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"luminoso" poems
Mi fai scoppiare in lacrime. Gioia, tristezza, e l'amore. Sono sopraffatto ogni volta Ti vedo. Le Farfalle ritorno Di volta in volta. Il mento così prominente, Il tuo sorriso così luminoso, I tuoi occhi così incantevole. Un abbraccio come nessun altro, Caldo, pieno d'amore. Imbarazzante e scomodo. Baci soffici, duro, lento, veloce. Intenso. Fai finta di essere, cose che non sono, Ma dentro di me vedere il tuo amore, la compassione, La paura, il dolore, la gioia. ride piccoli come un anello vero figlio dalla bocca, come ** dolcemente solleticare la vostra abbronzato, ventre maculato. Avvolto tra le tue braccia, un bruco in un bozzolo. Cassetta di sicurezza, suono, sicuro. Abbiamo urlare e piangere. Ci baciamo e ci sorridiamo. Abbiamo fatto male e guarire. Tu sei mia, Io sono tuo. Non importa chi ti ha amato, o che vi piace quando ci separiamo, L'amore che sgorga dal mio cuore, per te, Continuerà fino a che non cessa di. Mi fai ridere, piangere, urlo, brivido, nella gioia, la rabbia, la disperazione, l'amore. Voi mi levate dal baratro che è la mia mente. Mi ricordi per questo che voglio essere vivo.
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Aug 22, 2012
Aug 22, 2012 at 8:59 PM UTC
Ogni ragazzo merita una poesia d'amore merda
Il termine, la vetta di quella scoscesa serpentina ecco si approssimava, ormai era vicina, ne davano un chiaro avvertimento i magri rimasugli della tappa pellegrina su alla celestiale cima. Poco sopra alla vista che spazio si sarebbe aperto dal culmine raggiunto... immaginarlo già era beatitudine concessa più che al suo desiderio, al suo tormento. Sì l'immensità, la luce ma quiete vera ci sarebbe stata? Lì avrebbe la sua impresa avuto il luminoso assolvimento da se stessa nella trasparente spera o nasceva una nuova impossibile scalata... Questo temeva, questo desiderava.
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L'ultima poesia
Anni fa, ti ** scritto una poesia d'amore. Occhi nebbiosa e luminoso, mi hai sorriso. Ma negli abissi del profondo la mia coscienza mi ha urlato. Sa che abbiate mai svanire proprio come il resto perché sono un casino maledetto dio.
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Jan 16, 2013
Jan 16, 2013 at 3:22 PM UTC
Per ora mi siedo e aspetto
Dice la tarde: '¡Tengo sed de sombra!' Dice la luna: '¡Yo, sed de luceros!' La fuente cristalina pide labios y suspira el viento. Yo tengo sed de aromas y de risas, sed de cantares nuevos sin lunas y sin lirios, y sin amores muertos. Un cantar de mañana que estremezca a los remansos quietos del provenir. Y llene de esperanza sus ondas y sus cienos. Un cantar luminoso y reposado pleno de pensamiento, virginal de tristeza y de angustias y virginal de ensueños. Cantar sin carne lírica que llene de risas el silencio (una bandada de palomas ciegas lanzadas al misterio). Cantar que vaya al alma de las cosas y al alma de los vientos y que descanse al fin en la algería del corazón eterno.
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Cantos Nuevos
Geografia I Quando a Vila Jaiara era do mundo O centro vital; se mais longe houvesse, Lá chegara, aos saltos, de susto tomado Em mim mesmo; silente rezava o missal. Corria pelos campos – a savana, cerrado. O medo do sistema heliocêntrico Ainda não perdera: o medo de ser Só. Eu vivia com meus irmãos e irmãs – Éramos uma centena de bichinhos Em torno de nossa mãe adotada, A quem chamávamos de Senhora. E em torno dela, tudo girava, girava... Os grandes mandavam-nos, sorrateiros, Andar pelo cerrado em busca de tudo: Gabirobas, cajuzinhos, goiabas ... Na Vila Jaiara havia tanta coisa mais. A casa de Helena; de deuses onde doces. Que à caminhada tornava clara para nós. Centro luminoso em que a ceia do Senhor. Não havia São Paulo ou Rio de Janeiro – No máximo: Belo Horizonte, Araxá Povoavam nossos sonhos. E talvez Ouro Preto e Divinópolis – Onde Dora reinava... - Goiânia, São Petersburgo e Tegucigalpa – só no Atlas. Anápolis era outra estória: a cidade, o comércio longe demais... Ali na Jaiara estava o centro de tudo e no centro de tudo o amor: Laíde Epifânia me nomeara “Maninho”. Naquele tempo, na nossa vila, não passava um rio. Mas havia a fábrica de tecidos, onde Jorge – Noivo de minha irmã – tecia a união e afeto E me ensinava a andar de bicicleta. Do Vietnã,  só soube no ginásio. ./.
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Feb 7, 2016
Feb 7, 2016 at 5:28 PM UTC
Geography I
Se van rompiendo cosas en la casa como empujadas por un invisible quebrador voluntario: no son las manos mías, ni las tuyas, no fueron las muchachas de uña dura y pasos de planeta: no fue nada y nadie, no fue el viento, no fue el anaranjado mediodía ni la noche terrestre, no fue ni la nariz ni el codo, la creciente cadera, el tobillo, ni el aire: se quebró el plato, se cayó la lámpara, se derrumbaron todos los floreros uno por uno, aquél en pleno octubre colmado de escarlata, fatigado por todas las violetas, y otro vacío rodó, rodó, rodó por el invierno hasta ser sólo harina de florero, recuerdo roto, polvo luminoso. Y aquel reloj cuyo sonido era la voz de nuestras vidas, el secreto hilo de las semanas, que una a una ataba tantas horas a la miel, al silencio, a tantos nacimientos y trabajos, aquel reloj también cayó y vibraron entre los vidrios rotos sus delicadas vísceras azules, su largo corazón desenrollado. La vida va moliendo vidrios, gastando ropas, haciendo añicos, triturando formas, y lo que dura con el tiempo es como isla o nave en el mar, perecedero, rodeado por los frágiles peligros, por implacables aguas y amenazas. Pongamos todo de una vez, relojes, platos, copas talladas por el frío, en un saco y llevemos al mar nuestros tesoros: que se derrumben nuestras posesiones en un solo alarmante quebradero, que suene como un río lo que se quiebra y que el mar reconstruya con su largo trabajo de mareas tantas cosas inútiles que nadie rompe pero se rompieron.
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Oda a las cosas rotas
Se van rompiendo cosas en la casa como empujadas por un invisible quebrador voluntario: no son las manos mías, ni las tuyas, no fueron las muchachas de uña dura y pasos de planeta: no fue nada y nadie, no fue el viento, no fue el anaranjado mediodía ni la noche terrestre, no fue ni la nariz ni el codo, la creciente cadera, el tobillo, ni el aire: se quebró el plato, se cayó la lámpara, se derrumbaron todos los floreros uno por uno, aquél en pleno octubre colmado de escarlata, fatigado por todas las violetas, y otro vacío rodó, rodó, rodó por el invierno hasta ser sólo harina de florero, recuerdo roto, polvo luminoso. Y aquel reloj cuyo sonido era la voz de nuestras vidas, el secreto hilo de las semanas, que una a una ataba tantas horas a la miel, al silencio, a tantos nacimientos y trabajos, aquel reloj también cayó y vibraron entre los vidrios rotos sus delicadas vísceras azules, su largo corazón desenrollado. La vida va moliendo vidrios, gastando ropas, haciendo añicos, triturando formas, y lo que dura con el tiempo es como isla o nave en el mar, perecedero, rodeado por los frágiles peligros, por implacables aguas y amenazas. Pongamos todo de una vez, relojes, platos, copas talladas por el frío, en un saco y llevemos al mar nuestros tesoros: que se derrumben nuestras posesiones en un solo alarmante quebradero, que suene como un río lo que se quiebra y que el mar reconstruya con su largo trabajo de mareas tantas cosas inútiles que nadie rompe pero se rompieron.
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Despierta, tiemblo al mirarte; dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo mientras tú duermes.   Despierta, ríes, y al reír tus labios     inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean     sobre un cielo de nieve.   Dormida, los extremos de tu boca     pliega sonrisa leve, suave como el rastro luminoso     que deja un sol que muere.                           ¡Duerme!   Despierta, miras y al mirar tus ojos     húmedos resplandecen como la onda azul en cuya cresta     chispeando el sol hiere.   Al través de tus párpados, dormida,     tranquilo fulgor vierten, cual derrama de luz, templado rayo,     lámpara transparente.                           ¡Duerme!   Despierta, hablas y al hablar vibrantes     tus palabras parecen lluvia de perlas que en dorada copa     se derrama a torrentes.   Dormida, en el murmullo de tu aliento     acompasado y tenue, escucho yo un poema que mi alma     enamorada entiende.                           ¡Duerme!   Sobre el corazón la mano me he puesto porque no suene su latido y de la noche turbe la calma solemne.   De tu balcón las persianas cerré ya porque no entre el resplandor enojoso de la aurora y te despierte.                           ¡Duerme!
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Rima xxvii
La casa del silencio se yergue en un rincón de la montaña, con el capuz de tejas carcomido. Y parece tan dócil que apenas se conmueve con el ruido de algún árbol cercano, donde sueña el amoroso cónclave de un nido. Tal vez nadie la habita ni la quiere, y acaso nunca la vivieron hombres; pero su lento corazón palpita con profundo latir de resignado, cuando el rumor la hiere y la sangra del trémulo costado. Imagino, en la casa del silencio, un patio luminoso, decorado por la hierba que roe las canales y un muro despintado al caer de las lluvias torrenciales. Y en las noches azules, la pienso conturbada si adivina un balbucir de luz en sus escaños, y la oigo verter con un ruido ya casi imperceptible, contenido, su lloro paternal de tres mil años.
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La casa del silencio
Vedova, lavorò senza riposo per la bambina sua, per quel suo bene unico, da lo sguardo luminoso; per essa sopportò tutte le pene, per darle il pan si logorò la vita, per darle il sangue si vuotò le vene. - La bimba crebbe, come una fiorita di rose a maggio, come una sultana, da la materna idolatria blandita; e così piacque a un uom quella sovrana beltà, che al suo desio la volle avvinta, e sposa e amante la portò lontana!... ... Batte or la pioggia dal rovaio spinta ai vetri de la stanza solitaria ove la madre sta, tacita, vinta: schiude essa i labbri, quasi in cerca d'aria; ma pensa: "La diletta ora è felice... ". E, bianca al par di statua funeraria, quella sparita forma benedice.
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La madre
Todo el mundo era pobre en aquel tiempo, todos entretejían sin saberlo -a veces sonreían- los hilos de tristeza que formaba la trama de la vida (inconsistente tela, pero qué estambre terco, la esperanza). Unas hebras de amor doraban un extremo de aquel tapiz sombrío en el que yo era un niño que corría no sé de qué o hacia dónde, tal vez hacia el espacio luminoso que urdían incansables las obstinadas manos amorosas. Nunca llegué a esa luz. Cuando iba a alcanzarla, el tiempo, más veloz, ya la había apagado con su pátina.
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Viejo tapiz
Brilham por fora da minha janela As cores do meu antigo amor. É demais só e escuro o Inverno Para amar em cores frias Ou pássaros que não tornam. Aqueço as mãos no laranja e amarelo E deixo crescer rosas carmim no peito. Incendeio tudo no quento e luminoso amor paixão
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Dec 6, 2016
Dec 6, 2016 at 4:03 PM UTC
Untitled
Cuando entre la sombra oscura, perdida una voz murmura turbando su triste calma, si en el fondo de mi alma la oigo dulce resonar,   dime: ¿es que el viento en sus giros se queja, o que tus suspiros me hablan de amor al pasar?   Cuando el sol en mi ventana rojo brilla a la mañana, y mi amor tu sombra evoca, si en mi boca de otra boca sentir creo la impresión,   dime: ¿es que ciego deliro, o que un beso en un suspiro me envía tu corazón?   Y en el luminoso día y en la alta noche sombría, si en todo cuanto rodea al alma que te desea, te creo sentir y ver,   dime: ¿es que toco y respiro soñando, o que en un suspiro me das tu aliento a beber?
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Rima xxviii
Surge un temblor luminoso Tras de la oscura montaña; Luego una franja de lumbre Que en el cielo se dilata; Y después la aurora espléndida, cual virgen enamorada, Su frente de nieve y rosa Levanta en la bruma pálida, Y lentamente se ocultan Los astros en lontananza. Naturaleza despierta, y allá entre las nieblas vagas, Que se extiende y se esfuman Sobre riscos y hondonadas, Se ven corno blandos rizos, Se ven corno frentes blancas, Corno pupilas azules, Y mejillas sonrosadas. Trae el viento olor a selva, y ávido el pecho se ensancha En esta embriaguez de vida De la tierra americana Los nidos están de fiesta, Están de fiesta las ramas; Hay ritmos en el ambiente, El bosque se trueca en arpa, y el fúlgido sol corona La cima de la montaña. «¡Buenos días! buenos días», Dice a las flores el aura, y como amante saludo A la festiva mañana, Las campanillas azules Repican sobre las tapias.
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Acuarela
o ciclo fecha-se um novo princípio uma nova oportunidade recomeçar o sol não será mais o mesmo será mais luminoso mais brilhante mais acolhedor é um novo princípio aqui se inicia o caminho.
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Aug 12, 2015
Aug 12, 2015 at 4:38 AM UTC
Recomeçar
¡Qué serena va la quilla por el río de *** Suavidad y decisión, parece mano y cuchilla. Se pinta en tinta amarilla un pespunte luminoso, ya recto, ya tortuoso, de camarotes y puentes, y se adivinan las gentes con el rostro caviloso. Ya sobre el río abombado y entre sus remolcadores el barco pierde colores y luces lo iluminado. El crepúsculo ha aumentado y el humo ya es un penacho. El navío es sólo un cacho que se esfuma, que se va. Yo también me marcho ya, y era apenas un muchacho. Me voy entre altoparlantes, calesitas, farolillos, y gorriones, y grillos y el rodar de los rodantes. Todo es igualito que antes, la misma copa redonda, el agua cerúlea y honda, vigilantes, heladeros, y amoríos pasajeros perdidos bajo la fronda. ¿En dónde está mi cabeza tan rápida para ver el vuelo de una mujer o una estrellita que empieza? ¿Mi vértigo y mi pereza, y mi despreocupación? Cómo salta el corazón, y cómo late mi frente, y qué borroso el ambiente y mi ambo de confección.
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Últimas décimas de la costanera
Misterioso y silencioso iba una y otra vez. Su mirada era tan profunda que apenas se podía ver. Cuando hablaba tenía un dejo de timidez y de altivez. Y la luz de sus pensamientos casi siempre se veía arder. Era luminoso y profundo como era hombre de buena fe. Fuera pastor de mil leones y de corderos a la vez. Conduciría tempestades o traería un panal de miel. Las maravillas de la vida y del amor y del placer, cantaba en versos profundos cuyo secreto era de él. Montado en un raro Pegaso, un día al imposible se fue. Ruego por Antonio a mis dioses, ellos le salven siempre. Amén.
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Oración por antonio machado
Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo arropado en las mantas y las evocaciones de días más luminosos y clementes, por no sé qué resquicio de mi ventana entra un cuchillo de frío, un gris galgo de frío que se afana en mis huesos con furia roedora. No es de ahora, ese frío. Viene desde muy lejos: de otras calles vacías y lluviosas, de remotas estancias en penumbra pobladas sólo por suspiros, de sótanos sombríos en cuyos muros reverbera el miedo. En un lugar distante, trizó una bala el luminoso espejo de aquel sueño, y alguien gritaba aquí, a tu lado. Amanecía.) No. No está desajustada la ventana; la que está desquiciada es mi memoria.
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Estampa de invierno
Patio de esta tierra, luminoso patio tendido a la orilla del río y del mar. Inclinado sobre la boca del pozo del fondo del pozo me veo brotar como en una instantánea de sesenta cobres distante y movida. Fotógrafo pobre, el agua retrata mi camisa suelta y mi pelo de hebras negras y revueltas. Un alado piño de pájaros sube como una escalera de seda, una nube. Y, asomando detrás de la cerca sencilla, cabeza amarilla, como maravilla, como el corazón de la siesta en la trilla, rubia como el alma de las manzanillas, veo a veces, gloria del paisaje seco, la cabeza rubia de Laura Pacheco.
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Mancha en tierras de color
Si te toman pensativa los desastres de las hojas que revuelan crepitando por el amplio bulevar; si los cierzos te insinúan no sé qué vagas congojas y nostalgias imprecisas y deseos de llorar; si el latido luminoso de los astros te da frío; si incurablemente triste ves al Sena resbalar, y el reflejo de los focos escarlatas sobre el río se te antoja que es la estela de algún trágico navío donde llevan los ahogados de la Morgue a sepultar; ¡Pobrecita! ven conmigo: deja ya las puentes yermas. Hay un alma en estas noches a las tísicas hostil, y un vampiro disfrazado de galón que busca enfermas, que corteja a las que tosen y que, a poco que te duermas, chupará con trompa inmunda tus pezones de marfil.
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Ródeuse
Yo soy borracho. Me ****** el vino luminoso y azul de la quimera que pone una explosión de primavera sobre mi corazón y mi destino. Tengo el alma hecha ritmo y armonía; todo en mi ser es música y es canto, desde el réquiem tristísimo del llanto hasta el trino triunfal de la alegría. Y no porque la vida mi alma muerda ha de rimar su ritmo mi alma loca: aun más que por la mano que la toca la cuerda vibra y canta porque es cuerda. Así, cuando la negra y dura zarpa de la muerte destroce el pecho mío, mi espíritu ha de ser en el vacío cual la postrera vibración de un arpa. Y ya de nuevo en el astral camino concretará sus ansias de armonía en la cascada de una sinfonía, o en la alegría musical de un trino.
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Alma musical
Ignoro qué corriente de ascetismo, qué relación, qué afinidad impura enlazó tu tristura y mi tristura y adunó tu idealismo y mi idealismo. Más sé por intuición que un astro mismo ha presidido nuestra noche oscura, y que en mí como en ti libra la altura un combate fatal con el abismo. ¡Oh, rey; eres mi rey! Hosco y sañudo también soy; en un mar de arcano duelo mí luminoso espíritu se pierde, y escondo como tú, soberbio y mudo, bajo el ***** jubón de terciopelo, el cáncer implacable que me muerde.
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A felipe ii