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"izquierda" poems
Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Oct 29, 2012
Oct 29, 2012 at 4:09 PM UTC
La venganza de Siddharta.
Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Tal vez soy un pedazo de madera. Un tronco que antaño fue encina, y ahora es nada más un pedazo del todo que me componía. Las agujas del pino que sigue en pie me caen en la cara, se sienten como arañas, pero son agujas que el pino deja caer sin mala intención. Las bellotas y las piñas de mis hermanos gigantes rebotan en medio de la noche. Caen miserables como yo yazgo miserable. Se cubren de tierra como yo me cubro de tierra. Y guardan silencio. Tal vez soy una avenida en silencio. Pavimento apaciguado y asfalto abandonado. Las pezuñas tranquilas de un venado pródigo me acarician por un momento, un brevísimo momento, el momento en que cruza de un campo a otro, de una arboleda a la otra, de ese mundo a mi izquierda y de ese otro a mi derecha. El frío cala hasta los huesos, las piernas se mueven ligeras mientras huyen de la luz; me extiendo ancha y larga como una carretera. Izquierda y derecha. Tal vez, y esto es más factible, soy una decisión. Me desdoblo en múltiples ramificaciones, opciones, alternativas, dilemas; me encuentro en una encrucijada para después encontrarme frente a otra encrucijada. Mi elección, en el primer segundo de que es pensada, me desarma y me vuelve a armar. Las piezas parecen estar en el mismo lugar pero no lo están. Mi pie, el primero en adelantarse, ya no me pertenece; mi mano se entrega a ese nuevo mundo sin miedo, y mis codos, mis rodillas, la nuca helada. La casi-luna ampara mi marcha. Pero más seguramente soy solamente el cielo nocturno. Aparentes pequeños puntos rutilantes, aparentes nubes quietas, aparente Luna Llena; un lienzo de apariencias, de tonalidades difuminadas, nunca de colores concretos, un manto oscurecido por las mentiras, por las verdades calladas, que se dicen en susurros a un centímetro de la oreja pero que se confunden con el sonido del viento, con las hojas de las árboles que bailan, con las nubes que corren febriles. Soy un sólo ojo atento. Siempre muy abierto. Soy el testigo del tronco de encina que abre los ojos y me mira, de la avenida aplastada por el mutismo, de las decisiones que se formulan detrás de los pulmones y no en la boca. Y hablan todos: “Y la única sensación era el peso del cielo en mi frente. Te preguntaba que era todo aquello y me respondías con una quieta mirada.” “No siento,” decían, “pero me muerdo los labios”.
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Jul 9, 2013
Jul 9, 2013 at 5:52 PM UTC
Pedazo de madera.
Tal vez soy un pedazo de madera. Un tronco que antaño fue encina, y ahora es nada más un pedazo del todo que me componía. Las agujas del pino que sigue en pie me caen en la cara, se sienten como arañas, pero son agujas que el pino deja caer sin mala intención. Las bellotas y las piñas de mis hermanos gigantes rebotan en medio de la noche. Caen miserables como yo yazgo miserable. Se cubren de tierra como yo me cubro de tierra. Y guardan silencio. Tal vez soy una avenida en silencio. Pavimento apaciguado y asfalto abandonado. Las pezuñas tranquilas de un venado pródigo me acarician por un momento, un brevísimo momento, el momento en que cruza de un campo a otro, de una arboleda a la otra, de ese mundo a mi izquierda y de ese otro a mi derecha. El frío cala hasta los huesos, las piernas se mueven ligeras mientras huyen de la luz; me extiendo ancha y larga como una carretera. Izquierda y derecha. Tal vez, y esto es más factible, soy una decisión. Me desdoblo en múltiples ramificaciones, opciones, alternativas, dilemas; me encuentro en una encrucijada para después encontrarme frente a otra encrucijada. Mi elección, en el primer segundo de que es pensada, me desarma y me vuelve a armar. Las piezas parecen estar en el mismo lugar pero no lo están. Mi pie, el primero en adelantarse, ya no me pertenece; mi mano se entrega a ese nuevo mundo sin miedo, y mis codos, mis rodillas, la nuca helada. La casi-luna ampara mi marcha. Pero más seguramente soy solamente el cielo nocturno. Aparentes pequeños puntos rutilantes, aparentes nubes quietas, aparente Luna Llena; un lienzo de apariencias, de tonalidades difuminadas, nunca de colores concretos, un manto oscurecido por las mentiras, por las verdades calladas, que se dicen en susurros a un centímetro de la oreja pero que se confunden con el sonido del viento, con las hojas de las árboles que bailan, con las nubes que corren febriles. Soy un sólo ojo atento. Siempre muy abierto. Soy el testigo del tronco de encina que abre los ojos y me mira, de la avenida aplastada por el mutismo, de las decisiones que se formulan detrás de los pulmones y no en la boca. Y hablan todos: “Y la única sensación era el peso del cielo en mi frente. Te preguntaba que era todo aquello y me respondías con una quieta mirada.” “No siento,” decían, “pero me muerdo los labios”.
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Hay un tirano que sujeta y otro tirano que desata... y entre los dos tu predio, libertad. ¡Libertad, libertad, hazaña prometeica, en tensión angustiosa y sostenida de equilibrio y amor! ¡Libertad española! a tu derecha tienes los grillos y la sombra y a tu izquierda la arena donde el amor no liga. Se es esclavo del hacha lo mismo que del cepo... Y el desierto es también un calabozo; el desierto amarillo donde el átomo roto no se pone de pie. De aquí nadie se escapa. Nadie. Porque dime tú, amigo cordelero, ¿hay quién trence una escala con la arena y el polvo? Español, más pudo tu envidia que tu honor, y más cuidaste el hacha que la espada. Tuya es el hacha, tuya. Más tuya que tu sombra. Contigo la llevaste a la Conquista y contigo ha vivido en todos los exilios. Yo la he visto en América -en México y en Lima-, Se la diste a tu esposa ya tu esclava... y es la eterna maldición de tu simiente. Tuya es el hacha, el hacha: la que partió el Imperio y la nación, la que partió los reinos, la que parte la ciudad y el municipio, la que parte la grey y la familia, la que asesina al padre -Álvar González, Álvar González, habla-, Bajo su filo se ha hecho polvo el Arca, la casta, y la roca sagrada de los muertos; el coro, el diálogo y el himno; el poema, la espada y el oficio; la lágrima, la gota de sangre, y la gota de alegría... Y todo se hará polvo, todo, todo, todo... Polvo con el que nadie, nadie, construirá jamás ni un ladrillo ni una ilusión.
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El hacha
Hay un tirano que sujeta y otro tirano que desata... y entre los dos tu predio, libertad. ¡Libertad, libertad, hazaña prometeica, en tensión angustiosa y sostenida de equilibrio y amor! ¡Libertad española! a tu derecha tienes los grillos y la sombra y a tu izquierda la arena donde el amor no liga. Se es esclavo del hacha lo mismo que del cepo... Y el desierto es también un calabozo; el desierto amarillo donde el átomo roto no se pone de pie. De aquí nadie se escapa. Nadie. Porque dime tú, amigo cordelero, ¿hay quién trence una escala con la arena y el polvo? Español, más pudo tu envidia que tu honor, y más cuidaste el hacha que la espada. Tuya es el hacha, tuya. Más tuya que tu sombra. Contigo la llevaste a la Conquista y contigo ha vivido en todos los exilios. Yo la he visto en América -en México y en Lima-, Se la diste a tu esposa ya tu esclava... y es la eterna maldición de tu simiente. Tuya es el hacha, el hacha: la que partió el Imperio y la nación, la que partió los reinos, la que parte la ciudad y el municipio, la que parte la grey y la familia, la que asesina al padre -Álvar González, Álvar González, habla-, Bajo su filo se ha hecho polvo el Arca, la casta, y la roca sagrada de los muertos; el coro, el diálogo y el himno; el poema, la espada y el oficio; la lágrima, la gota de sangre, y la gota de alegría... Y todo se hará polvo, todo, todo, todo... Polvo con el que nadie, nadie, construirá jamás ni un ladrillo ni una ilusión.
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Las frutas las he explicado. Quizá fue por tu inclinar hacia el bancal de fresas y cuando no se seca en mí flor ninguna quizá es porque a ti te ha el gozo ya incitado a coger una. Sé como estabas corriendo; tan de pronto, sofocada, esperando estabas enfretandote a mi cara. Sentado a tu lado porque estabas durmiendo; y rosada yacía tu izquierda mano.
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Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 10:27 AM UTC
Sin título
Ya va a venir el día; da cuerda a tu brazo, búscate debajo del colchón, vuelve a pararte en tu cabeza, para andar derecho. Ya va a venir el día, ponte el saco. Ya va a venir el día; ten fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona, antes de meditar, pues es horrible cuando le cae a uno la desgracia y se le cae a uno a fondo el diente. Necesitas comer, pero, me digo, no tengas pena, que no es de pobres la pena, el sollozar junto a su tumba; remiéndale, recuerda, confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. Ya va a venir el día, ponte el alma. Ya va a venir el día; pasan, han abierto en el hotel un ojo, azotándolo, dándole con un espejo tuyo... ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente y la nación reciente del estómago. Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido! ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! Ya va a venir el día, ponte el sueño. Ya va a venir el día, repito por el órgano oral de tu silencio y urge tomar la izquierda con el hambre y tomar la derecha con la sed; de todos modos, abstente de ser pobre con los ricos, atiza tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. Ya va a venir el día, ponte el cuerpo. Ya va a venir el día; la mañana, la mar, el meteoro, van en pos de tu cansancio, con banderas, y, por tu orgullo clásico, las hienas cuentan sus pasos al compás del asno, la panadera piensa en ti, el carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal; jamás olvides que durante la misa no hay amigos. Ya va a venir el día, ponte el sol. Ya viene el día; dobla el aliento, triplica tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo el malo ¡ay! inmortal, has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo...
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Los desgraciados
Ya va a venir el día; da cuerda a tu brazo, búscate debajo del colchón, vuelve a pararte en tu cabeza, para andar derecho. Ya va a venir el día, ponte el saco. Ya va a venir el día; ten fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona, antes de meditar, pues es horrible cuando le cae a uno la desgracia y se le cae a uno a fondo el diente. Necesitas comer, pero, me digo, no tengas pena, que no es de pobres la pena, el sollozar junto a su tumba; remiéndale, recuerda, confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. Ya va a venir el día, ponte el alma. Ya va a venir el día; pasan, han abierto en el hotel un ojo, azotándolo, dándole con un espejo tuyo... ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente y la nación reciente del estómago. Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido! ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! Ya va a venir el día, ponte el sueño. Ya va a venir el día, repito por el órgano oral de tu silencio y urge tomar la izquierda con el hambre y tomar la derecha con la sed; de todos modos, abstente de ser pobre con los ricos, atiza tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. Ya va a venir el día, ponte el cuerpo. Ya va a venir el día; la mañana, la mar, el meteoro, van en pos de tu cansancio, con banderas, y, por tu orgullo clásico, las hienas cuentan sus pasos al compás del asno, la panadera piensa en ti, el carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal; jamás olvides que durante la misa no hay amigos. Ya va a venir el día, ponte el sol. Ya viene el día; dobla el aliento, triplica tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo el malo ¡ay! inmortal, has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo...
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Patas de perro con mi primacho Miguel en Pereira, buscando un hotel pa pagar la estancia de una cuartico cerca al centro o a poca distancia del burdel.   Nos tomamos un jugo de caña y como ya tengo la maldita maña, llamamos al Toro porque sin esa hierbita jamás cerraría pestaña Dándole vueltas al centro, esperándolo a él Vi un lindo edificio y le dije a Miguel: "un segundo hermano que me   gustó ese hotel, voy a entrar a   ver si hay cupo" y a cuánto estaba una noche en aquél. Me mira bien serio y me deja pasar quedándose afuera pa disimular. "Buenas tardes caballero, bien pueda... ¿En que le puedo servir?" "Busco un cuartico que mi primo   y yo pensamos quedarnos en   Pereira esta noche, ¿a cuánto   están?" ¿Cómo así? me contesta y como creía que no me había entendido... repiti la encuesta.   Otra vez ....¿Cómo así? En eso momento, que pendejo te cuento, me di cuenta que no era un hotel. De un salón a la izquierda salían los llantos seguidos por un desfile en ***** de luto..... y yo hijueputa ¡"que bruto"! Volteaba a ver si el primo ya sabía que pasaba cuando soltó la gran carcajada.   Huí sin mu decir buscando la risa de Miguel que decía uy... ¿que pasó no es hotel? Pero se la hice también cuando nos recogió el torito y comenzamos a fumar y fumar. Tantos baretos estilo Bob Marley que ya no nos podíamos ver. Cuando se escapó todo el humo Miguel se detuvo antes de casi caer.   Con ojos cruzados y labios babeados empecé a burlarme también.
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Aug 24, 2018
Aug 24, 2018 at 1:06 AM UTC
El hotel de Pereira
Patas de perro con mi primacho Miguel en Pereira, buscando un hotel pa pagar la estancia de una cuartico cerca al centro o a poca distancia del burdel.   Nos tomamos un jugo de caña y como ya tengo la maldita maña, llamamos al Toro porque sin esa hierbita jamás cerraría pestaña Dándole vueltas al centro, esperándolo a él Vi un lindo edificio y le dije a Miguel: "un segundo hermano que me   gustó ese hotel, voy a entrar a   ver si hay cupo" y a cuánto estaba una noche en aquél. Me mira bien serio y me deja pasar quedándose afuera pa disimular. "Buenas tardes caballero, bien pueda... ¿En que le puedo servir?" "Busco un cuartico que mi primo   y yo pensamos quedarnos en   Pereira esta noche, ¿a cuánto   están?" ¿Cómo así? me contesta y como creía que no me había entendido... repiti la encuesta.   Otra vez ....¿Cómo así? En eso momento, que pendejo te cuento, me di cuenta que no era un hotel. De un salón a la izquierda salían los llantos seguidos por un desfile en ***** de luto..... y yo hijueputa ¡"que bruto"! Volteaba a ver si el primo ya sabía que pasaba cuando soltó la gran carcajada.   Huí sin mu decir buscando la risa de Miguel que decía uy... ¿que pasó no es hotel? Pero se la hice también cuando nos recogió el torito y comenzamos a fumar y fumar. Tantos baretos estilo Bob Marley que ya no nos podíamos ver. Cuando se escapó todo el humo Miguel se detuvo antes de casi caer.   Con ojos cruzados y labios babeados empecé a burlarme también.
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No cojas la cuchara con la mano izquierda. No pongas los codos en la mesa. Dobla bien la servilleta. Eso, para empezar. Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece. ¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes? Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero. Eso, para seguir. ¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos? La cultura es un adorno y el negocio es el negocio. Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas. Eso, para vivir. No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto. No bebas. No fumes. No tosas. No respires. ¡Ay, sí, no respirar! Dar el no a todos los nos. Y descansar: morir.
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Biografía
Una mañana ella se encontraba frente al espejo, parecía estar concentrada mirando su reflejo pero lo curioso era que lo que veía en el espejo no era precisamente eso. Ella vio su vida pasar frente a ella, vio como surgió el amor que tenia con su esposo, la ternura con la que cuidaba a su hijo desde pequeño, los placenteros fin de semanas con sus amistades, la canción que le recordaba lo bueno que era estar enamorado, su libro favorito, el olor del mar, todos los errores que cometió, el porqué era feliz. Ese día, ella pudo volverse a encontrar una última vez. Complacida, condujo hasta llegar al rio que había cerca de su casa. Se sentó en una roca a contemplar por última vez la belleza que la vida le había obsequiado; estaba cautivada por el sonido del agua corriendo, los arboles moviéndose, los animales con su canto. Era la despedida perfecta, miro a su izquierda y junto a ella yacía una mujer la cual le sonrió. Ella sabía perfectamente que hacia la mujer allí, la hora había llegado. Miro por última vez todo lo que le rodeaba, cerró los ojos y por primera vez pudo recordar otra vez todo lo que había visto frente al espejo; entre sollozos le dijo a la mujer que aun no estaba lista, que tenía que hacer una última cosa antes de partir. Regreso a su hogar en busca de su familia pero lo que encontró fue una carta. Amada mía: Para cuando leas esto ya yo me abre ido, mi enfermedad no me permitirá seguir más. Solo tengo un último deseo: el día que recuerdes todo lo harás para siempre. Quiero que tomes tu libro favorito, el traje que tanto te gusta, te sirvas una buena taza de café y me vallas a ver al rio para recordarte todos los días lo mucho que te amo. Y así lo hizo.
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Sep 21, 2014
Sep 21, 2014 at 11:10 PM UTC
Ultimo día
Una mañana ella se encontraba frente al espejo, parecía estar concentrada mirando su reflejo pero lo curioso era que lo que veía en el espejo no era precisamente eso. Ella vio su vida pasar frente a ella, vio como surgió el amor que tenia con su esposo, la ternura con la que cuidaba a su hijo desde pequeño, los placenteros fin de semanas con sus amistades, la canción que le recordaba lo bueno que era estar enamorado, su libro favorito, el olor del mar, todos los errores que cometió, el porqué era feliz. Ese día, ella pudo volverse a encontrar una última vez. Complacida, condujo hasta llegar al rio que había cerca de su casa. Se sentó en una roca a contemplar por última vez la belleza que la vida le había obsequiado; estaba cautivada por el sonido del agua corriendo, los arboles moviéndose, los animales con su canto. Era la despedida perfecta, miro a su izquierda y junto a ella yacía una mujer la cual le sonrió. Ella sabía perfectamente que hacia la mujer allí, la hora había llegado. Miro por última vez todo lo que le rodeaba, cerró los ojos y por primera vez pudo recordar otra vez todo lo que había visto frente al espejo; entre sollozos le dijo a la mujer que aun no estaba lista, que tenía que hacer una última cosa antes de partir. Regreso a su hogar en busca de su familia pero lo que encontró fue una carta. Amada mía: Para cuando leas esto ya yo me abre ido, mi enfermedad no me permitirá seguir más. Solo tengo un último deseo: el día que recuerdes todo lo harás para siempre. Quiero que tomes tu libro favorito, el traje que tanto te gusta, te sirvas una buena taza de café y me vallas a ver al rio para recordarte todos los días lo mucho que te amo. Y así lo hizo.
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"hop hop alba amo" decía a caballo de Alabama bright morgan había nacido al lado de donde se quedaron los juntadores de pasto indios choctaw que leían las nubes frenadas por el sur los Apalaches tanta desolación dios mío tanta desolación no alcanzó para un buen río "no alcanzaste para un buen río mi Dios" decía bright morgan "ah distraído" decía a caballo entre Sam Dale, William Bankhead (que tenía cabeza de pájaro señor) y aún la Julia Tutwiler (reformadora social consolatriz de presos poetisa) otros notables del lugar sí "¡ah muererío muererío!" decía bright morgan sin dejar de correr pensando en la madre que vio decapitar a siete hijos subida su tejado y después se tiró del tejado bright morgan hablaba también de las culebras y alacranes que se comieron el corazón amargo de 7 hermanos 7 camino de Aragón ola que ola la maripola no pasa nadie nadie no pasa nadie por el cuerpo de bright morgan ya más que el viento la arena volada por el aire porque se va a morir lo dejarán salir y la madre se subirá al tejado y dirá: "quien a este hijo pierde merece ser apedreada le pediría uñas al águila pezuñas a la bestia con pezuñas y no le dejaría a la tierra ese muchacho lindo no" decía la madre de bright morgan "no dejaría que la tierra lo pudra le deshaga la frente hermosa no yo se lo arrancaría a la tierra de trigo sembrada con dolor robaría a la tierra ese hijo tan bueno cara de plata" decía la madre de bright morgan: "que se llevó la tierra con golpe rabioso no ese pequeño novio no alcanzó a criar hijos dejó casa vacía por casa llena de compañeros sin luz" mientras tanto bright morgan murió "no le echen tierra sobre la frente hermosa" pedía la madre pero él crecía a la derecha a la izquierda abajo arriba iba creciendo como una vaca grande cuando el pelo de bright morgan paró toda Alabama se detuvo un instante pero ya no decía "madre madre no me dejes salir" ola que ola maripola no pasa nadie nadie
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Lamento por el pelo de bright morgan
"hop hop alba amo" decía a caballo de Alabama bright morgan había nacido al lado de donde se quedaron los juntadores de pasto indios choctaw que leían las nubes frenadas por el sur los Apalaches tanta desolación dios mío tanta desolación no alcanzó para un buen río "no alcanzaste para un buen río mi Dios" decía bright morgan "ah distraído" decía a caballo entre Sam Dale, William Bankhead (que tenía cabeza de pájaro señor) y aún la Julia Tutwiler (reformadora social consolatriz de presos poetisa) otros notables del lugar sí "¡ah muererío muererío!" decía bright morgan sin dejar de correr pensando en la madre que vio decapitar a siete hijos subida su tejado y después se tiró del tejado bright morgan hablaba también de las culebras y alacranes que se comieron el corazón amargo de 7 hermanos 7 camino de Aragón ola que ola la maripola no pasa nadie nadie no pasa nadie por el cuerpo de bright morgan ya más que el viento la arena volada por el aire porque se va a morir lo dejarán salir y la madre se subirá al tejado y dirá: "quien a este hijo pierde merece ser apedreada le pediría uñas al águila pezuñas a la bestia con pezuñas y no le dejaría a la tierra ese muchacho lindo no" decía la madre de bright morgan "no dejaría que la tierra lo pudra le deshaga la frente hermosa no yo se lo arrancaría a la tierra de trigo sembrada con dolor robaría a la tierra ese hijo tan bueno cara de plata" decía la madre de bright morgan: "que se llevó la tierra con golpe rabioso no ese pequeño novio no alcanzó a criar hijos dejó casa vacía por casa llena de compañeros sin luz" mientras tanto bright morgan murió "no le echen tierra sobre la frente hermosa" pedía la madre pero él crecía a la derecha a la izquierda abajo arriba iba creciendo como una vaca grande cuando el pelo de bright morgan paró toda Alabama se detuvo un instante pero ya no decía "madre madre no me dejes salir" ola que ola maripola no pasa nadie nadie
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Oh padre mío, ¿Qué ha sido de ti? Qué te ha hecho la vida, te miras tan cansado ya, Con tus ojos tristes llenos de recuerdos. Veo tus errores marcados en las líneas de tu frente, siento en el choque de tu mano como tiemblan tus huesos, Tú me abrazas, pero tus brazos ya no tienen fuerza. Oh padre mío, ¿Qué ha sido de ti? Te fuiste en un día soleado con tus hombros amplios y llenos de poder, -me dejaste sonriendote-, mientras las lágrimas de mi madre caían sobre mí. Y ahora has vuelto con tus trapos empapados con lluvia fría, tus pies cortados y quemados por los fuegos que has cruzado; te escucho y me hablas con una voz arrepentida. Oh padre mío, ¿Qué ha sido de ti? Mira tus dedos, tu mano izquierda, donde una vez guardabas ese anillo de aquel amor, que tanto afirmabas tener por mi madre, ahora reemplazado por una oración. El reloj en tu muñeca, congelado en el tiempo en que te fuiste. Padre soy tu hijo, mírame padre mío, que soy tu en el espejo, te entiendo y siento tu dolor, Siento tu miseria, tu tristeza y tu rencor. Oh padre mío, ¿Qué ha sido de ti? Han sido diecisiete años, muchas cosas han pasado desde ayer, ya no soy el niño que te miraba golpeando a tu propia mujer; ya no soy el niño que dejaste de querer. No te odio padre mío, porque tú y yo somos tan diferentes y tan iguales a la vez. Padre yo soy tu hijo, pero tu no eres mi padre.
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Jun 16, 2017
Jun 16, 2017 at 6:33 PM UTC
Padre mio
Hermano: Alonzo Dominic Lopez, desde ustedes izquierda Yo tener estado muriendo como ustedes murió! Hermano: Alonzo Dominic Lopez= yo perder ustedes así mucho! Hermano: amor ustedes
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Jul 30, 2015
Jul 30, 2015 at 12:08 PM UTC
mi hermano"amor ustedes
Y, en fin, pasando luego al dominio de la muerte, que actúa en escuadrón, previo corchete, párrafo y llave, mano grande y diéresis, ¿a qué el pupitre asirio? ¿a qué el cristiano púlpito, el intenso jalón del mueble vándalo o, todavía menos, este esdrújulo retiro? ¿Es para terminar, mañana, en prototipo del alarde fálico, en diabetis y en blanca vacinica, en rostro geométrico, en difunto, que se hacen menester sermón y almendras, que sobran literalmente patatas y este espectro fluvial en que arde el oro y en que se quema el precio de la nieve? ¿Es para eso, que morimos tánto? ¿Para sólo morir, tenemos que morir a cada instante? ¿Y el párrafo que escribo? ¿Y el corchete deísta que enarbolo? ¿Y el escuadrón en que falló mi casco? ¿Y la llave que va a todas las puertas? ¿Y la forense diéresis, la mano, mi patata y mi carne y mi contradicción bajo la sábana? ¡Loco de mí, lovo de mí, cordero de mí, sensato, caballísimo de mí! ¡Pupitre, sí, toda la vida; púlpito, también, toda la muerte! Sermón de la barbarie: estos papeles; esdrújulo retiro: este pellejo. De esta suerte, cogitabundo, aurífero, brazudo, defenderé mi presa en dos momentos, con la voz y también con la laringe, y del olfato físico con que oro y del instinto de inmovilidad con que ando, me honraré mientras viva -hay que decirlo; se enorgullecerán mis moscardones, porque, al centro, estoy yo, y a la derecha, también, y, a la izquierda, de igual modo.
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Sermón sobre la muerte
Y, en fin, pasando luego al dominio de la muerte, que actúa en escuadrón, previo corchete, párrafo y llave, mano grande y diéresis, ¿a qué el pupitre asirio? ¿a qué el cristiano púlpito, el intenso jalón del mueble vándalo o, todavía menos, este esdrújulo retiro? ¿Es para terminar, mañana, en prototipo del alarde fálico, en diabetis y en blanca vacinica, en rostro geométrico, en difunto, que se hacen menester sermón y almendras, que sobran literalmente patatas y este espectro fluvial en que arde el oro y en que se quema el precio de la nieve? ¿Es para eso, que morimos tánto? ¿Para sólo morir, tenemos que morir a cada instante? ¿Y el párrafo que escribo? ¿Y el corchete deísta que enarbolo? ¿Y el escuadrón en que falló mi casco? ¿Y la llave que va a todas las puertas? ¿Y la forense diéresis, la mano, mi patata y mi carne y mi contradicción bajo la sábana? ¡Loco de mí, lovo de mí, cordero de mí, sensato, caballísimo de mí! ¡Pupitre, sí, toda la vida; púlpito, también, toda la muerte! Sermón de la barbarie: estos papeles; esdrújulo retiro: este pellejo. De esta suerte, cogitabundo, aurífero, brazudo, defenderé mi presa en dos momentos, con la voz y también con la laringe, y del olfato físico con que oro y del instinto de inmovilidad con que ando, me honraré mientras viva -hay que decirlo; se enorgullecerán mis moscardones, porque, al centro, estoy yo, y a la derecha, también, y, a la izquierda, de igual modo.
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Buscando raíces de alas la frente se le desplaza a derecha e izquierda. Y sobre el remolino de la cara se le fija, telón del más allá, comba y ancha. Una alimaña le grita en la nariz que intenta aplastársele enfurecida... Irrumpe un griego por sus ojos distantes. Un griego que sofocan de enredaderas las colinas andaluzas de sus pómulos y el valle trémulo de su boca. Salta su garganta hacia afuera pidiendo la navaja lunada de aguas filosas. Cortádsela. De norte a sud. De este a oeste. Dejad volar la cabeza, la cabeza sola, herida de ondas marinas negras... Y de caracolas de sátiro que le caen como campánulas en la cara de máscara antigua. Apagadle la voz de madera, cavernosa, arrebujada en las catacumbas nasales. Libradlo de ella, y de sus brazos dulces, y de su cuerpo terroso. Forzadle sólo, antes de lanzarlo al espacio, el arco de las cejas hasta hacerlos puentes del Atlántico, del Pacífico... Por donde los ojos, navíos extraviados, circulen sin puertos ni orillas...
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Retrato de garcía lorca
En los campos de Antelo, hacia el noventa mi padre lo trató. Quizá cambiaron unas parcas palabras olvidadas. No recordaba de él sino una cosa: el dorso de la oscura mano izquierda cruzado de zarpazos. En la estancia cada uno cumplía su destino: éste era domador, tropero el otro, aquél tiraba como nadie el lazo y Simón Carvajal era el tigrero. Si un tigre depredaba las majadas o lo oían bramar en la tiniebla, Carvajal lo rastreaba por el monte. Iba con el cuchillo y con los perros. Al fin daba con él en la espesura. Azuzaba a los perros. La amarilla fiera se abalanzaba sobre el hombre que agitaba en el brazo izquierdo el poncho, que era escudo y señuelo. El blanco vientre quedaba expuesto. El animal sentía que el acero le entraba hasta la muerte. El duelo era fatal y era infinito. Siempre estaba matando al mismo tigre inmortal. No te asombre demasiado su destino. Es el tuyo y es el mío, salvo que nuestro tigre tiene formas que cambian sin parar. Se llama el odio, el amor, el azar, cada momento.
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Simón carbajal
La mano izquierda sostenía el tubo del teléfono, la mano derecha se ocupaba vagamente del aire, por la izquierda llegaban golpes de adiós, golpes de olvido, por la derecha descendía toda la luz sucia de polvo, la mano izquierda sostenía el tubo del teléfono, la mano derecha me miraba fijamente el pescuezo.
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Sobre las despedidas
Buenos dias Adiós Buenas noches Para todos los días. Con ambas manos te beso de por vida Para las flores del mañana Y felicidad en la alfombra. un beso a la izquierda Y otro a la derecha No es nada feo. En lo profundo de tu garganta apretada nado no muy lejos de la hierba Como un tiburón poderoso. Copyright © Agosto 2024, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados. Hébert Logerie es autor de varias colecciones de poesía.
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Nov 12, 2024
Nov 12, 2024 at 12:00 PM UTC
Besos Gemelos
Enorme y sólida                                 pero oscilante, golpeada por el viento                                           pero encadenada, rumor de un millón de hojas contra mi ventana.                                     Motín de árboles, oleaje de sonidos verdinegros.                                                         La arboleda, quieta de pronto,                                 es un tejido de ramas y frondas. Hay claros llameantes.                                         Caída en esas redes se revuelve,                       respira una materia violenta y resplandeciente, un animal iracundo y rápido, cuerpo de lumbre entre las hojas:                                                           el día. A la izquierda del macizo,                                                 más idea que color, poco cielo y muchas nubes,                                                   el azuleo de una cuenca rodeada de peñones en demolición,                                                               arena precipitada en el embudo de la arboleda.                                                     En la región central gruesas gotas de tinta                                       esparcidas sobre un papel que el poniente inflama, ***** casi enteramente allá,                                                 en el extremo sudeste, donde se derrumba el horizonte.                                                           La enramada, vuelta cobre, relumbra.                                           Tres mirlos atraviesan la hoguera y reaparecen                                                             ilesos, en una zona vacía: ni luz ni sombra.                                                           Nubes en marcha hacia su disolución. Encienden luces en las casas. El cielo se acumula en la ventana.                                                           El patio, encerrado en sus cuatro muros,                                                   se aísla más y más. Así perfecciona su realidad.                                               El bote de basura, la maceta sin planta,                                   ya no son, sobre el opaco cemento,                                         sino sacos de sombras. Sobre sí mismo                                 el espacio se cierra           Poco a poco se petrifican los nombres.
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La arboleda
Enorme y sólida                                 pero oscilante, golpeada por el viento                                           pero encadenada, rumor de un millón de hojas contra mi ventana.                                     Motín de árboles, oleaje de sonidos verdinegros.                                                         La arboleda, quieta de pronto,                                 es un tejido de ramas y frondas. Hay claros llameantes.                                         Caída en esas redes se revuelve,                       respira una materia violenta y resplandeciente, un animal iracundo y rápido, cuerpo de lumbre entre las hojas:                                                           el día. A la izquierda del macizo,                                                 más idea que color, poco cielo y muchas nubes,                                                   el azuleo de una cuenca rodeada de peñones en demolición,                                                               arena precipitada en el embudo de la arboleda.                                                     En la región central gruesas gotas de tinta                                       esparcidas sobre un papel que el poniente inflama, ***** casi enteramente allá,                                                 en el extremo sudeste, donde se derrumba el horizonte.                                                           La enramada, vuelta cobre, relumbra.                                           Tres mirlos atraviesan la hoguera y reaparecen                                                             ilesos, en una zona vacía: ni luz ni sombra.                                                           Nubes en marcha hacia su disolución. Encienden luces en las casas. El cielo se acumula en la ventana.                                                           El patio, encerrado en sus cuatro muros,                                                   se aísla más y más. Así perfecciona su realidad.                                               El bote de basura, la maceta sin planta,                                   ya no son, sobre el opaco cemento,                                         sino sacos de sombras. Sobre sí mismo                                 el espacio se cierra           Poco a poco se petrifican los nombres.
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El hecho de que Los nicas no tienen Temor de morir Hemos visto. Mueren En sus propias calles Luchando contra dictaduras De la derecha Como de la izquierda. Me pregunto: ¿*Cuándo van a vivir Para conseguir Su libertad democrática Y no mas morir Por tiranos*?
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Jun 13, 2018
Jun 13, 2018 at 4:02 PM UTC
Nicas pierden sus canicas
Volví clandestinamente a Buenos Aires en mayo de 1978. Estaba bella la ciudad. Mejor dicho, bellísima bajo esos días de mayo en que el otoño porteño admite un fuego, una calor de primavera muriendo o por nacer, nunca se sabe. Me habían aconsejado que no caminara por el centro, que no frecuentara los sitios que solía frecuentar. Naturalmente: caminé por el centro, por los sitios que solía caminar. ¿Quién me iba a reconocer? ¿No estaba muerto Paco? ¿No habían secuestrado a Rodolfo y a Haroldo? ¿No habían matado al Jote, al Lino, a Josefina, a Dardo, a la Diana, tal vez? El restorán donde mi hijo escribió un poema sobre el mantel de estraza, este poema:         La oveja negra         pace en el campo *****         sobre la nieve negra         bajo la noche negra         junto a la ciudad negra         donde lloro vestido de rojo el restorán estaba abierto, pero a mi hijo lo habían secuestrado dos años atrás y nunca supe de su suerte. Su mujer estaba encinta de siete meses cuando la secuestraron con él. Leí los diarios de la época. En "La Opinión" -donde alguna vez trabajé, que alguna vez fundé-, un compañero intelectual de la izquierda (ex compañero o ex izquierda) sumaba su vocecita paga a la propaganda de la dictadura militar. El diario era de los militares para entonces, el ex compañero o ex izquierda también. Hago esfuerzos y no alcanzo a recordar su nombre. Era cuentista, o algo así, como su mujer, que se cagaba en Rosa Luxemburgo desde posiciones de izquierda. Tenía un ano de izquierda que no le habrá impedido evacuar la pitanza militar.
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Xix
Volví clandestinamente a Buenos Aires en mayo de 1978. Estaba bella la ciudad. Mejor dicho, bellísima bajo esos días de mayo en que el otoño porteño admite un fuego, una calor de primavera muriendo o por nacer, nunca se sabe. Me habían aconsejado que no caminara por el centro, que no frecuentara los sitios que solía frecuentar. Naturalmente: caminé por el centro, por los sitios que solía caminar. ¿Quién me iba a reconocer? ¿No estaba muerto Paco? ¿No habían secuestrado a Rodolfo y a Haroldo? ¿No habían matado al Jote, al Lino, a Josefina, a Dardo, a la Diana, tal vez? El restorán donde mi hijo escribió un poema sobre el mantel de estraza, este poema:         La oveja negra         pace en el campo *****         sobre la nieve negra         bajo la noche negra         junto a la ciudad negra         donde lloro vestido de rojo el restorán estaba abierto, pero a mi hijo lo habían secuestrado dos años atrás y nunca supe de su suerte. Su mujer estaba encinta de siete meses cuando la secuestraron con él. Leí los diarios de la época. En "La Opinión" -donde alguna vez trabajé, que alguna vez fundé-, un compañero intelectual de la izquierda (ex compañero o ex izquierda) sumaba su vocecita paga a la propaganda de la dictadura militar. El diario era de los militares para entonces, el ex compañero o ex izquierda también. Hago esfuerzos y no alcanzo a recordar su nombre. Era cuentista, o algo así, como su mujer, que se cagaba en Rosa Luxemburgo desde posiciones de izquierda. Tenía un ano de izquierda que no le habrá impedido evacuar la pitanza militar.
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Cada respiración es una canción de amor De izquierda a derecha, nos rebasa Regresaremos al mundo del más allá. A tal destino nadie puede desafiar. Venimos de los cielos Ahí fraternizamos con los Ángeles Al mismo lugar nos elevaremos A esa ciudad, pasando los siete cielos. Estamos por encima de los cielos y trascendemos a los ángeles ¿Por qué deberíamos transigir? La Casa de las Canciones es nuestro destino. Vivamos con buena Fortuna El destino es contradictorio, Alegres a nuestras vidas demos La victoria del orgullo mundano. El dulce aroma de esta brisa Brota del rizo de ese cabello Radiante fantasía sobre sus rodillas Sobre de esa cara gustoso se fija. Las personas son como los dementes Nacen del mar del alma Manténgase a flote muchas lunas Al mar, el demente, controla. Desde ese mar llegó la ola Mientras el barco tomaba forma Del naufragio nadie podría salvarse Volviendo al mar por esa tormenta. Lo que parecía malo, era la gracia la amabilidad estaba en la ira de la ola El amanecer de la conciencia aparece Iluminando ese camino divino. Desde Tabriz comenzó a brillar La Luz de la Verdad, me llama Tu luz que siendo la Distinta Luz Divina, no obstante, conecta todo. Rumi-Divan-e Shams Tomado de la magnífica traducción al inglés de Shahriar Shahriari Vancouver, Canada July 20, 1998
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Jan 30, 2019
Jan 30, 2019 at 1:35 PM UTC
RUMI
Cobayo lívido engendro digo de puna que enquena el aire y en uniqueja isola su yo cotudo de ámbito telúrico Yo cobayo de alturaPoco coco del todo sino inórbito asombro acodado al reborde de su caries de nadaCon tedio y tiempo muerto cogitabundo exhumo tibias lívidas líbidos invertebrados ocios restos quizás de sueño del ensoñar trasueños segismundiando digoTras desandar la noche sin un astro custodio crece en alivio cierto el íntimo retorno a una sed sedentaria pero aunque olvide el turbio angustiante bagaje su más desierto huésped destíñeme el llamado y no encuentro la llaveSípido hueco adulto con hipo de eco propio sobresuspenso acaso por invisibles térmicos hipertensos estambres sobre mi mucho pelo y demasiado pozo aletea el silencio de mi chambergo cuervo aunque estoy vivoPor tan mínima araña suspendida también de lo invisible en el ínfimo tiempo del porqué dónde y cuándo con traslúcidos móviles grisgrices de centellar de párpado y constancia de péndulo tan solitariamente acompañado y amigo de la nocheNo la otra o la otra ni la misma en la otra o en la otra la otra no la otraEntre restos de restas y mi prole de ceros a la izquierda sólo la soledad de este natal país de nadie nadie me acompañaEn busca fui de todo y más y más y más paria voraz y solo y por demás demásEstepandando sigo los anillos de médano que dejan en mi arena mis bostezos camellos
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Posnotaciones
te escribo en una hojita de papel caída del cuaderno del hijo con una baca un burro sumas restas esta carta que enviaré jamás tiene delicias y tristezas y cuando la leías te ponías muy dulce porque yo no escribía nada pero cantaban los pájaros azules de la izquierda volaban a tu sombra y callaban con los ojos abiertos como memorias en la noche
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Carta
Carlos avanza entre su pueblo. Mira a la izquierda y a la derecha. Ha rechazado los brazos de la escolta. Liberado de la necesidad de la mentira, sabe que hoy va a la muerte, no al olvido, y que es un rey. La ejecución lo espera; la mañana es atroz y verdadera. No hay temor en su carne. Siempre ha sido, a fuer de buen tahúr, indiferente. Ha apurado la vida hasta las heces; ahora está solo entre la armada gente. No lo infama el patíbulo. Los jueces no son el Juez. Saluda levemente y sonríe. Lo ha hecho tantas veces.
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Una mañana de 1649
Ahora que es el fin y ya todos las vieron de perfil y de frente in pectore y al dorso en tules y de largo no pueden caber dudas la reina es la más linda ah sí / pero la octava la octava de la izquierda tampoco caben dudas ésa es la cautivante sus dos centímetros de menos sus seis centímetros de más como decía el viejo nietzsche la hacen humana demasiado humana la reina es la más linda pero la octava de la izquierda es la más seductora quién podrá resistirse a sus labios en pena a sus ojos de vencida su tristeza en bikini.
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La octava