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"nublando" poems
Me dice Un pedazo mio quiere ser parte de tus deseos, El otro reúsa participar en tus acarreos. Como esa increible persona que hay en ti Me reusó a quedarme con la mitad de tu vivir Le digo La tempestad en el aire respira, Nublando mis pasos hacia ti. Hacia la otra mitad de mi. Mi voz ya no te toca, es mas, te corta Pedazo por pedazo Mi sol ya no te brilla, es mas, te enfria Poco a poco La tempestad en el aire me grita Nublando mi alma hacia el quererte a ti Hacia la otra mitad de mi Me ruega Mientras buscas sin encontrar Mientras caminas sin llegar Mientras tratas de hablar Mientras te pones a anhelar Te olvidas de lo mas importante Te aferras de lo abundante Te encerras en tu propio mundo Te olvidas de lo profundo Eres lo que siempre quiero Pero muchas veces no prefiero No porque tu voz corta Sino porque tu silencio importa No porque tu sol no brille Sino porque tu egoísmo acuchille Acá seguiré añorando Y quien sabe, olvidando Mientras buscando una razon Te mantengo en mi corazón. Yo suspiro Se que el tiempo se me acabará Como un sueño asesinado por la realidad La realidad en la cual tu ya no estas Pero me falta todavia vivir Me falta todavia soñar, cantar y volar Me falta todavia saltar, caer y luchar Aunque en mi dia final, sin calma, Me faltarás Tu.
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Feb 24, 2012
Feb 24, 2012 at 1:31 PM UTC
La conversación contra la otra mitad
Si la lluvia cae desde las negras nubes hasta el verde césped, creando un nexo entre el cielo y la tierra, amantes distantes y enemigos cercanos destinados a compartir una misma existencia, ¿por qué no podemos tú y yo? Las palabras que no he dicho se agolpan en mi pecho y me abultan la garganta, pero no las libero, trago saliva y las envío a la ***** de mis dedos, desde donde explotan en el papel y dejan un rastro de sangre, a veces negra, a veces azul. Una escena de un crimen con un único sospechoso: mi corazón, el cual llevo siempre caminando a mi lado y detrás mío, ignorando sus avisos hasta que se detiene, se ancla en un lugar e irrumpe en mis pensamientos nublando mi juicio, alterando mi razón, destruyendo mi consciencia. Grito en silencio mientras te veo reír. El estruendo de tu alegría enmascara mi desdicha, y casi lo prefiero así. Eres el secreto que no logro mantener. El cristal oscuro detrás del cual me escondo sin darme cuenta de la transparencia de mis miradas, de mis risas, de mis manos. Eres el perfume de mis sábanas, la colilla de cigarro aún encendida que inicia el incendio involuntario que consume mi interior. Eres vida y eres muerte, y el suicidio que cometo a diario voluntaria y egoístamente. El arma homicida yace en tus labios, en tus brazos, en tu piel y en el pecaminoso pensar del cual soy víctima. ¿Cómo es entonces que te debo olvidar? Las espinas no sueltan mi espíritu decaído. Las llagas en mi piel no sanan si les echas de nuevo sal, pero sálame la vida, pues tu fiel seguidor soy.
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Apr 13, 2018
Apr 13, 2018 at 1:10 PM UTC
Sal
Si la lluvia cae desde las negras nubes hasta el verde césped, creando un nexo entre el cielo y la tierra, amantes distantes y enemigos cercanos destinados a compartir una misma existencia, ¿por qué no podemos tú y yo? Las palabras que no he dicho se agolpan en mi pecho y me abultan la garganta, pero no las libero, trago saliva y las envío a la ***** de mis dedos, desde donde explotan en el papel y dejan un rastro de sangre, a veces negra, a veces azul. Una escena de un crimen con un único sospechoso: mi corazón, el cual llevo siempre caminando a mi lado y detrás mío, ignorando sus avisos hasta que se detiene, se ancla en un lugar e irrumpe en mis pensamientos nublando mi juicio, alterando mi razón, destruyendo mi consciencia. Grito en silencio mientras te veo reír. El estruendo de tu alegría enmascara mi desdicha, y casi lo prefiero así. Eres el secreto que no logro mantener. El cristal oscuro detrás del cual me escondo sin darme cuenta de la transparencia de mis miradas, de mis risas, de mis manos. Eres el perfume de mis sábanas, la colilla de cigarro aún encendida que inicia el incendio involuntario que consume mi interior. Eres vida y eres muerte, y el suicidio que cometo a diario voluntaria y egoístamente. El arma homicida yace en tus labios, en tus brazos, en tu piel y en el pecaminoso pensar del cual soy víctima. ¿Cómo es entonces que te debo olvidar? Las espinas no sueltan mi espíritu decaído. Las llagas en mi piel no sanan si les echas de nuevo sal, pero sálame la vida, pues tu fiel seguidor soy.
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