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"dispersa" poems
El sol dentro del día                                       El frío dentro del sol. Calles sin nadie                               autos parados Todavía no hay nieve                                       hay viento viento Arde todavía                           en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás en otro cuarto idéntico O los dos estamos en una calle que tu mirada ha despoblado El mundo imperceptiblemente se deshace                                                             Memoria desmoronada bajo nuestros pasos Estoy parado a la mitad de esta línea no escrita Las puertas se abren y cierran solas                                                                     El aire entra y sale por nuestra casa                                                         El aire habla a solas al hablar contigo                                                         El aire sin nombre por el pasillo interminable No se sabe quién está del otro lado                                                                 El aire vuelve aire todo lo que toca                                                   El aire con dedos de aire disipa lo que digo Soy aire que no miras No puedo abrir tus ojos                                             No puedo cerrar la puerta El aire se ha vuelto sólido Esta hora tiene la forma de una pausa La pausa tiene tu forma Tú tienes la forma de una fuente no de agua sino de tiempo En lo alto del chorro de la fuente saltan mis pedazos el fui     el soy   el no soy todavía Mi vida no pesa                           El pasado se adelgaza El futuro es un poco de agua en tus ojos Ahora tienes la forma de un puente Bajo tus arcos navega nuestro cuarto Desde tu pretil nos vemos pasar Ondeas en el viento más luz que cuerpo En la otra orilla el sol crece                                                 al revés Sus raíces se entierran en el cielo Podríamos ocultarnos en su follaje Con sus ramas prendemos una hoguera El día es habitable El frío ha inmovilizado al mundo El espacio es de vidrio                                         El vidrio es de aire Los ruidos más leves erigen súbitas esculturas el eco las multiplica y las dispersa Tal vez va a nevar Tiembla el árbol encendido Ya está rodeado de noche Al hablar con él hablo contigo
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Trowbridge street
El sol dentro del día                                       El frío dentro del sol. Calles sin nadie                               autos parados Todavía no hay nieve                                       hay viento viento Arde todavía                           en el aire helado un arbolito rojo Hablo con él al hablar contigo Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje Tú estás en otro cuarto idéntico O los dos estamos en una calle que tu mirada ha despoblado El mundo imperceptiblemente se deshace                                                             Memoria desmoronada bajo nuestros pasos Estoy parado a la mitad de esta línea no escrita Las puertas se abren y cierran solas                                                                     El aire entra y sale por nuestra casa                                                         El aire habla a solas al hablar contigo                                                         El aire sin nombre por el pasillo interminable No se sabe quién está del otro lado                                                                 El aire vuelve aire todo lo que toca                                                   El aire con dedos de aire disipa lo que digo Soy aire que no miras No puedo abrir tus ojos                                             No puedo cerrar la puerta El aire se ha vuelto sólido Esta hora tiene la forma de una pausa La pausa tiene tu forma Tú tienes la forma de una fuente no de agua sino de tiempo En lo alto del chorro de la fuente saltan mis pedazos el fui     el soy   el no soy todavía Mi vida no pesa                           El pasado se adelgaza El futuro es un poco de agua en tus ojos Ahora tienes la forma de un puente Bajo tus arcos navega nuestro cuarto Desde tu pretil nos vemos pasar Ondeas en el viento más luz que cuerpo En la otra orilla el sol crece                                                 al revés Sus raíces se entierran en el cielo Podríamos ocultarnos en su follaje Con sus ramas prendemos una hoguera El día es habitable El frío ha inmovilizado al mundo El espacio es de vidrio                                         El vidrio es de aire Los ruidos más leves erigen súbitas esculturas el eco las multiplica y las dispersa Tal vez va a nevar Tiembla el árbol encendido Ya está rodeado de noche Al hablar con él hablo contigo
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Hoje sinto que aquela bola de sabão existe! É uma bola de verdade, leve e livre, pelo vento, Sente-se os sons das palavras, que expeliste, Sentiu-se aqui o timbre, presente do alento! O longo curso, no horizonte dessa montanha, Que um dia essa bola quis seguir, sente-se aqui! Brilham olhares atentos à noite, agora estranha, O olhar de bolas voando vê-se agora até daqui! Desperta solto e livre o sol de medo dos ventos, Dispersa cores cinza, que o habitaram por tempos, Ouvem-se desejos de liberdade, nestes momentos, Quem sabe agora, o tom dos seus passatempos? Não vejo os Invernos, nem se sente o tom do inferno, Plana sobre a linda natureza um cheiro aflito e difuso, Que sonho teve o vento, que te levou e trouxe, recluso! Voa-as pelos *** e nem sabes mais a forma do parafuso! Os círculos controversos do prender da abertura das portas, Sustentam como metal idêntico as formas do pensamento, Não importa ser bola de sabão e voar ao saber do vento, Foi disposição para soltar amarras e viver o que hoje adoras! O homem fez-se fora e a mulher vê-se agora, ambos cintilantes, Todos os medos e costumes, já doentios, na hora do descanso, Quando à noite no silêncio, os medos dos sons são abundantes, Fogem sorridentes porque mesmo carentes têm seu descanso! Autor: António Benigno Código de autor: 2013.09.18.02.23
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Sep 18, 2013
Sep 18, 2013 at 8:36 AM UTC
Vê-se a bola de sabão
De estas calles que ahondan el poniente, una habrá (no sé cuál) que he recorrido ya por última vez, indiferente y sin adivinarlo, sometido a Quién prefija omnipotentes normas y una secreta y rígida medida a las sombras, los sueños y las formas que destejen y tejen esta vida. Si para todo hay término y hay tasa y última vez y nunca más y olvido ¿quién nos dirá de quién, en esta casa, sin saberlo nos hemos despedido? Tras el cristal ya gris la noche cesa y del alto de libros que una trunca sombra dilata por la vaga mesa, alguno habrá que no leeremos nunca. Hay en el Sur más de un portón gastado con sus jarrones de mampostería y tunas, que a mi paso está vedado como si fuera una litografía. Para siempre cerraste alguna puerta y hay un espejo que te aguarda en vano; la encrucijada te parece abierta y la vigila, cuadrifronte, Jano. Hay, entre todas tus memorias, una que se ha perdido irreparablemente; no te verán bajar a aquella fuente ni el blanco sol ni la amarilla luna. No volverá tu voz a lo que el persa dijo en su lengua de aves y de rosas, cuando el ocaso, ante la luz dispersa, quieras decir inolvidables cosas. ¿Y el incesante Ródano y el lago, todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino? Tan perdido estará como Cartago que con fuego y con sal borró el latino. Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son los que me han querido y olvidado; espacio y tiempo y Borges ya me dejan.
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Límites
Madrugada dispersa …sin esencia Ella llegó a mi vida robándola… cuando al fin no la necesito Aunque ningún ser trate de vivir …sin esencia Evolucioné de repente me transformé en un ser definido inmune… a cualquiera de los problemas Oscuros obstáculos que se alejan cuando voy tras de ti tratando de asimilar el estilo de tu hurto Miradas vacías que me enloquecen demasiado robando cada pedazo del pasado que capturas con tu encanto Tarea fácil para usted ladrona Que perturba mis amaneceres llevándose todo mi sueño llevándose todo aquello que me deja vivir ahora Siguiendo con ella …robándose la esencia
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Jul 22, 2010
Jul 22, 2010 at 8:51 AM UTC
Le voleur de mon essence
Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante, fija en la rotación del mediodía, sol que no se consume ni se enfría de cenizas y llama equidistante. Tu salto es un segundo congelado que ni apresura el tiempo ni lo mata: preso en su movimiento ensimismado tu cuerpo de sí mismo se desata y cae y se dispersa tu blancura y vuelves a ser agua y tierra oscura.
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Sonetos - i
...y las muchachas andan con las piernas desnudas: ¿por qué las utilizan para andar? Mentalmente repaso oficios convincentes para ellas -las piernas-, digamos: situaciones más útiles al hombre que las mira despacio, silbando entre los dientes una canción recuperada apenas           -ese oficio no me gusta...- en el acantilado del olvido. Si bien se mira, bien se ve que todas son bellas: las que pasan llevando hacia otro sitio cabellos, voces, senos, ojos, gestos, sonrisas; las que permanecen cruzadas, dobladas como ramas bajo el peso de la belleza cálida, caída desde el dulce abandono de los cuerpos sentados; las esbeltas y largas; las tersas y bruñidas; las cubiertas de leve vello, tocadas por la gracia de la luz, color miel, comestibles y apetitosas como frutas frescas; y también -sobre todo- aquellas que demoran su pesado trayecto hasta el tobillo en el curvo perfil que delimita las pueriles, alegres, inocentes, irreflexivas, blancas pantorrillas. Pensándolo mejor, duele mirarlas: tanta gracia dispersa, inaccesible, abandonada entre la primavera, abruma el corazón del conmovido espectador que siente la humillante quemadura de la renuncia, y maldice en voz baja, y se apoya en la verja del estanque, y mira el agua, y ve su propio rostro, y escupe distraído, mientras sigue con los ojos los círculos que trazan en la tensa superficie su soledad, su miedo, su saliva.
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Jardín público con piernas particulares
Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. Vienen de lejos hasta mí, se alzan, me embisten, me rodean.     Hacen nacer dentro del alma no sé qué antiguas inocencias. Alegría sobre las olas, en los troncos de las palmeras, alegría de oros y azules bajo la luz que se dispersa. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta.)     He podado las viejas ramas que maduró el dolor. Las viejas ramas. Ya el árbol tiene blancas flores, y frutas opulentas.     Tras el dolor consigue el alma su plenitud. Sólo así llega a reposar en la alegría, a sentirse total y nueva.     He podado las viejas ramas. (Yo pregunté sin que me oyeran. Quise saber si era el otoño: tenía el cielo una luz vieja, un oro pálido y sereno, como las hojas secas. Veía siempre una gaviota planear sobre mi cabeza). He podado las viejas ramas, la vida entera. Enterré en el fondo del pozo mi clara estrella. He podado las viejas ramas. Puse luz en mi noche negra para que hoy beba su alegría la pobre alma...                                 Me rodean. Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. El alma bebe su alegría entre las olas. Se despierta de su mal sueño. Arena casi maternal. Entre las palmeras hay aves de oro, frutos de oro, niños de oro, doradas hierbas. Las olas rompen y me embisten, y me visten de blancas yedras. ¡Alegría sobre las olas disparando loca sus flechas! Despiertan dentro de mi alma no sé qué antiguas inocencias.     Alegría sólo presente para que siempre sea eterna. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta).
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Olas
Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. Vienen de lejos hasta mí, se alzan, me embisten, me rodean.     Hacen nacer dentro del alma no sé qué antiguas inocencias. Alegría sobre las olas, en los troncos de las palmeras, alegría de oros y azules bajo la luz que se dispersa. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta.)     He podado las viejas ramas que maduró el dolor. Las viejas ramas. Ya el árbol tiene blancas flores, y frutas opulentas.     Tras el dolor consigue el alma su plenitud. Sólo así llega a reposar en la alegría, a sentirse total y nueva.     He podado las viejas ramas. (Yo pregunté sin que me oyeran. Quise saber si era el otoño: tenía el cielo una luz vieja, un oro pálido y sereno, como las hojas secas. Veía siempre una gaviota planear sobre mi cabeza). He podado las viejas ramas, la vida entera. Enterré en el fondo del pozo mi clara estrella. He podado las viejas ramas. Puse luz en mi noche negra para que hoy beba su alegría la pobre alma...                                 Me rodean. Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. El alma bebe su alegría entre las olas. Se despierta de su mal sueño. Arena casi maternal. Entre las palmeras hay aves de oro, frutos de oro, niños de oro, doradas hierbas. Las olas rompen y me embisten, y me visten de blancas yedras. ¡Alegría sobre las olas disparando loca sus flechas! Despiertan dentro de mi alma no sé qué antiguas inocencias.     Alegría sólo presente para que siempre sea eterna. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta).
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Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella. Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio, ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocarla ahora, para qué entristecerla. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío.
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Poema 11
Meus olhos se encharcam de vermelho E respiro o silêncio artificial da tarde, naquele santuário abandonado, em meio aos destroços A tormenta do viver é a consciência dos sentidos que me dispersa. Então, como bom hedonista, a fuga que encontro é o dispersar-se de si. Medroso, adormeço. Três vezes acordo e três são as minhas tentativas desconfortáveis do folhear de páginas uma vez já lidas. Diferente disso é morrer E morrer não quero jamais Não vou.
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Nov 15, 2014
Nov 15, 2014 at 4:46 PM UTC
Coágulo
La Rita tiene que tiene tal meneo cuando anda, que arriba mueve los senos y que abajo las enaguas. La nariz tiene picuda y la mejilla picada, y una melena cortita de greñas tristes y lacias en que clava una peineta, cual su boca, desdentada. Azares de su destino la trajeron a esta casa, que es hermana de escribanos que en el pueblo lucen chapa. En algún lance le hicieron rosa viva las entrañas, y en su cuidado dispersa casi todo lo que gana: mas la que le tiene el chico se bebe lo que le mandan sin que se atreva a quitárselo.
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La rita
Ô saisons ô châteaux, Quelle âme est sans défauts ? Ô saisons, ô châteaux, J'ai fait la magique étude Du Bonheur, que nul n'élude. Ô vive lui, chaque fois Que chante son coq gaulois. Mais ! je n'aurai plus d'envie, Il s'est chargé de ma vie. Ce Charme ! il prit âme et corps. Et dispersa tous efforts. Que comprendre à ma parole ? Il fait qu'elle fuie et vole ! Ô saisons, ô châteaux ! Et, si le malheur m'entraîne, Sa disgrâce m'est certaine. Il faut que son dédain, las ! Me livre au plus prompt trépas ! - Ô Saisons, ô Châteaux !
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Ô saisons, ô châteaux
Aquí, proa de Europa preñadamente en ***** aquí, talón sangrante del bárbaro Occidente; áspid en piedra viva, que el mar dispersa y junta; pánica Iberia, silo del sol, haza crujiente. Tremor de muerte, eterno tremor escarnecido, ávidamente orzaba la proa hacia otra vida, en tanto que el talón, en tierra entrometido, pisaba, horrible, el rostro de América adormida. ¡Santiago y cierra España! Derrostran con las uñas y con los dientes rezan a un Dios de infierno en ristre, encielan a sus muertos, entierran las pezuñas en la más ardua historia que la Historia registre. Alángeles y arcángeles se juntan contra el hombre. Y el hambre hace su presa, los túmulos su agosto. Tres años y cien caños de sangre Abel, sin nombre... (Insoportablemente terrible es su arregosto.) Madre y maestra mía, triste, espaciosa España, he aquí a tu hijo. Úngenos, madre. Haz habitable tu ámbito. Respirable tu extraña paz. Para el hombre, Paz. Para el aire, madre, paz.
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Hija de yago
Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un  desdén manso de las cosas y una emoción sutil y contrita que reza. Noble delicia desdeñar con un desdén que no se mide, bajo el equívoco nublado: alba que se insinúa, tarde que se despide. Sólo tú no eres desdeñada, pálida que al arrimo de la turbia vidriera, tejes en paz en la hora gris tejiendo los minutos de inmemorial espera. Llueve con quedo sonsonete, nos da el relámpago luz de oro y entra un suspiro, en vuelo de ave fragante y húmeda, a buscar tu regazo, que es refugio y decoro. ¡Oh, yo podría poner mis manos sobre tus hombros de novicia y sacudirte en loco vértigo por lograr que cayese sobre mí tu caricia, cual se sacude el árbol prócer (que preside las gracias floridas de un vergel) por arrancarle la primicia de sus hojas provectas y sus frutos de miel! Pero pareces balbucir, toda callada y elocuente: «Soy un frágil otoño que teme maltratarse» e infiltras una casta quietud convaleciente y se te ama en una tutela suave y leal, como a una párvula enfermiza hallada por el bosque un día de vendaval. Tejedora: teje en tu hilo la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; teje el silencio; teje la sílaba medrosa que cruza nuestros labios y que no dice nada; teje la fluida voz del Ángelus con el crujido de las puertas; teje la sístole y la diástole de los penados corazones que en la penumbra están alertas. Divago entre quimeras difuntas y entre sueños nacientes, y propenso a un llanto sin motivo, voy, con el ánima dispersa en el atardecer brumoso y efusivo, contemplándote, Amor, a través de una niebla de pésame, a través de una cortina ideal de lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto en un limbo sentimental.
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La tejedora
Tarde de lluvia en que se agravan al par que una íntima tristeza un  desdén manso de las cosas y una emoción sutil y contrita que reza. Noble delicia desdeñar con un desdén que no se mide, bajo el equívoco nublado: alba que se insinúa, tarde que se despide. Sólo tú no eres desdeñada, pálida que al arrimo de la turbia vidriera, tejes en paz en la hora gris tejiendo los minutos de inmemorial espera. Llueve con quedo sonsonete, nos da el relámpago luz de oro y entra un suspiro, en vuelo de ave fragante y húmeda, a buscar tu regazo, que es refugio y decoro. ¡Oh, yo podría poner mis manos sobre tus hombros de novicia y sacudirte en loco vértigo por lograr que cayese sobre mí tu caricia, cual se sacude el árbol prócer (que preside las gracias floridas de un vergel) por arrancarle la primicia de sus hojas provectas y sus frutos de miel! Pero pareces balbucir, toda callada y elocuente: «Soy un frágil otoño que teme maltratarse» e infiltras una casta quietud convaleciente y se te ama en una tutela suave y leal, como a una párvula enfermiza hallada por el bosque un día de vendaval. Tejedora: teje en tu hilo la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada; teje el silencio; teje la sílaba medrosa que cruza nuestros labios y que no dice nada; teje la fluida voz del Ángelus con el crujido de las puertas; teje la sístole y la diástole de los penados corazones que en la penumbra están alertas. Divago entre quimeras difuntas y entre sueños nacientes, y propenso a un llanto sin motivo, voy, con el ánima dispersa en el atardecer brumoso y efusivo, contemplándote, Amor, a través de una niebla de pésame, a través de una cortina ideal de lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto en un limbo sentimental.
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Cuando nada sucede, y el verano se ha ido, y las hojas comienzan a caer de los árboles, y el frío oxida el borde de los ríos y hace más lento el curso de las aguas; cuando el cielo parece un mar violento, y los pájaros cambian de paisaje, y las palabras se oyen cada vez más lejanas, como susurros que dispersa el viento; entonces, ya se sabe, es lo que pasa: esas hojas, los pájaros, las nubes, las palabras dispersas y los ríos, nos llenan de inquietud súbitamente y de desesperanza. No busquéis el motivo en vuestros corazones. Tan sólo es lo que dije: lo que pasa.
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A veces, en octubre, es lo que pasa...
Dans le beau siècle d'or, quand les premiers humains, Au milieu d'une paix profonde, Coulaient des jours purs et sereins, La vérité courait le monde Avec son miroir dans les mains. Chacun s'y regardait, et le miroir sincère Retraçait à chacun son plus secret désir Sans jamais le faire rougir ; Temps heureux, qui ne dura guère ! L'homme devint bientôt méchant et criminel. La vérité s'enfuit au ciel, En jetant de dépit son miroir sur la terre. Le pauvre miroir se cassa. Ses débris qu'au hasard la chute dispersa Furent perdus pour le vulgaire. Plusieurs siècles après on en connut le prix : Et c'est depuis ce temps que l'on voit plus d'un sage Chercher avec soin ces débris, Les retrouver parfois ; mais ils sont si petits, Que personne n'en fait usage. Hélas ! Le sage le premier Ne s'y voit jamais tout entier.
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Le miroir de la vérité
En la montaña negra el torrente delira en voz alta A esta misma hora tú avanzas entre precipicios por tu cuerpo dormido El viento lucha a obscuras con tu sueño maraña verde y blanca encina niña encina milenaria el viento te descuaja y te arrastra y te arrasa abre tu pensamiento y lo dispersa Torbellino tus ojos torbellino tu ombligo torbellino y vacío El viento te exprime como un racimo temporal en tu frente temporal en tu nuca y en tu vientre Como una rama seca el viento te avienta El torrente entra en tu sueño manos verdes y pies negros rueda por la garganta de piedra de la noche anudada a tu cuerpo de montaña dormida El torrente delira entre tus muslos soliloquio de piedras y de agua Por los acantilados de tu frente pasa un río de pájaros El bosque dobla la cabeza como un toro herido el bosque se arrodilla bajo el ala del viento cada vez más alto el torrente delira cada vez más hondo por tu cuerpo dormido cada vez más noche
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Temporal
A la Discordia bélica y al rudo Ares... Anciano ya soy; por eso ayúdame para colgar mi escudo de este poste, y mis armas melladas y mi rudo casco roto, que en lides siempre llevé yo ufano. Este arco también cuelga. Pues no querrás en vano que el cáñamo en él tuerza, porque brazo membrudo y fuerte, su madera jamás doblegar pudo. ¿O esperas que la cuerda logre templar mi mano? También, para colgado, toma el carcaj de cuero donde tus ojos buscan las flechas del arquero que el viento del combate con su furor dispersa. Está vacío, es cierto, pero serán halladas: búscalas en el campo de Maratón. Del Persa en la garganta, un día, quedáronse clavadas.
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Epigrama votivo