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"frescas" poems
Douro, Tua Socalco bem-fadado. Bagos que passeiam sobre as ondas, Amar estranha beleza, Exaltar a cepa da vida e sua natureza, Videiras com frescas sombras. Rosmaninho, alecrim e loureiro, Cheiro de meu eterno devaneio, Aromas que nos desperta, O Douro sempre em festa. Amar o vinho não é pecado, Cestos cheio de uvas e fado, Vinhedos de Deus, do homem por labor, Vinho sagrado, vinho do amor! Lagaradas que te apaixona, Peles de uva á tona, Fermentação do saber por todo o lado, Douro, Tua …teu passado. Victor Marques  2/10/2007
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Jun 6, 2011
Jun 6, 2011 at 2:48 AM UTC
Douro , Tua Socalco bem fadado
Alto Douro e Trás-os-Montes Alto Douro e Trás – os-montes, Terra minha bem portuguesa, Vinhedos e frescas fontes, Traduzem sua pureza. Friorenta no Inverno, Terra intolerante. Na Primavera morna, No verão escaldante. Horizonte tão belo e tão teu, Ninguém to rouba, Deus to DEU. Pôr-do-sol que se deita com vales sonolentos, Douro, Tua teus encantos. Vindimadores que colhem cachos maduros, Azeitonas que dais azeites puros. Pescadores dos rios Douro e Tua, Uma saudade que é nossa e sua. Victor Marques
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Oct 27, 2010
Oct 27, 2010 at 10:11 AM UTC
Trás-OS-montes e Alto Douro
De miradas polvorientas caídas al suelo o de hojas sin sonido y sepultándose. De metales sin luz, con el vacío, con la ausencia del día muerto de golpe. En lo alto de las manos el deslumbrar de mariposas, el arrancar de mariposas cuya luz no tiene término. Tú guardabas la estela de luz, de seres rotos que el sol abandonado, atardeciendo, arroja a las iglesias. Teñida con miradas, con objeto de abejas, tu material de inesperada llama huyendo precede y sigue al día y a su familia de oro. Los días acechando cruzan el sigilo pero caen adentro de tu voz de luz. Oh dueña del amor, en tu descanso fundé mi sueño, mi actitud callada. Con tu cuerpo de número tímido, extendido de pronto hasta cantidades que definen la tierra, detrás de la pelea de los días blancos de espacio y fríos de muertes lentas y estímulos marchitos, siento arder tu regazo y transitar tus besos haciendo golondrinas frescas en mi sueño. A veces el destino de tus lágrimas asciende como la edad hasta mi frente, allí están golpeando las olas, destruyéndose de muerte: su movimiento es húmedo, decaído, final.
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Alianza (sonata)
Memória branca da tua imagem Rio Tua Por entre vales e frescas fontes, Socalcos e belos horizontes. No comboio sempre do Tua, Um beijo na doce lua. Rio tão belo que engoles as colinas, Memória branca da tua imagem, Comboio sem carruagem, Carrocel sem suas meninas. S. Lourenço que te olha divinal, Rio Tua do bom Deus e de Portugal. Pedras inertes tuas sempre serão, És rio e bom vilão… Tantas histórias os vindouros contarão, Dum rio com memória e solidão, Rio dum comboio que nunca vai passar, Excelso amor vai perdurar. Victor Marques
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Oct 22, 2013
Oct 22, 2013 at 5:28 AM UTC
Memória branca da tua imagem
Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Pálido y amarrado a mi agua devorante cruzo en el agrio olor del clima descubierto, aún vestido de gris y sonidos amargos, y una cimera triste de abandonada espuma. Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única, lunar, solar, ardiente y frío, repentino, dormido en la garganta de las afortunadas islas blancas y dulces como caderas frescas. Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos locamente cargado de eléctricas gestiones, de modo heroico dividido en sueños y embriagadoras rosas practicándose en mí. Aguas arriba, en medio de las olas externas, tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos como un pez infinitamente pegado a mi alma rápido y lento en la energía subceleste.
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Poema 9
Aquí los antiguos recibían al fuego Aquí el fuego creaba el mundo Al mediodía las piedras se abren como frutos El agua abre los párpados La luz resbala por la piel del día Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia A la española el día entra pisando fuerte Un rumor de hojas y pájaros avanza Un presentimiento de mar o mujeres El día zumba en mi frente como una idea fija En la frente del mundo zumba tenaz el día La luz corre por todas partes Canta por las terrazas Hace bailar las casas Bajo las manos frescas de la yedra ligera El muro se despierta y levanta sus torres Y las piedras dejan caer sus vestiduras Y el agua se desnuda y salta de su lecho Más desnuda que el agua Y la luz se desnuda y se mira en el agua Más desnuda que un astro Y el pan se abre y el vino se derrama Y el día se derrama sobre el agua tendida Ver oír tocar oler gustar pensar Labios o tierra o viento entre veleros Sabor del día que se desliza como música Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha Y la deja desnuda en el centro del día Nadie sabe su nombre ni a qué vino Como un poco de agua se tiende a mi costado El sol se para un instante por mirarla La luz se pierde entre sus piernas La rodean mis miradas como agua Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua Como la luz no tiene nombre propio Como la luz cambia de forma con el día
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Cerro de la estrella
¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello al paso de los tristes y errantes soñadores? ¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello, tiránico a las aguas e impasible a las flores?Yo te saludo ahora como en versos latinos te saludara antaño Publio Ovidio Nasón. Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos, y en diferentes lenguas es la misma canción.A vosotros mi lengua no debe ser extraña. A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez... Soy un hijo de América, soy un nieto de España... Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez...Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas den a las frentes pálidas sus caricias más puras y alejen vuestras blancas figuras pintorescas de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.Brumas septentrionales nos llenan de tristezas, se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas, casi no hay ilusiones para nuestras cabezas, y somos los mendigos de nuestras pobres almas.Nos predican la guerra con águilas feroces, gerifaltes de antaño revienen a los puños, mas no brillan las glorias de las antiguas hoces, ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.Faltos del alimento que dan las grandes cosas, ¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos? A falta de laureles son muy dulces las rosas, y a falta de victorias busquemos los halagos.La América española como la España entera fija está en el Oriente de su fatal destino; yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera con la interrogación de tu cuello divino.¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? ¿Callaremos ahora para llorar después?He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros que habéis sido los fieles en la desilusión, mientras siento una fuga de americanos potros y el estertor postrero de un caduco león......Y un cisne ***** dijo: «La noche anuncia el día». Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía, aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!
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Los cisnes
¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello al paso de los tristes y errantes soñadores? ¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello, tiránico a las aguas e impasible a las flores?Yo te saludo ahora como en versos latinos te saludara antaño Publio Ovidio Nasón. Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos, y en diferentes lenguas es la misma canción.A vosotros mi lengua no debe ser extraña. A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez... Soy un hijo de América, soy un nieto de España... Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez...Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas den a las frentes pálidas sus caricias más puras y alejen vuestras blancas figuras pintorescas de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.Brumas septentrionales nos llenan de tristezas, se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas, casi no hay ilusiones para nuestras cabezas, y somos los mendigos de nuestras pobres almas.Nos predican la guerra con águilas feroces, gerifaltes de antaño revienen a los puños, mas no brillan las glorias de las antiguas hoces, ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.Faltos del alimento que dan las grandes cosas, ¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos? A falta de laureles son muy dulces las rosas, y a falta de victorias busquemos los halagos.La América española como la España entera fija está en el Oriente de su fatal destino; yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera con la interrogación de tu cuello divino.¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? ¿Callaremos ahora para llorar después?He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros que habéis sido los fieles en la desilusión, mientras siento una fuga de americanos potros y el estertor postrero de un caduco león......Y un cisne ***** dijo: «La noche anuncia el día». Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía, aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!
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Não sei como é viver em paz, Canta o sapo e bom rapaz. As cabras pastam nos montes, Burros e frescas fontes. Tantos problemas sociais, Politiquice e  coisas banais. O ser humano tenta ser justo, Hipócrita a qualquer custo. Sociedade portuguesa tão triste, Nossa identidade existe. Enfermo em águas termais bem quentes, Amor a nossos semelhantes. Outrora nossos navegadores o mar eternizaram, Dragões e tormentas ultrapassaram. Hoje estamos num tempo perdido sem beleza, Falta amor à mãe natureza. Victor Marques
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Jan 6, 2014
Jan 6, 2014 at 3:18 AM UTC
A nossa Identidade na Natureza
Busco lugares de tierras negras y frescas Donde plantar mis pies Echar profundas raíces que incluso tormentas no puedan lograr desprender. Pero mis plantas no son para hacer raíces Estas tierras no son fértiles y aquí apenas llueve.
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Apr 10, 2015
Apr 10, 2015 at 6:18 PM UTC
Fértil
Mejor será no regresar al pueblo, al edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla. Hasta los fresnos mancos, los dignatarios de cúpula oronda, han de rodar las quejas de la torre acribillada en los vientos de fronda. Y la fusilería grabó en la cal de todas las paredes de la aldea espectral, negros y aciagos mapas, porque en ellos leyese el hijo pródigo al volver a su umbral en un anochecer de maleficio, a la luz de petróleo de una mecha su esperanza deshecha. Cuando la tosca llave enmohecida tuerza la chirriante cerradura, en la añeja clausura del zaguán, los dos púdicos medallones de yeso, entornando los párpados narcóticos, se mirarán y se dirán: «¿Qué es eso?» Y yo entraré con pies advenedizos hasta el patio agorero en que hay un brocal ensimismado, con un cubo de cuero goteando su gota categórica como un estribillo plañidero. Si el sol inexorable, alegre y tónico, hace hervir a las fuentes catecúmenas en que bañábase mi sueño crónico; si se afana la hormiga; si en los techos resuena y se fatiga de los buches de tórtola el reclamo que entre las telarañas zumba y zumba; mi sed de amar será como una argolla empotrada en la losa de una tumba. Las golondrinas nuevas, renovando con sus noveles picos alfareros los nidos tempraneros; bajo el ópalo insigne de los atardeceres monacales, el lloro de recientes recentales por la ubérrima ubre prohibida de la vaca, rumiante y faraónica, que al párvulo intimida; campanario de timbre novedoso; remozados altares; el amor amoroso de las parejas pares; noviazgos de muchachas frescas y humildes, como humildes coles, y que la mano dan por el postigo a la luz de dramáticos faroles; alguna señorita que canta en algún piano alguna vieja aria; el gendarme que pita... ...Y una íntima tristeza reaccionaria.
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El retorno maléfico
Mejor será no regresar al pueblo, al edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla. Hasta los fresnos mancos, los dignatarios de cúpula oronda, han de rodar las quejas de la torre acribillada en los vientos de fronda. Y la fusilería grabó en la cal de todas las paredes de la aldea espectral, negros y aciagos mapas, porque en ellos leyese el hijo pródigo al volver a su umbral en un anochecer de maleficio, a la luz de petróleo de una mecha su esperanza deshecha. Cuando la tosca llave enmohecida tuerza la chirriante cerradura, en la añeja clausura del zaguán, los dos púdicos medallones de yeso, entornando los párpados narcóticos, se mirarán y se dirán: «¿Qué es eso?» Y yo entraré con pies advenedizos hasta el patio agorero en que hay un brocal ensimismado, con un cubo de cuero goteando su gota categórica como un estribillo plañidero. Si el sol inexorable, alegre y tónico, hace hervir a las fuentes catecúmenas en que bañábase mi sueño crónico; si se afana la hormiga; si en los techos resuena y se fatiga de los buches de tórtola el reclamo que entre las telarañas zumba y zumba; mi sed de amar será como una argolla empotrada en la losa de una tumba. Las golondrinas nuevas, renovando con sus noveles picos alfareros los nidos tempraneros; bajo el ópalo insigne de los atardeceres monacales, el lloro de recientes recentales por la ubérrima ubre prohibida de la vaca, rumiante y faraónica, que al párvulo intimida; campanario de timbre novedoso; remozados altares; el amor amoroso de las parejas pares; noviazgos de muchachas frescas y humildes, como humildes coles, y que la mano dan por el postigo a la luz de dramáticos faroles; alguna señorita que canta en algún piano alguna vieja aria; el gendarme que pita... ...Y una íntima tristeza reaccionaria.
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Acabo de desenterrar a mi madre, muerta hace tiempo. Y lo que desenterré fue una caja de rosas: frescas, fragantes, como si hubieran estado en un invernadero. ¡Qué raro es todo esto!
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Doña luz
De que cor sopra hoje o teu vento e que sol o faz voar, Quais os caprichos do teu tempo que desdenham ao luar, Qual a cor das tuas pétalas que ao rubro quero provar, Um sabor e uma lembrança pra sempre eu vou recordar! Foi no brilho dos teus olhos e na tristeza do teu olhar, Foi as formas da tua face que me acolheram o despertar, Tantas outras tantas de voltas eu te quero a ti reencontrar, Provar de novo os teus beijos doces e me poder deliciar! Ouro fino cor de cetim para te cobrir e levar ao pé do mar, Jogar na areia todas as lembranças e poder ali te abraçar, Dar um aperto louco, quente e mouco no silêncio a te amar, Viver de novos todas as caricias dadas e poder fervilhar! Como eu voou de novo nos meus sonhos a te ver voar, Como me entrego na loucura que se apoderou como colar, Me dá voltas nas voltas mas me segura não vai estrangular, É preciso apenas acreditar que nada foi em vão e vai voltar! As saudades frescas a vontade mais forte de te vir a poder amar, Sejam esses os caminhos de dois seres que acreditaram nesse amar, Uma febre fresca, um alívio doce, um jeito sem força, apenas te amar! Autor: António Benigno Pelos caminhos do tempo pelas vontades do vento apenas gestos e palavras certas!
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 5:02 AM UTC
Se hoje o céu é cinzento
-Esta noche no sales, te secuestro, aquí está tu sillón, aquí tu lámpara, tu pluma, tu tintero, tus cuartillas, escribe, o lee, o sueña, o no hagas nada. Esta noche no sales, te secuestro, con mis tijeras cortaré tus alas. Recorreré las piezas diligente, iré, por ver la noche, a la ventana... Fastidiaos, diré, hondas tinieblas, rústicas brisas, estrellitas pampas, esta noche no es para vosotras, su meditar llena de luz la casa. Aflojaré después las ropas mías, esponjaré mi cabellera blanda, te serviré un café como tú quieras, escribirás las últimas palabras, y verás qué reposo el de tu cuerpo: de tu sillón, un paso, y a la cama. Las almohadas creerás montón de flores, frescas hojas las sábanas... Y estarás dormitando todavía, cuando entraré con silenciosa planta a nuestro cuarto; tocaré tu hombro, estirarás una pereza larga, y ante tus ojos, de mis brazos puros, rodará dulcemente la mañana.
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Ella dice
Lavandeira Aldeias dispersas á tua volta, Lá longe o infinito horizonte, Com aconchego ela se encontra, Pomposo castelo no cimo do monte. Fontes frescas, cristalinas e antigas, Verões quentes que trazeis tantas fadigas, Ruas envaidecidas com suas flores, Santa Eufémia e tantos fervores. Majestosa sobre proteção de sobreiros e penedos, Colinas caídas em direção ao douro, Céu azul, trigo loiro, Rodeada de oliveiras e vinhedos. Victor Marques
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Apr 29, 2013
Apr 29, 2013 at 6:39 AM UTC
Lavandeira
Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado.   Sin placer y sin fortuna, pasó como una quimera mi juventud, la primera... la sola, no hay más que una: la de dentro es la de fuera.   Pasó como un torbellino, bohemia y aborrascada, harta de coplas y vino, mi juventud bien amada.   Y hoy miro a las galerías del recuerdo, para hacer aleluyas de elegías desconsoladas de ayer.   ¡Adiós, lágrimas cantoras, lágrimas que alegremente brotabais, como en la fuente las limpias aguas sonoras!   ¡Buenas lágrimas vertidas por un amor juvenil, cual frescas lluvias caídas sobre los campos de abril!   No canta ya el ruiseñor de cierta noche serena; sanamos del mal de amor que sabe llorar sin pena.   Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado.
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Coplas mundanas
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Enereida
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Phocás el campesino, hijo mío, que tienes en apenas escasos meses de vida, tantos dolores en tus ojos que esperan tantos llantos por el fatal pensar que revelan tus sienes...Tarda a venir a este dolor adonde vienes, a este mundo terrible en duelos y en espantos; duerme bajo los Ángeles, sueña bajo los Santos, que ya tendrás la Vida para que te envenenes...Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas, perdóname el fatal don de darte la vida que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;pues tú eres la crisálida de mi alma entristecida, y te he de ver, en medio del triunfo que merezcas renovando el fulgor de mi psique abolida.
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A phocás, el campesino
...y las muchachas andan con las piernas desnudas: ¿por qué las utilizan para andar? Mentalmente repaso oficios convincentes para ellas -las piernas-, digamos: situaciones más útiles al hombre que las mira despacio, silbando entre los dientes una canción recuperada apenas           -ese oficio no me gusta...- en el acantilado del olvido. Si bien se mira, bien se ve que todas son bellas: las que pasan llevando hacia otro sitio cabellos, voces, senos, ojos, gestos, sonrisas; las que permanecen cruzadas, dobladas como ramas bajo el peso de la belleza cálida, caída desde el dulce abandono de los cuerpos sentados; las esbeltas y largas; las tersas y bruñidas; las cubiertas de leve vello, tocadas por la gracia de la luz, color miel, comestibles y apetitosas como frutas frescas; y también -sobre todo- aquellas que demoran su pesado trayecto hasta el tobillo en el curvo perfil que delimita las pueriles, alegres, inocentes, irreflexivas, blancas pantorrillas. Pensándolo mejor, duele mirarlas: tanta gracia dispersa, inaccesible, abandonada entre la primavera, abruma el corazón del conmovido espectador que siente la humillante quemadura de la renuncia, y maldice en voz baja, y se apoya en la verja del estanque, y mira el agua, y ve su propio rostro, y escupe distraído, mientras sigue con los ojos los círculos que trazan en la tensa superficie su soledad, su miedo, su saliva.
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Jardín público con piernas particulares
Al pie de un roble escarchado donde Belardo el amante desbarató un tosco nido que habían tejido las aves, de breves pasadas glorias, de presentes largos males, así se queja diciendo: quien tal hace, que tal pague. La bella Filis un día, al tiempo que el sol esparce sus rayos por todo el suelo, dorando montes y valles, sintiendo que el corazón se le divide en dos partes, así el [lo] mesmo decía: quien tal hace, que tal pague. Hice a los desdenes guerra, guerra desdenes me hacen; maté a Belardo con celos, celos es bien que me maten. No atendí siendo llamada, agora no me oye nadie; con justa causa padezco: quien tal hace, que tal pague. Desamé a Belardo un tiempo, y el amor para vengarse, quiere que le quiera agora, y que él me olvide y desame. Dejadme, pasiones frescas, frescas pasiones, dejadme vivir para que publique: quien tal hace, que tal pague. No le da pena el rigor del frío tiempo que hace, que el fuego de amor la ampara que dentro en su pecho nace. Dando de coraje voces, que revienta de coraje, dice por momentos Filis: quien tal hace, que tal pague. ¿Do está, Belardo, la fe que prometiste guardarme? más yo la quebré primero, tú puedes de mí quejarte. Diste primero en quererme, yo primero en olvidarte, tú harta disculpa tienes: quien tal hace, que tal pague. Sacó del seno un papel y con mil ansias le abre, y antes de leerle todo le arruga, rompe y deshace diciendo: «Yo soy la causa, no tengo de quién quejarme, quien dio la causa revienta: quien tal hace, que tal pague».
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Al pie de un roble escarchado donde Belardo el amante desbarató un tosco nido que habían tejido las aves, de breves pasadas glorias, de presentes largos males, así se queja diciendo: quien tal hace, que tal pague. La bella Filis un día, al tiempo que el sol esparce sus rayos por todo el suelo, dorando montes y valles, sintiendo que el corazón se le divide en dos partes, así el [lo] mesmo decía: quien tal hace, que tal pague. Hice a los desdenes guerra, guerra desdenes me hacen; maté a Belardo con celos, celos es bien que me maten. No atendí siendo llamada, agora no me oye nadie; con justa causa padezco: quien tal hace, que tal pague. Desamé a Belardo un tiempo, y el amor para vengarse, quiere que le quiera agora, y que él me olvide y desame. Dejadme, pasiones frescas, frescas pasiones, dejadme vivir para que publique: quien tal hace, que tal pague. No le da pena el rigor del frío tiempo que hace, que el fuego de amor la ampara que dentro en su pecho nace. Dando de coraje voces, que revienta de coraje, dice por momentos Filis: quien tal hace, que tal pague. ¿Do está, Belardo, la fe que prometiste guardarme? más yo la quebré primero, tú puedes de mí quejarte. Diste primero en quererme, yo primero en olvidarte, tú harta disculpa tienes: quien tal hace, que tal pague. Sacó del seno un papel y con mil ansias le abre, y antes de leerle todo le arruga, rompe y deshace diciendo: «Yo soy la causa, no tengo de quién quejarme, quien dio la causa revienta: quien tal hace, que tal pague».
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Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Elogio de la seguidilla
Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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...Eres tan misteriosa como la voz del viento Eres tan atrayente como un abismo ¡Abismo lleno de rosas frescas! ...Eres, como el contento, expresiva y voluble. Ama el romanticismo tu alma, le dispensa igual recibimiento a la blanca ilusión que al ***** sensualismo. Eres tan turbadora como un presentimiento, y cruel y a la paz piadosa, tal como un espejismo. Por esas vaguedades que en tu ser adivino, por saberte dudosa, por saberte imprecisa, y porque nada esperas de Dios ni del destino. Yo amo tu alma, sutil como un jirón de brisa, y tu cuerpo estatuario, que son la ostia y el vino con que consagro a Venus esta erótica misa.
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Eres tan misteriosa
Me vestiré de blanco, me aromaré de rosas, E iremos por las rutas que huelen a tomillo, Igual que una zagala va con su pastorcillo En busca de lejanas capillas milagrosas.   He de tener las manos frescas como de agua. Has de tener los labios dulces como de fresa. Y en el ruedo crujiente de mi cándida enagua Cien espinas fragantes prenderán la maleza.   Y dirán los labriegos que se paren a vernos: La morena zagala de sonrisa encantada, Con el pastor de ojos encantados y tiernos Se vá, ruta adelante y olvida la majada.   Y reiremos, reiremos llenos de maravilla Por ser libres y alegres, por ser locos y castos, Dueños indiscutibles de toda la gramilla, De las moras maduras y los ásperos pastos.   Y después, al retorno, cual de nuevo moldeados, Tez caldeada, alma clara, frente limpia y serena. Y en los ojos en alto, todavía extasiados, Una imprevista llama de bondad nazarena.
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El buen día
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada. Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar. Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura. En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos. Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente.         ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del "Te quiero siempre". En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
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Pequeño vals vienés
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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Autumnal
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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Todavía la vieja tentación de los cuerpos felices y de la juventud tiene atractivo para mí, no me deja dormir y esta noche me excita.Porque alguien contó historias de pescadores en la playa, cuando vuelven: la raya del amanecer marcando, lívida, el límite del mar, y asan sardinas frescas en espetones, sobre la arena. Lo imagino enseguida. Y me coge un deseo de vivir y ver amanecer, acostándote tarde, que no está en proporción con la edad que ya tengo.Aunque quizás alivie despertarse a otro ritmo, mañana.                                 Liberado de las exaltaciones de esta noche, de sus fantasmas en blue jeans.Como libros leídos han pasado los años que van quedando lejos, ya sin razón de ser -obras de otro momento.                                     Y el ansia de llorar y el roce de la sábana, que me tenía inquieto en las odiosas noches de verano, el lujo de impaciencia y el don de la elegía y el don de disciplina aplicada al ensueño, mi fe en la gran historia... Soldado de la guerra perdida de la vida, mataron mi caballo, casi no lo recuerdo. Hasta que me estremece un ramalazo de sensualidad.Envejecer tiene su gracias. Es igual que de joven aprender a bailar, plegarse a un ritmo más insistente que nuestra experiencia. Y procura también cierto instintivo placer curioso, una segunda naturaleza.
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Antes de ser maduro