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"licor" poems
Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción.
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Jun 1, 2015
Jun 1, 2015 at 12:27 AM UTC
Vicente Fernandez - La Misma
Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Con el alma herida por un mal cariño Que sin condiciones le entregue mi amor Llevo ya dos días en esta cantina Dos días, encerrado tomando licor. Un mariachi toca, yo sigo tomando Y vuelvo a pedirles la misma canción Esto que me pasa no es nada envidiable Ni al peor enemigo se lo deseo yo. Tóquenme mariachi otra vez la misma Esa que me llega hasta el corazón El abandonado, toquen la de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción. Aquí esta su cuenta, me dice un mesero Ya me debe mucho, pégueme señor, El mariachi dice, ya estamos cansados Y yo solo contesto, háganme un favor. Pa´ variar un poco tóquenme la misma Esa que me llega hasta el corazón, El abandonado, tóquenla de nuevo Tóquenme diez veces la misma canción.
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*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:20 PM UTC
Siento tu ternura allegarse a mi tierra
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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I just saw god, not your god not mine either it was our god the good god that makes us gooder outside the licor store, he was catching some air after he was done killing with is stair he told me i was lost, I said the only lost soul here was his cause god is fake and he lead me and us to our ending he traded love and peace from war and vengeance amongst us he was the reason we hate he was the reason we take and he was the reason i wrote this poem cause god should be written with a minor g as him should not be more important then we
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Jun 15, 2018
Jun 15, 2018 at 8:06 PM UTC
I saw god with a minor g
Sonha em se vestir com as nuvens Cantar para uma platéia no topo da montanha mais alta Sentir a luz do sol infiltrando seu corpo Compartilhando o brilho entre si. Beijar sem machucar Divertir sem causar alvoroço Ver sem precisar matar nem correr para qualquer pescoço. Beber um licor no bar mais caro Flertar com os bonitões Um volume a mais em suas calças Escapando-lhes os botões. A única platéia daquelas asas pretas, aveludadas Era o limo da gruta Não corria, nem se assustava Batia palmas quando ela cantava. Se apaixonara. Como poderia dar certo? Ela queria o mundo Saia todo dia por um segundo Queimando-se Por um breve trinfo.
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Nov 7, 2016
Nov 7, 2016 at 7:09 PM UTC
O fabuloso caso da menina morcego
Tengo un obsequio en el alma de los sueños se bebe como licor o se fuma como el tabaco. Me miro en un charco de agua enamorado, mi cabello largo, saludando al viento y mis pies con calcetines aunque no hace frío. Tengo en las manos el tiempo relativo tengo un reloj que marca mi ubicación pues cuando muera el tiempo no es nada el aquí, y no el ahora. Sabe a café amargo regalo de tiempos extraños se bebe como el vino o se fuma como el habano.
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Feb 4, 2019
Feb 4, 2019 at 4:29 PM UTC
Obsequio
De aquellos azahares desatados por la luz de la luna, de aquel olor de amor exasperado, hundido en la fragancia, salió del limonero el amarillo, desde su planetario bajaron a la tierra los limones. Tierna mercadería! Se llenaron las costas, los mercados, de luz, de oro silvestre, y abrimos dos mitades de milagro, ácido congelado que corría desde los hemisferios de una estrella, y el licor más profundo de la naturaleza, intransferible, vivo, irreductible, nació de la frescura del limón, de su casa fragante, de su ácida, secreta simetría. En el limón cortaron los cuchillos una pequeña catedral, el ábside escondido abrió a la luz los ácidos vitrales y en gotas resbalaron los topacios, los altares, la fresca arquitectura. Así, cuando tu mano empuña el hemisferio del cortado limón sobre tu plato, un universo de oro derramaste, una copa amarilla con milagros, uno de los pezones olorosos del pecho de la tierra, el rayo de la luz que se hizo fruta, el fuego diminuto de un planeta.
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Oda al limón
Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones: La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beodo A su tabuco, de bebidas harto. La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿No me pegas? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan? ¿El invierno es menos triste? ¿Licor en la taberna no encontraste? ¿Acaso te enmendaste? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes? ¿No sabes, no comprendes, Que si te pego se despierta el niño?»
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El padre
Siempre borracho entraba y siempre altivo, Y el ebrio, sin motivo, Puñetazos le daba a su querida. Dura cadena ató sus corazones; Unió los eslabones: La Miseria en el fango de la vida. Por no dormir, en noches tenebrosas, Sobre las frías losas, De ese hombre vil buscó la compañía. Ella malhumorada, él displicente, La riña era frecuente, Y al fin a puñetazos la rendía. El vecindario despertaba todo Al llegar el beodo A su tabuco, de bebidas harto. La vieja puerta abríala a empellones... Se oían maldiciones... Después quedaba silencioso el cuarto. El invierno arreciaba. Un triste día, En que lenta caía A los techos la nieve como un manto, Un hijo les nació... Y esa inocente Inmaculada frente No tuvo más bautismo que el del llanto. A la siguiente noche, el rostro duro, Y a tientas por el muro, Llegó a la puerta de su hogar el padre. De pronto se detuvo el inhumano... No levantó la mano; La respetó el borracho... Ya era madre. Al mirarle extraviada la pupila, Y al verlo que vacila Y a darle puntapiés no se decide, Meciendo al niño que dormía: «¡Infame!» Le dijo: «Muerte dame. ¿No me pegas? ¿Por qué? ¿Quién te lo impide? Te aguardé todo el día. Estoy dispuesta; ¿Más barato te cuesta Hoy el pan? ¿El invierno es menos triste? ¿Licor en la taberna no encontraste? ¿Acaso te enmendaste? ¿Borracho, como siempre, no viniste?» Fingió el turbado padre no oír nada; Dio al hijo una mirada, Mezcla de estupidez y de cariño, Y dijo a la mujer: «¿Por qué me ofendes? ¿No sabes, no comprendes, Que si te pego se despierta el niño?»
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Como é escasso o sorriso sem brilho e frio Há alguma coisa ebulindo uma bomba Mas não, eles não sairão de lá nunca explodirão pois não existem sorrisos bocas se movem em formatos semelhantes sem dentes e podres toxinas exalam-se, o veneno é o licor divino o paraíso é logo abaixo da ponte não se dorme no paraíso se ao menos conseguissem dormir... mas os putrefatos corpos que andam parasitando consumindo restos e ruínas patifes e loucos bailam a vida vida que não é vida O perfume está no ar as flores são tão belas as abelhas não tem ferrões e se tivessem não ferroariam a jovem virgem caminha exuberante fotografias da bela matriz onde a arquitetura supera a fé mas ao lado, no canto escuro onde ninguém vê canta o homem escuro que a todos observa observa e observa....
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Feb 1, 2014
Feb 1, 2014 at 1:18 PM UTC
poema 7
Ya no puedo dudar... Diste muerte a mi cándida niñez, toda olorosa a sacristía, y también diste muerte al liviano chacal de mi cartuja. Que sea para bien... Ya no puedo dudar... Consumaste el prodigio de, sin hacerme daño, sustituir mi agua clara con un licor de uvas... Y yo bebo el licor que tu mano me depara. Me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco: el *** y la Virgen. Y mis ojos te ven apretar en los dedos -como un haz de centellas- éxtasis y placeres. Que sea para bien... Tu palidez denuncia que en tu rostro se ha posado el incendio y ha corrido la lava... Día último de marzo; emoción, aves, sol... Tu palidez volcánica me agrava. ¿Ganaste ese prodigio de pálida vehemencia al huir, con un viento de ceniza, de una ciudad en llamas? ¿O hiciste penitencia revolcándote encima del desierto? ¿O, quizá, te quedaste dormida en la vertiente de un volcán, y la lava corrió sobre tu boca y calcinó tu frente? ¡Oh tú, reveladora, que traes un sabor cabal para mi vida, y la entusiasmas: tu triunfo es sobre un motín de satiresas y un coro plañidero de fantasmas! Yo estoy en la vertiente de tu rostro, esperando las lavas repentinas que me den un fulgurante goce. Tu victorial y pálido prestigio ya me invade... ¡Que sea para bien!
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Que sea para bien
Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz. Sus manos enseñaban a amar los lirios y sus sienes a desear el oro de las estrellas. En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas. Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla, suave y fragante y musical. Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos, parecían temblar las alas de un ángel. Emiliano Atehortúa era muy sencillo y traía una infantilidad inagotable. Su adolescencia láctea, meliflua y floreal, fluía por las escarpas de mi madurez como fluye por el cielo la leche del alba. Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida me pareció que me envolvía el rumor de una selva y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas. Hay almas tan melódicas como si fueran ríos o bosques en las orillas de los ríos! Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor de bajo precio, la vida le produjo una embriaguez innoble. Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe. Había en su voz un glú-glú redentor y su amante le llamó una vez "el Príncipe de las hablas de agua". Leonel Robledo era muy tímido bajo una apariencia llena de majestad. En el recóndito espejo de su ternura se le reflejaba la imagen de una mujer. Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación. Le vi llorar una vez por males de ausencia y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío, y, sin embargo, no se conmueven los luceros... Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino, como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen. Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico. Se le veía como marchando de las playas de ensueño que rozaron las quillas de Simbad el Marino, hacia las vagas latitudes por donde erró Sir John de Mandeville. Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea, y por la noche soñé en el misterio de las espigas. ¡Evanaam! ¡Evanaam! Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía como los roncos ecos del monte a los pinos. Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario. Sus ilusiones fructificaban como una floresta oculta por los tules del "todavía-no". Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad, y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.
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Los desposados de la muerte
Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz. Sus manos enseñaban a amar los lirios y sus sienes a desear el oro de las estrellas. En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas. Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla, suave y fragante y musical. Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos, parecían temblar las alas de un ángel. Emiliano Atehortúa era muy sencillo y traía una infantilidad inagotable. Su adolescencia láctea, meliflua y floreal, fluía por las escarpas de mi madurez como fluye por el cielo la leche del alba. Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida me pareció que me envolvía el rumor de una selva y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas. Hay almas tan melódicas como si fueran ríos o bosques en las orillas de los ríos! Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor de bajo precio, la vida le produjo una embriaguez innoble. Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe. Había en su voz un glú-glú redentor y su amante le llamó una vez "el Príncipe de las hablas de agua". Leonel Robledo era muy tímido bajo una apariencia llena de majestad. En el recóndito espejo de su ternura se le reflejaba la imagen de una mujer. Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación. Le vi llorar una vez por males de ausencia y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío, y, sin embargo, no se conmueven los luceros... Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino, como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen. Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico. Se le veía como marchando de las playas de ensueño que rozaron las quillas de Simbad el Marino, hacia las vagas latitudes por donde erró Sir John de Mandeville. Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea, y por la noche soñé en el misterio de las espigas. ¡Evanaam! ¡Evanaam! Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía como los roncos ecos del monte a los pinos. Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario. Sus ilusiones fructificaban como una floresta oculta por los tules del "todavía-no". Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad, y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.
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Llovizna abrillanta-asfaltos de la dormida calleja.                               Llovizna canta-en-la-reja,                               llovizna arrulla-a-la-oreja,                               -escala de los asaltos                               (Julieta habita en los altos.)                               de Romeo-: historia añeja. Llovizna moja-que-moja trovador de Alda o Mafalda, nocharniego rima-balda cuyo manteo sofalda -para colmo a su congoja- la ventisca, y lo sonroja: trovero-desnuda-espalda...                               Llovizna pica y repica                               con su yeloso goteo                               por el raído manteo                               del aterido Romeo:                               si el balcón cierra la rica                               -fembra, asaz se simplifica                               la acción de Tristán e Iseo... Llovizna llueve-que-llueve, llovizna cala-que-cala.                               Presto apróntale la escala,                               pronto el partido por gala                               en dos alista: a que pruebe                               tu licor cálido ****                               cuaderno-azul-bajo-el-ala, es decir vate-que-bate, rimador rima-que-rima, harpa-al-hombro, laúd-mima, vihuela-pellizca, o lima -violín, o teclas-abate...                               Campo-de-pluma, el combate,                               **** de amor, se aproxima:                               Campo-de-plumas, apresta                               **** (Iseo, Isolda, Alda,                               Julieta, Dido o Mafalda): trovador-lira-a-la-espalda apercibe su ballesta y el dardo certero asesta que clavar ha en tu guirnalda.                               **** (Mafalda, Alda, Dido,                               Iseo, Julieta, Isota,                               Ulalume, ya remota,                               Xatlí, morena-de-oliva,                               Eglé, blonda delusiva,                               deswertherada Carlota,                               Ofelia ofélida ignota,                               fugadas en el olvido): Llega el trovador transido -rota flámula en derrota, rota flámula hecha criba, gonfalón deshecho hecho girón: pero avante el pecho trae el trovador maltrecho pujante: y en su lasciva boca, el ascua-siempre-viva que hoguera será en el lecho.
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Cancioncilla
Llovizna abrillanta-asfaltos de la dormida calleja.                               Llovizna canta-en-la-reja,                               llovizna arrulla-a-la-oreja,                               -escala de los asaltos                               (Julieta habita en los altos.)                               de Romeo-: historia añeja. Llovizna moja-que-moja trovador de Alda o Mafalda, nocharniego rima-balda cuyo manteo sofalda -para colmo a su congoja- la ventisca, y lo sonroja: trovero-desnuda-espalda...                               Llovizna pica y repica                               con su yeloso goteo                               por el raído manteo                               del aterido Romeo:                               si el balcón cierra la rica                               -fembra, asaz se simplifica                               la acción de Tristán e Iseo... Llovizna llueve-que-llueve, llovizna cala-que-cala.                               Presto apróntale la escala,                               pronto el partido por gala                               en dos alista: a que pruebe                               tu licor cálido ****                               cuaderno-azul-bajo-el-ala, es decir vate-que-bate, rimador rima-que-rima, harpa-al-hombro, laúd-mima, vihuela-pellizca, o lima -violín, o teclas-abate...                               Campo-de-pluma, el combate,                               **** de amor, se aproxima:                               Campo-de-plumas, apresta                               **** (Iseo, Isolda, Alda,                               Julieta, Dido o Mafalda): trovador-lira-a-la-espalda apercibe su ballesta y el dardo certero asesta que clavar ha en tu guirnalda.                               **** (Mafalda, Alda, Dido,                               Iseo, Julieta, Isota,                               Ulalume, ya remota,                               Xatlí, morena-de-oliva,                               Eglé, blonda delusiva,                               deswertherada Carlota,                               Ofelia ofélida ignota,                               fugadas en el olvido): Llega el trovador transido -rota flámula en derrota, rota flámula hecha criba, gonfalón deshecho hecho girón: pero avante el pecho trae el trovador maltrecho pujante: y en su lasciva boca, el ascua-siempre-viva que hoguera será en el lecho.
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Juan de la Cruz, dime si merecía la pena descolgarte, por la noche, de tu prisión al Tajo, ser herido por las palabras y las disciplinas, soportar corazones, bocas, ojos rigurosos, beber la soledad... -¿Otro whisky? La pelirroja -caderas anchas, ojos verdes- ofrece ginebra a un amigo. Hombros y pechos le palpitan en el reír. ¡Oh llama de amor viva, que dulcemente hieres!... Junto al embajador de China, detrás de la cantante sueca, el agregado militar de Estados Unidos de América, Juan de la Cruz bebe un licor de luz de miel...                       (Dime si merecía la pena, Juan de Yepes, vadear noches, llagas, olvidos, hielos, hierros, adentrar en la nada el cuerpo, hacer que de él nacieran las palabras vivas, en silencio y tristeza, Juan de Yepes... Amor, llama, palabras- poesía, tiempo abolido... Di si merecía la pena para esto...)                               El aplaudido autor con el puro del éxito, la amiguita del productor velando su pudor de nylon, las mejillas que se aproximan femeninamente: «Mi rouge mancha, preciosa...» (Mancha amor cuando en las bocas no hay amor). (Juan de la Cruz, dime si merecía la pena padecer con fuego y sombra, beber los zumos de la pesadumbre, batir la carne contra el yunque, Juan de Yepes, para esto... Vagabundo por el amor, y huérfano de amor...)
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Yepes cocktail
absinto licor do entorpecimento que tolda a mente anestesia barata para os males do mundo e... que te faz soltar palavras feias ah! cegueira que te joga ao fundo ah! dor que te faz crescer ah! amor que não sabes viver
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Oct 27, 2014
Oct 27, 2014 at 5:16 PM UTC
PALAVRAS FEIAS
Não me venha falar de amor, Com esses olhos vermelhos, Sem dor. Não me venha falar de amor, Se meu coração mal pulsa Por mim, Por você imagine que nada Ele irá fazer, Mas a esperança você quem criou. Então se culpe por favor, Deixe a mim, minha paz E um licor.
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Apr 18, 2014
Apr 18, 2014 at 10:59 PM UTC
Untitled
Amigo, levántate para que oigas aullar al perro asirio. Las tres ninfas del cáncer han estado bailando, hijo mío. Trajeron unas montañas de lacre rojo y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido. El caballo tenía un ojo en el cuello y la luna estaba en un cielo tan frío que tuvo que desgarrarse su monte de Venus y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos. Amigo, despierta, que los montes todavía no respiran y las hierbas de mí corazón están en otro sitio. No importa que estés lleno de agua de mar. Yo amé mucho tiempo a un niño que tenía una plumilla en la lengua y vivimos cien años dentro de un cuchillo. Despierta.  Calla.  Escucha.  Incorpórate un poco. El aullido es una larga lengua morada que deja hormigas de espanto y licor de lirios. Ya vienen hacia la roca. ¡No alargues tus raíces! Se acerca.  Gime.  No solloces en sueños, amigo. ¡Amigo! Levántate para que oigas aullar al perro asirio.
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Paisaje con dos tumbas y un perro asirio
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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Lánguidamente su licor
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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La noche de verano que amante nos cubría De ti era digna: ¡el cielo tantos astros tenía! ¡Tan diáfano en las sombras era su azul turquí, Tan gratos sus rumores en el boscaje umbrío, y tanta la dulzura que bajaba en rocío                         Sobre ti y sobre mí! Tus manos en las mías, mi espíritu de hinojos, Te admiraba en silencio, porque en tus bellos ojos Cuanto es amor y dicha veía yo irradiar. y sin nada decirnos en esa dulce calma, El ensueño que en tu alma comenzaba, en mí alma                         Venía a terminar. y a Dios en lo más íntimo del alma bendecía Porque a ti y a la noche dio secreta armonía, y porque una infinita ternura puso en mí, y os hizo. a ti y la noche, tan puras y tan bellas, y a la callada noche dio encantos y dio estrellas,                         y la hermosura a ti. A Dios, en nuestras almas, con un amor profundo Bendigamos contritos; hizo tu alma y el mundo, y es él quien a mi pecho dio anhelos y dio amor. Es él quien en su fondo todo misterio encierra; Es él quien brillar hace tus ojos en la tierra,                         y al astro da fulgor. Es él quien hizo siempre del amor faro y guía; El, quien hizo la noche más hermosa que el día, y al amor dio la fuerza de vencer al dolor. Es Dios quien en tu cuerpo, don de su mano pura, Como en celeste copa derramó la hermosura,                         y en mi alma, el amor. Déjate amar, bien mío. Sólo vive quien ama; El amor es la vida, lo que la mente inflama, Lo que deplora el hombre su vida al declinar. Sin él, nada es completo, y a él todo se eslabona. La belleza es la frente, y el amor la corona:                         ¡Déjate coronar! Lo que llena el espíritu batallador del hombre No ha sido nunca el oro, ni aún el mismo renombre, Polvo vil que traemos de la lucha feral; Ni la ambición que siempre va tras quimera vana, y roe lentamente cuanto en la vida humana                         Es anhelo ideal. Lo que basta es el cambio risueño de miradas, Los ahogados suspiros, las manos enlazadas, El beso, licor de éxtasis, aroma de ilusión; Todo lo que adivina la mente en otra mente, y todas las canciones que surgen de la ardiente                         Lira del corazón. No hay nada bajo el cielo sin una ley secreta; Todo tiene su abrigo, su retiro y su meta Do el instinto nos fija: su barca, el pescador; El águila, las cumbres do en clara luz se baña, El lago azul, el cisne; y el ave, la montaña...                         Las almas, el amor.
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Noche de verano
La noche de verano que amante nos cubría De ti era digna: ¡el cielo tantos astros tenía! ¡Tan diáfano en las sombras era su azul turquí, Tan gratos sus rumores en el boscaje umbrío, y tanta la dulzura que bajaba en rocío                         Sobre ti y sobre mí! Tus manos en las mías, mi espíritu de hinojos, Te admiraba en silencio, porque en tus bellos ojos Cuanto es amor y dicha veía yo irradiar. y sin nada decirnos en esa dulce calma, El ensueño que en tu alma comenzaba, en mí alma                         Venía a terminar. y a Dios en lo más íntimo del alma bendecía Porque a ti y a la noche dio secreta armonía, y porque una infinita ternura puso en mí, y os hizo. a ti y la noche, tan puras y tan bellas, y a la callada noche dio encantos y dio estrellas,                         y la hermosura a ti. A Dios, en nuestras almas, con un amor profundo Bendigamos contritos; hizo tu alma y el mundo, y es él quien a mi pecho dio anhelos y dio amor. Es él quien en su fondo todo misterio encierra; Es él quien brillar hace tus ojos en la tierra,                         y al astro da fulgor. Es él quien hizo siempre del amor faro y guía; El, quien hizo la noche más hermosa que el día, y al amor dio la fuerza de vencer al dolor. Es Dios quien en tu cuerpo, don de su mano pura, Como en celeste copa derramó la hermosura,                         y en mi alma, el amor. Déjate amar, bien mío. Sólo vive quien ama; El amor es la vida, lo que la mente inflama, Lo que deplora el hombre su vida al declinar. Sin él, nada es completo, y a él todo se eslabona. La belleza es la frente, y el amor la corona:                         ¡Déjate coronar! Lo que llena el espíritu batallador del hombre No ha sido nunca el oro, ni aún el mismo renombre, Polvo vil que traemos de la lucha feral; Ni la ambición que siempre va tras quimera vana, y roe lentamente cuanto en la vida humana                         Es anhelo ideal. Lo que basta es el cambio risueño de miradas, Los ahogados suspiros, las manos enlazadas, El beso, licor de éxtasis, aroma de ilusión; Todo lo que adivina la mente en otra mente, y todas las canciones que surgen de la ardiente                         Lira del corazón. No hay nada bajo el cielo sin una ley secreta; Todo tiene su abrigo, su retiro y su meta Do el instinto nos fija: su barca, el pescador; El águila, las cumbres do en clara luz se baña, El lago azul, el cisne; y el ave, la montaña...                         Las almas, el amor.
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Llegaron mis amigos de colegio Y absortos vieron mi cadáver frío; «¡Pobre!» exclamaron, y salieron todos... Ninguno de ellos un adiós me dijo. Todos me abandonaron. En silencio Fui conducido al último recinto; Ninguno dio un suspiro al que partía, Ninguno al cementerio fue conmigo. ¡Cerró el sepulturero mi sepulcro... Me quejé, tuve miedo y sentí frío, Y gritar quise en mi cruel angustia, Pero en los labios espiró mi grito! El aire me faltaba, y luché en vano Por destrozar mi féretro sombrío. Y en tanto.., los gusanos devoraban, Cual suntuoso festín, mis miembros rígidos. ¡Oh mi amor! dije al fin, ¿y me abandonas? Pero al llegar su voz a mis oídos Sentí latir el corazón de nuevo, Y volví al triste mundo de los vivos. Me alcé y abrí los ojos. ¡Cómo hervían Las copas de licor sobre los libros! El cuarto daba vueltas, y dichosos Bebían y cantaban mis amigos.
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Delirium tremens
Me he enamorado tanto Que no significa nada para mi La presión de un beso Y del abrazo su calor Son insignificantes, vacíos Algo sin valor. Es hielo lo que anida de mi dentro Una gélida recamara es mi corazón Nada siento, nada vale Camino por las calles cual robot Te quise Tanto te quise de verdad Trate de jugar bien mis cartas Jugaba para ganar Para ver la mesa vacía Y a mis recuerdos En amargo licor, ahogar. Me rindo, no te pude conquistar Soy un general sin victorias Mis cañones no rugen ya La munición esta exhausta Mi estandarte desgarrado Como mis ganas de luchar. Me he enamorado tanto Que ya no significa nada Tu sonrisa, antes bella Ahora, desvanecida La suavidad de tus manos Es como áspera madera El espacio que en mi vida llenabas Ahora las sombras llenan.
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Mar 11, 2020
Mar 11, 2020 at 11:58 PM UTC
Me he enamorado tanto
Quiero irme lejos A algún pequeño departamento en un 5to piso Cuatro paredes de ladrillos que me vigilen Sin calefacción y el frío tocando todo, Un colchón volador que jamás abandona el piso Silencio que sirve de abrigo Junto a los restos de una pizza de hace dos días. Sostén junto a la esquina desde hace un mes al igual que los platos si lavar Cigarros asesinados una vez más tratando de vencer mi ansiedad. Pintura seca y letras escritas sin cesar. Por la ventana se ve caer constante la lluvia Haciendo recreación de mis ojos cada noche desde hace un tiempo atrás. Mi cobija que sirve como armadura Contra todo aquello que no puedo controlar Uñas al mínimo, La depresión gana de nuevo. Mis bolsillos en 0, Justo como mis amigos. Mis sueños atacan, y los dejo jugar a su manera llevándome de un lado a otro Entrando y saliendo de pesadilla a pesadilla De realidad a realidad Recuerdos que queman cuan licor amargo un viernes por la noche. Notas escritas y mensajes sin borrar Llamadas perdidas que nunca deseo contestar Cosas filosas ocultas Ya que jamás sabes hasta dónde serás capaz de llevar todo este circo Y eso está bien, Realmente estoy feliz aquí En mi pequeño castillo de papel Que se sacude cada vez que gimo Cada vez que me levanto gritando Con cada nota de placer auto creado En mis pequeñas cuarto paredes.
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Sep 8, 2017
Sep 8, 2017 at 8:28 PM UTC
Cuatro paredes
Yo trabajo de noche, rodeado de ciudad, de pescadores, de alfareros, de difuntos quemados con azafrán y frutas, envueltos en muselina escarlata: bajo mi balcón esos muertos terribles pasan sonando cadenas y flautas de cobre, estridentes y finas y lúgubres silban entre el color de las pesadas flores envenenadas y el grito de los cenicientos danzarines y el creciente monótono de los tam-tam y el humo de las maderas que arden y huelen. Porque una vez doblado el camino, junto al turbio río, sus corazones, detenidos o iniciando un mayor movimiento, rodarán quemados, con la pierna y el pie hechos fuego, y la trémula ceniza caerá sobre el agua, flotará como ramo de flores calcinadas o como extinto fuego dejado por tan poderosos viajeros que hicieron arder algo sobre las negras aguas, y devoraron un alimento desaparecido y un licor extremo.
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Entierro en el este
Tudescos Moscos de los sorbos finos, Caspa de las azumbres más sabrosas, Que porque el fuego tiene mariposas, Queréis que el mosto tenga marivinos. Aves luquetes, átomos mezquinos, Motas borrachas, pájaras vinosas, Pelusas de los vinos envidiosas, Abejas de la miel de los tocinos, Liendres de la vendimia, yo os admito En mi gaznate pues tenéis por soga Al nieto de la vid, licor bendito. Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga, Que bebiéndoos a todos, me desquito Del vino que bebistes y os ahoga.
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Bebe vino precioso con mosquitos dentro
Mi corazón retrógrado ama desde hoy la temerosa fecha en que surgiste con aquel vestido de luto y aquel rostro de ebriedad. Día 13 en que el filo de tu rostro llevaba la embriaguez como un relámpago y en que tus lúgubres arreos daban una luz que cegaba al sol de agosto, así como se nubla el sol ficticio en las decoraciones de los Calvarios de los Viernes Santos. Por enlutada y ebria simulaste, en la superstición de aquel domingo, una fúlgida cuenta de abalorio humedecida en un licor letárgico. ¿En qué embriaguez bogaban tus pupilas para que así pudiesen narcotizarlo todo?                               Tu tiniebla guiaba mis latidos, cual guiaba la columna de fuego al israelita. Adivinaba mi acucioso espíritu tus blancas y fulmíneas paradojas: el centelleo de tus zapatillas, la llamarada de tu falda lúgubre, el látigo incisivo de tus cejas y el ***** luminar de tus cabellos. Desde la fecha de superstición en que colmaste el vaso de mi júbilo, mi corazón oscurantista clama a la buena bondad del mal agüero, que si mi sal se riega, irán sus granos trazando en el mantel tus iniciales; y si estalla mi espejo en un gemido, fenecerá diminutivamente como la desinencia de tu nombre. Superstición, consérvame el radioso vértigo del minuto perdurable en que su traje ***** devoraba la luz desprevenida del cénit, y en que su falda lúgubre era un bólido por un cielo de hollín sobrecogido...
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Día 13