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"remedio" poems
Hace tiempo rezaba antes de reconocer fundaciones cuya raíz existía en la ***** de lo surreal y observaciones no siempre agradables. En un mar pequeño, abatiendo con cada estimulo que muy pocas veces emitia calor humano. Luego me empecé a masturbar después de rezar y me sentía culpable. Rezaba por los padres y sus padres y sus nietos...en especial sus nietas tan calladas y humildes, la abuela...alegre sin importar la edad o su esposo...que tanto respeto le tenia. Los años transcurrieron y mi pelo creció...los secretos aumentan                                            ...la semilla de ayer era mas ligera. Ahora masturbo y sin nadie en cuenta. Existe algo mas que quisiera decir. Existe otro remedio que quisiera probar.
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Mar 9, 2010
Mar 9, 2010 at 10:16 AM UTC
Santito Altar
¿Cómo seré yo cuando no sea yo? Cuando el tiempo haya modificado mi estructura, y mi cuerpo sea otro, otra mi sangre, otros mis ojos y otros mis cabellos. Pensaré en ti, tal vez. Seguramente, mis sucesivos cuerpos -prolongándome, vivo, hacia la muerte- se pasarán de mano en mano, de corazón a corazón, de carne a carne, el elemento misterioso que determina mi tristeza cuando te vas, que me impulsa a buscarte ciegamente, que me lleva a tu lado sin remedio: lo que la gente llama amor, en suma. Y los ojos -qué importa que no sean estos ojos- te seguirán a donde vayas, fieles.
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Cumpleaños de amor
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirlo le decía: «Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz...»                                  Y el cómico reía. Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte».-Viajad y os distraeréis.                                               - ¡Tanto he viajado! -Las lecturas buscad.                                           -¡Tanto he leído! -Que os ame una mujer.                                                 -¡Si soy amado! -¡Un título adquirid!                                       -¡Noble he nacido! -¿Pobre seréis quizá?                                           -Tengo riquezas -¿De lisonjas gustáis?                                           -¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?                                               -Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?                                                 -Mucho... mucho... -¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? -Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. -¿A Garrik?                         -Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.-¿Y a mí, me hará reír?                                               -¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? -Así -dijo el enfermo- no me curo; ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
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Reír llorando
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirlo le decía: «Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz...»                                  Y el cómico reía. Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte».-Viajad y os distraeréis.                                               - ¡Tanto he viajado! -Las lecturas buscad.                                           -¡Tanto he leído! -Que os ame una mujer.                                                 -¡Si soy amado! -¡Un título adquirid!                                       -¡Noble he nacido! -¿Pobre seréis quizá?                                           -Tengo riquezas -¿De lisonjas gustáis?                                           -¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?                                               -Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?                                                 -Mucho... mucho... -¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? -Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. -¿A Garrik?                         -Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.-¿Y a mí, me hará reír?                                               -¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? -Así -dijo el enfermo- no me curo; ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
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Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida... Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo... La juego contra uno o contra todos, la juego contra el cero o contra el infinito, la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, en una encrucijada, en una barricada, en un motín; la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, a todo lo ancho y a todo lo hondo -en la periferia, en el medio, y en el sub-fondo...- Juego mi vida, cambio mi vida, la llevo perdida sin remedio. Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...: o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: todo, todo me da lo mismo: lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo... Todo, todo me da lo mismo: todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo donde se anudan serpentinos mis sesos. Cambio mi vida por lámparas viejas o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: -por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: por los colgajos que se guinda en las orejas la simiesca mulata, la terracota rubia; la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: cambio mi vida por una anilla de hojalata o por la espada de Sigmundo, o por el mundo que tenía en los dedos Carlomagno: -para echar a rodar la bola... Cambio mi vida por la cándida aureola del idiota o del santo;                                         la cambio por el collar que le pintaron al gordo Capeto; o por la ducha rígida que llovió en la nuca a Carlos de Inglaterra;                                         la cambio por un romance, la cambio por un soneto; por once gatos de Angora, por una copla, por una saeta, por un cantar; por una baraja incompleta; por una faca, por una pipa, por una sambuca... o por esa muñeca que llora como cualquier poeta. Cambio mi vida -al fiado- por una fábrica de crepúsculos (con arreboles);                               por un gorila de Borneo; por dos panteras de Sumatra; por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra- o por su naricilla que está en algún Museo; cambio mi vida por lámparas viejas, o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas... ¡o por dos huequecillos minúsculos -en las sienes- por donde se me fugue, en grises podres, la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres...! Juego mi vida, cambio mi vida. De todos modos la llevo perdida...
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Relato de sergio stepansky
Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida... Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo... La juego contra uno o contra todos, la juego contra el cero o contra el infinito, la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, en una encrucijada, en una barricada, en un motín; la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, a todo lo ancho y a todo lo hondo -en la periferia, en el medio, y en el sub-fondo...- Juego mi vida, cambio mi vida, la llevo perdida sin remedio. Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...: o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: todo, todo me da lo mismo: lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo... Todo, todo me da lo mismo: todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo donde se anudan serpentinos mis sesos. Cambio mi vida por lámparas viejas o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: -por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: por los colgajos que se guinda en las orejas la simiesca mulata, la terracota rubia; la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: cambio mi vida por una anilla de hojalata o por la espada de Sigmundo, o por el mundo que tenía en los dedos Carlomagno: -para echar a rodar la bola... Cambio mi vida por la cándida aureola del idiota o del santo;                                         la cambio por el collar que le pintaron al gordo Capeto; o por la ducha rígida que llovió en la nuca a Carlos de Inglaterra;                                         la cambio por un romance, la cambio por un soneto; por once gatos de Angora, por una copla, por una saeta, por un cantar; por una baraja incompleta; por una faca, por una pipa, por una sambuca... o por esa muñeca que llora como cualquier poeta. Cambio mi vida -al fiado- por una fábrica de crepúsculos (con arreboles);                               por un gorila de Borneo; por dos panteras de Sumatra; por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra- o por su naricilla que está en algún Museo; cambio mi vida por lámparas viejas, o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas... ¡o por dos huequecillos minúsculos -en las sienes- por donde se me fugue, en grises podres, la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres...! Juego mi vida, cambio mi vida. De todos modos la llevo perdida...
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Mientras comían juntos y distantes y tensos ella muy lentamente y él como ensimismado hablaban con medida y doble parsimonia de temas importantes y de algunos quebrantos entonces como siempre o como casi siempre el desvelo social condujo a la cultura así que por la noche se fueron al teatro sin tocarse un ojal ni siquiera una uña su sonrisa       la de ella era como una oferta un anuncio un esbozo su mirada       la de él iba tomando nota de cómo eran sus ojos y como a la salida soplaba un aire frío y unos dedos muy blancos indefensos y tristes apenas asomaban por las sandalias de ella no hubo más remedio que entrar en un boliche y ya que el camarero se demoraba tanto llegaron cautelosos hasta la confidencia extra seca y sin hielo por favor       y fumaron y entre el humo el amor era un rostro en la niebla en sus labios       los de él el silencio era espera la noticia era el frío en su casa       la de ella halló café instantáneo y confianza y cobijo una hora tan sólo de memoria y sondeos hasta que sobrevino un silencio a dos voces como cualquiera sabe en tales circunstancias es arduo decir algo que realmente no sobre él probó       sólo falta que me quede a dormir y ella también probó       y por qué no te quedas y él sin mirarla       no me lo digas dos veces y ella en voz baja       bueno y por qué no te quedas y sus labios       los de él se quedaron gustosos a besar sin usura sus pies fríos       los de ella que eran sólo el comienzo de la noche desnuda fueron investigando deshojando nombrando proponiéndose metas       preguntando a los cuerpos mientras la madrugada y los temas candentes conciliaban el sueño que no durmieron ellos quién hubiera previsto aquella tarde que el amor ese célebre informal se dedicara a ellos tan formales
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Los formales y el frío
Mientras comían juntos y distantes y tensos ella muy lentamente y él como ensimismado hablaban con medida y doble parsimonia de temas importantes y de algunos quebrantos entonces como siempre o como casi siempre el desvelo social condujo a la cultura así que por la noche se fueron al teatro sin tocarse un ojal ni siquiera una uña su sonrisa       la de ella era como una oferta un anuncio un esbozo su mirada       la de él iba tomando nota de cómo eran sus ojos y como a la salida soplaba un aire frío y unos dedos muy blancos indefensos y tristes apenas asomaban por las sandalias de ella no hubo más remedio que entrar en un boliche y ya que el camarero se demoraba tanto llegaron cautelosos hasta la confidencia extra seca y sin hielo por favor       y fumaron y entre el humo el amor era un rostro en la niebla en sus labios       los de él el silencio era espera la noticia era el frío en su casa       la de ella halló café instantáneo y confianza y cobijo una hora tan sólo de memoria y sondeos hasta que sobrevino un silencio a dos voces como cualquiera sabe en tales circunstancias es arduo decir algo que realmente no sobre él probó       sólo falta que me quede a dormir y ella también probó       y por qué no te quedas y él sin mirarla       no me lo digas dos veces y ella en voz baja       bueno y por qué no te quedas y sus labios       los de él se quedaron gustosos a besar sin usura sus pies fríos       los de ella que eran sólo el comienzo de la noche desnuda fueron investigando deshojando nombrando proponiéndose metas       preguntando a los cuerpos mientras la madrugada y los temas candentes conciliaban el sueño que no durmieron ellos quién hubiera previsto aquella tarde que el amor ese célebre informal se dedicara a ellos tan formales
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Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para la injuria del coplero ganso torno mis brumas cada vez más densas. Para el mohín de los leyente docto marco mis versos de bizarro rictus, (leyente docto: abléptico pedante) tizno mis versos de macabros untos. Para mí... no hago nada, nada, nada, A qué contar a la olvidosa gente si el amor en mi pecho llora o canta? (a la olvidosa gente, es a saber: al aire, al viento, al sol, al río, al mar...) o a qué decir si el alma poesía, -gruña así o grazne la trivial raleaa qué decir si el alma poesía huésped es de mi torre o de mi rúa? Y que (como Villon el su tabardo, su buitre prometeiico Atlas el Sordo, como Nerón la púrpura, y la toga César el Calvo, y ponzoñosa daga el Valentino de mirar buido, y, de la Tour de Nesle precipitado, el saco Buridán, oh Margarita!) yo porto, a más del tirso y la careta, yo porto, en mí, la sombra del fastidio, signo fatal, exilio sin remedio? (como Nerón la púrpura, o la toga César el Calvo, o la siniestra daga el Valentino César, cuando arruga su ceño ante las turbas enemigas!) Un ignorado ritmo, dócil, terso, donde el absurdo corazón esparzo, ¡eso será la impertinente estrofa en que de todo mi desdén se befa, y más de mí!: desdén, sobrio estilete y el más seguro amigo en el combate contra la tribu inulta! ¡Oh Muchedumbre!: qué vales tú, si topas con el Hombre? (y el Hombre, dí, si topa con el Hambre? y Muchedumbre y Hombre con la Hembra?). Para mí no hago nada, nada, nada, ¡sino soñar, sólo vivir la vida! Para mí no hago nada... ¿acaso humo cuando en la pipa blondo aroma quemo, -si en el magín devano las ideas humo también, color de fantasía...-? Para mí no hago nada, nada, sólo soñar, vivir la vida a contrapelo. Sin un sueño de Amor más que divino -por tener de ideal y ser humano que da objeto y razón a mi durar... sin ése Amor, mejor fuérame ser una Sombra en la Sombra: quieto Buda dormitando en la Muerte o en la Vida. Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para ofender la mesocracia ambiente mi risa hago sonar de monte a monte; tizno mis versos de bizarro rictus para el mohín de lo leyente docto; para divertimento de mí mismo trovas pergeño: absurdos y sarcasmos! Y busco algo de ensueño y de aventura dentro la noche...! y doy la vida entera por el Amor, oh tú, sola Mujer! mientras viene el morir!
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Balada de asonancias consonantes o de consonancias disonantes o de simples disonancias
Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para la injuria del coplero ganso torno mis brumas cada vez más densas. Para el mohín de los leyente docto marco mis versos de bizarro rictus, (leyente docto: abléptico pedante) tizno mis versos de macabros untos. Para mí... no hago nada, nada, nada, A qué contar a la olvidosa gente si el amor en mi pecho llora o canta? (a la olvidosa gente, es a saber: al aire, al viento, al sol, al río, al mar...) o a qué decir si el alma poesía, -gruña así o grazne la trivial raleaa qué decir si el alma poesía huésped es de mi torre o de mi rúa? Y que (como Villon el su tabardo, su buitre prometeiico Atlas el Sordo, como Nerón la púrpura, y la toga César el Calvo, y ponzoñosa daga el Valentino de mirar buido, y, de la Tour de Nesle precipitado, el saco Buridán, oh Margarita!) yo porto, a más del tirso y la careta, yo porto, en mí, la sombra del fastidio, signo fatal, exilio sin remedio? (como Nerón la púrpura, o la toga César el Calvo, o la siniestra daga el Valentino César, cuando arruga su ceño ante las turbas enemigas!) Un ignorado ritmo, dócil, terso, donde el absurdo corazón esparzo, ¡eso será la impertinente estrofa en que de todo mi desdén se befa, y más de mí!: desdén, sobrio estilete y el más seguro amigo en el combate contra la tribu inulta! ¡Oh Muchedumbre!: qué vales tú, si topas con el Hombre? (y el Hombre, dí, si topa con el Hambre? y Muchedumbre y Hombre con la Hembra?). Para mí no hago nada, nada, nada, ¡sino soñar, sólo vivir la vida! Para mí no hago nada... ¿acaso humo cuando en la pipa blondo aroma quemo, -si en el magín devano las ideas humo también, color de fantasía...-? Para mí no hago nada, nada, sólo soñar, vivir la vida a contrapelo. Sin un sueño de Amor más que divino -por tener de ideal y ser humano que da objeto y razón a mi durar... sin ése Amor, mejor fuérame ser una Sombra en la Sombra: quieto Buda dormitando en la Muerte o en la Vida. Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para ofender la mesocracia ambiente mi risa hago sonar de monte a monte; tizno mis versos de bizarro rictus para el mohín de lo leyente docto; para divertimento de mí mismo trovas pergeño: absurdos y sarcasmos! Y busco algo de ensueño y de aventura dentro la noche...! y doy la vida entera por el Amor, oh tú, sola Mujer! mientras viene el morir!
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A veces, mi egoísmo me llena de maldad, y te odio casi hasta hacerme daño a mí mismo: son los celos, la envidia, el asco al hombre, mi semejante aborrecible, como yo corrompido y sin remedio, mi querido hermano y parigual en la desgracia. A veces -o mejor dicho: casi nunca-, te odio tanto que te veo distinta. Ni en corazón ni en alma te pareces a la que amaba sólo hace un instante, y hasta tu cuerpo cambia y es más bello -quizá por imposible y por lejano. Pero el odio también me modifica a mí mismo, y cuando quiero darme cuenta soy otro que no odia, que ama a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo, que lleva tu apellido, y tiene, igual que tú, el cabello largo. Cuando sonríes, yo te reconozco, identifico tu perfil primero, y vuelvo a verte, al fin, tal como eras, como sigues siendo, como serás ya siempre, mientras te ame.
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Carta sin despedida
Y el Alma se asustó a las cinco de aquella tarde azul desteñida. El labio entre los linos la imploró con pucheros de novio para su prometida. El Pensamiento, el gran General se ciñó de una lanza deicida. El Corazón danzaba; más, luego sollozó: la bayadera esclava estaba herida? Nadal Fueron los tigres que la dan por correr a apostarse en aquel rincón, y tristes ver 'los ocasos, que llegan desde Atenas. No habrá remedio para este hospital de nervios, para el gran campamento irritado de este atardecer) Y el General escruta volar siniestras penas allá ................................ en el desfiladero de mis nervios!
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En las tiendas griegas
si nos vieran se reirían de nosotros o mas bien de mi acostados en el suelo temblando de frió buscando un poco de calor y nadie nos va entender que no somos el amor encarnado; que no somos el producto del alcohol ni del humo; que no somos mas que un sentimiento inexplicable, que somos la definición de lo incondicional, y los limites se hacen menos; que ahorita somos nosotros, y mañana tal vez ya no. se reirían de nosotros, jugando a la parejita, y tal vez no jugando tanto, y se reirían de mi cara, como mira la tuya, parcialmente en la oscuridad, con tristeza, remordimiento, cariño y decepción y como tu te fijas en los sismos que empiezan de las rodillas hacia fuera de mi… y se reirían de como algo tan disparejo como nuestra estatura se concilian al danzar eso prohibido por los dioses mas ya no son palabras de tu boca ni promesas de tu corazón; son la letra de esta canción que tarareaba de hace tiempo y ya se que se reirían de mi, porque esto no tiene remedio, que tu y yo estemos tan unidos de esta forma desafiante a lo normal y que me importa?
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 1:21 AM UTC
que me importa!
Sólo necesito estar contigo Tú eres mi sol, mi luna y todas mis estrellas Yo no se mañana si estaremos juntos si se acaba el mundo Pero yo sé que quisiera darte todo Porque yo no tengo remedio mas que amarte
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Sep 26, 2015
Sep 26, 2015 at 5:10 PM UTC
No puedo hablar su idioma, pero Es fuerte en mi corazón; Vi a un niño Y supe entonces que mi corazón era el mismo; Cruzar la arena o un río es hacer una vida mejor; Pero ¿es para cambiar la historia o para reclamarla? ¿No hay remedio? El movimiento del pueblo siempre ha sido así, Pero lo único que no haremos es el pecado Y esperan ser perdonados; Es nuestra decisión y su vida; Él no pidió ir, Ahora no puede quedarse; El río no sabe quién sufre más; Aún se eleva y cae en el corazón de los indefensos; La única cultura que tenemos es la que cambia; Eso es libertad; El único amor o el odio que es honesto, Es lo que digo a sus hijos Para un niño, la vida; Para su padre, el orgullo; No soy la ley, en cambio Soy ligero Porque elijo la luz; Pero también soy oscuridad, Porque me escondo detrás del miedo de estar equivocado, En vez del valor de la compasión; La lucha está en nuestro corazón y mente; Es la forma en que elegimos vivir y morir Estas personas que cruzan; ¿Por qué están ellos aquí? Sabemos por qué; Hay alguien tan fuerte ¿Quién viviría donde no se quieren? Hay alguien tan débil ¿Quién tendría miedo de sus hijos?
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Apr 5, 2017
Apr 5, 2017 at 9:08 AM UTC
Yo elijo la luz
Vengada la hermosa Filis de los agravios de Fabio a verle viene al aldea enfermo de desengaños. A ruego de los pastores baja de su monte al prado, que como se ve querida da a entender que la forzaron. Eso mismo que desea, quiere que la estén rogando, que sube al gusto los precios amor conforme a los años. Huyóse Fabio celoso, pensó Fabio hallar sagrado, pero hay estados de amor que está en el remedio el daño. ¡Desdichado del que llega a tiempo tan desdichado que le matan los remedios con que muchos quedan sanos! En fin, a Fabio rendido viene a ver su dueño ingrato, alegre porque es amor en las venganzas villano. No va sin galas a verle, aunque pudiera escusarlo, que la mayor hermosura no deja en casa el cuidado. Lleva de palmilla verde saya y sayuelo bizarro, con pasamanos de plata si en ellos pone las manos. No lleva cosa en el cuello que Fabio le hubiese dado, porque no entienda que viven memorias de sus regalos. Joyas lleva que él no ha visto, no porque le ha hecho agravio, mas porque sepan ausencias que no está seguro el campo. Con una cinta de cifras lleva el cabello apretado, que quien gusta de dar celos se vale de mil engaños. De rebociño le sirve para mayor desenfado el capote de los ojos bordado de negros rayos. En argentadas chinelas listones lleva, admirados de que quepan tantos bríos en tan pequeños espacios. Llegó Filis al aldea, entró en su casa de Fabio, los pastores la reciben como al sol los montes altos. Dando perlas con la risa extiende a todos los brazos, que gana mares de amor y da perlas de barato. Apenas Fabio la mira cuando a un tiempo se bañaron el alma en pura alegría, los ojos en tierno llanto. No hablaron los dos tan presto, aunque los ojos hablaron, Filis porque no quería, Fabio porque quiere tanto. Cuando en esta suspensión los dos se encuentran mirando a un tiempo bajan los ojos como que envidian de falso. Habló Filis y tuvieron alma de coral sus labios, que ver humilde al rendido hace piadoso al vengado. A Fabio culpa le pone que es error hacer, amando, con la lengua valentías, si el alma no tiene manos. Él responde y se disculpa, que viendo cerca los brazos, pide perdón ofendido quien ama desengañado.
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Guzmán el bravo
Vengada la hermosa Filis de los agravios de Fabio a verle viene al aldea enfermo de desengaños. A ruego de los pastores baja de su monte al prado, que como se ve querida da a entender que la forzaron. Eso mismo que desea, quiere que la estén rogando, que sube al gusto los precios amor conforme a los años. Huyóse Fabio celoso, pensó Fabio hallar sagrado, pero hay estados de amor que está en el remedio el daño. ¡Desdichado del que llega a tiempo tan desdichado que le matan los remedios con que muchos quedan sanos! En fin, a Fabio rendido viene a ver su dueño ingrato, alegre porque es amor en las venganzas villano. No va sin galas a verle, aunque pudiera escusarlo, que la mayor hermosura no deja en casa el cuidado. Lleva de palmilla verde saya y sayuelo bizarro, con pasamanos de plata si en ellos pone las manos. No lleva cosa en el cuello que Fabio le hubiese dado, porque no entienda que viven memorias de sus regalos. Joyas lleva que él no ha visto, no porque le ha hecho agravio, mas porque sepan ausencias que no está seguro el campo. Con una cinta de cifras lleva el cabello apretado, que quien gusta de dar celos se vale de mil engaños. De rebociño le sirve para mayor desenfado el capote de los ojos bordado de negros rayos. En argentadas chinelas listones lleva, admirados de que quepan tantos bríos en tan pequeños espacios. Llegó Filis al aldea, entró en su casa de Fabio, los pastores la reciben como al sol los montes altos. Dando perlas con la risa extiende a todos los brazos, que gana mares de amor y da perlas de barato. Apenas Fabio la mira cuando a un tiempo se bañaron el alma en pura alegría, los ojos en tierno llanto. No hablaron los dos tan presto, aunque los ojos hablaron, Filis porque no quería, Fabio porque quiere tanto. Cuando en esta suspensión los dos se encuentran mirando a un tiempo bajan los ojos como que envidian de falso. Habló Filis y tuvieron alma de coral sus labios, que ver humilde al rendido hace piadoso al vengado. A Fabio culpa le pone que es error hacer, amando, con la lengua valentías, si el alma no tiene manos. Él responde y se disculpa, que viendo cerca los brazos, pide perdón ofendido quien ama desengañado.
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Me duele el alma no se por que me estoy muriendo sin saber, Es el virus de la duda que me reclama el no intentar. Me han dicho que no tengo remedio que tu me estas matando por dentro yo se que son mis dudas yo se que es tu ausencia. ¿Quien te a querido, queriendo, quererte como yo? o ¿Me he callado, queriendo querer mis penas? Es mi silencio el culpable de no tenerte no es mi culpa que te quiera más cada vez que dices no. Es que somos tan masoquistas queriendo lo que esta tan lejos ¿soy idiota por no saber si tu también mueres de amor por mi?
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Apr 24, 2019
Apr 24, 2019 at 2:11 AM UTC
Dudas
-¡Afuera, afuera, Rodrigo,   el soberbio castellano! Acordársete debría   de aquel buen tiempo pasado que te armaron caballero   en el altar de Santiago, cuando el rey fue tu padrino,   tú, Rodrigo, el ahijado; mi padre te dio las armas,   mi madre te dio el caballo, yo te calcé espuela de oro   porque fueses más honrado; pensando casar contigo,   ¡no lo quiso mi pecado!, casástete con Jimena,   hija del conde Lozano; con ella hubiste dineros,   conmigo hubieras estados; dejaste hija de rey   por tomar la de un vasallo.  En oír esto Rodrigo   volvióse mal angustiado: -¡Afuera, afuera, los míos,   los de a pie y los de a caballo, pues de aquella torre mocha   una vira me han tirado!, no traía el asta hierro,   el corazón me ha pasado; ¡ya ningún remedio siento,   sino vivir más penado!
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Romance xiii en que doña urraca recuerda cuando el cid se criaba con ella en su palacio en zamora
He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo.Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos de cierva concebida.Ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo, y a reforzar tus venas con mi piel de soldado fuera como el cerezo.Espejo de mi carne, sustento de mis alas, te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, ansiado por el plomo.Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta en el polvo, esposa.Cuando junto a los campos de combate te piensa mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, te acercas hacia mí como una boca inmensa de hambrienta dentadura.Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo.Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejaré a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras.Es preciso matar para seguir viviendo. Un día iré a la sombra de tu pelo lejano, y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo cosida por tu mano.Tus piernas implacables al parto van derechas, y tu implacable boca de labios indomables, y ante mi soledad de explosiones y brechas recorres un camino de besos implacables.Para el hijo será la paz que estoy forjando. Y al fin en un océano de irremediables huesos tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.
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Canción del esposo soldado
He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo.Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos de cierva concebida.Ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo, y a reforzar tus venas con mi piel de soldado fuera como el cerezo.Espejo de mi carne, sustento de mis alas, te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, ansiado por el plomo.Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta en el polvo, esposa.Cuando junto a los campos de combate te piensa mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, te acercas hacia mí como una boca inmensa de hambrienta dentadura.Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo.Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejaré a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras.Es preciso matar para seguir viviendo. Un día iré a la sombra de tu pelo lejano, y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo cosida por tu mano.Tus piernas implacables al parto van derechas, y tu implacable boca de labios indomables, y ante mi soledad de explosiones y brechas recorres un camino de besos implacables.Para el hijo será la paz que estoy forjando. Y al fin en un océano de irremediables huesos tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.
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Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
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Testimonial
Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
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La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Crucifixión
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Hay que volar en este tiempo, a dónde? Sin alas, sin avión, volar sin duda: ya los pasos pasaron sin remedio, no elevaron los pies del pasajero. Hay que volar a cada instante como las águilas, las moscas y los días, hay que vencer los ojos de Saturno y establecer allí nuevas campanas. Ya no bastan zapatos ni caminos, ya no sirve la tierra a los errantes, ya cruzaron la noche las raíces, y tú aparecerás en otra estrella determinadamente transitoria convertida por fin en amapola.
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Soneto xcvii
Estoy viviendo por vivir. Respiro porque me levanto Porque mi sistema lo permite O tal vez Dios. Estoy viviendo por vivir. Ya no disfruto a mi Madre Moviéndolo todo a mi alrededor No escucho las voces del viento Estoy viviendo por vivir. Voy perdiendo personas que amo Me voy decepcionado de ellas De mi; de todos. Estoy viviendo por vivir. Porque no me cuesta otro remedio Vivo con la esperanza de que todo cambiara Porque es la única vida que viviré.
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Oct 18, 2014
Oct 18, 2014 at 12:52 AM UTC
Sin rumbo.
flores de miel flores de piel flores calientes salían de david burnham quieto en el aire frío lunar sin remedio sin adioses sin Dios ¡ah david burnham! su clavícula clavada en el cosmos era la que más florecía extrañas vidas daba para la época en que la gente era infeliz y preguntaba ¿cómo era el niño david en la clase de inglés? nunca se supo cómo era pero está quieto entre fulgores su cabeza se la come la luz david burnham amó ese final no quiso a la tierra ni al agua como cantaba al disolverse inclinado hacia el sol que le tapó las manos los ojos los pies cuidándolo como a palomo ciego en tanto cae la noche padre y madre como oso silencioso las cuatro caras del dolor se apagaron para david burnham navegando o ardiendo todavía dulce dulce detrás del espectáculo así terminó david burnham se le caía un polvo fino como jazmín donde avanza la noche aplasta y se perfuma ¡ah solo en el espacio!
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Lamento por las flores de david burnham
Ya, desengaño mío, llegasteis al extremo que pudo en vuestro ser verificar el serlo.     Todo los habéis perdido; mas no todo, pues creo que aun a costa es de todo barato el escarmiento.     No envidiaréis de amor los gustos lisonjeros: que está un escarmentado muy remoto del riesgro.     El no esperar alguno me sirve de consuelo; que también es alivio el no buscar remedio.     En la pérdida misma los alivios encuentro: pues si perdi el tesoro, también se perdió el miedo.     No tener qué perder me sirve de sosiego; que no teme ladrones, desnudo, el pasajero.     Ni aun la libertad misma tenerla por bien quiero: que luego será daño si por tal la poseo.     No quiero más cuidados de bienes tan inciertos, sino tener el alma como que no la tengo.
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Endechas
Muchachos Que nunca fuisteis compañeros de mi vida, Adiós. Muchachos Que no seréis nunca compañeros de mi vida Adiós. El tiempo de una vida nos separa Infranqueable: A un lado la juventud libre y risueña; A otro la vejez humillante e inhóspita. De joven no sabía Ver la hermosura, codiciarla, poseerla; De viejo la he aprendido Y veo a la hermosura, mas la codicio inútilmente. Mano de viejo mancha El cuerpo juvenil si intenta acariciarlo. Con solitaria dignidad el viejo debe Pasar de largo junto a la tentación tardía. Frescos y codiciables son los labios besados, Labios nunca besados más codiciables y frescos aparecen. ¿Qué remedio, amigos? ¿Qué remedio? Bien lo sé: no lo hay. Qué dulce hubiera sido En vuestra compañía vivir un tiempo: Bañarse juntos en aguas de una playa caliente, Compartir bebida y alimento en una mesa. Sonreír, conversar, pasearse Mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música. Seguid, seguid así, tan descuidadamente, Atrayendo al amor, atrayendo al deseo. No cuidéis de la herida que la hermosura vuestra y vuestra gracia abren En este transeúnte inmune en apariencia a ellas. Adiós, adiós, manojos de gracias y donaires. Que yo pronto he de irme, confiado, Adonde, anudado el roto hilo, diga y haga Lo que aquí falta, lo que a tiempo decir y hacer aquí no supe. Adiós, adiós, compañeros imposibles. Que ya tan sólo aprendo A morir, deseando Veros de nuevo, hermosos igualmente En alguna otra vida.
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Despedida
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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Jul 28, 2020
Jul 28, 2020 at 8:00 PM UTC
el roce
el roce leve de la tela contra mi cuerpo y el deseo póstumo, entre mis dedos ansiosos el roce de su piel contra la mía, es el puente que une, mas allá de la piel, mas que solo un deseo, una conexión unión de dos cuerpos, entre millones, el silente deseo que se fue encendiendo, hasta el limite actual, un paisaje de deseo frente a sus ojos entrecerrados por el brillo de su propia luz y el roce leve de la tela, me trae el recuerdo de su piel, latiendo fuerte ante mi invasión, ante mi irrupción de extranjero en su tierra fértil, donde me encuentro brillando, frente a sus ojos, y conectado al todo así su piel adorada se vuelve un refugio, y mi conexión con el todo, entre sus dedos el brillo es casi palpable, casi como si su piel fuera una estrella, que encendida comparte su luz con aquel cuerpo azulado, que adorándola se ilumina y los roces de la piel latiendo, como un órgano, vivo y fecundo tocando mi cuerpo y entre mis dedos aun siento los suyos, aferrados con fuerza a mi, en el momento del crepúsculo, donde el brillo se acentúa y se atesora y el roce azulado de su cuerpo, es un dulce y adorado recuerdo, hecho de visiones y deseos en colores vivos, que van conexos, como retazo de la misma tela dorada, que une pieles y la memoria se cubre de luz y entre dos visiones y un deseo, voy avanzando con los ojos abiertos y acompañado, la soledad se perdió frente a su mirada de mujer, y el recuerdo de la perdida y la desidia, el dolor se perdió entre mis dedos, como arena negra de una playa oscura y solitaria llena de pesadillas y recuerdos del dolor escondido, que lejos ya no vuelve a cazarme entre mis recuerdos, bajo la mirada de aquella que como placebo se vuelve un remedio y un bálsamo refrescante, que cierra heridas, alejando la infección de malas imágenes que se vuelven una, bajo la mano oscura que los produjo, como una bacteria generando pesadillas en su locura que se pierde entre sus dedos, y avanzar se vuelve un caminar en las nubes, y la pequeña bendición se atesora en silencio, pues el mundo ve en mi verso y en su ignorancia una provocación inexistente, que se perdió entre los recuerdos bellos de su cuerpo pequeño y adorado, que entre mis dedos se vuelve un gigante, una ninfa que se vuelve una titan en mis brazos, y el roce se vuelve algo religioso entre dos cuerpos y una luz, el tiempo nos fue uniendo, y lejos quedo ya el mal sabor de sus ojos salen mis recuerdos, que nublados por la luz, son en secreto atesorados, mientras el tiempo fue la causa y el remedio se volvió una plegaria de aquellas que en el tantra y en lo simple se volvió una bendición, eso es el roce de su piel contra la mía, todo eso en un toque de su cuerpo latiendo por el mio, cavilando entre la luz del tiempo, que adorándola se hace.
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Ahora ya es tarde. Quisimos tocar con las pobres manos el prodigio. Ahora ya es tarde: sabemos. (No supimos lo que hacíamos). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado. Nos retiene, sin remedio, en su recinto). Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Ahora ya es tarde. Se apaga el mundo recién nacido. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. Miro la llama. ¿Quién nos mandó tocar su centro encendido? Al fuego se le posee con los ojos. (Ni sus hijos pueden tocarlo). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Sabemos. El terso sueño se ha roto. Ya no hay caminos. Desamparados tendemos puentes de espíritu a espíritu. También el cuerpo quería romper su lastre infinito. Las almas a su través se buscaban. Se han hundido para siempre. No se encuentran para siempre. No se encuentran las almas. Ya se ha cumplido lo fatal. Sabemos. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Las almas se han marchitado sobre los cuerpos marchitos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. El fino vidrio de la paz se rompe deseando. (Como el río, sólo se para y descansa cuando deja de ser río). Prisa por llegar. Candentes avideces. Rojo vino en el que los vencedores se igualan a los vencidos. Oh, cuánta desolación. Qué caída en el vacío. Oigo al otoño ventoso tañer su cuerno amarillo. Aroma de oro dorando aroma de tierra. Piso la tierra. Miro la tierra hermosa... Torno a lo mío: cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado). Todo en torno es lo mismo y no es lo mismo. Se han borrado para siempre caminos, muchos caminos. Y estamos solos. De pronto nada parece tranquilo. Nuestra voz suena a voz de otros que jamás han existido. Y se cierra todo. Y todo dejando de ser sencillo. Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Y no hay caminos. Y no hay caminos. Y no hay caminos
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Ahora ya es tarde. Quisimos tocar con las pobres manos el prodigio. Ahora ya es tarde: sabemos. (No supimos lo que hacíamos). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado. Nos retiene, sin remedio, en su recinto). Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Ahora ya es tarde. Se apaga el mundo recién nacido. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. Miro la llama. ¿Quién nos mandó tocar su centro encendido? Al fuego se le posee con los ojos. (Ni sus hijos pueden tocarlo). Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Sabemos. El terso sueño se ha roto. Ya no hay caminos. Desamparados tendemos puentes de espíritu a espíritu. También el cuerpo quería romper su lastre infinito. Las almas a su través se buscaban. Se han hundido para siempre. No se encuentran para siempre. No se encuentran las almas. Ya se ha cumplido lo fatal. Sabemos. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Las almas se han marchitado sobre los cuerpos marchitos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Ya no hay caminos. Cuando nada se desea todo se posee. El fino vidrio de la paz se rompe deseando. (Como el río, sólo se para y descansa cuando deja de ser río). Prisa por llegar. Candentes avideces. Rojo vino en el que los vencedores se igualan a los vencidos. Oh, cuánta desolación. Qué caída en el vacío. Oigo al otoño ventoso tañer su cuerno amarillo. Aroma de oro dorando aroma de tierra. Piso la tierra. Miro la tierra hermosa... Torno a lo mío: cuando nada se desea todo se posee. (El círculo se ha cerrado). Todo en torno es lo mismo y no es lo mismo. Se han borrado para siempre caminos, muchos caminos. Y estamos solos. De pronto nada parece tranquilo. Nuestra voz suena a voz de otros que jamás han existido. Y se cierra todo. Y todo dejando de ser sencillo. Ángeles soberbios. Ángeles ciegos. Ángeles malditos. Y no hay caminos. Y no hay caminos. Y no hay caminos
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El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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Un criminal
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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