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"naranja" poems
Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Banana. Orange. Orange you glad I'm not a Banana? Because everybody knows that the Banana is the ***** of the fruit world. Spanish version: Este poema es plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Plátano. Naranja. Naranja, ¿estás contento de no ser un plátano? Porque todos saben que el Plátano es el pene del mundo de la fruta
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Apr 5, 2018
Apr 5, 2018 at 1:29 PM UTC
This poem is bananas.
Te pienso probablemente más de lo que debería, y seguramente más de que lo que quisiera. Te pienso cómo un sueño distante, cómo un ideal perfecto e idílico. Cómo eso que no necesito, pero que sin duda me muero por tener. Te pienso incluso cuando creo haberte olvidado y luego reapareces cómo una explosión de azul y naranja y rojo en el fósforo que enciende mi cigarrillo. Y es que me desvelo pensando en tenerte conmigo, en vez de atormentarme placenteramente soñándote todas las noches; en vez de forma de ideal quiero que estés conmigo esta y todas mis dolientes madrugadas, en mis brazos, que sin ti no tienen vida ni forma. Por sobre todas las cosas te pienso, porque sé que tú también en mí piensas.
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Jun 20, 2014
Jun 20, 2014 at 2:26 PM UTC
Te pienso.
Traigo sus ojos conmigo, los llevo para poder observar de cerca como él, para olvidarme, se aleja a toda prisa magullando y lastimando sus encogidas huellas, entre las espigas empalagosas, más allá de una vieja y arcaica alameda. El ya no huele a miel naranja en sus pupilas, tiene tantas mentiras arrastrando por ese campo! que las últimas primaveras que viva, las vivirá fingiendo, que ama los huecos de los árboles, cuando yo sé muy bien, que mueres por la alquimia filosofía. Un día cualquiera, lo sé, cuando el sol venza al fin su cansancio, oxigenará su monótona vida con alguna brisa perdida por el terruño, y me recordará. Me recordará en los murmullos opacos y casi con amargura en su piel, sabrá, que jamás pudo olvidarme, a mi, a su única quimera endemoniada, la que lo hacia encender vibrar, morir y vivir. Entonces, cuando los días se le acobarden en los orgasmos, clamara en silencio mis labios y se maldecirá por haber dicho tantas mentiras y por ocultar tantas verdades. Ya sabes que no te bendigo vida mía, porque siempre yo fui, una mujer con infiernos perversos, en los labios. LAS PALABRAS QUE PARTIERON Valentina de la Canal. copyleft Reserved 2008
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Feb 28, 2015
Feb 28, 2015 at 7:02 AM UTC
LAS PALABRAS QUE PARTIERON
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Corrida de toros
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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La primera vez que lo notó, su camisa era naranja. Con el tiempo, su camisa pasó de naranja, a verde, a celeste, y a morado; junto con su historia. Su última camisa fue negra, y se perdieron entre tanta oscuridad.
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May 28, 2014
May 28, 2014 at 11:57 PM UTC
Noir
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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Xvii
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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I leave you at the bus stop half a wake in the wake of you drifting into distance like this morning but I cannot tell if I am half a dream when you are away or half a living but I definitely feel like I am one half
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Apr 27, 2015
Apr 27, 2015 at 3:44 PM UTC
mi media naranja
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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Los viejos
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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¿Quién me compra una naranja para mi consolación? Una naranja madura en forma de corazón. La sal del mar en los labios ¡ay de mí! La sal del mar en las venas y en los labios recogí. Nadie me diera los suyos para besar. La blanda espiga de un beso yo no la puedo segar. Nadie pidiera mi sangre para beber. Yo mismo no sé si corre o si deja de correr. Como se pierden las barcas ¡ay de mí! como se pierden las nubes y las barcas, me perdí. Y pues nadie me lo pide, ya no tengo corazón. ¿Quién me compra una naranja para mi consolación?
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¿quién me compra una naranja?
─Pausa─ ("Abre los ojos"). Abro los ojos. La cámara cuelga del cuello, más allá, allá a lo lejos, fuera,      detrás del cristal. La trenza, color naranja verano,      tras el cristal, o más bien estío anaranjado porque no brilla.                                                             Serán sus ojos.                                                                   Sus ojos sí,                                                            azules. Brillan. No zafiros, no cristales que reflejan el cielo, no aguas cristalinas tono aguamarina. Ojos azules que encandilan, y una sonrisa, ambos con guiño. Tienen guiño los ojos sin cerrarse. Tiene guiño la sonrisa sin ser ojo. "Sígueme" y solo mis ojos comprenden. ¿Qué haces? ¿Dónde vas? Quédate, ¡para! Quédate más tiempo mirándome      por el cristal (qué debería hacerse añicos de lo fuerte que estoy mirando). Allá va la espiga, brinca en la calle Velarde, frente al portal número 5. Dentro terminan de tomar aire. Cierro los ojos. ─Fin de la pausa─.
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Jul 2, 2016
Jul 2, 2016 at 10:09 AM UTC
Chica fugaz
Soy un naranjo rojo o un rojo naranja soy el magma, así dijeron todo acontece aquí, pero todo flota en la superficie la tierra es un lugar tranquilo para vivir,dicen una flor acaba de nacer en Tokio Todo resuena tibio sobre la tierra, pero no bajo ella.
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Dec 2, 2013
Dec 2, 2013 at 8:17 PM UTC
Diario desde el centro de la Tierra. 1 de diciembre
La de amores intermitentes y fugaces. A quien le dan un intento pero no dos chances. La de encuentros efímeros a escondidas. Escapes irreales, soñadas huidas. Su tímida personalidad versátil en ocasiones se torna agobiantemente volátil. Tiene esa extraña energía que la hace genuina, de cada rosa muerta conserva una letal espina. La que camina a través de la multitud con la cabeza en alto y una desafiante actitud, con su corto vestido ajustado y labios de rojo tirando a morado. Muchos la devoran con una mirada ardiente. Secretamente eso es lo que espera impaciente. Guiña un ojo e irrumpe sin previo aviso. Te invita al lado equivocado del paraíso. Especialmente a vos, nudillos de luchador. Vos, que llevas ese mote de ganador. Sus coloridos caprichos a los demás alteran, pero ella actúa como si no lo supiera. Y en sus solitarias caminatas a veces hace una parada en aquel café donde la triste rutina se ve pausada. Pide un jugo de naranja y se sienta en una mesa de afuera, el vestido se le sube demasiado pero sabe lo que genera. Piernas cruzadas provocativamente, su lengua juega con el sorbete de forma inocente. Su piel de seda emana cierta energía que te golpea con imágenes de todo lo que le harías. La de pícaras sonrisas, labios sabor miel, sabe que de sólo pensarlo te quema la piel.
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Jul 15, 2018
Jul 15, 2018 at 2:06 AM UTC
El lado equivocado del paraíso.
Hoy se habré el portal y te siento cerca Las hojas se cristalizan Bajó la luz La rara concepcion del tiempo se deshace y se desliza como pequeños listones naranja sobre los párpados De esta materialidad Tomando en mano cada átomo Y uniendose a el Te encuentro en tu casa Dentro de tu jardin Regando tus plantas con tu manguera larga flor de piedra
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Jun 14, 2019
Jun 14, 2019 at 4:06 AM UTC
He aquí que te encuentro
la peonía ¿es una flor? ¿es pe o nía en su naranja? ¿sabe hablar en francés? ¿recuerda al bueno de su tío? una mañana apareciste con el pecho lleno de peonías no me pareció gentil teniendo en cuenta mis alergías las peonías giraban sobre tus pechos tremebundos eran como bailarinas por las colinas de Knutterhöffel a ver a ver cómo giraban se juntó todo el vecindario las peonías de los pezones se llevaban muchos aplausos por más que te las arranco siempre te crecen peonías es evidente que me odías con tus pechos de Knutterhöffel
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Peonías para el viudo
Media naranja When we were walking through the streets trying to find souvenirs, there was a store named la media naranja. "Do you know what that means?" "Orange middle? Half orange?" He laughed. *"It's when you find the one for you. Your girl, your boy. And you just fit. You find your other half. The other half to your orange."* "Like a soulmate."
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Jun 29, 2015
Jun 29, 2015 at 12:28 PM UTC
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Arbolé, arbolé seco y verdé.   La niña del bello rostro está cogiendo aceituna. El viento, galán de torres, la prende por la cintura.   Pasaron cuatro jinetes sobre jacas andaluzas con trajes de azul y verde, con largas capas oscuras.   «Vente a Córdoba, muchacha». La niña no los escucha.   Pasaron tres torerillos delgaditos de cintura, con trajes color naranja y espadas de plata antigua.   «Vente a Sevilla, muchacha». La niña no los escucha.   Cuando la tarde se puso morada, con luz difusa, pasó un joven que llevaba rosas y mirtos de luna.   «Vente a Granada, muchacha». Y la niña no lo escucha.   La niña del bello rostro sigue cogiendo aceituna, con el brazo gris del viento ceñido por la cintura.   Arbolé arbolé seco y verdé.
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Arbolé, arbolé...
Los adjetivos que me sobran van como siempre al cubo de desechos más tarde llegarán a la galaxia de los basurales allí se encontrarán con un pueblo de cosas cáscaras de naranja / de huevo / de discursos mechones de peluca y huesitos de pollo condones de prudentes sementales promesas de almanaque / telegramas de mal y bienvenidas / invitaciones rotas nimios perforadores de la capa de ozono boletas estrujadas con inquina caspas uñas verrugas papilomas fetos de mucamitas y señoras de pro cucarachas resecas y sin deudos paños higiénicos hollejos puchos postales de un prehistórico año nuevo mirko te quiero silvia citaciones vencidas arrugadas recibos de la luz / facturas de apagones propuestas de asco siempre renovadas un taco sin zapato y sin chapita un decímetro / resto de algún metro amarillo chau viejita esta noche no me esperes un pescado podrido con bigotes de gato un pie de inconsolable maniquí un afiche político sin vergüenza y sin rostro desde su infierno / desde la inmundicia mis adjetivos sufren como verbos no merecían semejante oprobio juro no echarlos más a la basura cuando me sobre alguno en buen estado lo entregaré a las damas de la beneficencia
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Adjetivos desechables
"Hubo un día en que el día no engañaba, en que sus manos tristes no sostenían un cuervo indiferente como los labios de la lluvia, como el rojizo hastío." Hubo un día en que la noche aún soñaba, aún se perfilaba agridulce como el graznido de una cebolla, como la luz del espacio indiferente. Esos días son largamente pasado, de ensueño esas noches difusas, ensueño de luz de alba, de nacer de día. En estos días sueño con tus noches, con tu paradisíaco mirar naranja y tu dionisíaco sabor azul. En estas noches lloro por tu pérdida, por los sentidos perdidos, por los placeres privados; y añoro con añoranza tu existencia vana. // "There was a day in which the day didn't deceive, in which its sad hands did not hold a raven indifferent like the lips of rain, like reddish boredom." There was a day in which night still dreamt, still took shape bittersweet like the croacking of an onion, like the light of an indifferent space. Those days are long past, of dreams those dim nights, dream of dawn's light, of day's birth. In these days I dream of your nights, of your heavenly orange look and your dionysian blue taste. In these nights I cry for your loss, for the lost senses, for the deprived pleasures and I long with longness your vain existence.
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Aug 3, 2018
Aug 3, 2018 at 3:00 PM UTC
Nighttona
¡Tan visible está el secreto! ¡Tan alegre, Tan alegre, colgando al aire! Le ven todas las mirada, y le sopesan los vientos; los chiquillos le conocen y gritan: "Mirad, un secreto. ¡Dámelo! Si parece una naranja". Pero el secreto defiende, invisible amarga almendra, su mañana, su secreto mayor, dentro. Lo que da son disimulos, redondos, color, rebrillo, solución fácil, naranja, a la mirada y al viento.
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Mientras la magna espuma de Isla Negra, la sal azul, el sol en las olas te mojan, yo miro los trabajos de la avispa, empeñada en la miel de su universo. Va y viene equilibrando su recto y rubio vuelo como si deslizara de un alambre invisible la elegancia del baile, la sed de su cintura, y los asesinatos del aguijón maligno. De petróleo y naranja es su arco iris, busca como un avión entre la hierba, con un rumor de espiga vuela, desaparece, mientras que tú sales del mar, desnuda, y regresas al mundo llena de sal y sol, reverberante estatua y espada de la arena.
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Soneto xix
De pronto, como un breve latigazo, mi nombre, Friedt, estalló en el aula. Yo me puse de pie, y un poco trémulo avancé hacia la mesa, entre las bancas. Era el examen último del curso y al que tenía más miedo: la gramática. Hice girar resuelto el bolillero Las dieciséis bolillas del programa resonaron en él lúgubremente y un eco levantaron en mi alma. Extraje dos: adverbio y sustantivo. Me dieron a elegir una de ambas y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre? díjome uno y me asestó las gafas. Sentí luego un sudor por todo el cuerpo, se me puso la boca seca, amarga, y comprendí, con un terror creciente que yo del nombre no sabía nada. Revolvía allá adentro, pero en vano, me quedé en absoluto sin palabras. Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos: el camino de arena, cierta planta, el hermano pequeño, mi perrito, el té con leche, el dulce de naranja, ¡qué alegría jugar a aquellas horas! Y sonreía mientras recordaba. -¡Pero señor -rugió una voz terrible-, el nombre sustantivo, una pavada!- Tiré a la realidad: sobre la mesa los dedos de un señor tamborileaban, cabeceaba blandamente el otro, el tercero bebía de una taza. Hacía gran calor. Yo tengo una cara redonda, simple, colorada, los ojos grises y los labios gruesos, el pelo rubio, la sonrisa clara. Yo quería jugar, no dar examen darlo otro día, sí, por la mañana... Se me nubló la vista de repente, los profesores se me borroneaban, adquirió el bolillero proporciones gigantescas, fantásticas, oí como entre sueños: Señor mío, puede sentarse... -Y me llené de lágrimas.
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Un aplazado
De pronto, como un breve latigazo, mi nombre, Friedt, estalló en el aula. Yo me puse de pie, y un poco trémulo avancé hacia la mesa, entre las bancas. Era el examen último del curso y al que tenía más miedo: la gramática. Hice girar resuelto el bolillero Las dieciséis bolillas del programa resonaron en él lúgubremente y un eco levantaron en mi alma. Extraje dos: adverbio y sustantivo. Me dieron a elegir una de ambas y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre? díjome uno y me asestó las gafas. Sentí luego un sudor por todo el cuerpo, se me puso la boca seca, amarga, y comprendí, con un terror creciente que yo del nombre no sabía nada. Revolvía allá adentro, pero en vano, me quedé en absoluto sin palabras. Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos: el camino de arena, cierta planta, el hermano pequeño, mi perrito, el té con leche, el dulce de naranja, ¡qué alegría jugar a aquellas horas! Y sonreía mientras recordaba. -¡Pero señor -rugió una voz terrible-, el nombre sustantivo, una pavada!- Tiré a la realidad: sobre la mesa los dedos de un señor tamborileaban, cabeceaba blandamente el otro, el tercero bebía de una taza. Hacía gran calor. Yo tengo una cara redonda, simple, colorada, los ojos grises y los labios gruesos, el pelo rubio, la sonrisa clara. Yo quería jugar, no dar examen darlo otro día, sí, por la mañana... Se me nubló la vista de repente, los profesores se me borroneaban, adquirió el bolillero proporciones gigantescas, fantásticas, oí como entre sueños: Señor mío, puede sentarse... -Y me llené de lágrimas.
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Juan Breva tenía cuerpo de gigante y voz de niña. Nada como su trino. Era la misma pena cantando detrás de una sonrisa. Evoca los limonares de Málaga la dormida, y hay en su llanto dejos de sal marina. Como Homero cantó ciego. Su voz tenía, algo de mar sin luz y naranja exprimida.
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Juan breva
Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna te pido, amor, un viaje por oscuro recinto: cierra tus sueños, entra con tu cielo en mis ojos, extiéndete en mi sangre como en un ancho río. Adiós, adiós, cruel claridad que fue cayendo en el saco de cada día del pasado, adiós a cada rayo de reloj o naranja, salud oh sombra, intermitente compañera! En esta nave o agua o muerte o nueva vida, una vez más unidos, dormidos, resurrectos, somos el matrimonio de la noche en la sangre. No sé quién vive o muere, quién reposa o despierta, pero es tu corazón el que reparte en mi pecho los dones de la aurora.
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Soneto lxxxii
You have always been my favourite Our minds connect on a level which I myself cannot comprehend Our hearts… I’d rather not speak of such irrationalities I spent forever trying to find my media naranja I never recognised that You were the North Star to my Cassiopeia I hope you and I will always be you and I.
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Mar 1, 2015
Mar 1, 2015 at 11:32 AM UTC
Favourite
Como un enorme tajo corta el monte la zanja Que de la serranía lleva el agua al molino, Y entre las altas rocas y el cielo vespertino Destella de arreboles una encendida franja. Dora un fulgor intenso de color de naranja El trigal; hay aromas de huerto campesino; Y como roja mancha, lejos, junto al camino, Asoma entre eucaliptos el techo de una granja. El trabajo del día terminado en la siega, Van, lentos, y seguidos del gañán, por la vega, Ya sin yugo los bueyes al conocido pozo; Y a la luz de la tarde, repleto de gavillas De trigo, avanza un carro; y el carro es alborozo De cantares y música bajo rojas sombrillas.
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Tarde campestre