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"semillas" poems
Una victoria. Es tarde, no sabías. Llegó como azucena a mi albedrío el blanco talle que traspasa la eternidad inmóvil de la tierra, empujando una débil forma clara hasta horadar la arcilla con rayo blanco o espolón de leche. Muda, compacta oscuridad del suelo en cuyo precipicio avanza la flor clara hasta que el pabellón de su blancura derrota el fondo indigno de la noche y de la claridad en movimiento se derraman atónitas semillas.
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Enigma con una flor
Cuando he llegado aquí se detiene mi mano. Alguien pregunta: -Dime por qué, como las olas en una misma costa, tus palabras sin cesar van y vuelven a su cuerpo? Ella es sólo la forma que tú amas? Y respondo: mis manos no se sacian, en ella, mis besos no descansan por qué retiraría las palabras que repiten la huella de su contacto amado, que se cierran guardando inútilmente como en la red el agua, la superficie y la temperatura de la ola más pura de la vida? Y, amor, tu cuerpo no sólo es la rosa que en la sombra o la luna se levanta, o sorprendo o persigo. No sólo es movimiento o quemadura, acto de sangre o pétalo del fuego, sino que para mí tú me has traído mi territorio, el barro de mi infancia, las olas de la avena, la piel redonda de la fruta oscura que arranqué de la selva, aroma de maderas y manzanas, color de agua escondida donde caen frutos secretos y profundas hojas. Oh amor, tu cuerpo sube como una línea pura de vasija desde la tierra que me reconoce y cuando te encontraron mis sentidos tú palpitaste como si cayeran dentro de ti la lluvia y las semillas! Ay que me digan cómo pudiera yo abolirte y dejar que mis manos sin tu forma arrancaran el fuego a mis palabras! Suave mía, reposa tu cuerpo en estas líneas que te deben más de lo que me das en tu contacto, vive en estas palabras y repite en ellas la dulzura y el incendio, estremécete en medio de sus sílabas, duerme en mi nombre como te has dormido sobre mi corazón, y así mañana el hueco de tu forma guardarán mis palabras y el que las oiga un día recibirá una ráfaga de trigo y amapolas: estará todavía respirando el cuerpo del amor sobre la tierra!
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Iv
Cuando he llegado aquí se detiene mi mano. Alguien pregunta: -Dime por qué, como las olas en una misma costa, tus palabras sin cesar van y vuelven a su cuerpo? Ella es sólo la forma que tú amas? Y respondo: mis manos no se sacian, en ella, mis besos no descansan por qué retiraría las palabras que repiten la huella de su contacto amado, que se cierran guardando inútilmente como en la red el agua, la superficie y la temperatura de la ola más pura de la vida? Y, amor, tu cuerpo no sólo es la rosa que en la sombra o la luna se levanta, o sorprendo o persigo. No sólo es movimiento o quemadura, acto de sangre o pétalo del fuego, sino que para mí tú me has traído mi territorio, el barro de mi infancia, las olas de la avena, la piel redonda de la fruta oscura que arranqué de la selva, aroma de maderas y manzanas, color de agua escondida donde caen frutos secretos y profundas hojas. Oh amor, tu cuerpo sube como una línea pura de vasija desde la tierra que me reconoce y cuando te encontraron mis sentidos tú palpitaste como si cayeran dentro de ti la lluvia y las semillas! Ay que me digan cómo pudiera yo abolirte y dejar que mis manos sin tu forma arrancaran el fuego a mis palabras! Suave mía, reposa tu cuerpo en estas líneas que te deben más de lo que me das en tu contacto, vive en estas palabras y repite en ellas la dulzura y el incendio, estremécete en medio de sus sílabas, duerme en mi nombre como te has dormido sobre mi corazón, y así mañana el hueco de tu forma guardarán mis palabras y el que las oiga un día recibirá una ráfaga de trigo y amapolas: estará todavía respirando el cuerpo del amor sobre la tierra!
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Amables Brasas en ascuas descienden de un cielo de mosto alcanzando la carnosa fatiga de las ramas y de tus dudas Como dibujos de tinta caminan los animales en celo y un murmullo de elfos empuja hongos y furias hasta el borde del frío donde la tierra se empapa de calma y de lumbre. Es Otoño, y hay luz en tu casa Una luz antigua que me ampara y me guia, siluetas amables que invitan y esperan al que llega siempre tarde del bosque. Un suelo tibio de pisadas y hocicos crepita suave en las repisas doradas un terco ajetreo vegetal y manso se desliza bajo los pies descalzos de un corzo mudo y dorado que llena de asombro la mañana de rocio tejida. Es horizontal la intimidad entre las viñas desposeídas y los árboles insomnes. Los soles maduros acumulan sus frutas sobre el techo de la tarde y todo lo que tiembla al norte del aire se pudre mansamente hacia los tesoros de marzo. Un olor a nueces iza banderas de humo y carne de castañas exhibe el crepúsculo Una canción se esconde y se escucha y unas muchachas se persiguen y se esconden cantando un estribillo prestado por el viajero perdido. Hay voces prendidas en las ventanas que arden lentamente como adioses marchitos Es tiempo de regresos y dormidas semillas, y de animales rumiando los breves días y las largas noches henchidas de cuentos El vino más joven ya rezuma en las jarras un mosto agridulce parece exprimido del cielo No hay prisa pues la luz es lenta en llegar a las cocinas de Otoño perpetuamente encendidas con los rescoldos de los soles más viejos.
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Sep 29, 2014
Sep 29, 2014 at 11:02 AM UTC
EL OTOÑO ADORA EL **** DE LA LUMBRE
Amables Brasas en ascuas descienden de un cielo de mosto alcanzando la carnosa fatiga de las ramas y de tus dudas Como dibujos de tinta caminan los animales en celo y un murmullo de elfos empuja hongos y furias hasta el borde del frío donde la tierra se empapa de calma y de lumbre. Es Otoño, y hay luz en tu casa Una luz antigua que me ampara y me guia, siluetas amables que invitan y esperan al que llega siempre tarde del bosque. Un suelo tibio de pisadas y hocicos crepita suave en las repisas doradas un terco ajetreo vegetal y manso se desliza bajo los pies descalzos de un corzo mudo y dorado que llena de asombro la mañana de rocio tejida. Es horizontal la intimidad entre las viñas desposeídas y los árboles insomnes. Los soles maduros acumulan sus frutas sobre el techo de la tarde y todo lo que tiembla al norte del aire se pudre mansamente hacia los tesoros de marzo. Un olor a nueces iza banderas de humo y carne de castañas exhibe el crepúsculo Una canción se esconde y se escucha y unas muchachas se persiguen y se esconden cantando un estribillo prestado por el viajero perdido. Hay voces prendidas en las ventanas que arden lentamente como adioses marchitos Es tiempo de regresos y dormidas semillas, y de animales rumiando los breves días y las largas noches henchidas de cuentos El vino más joven ya rezuma en las jarras un mosto agridulce parece exprimido del cielo No hay prisa pues la luz es lenta en llegar a las cocinas de Otoño perpetuamente encendidas con los rescoldos de los soles más viejos.
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Lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene hoy está más allá de las nubes que elige y más allá del trueno y de la tierra firme demorándose viene cual flor desconfiada que vigila al sol sin preguntarle nada iluminando viene las últimas ventanas lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene ya se va acercando nunca tiene prisa viene con proyectos y bolsas de semillas con ángeles maltrechos y fieles golondrinas despacio pero viene sin hacer mucho ruido cuidando sobre todo los sueños prohibidos los recuerdos yacentes y los recién nacidos lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene ya casi está llegando con su mejor noticia con puños con ojeras con noches y con días con una estrella pobre sin nombre todavía lento pero viene el futuro real el mismo que inventamos nosotros y el azar cada vez más nosotros y menos el azar lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene lento pero viene lento pero viene lento pero viene
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Lento pero viene
La tierra es una llaga el sol un cauterio una a una se pierden las luces en el mar que las devora. Ya no estallan las olas en la playa ya no canta la brisa y un niño que se muere de hambre es el solo habitante de la tierra. No se encienden las hojas otoñales ni el invierno dará amor a las semillas. Se ha teñido el sol de ***** Sólo mi madre la luna no declina en la espera.
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Nov 23, 2011
Nov 23, 2011 at 12:11 PM UTC
A la última luna (VII)
Tus dulces labios partidos Mis lágrimas amargas El mar azul La miel dorada Tu mirada tierna Mis pies descalzos Semillas de granada Luz de un nuevo amanecer Calles anticuadas Caricias delicadas Todo sigue siendo lo mismo Pero nada sabe igual que ayer
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Jan 18, 2019
Jan 18, 2019 at 1:14 AM UTC
Nada Sabe Igual Que Ayer
Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí "¡uí, mesié!". Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de smoking, yo de frac, Yo recibiendo propina. Tú a la Bolsa, yo a la ruina; Tú subiste, yo bajé... En los muelles te encontré, Vi que te echaban al mar Y ni lo pude evitar Ni a las aguas me arrojé. Y conocimos al Peón Con su "café carretero", Y hablando con el Obrero Recorrimos la nación. Se habló de revolución Entre sorbos de café: Cogí el machete... dudé, ¡Tú me infundiste valor Y a sangre y fuego y sudor Mi libertad conquisté...! Después vimos al Poeta: Lejano, meditabundo, Queriendo arreglar el mundo Con una sola cuarteta. Yo, convertido en peseta, Hasta sus plantas rodé: ¡Qué ojos los que iluminé, Que trilogía formamos Los pobres que limosneamos El Poeta y su café...! Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia, Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor... ¡Vamos hermanos, valor, El café nos pide fe; Y Changó y Ochún y Agué Piden un grito que vibre Por nuestra América Libre, Libre como su café!
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El café
Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí "¡uí, mesié!". Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de smoking, yo de frac, Yo recibiendo propina. Tú a la Bolsa, yo a la ruina; Tú subiste, yo bajé... En los muelles te encontré, Vi que te echaban al mar Y ni lo pude evitar Ni a las aguas me arrojé. Y conocimos al Peón Con su "café carretero", Y hablando con el Obrero Recorrimos la nación. Se habló de revolución Entre sorbos de café: Cogí el machete... dudé, ¡Tú me infundiste valor Y a sangre y fuego y sudor Mi libertad conquisté...! Después vimos al Poeta: Lejano, meditabundo, Queriendo arreglar el mundo Con una sola cuarteta. Yo, convertido en peseta, Hasta sus plantas rodé: ¡Qué ojos los que iluminé, Que trilogía formamos Los pobres que limosneamos El Poeta y su café...! Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia, Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor... ¡Vamos hermanos, valor, El café nos pide fe; Y Changó y Ochún y Agué Piden un grito que vibre Por nuestra América Libre, Libre como su café!
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Si fueras tú un árbol, Quisiera ser el leñador Quisiera un alma de valor, Quisiera un hacha de mármol. Quisiera poder pasar Mi mano por tu coraza Y si más no se desplaza, Tumbarte horizontal. Quisiera hacer un hogar De tu torso de madera, Y en tu pecho, si se abriera, Una cuna de anidar, Quiero dormir sobre tu pelo, Bajo tus ojos de ventana, Y despertar cada mañana Besando los pies de tu suelo. Si fueras para mí, Tus semillas guardaría Y en la noche sembraría Todo un bosque de ti.
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May 6, 2019
May 6, 2019 at 2:40 PM UTC
Si fueras tú un árbol
Se ven desde las barandas, por el monte, monte, monte, mulos y sombras de mulos cargados de girasoles. Sus ojos en las umbrías se empañan de inmensa noche. En los recodos del aire, cruje la aurora salobre. Un cielo de mulos blancos cierra sus ojos de azogue dando a la quieta penumbra un final de corazones. Y el agua se pone fría para que nadie la toque. Agua loca y descubierta por el monte, monte, monte. San Miguel lleno de encajes en la alcoba de su torre, enseña sus bellos muslos, ceñidos por los faroles. Arcángel domesticado en el gesto de las doce, finge una cólera dulce de plumas y ruiseñores. San Miguel canta en los vidrios; efebo de tres mil noches, fragante de agua colonia y lejano de las flores. El mar baila por la playa, un poema de balcones. Las orillas de la luna pierden juncos, ganan voces. Vienen manolas comiendo semillas de girasoles, los culos grandes y ocultos como planetas de cobre. Vienen altos caballeros y damas de triste porte, morenas por la nostalgia de un ayer de ruiseñores. Y el obispo de Manila, ciego de azafrán y pobre, dice misa con dos filos para mujeres y hombres. San Miguel se estaba quieto en la alcoba de su torre, con las enaguas cuajadas de espejitos y entredoses. San Miguel, rey de los globos y de los números nones, en el primor berberisco de gritos y miradores.
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San miguel
Volveré mañana en el corcel del Viento. Volveré. Y cuando vuelva, vosotros os estaréis yendo: Vosotros los alcabaleros de la muerte, los centuriones en acecho bajo la gran ojiva de la puerta, los constructores de ataúdes que al medir el cuerpo amarillo de los que se van, con la cinta de metro y medio de los alfayates, decís siempre: ¡Cómo crecen los muertos! ¡Oh, sí! Los muertos crecen. El último traje que se hicieron al amortajarlos ya les viene pequeño. Crecen. Y apenas los entierran, rompen los tablones de pino y los catafalcos de acero; crecen después en la tumba, fuera de la caja, abren la tierra como las semillas del centeno y ya, bajo el sol y la lluvia, en el aire, sueltos, y sin raíces, siguen y siguen creciendo. Yo me voy a crecer con los muertos. Volveré mañana en el corcel del Viento. Volveré, ¡Y volveré crecido! Entonces vosotros que os estaréis yendo no me conoceréis. Mas cuando nos crucemos en el puente, yo os diré con la mano: ¡Adiós, alcabaleros, centuriones, sepultureros!... A crecer, a crecer, a la tierra otra vez... al agua, al sol, al Viento... al Viento... ¡Otra vez al Viento!
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Me voy porque la tierra y el pan y la luz ya no son míos
Entre los surcos tu cuerpo moreno es un racimo que a la tierra llega. Torna los ojos, mírate lo senos, son dos semillas ácidas y ciegas. Tu carne es tierra que será madura cuando el otoño te tienda las manos, y el surco que será tu sepultura temblará, temblará, como un humano al recibir tus carnes y tus huesos -rosas de pulpa con rosas de cal: rosas que en el primero de los besos vibraron como un vaso de cristal-. ¿La palabra de qué concepto pleno será tu cuerpo? ¡No lo he de saber! Torna los ojos, mírate los senos, tal vez no alcanzarás a florecer.
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Ventana al camino
Amante: no me lleves, si muero al camposanto A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente Alboroto divino de alguna pajarera O junto a la encantada charla de alguna fuente   A flor de tierrra, amante. Casi sobre la tierra, Donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos, Alargados en tallos, suban a ver de nuevo La lámpara salvaje de los ocasos rojos.   A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea         Más breve. Yo presiento La lucha de mi carne por volver hacia arriba, Por sentir en sus átomos la frescura del viento.   Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos         Podrán estarse quietas. Que seimpre como topos arañarán la tierra En medio de las sombras estrujadas y prietas.   Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen En la greda amarilla de mis huesos menguados. ¡Por la parda escalera de las raíces vivas Yo subiré a mirarte en los lirios morados!
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Vida-garfio
En la estrellada bóveda fue sembrado el aliento ancestral por otra vida: la vida sin deseos alambrados, sin la manta escabrosa y percudida, la vida sonrosada por los goces de naturales besos y semillas y de los dulces néctares de voces ascendiendo en floridas cascadillas... Desde el cielo, infinitos manantiales despejan el maná que el pueblo implora. ¿Harán sus diademas con cristales cogidos en la yerba de la aurora? ¿Bailarán con euforias similares a las de las anémonas marinas? ¿Fumarán sin clausuras los millares de inciensos que este viento les destina?
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Jul 1, 2014
Jul 1, 2014 at 9:51 PM UTC
Cosecha Tempestuosa
En su tallo de calor se balancea La estación indecisa                                   Abajo Un gran deseo de viaje remueve Las entrañas heladas del lago Cacerías de reflejos allá arriba La ribera ofrece guantes de musgo a tu blancura La luz bebe luz en tu boca Tu cuerpo se abre como una mirada Como una flor al sol de una mirada Te abres           Belleza sin apoyo Basta un parpadeo Todo se precipita en un ojo sin fondo                                 Basta un parpadeo Todo reaparece en el mismo ojo                                         Brilla el mundo Tú resplandeces al filo del agua y de la luz Eres la hermosa máscara del día Aunque la nieve caiga en racimos maduros Nadie sacude ramas allá arriba El árbol de la luz no da frutos de nieve Aunque la nieve se disperse en polen No hay semillas de nieve No hay naranjas de nieve no hay claveles No hay cometas ni soles de nieve Aunque vuele en bandadas no hay pájaros de nieve En la palma del sol brilla un instante y cae Apenas tiene cuerpo apenas peso apenas nombre Y ya lo cubre todo con su cuerpo de nieve Con su peso de luz con su nombre sin sombra
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Primavera y muchacha
Eres hija del mar y prima del orégano, nadadora, tu cuerpo es de agua pura, cocinera, tu sangre es tierra viva y tus costumbres son floridas y terrestres. Al agua van tus ojos y levantan las olas, a la tierra tus manos y saltan las semillas, en agua y tierra tienes propiedades profundas que en ti se juntan como las leyes de la greda. Náyade, corta tu cuerpo la turquesa y luego resurrecto florece en la cocina de tal modo que asumes cuanto existe y al fin duermes rodeada por mis brazos que apartan de la sormbra sombría, para que tú descanses, legumbres, algas, hierbas: la espuma de tus sueños.
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Soneto xxxiv
Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago, en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Cantarán los techos de palmera. Iré a Santiago. Cuando la palma quiere ser cigüefla, iré a Santiago. Y cuando quiere ser medusa el plátano, iré a Santiago. Iré a Santiago con la rubia cabeza de Fonseca. Iré a Santiago. Y con la rosa de Romeo y Julieta iré a Santiago. ¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! Iré a Santiago. ¡Oh cintura caliente y gota de madera! Iré a Santiago. ¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco! Iré a Santiago. Siempre he dicho que yo iría a Santiago en un coche de agua negra. Iré a Santiago. Brisa y alcohol en las ruedas, iré a Santiago. Mi coral en la tiniebla, iré a Santiago. El mar ahogado en la arena, iré a Santiago, calor blanco, fruta muerta, iré a Santiago. ¡Oh bovino frescor de calaveras! ¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro! Iré a Santiago.
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Son de negros en cuba
La dentellada del mar muerde la abierta pulpa de la costa donde se estrella el agua verde contra la tierra silenciosa. Parado cielo y lejanía. El horizonte, como un brazo, rodea la fruta encendida del sol cayendo en el ocaso. Frente a la furia del mar son inútiles todos los sueños. ¿Para qué decir la canción de un corazón que es tan pequeño? Sin embargo es tan vasto el cielo y rueda el tiempo, sin embargo. ¡Tenderse y dejarse llevar por este viento azul y amargo!... Desgranado viento del mar, sigue besándome la cara. ¡Arrástrame, viento del mar, adonde nadie me esperara! A la tierra más pobre y dura llévame, viento, entre tus alas, así como llevas a veces las semillas de las hierbas malas. Ellas quieren rincones húmedos, surcos abiertos, ellas quieren crecer como todas las hierbas: ¡yo sólo quiero que me lleves! Allá estaré como aquí estoy: adonde vaya estaré siempre con el deseo de partir y con las manos en la frente... Ésa es la pequeña canción arrullada en un vasto sueño. ¿Para qué decir la canción si el corazón es tan pequeño? Pequeño frente al horizonte y frente al mar enloquecido. ¡Si Dios gimiera en esta playa, nadie oiría sus gemidos! A mordiscos de sal y espuma borra el mar mis últimos pasos... La marea desata ahora su cinturón, en el ocaso. Y una bandada raya el cielo como una nube de flechazos...
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Playa del sur
El día abre la mano                 Tres nubes                 Y estas pocas palabras Al alba busca su nombre lo naciente Sobre los troncos soñolientos centellea la luz Galopan las montañas a la orilla del mar El sol entra en las aguas con espuelas La piedra embiste y rompe claridades El mar se obstina y crece al pie del horizonte Tierra confusa inminencia de escultura El mundo alza la frente aún desnuda Piedra pulida y lisa para grabar un canto La luz despliega su abanico de nombres Hay un comienzo de himno como un árbol Hay el viento y nombres hermosos en el viento
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Semillas para un himno
encerrado en las cuatro paredes de la caverna de mis ideas, me siento al borde de la cama que sirve de máquina del tiempo. me lleva a sitios que me reconfortan de momento, pero que prefiero no visitar. Pues son memorias de tiempos hermosos que no volverán y los abrazos se trasforman en puñales que atraviesan mis carnes y rompen mis huesos, y luego quedo moribundo y tirado en el piso en este bosque lleno de lobos famélicos que llaman vida. En búsqueda de sembrar nuevos árboles, esperando que florezcan la próxima primavera, y que el otoño no sea tan feroz y les permita conservar algunas flores. Pero un inconveniente tras otro, pues resulta que las semillas están en el pasado, en las viejas plazas que no me gusta visitar por miedo a los fantasmas de quienes yo mismo maté. Aún así me sumerjo, porque la promesa de un nuevo bosque fresco que me de sombra y me conforte es más grande que la amenaza de unas sombras que me temen más de lo que yo les temo a ellas.
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 10:01 PM UTC
Jardinero
Subía entonces a tu Casa la Juventud.                           Labios de frutas, semillas de cánticos, pétalos de luz, magnolias de hermosura. Lo que no hablaban las palabras lo decía su sola música. Para qué cantas. Para qué cantar. (Entonces, a la altura de tu frente, trepaban yedras de juventud). Para qué apuras el vino. Déjalo que duerma ensombreciéndose en las uvas. Cielo poniente, del color de los panales; frías plumas de alba. Columnas donde apoya el mediodía azul su cúpula. Para qué cantas. Para qué te entusiasmas. Para qué apuras el vino. Todo cuanto es tuyo, no es tuyo. Todo lo que endulza, amarga. Todo cuanto aroma, hiede. Es el día noche oscura. Te ciñes flores: son las mismas flores que llevas a tu tumba. Subía entonces a tu Casa la Juventud. (Para qué apuras el vino.) Y abrías tus ríos, tu paisaje arrastraba espumas ilusorias, pétalos de oro del estío, la boca púrpura del poniente, el óxido pálido del mar, los nidos que la lluvia habita...               Dime, por lo menos: «lo sé, lo sé: bajo la luna sólo hay respuestas; más allá de la luna, sólo hay preguntas». Di, por lo menos: «sé que vivo caminando y cantando a oscuras, que lloraré de pesadumbre, no de sorpresa...».                       Hasta la altura de tu frente, suben las yedras su vegetal carne desnuda. Cantaba entonces en tu Casa la Juventud (para qué apuras el vino ...), entraban por las puertas luminosas, las criaturas del paraíso del instante, las enigmáticas volutas del azul, las bocas candentes del trigo, el germen de la música: lo eternamente jubiloso sobre la tierra o las espumas. Lo que trenzaba tallo a tallo de risa, su noche futura.
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Paganos
Subía entonces a tu Casa la Juventud.                           Labios de frutas, semillas de cánticos, pétalos de luz, magnolias de hermosura. Lo que no hablaban las palabras lo decía su sola música. Para qué cantas. Para qué cantar. (Entonces, a la altura de tu frente, trepaban yedras de juventud). Para qué apuras el vino. Déjalo que duerma ensombreciéndose en las uvas. Cielo poniente, del color de los panales; frías plumas de alba. Columnas donde apoya el mediodía azul su cúpula. Para qué cantas. Para qué te entusiasmas. Para qué apuras el vino. Todo cuanto es tuyo, no es tuyo. Todo lo que endulza, amarga. Todo cuanto aroma, hiede. Es el día noche oscura. Te ciñes flores: son las mismas flores que llevas a tu tumba. Subía entonces a tu Casa la Juventud. (Para qué apuras el vino.) Y abrías tus ríos, tu paisaje arrastraba espumas ilusorias, pétalos de oro del estío, la boca púrpura del poniente, el óxido pálido del mar, los nidos que la lluvia habita...               Dime, por lo menos: «lo sé, lo sé: bajo la luna sólo hay respuestas; más allá de la luna, sólo hay preguntas». Di, por lo menos: «sé que vivo caminando y cantando a oscuras, que lloraré de pesadumbre, no de sorpresa...».                       Hasta la altura de tu frente, suben las yedras su vegetal carne desnuda. Cantaba entonces en tu Casa la Juventud (para qué apuras el vino ...), entraban por las puertas luminosas, las criaturas del paraíso del instante, las enigmáticas volutas del azul, las bocas candentes del trigo, el germen de la música: lo eternamente jubiloso sobre la tierra o las espumas. Lo que trenzaba tallo a tallo de risa, su noche futura.
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Sacude las épicas eras un loco viento festival.                           Ah yeguayeguaa!... Como un botón en primavera se abre un relincho de cristal. Revienta la espiga gallarda bajo las patas vigorosas.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Por aumentar la zalagarda trillarían las mariposas! Maduros trigos amarillos, campos expertos en donar.                           Ah yeguayeguaa!... Hombres de corazón sencillo. ¿Qué más podemos esperar? Éste es el fruto de tu ciencia, varón de la mano callosa.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Sólo por falta de paciencia las copihueras no dan rosas! Sol que cayó a racimos sobre el llano, ámbar del sol, quiero adorarte en todo: en el oro del trigo y de las manos que lo hicieran gavillas y recodos. Ámbar del sol, quiero divinizarte en la flor, en el grano y en el vino. Amor sólo me alcanza para amarte: ¡para divinizarte, hazme divino! Que la tierra florezca en mis acciones como en el jugo de oro de las viñas, que perfume el dolor de mis canciones como un fruto olvidado en la campiña. Que trascienda mi carne a sembradura ávida de brotar por todas partes, que mis arterias lleven agua pura, ¡agua que canta cuando se reparte! Yo quiero estar desnudo en las gavillas, pisado por los cascos enemigos, yo quiero abrirme y entregar semillas de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo! Yo di licores rojos y dolientes cuando trilló el Amor mis avenidas: ahora daré licores de vertiente y aromaré los valles con mi herida. Campo, dame tus aguas y tus rocas, entiérrame en tus surcos, o recoge mi vida en las canciones de tu boca como un grano de trigo de tus trojes... Dulcifica mis labios con tus mieles, ¡campo de recónditos panales! Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales... Lléname el corazón de cascabeles, ¡campo de los lebreles pastorales! Rechinan por las carreteras los carros de vientres fecundos.                           Ah yeguayeguaa!... ¡La llamarada de las eras es la cabellera del mundo! Va un grito de bronce removiendo las bestias que trillan sin tregua en un remolino tremendo...                           Ah yeguayeguaa!...
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Sinfonía de la trilla
Sacude las épicas eras un loco viento festival.                           Ah yeguayeguaa!... Como un botón en primavera se abre un relincho de cristal. Revienta la espiga gallarda bajo las patas vigorosas.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Por aumentar la zalagarda trillarían las mariposas! Maduros trigos amarillos, campos expertos en donar.                           Ah yeguayeguaa!... Hombres de corazón sencillo. ¿Qué más podemos esperar? Éste es el fruto de tu ciencia, varón de la mano callosa.                           Ah yeguayeguaa!... ¡Sólo por falta de paciencia las copihueras no dan rosas! Sol que cayó a racimos sobre el llano, ámbar del sol, quiero adorarte en todo: en el oro del trigo y de las manos que lo hicieran gavillas y recodos. Ámbar del sol, quiero divinizarte en la flor, en el grano y en el vino. Amor sólo me alcanza para amarte: ¡para divinizarte, hazme divino! Que la tierra florezca en mis acciones como en el jugo de oro de las viñas, que perfume el dolor de mis canciones como un fruto olvidado en la campiña. Que trascienda mi carne a sembradura ávida de brotar por todas partes, que mis arterias lleven agua pura, ¡agua que canta cuando se reparte! Yo quiero estar desnudo en las gavillas, pisado por los cascos enemigos, yo quiero abrirme y entregar semillas de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo! Yo di licores rojos y dolientes cuando trilló el Amor mis avenidas: ahora daré licores de vertiente y aromaré los valles con mi herida. Campo, dame tus aguas y tus rocas, entiérrame en tus surcos, o recoge mi vida en las canciones de tu boca como un grano de trigo de tus trojes... Dulcifica mis labios con tus mieles, ¡campo de recónditos panales! Perfúmame a manzanas y laureles, desgráname en los últimos trigales... Lléname el corazón de cascabeles, ¡campo de los lebreles pastorales! Rechinan por las carreteras los carros de vientres fecundos.                           Ah yeguayeguaa!... ¡La llamarada de las eras es la cabellera del mundo! Va un grito de bronce removiendo las bestias que trillan sin tregua en un remolino tremendo...                           Ah yeguayeguaa!...
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La lluvia ha dejado goteras en los arboles el trueno ha destruido medio bosque las tres lunas anuncian la noche alumbran a las criaturas, alertan sus voces aullidos de violines despiertan a los habitantes la mujer pantera sale a cazar sangrientos corazones. Pelaje de terciopelo con ligero movimiento acaricia con sus garras el suave viento colmillos crema de afilado marfil que asoman de su rostro violento ensuciando y devorando a un conejo muerto. El olor ha atraído a otros entre la bruma en busca de delicado alimento jaguares en la colina se disputan en un felino enfrentamiento mientras los pájaros huyen y se asustan. Un disparo seco y lento anuncia de los cazadores provenientes del desierto, monstruos de mis adentros escapar de este infierno no merece la pena vivir en mi interior pues todo aquí ya esta muerto, criaturas de los bosques no os lo pedí cuando me hicisteis para siempre vuestro rey ahora viviremos bajo la tierra hasta que la noche llegue. El gruñido del animal rompió el silencio la manada de jaguar con piel de leopardo y alma de cordero huye con desespero se refugian entre las ramas con anhelo entierran su cuerpo en el caliente suelo La orquesta comienza su crescendo Los fogonazos de fuegos golpean el firmamento rebotando y estrellándose contra el riachuelo y las garras de la pantera arañan el rostro del animal-hombre sumiéndolo en un eterno sueño devorado por las fieras. No fue capaz de vivir por siempre. Lluvia de espíritus en el claro del bosque los dioses enfurecidos susurran su nombre la sangre de líquido hierro brota por el suelo el alma de la vida y la muerte alza su vuelo. Dos de las tres lunas permanecen en el cielo mientras dos soles asoman tímidos por las montañas, las flores se balancean haciendo sonar las campanas que son sus semillas el aire es frío y huele a mañanas comienza un día nuevo, se consume el fuego la arena se levanta escurridiza en el desierto y los arboles dejan sus colores morados para otro tiempo. La reina del bosque, la mujer pantera, se refugia junto a sus hermanas en la cueva y la hierba y la maleza tapan los restos del cuerpo despedazado otra presa, pasto de las bestias.
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Dec 27, 2020
Dec 27, 2020 at 7:33 AM UTC
La Pantera
La lluvia ha dejado goteras en los arboles el trueno ha destruido medio bosque las tres lunas anuncian la noche alumbran a las criaturas, alertan sus voces aullidos de violines despiertan a los habitantes la mujer pantera sale a cazar sangrientos corazones. Pelaje de terciopelo con ligero movimiento acaricia con sus garras el suave viento colmillos crema de afilado marfil que asoman de su rostro violento ensuciando y devorando a un conejo muerto. El olor ha atraído a otros entre la bruma en busca de delicado alimento jaguares en la colina se disputan en un felino enfrentamiento mientras los pájaros huyen y se asustan. Un disparo seco y lento anuncia de los cazadores provenientes del desierto, monstruos de mis adentros escapar de este infierno no merece la pena vivir en mi interior pues todo aquí ya esta muerto, criaturas de los bosques no os lo pedí cuando me hicisteis para siempre vuestro rey ahora viviremos bajo la tierra hasta que la noche llegue. El gruñido del animal rompió el silencio la manada de jaguar con piel de leopardo y alma de cordero huye con desespero se refugian entre las ramas con anhelo entierran su cuerpo en el caliente suelo La orquesta comienza su crescendo Los fogonazos de fuegos golpean el firmamento rebotando y estrellándose contra el riachuelo y las garras de la pantera arañan el rostro del animal-hombre sumiéndolo en un eterno sueño devorado por las fieras. No fue capaz de vivir por siempre. Lluvia de espíritus en el claro del bosque los dioses enfurecidos susurran su nombre la sangre de líquido hierro brota por el suelo el alma de la vida y la muerte alza su vuelo. Dos de las tres lunas permanecen en el cielo mientras dos soles asoman tímidos por las montañas, las flores se balancean haciendo sonar las campanas que son sus semillas el aire es frío y huele a mañanas comienza un día nuevo, se consume el fuego la arena se levanta escurridiza en el desierto y los arboles dejan sus colores morados para otro tiempo. La reina del bosque, la mujer pantera, se refugia junto a sus hermanas en la cueva y la hierba y la maleza tapan los restos del cuerpo despedazado otra presa, pasto de las bestias.
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He sembrado palabras en tierra fértil, Los regué con sudor y lágrimas, Fertilizados con sueños muertos, Y crecieron, florecieron y prosperaron. Una rica cosecha tengo ahora, Cestas repletas de hojas muertas y prensadas, Encuadernadas en coloridas cubiertas, Que otros puedan repasar a voluntad. Me brindan recompensas y algo de alegría, Me sobrevivirán, aunque no mucho, Y ayudaran a otros a aprender, Y quizás a mejorar sus vidas. Ojalá hubiera sembrado menos palabras, Cosechado menos fanegas de hojas, Y elegido sembrar otras semillas, Que habrían florecido en almas. En un instante intercambiaría Celemines de bonitas hojas muertas, Por una hija mía, Amada mediante toda mi vida. Lo hecho no se puede deshacer, Aunque senderos no tomados me llamen todavía, Al menos sé que cuándo me vaya, Las hojas muertas nunca llorarán.
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Dec 9, 2019
Dec 9, 2019 at 11:03 PM UTC
Así Como Sembramos, Así Cosechamos