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"definitivo" poems
Eu queria ser grande, queria ter sonhos e ter esperança! Eu queria ser grande, ter sonhos e sentir confiança! Eu queria acreditar que existe esperança! Eu queria acreditar que sonhos são uma lembrança! Pois, quando eu sonho, eu acredito que eu quero aquilo, Aquilo, com que sonho, afinal é o que eu quero! Então e como podem explicar-me que o sonho, morreu! Alguém pode acreditar fielmente no definitivo e no impossível! Alguém pode dizer que não choverá nunca mais? Ou poderá afirmar, que o sol jamais se esconderá. Eu não acredito que eu sou um ser mau, E eu acredito que sou realmente feliz! Acredito que a minha felicidade depende dos meus amigos, Aqueles amigos que me são amigos! Não preciso que as pessoas finjam que a minha vida interessa, E não mereço ter pessoas dessas, a perturbar os meus sonhos! Sou suficientemente generoso, para com as pessoas que me são queridas! Porque elas só são a minha vida, porque eu necessito do seu carinho! Afinal de contas, ser amigo é ser prestável, disponível, Não basta dizer: - Eu sou o teu amigo! Hoje percebo que sonhos são por vezes lições, Sonhos são dádivas na escola da vida! Sonhos são os auxiliares de memória necessários, Para sobreviver neste mudo podre! Neste antro medonho de abutres! Mas amigos, eu sou feliz, no nosso oásis, Porque a vossa amizade alimenta os meus receios! Obrigado Autor: António Benigno Código de autor: 2012.02.12.01.04
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Aug 30, 2013
Aug 30, 2013 at 2:00 PM UTC
Eu um dia queria ser grande!
Qué esperanza considerar, qué presagio puro, qué definitivo beso enterrar en el corazón, someter en los orígenes del desamparo y la inteligencia, suave y seguro sobre las aguas eternamente turbadas? Qué vitales, rápidas alas de un nuevo ángel de sueños instalar en mis hombros desnudos para seguridad perpetua, de tal manera que el camino entre las estrellas de la muerte sea un violento vuelo comenzado desde hace muchos días y meses y siglos? Tal vez la debilidad natural de los seres recelosos y ansiosos busca de súbito permanencia en el tiempo y límites en la tierra, tal vez las fatigas y las edades acumuladas implacablemente se extienden como la ola lunar de un océano recién creado sobre litorales y tierras angustiosamente desiertas. Ay, que lo que yo soy siga existiendo y cesando de existir, y que mi obediencia se ordene con tales condiciones de hierro que el temblor de las muertes y de los nacimientos no conmueva el profundo sitio que quiero reservar para mí eternamente. Sea, pues, lo que soy, en alguna parte y en todo tiempo, establecido y asegurado y ardiente testigo, cuidadosamente destruyéndose y preservándose incesantemente, evidentemente empeñado en su deber original.
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Significa sombras
No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que -es evidente- disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo:                                   «no»,                                             mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda.
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Entreacto
No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que -es evidente- disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo:                                   «no»,                                             mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda.
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La santidad de la muerte llenó de paz tu semblante, y yo no puedo ya verte de mi memoria delante, sino en el sosiego inerte y glacial de aquel instante. En el ataúd exiguo, de ceras a la luz fatua, tenía tu rostro ambiguo qiuetud augusta de estatua en un sarcófago antiguo. Quietud con yo no sé qué de dulce y meditativo; majestad de lo que fue; reposo definitivo de quién ya sabe el porqué. Placidez, honda, sumisa a la ley; y en la gentil boca breve, una sonrisa enigmática, sutil, iluminando indecisa la tez color de marfil. A pesar de tanta pena como desde entonces siento, aquella visión me llena de blando recogimiento y unción..., como cuando suena la esquila de algún convento en una tarde serena...
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Viii. la santidad de la muerte
Si esta pobre existencia es como un puente colgante entre dos áridos mutismos vale decir entre dos muertes a todas luces (o mejor a todas sombras) lo inapelable lo definitivo lo importante vendría a ser la muerte ¿o no? somos cardúmenes de vivos que navegamos ciegos / consolables de muerte a muerte y sin escalas de esta tregua brevísima querría llevarme algunas cosas verbigracia el latido del amor el libro que releo en los insomnios la mirada sin niebla de los justos y otra vez el latido del amor esto de no ser más / de terminarse tiene algo de aventura o de presidio del ocaso al acaso media un palmo de la nada a la nada va una vida allá lejos / la simple ceremonia de esa boca de niño junto a un pecho de madre manantial es un envite inútil a la nada un simulacro espléndido / un adiós pero la nada espera / no se olvida de todas sus promesas serviciales sus lágrimas de paz y protocolo sus grietas en la tierra y en el cielo ¿cómo no ser curioso? ¿cómo no hacer apuestas a favor o en contra hasta que alguien pronuncie el no va más? estoy henchido de curiosidad callado como un pino en el crepúsculo cuando el sol / ese impar / muere de a poco y también él esconde sus vergüenzas curioso y en silencio / yo me espío a ver si la esperanza cicatriza o si las servidumbres se desmandan o si el secreto a voces me concierne estoy flotante de curiosidad ávido de saber o de sufrirme flotante entre mis miedos esclavo de mis auras señor de mis cenizas alguna vez la nada será mía y yo / curioso la venderé al mejor postor y si él / a su vez / desencantado la subasta en la plaza / podré esfumarme al fin como si nada
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Como si nada
Si esta pobre existencia es como un puente colgante entre dos áridos mutismos vale decir entre dos muertes a todas luces (o mejor a todas sombras) lo inapelable lo definitivo lo importante vendría a ser la muerte ¿o no? somos cardúmenes de vivos que navegamos ciegos / consolables de muerte a muerte y sin escalas de esta tregua brevísima querría llevarme algunas cosas verbigracia el latido del amor el libro que releo en los insomnios la mirada sin niebla de los justos y otra vez el latido del amor esto de no ser más / de terminarse tiene algo de aventura o de presidio del ocaso al acaso media un palmo de la nada a la nada va una vida allá lejos / la simple ceremonia de esa boca de niño junto a un pecho de madre manantial es un envite inútil a la nada un simulacro espléndido / un adiós pero la nada espera / no se olvida de todas sus promesas serviciales sus lágrimas de paz y protocolo sus grietas en la tierra y en el cielo ¿cómo no ser curioso? ¿cómo no hacer apuestas a favor o en contra hasta que alguien pronuncie el no va más? estoy henchido de curiosidad callado como un pino en el crepúsculo cuando el sol / ese impar / muere de a poco y también él esconde sus vergüenzas curioso y en silencio / yo me espío a ver si la esperanza cicatriza o si las servidumbres se desmandan o si el secreto a voces me concierne estoy flotante de curiosidad ávido de saber o de sufrirme flotante entre mis miedos esclavo de mis auras señor de mis cenizas alguna vez la nada será mía y yo / curioso la venderé al mejor postor y si él / a su vez / desencantado la subasta en la plaza / podré esfumarme al fin como si nada
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Regularmente en los últimos años se ha notado que, nosotros, sólo hemos aprendido a mantener un "horario de lamentos". Esto me preocupa ¿En qué momento todos nos perdimos a nosotros mismos? ¿Cuándo empezamos a depender de los demás? ¿Cuándo las notas de una canción marcan el momento definitivo de la noche?. ¿Cuándo nos volvimos tan vacíos al estar tan llenos?.
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Sep 9, 2017
Sep 9, 2017 at 1:40 PM UTC
Antes pt.2
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y se quedará mi huerto con su verde árbol, y con su pozo blanco. Todas las tardes el cielo será azul y plácido, y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario. Se morirán aquellos que me amaron y el pueblo se hará nuevo cada año; y lejos del bullicio distinto, sordo, raro del domingo cerrado, del coche de las cinco, de las siestas del baño, en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado, mi espíritu de hoy errará, nostáljico... Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido... Y se quedarán los pájaros cantando.
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El viaje definitivo
No, nunca fue lo oscuro tan oscuro. Y está acostado pero no en su lecho. Quiere moverse y se lo impide un muro. Un muro en derredor, largo y estrecho. Llama, y su voz resuena extrañamente, sin que acudan su madre ni su hijo. Y un súbito sudor hiela su frente, al palpar en su pecho un crucifijo. No, no hay duda: Esa sombra que lo aterra es sombra de ataúd bajo la tierra, y no es soñando, porque está despierto. Y lo aturde un pavor definitivo al comprender que se le dio por muerto y al comprobar que fue enterrado vivo Pero un día, al abrir la sepultura, se sabría su muerte verdadera. Si el ataúd mostrara la hendidura, de un golpe de su mano en la madera. Y al pensar de repente en el mañana, piensa también enloquecidamente en el espanto de la madre anciana y en el horror del hijo adolescente. Y allí, en la sombra, sin quejarse en vano sin dar un grito, sin alzar la mano, con una abnegación casi suicida cierra los ojos y se queda quieto porque así, solo así, será un secreto su horrible muerte de enterrado en vida.
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El resucitado