"inclinar" poems
Las frutas las he explicado.
Quizá fue por tu inclinar
hacia el bancal de fresas
y cuando no se seca
en mí flor ninguna
quizá es porque a ti te ha
el gozo ya incitado
a coger una.
Sé como estabas corriendo;
tan de pronto, sofocada,
esperando estabas
enfretandote a mi cara.
Sentado a tu lado
porque estabas durmiendo;
y rosada yacía
tu izquierda mano.
Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 10:27 AM UTC
Este amor que yo alimento
De mi propio corazón,
No nace de inclinación
Sino de conocimiento,
Que amor de cosa tan bella,
Y gracia que es infinita,
Si es elección, me acredita;
Si no, acredita mi Estrella.
Y ¿qué Deidad me pudiera
Inclinar a que te amara,
Que ese poder no tornara
Para sí, si le tuviera?
Corrido, Señora, escribo
En el estado presente,
De que estando de ti ausente
Aún parezca que estoy vivo.
Pues ya en mi pena y pasión,
Dulce Tirsi, tengo hechas
De las plumas de tus flechas
Las alas del corazón.
Y sin poder consolarme,
Ausente y amando firme,
Más hago yo en no morirme
Que hará el dolor en matarme.
Tanto he llegado a quererte,
Que siento igual pena en mí
Del ver, no viéndote a ti,
Que adorándote, no verte,
Si bien recelo, Señora,
Que a este amor serás infiel,
Pues ser hermosa y cruel
Te pronostica traidora.
Pero traiciones dichosas
Serán, Tirsi, para mí,
Por ver dos caras en ti,
Que han de ser por fuerza hermosas.
Y advierte, que en mi pasión
Se puede tener por cierto
Que es decir Ausente y Muerto
Dos veces una razón.
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Bien venga, cuando viniere,
la Muerte: su helada mano
bendeciré si hiere...
He de morir como muere
un caballero cristiano.
Humilde, sin murmurar,
¡oh Muerte!, me he de inclinar
cuando tu golpe me venza;
¡pero déjame besar,
mientras expiro, su trenza!
¡La trenza que le corté
y que, piadoso guardé
(impregnada todavía
del sudor de su agonía)
la tarde en que se me fue!
Su noble trenza de oro:
amuleto ante quien oro,
ídolo de locas preces,
empapado por mi lloro
tantas veces..., tantas veces...
Deja que, muriendo, pueda
acariciar esa seda
en que vive aún su olor:
¡Es todo lo que me queda
de aquel infinito amor!
Cristo me ha de perdonar
mi locura, al recordar
otra trenza, en nardo llena,
con que se dejó enjugar
los pies por la Magdalena...
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Como ella era cristiana; como la nívea frente
Negose ante los Ídolos a inclinar reverente;
Como olvidar no quiso sus creencias primeras,
El Pretor dio la orden de entregarla a las fieras.
y como ante los ojos impuros del Pretor
Sus mejillas de virgen tiñéronse en rubor,
Para hacer la sentencia más inhumana y ruda,
Ordenó que al suplicio la llevaran desnuda.
Desnuda, y con la blonda cabellera cubriendo
El seno, baja al circo.
De su cubil, rugiendo,
Un *** salta rápido, y avanza por la arena
Hacia la casta virgen, blanca como azucena...
y ve el pueblo con júbilo temblar como una hoja.
Toda aquella blancura junto a la jeta roja.
Aprieta sobre el seno la blonda cabellera,
y tranquila, el zarpazo que ha de matarla espera.
El circo estremecerse de gozo parecía,
y en tanto que la fiera la enorme boca abría.
*** dijo la virgen.
Entonces, suavemente,
Se le vio que en el polvo doblegaba la frente,
Mientras ella, temblando, se postraba de hinojos...
y al mirarla desnuda cerró el *** los ojos.
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Sauce, mírate en mí. Me pondré quieta
para servir de espejo a tu ramaje.
Sauce, ¿no tienes sed? ¿Te gusta el traje
que el sol me ha puesto? ¿Qué ansiedad secreta
te hace inclinar los gajos pensativos?
¡Eres tan claro, sauce, y tan hermoso!
Susúrrame tu pena. Ve: yo vivo
pendiente de tu angustia o de tu gozo.
Grano por grano roeré la tierra
que tus raíces avarienta encierra
impidiendo que te hundan en mis ondas.
Cuando te alces en medio de mi río,
¿qué suprema embriaguez sentirte mío
y circular bajo tus verdes frondas!
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