Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"lecho" poems
¿Vendrás tú? Por mis jardines vuelan Ya las primeras mariposas Sobre las rosas.                 Velan De noche los cocuyos Entre los yuyos. Sonríen las estrellas Pálidamente bellas. ¿Y vendrás tú? Se cubren Alegres, mis floreros De madreselvas. Anda por los largos canteros La risa azul del nomeolvides Y se cargan las vides.                 Selvas Tengo en el corazón; Árboles gruesos Prietos de ramas; Yuyos, retamas, Flores de malvón, Pájaros en las ramas, Todo eso tengo en el corazón. ¿Y vendrás tú?                 Mis manos Fabricaron panales. Yendo de rosa en rosa cogí miel; Hice linos; no recuerdo de males. El lecho mío es blanco Y es Primavera. Huele Bien, el alto barranco Mojado por la ría. Desde el mar que diviso ¿Vendrá tu vela? Vuela, Primavera es gacela Fugitiva Y furtiva, ¡Vuela!
0
10k
Primavera
Déjame ser tu espejo... te supliqué aquel día. Recuerdo que tu mano se estremeció en la mía. Yo, que envidio tu espejo, quiero saber qué sientes 1 al copiar en la alcoba tu cuerpo adolescente... (detrás de los almendros, casi del fondo 2 del mar surgió la luna, con su espejo redondo...) Te vi de pie en la sombra. Junto al lecho vacío se oyó un rumor de sedas, como el rumor de un río. Y yo, como el espejo de aquella alcoba oscura, yo, allí, solo contigo, reflejé tu hermosura. Fue un instante, en la sombra. No sé bien todavía, si eras tú, si fue un sueño o una flor que se abría. Muchacha de la noche de un día diferente: yo no envidio tu espejo, ya sé que nada siente. 3 Ya sé que te duplica sin comprender siquiera que eres mujer hermosa como la primavera; 4 pues, si lo comprendiera, saltaría en pedazos, por el ansia imposible de tenderte los brazos.
0
4.1k
Poema del espejo
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
0
3.5k
Nocturno (Nocturne)
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
Continue reading...
62
Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira. Por esa vida que arderá en sus venas tendrían que amarrarse nuestras vidas. Por esas manos, hijas de tus manos, tendrían que matar las manos mías. Por sus ojos abiertos en la tierra veré en los tuyos lágrimas un día. Yo no lo quiero, Amada. Para que nada nos amarre que no nos una nada. Ni la palabra que aromó tu boca, ni lo que no dijeron las palabras. Ni la fiesta de amor que no tuvimos, ni tus sollozos junto a la ventana. (Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa. No vuelven nunca más. En cada puerto una mujer espera: los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar). Amor el amor que se reparte en besos, lecho y pan. Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz. Amor que quiere libertarse para volver a amar. Amor divinizado que se acerca Amor divinizado que se va. Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos, ya no se endulzará junto a ti mi dolor. Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada y hacia donde camines llevarás mi dolor. Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos un recodo en la ruta donde el amor pasó. Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame, del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo. Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste. Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy. ...Desde tu corazón me dice adiós un niño. Y yo le digo adiós.
0
3.4k
Farewell
Spanish ¡Oh, tú que duermes tan hondo que no despiertas! Milagrosas de vivas, milagrosas de muertas, Y por muertas y vivas eternamente abiertas, Alguna noche en duelo yo encuentro tus pupilas Bajo un trapo de sombra o una blonda de luna. Bebo en ellas la Calma como en una laguna. Por hondas, por calladas, por buenas, por tranquilas Un lecho o una tumba parece cada una. English O you who sleep so deep you cannot wake! Every night in mourning I come upon your pupils, Miraculous in life, miraculous in death, And in life and death eternally open. Beneath a remnant of shade or silk lace of moon, I drink their calm as I would a lagoon. For depth, for silence, for goodness, for peacefulness. Each one seeming a bed or a tomb.
0
2.6k
Inextinguibles (Immutable)
En la grana de un prado sanguíneo o en un bosque de cabezas cercenadas, la viuda reclama la carne de un párvulo ******** Allí donde entonan sus voces un coro de lamentos disonantes. Reniega de su apetito la matriarca del barrio francés Pues los gritos de Joliet no inquietan su consciencia, cosechan en cambio, un jardín de culposos deleites Placeres como solo admite, la maquiavelia de una gioconda que envuelta en lujosos atavíos extiende sus garras al inocente . Ni hablar del perjurio voraz, que oculta a la fantasía la marea virgen del infortunio y el propio siniestro. La desesperación de una madre que devora a sus hijos con el don de Saturno. Para la que no hay erotismo sino aquel que evoca el rigor cadavérico. Vapores que ascienden desde el lecho en descomposición, y alimentan su magia. Celebran el cruento dolor del infante, con la mirada de espanto apenas visible en el carmesí de sus finas pestañas Porque es claro como la luna y tan cierto como la muerte que en la viuda no hay gozo, sin el grito que desgarra la noche. Sin la brea que desciende sobre el horizonte, y la angustia que acompaña la pasión de la masacre.
0
Aug 23, 2015
Aug 23, 2015 at 11:38 AM UTC
La Viuda de París
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
0
2.4k
El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
Continue reading...
63
Llueve en el mar: al mar lo que es del mar y que se seque la heredad. ¿La ola no tiene forma? En un instante se esculpe y en otro se desmorona en la que emerge, redonda. Su movimiento es su forma. Las olas se retiran -ancas, espaldas, nucas- pero vuelven las olas -pechos, bocas, espumas-. Muere de sed el mar. Se retuerce, sin nadie, en su lecho de rocas. Muere de sed de aire.
0
2k
Frente al mar
Sombras frágiles, blancas, dormidas en la playa, Dormidas en su amor, en su flor de universo, El ardiente color de la vida ignorando Sobre un lecho de arena y de azar abolido. Libremente los besos desde sus labios caen En el mar indomable como perlas inútiles; Perlas grises o acaso cenicientas estrellas Ascendiendo hacia el cielo con luz desvanecida. Bajo la noche el mundo silencioso naufraga; Bajo la noche rostros fijos, muertos, se pierden. Sólo esas sombras blancas, oh blancas, sí, tan blancas. La luz también da sombras, pero sombras azules.
0
1.6k
Sombras blancas
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
0
1.7k
Juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
Continue reading...
47
Carne doliente y machacada, raudal de llanto sobre cada noche de jergón malsano: en esta hora yo quisiera ver encantarse mis quimeras a flor de labio, pecho y mano, para que desciendan ellas -las puras y únicas estrellas de los jardines de mi amor- en caravanas impolutas sobre las almas de las putas de estas ciudades del dolor. Mal del amor, sensual laceria: campana negra de miseria: rosas del lecho de arrabal, abierto al mal como un camino por donde va el placer y el vino desde la gloria al hospital. En esta hora en que las lilas sacuden sus hojas tranquilas para botar el polvo impuro, vuela mi espíritu intocado, traspasa el huerto y el vallado, abre la puerta, salta el muro; y va enredando en su camino el mal dolor, el agrio sino, y desnudando la raigambre de las mujeres que lucharon y cayeron y pecaron y murieron bajo los látigos del hambre. No sólo es seda lo que escribo: que el verso mío sea vivo como recuerdo en tierra ajena para alumbrar la mala suerte de los que van hacia la muerte como la sangre por las venas. De los que van desde la vida rotas las manos doloridas en todas las zarzas ajenas: de los que en estas horas quietas no tienen madres ni poetas para la pena. Porque la frente en esta hora se dobla y la mirada llora saltando dolores y muros: en esta hora en que las lilas sacuden sus hojas tranquilas para botar el polvo impuro.
0
1.6k
Oración
Aquí los antiguos recibían al fuego Aquí el fuego creaba el mundo Al mediodía las piedras se abren como frutos El agua abre los párpados La luz resbala por la piel del día Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia A la española el día entra pisando fuerte Un rumor de hojas y pájaros avanza Un presentimiento de mar o mujeres El día zumba en mi frente como una idea fija En la frente del mundo zumba tenaz el día La luz corre por todas partes Canta por las terrazas Hace bailar las casas Bajo las manos frescas de la yedra ligera El muro se despierta y levanta sus torres Y las piedras dejan caer sus vestiduras Y el agua se desnuda y salta de su lecho Más desnuda que el agua Y la luz se desnuda y se mira en el agua Más desnuda que un astro Y el pan se abre y el vino se derrama Y el día se derrama sobre el agua tendida Ver oír tocar oler gustar pensar Labios o tierra o viento entre veleros Sabor del día que se desliza como música Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha Y la deja desnuda en el centro del día Nadie sabe su nombre ni a qué vino Como un poco de agua se tiende a mi costado El sol se para un instante por mirarla La luz se pierde entre sus piernas La rodean mis miradas como agua Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua Como la luz no tiene nombre propio Como la luz cambia de forma con el día
0
1.6k
Cerro de la estrella
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
0
1.6k
Silencio
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
Continue reading...
55
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
0
1.4k
El mendigo
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
Continue reading...
121
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
0
1.4k
Vaivén
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
Continue reading...
49
Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o ****** Usted era la flor que, según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso ¿cierta noche de amor y de locura, yo vivía un ensueño... y usted una aventura? Si, usted juró, cien veces, ser para siempre mía: yo besaba sus labios, pero no lo creía... Usted sabe, y perdóneme, que en ese juramento influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás le jure lo mismo en este instante. Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel, a mí, así de repente... me da pena por él. Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta, y yo, en otra ventana me olvidé de su puerta; o una tarde de lluvia se iluminó mi vida mirándome en los ojos de una desconocida; y también es posible que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed, nunca pensaba en otra si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas, pero ni los rosales dan solamente rosas; y no digo esto por usted, ni por mí, sino por los amores que terminan así. Pero vea, señora, que diferencia había entre usted que lloraba y yo; que sonreía, pues nuestro amor concluye con finales diversos: Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
0
1.3k
Carta a usted
Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o ****** Usted era la flor que, según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso ¿cierta noche de amor y de locura, yo vivía un ensueño... y usted una aventura? Si, usted juró, cien veces, ser para siempre mía: yo besaba sus labios, pero no lo creía... Usted sabe, y perdóneme, que en ese juramento influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás le jure lo mismo en este instante. Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel, a mí, así de repente... me da pena por él. Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta, y yo, en otra ventana me olvidé de su puerta; o una tarde de lluvia se iluminó mi vida mirándome en los ojos de una desconocida; y también es posible que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed, nunca pensaba en otra si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas, pero ni los rosales dan solamente rosas; y no digo esto por usted, ni por mí, sino por los amores que terminan así. Pero vea, señora, que diferencia había entre usted que lloraba y yo; que sonreía, pues nuestro amor concluye con finales diversos: Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
Continue reading...
48
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
0
1.3k
Romance de gerineldo y la infanta
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
Continue reading...
41
¡No! Nunca fue mi mano más lenta que en la hora secretamente mía de aquella noche, aquella... Fue así como una nube cuando oculta una estrella, o así como una estrella que se pierde en la aurora. Nunca tuvo mi mano más quietud impaciente semejante a la mano de un ladrón inexperto; porque  fue como un buque que oscilara en el puerto, con el ansia inconforme de zarpar de repente. ¡Sí! Aquella noche... Noche para soñar en vano, o encender una estrella o apagar una duda; surgió bajo mi mano tu belleza desnuda, 1 como si tu belleza surgiera de mi mano. Ni una sola palabra de temor o reproche abrevió el retardado placer del desenlace. Como crece un jacinto frente al alba que nace, o como nace el alba del fondo de la noche. No. Nunca fue una mano más lenta ni más leve que mi mano de amante con su gesto de amigo; eras como la nieve cayendo sobre el trigo, o un trigo milagroso brotando de la nieve. Y tú estabas inmóvil bajo la felpa rosa, como una flor fantástica que se abriera en el lecho. Mientras mi mano lenta descubría en tu pecho dos motivos iguales para llamarte hermosa. Pero desde esa noche de calma y de tormenta, desorientadamente vacilo en una duda: si cerraste los ojos para no verte desnuda, o bien porque mi mano fue demasiado lenta.
0
1.1k
Poema del éxtasis
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
0
1.2k
Ausencia
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
Continue reading...
42
Corta los dedos momias la yugular marina de los algosos huéspedes que agobian tu pensativo omóplato de lluvia la veta de presagios que labran en tu arena los cangrejos escribas el tendón que te amarra a tanto ritmo muerto entre gaviotas y huye con tu terráquea estatua parpadeante sin un mítico cuerno bajo la nieve niña recostada en tus sienes pero con once antenas fluorescentes embistiendo el misterio. Huye con ella en llamas del brazo de su miedo tómala de las rosas si prefieres llagarte la corteza pero abandona el eco de ese hipomar hidrófobo que fofopulpoduende te dilata el abismo con sus viscosos ceros absorbentes cuando no te trasmuta en migratorio vuelo circunflexo de nostalgias sin rumbo. Furiosamente aleja tu Segismunda rata introspectiva tu telaraña hambrienta de ese trasmundo hijastro de la lava en mística abstinencia de cactus penitentes y con tu dogoarcángel auroleado de moscas y tus fieles botines melancólicos de ensueños disecados y gritos de entrecasa color crimen huye con ella dentro de su claustral aroma aunque su cieloinfierno te condene a un eterno "Te quiero". Deja ya desprenderse el cálido follaje que brota de tus manos junto a ese móvil tótem de muslos agua viva flagélate si quieres con las violentas trenzas que le hurtaste al olvido pero por más que sufras en cada cruz vacante una pasión suicida y tu propia cisterna con semivirgen luna reclame tu cabeza ya sin velero ocaso ni chicha de pestañas ni cajas donde late la agónica sequía huye por los senderos que arrancan de tu pecho con tu hijo entre paréntesis tu hormiguero de espectros tus bisabuelas lámparas y todos los frutales recuerdos florecidos que alimentan tu siesta. Huye con ella envuelto en su orquestal cabello y su mirar sigilo aunque te cruces de alas y el averritmo herido que anida en el costado donde te sangra el tiempo atardezca su canto entre sus senoslotos o en sus brazos de estatua que ha perdido los brazos en aras de vestales y faunos inhumados y huye con tus grilletes de prófugo perpetuo tu nimbo sin eclipses tus desnudos complejos y el sempiterno tajo de fluviales tinieblas que te parte los ojos para que viertan coágulos de rancia angustia padre impulsos prenatales y meteóricas ansias que le muerden los crótalos a los sueñosculebras del lecho donde boga ámbarmente desnuda tu ninfómana estrella mientras tu cuervo grazna un "Nunca más" de piedra.
0
1.1k
Encallado en las costas del pacífico
Corta los dedos momias la yugular marina de los algosos huéspedes que agobian tu pensativo omóplato de lluvia la veta de presagios que labran en tu arena los cangrejos escribas el tendón que te amarra a tanto ritmo muerto entre gaviotas y huye con tu terráquea estatua parpadeante sin un mítico cuerno bajo la nieve niña recostada en tus sienes pero con once antenas fluorescentes embistiendo el misterio. Huye con ella en llamas del brazo de su miedo tómala de las rosas si prefieres llagarte la corteza pero abandona el eco de ese hipomar hidrófobo que fofopulpoduende te dilata el abismo con sus viscosos ceros absorbentes cuando no te trasmuta en migratorio vuelo circunflexo de nostalgias sin rumbo. Furiosamente aleja tu Segismunda rata introspectiva tu telaraña hambrienta de ese trasmundo hijastro de la lava en mística abstinencia de cactus penitentes y con tu dogoarcángel auroleado de moscas y tus fieles botines melancólicos de ensueños disecados y gritos de entrecasa color crimen huye con ella dentro de su claustral aroma aunque su cieloinfierno te condene a un eterno "Te quiero". Deja ya desprenderse el cálido follaje que brota de tus manos junto a ese móvil tótem de muslos agua viva flagélate si quieres con las violentas trenzas que le hurtaste al olvido pero por más que sufras en cada cruz vacante una pasión suicida y tu propia cisterna con semivirgen luna reclame tu cabeza ya sin velero ocaso ni chicha de pestañas ni cajas donde late la agónica sequía huye por los senderos que arrancan de tu pecho con tu hijo entre paréntesis tu hormiguero de espectros tus bisabuelas lámparas y todos los frutales recuerdos florecidos que alimentan tu siesta. Huye con ella envuelto en su orquestal cabello y su mirar sigilo aunque te cruces de alas y el averritmo herido que anida en el costado donde te sangra el tiempo atardezca su canto entre sus senoslotos o en sus brazos de estatua que ha perdido los brazos en aras de vestales y faunos inhumados y huye con tus grilletes de prófugo perpetuo tu nimbo sin eclipses tus desnudos complejos y el sempiterno tajo de fluviales tinieblas que te parte los ojos para que viertan coágulos de rancia angustia padre impulsos prenatales y meteóricas ansias que le muerden los crótalos a los sueñosculebras del lecho donde boga ámbarmente desnuda tu ninfómana estrella mientras tu cuervo grazna un "Nunca más" de piedra.
Continue reading...
58
Cabellera rubia, suelta, corriendo como un estero, cabellera. Uñas duras y doradas, flores curvas y sensuales, uñas duras y doradas. Comba del vientre, escondida, y abierta como una fruta o una herida. Dulce rodilla desnuda apretada en mis rodillas, dulce rodilla desnuda. Enredadera del pelo entre la oferta redonda de los senos. Huella que dura en el lecho, huella dormida en el alma, palabras locas. Perdidas palabras locas: rematarán mis canciones, se morirán nuestras bocas. Morena, la Besadora, rosal de todas las rosas en una hora. Besadora dulce y rubia, me iré, te irás, Besadora. Pero aún tengo la aurora enredada en cada sien. Bésame, por eso, ahora, bésame, Besadora, ahora y en la hora de nuestra muerte.                               Amén.
0
1.1k
Morena, la besadora
Una espada, una espada de hierro forjado en el frío del alba una espada con runas que nadie podrá desoír ni descifrar del todo, Una espada que los poetas igualarán al hielo y al fuego, una espada que un rey dará a otro rey y este rey a un sueño, una espada que será leal hasta una hora que ya sabe el Destino, una espada que iluminará la batalla. Una espada para la mano que regirá la hermosa batalla, el tejido de hombres, una espada para la mano que enrojecerá los dientes del lobo y el despiadado pico del cuervo, una espada para la mano que prodigará el oro rojo, una espada para la mano que dará muerte a la serpiente en su lecho de oro, una espada para la mano que ganará un reino y perderá un reino, una espada para la mano que derribará la selva de lanzas. Una espada para la mano de Beowulf.
0
1k
Fragmento
Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz.Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa; tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré; ven y yace para siempre en blanca cama mullida, donde el silencio convida al reposo y al no ser.Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón.
0
1.1k
Canción de la muerte
Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz.Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa; tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré; ven y yace para siempre en blanca cama mullida, donde el silencio convida al reposo y al no ser.Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón.
Continue reading...
57
¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de energía, como dicen los locos de hoy.) Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; en donde pones la bala el porvenir pones.                                       No.Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor que pasa por las vértebras enormes de los Andes. Si clamáis, se oye como el rugir del *** Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras». (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida, cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del gran Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del *** Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras.Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
0
1.1k
Viii
¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de energía, como dicen los locos de hoy.) Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; en donde pones la bala el porvenir pones.                                       No.Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor que pasa por las vértebras enormes de los Andes. Si clamáis, se oye como el rugir del *** Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras». (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida, cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del gran Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del *** Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras.Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
Continue reading...
47
Un océano dentro de un océano flujo etéreo de túrbida tinta india reptando sobre el lecho de tus frondosas raíces. Sereno opalino que baña la acera, Calima que vaga a un lecho de luna No ardas en vano gigante bonsái Que las ninfas llevan en la memoria, los cantos al dulzor de tu savia, El recuerdo que viste de alma la noble piel de tu fina corteza. Bromelias que silban al aire el rumor de un bosque sin nombre oculto en el corazón de esta urbe retozan humildes tus ramas Que bien han de llorar por tus verdes retoños que filtran la luz de un sol calcinante, ciparisos que asoman sus brazos leñosos tributo silente al ferino rumor del ocaso No ardas en vano gigante bonsái que manchadas de sangre están las manos que revuelven la quietud de tu cieno
0
Jul 18, 2015
Jul 18, 2015 at 12:00 AM UTC
Epitafio al ombú de Plaza Roma