"senderos" poems
He ido a ver el parque de Lezama
en el atardecer de un día cualquiera,
y me he encontrado uno diferente
al que por tantos años conociera.
Era aquél un jardín ya carcomido
por lloviznas y líquenes y amores,
flexuoso de raíces y de lianas
y envenenado por extrañas flores.
Contraluces de manos vagarosas
de caricias visibles o furtivas.
Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron
frondas podridas para bocas vivas.
Cuando la noche lo llenaba todo
y cuajaban en ella las parejas,
erguidas en recónditos senderos
o desmayadas en las altas rejas.
No está siquiera aquel jarrón de bronce
en que cierto crepúsculo dorado
pusimos los levísimos sombreros
y unos versos leímos de Machado.
"A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..."
Y en la tarde agravada tu voz honda
estremecía la hoja de los árboles
y el cristal de la brisa y de la onda.
Era hora de estrella y media luna,
de pío agudo, de croar de rana,
de guardián gigantesco y solapado
y de visera en la pelambre cana.
Cada estatua era Venus palpitante,
cada palmera recta era el Oriente,
mientras afuera el tránsito zumbaba
su ventarrón de coches y de gente.
Cuando se entrecerraba la corola
sobre la dulce gota del estigma,
cuando se ahondaban como dos aljibes
en mí la ingenuidad y en ti el enigma.
Ni la vieja escalera de ladrillos
húmedos, desgastados y musgosos.
Todo es argamasa y pedregullo
y barnices espesos y olorosos.
Patricio, enhiesto parque de Lezama
cortado y recortado a mi deseo,
verdinegro por donde te mirase
salvo el halo de oro del Museo:
desde un bar arco iris te saludo
ahito de café y melancolía,
dejo en la silla próxima una rosa
y digo tu elegía y mi elegía.
2.6k
Esta sal
del salero
yo la vi en los salares.
Sé que
no
van a creerme,
pero
canta,
canta la sal, la piel
de los salares,
canta
con una boca ahogada
por la tierra.
Me estremecí en aquellas
soledades
cuando escuché
la voz
de
la sal
en el desierto.
Cerca de Antofagasta
toda
la pampa salitrosa
suena:
es una voz
quebrada,
un lastimero
canto.
Luego en sus cavidades
la sal gema, montaña
de una luz enterrada,
catedral transparente,
cristal del mar, olvido
de las olas.
Y luego en cada mesa
de ese mundo,
sal,
tu substancia
ágil
espolvoreando
la luz vital
sobre
los alimentos.
Preservadora
de las antiguas
bodegas del navío,
descubridora
fuiste
en el océano,
materia
adelantada
en los desconocidos, entreabiertos
senderos de la espuma.
Polvo del mar, la lengua
de ti recibe un beso
de la noche marina:
el gusto funde en cada
sazonado manjar tu oceanía
y así la mínima,
la minúscula
ola del salero
nos enseña
no sólo su doméstica blancura,
sino el sabor central del infinito.
2.1k
Al son de músicas dolientes
-rabeles, guzlas y laúdes-
por cerros, llanos y taludes
o por senderos y pendientes...
Al son de músicas dolientes
van a caza de los nepentes
por las extrañas latitudes:
por donde moran las virtudes 1
siempre vibrantes y latentes...
Van a caza de los nepentes,
locos poetas incoherentes
-flora de exóticas paludes-
afiebrados de lasitudes
-pálidos fantasmas huyentes,
locos poetas incoherentes...-
Al son de músicas dolientes,
-rabeles, guzlas y laúdes
en medio a las vicisitudes
de andar a caza del nepentes,
van los poetas incoherentes
por las extrañas latitudes...
al són de músicas dolientes
-rabeles, guzlas y laúdes-
1.6k
Fue Cervantes quien relató con su pluma sabia
la extraña historia de dos amigos florentinos
que por amor forzaron sobre sí la desgracia
al maniobrar con impertinencia y desatino
en el ánima de una recogida muchacha.
El esposo con el amigo la puso a prueba
pidiéndole que a su mujer hiciera la corte
sin prevenir el impertinente a dónde lleva
la duda cuando no cuenta con ningún soporte.
Y el que pretendía sólo simular amor
para satisfacer al esposo empecinado
y comprobar de la mujer lealtad y honor,
termino, al fin, de sus virtudes enamorado.
De tal modo que el marido quiso probar la honra
colocándole acechanzas a la castidad
de aquella desprevenida y sosegada esposa,
las que fatalmente minaron su voluntad.
Lo que comenzaron como una prueba fingida
terminó en calamitoso engaño verdadero
porque quien pone trampas a la luz y la vida
termina transitando por oscuros senderos.
(Jorge Gómez A.)
Jun 21, 2012
Jun 21, 2012 at 5:22 PM UTC
Un monte azul, un pájaro viajero,
un roble, una llanura,
un niño, una canción... Y, sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mío.
Bórranse los senderos en la sombra;
el corazón del monte está cerrado;
el perro del pastor trágicamente
aúlla entre las hierbas del vallado.
Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyaré en tu pena,
y llora, como yo, por el influjo
de la tarde traslúcida y serena.
Nunca sabremos nada...
¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante,
vago rumor de mares en zozobra,
emoción desatada,
quimeras vanas, ilusión sin obra?
Hermano mío, en la inquietud constante,
nunca sabremos nada...
¿En qué grutas de islas misteriosas
arrullaron los Números tu sueño?
¿Quién me da los carbones irreales
de mi ardiente pasión, y la resina
que efunde en mis poemas su fragancia?
¿Qué voz suave, que ansiedad divina
tiene en nuestra ansiedad su resonancia?
Todo inquirir fracasa en el vacío,
cual fracasan los bólidos nocturnos
en el fondo del mar; toda pregunta
vuelve a nosotros trémula y fallida,
como del choque en el cantil fragoso
la flecha por el arco despedida.
Hermano mío, en el impulso errante,
nunca sabremos nada...
Y sin embargo...
¿Qué mística influencia
vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante?
¿Quién prende a nuestros hombros
manto real de púrpuras gloriosas,
y quién a nuestras llagas
viene y las unge y las convierte en rosas?
Tú, que sobre las hierbas reposabas
de cara al cielo, dices de repente:
-«La estrella de la tarde está encendida».
Ávidos buscan su fulgor mis ojos
a través de la bruma, y ascendemos
por el hilo de luz...
Un grillo canta
en los repuestos musgos del cercado,
y un incendio de estrellas se levanta
en tu pecho, tranquilo ante la tarde,
y en mi pecho en la tarde sosegado...
1.3k
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos,
frente a frente del rudo y enano soportal;
plaza en que se confunden un obstinado aroma
lírico y una cierta prosa municipal;
plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido
hogar en que nacieron y murieron los míos;
he aquí que te interroga un discípulo, fiel
a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos.
¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas
que conmigo llegaban en la tarde de asueto
del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices
de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto?
¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron
para mí, desde un marco de verdor y de rosas?
¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes?
¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas?
Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre
pálida, cuyo rostro, como una indulgencia
plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso;
me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia
de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño
como una obra maestra, y que hoy me habló con
ceremonia forzada; he visto a Catalina,
exangüe, al exhibir su maternal fortuna
cuando en un cochecillo de blondas y de raso
lleva el fruto cruel y suave de su idilio
por los enarenados senderos...
Más no sé
de todas las demás que viven en exilio.
Y por todas quiero. He de saber de todas
las pequeñas torcaces que me dieron el gusto
de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban
para mí, en la mañana de un día claro y justo!
Dime, plaza de nidos musicales, de las
actrices que impacientes por salir a la escena
del mundo, chuscamente fingían gozosos líos
de noviazgos y negros episodios de pena.
Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas
y bobas, que vertieron con su mano inconsciente
un perfume amistoso en el umbral del alma
y una gota del filtro del amor en mi frente.
Mas la plaza está muda, y su silencio trágico
se va agravando en mí con el mismo dolor
del bisoño escolar que sale a vacaciones
pensando en la benévola acogida de Abel,
y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
1.2k
La luz busca a ciegas sus propios senderos,
incluso entre un laberinto de hojas encuentra su destino.
Surge desde el vacío celestial,
lo ilumina todo a su paso, también la sombra.
A veces siento que ella hace más hondo al silencio,
le quita su velo hasta volverlo de cristal.
Veo caer una hoja de un árbol altísimo,
llega al suelo estallando una sinfonía.
Oct 12, 2014
Oct 12, 2014 at 12:47 AM UTC
Corta los dedos momias
la yugular marina
de los algosos huéspedes que agobian tu pensativo omóplato
de lluvia
la veta de presagios que labran en tu arena los cangrejos
escribas
el tendón que te amarra a tanto ritmo muerto entre gaviotas
y huye con tu terráquea estatua parpadeante
sin un mítico cuerno bajo la nieve niña recostada en tus sienes
pero con once antenas fluorescentes embistiendo el misterio.
Huye con ella en llamas del brazo de su miedo
tómala de las rosas si prefieres llagarte la corteza
pero abandona el eco de ese hipomar hidrófobo
que fofopulpoduende te dilata el abismo con sus viscosos ceros
absorbentes
cuando no te trasmuta en migratorio vuelo circunflexo de
nostalgias sin rumbo.
Furiosamente aleja tu Segismunda rata introspectiva
tu telaraña hambrienta
de ese trasmundo hijastro de la lava en mística abstinencia
de cactus penitentes
y con tu dogoarcángel auroleado de moscas
y tus fieles botines melancólicos
de ensueños disecados y gritos de entrecasa color crimen
huye con ella dentro de su claustral aroma
aunque su cieloinfierno te condene a un eterno "Te quiero".
Deja ya desprenderse el cálido follaje que brota de tus manos
junto a ese móvil tótem de muslos agua viva
flagélate si quieres con las violentas trenzas que le hurtaste
al olvido
pero por más que sufras en cada cruz vacante una pasión suicida
y tu propia cisterna con semivirgen luna reclame tu cabeza
ya sin velero ocaso
ni chicha de pestañas
ni cajas donde late la agónica sequía
huye por los senderos que arrancan de tu pecho
con tu hijo entre paréntesis
tu hormiguero de espectros
tus bisabuelas lámparas
y todos los frutales recuerdos florecidos que alimentan tu siesta.
Huye con ella envuelto en su orquestal cabello
y su mirar sigilo
aunque te cruces de alas
y el averritmo herido que anida en el costado donde te sangra
el tiempo
atardezca su canto entre sus senoslotos
o en sus brazos de estatua
que ha perdido los brazos en aras de vestales y faunos inhumados
y huye con tus grilletes de prófugo perpetuo
tu nimbo sin eclipses
tus desnudos complejos
y el sempiterno tajo de fluviales tinieblas que te parte los ojos
para que viertan coágulos de rancia angustia padre
impulsos prenatales
y meteóricas ansias que le muerden los crótalos
a los sueñosculebras del lecho donde boga ámbarmente desnuda
tu ninfómana estrella
mientras tu cuervo grazna un "Nunca más" de piedra.
1.1k
Viendo fotografías tuyas, descubrí senderos que se me olvidaron existían
Observando tus fotografías, descubrí que siempre fuiste a un paso acelerado
y en mi encierro,
perdí tu silueta, perdí los sentidos… perdí el paso
Unidas bajo el sello de un primer amor nos hicimos de ideas que iban más allá de nuestras manos
Y por un momento estuvimos en el mismo plano.
Viendo tus fotografías, vi paisajes que solo puedo ver en momentos encerrados
Observando bien las fotografías, pude notar como el tiempo te ha tratado
Tus fotografías me hablan
y yo les hablo a ellas,
les digo todo lo que en mi boca se deshace cuando mis sentidos te sienten cerca
Lo suficientemente cerca…
Observando fotografías tuyas, quise imaginarme en cada una de ellas,
pero vas demasiado rápido,
yo sigo haciendo de los errores el especial del día,
y sigo perdiendo el paso
No te puedo detener,
No tengo control
y de toda esta aventura, eso de ti me fascina
No quiero detenerte,
Quiero por un momento eterno alcanzarte
y en la misma página del libro de la vida encontrarte
Después de todo, ¿quien puede detener el mar?
Aug 22, 2014
Aug 22, 2014 at 4:07 PM UTC
He bebido del chorro cándido de la fuente.
Traigo los labios frescos y la cara mojada.
Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura
de una rosa jugosa, nueva y recién cortada.
El cielo ostenta una limpidez de diamante.
Estoy ebria de tarde, de viento y primavera.
¿No sientes en mis trenzas olor a trigo ondeante?
¿No me hallas hoy flexible como una enredadera?
Elástica de gozo como un gamo he corrido
por todos los ceñudos senderos de la sierra.
Y el galgo cazador que es mi guía, rendido,
se ha acostado a mis pies, largo a largo, en la tierra.
¡Ah, qué inmensa fatiga me derriba en la grama
y abate en tus rodillas mi cabeza morena,
mientras que de una iglesia campesina y lejana
nos llega un lento y grave llamado de novena!
1k
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
997
Inútilmente fui
recorriendo senderos
entre mármoles.
Luz
de prodigiosa hondura.
(Toda la noche había
llovido. Al clarear
cesó la lluvia. Nubes
navegaban el cielo;
nubes blancas).
Inútil
fue recorrer senderos,
buscar tu nombre. Inútil:
no lo hallé.
Y recé una oración
por ti -¿por ti o por mí?
Después te olvidé. Sean
los muertos los que entierran a sus muertos
Estaba
tan olvidado todo!
Pero esta noche...
¿Por qué será imposible
verte de nuevo, hablarte,
escucharte, tocarte,
ir -con los mismos cuerpos
y almas que tuvimos,
pero con más amor-
uno al lado del otro...
(Ilusión descuajada
del espacio y del tiempo
lo sé para mi daño).
Yo te hablaría lo mismo que hablaría,
si yo fuese su dueño
mi verso: con palabras
de cada día, pero
bajo las que sonara
la corriente fluvial
de la ternura.
Como se hablan los hombres,
conteniendo las ganas
de llorar, de decirse
«te quiero». Sin llorar
ni decirse «te quiero»,
que es cosa de mujeres.
Qué quedaría entonces
de ti, después de tantos
años bajo la tierra.
Dónde hallarte -pensé
aquel día. No estamos
jamás donde morimos
definitivamente,
sino donde morimos
día a día.
Pero esta noche...
Te abrazaría, créeme,
te besaría,
te daría calor,
te adoraría. Haría
algo que es más difícil:
tratar de comprenderte.
Y te comprendería
te comprendo ya, créelo.
Nos va enseñando tanto
la vida... Nos enseña
por qué un hombre ve rota
su voluntad, y sueña,
y vive solitario;
por qué va a la deriva
en el témpano errante
arrancado a la costa,
y se deja morir
mientras mira impasible
cómo se hunden los suyos,
la carne de su carne,
su hermoso mundo...
Son líneas sin sentido
éstas que trazo.
Yo mismo no comprendo
qué es lo que dejo en ellas.
Acaso sea música
de mi alma, arrancada
de modo misterioso
por tu mano de muerto.
Tu mano viva.
Yo pensé en ella, pero
era una mano muerta,
una mano enterrada
la que yo perseguía.
Inútilmente fui
buscando aquella mano.
Se estaba convirtiendo
en festín de las flores.
En vaho tibio para
empeñar las estrellas.
En luz malva y errante
que da su son al alba.
Estaría mezclándose
con la tierra materna.
Se hacía mano viva:
lo que es ahora.
Te abrazaría, créeme.
Te daría calor.
Te comprendo ya. Entonces
no era tiempo. Fue un día
de septiembre, en Ciriego,
-un cementerio que oye
la mar- el año mil
novecientos cincuenta.
Cuando vivías, eras
un extraño. Aquel día
entre mármoles, fui
buscándote, tratando
de comprenderte. Sólo
esta noche, de modo
inesperado, al fin
he comprendido.
Tarde,
para mi daño.
905
Baja del cielo la endiablada *****
Con que carne mortal hieres y engañas.
Untada viene de divinas mañas
y cielo y tierra su veneno junta.
La sangre de hombre que en la herida apunta
florece en selvas: sus crecidas cañas
de sombras de oro, hienden las entrañas
del cielo prieto, y su ascender pregunta.
En su vano aguardar de la respuesta
las cañas doblan la empinada testa.
Flamea el cielo sus azules gasas.
Vientos negros, detrás de los cristales
de las estrellas, mueven grandes masas
de mundos muertos, por sus arrabales.Rosas y lirios ves en el espino;
juegas a ser: te cabe en una mano,
esmeralda pequeña, el océano;
hablas sin lengua, enredas el destino.
Plantas la testa en el azul divino
y antípodas, tus pies, en el lejano
revés del mundo; y te haces soberano,
y desatas al sol de tu camino.
Miras el horizonte y tu mirada
hace nacer en noche la alborada;
sueñas y crean hueso tus ficciones.
Muda la mano que te alzaba en vuelo,
y a tus pies cae, cristal roto, el cielo,
y polvo y sombra levan sus talones.Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran
de llamaradas por morir; ya cae
mi corazón desenhebrado, y trae,
la noche, filos que en el viento lloran.
Ya en opacas orillas se avizoran
manadas negras; ya mi lengua atrae
betún de muerte; y ya no se distrae
de mí, la espina; y sombras me devoran.
Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo
Como un perro girando sobre el rabo,
la tierra se echa a descansar, cansada.
Mano huesosa apaga los luceros:
Chirrían, pedregosos sus senderos,
con la pupila negra y descarnada.
722
ayer saque tus memorias de paseo
de la mano caminamos por viejos senderos
oliendo flores buscando amparo
en juegos, recuerdos y amores
donde la alegria imperaba y tambien moría
contamos petalos llenos de pudor
y sus colores de dolor
acariciando nubes de locura
anduvimos riendonos del sabor viejo de la amargura
ya viendo el ocaso
las ternuras marchitaban
tu sombra lloraba y mi mano soltaba
se rompía
veia como se dividia en par
por que la puesta del sol me recibía
ahí la dejé entre llantos y sonrisas
balbuceando un arrullo sin matiz
al rato solo los coquís se oían
y con su canto borraban
tu sombra de raíz
en mi vida
May 5, 2017
May 5, 2017 at 1:38 PM UTC
Wandering the well-worn grooves,
Listening to the echoes
of my possible futures and pasts,
En el jardin de senderos que se bifurcan
Nov 15, 2017
Nov 15, 2017 at 7:09 AM UTC
Estación invencible! En los lados del cielo un pálido
cierzo se acumulaba, un aire desteñido e invasor, y hacia todo
lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina
endurecida existía, continuamente.
De modo que el ser se sentía aislado, sometido a esa
extraña substancia, rodeado de un cielo próximo, con el
mástil quebrado frente a un litoral blanquecino, abandonado de
lo sólido, frente a un transcurso impenetrable y en una casa de
niebla. Condenación y horror! De haber estado herido y
abandonado, o haber escogido las arañas, el luto y la sotana. De
haberse emboscado, fuertemente ahíto de este mundo, y de haber
conversado sobre esfinges y oros y fatídicos destinos. De haber
amarrado la ceniza al traje cotidiano, y haber besado el origen
terrestre con su sabor a olvido. Pero no. No.
Materias frías de la lluvia que caen sombríamente,
pesares sin resurrección, olvido. En mi alcoba sin retratos, en
mi traje sin luz, cuánta cabida eternamente permanece, y el
lento rayo recto del día cómo se condensa hasta llegar a
ser una sola gota oscura.
Movimientos tenaces, senderos verticales a cuya flor final a veces se
asciende, compañías suaves o brutales, puertas ausentes!
Como cada día un pan letárgico, bebo de un agua aislada!
Aúlla el cerrajero, trota el caballo, el caballejo empapado en
lluvia, y el cochero de largo látigo tose, el condenado! Lo
demás, hasta muy larga distancia permanece inmóvil,
cubierto por el mes de junio y sus vegetaciones mojadas, sus animales
callados, se unen como olas. Sí, qué mar de invierno,
qué dominio sumergido trata de sobrevivir, y, aparentemente
muerto, cruza de largos velámenes mortuorios esta densa
superficie?
A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro,
sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un
ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles.
Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.
670
Quisiera decirte cuán estúpido me haces sentir
Quisiera decirte cuán alegre me hace leer tus palabras
Quisiera decirte que no siempre las comprendí
Quisiera decirte que las recuerdo, en ellas pienso por las mañanas
Sueño con tu rostro, aunque no tenga muchos recuedos ya
Sueño con tu canto, aunque apenas por unos minutos te oí hablar
Sueño con abrazarte, aunque ni a tu lado me acerqué
Sueño con caminar contigo, aunque sé que no podré
Quisiera ver tu mundo y explorar cada uno de tus sueños
Ayudarte a cumplirlos, que en mis ojos veas lo que en el mundo no ves
Quisiera escuchar tus penas y ser tu mejor consuelo
Regresarte la esperanza que cruelmente te arrebató el ayer
Quisiera que cada lágrima que derrames no sea en vano
Que en sus caídas dibujen líneas para nuevas vidas
Quisiera que árboles de luz crezcan del suelo que han tocado
Que sus frutos fortalezcan tu corazón, cansado de mentiras
Sueño con ver tus ojos brillar de felicidad
La cual yo también quiero encontrar
Sueño con verte correr hasta la infinidad
Ver tus pies senderos pintar
Sueño con que tus sueños sean conmigo
Invadirlos y que veas lo que puedo crear contigo
Sueño que me ayudes a recuperar
Mi tan deteriorada creatividad
Porque en ti quiero confiar
Aunque tenga miedo de volver...
De volver a ver una puerta ante mis ojos cerrarse
Dejando vacíos que nunca podrán llenarse
Sueño que mis palabras sean reales
Sólo a ti te sueño, despierto y escribiendo...
Mar 12, 2018
Mar 12, 2018 at 10:38 PM UTC
A la sombra de los laureles
Melisanda se está muriendo.
Se morirá su cuerpo leve.
Enterrarán su dulce cuerpo.
Juntarán sus manos de nieve.
Dejarán sus ojos abiertos
para que alumbren a Pelleas
hasta después que se haya muerto.
A la sombra de los laureles
Melisanda muere en silencio.
Por ella llorará la fuente
un llanto trémulo y eterno.
Por ella orarán los cipreses
arrodillados bajo el viento.
Habrá galope de corceles,
lunarios ladridos de perros.
A la sombra de los laureles
Melisanda se está muriendo.
Por ella el sol en el castillo
se apagará como un enfermo.
Por ella morirá Pelleas
cuando la lleven al entierro.
Por ella vagará de noche,
moribundo por los senderos.
Por ella pisará las rosas,
perseguirá las mariposas
y dormirá en los cementerios.
Por ella, por ella, por ella
Pelleas, el príncipe, ha muerto.
521
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.
467
Ya caen las hojas. Se alejan volando,
Temblores de oro.
En las calles desiertas del parque
Hojas, más hojas, y lodo. Gris el estanque. El crepúsculo
Amarillo y brumoso.
Damas con trajes oscuros que pasan
Casi oculto entre pieles el rostro....
Organillo que suenas
Debajo del olmo,
Toca, toca la triste
Canción del Otoño!
Verlaine! Tus violones
Ya oigo,
Y en los áureos
Y rojos
Boscajes
Los largos sollozos
Que arrullaron tu ensueño
Con lánguido canto monótono...
¡Que me arrulle también en la tarde
La triste canción del Otoño!
Remolinos y danza de hojas....
¿En dónde las novias y novios?
Retretas en tardes de estío,
Desierto está el quiosco.
Estudiantes ¿a dónde partisteis?
Midinetas de labios muy rojos
Y grandes ojeras,
¿Recordáis que en el hombro
De vuestros galanes
En plácidos sueños absortos,
Amorosas, la frente inclinabais
Y brillaban de amor vuestros ojos?
Las manos unidas entonces
Y unidos los labios al pie de los troncos...
Bancos, tristes senderos del parque,
¿Qué fue del antiguo alborozo?....
La tarde se apaga. Detrás de los vidrios
Se encienden las luces. El cielo, de plomo.
Sombras pasan, y pasan ligeras.
Todo
Se borra, se borra
Brumoso...
Violones
De son melancólico,
Violones
Monótonos,
Violones
De otoño...
¡El parque, en la sombra,
Ya solo!
506
Alguien recorre los senderos de Ítaca
y no se acuerda de su rey, que fue a Troya
hace ya tantos años;
alguien piensa en las tierras heredadas
y en el arado nuevo y el hijo
y es acaso feliz.
En el confín del orbe yo, Ulises,
descendí a la Casa de Hades
y vi la sombra del tebano Tiresias
que desligó el amor de las serpientes,
Y la sombra de Heracles
que mata sombras de leones en la pradera
y así mismo está en el Olimpo.
Alguien hoy anda por Bolívar y Chile
y puede ser feliz o no serlo.
Quién me diera ser él.
450
Como la lava de un volcán,
que deja su huella allá
por donde pasa..
transformando y alterando
profundamente el paisaje.
En esta danza continua
entre el paso del tiempo
y las cosas de la vida..
en evolucion constante.
Un viaje existencial,
libre de influencias tóxicas,
alteradas o superficiales.
Evolucionando personalmente,
florece en sincronía con
lo que se piensa,
se dice y se hace.
En un mundo de altibajos,
desdichas y sinsentidos,
pero también de senderos
de luz, ventura y oportunidades...
¡para seguir hacia adelante,
sin estancarse!
El silencio,
la reflexión, la introspección,
y la buena compañía
nutren la mente...
guiándola hacia un sendero
iluminado por su propia
metamorfosis
y evolución constante.
Transformando la existencia
en arte despierto, genuino, reflexivo,
en perpetuo avance.
Por eso mejor,
que a cada tiempo
lo suyo, aprovechando
cada aliento, cada instante,
viviendo plenamente consciente...
¡sabiendo lo que se hace!
Sep 22, 2025
Sep 22, 2025 at 2:16 AM UTC
Las corolas de mi jardín
completamente se abrirán
festejando que ha llegado ese
día, en que este amor se realizara.
Mi trémulo corazón
de felicidad en mí no cabe,
se han vuelto rojo los Tréboles
que afloran nuestro arrojo.
Enigmática noche llena de ilusión,
viviremos por siempre en plenilunio,
amando esa lluvia de junio,
que despierta los lotos
que iluminaran como foco
los senderos de este amor.
La agorera soledad hoy por fin, ha marchado,
como las laderas de aquellos desencantos hoy tan lejanos
y ha quedado la fortaleza
que florece cuando al amor encontramos.
LeydisProse
11/28/2017
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Nov 28, 2017
Nov 28, 2017 at 6:31 PM UTC
A la hora del rocío,
de la niebla salen
sierra blanca y prado verde.
¡El sol en los encinares!
Hasta borrarse en el cielo,
suben las alondras.
¿Quién puso plumas al campo?
¿Quién hizo alas de tierra loca?
Al viento, sobre la sierra,
tiene el águila dorada
las anchas alas abiertas.
Sobre la picota
donde nace el río,
sobre el lago de turquesa
y los barrancos de verdes pinos;
sobre veinte aldeas,
sobre cien caminos...
Por los senderos del aire,
señora águila,
¿dónde vais a todo vuelo tan de mañana? Ya había un albor de luna
en el cielo azul.
¡La luna en los espartales,
cerca de Alicún!
Redonda sobre el alcor,
y rota en las turbias aguas
del Guadiana menor.
Entre Ubeda y Baeza
-loma de las dos hermanas;
Baeza, pobre y señora;
Ubeda, reina y gitana -,
Y en el encinar
¡luna redonda y beata,
siempre conmigo a la par! Cerca de Ubeda la grande,
cuyos cerros nadie verá,
me iba siguiendo la luna
sobre el olivar,
una luna jadeante,
siempre conmigo a la par.
Yo pensaba: ¡bandoleros
de mi tierra!, al caminar
en mi caballo ligero.
¡Alguno conmigo irá!
Que esta luna me conoce
y, con el miedo, me da
el orgullo de haber sido
alguna vez capitán. En la sierra de Quesada
hay un águila gigante,
verdosa, negra y dorada,
siempre las alas abiertas.
Es de piedra y no se cansa.
Pasado Puerto Lorente,
entre las nubes galopa
el caballo de los montes.
Nunca se cansa: es de roca.
En el hondón del barranco
se ve al jinete caído,
que alza los brazos al cielo.
Los brazos son de granito.
Y allí donde nadie sube
hay una virgen risueña
con un río azul en brazos.
Es la Virgen de la Sierra.
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Ya viene la noche.
Golpean rayos de luna
sobre el yunque de la tarde.
Ya viene la noche.
Un árbol grande se abriga
con palabras de cantares.
Ya viene la noche.
Si tú vinieras a verme
por los senderos del aire.
Ya viene la noche,
Me encontrarías llorando
bajo los álamos grandes.
¡Ay morena!
bajo los álamos grandes.
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