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"quebrada" poems
Canta en la ***** del pino un pájaro detenido, trémulo, sobre su trino. Se yergue, flecha, en la rama, se desvanece entre alas y en música se derrama. El pájaro es una astilla que canta y se quema viva en una nota amarilla. Alzo los ojos: no hay nada. Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada.
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La rama
Esta sal del salero yo la vi en los salares. Sé que no van a creerme, pero canta, canta la sal, la piel de los salares, canta con una boca ahogada por la tierra. Me estremecí en aquellas soledades cuando escuché la voz de la sal en el desierto. Cerca de Antofagasta toda la pampa salitrosa suena: es una voz quebrada, un lastimero canto. Luego en sus cavidades la sal gema, montaña de una luz enterrada, catedral transparente, cristal del mar, olvido de las olas. Y luego en cada mesa de ese mundo, sal, tu substancia ágil espolvoreando la luz vital sobre los alimentos. Preservadora de las antiguas bodegas del navío, descubridora fuiste en el océano, materia adelantada en los desconocidos, entreabiertos senderos de la espuma. Polvo del mar, la lengua de ti recibe un beso de la noche marina: el gusto funde en cada sazonado manjar tu oceanía y así la mínima, la minúscula ola del salero nos enseña no sólo su doméstica blancura, sino el sabor central del infinito.
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Oda a la sal
"Sólo me quiero morir." Me dijo esto con voz quebrada mientras rompía en llanto. Era joven. Se le veía desaliñada y su rostro mostraba la dureza de la vida que ha llevado. Su piel bronceada sudaba bajo el abrasador sol del medio día y su cuerpo temblaba presa del pánico que lentamente se desvanecía. El señor con quien peleaba, un señor de edad avanzada quien amenazaba con golpearla, se había refugiado en su casa al ver que me acercaba e interrumpía su disputa. No se qué sucedía. No se por qué peleaban. No se quiénes eran. Se que él quería dañarla y que yo no lo permitiría. Le pregunté qué sucedía, si estaba bien. "Solo me quiero morir." "No te quieres morir." le contesté, sin saber realmente que decir. Le expliqué que tenía cosas que hacer en ese momento, y me ofrecí a acompañarla hasta donde yo iba. Ella amablemente declinó la oferta, alegando que no tenía dinero para unos medicamentos que necesitaba. Me disculpé por no poderle ayudar más, dado que yo tampoco contaba con mucho dinero. Ella me tomó de la mano, aún con lagrimas en los ojos y la voz quebradiza y me dijo "Ya me has ayudado más de lo que tú crees." Tras decir esto se dio la vuelta y se fue en la dirección opuesta a la mía. Aún no se quién era ni qué fue lo que sucedió, pero se que, quién quiera que fuera, ese día comencé a ver la vida desde una nueva perspectiva.
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Apr 14, 2016
Apr 14, 2016 at 7:32 PM UTC
Sólo me quiero morir.
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada. Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar. Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura. En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos. Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del "Te quiero siempre". En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
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Pequeño vals vienés
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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New york (oficina y denuncia)
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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Tu silencio Es mejor Que tus mentiras Ya me cansé De ti Y como tiras Mi corazón A la tierra No aguanto Nada más De tus Juegos de la mente No quiero saber Nada más Sobre ti y la gente Con quien Estás Quitate De mi vida Nunca quiero Oir de ti Por nuevo
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Nov 7, 2013
Nov 7, 2013 at 8:15 PM UTC
Quebrada
Estou cansado e sem inspiração Me sinto como uma bateria sem carga Pronta para ser jogada fora Velho e sem utilidade Eu sou um livro a lido na prateleira E agora apenas guardado como um enfeite Eu sou uma corda de guitarra quebrada Eu sou inútil Eu sou invisível Sinto que meu cotidiano é uma inevitável guerra contra o mundo Como se eu estivesse
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Jan 21, 2016
Jan 21, 2016 at 2:04 PM UTC
Untitled
Coches cerrados llegaban a las orillas de juncos donde las ondas alisan romano torso desnudo. Coches que el Guadalquivir tiende en su cristal maduro, entre láminas de flores y resonancias de nublos. Los niños tejen y cantan el desengaño del mundo, cerca de los viejos coches perdidos en el nocturno. Pero Córdoba no tiembla bajo el misterio confuso, pues si la sombra levanta la arquitectura del humo, un pie de mármol afirma su casto fulgor enjuto. Pétalos de lata débil recaman los grises puros de la brisa, desplegada sobre los arcos de triunfo. Y mientras el puente sopla diez rumores de Neptuno, vendedores de tabaco huyen por el roto muro. Un solo pez en el agua que a las dos Córdobas junta: Blanda Córdoba de juncos. Córdoba de arquitectura. Niños de cara impasible en la orilla se desnudan, aprendices de Tobías y Merlines de cintura, para fastidiar al pez en irónica pregunta si quiere flores de vino o saltos de media luna. Pero el pez, que dora el agua y los mármoles enluta, les da lección y equilibrio de solitaria columna. El Arcángel aljamiado de lentejuelas oscuras, en el mitin de las ondas buscaba rumor y cuna. Un solo pez en el agua. Dos Córdobas de hermosura. Córdoba quebrada en chorros. Celeste Córdoba enjuta.
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San rafael
Yo meditaba absorto, devanando los hilos del hastío y la tristeza, cuando llegó a mi oído, por la ventana de mi estancia, abiertaa una caliente noche de verano, el plañir de una copia soñolienta, quebrada por los trémolos sombríos de las músicas magas de mi tierra.... Y era el Amor, como una roja llama... -Nerviosa mano en la vibrante cuerda ponía un largo suspirar de oro que se trocaba en surtidor de estrellas-.... Y era la Muerte, al hombro la cuchilla, el paso largo, torva y esquelética. -Tal cuando yo era niño la soñaba-.Y en la guitarra, resonante y trémula, la brusca mano, al golpear, fingía el reposar de un ataúd en tierra.Y era un plañido solitario el soplo que el polvo barre y la ceniza avienta.
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Cante hondo
a costela dele quebrada. mal podia ficar reto. dela só se sabe que ficou impressionada quando ele se curou. um momento rápido passou e ela percebeu que se sentava torta. e lembrou dele. privilégio que os ossos dela estavam no lugar. coluna, costela, fêmur. ainda jovens. senti culpa e a vontade de escrever tudo isso. não se pode perder momentos de paz, onde normalmente se encontra o conformismo da decadência. triste isso: só se sentir melhor quando se compara a algo pior. frases curtas pois pensa que fala demais e às vezes acha que pensa demais, quase vomitando coisas que não deveria. sim. sou eu. escrevo. que insegurança chata. vontade de falar pra todo mundo. era bem sobre isso que eu tava falando.
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Oct 25, 2017
Oct 25, 2017 at 5:08 PM UTC
costela
A chama quebrada e cacos queimados A água amassada e papéis ensopados O vento pisado e calçadas voláteis A terra tristonha e homem seco
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Apr 21, 2018
Apr 21, 2018 at 9:07 PM UTC
Elementos
En la cálida tarde se hundía,         el sol en su ocaso, con la faz rubicunda en un nimbo         de polvo dorado. En las aguas del mar, una barca,         bogando, bogando, al país de los sueños volaban         amada y amado. A la luz del poniente, en las olas,         quebrada en mil rayos, parecían de oro bruñido         los remos mojados. Y en la barca graciosa y ligera,         bogando, bogando, al país de los sueños volaban         amada y amado. ¿Qué fue de ellos? No sé. Yo recuerdo que después del crepúsculo pálido, aquel cielo se puso sombrío         y el mar agitado.
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Rima - iii
en vano intentaba ver la mano soberana que yo sabía que asía la mía (Manantiales en el desierto: 13 marzo)
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Mar 16, 2021
Mar 16, 2021 at 9:53 AM UTC
Prosa quebrada no es poesía
Recordarás aquella quebrada caprichosa a donde los aromas palpitantes treparon, de cuando en cuando un pájaro vestido con agua y lentitud: traje de invierno. Recordarás los dones de la tierra: irascible fragancia, barro de oro, hierbas del matorral, locas raíces, sortílegas espinas como espadas. Recordarás el ramo que trajiste, ramo de sombra y agua con silencio, ramo como una piedra con espuma. Y aquella vez fue como nunca y siempre: vamos allí donde no espera nada y hallamos todo lo que está esperando.
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Soneto iv