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"fresas" poems
Las frutas las he explicado. Quizá fue por tu inclinar hacia el bancal de fresas y cuando no se seca en mí flor ninguna quizá es porque a ti te ha el gozo ya incitado a coger una. Sé como estabas corriendo; tan de pronto, sofocada, esperando estabas enfretandote a mi cara. Sentado a tu lado porque estabas durmiendo; y rosada yacía tu izquierda mano.
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Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 10:27 AM UTC
Sin título
Bebo del agua limpia y clara del arroyo Y vago por los campos  teniendo por apoyo Un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido Que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.   Así paso los días, morena y descuidada, Sobre la suave alfombra de la grama aromada, Comiendo de la carne jugosa de las fresas O en busca de fragantes racimos de frambuesas.   Mi cuerpo está impregnado el aroma ardoroso De los pastos maduros. Mi cabello sombroso Esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno, A salvia, a yerbabuena  y a flores de centeno.   ¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena, Cual si fuera la diosa del trigo y de la avena!             ¡Soy casta como Diana Y huelo a hierba clara nacida en la mañana!
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Salvaje
Velay! Velay! Melusina, velay! Melusina de oro -en el cabello y en el vello leve 1 que el labio te sombrea y las mejillas-. 2 Velay! Melusina de aciano -palpitantes, azúreos, lientos ojos-. Velay! Melusina la blonda -los sonrosados labios, el cuello sonrosado, sonrosados tesoros escondidos...- Velay! Velay! Melusina, velay! Melusina de oro: ¿cuándo reventarán los azahares? ¿cuándo el sabor caliente de tus llenos labios golosos gustará mi gula? ¿cuándo aquellos tesoros escondidos que -apenas- vislumbrará el ojo hambriento (bastión bicupulado -diminutas cúpulas desafiantes- que decora sangriento par de diminutas fresas; nemorosos retiros bajo los tibios brazos; nemoros retiros...?) ¿cuándo aquéllos tesoros recatados golosamente gustará mi gula? ¿cuándo reventarán los azahares? Velay! Velay! Melusina, velay! Melusina de oro -en el cabello y en el vello leve... 3 Velay! Melusina de aciano, velay! Melusina la blonda, velay! velay! Melusina...
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Canción de melusina
¡Canastito repleto de fresas! ¡Ay, si él estuviese esta tarde conmigo en la mesa! ¡Tanto como gusta de las últimas fresas redondas que las lluvias de Marzo maduran! Y después que las hemos comido, lentamente besarme en los labios que ellas ponen fragantes y vivos. ¡Oh cestito cestito de fresas que forrado de pámpanos verdes has traído la pena a mi mesa! ¿Dónde se halla a esta hora el ausente? ¿Con quién come? ¿Qué piensa? ¿Qué hace que sabiéndome triste no vuelve? ¡Para qué habrán traído estas fresas! ¡Para qué quiero aroma en los labios si él no está hoy a mi lado en la mesa!
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La merienda triste
A fuerza de quererte me he convertido, Amor, en alma en pena. ¿Por qué, Fuensanta mía, si mi pasión de ayer está ya muerta y en tu rostro se anuncian los estragos de la vejez temida que se acerca, tu boca es una invitación al beso como lo fue en lejanas primaveras? Es que mi desencanto nada puede contra mi condición de ánima en pena si a pesar de tus párpados exangües y las blancuras de tu faz anémica, aún se tiñen tus labios con el color sangriento de las fresas. A fuerza de quererte me he convertido, Amor, en alma en pena, y en el candor angélico de tu alma seré una sombra eterna...
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Tema ii
Dijo sus secretos el faisán de oro: -En el gabinete mi blanco tesoro, de sus claras risas el divino coro,las bellas figuras de los gobelinos, los cristales llenos de aromados vinos, las rosas francesas en los vasos chinos.(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia donde en el retiro de la dulce estancia esas frescas rosas dieron su fragancia.)La cena esperaba. Quitadas las vendas, iban mil amores de flechas tremendas en aquella noche de Carnestolendas.La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña apuró mi boca vino de su viña.Vino de la viña de la boca loca, que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca!En su boca ardiente yo bebí los vinos, y, pinzas rosadas, sus dedos divinos me dieron las fresas y los langostinos.Yo la vestimenta de Pierrot tenía, y aunque me alegraba y aunque me reía, moraba en mi alma la melancolía.La carnavalesca noche luminosa dio a mi triste espíritu la mujer hermosa, sus ojos de fuego, sus labios de rosa.Y en el gabinete del café galante ella se encontraba con su nuevo amante, peregrino pálido de un país distante.Llegaban los ecos de vagos cantares y se despedían de sus azahares miles de purezas en los bulevares.Y cuando el champaña me cantó su canto, por una ventana vi que un ***** manto de nube, de Febo cubría el encanto.Y dije a la amada un día: -¿No viste de pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe?Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro: -«¡Pierrot, ten por cierto que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»
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El faisán
Dijo sus secretos el faisán de oro: -En el gabinete mi blanco tesoro, de sus claras risas el divino coro,las bellas figuras de los gobelinos, los cristales llenos de aromados vinos, las rosas francesas en los vasos chinos.(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia donde en el retiro de la dulce estancia esas frescas rosas dieron su fragancia.)La cena esperaba. Quitadas las vendas, iban mil amores de flechas tremendas en aquella noche de Carnestolendas.La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña apuró mi boca vino de su viña.Vino de la viña de la boca loca, que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca!En su boca ardiente yo bebí los vinos, y, pinzas rosadas, sus dedos divinos me dieron las fresas y los langostinos.Yo la vestimenta de Pierrot tenía, y aunque me alegraba y aunque me reía, moraba en mi alma la melancolía.La carnavalesca noche luminosa dio a mi triste espíritu la mujer hermosa, sus ojos de fuego, sus labios de rosa.Y en el gabinete del café galante ella se encontraba con su nuevo amante, peregrino pálido de un país distante.Llegaban los ecos de vagos cantares y se despedían de sus azahares miles de purezas en los bulevares.Y cuando el champaña me cantó su canto, por una ventana vi que un ***** manto de nube, de Febo cubría el encanto.Y dije a la amada un día: -¿No viste de pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe?Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro: -«¡Pierrot, ten por cierto que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»
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