquí el buitre es un aura tiñosa y circulante las olas humedecen los pies de las estatuas y hay mulatas en todos los puntos cardinales los autos van dejando tuercas en el camino, los jóvenes son jóvenes de un modo irrefutable aquí el amor transita sabroso y subversivo y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Nada de eso es exceso de ron o de delirio quizá una borrachera de cielo y flamboyanes lo cierto es que esta noche el carnaval arrolla y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Es preciso ponernos brevemente de acuerdo esta ciudad ignora y sabe lo que hace. Cultiva el imposible y exporta los veranos y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Aquí flota el orgullo como una garza invicta, nadie se queda fuera y todo el mundo es alguien. El sol identifica relajos y candores y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Como si Marx quisiera bailar el mozambique o fueran abolidas todas las soledades. La noche es un sencillo complot contra la muerte y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
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Habanera
Mas tú, varona fuerte, madre santa, sientes tuya la tierra en que se muere, en ella afincas la desnuda planta, y a tu Señor suplicas: ¡Miserere! ¿Adónde irá el felón con su falsía? ¿En qué rincón se esconderá sombrío? Ten piedad del traidor. Paríle un día, se engendró en el amor, es hijo mío. Hijo tuyo es también, Dios de bondades. Cúrale con amargas soledades. Haz que su infamia su castigo sea. Que trepe a un alto pino en la alta cima, y en él ahorcado, que su crimen vea, y el horror de su crimen le redima.
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A otro conde don julián
Sal tú, bebiendo campos y ciudades, en largo ciervo de agua convertido, hacia el mar de las albas claridades, del martín-pescador mecido nido; que yo saldré a esperarte, amortecido, hecho junco, a las altas soledades, herido por el aire y requerido por tu voz, sola entre las tempestades. Deja que escriba, débil junco frío, mi nombre en esas aguas corredoras, que el viento llama, solitario, río. Disuelto ya en tu nieve el nombre mío, vuélvete a tus montañas trepadoras, ciervo de espuma, rey del monterío.
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A federico garcía lorca
Las palabras quisieran expresar los guerreros, Bellos guerreros impasibles, Con el mañana gris abrazado, como un amante, Sin dejarles partir hacia las olas. Por la ventana abierta Muestra el destino su silencio; Sólo nubes con nubes, siempre nubes Más allá de otras nubes semejantes, Sin palabras, sin voces, Sin decir, sin saber; Últimas soledades que no aguardan mañana. Durango está vacío Al pie de tanto miedo infranqueable; Llora consigo a solas la juventud sangrienta De los guerreros bellos como luz, como espuma. Por sorpresa los muros Alguna mano dejan revolando a veces; Sus dedos entreabiertos Dicen adiós a nadie, Saben algo quizá ignorado en Durango. En Durango postrado, Con hambre, miedo, frío, Pues sus bellos guerreros sólo dieron, Raza estéril en flor, tristeza, lágrimas.
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Durango
Tierra mojada de las tardes líquidas en que la lluvia cuchichea y en que se reblandecen las señoritas, bajo el redoble del agua en la azotea... Tierra mojada de las tardes olfativas en que un afán misántropo remonta las lascivas soledades del éter, y en ellas se desposa con la ulterior paloma de Noé; mientras se obstina el tableteo del rayo, por la nube cenagosa... Tarde mojada, de hálitos labriegos, en la cual reconozco estar hecho de barro, porque en sus llantos veraniegos, bajo el auspicio de la media luz, el alma se licúa sobre los clavos de su cruz... Tardes en que el teléfono pregunta por consabidas náyades arteras, que salen del baño al amor a volcar en el lecho las fatuas cabelleras y a balbucir, con alevosía y con ventaja, húmedos y anhelantes monosílabos, según que la llovizna acosa las vidrieras... Tardes como una alcoba submarina con su lecho y su tina; tardes en que envejece una doncella ante el brasero exhausto de su casa, esperando a un galán que le lleve una brasa; tardes en que descienden los ángeles, a arar surcos derechos en edificantes barbechos; tardes de rogativa y de cirio pascual; tardes en que el chubasco me induce a enardecer a cada una de las doncellas frígidas con la brasa oportuna; tardes en que , oxidada la voluntad, me siento acólito del alcanfor, un poco pez espada y un poco San Isidro Labrador....
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Tierra mojada
La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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El desconocido
La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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El tiempo nos ha cambiado, ha dejado un zanja de grietas. Las penas, tristezas, las traiciones han embadurnado nuestras almas, dejándolas secas y forradas en piedras. Nuestra vestidura ha cambiado. El algodón y las sedas no arrullan nuestra piel, El cemento del engaño a sellado nuestros sueños de algún día gozar de una relación sana y plena. No somos plomo, No somos piedra No somos hierro Somos almas buscando su mejor melodía. Su mejor madrigal. La esperanza vestida en poesía. Te propongo amartillarnos los pedazos tiesos con tibios besos, que vayan humedeciendo las partes más impasibles de nuestras almas. Con tórridos abrazos que demuelan las inseguridades de nuestro turbulento pasado. No estamos hechos de piedra amor, es una cubierta que ha fraguado el tiempo. Es un escape a una errante realidad de soledades impuestas. Es vivir encarcelado a silencios sempiternos, Poseyendo copiosa libertad . te aseguro cielo, es la manera más cobarde de vivir en esta tierra. No estamos hechos de piedra amor, tenemos miedo a la entrega, a las heridas, a más huellas. Somos los ecos de una prosa que leímos algún día. Somos luz en la tenebrosidad,………………. solo tenemos que buscar nuestro almacén de lámparas. Solo tenemos que llevar nuestras cálidas manos a ese espacio que quiere latir mas nuestra cobija está obstruyendo el paso. LeydisProse 5/31/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:41 AM UTC
NO SOMOS PIEDRA AMOR!
Acompáñenme a entrar en el paréntesis que alguien abrió cuando parió mi madre y permanece aún en los otroras y en los ahoras y en los puede ser lo llaman vida si no tiene herrumbre yo manejo el deseo con mis riendas mientras trato de construir un cielo en sus nubes los pájaros se esconden no es posible viajar bajo sus alas lo mejor es abrir el corazón y llenar el paréntesis con sueños los pájaros escapan como amores y como amores vuelven a encontrarnos son sencillos como las soledades y repetidos como los insomnios busco mis cómplices en la frontera que media entre tu piel y mi pellejo me oriento hacia el amor sin heroísmo sin esperanzas pero con memoria por ahora el paréntesis prosigue abierto y taciturno como un túnel
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Paréntesis
Yo no te imputo toda culpa. Yo sé que también falle. Yo sé que también claudique. Yo sé que también me bañe en un mar de Ego. Yo sé que aposte nuestro amor al Señor tiempo. Yo sé que te hice pedazos en un acto de rebeldía. Que te devolví cada rechazo día por día. Que maldecí haberte conocido. Que fabrique una imagen de ti que no existía. Que exigí a veces más de lo que daba. ¿Y tú? ¡Tú también fallaste! Deshonraste mi amor desde principio. Te encargaste de descuartizar mi alma, De pisotear mi dignidad, De tiranizarme en soledades infinitas. Te convertiste en la astilla de vidrio que uno pisa, que duele, pero es tan profundo y pequeño y no se ve. Cuando intentas sacarlo, cada presión a la lesión causa que se incruste más en la piel. Cada intento en un agobiante momento donde se desangra la piel. Uno grita, uno pide auxilio, duele pisar pero nada vale, solo tenerle paciencia, ahogarlo en agua tibia, que se hinche que salga el trozo por sí mismo. Hoy por hoy todavía estoy paralizada todavía duele los trozos de vidrio que se incrustaron en mi alma. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Yo no pretendo inculparte. Yo no pretendo tomar toda la culpa. Me quedo con los trozos que dejaste. Me quedo con pedazos rotos que te deje. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Pero siento una presencia de agua bendita, que está excretando de mi alma, los pedazos rotos que adquirí en la ardua batalla que fue amarte y entregarte mi vida. LeydisProse 6/23/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 9:34 AM UTC
TODAVIA ESTOY EN EL SUELO
Yo no te imputo toda culpa. Yo sé que también falle. Yo sé que también claudique. Yo sé que también me bañe en un mar de Ego. Yo sé que aposte nuestro amor al Señor tiempo. Yo sé que te hice pedazos en un acto de rebeldía. Que te devolví cada rechazo día por día. Que maldecí haberte conocido. Que fabrique una imagen de ti que no existía. Que exigí a veces más de lo que daba. ¿Y tú? ¡Tú también fallaste! Deshonraste mi amor desde principio. Te encargaste de descuartizar mi alma, De pisotear mi dignidad, De tiranizarme en soledades infinitas. Te convertiste en la astilla de vidrio que uno pisa, que duele, pero es tan profundo y pequeño y no se ve. Cuando intentas sacarlo, cada presión a la lesión causa que se incruste más en la piel. Cada intento en un agobiante momento donde se desangra la piel. Uno grita, uno pide auxilio, duele pisar pero nada vale, solo tenerle paciencia, ahogarlo en agua tibia, que se hinche que salga el trozo por sí mismo. Hoy por hoy todavía estoy paralizada todavía duele los trozos de vidrio que se incrustaron en mi alma. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Yo no pretendo inculparte. Yo no pretendo tomar toda la culpa. Me quedo con los trozos que dejaste. Me quedo con pedazos rotos que te deje. Todavía estoy en el suelo. Todavía duele este duelo. Pero siento una presencia de agua bendita, que está excretando de mi alma, los pedazos rotos que adquirí en la ardua batalla que fue amarte y entregarte mi vida. LeydisProse 6/23/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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La linda parejita que transcurre por el viejo teclado de baldosas sabe y no sabe de su amor a término o de las marcas que impondrán los días la linda parejita en su burbuja no quiere saber nada de cenizas ni de cuevas ajenas ni de fobias sólo pide quererse a encontronazos asume su pasión como una ergástula nada de libertad condicionada con sus dos soledades basta y sobra con sus dos cuerpos y sus cuatro manos tiene razón la linda parejita no es fácil instalarse en la excepción el plazo del amor es un instante y hay que hacerlo durar como un milagro
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Como un milagro
Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído. No habré sido un filólogo, no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras, la de que se endurece en te, la equivalencia de la ge y de la ka, pero a lo largo de mis años he profesado la pasión del lenguaje. Mis noches están llenas de Virgilio; haber sabido y haber olvidado el latín es una posesión, porque el olvido es una de las formas de la memoria, su vago sótano, la otra cara secreta de la moneda. Cuando en mis ojos se borraron las vanas apariencias queridas, los rostros y la página, me di al estudio del lenguaje de hierro que usaron mis mayores para cantar espadas y soledades, y ahora, a través de siete siglos, desde la Última Thule, tu voz me llega, Snorri Sturluson. El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa y lo hace en pos de un conocimiento preciso; a mis años, toda empresa es una aventura que linda con la noche. No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte, no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd; la tarea que emprendo es ilimitada y ha de acompañarme hasta el fin, no menos misteriosa que el universo y que yo, el aprendiz.
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Un lector
Maldiciendo su destino como Glauco, el dios marino, mira, turbia la pupila de llanto, el mar, que le debe su blanca virgen Scyla.Él sabe que un Dios más fuerte con la sustancia inmortal está jugando a la muerte, cual niño bárbaro. Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota, antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa.En sueños oyó el acento de una palabra divina; en sueños se le ha mostrado la cruda ley diamantina, sin odio ni amor, y el frío soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío.Bajo las palmeras del oasis el agua buena miró brotar de la arena; y se abrevó entre las dulces gacelas, y entre los fieros animales carniceros...Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor. Y fue compasivo para el ciervo y el cazador, para el ladrón y el robado, para el pájaro azorado, para el sanguinario azor.Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades, todo es negra vanidad; y oyó otra voz que clamaba, alma de sus soledades: sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad.Y viendo cómo lucían miles de blancas estrellas, pensaba que todas ellas en su corazón ardían. ¡Noche de amor!Y otra noche sintió la mala tristeza que enturbia la pura llama, y el corazón que bosteza, y el histrión que declamaY dijo: Las galerías del alma que espera están desiertas, mudas, vacías: las blancas sombras se van.Y el demonio de los sueños abrió el jardín encantado de ayer. ¡Cuán bello era! ¡Qué hermosamente el pasado fingía la primavera, cuando del árbol de otoño estaba el fruto colgado, mísero fruto podrido, que en el hueco acibarado guarda el gusano escondido!  ¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día, arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!
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El poeta
Maldiciendo su destino como Glauco, el dios marino, mira, turbia la pupila de llanto, el mar, que le debe su blanca virgen Scyla.Él sabe que un Dios más fuerte con la sustancia inmortal está jugando a la muerte, cual niño bárbaro. Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota, antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa.En sueños oyó el acento de una palabra divina; en sueños se le ha mostrado la cruda ley diamantina, sin odio ni amor, y el frío soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío.Bajo las palmeras del oasis el agua buena miró brotar de la arena; y se abrevó entre las dulces gacelas, y entre los fieros animales carniceros...Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor. Y fue compasivo para el ciervo y el cazador, para el ladrón y el robado, para el pájaro azorado, para el sanguinario azor.Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades, todo es negra vanidad; y oyó otra voz que clamaba, alma de sus soledades: sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad.Y viendo cómo lucían miles de blancas estrellas, pensaba que todas ellas en su corazón ardían. ¡Noche de amor!Y otra noche sintió la mala tristeza que enturbia la pura llama, y el corazón que bosteza, y el histrión que declamaY dijo: Las galerías del alma que espera están desiertas, mudas, vacías: las blancas sombras se van.Y el demonio de los sueños abrió el jardín encantado de ayer. ¡Cuán bello era! ¡Qué hermosamente el pasado fingía la primavera, cuando del árbol de otoño estaba el fruto colgado, mísero fruto podrido, que en el hueco acibarado guarda el gusano escondido!  ¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día, arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!
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En las manos te traigo viejas señales son mis manos de ahora no las de antes doy lo que puedo y no tengo vergüenza del sentimiento si los sueños y ensueños son como ritos el primero que vuelve siempre es el mismo salvando muros se elevan en la tarde tus pies desnudos el azar nos ofrece  su doble vía vos con tus soledades yo con las mías y eso tampoco si habito en tu memoria no estaré solo tus miradas insomnes no dan abasto dónde quedó tu luna la de ojos claros mírame pronto antes que en un descuido me vuelva otro no importa que el paisaje cambie o se rompa me alcanza con tus valles y con tu boca no me deslumbres me basta con el cielo de la costumbre en mis manos te traigo viejas señales son mis manos de ahora no las de antes doy lo que puedo y no tengo vergüenza del sentimiento
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Señales
un muro opaco se interpone a nuestro entendimiento aterra encontrase querido cuando recién aflora sudorosa & fatigada tu imagen idealizar es sencillo acariciando un suspiro sin rencor a rememorar insignificantes detalles en su rostro para poder quizá darle un poco mas de vida entre sueños dejar entreabiertas ventanas libros sin terminar para no sentirse
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Jul 26, 2019
Jul 26, 2019 at 6:57 AM UTC
soledades
Ven aquí, no te vas a ir, no me quedare sin ti, no me vas a dejar con estas ansias locas de besar tu boca, hasta convertirla en fruta que se derrita en mi boca. No te vas a ir, no te voy a permitir que me dejes así; sin una última revancha, un último desgaste, un último intento a dejarlo todo aquí.., en una entrega divina, en un beso que me aliente en las soledades futuras, en un tierno y largo abrazo, para por siempre recordar que feliz fui en tu regazo. No te dejo ir, me aferrare a tu camisa para recordarte como te aferrabas a mi sonrisa. Para que sientas este deseo que llevo a flor de piel, para que sientas mi respiración excitándote, para que sientas mi piel clamándote..; que me hagas tuya, que me arrulles la duda de marcharme y que por siempre, esto concluya aqui. No te dejo ir, no sin un ‘te quiero’ que me abrigue en el invierno, no sin un, ‘por siempre te amare’ para recordarte en mis sorbos de café. No sin un ‘sé que te extrañare’ para tranquilizarme cuando arda mi piel. No…no te puedes ir, no sin hacerme el amor una y otra vez, hasta saciar mi ser, que se va, junto a ti. LeydisProse 11/15/2017
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Nov 15, 2017
Nov 15, 2017 at 6:31 PM UTC
No te dejo ir
Toco toco poros amarras calas toco teclas de nervios muelles tejidos que me tocan cicatrices cenizas trópicos vientres toco solos solos resacas estertores toco y mastoco y nada Prefiguras de ausencia inconsistentes tropos qué tú qué qué qué quenas qué hondonadas qué máscaras qué soledades huecas qué sí qué no qué sino que me destempla el toque qué reflejos qué fondos qué materiales brujos qué llaves qué ingredientes nocturnos qué fallebas heladas que no abren qué nada toco en todo
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Tropos
Sobre el mar de los Tiempos ruedan siglos y evos... Los volcanes se extinguen, surgen volcanes nuevos Que a su turno se apagan; elévense ciudades En las ruinas; el ara de las viejas deidades Rueda al polvo; otro culto se levanta; en la bruma La vida de los mundos va en un bajel de espuma Levantando los seres y los seres hundiendo; Y del mar en el fondo, sueño sin fin durmiendo, El incansable pólipo, artífice fecundo, Erige lentamente el pedestal de un mundo. y allá en las soledades de roca submarina, Entre torcidos juncos, do en la sombra germina La vida primitiva bajo imperfecta forma, Lentamente se extiende, palpita, se transforma; Al principio es arbusto, después un árbol grande, Más tarde es una selva tupida que se expande, Va formando otras, y otras, en el fondo, y enhiestas Extiéndense en las aguas regueros de florestas. Y del inmenso piélago, rasgando la gran clámide, Asoma al fin la roja y altísima pirámide... Pasa un siglo, y entonces conviértese en montaña, Otro siglo, otro siglo... y el sol la cumbre baña, Y por la vez primera luce su rica flora Y recibe el radiante bautismo de la aurora.
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La isla de coral