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"potente" poems
In the dark, restricted corner of the library Find yourself ‘Moste Potente Potions’ Everything you need you will find in there The most potent potions Three measures of fluxweed Two bundles of knotgrass Stir thrice, clockwise Wave your wand Now let it brew Not yet, it’s far from over Proceed with four leeches Two measures of crushed lacewings Thirty seconds on low heat Wave your wand Now let it brew Three measures of boomslang skin One crushed bicorn horn Twenty seconds on high heat Wave your wand Now let it brew One scoop of lacewings Stir thrice, anti-clockwise The dark, muddy potion Bubbling up, slowly And now, the final ingredient A piece of the person You wish to become Now notice as it takes the color And taste of his essence Wave your wand Now let it brew For a month, no less You have what you need Now drink up lads! In one hour, however You will transform back Make sure the job is done And in some other’s skin And should the need arise You’ll know what to do In the dark, restricted corner of the library Find yourself ‘Moste Potente Potions’ Everything you need you will find in there The most potent potions
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Apr 19, 2016
Apr 19, 2016 at 11:40 AM UTC
How to Brew a Polyjuice Potion
Verde vivienda— Tortura mia. Cuanto quisiera irme a mi casa— La casa de rosas rojas y llenas De amor y pasion para la ciudad. Blanca pureza— Tu voz me llama hasta al fondo del las raíces De la tierra, De la alma, De la corrupcion. Tu lengua dice muy calladito: “Viva Mexico”. No dejes que tu belleza desaparezca Dentro del crimen carmesí del paiz. Aunque me fui de tus manos a un ano, Quiero que sepas que te extrano. Visito tus pueblos esmeraldas seguido, Pero siempre te llevo conmigo. Por favor, mi vida, Gritame en el esplendor de marfil — Como lo hicistes ese quince de Septiembre Para que te escuche desde aqui: “Viva Mexico!” Tan potente, Tan triunfante— Nunca moriras.
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Jun 6, 2014
Jun 6, 2014 at 7:40 PM UTC
El Grito Fuerte (The Strong Cry)
Esa noche soñé, soñé que me enredaba un aura, un aura tan cambiante, donde de ella emanaban cantos, gritos y reclamos, que al poco rato, se tornaban en zafiros ¡unos tan malditos! que me rasgaban la piel como espinas, ante la insistencia del recuerdo. De repente, tu boca insana me despierta, pero noto que no era tu boca, nunca lo fue, era la sombra, una tan vil y desalmada, que hurtó tú cara, tú cara, ¡Oh, tú cara! Tan falsa! Tan dañina! Por la cual, yo, tan cegada y entorpecida gritaba en mis adentros: "Acércate, acércate, y líbrame de mi pesar" Luego, en claridad perfecta, hay dos sombras, detrás una tercera, sin yo saber quién es quién, sobre ellas vuela el pájaro azul, el símbolo de mi voluntad, quebrantando los cristales, que de tu incertidumbre me arrastró; La tercera sombra, la más incomprensible, dispara la flecha, la que me aniquiló el corazón. Y esta sombra, sin pensarlo, se esfumó, y cuando su voluntad esboza, vuelve a mí, para repetir una vez más su maldad. ¡Fue el veneno! ¡Fue la ira! ¡Fue la venganza! que me dejó sin alma, que me permitía escuchar como aquella se perdía, tan potente, tan fugaz, al igual que una avalancha. Poco a poco aprendí a nunca más darme cosas comunes que anhelan; sobre todo, al atacarme en rayo fiero, el recuerdo que niego, estableciendo el rojo en mis mejillas, por la causa injusta de tu egoísmo descomedido que me centella en los ojos.
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Apr 9, 2015
Apr 9, 2015 at 3:53 AM UTC
La Maldición De Los Fuegos y De Las Sombras
Sono cresciuto in una terra strana dopo che hai messo all'ombra la mia luce, quasi non mossi piede dalla soglia della mia meraviglia per il dio nuovo cui tu m'opponevi. In me cresceva il Dio dei miei domini (ero ancora ragazzo) ma tu mi hai rotto l'urlo ai vorticosi margini della bocca, l'urlo della potente giovinezza. Mamma, io ti ringrazio dalla rigida tomba entro cui siede il mio pensiero finalmente puro. Ora vedo che a forza mi hai strappato il verde degli amari desideri, mi hai edificato come l'architetto sapiente che ritoglie chiari miti dalle antiche macerie. Nacqui umana rovina come tutti, tu mi hai intessuta un'ala senza geli...
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Lettera alla mamma di un seminarista morto
En mitad de la noche sombría y tempestuosa, cuando la raza humana sus fatigas reposa, alguien toca a mi puerta con tímido reclamo. -«¿Quién me busca a estas horas? - sobresaltado exclamo-, Quién perturba el silencio de mis dichas supremas?» Y una voz me responde: -«Soy un niño; no temas: Me he extraviado en la noche, y ando errante y hambriento, bajo el gélido azote de la lluvia y del viento…» Y yo, compadecido por la súplica incierta, prendo fuego a mi lámpara y entreabro la puerta. Y al instante entra un niño de dorados cabellos, grandes ojos azules de adorables destellos, frescos labios purpúreos y mejillas de rosa. Y entra alegre, ágil, frívolo, como una mariposa… Bajo el brazo derecho trae un arco potente, y un gajo de amaranto le enguirnalda la frente; un haz de agudas flechas en su carcaj asoma, y en su espalda palpitan dos alas de paloma. Y al ver su desamparo sentí tal pesadumbre, que sequé sus cabellos al amor de la lumbre, entibié sus manitas entre mis manos rudas, y alisé el terciopelo de sus plantas desnudas. Poco después, el niño de rosadas mejillas se sintió confortado, y huyó de mis rodillas. Curioseó por la estancia con pueril regocijo, escogió una saeta, tendió el arco, y me dijo: -«Quiero ver si la lluvia me ha dejado inservible mi juguete…» Y al punto lancé un grito terrible, pues la rígida flecha se me clavó en el pecho! El falaz diosecillo palmoteó satisfecho, se echó al hombro la aljaba, me miró sonriente, clavó en tierra un extremo de su arco inclemente, y crispando sus manos en la cuerda tirante, le arrancó cuatro veces un zumbido vibrante. -Extranjero: Sonríe… -dijo el niño-. En efecto, la tensión de mi arco no sufrió desperfecto. Y en pago a tus bondades, como el más alto don, perpetuamente herido te dejo el corazón!
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El amor mojado
En mitad de la noche sombría y tempestuosa, cuando la raza humana sus fatigas reposa, alguien toca a mi puerta con tímido reclamo. -«¿Quién me busca a estas horas? - sobresaltado exclamo-, Quién perturba el silencio de mis dichas supremas?» Y una voz me responde: -«Soy un niño; no temas: Me he extraviado en la noche, y ando errante y hambriento, bajo el gélido azote de la lluvia y del viento…» Y yo, compadecido por la súplica incierta, prendo fuego a mi lámpara y entreabro la puerta. Y al instante entra un niño de dorados cabellos, grandes ojos azules de adorables destellos, frescos labios purpúreos y mejillas de rosa. Y entra alegre, ágil, frívolo, como una mariposa… Bajo el brazo derecho trae un arco potente, y un gajo de amaranto le enguirnalda la frente; un haz de agudas flechas en su carcaj asoma, y en su espalda palpitan dos alas de paloma. Y al ver su desamparo sentí tal pesadumbre, que sequé sus cabellos al amor de la lumbre, entibié sus manitas entre mis manos rudas, y alisé el terciopelo de sus plantas desnudas. Poco después, el niño de rosadas mejillas se sintió confortado, y huyó de mis rodillas. Curioseó por la estancia con pueril regocijo, escogió una saeta, tendió el arco, y me dijo: -«Quiero ver si la lluvia me ha dejado inservible mi juguete…» Y al punto lancé un grito terrible, pues la rígida flecha se me clavó en el pecho! El falaz diosecillo palmoteó satisfecho, se echó al hombro la aljaba, me miró sonriente, clavó en tierra un extremo de su arco inclemente, y crispando sus manos en la cuerda tirante, le arrancó cuatro veces un zumbido vibrante. -Extranjero: Sonríe… -dijo el niño-. En efecto, la tensión de mi arco no sufrió desperfecto. Y en pago a tus bondades, como el más alto don, perpetuamente herido te dejo el corazón!
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Sobre la roja España blanca y roja, blanca y fosforescente, una historia de polvo se deshoja, irrumpe un sol unánime, batiente. Es un pleno de abriles, una primaveral caballería, que inunda de galopes los perfiles de España: es el ejército del sol, de la alegría. Desaparece la tristeza, el día devorador, el marchitado tallo, cuando, avasalladora llamarada, galopa la alegría en un caballo igual que una bandera desbocada. A su paso se paran los relojes, las abejas, los niños se alborotan, los vientres son más fértiles, más profusas las trojes, saltan las piedras, los lagartos trotan. Se hacen las carreteras de diamantes, el horizonte lo perturban mieses y otras visiones relampagueantes, y se sienten felices los cipreses. Avanza la alegría derrumbando montañas y las bocas avanzan como escudos. Se levanta la risa, se caen las telarañas ante el chorro potente de los dientes desnudos. La alegría es un huerto del corazón con mares que a los hombres invaden de rugidos, que a las mujeres muerden de collares y a la piel de relámpagos transidos. Alegraos por fin los carcomidos, los desplomados bajo la tristeza: salid de los vivientes ataúdes, sacad de entre las piernas la cabeza, caed en la alegría como grandes taludes. Alegres animales, la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas, se desposan delante de los hombres contentos. Y paren las mujeres lanzando carcajadas, desplegando su carne firmamentos. Todo son jubilosos juramentos. Cigarras, viñas, gallos incendiados, los árboles del Sur: naranjos y nopales, higueras y palmeras y granados, y encima el mediodía curtiendo cereales. Se despedaza el agua en los zarzales: las lágrimas no arrasan, no duelen las espinas ni las flechas. Y se grita ¡Salud! a todos los que pasan con la boca anegada de cosechas. Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto en una muchedumbre de bocas y de brazos. Se ve la muerte como un mueble roto, como una blanca silla hecha pedazos. Salí del llanto, me encontré en España, en una plaza de hombres de fuego imperativo. Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daña... Me alegré seriamente lo mismo que el olivo.
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Juramento de la alegría
Sobre la roja España blanca y roja, blanca y fosforescente, una historia de polvo se deshoja, irrumpe un sol unánime, batiente. Es un pleno de abriles, una primaveral caballería, que inunda de galopes los perfiles de España: es el ejército del sol, de la alegría. Desaparece la tristeza, el día devorador, el marchitado tallo, cuando, avasalladora llamarada, galopa la alegría en un caballo igual que una bandera desbocada. A su paso se paran los relojes, las abejas, los niños se alborotan, los vientres son más fértiles, más profusas las trojes, saltan las piedras, los lagartos trotan. Se hacen las carreteras de diamantes, el horizonte lo perturban mieses y otras visiones relampagueantes, y se sienten felices los cipreses. Avanza la alegría derrumbando montañas y las bocas avanzan como escudos. Se levanta la risa, se caen las telarañas ante el chorro potente de los dientes desnudos. La alegría es un huerto del corazón con mares que a los hombres invaden de rugidos, que a las mujeres muerden de collares y a la piel de relámpagos transidos. Alegraos por fin los carcomidos, los desplomados bajo la tristeza: salid de los vivientes ataúdes, sacad de entre las piernas la cabeza, caed en la alegría como grandes taludes. Alegres animales, la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas, se desposan delante de los hombres contentos. Y paren las mujeres lanzando carcajadas, desplegando su carne firmamentos. Todo son jubilosos juramentos. Cigarras, viñas, gallos incendiados, los árboles del Sur: naranjos y nopales, higueras y palmeras y granados, y encima el mediodía curtiendo cereales. Se despedaza el agua en los zarzales: las lágrimas no arrasan, no duelen las espinas ni las flechas. Y se grita ¡Salud! a todos los que pasan con la boca anegada de cosechas. Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto en una muchedumbre de bocas y de brazos. Se ve la muerte como un mueble roto, como una blanca silla hecha pedazos. Salí del llanto, me encontré en España, en una plaza de hombres de fuego imperativo. Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daña... Me alegré seriamente lo mismo que el olivo.
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Hay un tropel de potros sobre la pampa inmensa. ¿Es Pan que se incorpora? No: es un hombre que piensa, es un hombre que tiene una lira en la mano: él viene del azul, del sol, del Océano. Trae encendida en vida su palabra potente y concreta el decir de todo un continente... Tal vez es desigual... (¡El Pegaso da saltos!) Tal vez es tempestuoso... (¡Los Andes son tan altos!...) Pero hay en este verso tan vigoroso y terso una sangre que apenas veréis en otro verso; una sangre que cuando en la estrofa circula, como la luz penetra y como la onda ondula... Pegaso está contento, Pegaso piafa y brinca, porque Pegaso pace en los prados del inca. Y este fuerte poeta de alma tan ardorosa sabe bien lo que cuentan los labios de la rosa, comprende las dulzuras del panel y comprende lo que dice la abeja del secreto del duende... Pero su brazo es para levantar la trompeta hacia donde se anuncia la aurora del Profeta; es hecho para dar a la virtud del viento la expresión del terrible clarín del pensamiento. Él sabe de Amazonas, Chimborazos y Andes. Siempre blande su verso para las cosas grandes. Va como Don Quijote en ideal campaña, vive de amor de América y de pasión de España; y envuelto en armonía y en melodía y canto, tiene rasgos de héroe y actitudes de santo. «¿Me permites, Chocano, que como amigo fiel, te ponga en el ojal esta hoja de laurel?» Tal dije cuando don J. Santos Chocano, último de los incas, se tornó castellano.
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Preludio
No sé qué sepultada artillería dispara desde abajo los claveles, ni qué caballería cruza tronando y hace que huelan los laureles. Sementales corceles, toros emocionados, como una fundición de bronce y hierro, surgen tras una crin de todos lados, tras un rendido y pálido cencerro. Mayo los animales pone airados: la guerra más se aíra, y detrás de las armas los arados braman, hierven las flores, el sol gira. Hasta el cadáver secular delira. Los trabajos de mayo: escala su cenit la agricultura. Aparece la hoz igual que un rayo inacabable en una mano oscura. A pesar de la guerra delirante, no amordazan los picos sus canciones, y el rosal da su olor emocionante porque el rosal no teme a los cañones. Mayo es hoy más colérico y potente: lo alimenta la sangre derramada, la juventud que convirtió en torrente su ejecución de lumbre entrelazada. Deseo a España un mayo ejecutivo, vestido con la enterna plenitud de la era. El primer árbol es su abierto olivo y no va a ser su sangre la postrera. La España que hoy no se ara, se arará toda entera.
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Primero de mayo de 1937
Durante i giorni più freddi del potente inverno Pensa a una dolce primavera e sogna un'estate mite Durante le ore più dure della notte invernale Pensa ai fiori e sogna una piacevole luce del sole. Arriva la stagione, rimane un po' e poi fugge La vita attraversa un evento circolare come l'ape Come i raggi di luna che danzano attorno a Madre Terra Per incantarla, abbracciarla e baciarla a morte. Nel mezzo del profondo inverno, pensa a una primavera divina E sogna giornate estive luminose e afose Non sentirti mai disperato e pessimista per nulla. Giorni migliori e notti gloriose sono sempre in arrivo Rimani positivo e resiliente finché la tua testa è presente Pensa e sogna un sole più caldo. Copyright © gennaio 2025, Hébert Logerie, Tutti i diritti riservati Hébert Logerie è autore di diversi libri di poesie.
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Jan 15, 2025
Jan 15, 2025 at 1:20 AM UTC
Pensando A Una Primavera Divina
Lei prende ogni secondo della mia vita Rendendomi il suo schiavo Mi libero dal potente guinzaglio Ma la sua voce è più forte della catena Come un cancro lei si diffonde senza sosta. Ammalando il mio cuore e la mia anima. Lei Brucia dentro di me e non posso sentire altro Lei brucia violentemente e non posso vedere altrove. Disseppellisci la verità Rompi lo specchio di bugie in cui ti osservi ogni giorno E piangi violentemente.
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Mar 24, 2018
Mar 24, 2018 at 10:04 AM UTC
Violenza
Los tres Reyes Magos, bajo los fulgores de la Estrella, avanzan por campos y eriales, con cofres, camellos y ricos metales. Así vense en láminas de antiguos pintores. Del Oriente llegan a rendirle honores, al Niño venido a curar los males que  en la tierra sufren hombres y animales. Sus vestidos lucen relucientes flores. Al llegar se quitan la corona. El Niño, cuya frente adorna resplandor intenso, los mira y sonríe con jovial cariño. Así,  bajo César Augusto potente, a Belén llevaron oro, mina, incienso, los tres Reyes Magos del lejano Oriente.
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Epifanía
Hacia el cielo tu himno de rubíes, tus espumas de púrpuras en vuelo; hacia él tu orgulloso terciopelo, tu desafío a dalias y alhelíes. Toda al cielo te das, creces y ríes, sangre floral y brasa del anhelo. Llora el reloj tu inevitable duelo mientras toda en fragancia te deslíes. Tú también, tú también, ave de fuego, nacida hoy has de tonar ya luego a la potente tierra innominada. No detiene la muerte tu hermosura. En vuelta en ella vas, ¡oh, criatura! desde la fiel raíz hasta la nada.
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A una rosa roja
¡La muerte! Allí se agota todo esfuerzo, allí sucumbe toda voluntad. ¡La Muerte! ¡Lo que ayer fue nuestro Todo hoy sólo es nuestra Nada!... ¡Eternidad! ¡Silencio!... El máximo silencio que es posible encontrar. ¡Silencio!... ¡Ultrasilencio, y no más! ¡Oh, no más! ¡Ni una voz en la noche que nos pueda guiar! Ana, razón suprema de mi vida, ¿dónde estás, dónde estás, dónde estás? Se abisma en el abismo el pensamiento, se enlobreguece, ¡al fin!, todo mirar en esta lobreguez inexorable, y desespera, a fuerza de esperar, la más potente de las esperenzas.             ¡Eternidad, eternidad!
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Iii. eternidad
En reposo encantado, bajo una amplia enramarla, en la selva que cuna fue de alarma sombría, alba maravillosa con sus perlas hacía, en torno de ellos, rica, misteriosa morada. En el aire en que flota fragancia envenenada su palabra un encanto potente difundía; y el Héroe iba siguiéndola mientras que sacudía del Toisón en sus armas la claridad dorada. Iluminando el bosque vivaces resplandores, Grandes pájaros iban bajo arcadas de flores, y en los lagos de plata llovía azul fulgente. Amor les sonreía, mas la fatal Esposa se llevaba con ella, su furia de celosa, Y a su padre, y los dioses y los filtros de Oriente.
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Jasón y medea
Allá, lejos, cesaron del muezín los clamores. De oro y púrpura el cielo se cubre en el poniente; El cocodrilo, lecho de fango en la corriente Busca, y el río calla sus últimos rumores. Con las piernas cruzadas como los fumadores, El Jefe, de hachís ebrio, doblegaba la frente, E impulsando la barca, con esfuerzo potente, Desnudos se curvaban dos negros remadores. En la popa, dichoso, y en la boca el ultraje, Y tañendo una guzla, ruda canción salvaje, Un albanés cantaba, de ojo vil y agresivo; Y sangrando, y sujeto por pesados grilletes, Miraba un jeque anciano, ya estúpido, ya altivo, En el Nilo, temblando, los altos minaretes.
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El prisionero
Cuando traspasa el águila cumbres de eterno hielo, Quiere para sus alas región desconocida; Y luz de un sol cercano, en hondo azul perdida, Para sus ojos mustios busca su audaz anhelo. Sube, aspira fulgores en infinito cielo; A lo ignoto, por fuerza potente va impelida, Y asciende a las tormentas por trombas atraída; Pero de pronto el rayo corta su raudo vuelo. Lanza un siniestro grito; gira y gira, llevada Por huracán rugiente, se crispa, y embriagada En luz esplendorosa rueda hacia abismo aleve. ¡Feliz quien por la ansiada Libertad y la Gloria, Sucumbe así, de muerte deslumbradora y breve, En el radiante ensueño de su final victoria!
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La muerte del águila
La mentira Lamentablemente metida me tira la mente a mentirle a la gente sometida a mi potente e inteligentemente fuerte Fuente de prepotentes mentiras y puentes inocentes que giran y lentamente aspiran intimidan y te miran detenidamente llena de ira y Sas despedidas
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Sep 4, 2018
Sep 4, 2018 at 1:03 AM UTC
La mentira
Levantó el del Garona su rústica morada bajo un haya robusta del bosque en la aspereza; de un Dios, savia potente nutre su alba corteza. Su horizonte es la selva que cubre su mirada. El hombre encuentra en ella, sombra entre la enramada y leña en el invierno; y en oscura maleza, lo que caza, o en redes alcanza su destreza, o para abrigo suyo, en la estación helada. Largo tiempo ha vivido vida libre y dichosa, y al volver a su albergue, de tarde, cariñosa el Haya con sus brazos parece que lo llama; y cuando al fin la Muerte doble su frente fría, para ataúd darales a sus nietos, un día, su corazón nudoso la más hermosa rama.
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La diosa haya