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"muertes" poems
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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A la Humanidad ELENA RAMOS Ciertamente todos buscamos lo mismo Poder, Dinero y Fama Ser mejor para ser escuchados por todos Tener dinero para poder comprar a todos Y tener fama para ser reconocidos por todos No podemos pretender ser supremos ante civilizaciones a las cuales somos exactamente iguales Tenemos rasgos distintos, dialectos variados pero Al final somos iguales Esperamos un desastre para poder unirnos Uno en el cual tengamos miedo de morir y ser derrotados por fuerzas mayores Talvez debamos esperar ese fenómeno que cambie a la humanidad Algo que jamás hayan podido ver nuestros ojos Un desastre natural que acabe con todos Una plaga que nos destruya lentamente En la humanidad hay mucha corrupción, hay desastres creados por nosotros Hay guerras santas, hay asesinatos planeados Porque? Por poder, dinero y fama Somos invencibles en nuestras mentes, pero que pasa si afuera de nuestra visión Hay algo más grande que todos juntos Una fuerza invencible, un poder sobrenatural que en cualquier momento decida destruirnos Talvez sea suerte o sea el destino Si decidimos separarnos a diario Si creamos más violencia Si hay más separación de naciones Si hay más hambre Más infestaciones, más personas mueren a diario Es inevitable es un proceso natural del hombre Pero, aceptémoslo más muertes son causadas por nosotros mismos. Soy tan humana como todos ustedes Es un acto de paz y un pacto de unidad La raza humana pierde su escencia De ser capaces de analizar y ser luz Somos ciegos y egoístas Un ego que saciar Un espíritu que alimentar A base de mentiras, engaños y sacrificios Ser pobre o rico Tener todo o  ser nada Ver morir pero no actuar Decidimos sentarnos a ver lo que pasa Pero  porque no somos parte del espectáculo mejor? Organizaciones a diario luchan por cambiar el mundo Fotos de acontecimientos que impactan un rato Después son desechos que olvidamos por lujos y mentiras El humano se convirtió en el monstruo más grande que deberíamos temer Esa sencillez de aceptar el fracaso Inhumanos ante las crisis de los demás Muertes por ganas de poder Muertes por religión y creencias Si crees en algo, créelo Pero Piensa si va en contra de ti y de tu generación Dos bandos iguales peleando por ser más notorio Sangre derramada para demostrar grandeza Lujos para despilfarrar Lugares hermosos que son destrozados El hábitat humana dejo de ser para los humanos Nos convertimos en cosas materialistas Sin propósitos de vida Luchemos para ser iguales Sin distinción de raza, **** religión, política... Constantemente decimos eso Pero realmente se cumple? Si eres humano y lees esto Piensa que estás haciendo en este momento Estas cambiado para bien a tu humanidad?
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Jun 11, 2016
Jun 11, 2016 at 11:03 PM UTC
A la Humanidad
A la Humanidad ELENA RAMOS Ciertamente todos buscamos lo mismo Poder, Dinero y Fama Ser mejor para ser escuchados por todos Tener dinero para poder comprar a todos Y tener fama para ser reconocidos por todos No podemos pretender ser supremos ante civilizaciones a las cuales somos exactamente iguales Tenemos rasgos distintos, dialectos variados pero Al final somos iguales Esperamos un desastre para poder unirnos Uno en el cual tengamos miedo de morir y ser derrotados por fuerzas mayores Talvez debamos esperar ese fenómeno que cambie a la humanidad Algo que jamás hayan podido ver nuestros ojos Un desastre natural que acabe con todos Una plaga que nos destruya lentamente En la humanidad hay mucha corrupción, hay desastres creados por nosotros Hay guerras santas, hay asesinatos planeados Porque? Por poder, dinero y fama Somos invencibles en nuestras mentes, pero que pasa si afuera de nuestra visión Hay algo más grande que todos juntos Una fuerza invencible, un poder sobrenatural que en cualquier momento decida destruirnos Talvez sea suerte o sea el destino Si decidimos separarnos a diario Si creamos más violencia Si hay más separación de naciones Si hay más hambre Más infestaciones, más personas mueren a diario Es inevitable es un proceso natural del hombre Pero, aceptémoslo más muertes son causadas por nosotros mismos. Soy tan humana como todos ustedes Es un acto de paz y un pacto de unidad La raza humana pierde su escencia De ser capaces de analizar y ser luz Somos ciegos y egoístas Un ego que saciar Un espíritu que alimentar A base de mentiras, engaños y sacrificios Ser pobre o rico Tener todo o  ser nada Ver morir pero no actuar Decidimos sentarnos a ver lo que pasa Pero  porque no somos parte del espectáculo mejor? Organizaciones a diario luchan por cambiar el mundo Fotos de acontecimientos que impactan un rato Después son desechos que olvidamos por lujos y mentiras El humano se convirtió en el monstruo más grande que deberíamos temer Esa sencillez de aceptar el fracaso Inhumanos ante las crisis de los demás Muertes por ganas de poder Muertes por religión y creencias Si crees en algo, créelo Pero Piensa si va en contra de ti y de tu generación Dos bandos iguales peleando por ser más notorio Sangre derramada para demostrar grandeza Lujos para despilfarrar Lugares hermosos que son destrozados El hábitat humana dejo de ser para los humanos Nos convertimos en cosas materialistas Sin propósitos de vida Luchemos para ser iguales Sin distinción de raza, **** religión, política... Constantemente decimos eso Pero realmente se cumple? Si eres humano y lees esto Piensa que estás haciendo en este momento Estas cambiado para bien a tu humanidad?
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De miradas polvorientas caídas al suelo o de hojas sin sonido y sepultándose. De metales sin luz, con el vacío, con la ausencia del día muerto de golpe. En lo alto de las manos el deslumbrar de mariposas, el arrancar de mariposas cuya luz no tiene término. Tú guardabas la estela de luz, de seres rotos que el sol abandonado, atardeciendo, arroja a las iglesias. Teñida con miradas, con objeto de abejas, tu material de inesperada llama huyendo precede y sigue al día y a su familia de oro. Los días acechando cruzan el sigilo pero caen adentro de tu voz de luz. Oh dueña del amor, en tu descanso fundé mi sueño, mi actitud callada. Con tu cuerpo de número tímido, extendido de pronto hasta cantidades que definen la tierra, detrás de la pelea de los días blancos de espacio y fríos de muertes lentas y estímulos marchitos, siento arder tu regazo y transitar tus besos haciendo golondrinas frescas en mi sueño. A veces el destino de tus lágrimas asciende como la edad hasta mi frente, allí están golpeando las olas, destruyéndose de muerte: su movimiento es húmedo, decaído, final.
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Alianza (sonata)
Si la muerte no es la solo gracia, estamos solos. Siempre de, nosotros es uno si de todos solamente muertes todo en gracia de estamos solamente, solo de nosotros, todos nosotros, solo que si muertamos es la solo gracia nos encontramos con. Si la muerte es la única gracia, estamos unidos. Esta en contra del sentido visión duele como mirando hacia el sol. Ceguera, es siempre difícil de entender- para los cuerdos que no puede ver con ojos normales Sabiduría es en sus sin ayuda de cielo corazon y sus monstruo cabeza el reconocer la realidad de duele, con ojos por dentro y afuera de, la mente Mirando hacia del sol puede ciegos que de lo falso, así. Unser ist mit treue halten liebe die genug zwei Toden heilig wobei einander der zwei toden beide schaden aus Liebe Doch dass zweite Tod ist meine schade Dies zweite Tod ist die eine freude Wenn erst eine Tod ist die dass ist Sein lieblos, nein liebe Das die tod ist bis die einen toden der alles nicht Zu vergleichen nun ist Tod bis euchen eine freude?
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Jan 2, 2013
Jan 2, 2013 at 11:31 AM UTC
Código Einheiten: Mirando falso , aun asi realidad ... bis dass der Tod euch scheidet?
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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La noche cíclica
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero     compañero te desvela     la misma suerte que a mí     prometiste y prometí     encender esta candela con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero     la muerte mata y escucha     la vida viene después     la unidad que sirve es     la que nos une en la lucha con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero     la historia tañe sonora     su lección como campana     para gozar el mañana     hay que pelear el ahora con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero     ya no somos inocentes     ni en la mala ni en la buena     cada cual en su faena     porque en esto no hay suplentes con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero     algunos cantan victoria     porque el pueblo paga vidas     pero esas muertes queridas     van escribiendo la historia con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero.
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Vamos juntos
Amor mío; tan mío... estamos juntos. Juntos desde la ropa a las raíces. Juntos desde el otoño a las nubes grises. Desde los latidos a las caderas. Desde un simple segundo hasta una compleja vida entera. Estamos juntos. Juntos los dos. Y le repetí: "Ven conmigo" como si me muriera. Y no se dio cuenta que en mi boca la luna se desangraba por ella. Y le recité mil poemas y le rogué que no se fuera. Mientras que en su boca el sol se apagaba y las estrellas en el cielo formaban hileras. Ni separados por trenes o ciudades. Ni por mares o muertes o adversidades. Estamos juntos. Juntos los dos. Quédate luna. Quédate sol. Y mueran en nosotros ésta noche; que ésta noche estamos juntos los dos.
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Jun 12, 2014
Jun 12, 2014 at 3:39 PM UTC
Juntos
Todos los intermedios pudresienes de espera de esqueleto de lluvia sin persona cuando no neutros lapsus micropulpos engendros del sotedio pueden antes que cóncavos ausentes en seminal yacencia ser otros flujos ácidos del diurno sueño insomne otros sorbos de páramo tan viles vivas bilis de nonadas carcomas diametrales aunque el sabor no cambie y Ofelia pura costa sea un pescado reflejo de rocío de esclerosada túnica sin lastre un fósil loto amóvil entre remansos muslos puros juncos de espasmo un maxilar de luna sobre un canto rodado tierno espectro fluctuante del novilunio arcaico dromedario lejos ya de su neuro dubitabundo exnovio psiquisauce aunque el sabor no cambie y cualquier lacio cuajo invista nuevos huecos ante los ídem lodos expartos bostezantes peste con veste huéspedes del macrobarro grávido de muerte y hueros logros de horas lagrimales aunque el sabor no cambie y el menos yo del uno en el total por nada beato saldo de excoito amodorrado malentetando el asco explore los estratos de su ámbito si sino cada vez menos cráter aunque el sabor no cambie cada vez más burbúja de algánima no náyade más amplio menos tránsfuga tras sus estancas sienes de mercurio o en las finales radas de lo obsceno de marismas de pelvis bajo el agua con su no llanto arena y sus mínimas muertes navegables aunque el sabor no cambie y sólo erecto espeso mascaduda insaciado en progresiva resta ante el incierto ubicuo muy quizás equis deífico se malciña la angustia interrogante aunque el sabor no cambie
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Ante el sabor inmóvil
Todos los intermedios pudresienes de espera de esqueleto de lluvia sin persona cuando no neutros lapsus micropulpos engendros del sotedio pueden antes que cóncavos ausentes en seminal yacencia ser otros flujos ácidos del diurno sueño insomne otros sorbos de páramo tan viles vivas bilis de nonadas carcomas diametrales aunque el sabor no cambie y Ofelia pura costa sea un pescado reflejo de rocío de esclerosada túnica sin lastre un fósil loto amóvil entre remansos muslos puros juncos de espasmo un maxilar de luna sobre un canto rodado tierno espectro fluctuante del novilunio arcaico dromedario lejos ya de su neuro dubitabundo exnovio psiquisauce aunque el sabor no cambie y cualquier lacio cuajo invista nuevos huecos ante los ídem lodos expartos bostezantes peste con veste huéspedes del macrobarro grávido de muerte y hueros logros de horas lagrimales aunque el sabor no cambie y el menos yo del uno en el total por nada beato saldo de excoito amodorrado malentetando el asco explore los estratos de su ámbito si sino cada vez menos cráter aunque el sabor no cambie cada vez más burbúja de algánima no náyade más amplio menos tránsfuga tras sus estancas sienes de mercurio o en las finales radas de lo obsceno de marismas de pelvis bajo el agua con su no llanto arena y sus mínimas muertes navegables aunque el sabor no cambie y sólo erecto espeso mascaduda insaciado en progresiva resta ante el incierto ubicuo muy quizás equis deífico se malciña la angustia interrogante aunque el sabor no cambie
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Nos han abandonado en medio del camino. Entre la luz íbamos ciegos. Somos aves de paso, nubes altas de estío, vagabundos eternos. Mala gente que pasa cantando por los campos. Aunque el camino es áspero y son duros los tiempos, cantamos con el alma. Y no hay un hombre solo que comprenda la viva razón del canto nuestro. Vivimos y morimos muertes y vidas de otros. Sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos. Su hondo grito nos pide que muramos un poco, como murieron todos ellos, que vivamos deprisa, quemando locamente la vida que ellos no vivieron. Ríos furiosos, ríos turbios, ríos veloces. (Pero nadie nos mide lo hondo, sino lo estrecho.) Mordemos las orillas, derribamos los puentes. Dicen que vamos ciegos. Pero vivimos. Llevan nuestras aguas la esencia de las muertes y vidas de vivos y de muertos. Ya veis si es bien alegre saber a ciencia cierta que hemos nacido para esto.
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Destino alegre
Qué esperanza considerar, qué presagio puro, qué definitivo beso enterrar en el corazón, someter en los orígenes del desamparo y la inteligencia, suave y seguro sobre las aguas eternamente turbadas? Qué vitales, rápidas alas de un nuevo ángel de sueños instalar en mis hombros desnudos para seguridad perpetua, de tal manera que el camino entre las estrellas de la muerte sea un violento vuelo comenzado desde hace muchos días y meses y siglos? Tal vez la debilidad natural de los seres recelosos y ansiosos busca de súbito permanencia en el tiempo y límites en la tierra, tal vez las fatigas y las edades acumuladas implacablemente se extienden como la ola lunar de un océano recién creado sobre litorales y tierras angustiosamente desiertas. Ay, que lo que yo soy siga existiendo y cesando de existir, y que mi obediencia se ordene con tales condiciones de hierro que el temblor de las muertes y de los nacimientos no conmueva el profundo sitio que quiero reservar para mí eternamente. Sea, pues, lo que soy, en alguna parte y en todo tiempo, establecido y asegurado y ardiente testigo, cuidadosamente destruyéndose y preservándose incesantemente, evidentemente empeñado en su deber original.
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Significa sombras
Volví, volvía -con qué poca ilusión- a donde tuve mis raíces, mis recuerdos, mi casa frente al mar, y los árboles plantados por mis manos, pisoteados por los niños, comidos por los animales. Mi casa junto al mar, más solariega que otras, la que fue más hermosa que todas. Con qué poca ilusión volvía. Cárdenas tierras húmedas y soleadas, trigos color de aquellos ojos, pincelada morada sobre lo verde, allá en Vivar del Cid, murallas de olmos negros, amapolas, verdes sombríos por Entrambasmestas, platas de la bahía, con qué poca ilusión pasaba por vosotros. Cómo se puede vaciar así un corazón. Cómo se puede llorar así, por dentro. Frustraciones o muertes nada me arrancó lágrimas desde aquellos aviones los que volaban sobre mí y arrasaban mi mundo sin que arrojasen bombas, ni ametrallasen: sólo con el ruido de sus motores, demasiado terrible para mí entonces y ahora. Qué quedó de mi vida entre sus alas. Qué en la música oída en la noche, la que vestía nuestra desnudez mientras caía el agua cálida, qué gozo, el agua... Qué se hundió por aquellas escaleras precipitadas en la noche. Qué congeló la luna que iluminaba las fachadas. Qué llevó la marea en la playa de octubre. Cómo es posible edificar, reconstruir con tantos materiales disueltos en el tiempo, gastados por la lluvia que no vimos caer... Volví, volvía como ahogado bajo un montón de escombros que fueron mi edificio, mi alcázar, sin una sola lágrima -para qué- que llorar, apoyado en el llanto de otros días, como si sólo con lágrimas de entonces pudiese liberarse este dolor presente que ya no encuentra llanto.
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Carretera
Volví, volvía -con qué poca ilusión- a donde tuve mis raíces, mis recuerdos, mi casa frente al mar, y los árboles plantados por mis manos, pisoteados por los niños, comidos por los animales. Mi casa junto al mar, más solariega que otras, la que fue más hermosa que todas. Con qué poca ilusión volvía. Cárdenas tierras húmedas y soleadas, trigos color de aquellos ojos, pincelada morada sobre lo verde, allá en Vivar del Cid, murallas de olmos negros, amapolas, verdes sombríos por Entrambasmestas, platas de la bahía, con qué poca ilusión pasaba por vosotros. Cómo se puede vaciar así un corazón. Cómo se puede llorar así, por dentro. Frustraciones o muertes nada me arrancó lágrimas desde aquellos aviones los que volaban sobre mí y arrasaban mi mundo sin que arrojasen bombas, ni ametrallasen: sólo con el ruido de sus motores, demasiado terrible para mí entonces y ahora. Qué quedó de mi vida entre sus alas. Qué en la música oída en la noche, la que vestía nuestra desnudez mientras caía el agua cálida, qué gozo, el agua... Qué se hundió por aquellas escaleras precipitadas en la noche. Qué congeló la luna que iluminaba las fachadas. Qué llevó la marea en la playa de octubre. Cómo es posible edificar, reconstruir con tantos materiales disueltos en el tiempo, gastados por la lluvia que no vimos caer... Volví, volvía como ahogado bajo un montón de escombros que fueron mi edificio, mi alcázar, sin una sola lágrima -para qué- que llorar, apoyado en el llanto de otros días, como si sólo con lágrimas de entonces pudiese liberarse este dolor presente que ya no encuentra llanto.
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Caídos sí, no muertos, ya postrados titanes, están los hombres de resuelto pecho sobre las más gloriosas sepulturas: las eras de las hierbas y los panes, el frondoso barbecho, las trincheras oscuras. Siempre serán famosas estas sangres cubiertas de abriles y de mayos, que hacen vibrar las dilatadas fosas con su vigor que se decide en rayos. Han muerto como mueren los leones: peleando y rugiendo, espumosa la boca de canciones, de ímpetu las cabezas y las venas de estruendo. Héroes a borbotones, no han conocido el rostro a la derrota, y victoriosamente sonriendo se han desplomado en la besana umbría, sobre el cimiento errante de la bota y el firmamento de la gallardía. Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde. Bajo el gran resplandor de un mediodía sin mañana y sin tarde, unos caballos que parecen claros, aunque son tenebrosos y funestos, se llevan a estos hombres vestidos de disparos a sus inacabables y entretejidos puestos. No hay nada ***** en estas muertes claras. Pasiones y tambores detengan los sollozos. Mirad, madres y novias, sus transparentes caras: la juventud verdea para siempre en sus bozos.
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Nuestra juventud no muere
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Al oro de tu frente unos claveles Veo matizar, cruentos, con heridas; Ellos mueren de amor, y a nuestras vidas Sus amenazas les avisan fieles. Rúbricas son piadosas y crueles, Joyas facinerosas y advertidas, Pues publicando muertes florecidas, Ensangrientan al Sol rizos doseles. Mas con tus labios quedan vergonzosos (Que no compiten flores a rubíes) Y pálidos después, de temerosos; Y cuando con relámpagos te ríes, De púrpura, cobardes, si ambiciosos, Marchitan sus blasones carmesíes.
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A flori, que tenía unos claveles entre el cabello rubio
Solía escribir con su dedo grande en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», de Miranda de Ebro, padre y hombre, marido y hombre, ferroviario y hombre, padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes. Papel de viento, lo han matado: ¡pasa! Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa! ¡Abisa a todos compañeros pronto! Palo en el que han colgado su madero, lo han matado; ¡lo han matado al pie de su dedo grande! ¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas! ¡Viban los compañeros a la cabecera de su aire escrito! ¡Viban con esta b del buitre en las entrañas de Pedro y de Rojas, del héroe y del mártir! Registrándole, muerto, sorprendiéronle en su cuerpo un gran cuerpo, para el alma del mundo, y en la chaqueta una cuchara muerta. . Pedro también solía comer entre las criaturas de su carne, asear, pintar la mesa y vivir dulcemente en representación de todo el mundo. Y esta cuchara anduvo en su chaqueta, despierto o bien cuando dormía, siempre, cuchara muerta viva, ella y sus símbolos. ¡Abisa a todos compañeros pronto! ¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre! Lo han matado, obligándole a morir a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquél que nació muy niñín, mirando al cielo, y que luego creció, se puso rojo y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos. Lo han matado suavemente entre el cabello de su mujer, la Juana Vásquez, a la hora del fuego, al año del balazo y cuando andaba cerca ya de todo. Pedro Rojas, así, después de muerto, se levantó, besó su catafalco ensangrentado, lloró por España . y volvió a escribir con el dedo en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas». Su cadáver estaba lleno de mundo.
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Iii
Solía escribir con su dedo grande en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», de Miranda de Ebro, padre y hombre, marido y hombre, ferroviario y hombre, padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes. Papel de viento, lo han matado: ¡pasa! Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa! ¡Abisa a todos compañeros pronto! Palo en el que han colgado su madero, lo han matado; ¡lo han matado al pie de su dedo grande! ¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas! ¡Viban los compañeros a la cabecera de su aire escrito! ¡Viban con esta b del buitre en las entrañas de Pedro y de Rojas, del héroe y del mártir! Registrándole, muerto, sorprendiéronle en su cuerpo un gran cuerpo, para el alma del mundo, y en la chaqueta una cuchara muerta. . Pedro también solía comer entre las criaturas de su carne, asear, pintar la mesa y vivir dulcemente en representación de todo el mundo. Y esta cuchara anduvo en su chaqueta, despierto o bien cuando dormía, siempre, cuchara muerta viva, ella y sus símbolos. ¡Abisa a todos compañeros pronto! ¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre! Lo han matado, obligándole a morir a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquél que nació muy niñín, mirando al cielo, y que luego creció, se puso rojo y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos. Lo han matado suavemente entre el cabello de su mujer, la Juana Vásquez, a la hora del fuego, al año del balazo y cuando andaba cerca ya de todo. Pedro Rojas, así, después de muerto, se levantó, besó su catafalco ensangrentado, lloró por España . y volvió a escribir con el dedo en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas». Su cadáver estaba lleno de mundo.
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Si esta pobre existencia es como un puente colgante entre dos áridos mutismos vale decir entre dos muertes a todas luces (o mejor a todas sombras) lo inapelable lo definitivo lo importante vendría a ser la muerte ¿o no? somos cardúmenes de vivos que navegamos ciegos / consolables de muerte a muerte y sin escalas de esta tregua brevísima querría llevarme algunas cosas verbigracia el latido del amor el libro que releo en los insomnios la mirada sin niebla de los justos y otra vez el latido del amor esto de no ser más / de terminarse tiene algo de aventura o de presidio del ocaso al acaso media un palmo de la nada a la nada va una vida allá lejos / la simple ceremonia de esa boca de niño junto a un pecho de madre manantial es un envite inútil a la nada un simulacro espléndido / un adiós pero la nada espera / no se olvida de todas sus promesas serviciales sus lágrimas de paz y protocolo sus grietas en la tierra y en el cielo ¿cómo no ser curioso? ¿cómo no hacer apuestas a favor o en contra hasta que alguien pronuncie el no va más? estoy henchido de curiosidad callado como un pino en el crepúsculo cuando el sol / ese impar / muere de a poco y también él esconde sus vergüenzas curioso y en silencio / yo me espío a ver si la esperanza cicatriza o si las servidumbres se desmandan o si el secreto a voces me concierne estoy flotante de curiosidad ávido de saber o de sufrirme flotante entre mis miedos esclavo de mis auras señor de mis cenizas alguna vez la nada será mía y yo / curioso la venderé al mejor postor y si él / a su vez / desencantado la subasta en la plaza / podré esfumarme al fin como si nada
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Como si nada
Si esta pobre existencia es como un puente colgante entre dos áridos mutismos vale decir entre dos muertes a todas luces (o mejor a todas sombras) lo inapelable lo definitivo lo importante vendría a ser la muerte ¿o no? somos cardúmenes de vivos que navegamos ciegos / consolables de muerte a muerte y sin escalas de esta tregua brevísima querría llevarme algunas cosas verbigracia el latido del amor el libro que releo en los insomnios la mirada sin niebla de los justos y otra vez el latido del amor esto de no ser más / de terminarse tiene algo de aventura o de presidio del ocaso al acaso media un palmo de la nada a la nada va una vida allá lejos / la simple ceremonia de esa boca de niño junto a un pecho de madre manantial es un envite inútil a la nada un simulacro espléndido / un adiós pero la nada espera / no se olvida de todas sus promesas serviciales sus lágrimas de paz y protocolo sus grietas en la tierra y en el cielo ¿cómo no ser curioso? ¿cómo no hacer apuestas a favor o en contra hasta que alguien pronuncie el no va más? estoy henchido de curiosidad callado como un pino en el crepúsculo cuando el sol / ese impar / muere de a poco y también él esconde sus vergüenzas curioso y en silencio / yo me espío a ver si la esperanza cicatriza o si las servidumbres se desmandan o si el secreto a voces me concierne estoy flotante de curiosidad ávido de saber o de sufrirme flotante entre mis miedos esclavo de mis auras señor de mis cenizas alguna vez la nada será mía y yo / curioso la venderé al mejor postor y si él / a su vez / desencantado la subasta en la plaza / podré esfumarme al fin como si nada
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Traiga cuentos la guitarra de cuando el fierro brillaba, cuentos de truco y de taba, de cuadreras y de copas, cuentos de la Costa Brava y el Camino de las Tropas. Venga una historia de ayer que apreciarán los más lerdos; el destino no hace acuerdos y nadie se lo reproche- ya estoy viendo que esta noche vienen del Sur los recuerdos. Velay, señores, la historia de los hermanos Iberra, hombres de amor y de guerra y en el peligro primeros, la flor de los cuchilleros y ahora los tapa la tierra. Suelen al hombre perder la soberbia o la codicia: también el coraje envicia a quien le da noche y día- el que era menor debía más muertes a la justicia. Cuando Juan Iberra vio que el menor lo aventajaba, la paciencia se le acaba y le armó no sé qué lazo le dio muerte de un balazo, allá por la Costa Brava. Sin demora y sin apuro lo fue tendiendo en la vía para que el tren lo pisara. El tren lo dejó sin cara, que es lo que el mayor quería. Así de manera fiel conté la historia hasta el fin; es la historia de Caín que sigue matando a Abel.
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Milonga de dos hermanos
De oleaje tú de entrega de redivivas muertes en el la maramor plenamente amada tu néctar piel de pétalo desnuda tus bipanales senos de suave plena luna con su eromiel y zumbos y ritmos y mareas tus tús y más que tús tan eco de eco mío y llamarada suya de la muy sacra cripta mía tuya dame tu Balaúa
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Balaúa
En su llama mortal la luz te envuelve. Absorta, pálida doliente, así situada contra las viejas hélices del crepúsculo que en torno a ti da vueltas. Muda, mi amiga, sola en lo solitario de esta hora de muertes y llena de las vidas del fuego, pura heredera del día destruido. Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro. De la noche las grandes raíces crecen de súbito desde tu alma, y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas, de modo que un pueblo pálido y azul de ti recién nacido se alimenta. Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava del círculo que en ***** y dorado sucede: erguida, trata y logra una creación tan viva que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.
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Poema 2
Los sueños son pequeñas muertes tramoyas anticipos simulacros de muerte el despertar en cambio nos parece una resurrección y por las dudas olvidamos cuanto antes lo soñado a pesar de sus fuegos sus cavernas sus orgasmos sus glorias sus espantos los sueños son pequeñas muertes por eso cuando llega el despertar y de inmediato el sueño se hace olvido tal vez quiera decir que lo que ansiamos es olvidar la muerte apenas eso
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Pequeñas muertes
Sigo solo me sigo y en otro absorto otro beodo lodo baldío por neuroyertos rumbos horas opio desfondes me persigo junto a tan tantas otras bellas concas corolas erolocas entre fugaces muertes sin memoria y a tantos otros otros grasos ceros costrudos que me opan mientras sigo y me sigo y me recontrasigo de un extremo a otro estero aridandantemente sin estar ya conmigo ni ser un otro otro
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Aridandantemente
Por una vez existe el cielo innecesario. Nadie averigua acerca de mi corazón ni de mi salud milagrosa y cordial, porque es de noche, manantial de la noche, viento de la noche, viento olvido, porque es de noche entre silencio y uñas y quedo desalmado como un reloj lento. Húmeda oscuridad desgarradora, oscuridad sin adivinaciones, con solamente un grito que se quiebra a lo lejos, y a lo lejos se cansa y me abandona. Ella sabe qué palabras podrían decirse cuando se extinguen todos los presagios y el insomnio trae iras melancólicas acerca del porvenir y otras angustias. Pero no dice nada, no las suelta. Entonces miro en lo oscuro llorando, y me envuelvo otra vez en mi noche como en una cortina pegajosa que nadie nunca nadie nunca corre. Por el aire invisible baja una luna dulce, hasta el sueño por el aire invisible. Estoy solo como con mi infancia de alertas, con mis corrientes espejismos de Dios y calles que me empujan inexplicablemente hacia un remoto mar de miedos. Estoy solo como una estatua destruida, como un muelle sin olas, como una simple cosa que no tuviera el hábito de la respiración ni el deber del descanso ni otras muertes en cierne, solo en la anegada cuenca del desamparo junto a ausencias que nunca retroceden. Naturalmente, ella conoce qué palabras podrían decirse, pero no dice nada, pero no dice nada irremediable.
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Nocturno
Do the orchids feel? Even when they are plucked to watch over the eternal rest of the souls? And do the sunflowers lie? Even when they turn their backs to the sun to watch the flapping of some wings? And does the wheat weeps? Even when neither the breezes nor the songs of the birds heed it? And does the forage prays? Even when they see the silver of the sickle and scythe dancing? Are the storms the cry of the earth? For how much it suffers in the summers. In the burning afternoons without air. In the distant oceans. In the deaths of the autumn. Is the moon a lover of the mountain? For it always suckles the hill. She kisses the cheeks of the streams. It illuminates the dark paths. And sings to the strange travelers. //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// ¿Y las orquideas sienten? ¿Aún cuando las arrancan para velar el descanso eterno de las almas? ¿Y los girasoles mienten? ¿Aún cuando dan la espalda al sol para ver el batir de unas alas? ¿Y el trigo llora? ¿Aún cuando no le hacen caso ni las brisas ni los cantos de las aves? ¿Y los forrajes oran? ¿Aún cuando ven el plata de la hoz y la guadaña bailando al bies? ¿Serán las tormentas el llanto de la tierra? Pues cuanto sufre en los veranos. En las tardes ardientes sin aire. En los oceános lejanos. En las muertes del otoño. ¿Será la luna amante de la sierra? Pues siempre amamanta a la colina. Besa las mejillas de los riachuelos. Ilumina los caminos oscuros. Y canta a los viajantes extraños.
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Mar 17, 2021
Mar 17, 2021 at 6:01 PM UTC
Somatizing the entity or The prostitution of instinct / Somatizando el ente o La prostitución del instinto
Do the orchids feel? Even when they are plucked to watch over the eternal rest of the souls? And do the sunflowers lie? Even when they turn their backs to the sun to watch the flapping of some wings? And does the wheat weeps? Even when neither the breezes nor the songs of the birds heed it? And does the forage prays? Even when they see the silver of the sickle and scythe dancing? Are the storms the cry of the earth? For how much it suffers in the summers. In the burning afternoons without air. In the distant oceans. In the deaths of the autumn. Is the moon a lover of the mountain? For it always suckles the hill. She kisses the cheeks of the streams. It illuminates the dark paths. And sings to the strange travelers. //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// ¿Y las orquideas sienten? ¿Aún cuando las arrancan para velar el descanso eterno de las almas? ¿Y los girasoles mienten? ¿Aún cuando dan la espalda al sol para ver el batir de unas alas? ¿Y el trigo llora? ¿Aún cuando no le hacen caso ni las brisas ni los cantos de las aves? ¿Y los forrajes oran? ¿Aún cuando ven el plata de la hoz y la guadaña bailando al bies? ¿Serán las tormentas el llanto de la tierra? Pues cuanto sufre en los veranos. En las tardes ardientes sin aire. En los oceános lejanos. En las muertes del otoño. ¿Será la luna amante de la sierra? Pues siempre amamanta a la colina. Besa las mejillas de los riachuelos. Ilumina los caminos oscuros. Y canta a los viajantes extraños.
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decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito debía tener unas 12.397 mujeres en su mujer era difícil saber con quién trataba uno en ese pueblo de mujeres / ejemplo: yacíamos en un lecho de amor / ella era un alba de algas fosforescentes / cuando la fui a abrazar se convirtió en singapur llena de perros que aullaban / recuerdo cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir / parecía una constelación en la tierra / parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra / esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha / como el sol que se ponía en su voz / en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno / y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico / tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorable a la dictadura militar / o sea nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer / yo estaba ligeramente desconcertado / una noche le golpié el hombro para ver con quién era y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces esa mujer era la banda municipal de mi pueblo / tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar / y los demás desafinaban con él / esa mujer tenía la memoria desafinada / usté podía amarla hasta el delirio / hacerle crecer días del **** tembloroso / hacerla volar como pajarito de sábana / al día siguiente se despertaba hablando de malevíc / la memoria le andaba como un reloj con rabia / a las tres de la tarde se acordaba del mulo que le pateó la infancia una noche del ser / ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal / la devoraron todos los fantasmas que pudo alimentar con sus miles de mujeres / y era una banda municipal desafinada yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo / yo / compañeros / una noche como ésta que nos empapan los rostros que a lo mejor morimos / monté en el camellito que esperaba en sus ojos y me fui de las costas tibias de esa mujer / callado como un niño bajo los gordos buitres que me comen de todo / menos el pensamiento de cuando ella se unía como un ramo de dulzura y lo tiraba en la tarde /
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Mujeres
decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito debía tener unas 12.397 mujeres en su mujer era difícil saber con quién trataba uno en ese pueblo de mujeres / ejemplo: yacíamos en un lecho de amor / ella era un alba de algas fosforescentes / cuando la fui a abrazar se convirtió en singapur llena de perros que aullaban / recuerdo cuando se apareció envuelta en rosas de aghadir / parecía una constelación en la tierra / parecía que la cruz del sur había bajado a la tierra / esa mujer brillaba como la luna de su voz derecha / como el sol que se ponía en su voz / en las rosas estaban escritos todos los nombres de esa mujer menos uno / y cuando se dio vuelta / su nuca era el plan económico / tenía miles de cifras y la balanza de muertes favorable a la dictadura militar / o sea nunca sabía uno adónde iba a parar esa mujer / yo estaba ligeramente desconcertado / una noche le golpié el hombro para ver con quién era y vi en sus ojos desiertos un camello / a veces esa mujer era la banda municipal de mi pueblo / tocaba dulces valses hasta que el trombón empezaba a desafinar / y los demás desafinaban con él / esa mujer tenía la memoria desafinada / usté podía amarla hasta el delirio / hacerle crecer días del **** tembloroso / hacerla volar como pajarito de sábana / al día siguiente se despertaba hablando de malevíc / la memoria le andaba como un reloj con rabia / a las tres de la tarde se acordaba del mulo que le pateó la infancia una noche del ser / ellaba mucho esa mujer y era una banda municipal / la devoraron todos los fantasmas que pudo alimentar con sus miles de mujeres / y era una banda municipal desafinada yéndose por las sombras de la placita de mi pueblo / yo / compañeros / una noche como ésta que nos empapan los rostros que a lo mejor morimos / monté en el camellito que esperaba en sus ojos y me fui de las costas tibias de esa mujer / callado como un niño bajo los gordos buitres que me comen de todo / menos el pensamiento de cuando ella se unía como un ramo de dulzura y lo tiraba en la tarde /
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