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"floreciente" poems
Disculpa mi mirada Pequeña flor de bronce La curiosidad embriaga Por como te mostrarás Floreciente Y el brillo del rocío matinal Le ruego al sol Aparece ahora y revela El objeto de mi deseo Siente mi aliento, pequeña flor Como unos labios suavemente exploran Y remplazan mis pasiones Con tu dulce aroma Mi ambición es mejorar Y mantener la esmeralda con cuidados No temas al abrazo Y saborea el néctar que compartes ~ Scott Mitchell
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Dec 23, 2012
Dec 23, 2012 at 7:26 PM UTC
Entre los pétalos
Cantando vas, riendo por el agua, por el aire silbando vas, riendo, en ronda azul y oro, plata y verde, dichoso de pasar y repasar entre el rojo primer brotar de abril, ¡forma distinta, de instantáneas igualdades de luz, vida, color, con nosotros, orillas inflamadas! ¡Qué alegre eres tú, ser, con qué alegría universal eterna! ¡Rompes feliz el ondear del aire, bogas contrario el ondular del agua! ¿No tienes que comer ni que dormir? ¿Toda la primavera es tu lugar? ¿Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo? ¡No hay temor en tu gloria; tu destino es volver, volver, volver, en ronda plata y verde, azul y oro, por una eternidad de eternidades! Nos das la mano, en un momento de afinidad posible, de amor súbito, de concesión radiante; y, a tu contacto cálido, en loca vibración de carne y alma, nos encendemos de armonía, nos olvidamos, nuevos, de lo mismo, lucimos, un instante, alegres de oro. ¡Parece que también vamos a ser perennes como tú, que vamos a volar del mar al monte, que vamos a saltar del cielo al mar, que vamos a volver, volver, volver por una eternidad de eternidades! ¡Y cantamos, reímos por el aire, por el agua reímos y silbamos! ¡Pero tú no te tienes que olvidar, tú eres presencia casual perpetua, eres la criatura afortunada, el májico ser solo, el ser insombre, el adorado por calor y gracia, el libre, el embriagante robador, que, en ronda azul y oro, plata y verde, riendo vas, silbando por el aire, por el agua cantando vas, riendo!
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Criatura afortunada
Cantando vas, riendo por el agua, por el aire silbando vas, riendo, en ronda azul y oro, plata y verde, dichoso de pasar y repasar entre el rojo primer brotar de abril, ¡forma distinta, de instantáneas igualdades de luz, vida, color, con nosotros, orillas inflamadas! ¡Qué alegre eres tú, ser, con qué alegría universal eterna! ¡Rompes feliz el ondear del aire, bogas contrario el ondular del agua! ¿No tienes que comer ni que dormir? ¿Toda la primavera es tu lugar? ¿Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo? ¡No hay temor en tu gloria; tu destino es volver, volver, volver, en ronda plata y verde, azul y oro, por una eternidad de eternidades! Nos das la mano, en un momento de afinidad posible, de amor súbito, de concesión radiante; y, a tu contacto cálido, en loca vibración de carne y alma, nos encendemos de armonía, nos olvidamos, nuevos, de lo mismo, lucimos, un instante, alegres de oro. ¡Parece que también vamos a ser perennes como tú, que vamos a volar del mar al monte, que vamos a saltar del cielo al mar, que vamos a volver, volver, volver por una eternidad de eternidades! ¡Y cantamos, reímos por el aire, por el agua reímos y silbamos! ¡Pero tú no te tienes que olvidar, tú eres presencia casual perpetua, eres la criatura afortunada, el májico ser solo, el ser insombre, el adorado por calor y gracia, el libre, el embriagante robador, que, en ronda azul y oro, plata y verde, riendo vas, silbando por el aire, por el agua cantando vas, riendo!
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Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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El arado, el rastrillo y la luciente Reja, y el aguijón que al buey hostiga, Y la hoz que segó copiosa espiga Y cortó yerba en campo floreciente, Ya le pesan, y el sol, en el poniente, Los consagra a Cibeles, Diosa amiga, Porque vencido en terrenal fatiga, El brazo, al fin, desfallecido siente. Casi un siglo su arado, en paz el alma, Cruzó la era con tajante filo. Vivió sin goces y envejece en calma; Y piensa que cansado de su siega, Entre los muertos segará, tranquilo, Campos de sombra que el Erebo riega.
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El labrador
Al bastón que le vistes en la mano Con aspecto Real y floreciente, Obedeció pacífico el Tridente Del verde Emperador del Oceano. Fueron oprobio al Belga y Luterano Sus órdenes, sus Armas y su gente; Y en su consejo y brazo, felizmente Venció los Hados el Monarca Hispano. Lo que en otros perdió la cobardía, Cobró armado y prudente su denuedo, Que sin victorias no contó algún día. Esto fue don Fadrique de Toledo. Hoy nos da, desatado en sombra fría, Llanto a los ojos, y al discurso miedo.
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Al túmulo de don fadrique de toledo
(Llueve, llueve dulcemente...) ... El agua lava la yedra; rompe el agua verdinegra; el agua lava la piedra... Y en mi corazón ardiente, llueve, llueve dulcemente. Esta el horizonte triste; ¿el paisaje ya no existe?; un dia rosa persiste en el pálido poniente... Llueve, llueve dulcemente. Mi frente cae en mi mano. ¡Ni una mujer, ni un hermano! ¡Mi juventud pasa en vano! -Mi mano deja mi frente...- ¡Llueve, llueve dulcemente! ¡Tarde, llueve; tarde, llora; que, aunque hubiera un sol de aurora no llegaría mi hora luminosa y floreciente! ¡Llueve, llora dulcemente!
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Lluvia de otoño