"cuencas" poems
Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.
La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.
La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.
Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.
Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!
Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
746
El sapo iscariote y ladrón
en la silla del juez,
repartiendo castigos y premios
¡en nombre de Cristo,
con la efigie de Cristo
prendida en el pecho!...
Y el hombre aquí de pie,
firme, erguido, sereno,
con el pulso normal,
con la lengua en silencio,
los ojos en sus cuencas
y en su lugar los huesos.
El sapo iscariote y ladrón
en la silla del juez,
repartiendo castigos y premios...
y yo tranquilo aquí
callad impasible, cuerdo... ¡cuerdo!
sin que me quiebre
el mecanismo del cerebro.
¿Cuándo se pierde el juicio?
Relojeros,
¿cuando enloquece el hombre?
¿Cuándo?
¿Cuándo es cuando se enuncian los conceptos
absurdos
y blasfemos,
y se hacen unos gestos sin sentido,
monstruosos y obscenos?
¿Cuándo es cuando se dice,
por ejemplo:
no es verdad
Dios no ha puesto
al hombre aquí en la Tierra
bajo la luz y la ley del Universo;
el hombre
es un insecto
que vive en las partes pestilentes y rojas
del mono y del camello?
¿Cuándo, si no es ahora
(yo pregunto loqueros),
cuándo es cuando se paran los ojos
y se quedan abiertos,
inmensamente abiertos,
sin que puedan cerrarlos ni la llama ni el viento?
¿Cuándo es cuando se cambian
las funciones del alma y los resortes del cuerpo,
y en vez de llanto
no hay más que risa y baba en nuestro gesto?
Si no es ahora,
ahora que la Justicia vale menos,
mucho menos, que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la Justicia
tiene menos,
infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora, ¿cuándo,
cuándo se pierde el juicio?
Respondedme, loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos
el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos.
Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario
fantasma del desierto,
y ..., ¡ni en España hay locos!
Todo el mundo está cuerdo,
terrible,
monstruosamente cuerdo.
¡Que bien marcha el reloj;
qué bien marcha el cerebro
este reloj, este cerebro -tic,tac... tic,tac, tic,tac...-
es un reloj perfecto..., perfecto... ¡perfecto!
737
La luna segó tres veces
su alba cosecha de nardos.
Tres veces sobre la mar
bailaron fantasmas blancos.
La novia espera alisando
su largo cabello *****
A veces, peine de plata;
a veces, peine de hierro.
Le dice al viento: -Ya viene.
La flor de la salvia reza:
-Yo formé almohada morada
para su triste cabeza.
La novia espera bordando,
en oro, banda de seda.
Por el camino una nube
espesa, de polvo denso.
Por el camino se acerca,
enlutado, un mensajero.
Pone la rodilla en tierra,
besa la mano de reina.
La novia mira a lo lejos
y grita ansiosa: -¡Ya llega!
Por el camino se acerca,
sangriento y mudo, un espectro.
Hinca la rodilla en tierra,
helado la boca besa
y lágrimas color sangre
caen en las vacías cuencas.
La novia cierra los ojos
y siente un frío de huesa.
Caminante apura el paso
y en esa puerta no llames
después que tras de los montes
se haya dormido la tarde.
En ese porche sombrío
todas las noches se aman
un espectro, que en el pecho
tiene sumida una daga,
y la novia que en el día
peinando el ***** cabello
aguarda pálida y triste
que regrese el caballero.
La noche se lo trae muerto
a recostarlo en su pecho.
698
Cuando tú duermas sola y olvidada
En un angosto féretro,
Y la cruz del Señor sobre tu fosa
Vele tu último sueño;
Cuando a caer empiecen tus mejillas
Y gusanos hambrientos
Hiervan entre las cuencas de tus ojos,
Que tan hermosos fueron;
Será el reposo para ti martirio;
Será martirio nuevo,
E irá tenaz remordimiento horrible
A morderte el cerebro.
Y aunque la santa cruz tu sueño ampare,
Ese remordimiento
Irá a tu fosa, donde duermes sola,
A remover tus huesos.
Seré el Remordimiento. Iré a buscarte
De noche, en el silencio;
Como una hiena que del día huye
Iré a turbar tu sueño;
Y con las uñas cavaré la tierra,
Y por la ira ciego
La cruz que marque tu postrer morada
Arrancaré del suelo.
¡Cómo en tu corazón el odio antiguo
He de saciar colérico!...
¡Y con qué gozo clavaré las uñas
En tu cárdeno seno!
A tus lívidas carnes he de unirme,
Y me uniré a tus huesos,
Como sombrío espectro de venganza,
O aborto del infierno.
Y a tus oídos, que en lejanos días
Mis quejas desoyeron,
Diré palabras que, cual hierro ardiente,
Quemarán tu cerebro.
Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes
En mí cruel veneno?»
Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas
De tus blondos cabellos?
¿No recuerdas la rubia cabellera
Que fue cual manto espléndido,
Y tus pupilas negras y profundas
Con fulgores de incendio?
¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle,
Las formas de tu cuerpo?
¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras,
Y tu rostro cuan bello?
¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste
Y cerraste tu pecho...
¡Y por una mirada de tus ojos
Feliz hubiera muerto!»
¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa
Levantaré tu cuerpo,
Y en la picota lo pondré desnudo
Como infamado reo.
Mis versos son picota en que a la burla
De los hombres te entrego,
Picota en que te entrego a la amargura
De indecibles tormentos.
Morirás otra vez. Te daré muerte
Con un martirio lento,
Y tu vergüenza -la venganza mía-
¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
718
una mañana de otoño sim simmons
se levantó sin ojos como caídos a favor de la estación
"pero no importa" dijo
y se alisaba la memoria
"no importa realmente no importa" decía sim simmons
poniéndose árboles vacíos en las cuencas
a los que alimentó con estampidos
gritos olvidos silenciosas partes
nocturnos insectos portadores de muerte
rondaban por los árboles
"no importa" decía sim
desplegando sus tiernas alas
y volando todo alrededor del cielo
"si fuese una nube" decía "si fuese un halcón o
catástrofe
lo que me come el corazón" decía
"te apagaste paloma" decía sim simmons sin llorar
"no tengo ojos para llorar" decía "y sin embargo debiera"
decía recordando que todo vegetal,
agua llanto lluvia o río necesita
para abrigar un tierno nido
así que sim simmons se puso a llorar
los árboles se le volaron
y otra vez tuvo ojos para mirar o ver o sufrir
y llorar sin dar comida a nadie
"me lo merezco" decía sim simmons tarde
"me lo merezco mucho" decía con los ojos ya secos
duros brillantes como sol
bajo la tierra de Alabama
dos ríos nacieron donde lo enterraron
uno hacia el norte otro hacia le sur
para memoria para olvido
y todo el mundo tuvo agua
pero sim simmons no:
miraba para abajo
ya merecido o muerto o triste
sin árboles sin árboles
698
Yo seguiré cantando mientras crecen los árboles,
y sembraré canciones en los surcos del tiempo.
-Simiente: yo, algún día, me tenderé a tu sombra,
para olvidar el sueño que no cabrá en mi canto.
Yo seguré cantando mientras del gajo mustio
las hojas amarillas caen como alas muertas.
No importa que los pájaros picoteen mis ojos:
yo inventaré los astros en las noches oscuras…
Yo seguiré cantando mientras pasan las nubes.
para que el viento arrastre mi canto hacia el silencio.
No importa ni el olvido: debajo de la tierra
volaran maripoasas de mis cuencas vacias…
Yo seguiré cantando mientras sonría como un niño.
Yo seguiré cantando mientras se yerga un muro.
Más allá del silencio, más allá de la sombra,
más allá de mi canto, ¡yo seguiré cantando!
450
Quiero cortarme
y sangrar,
cortar de lado
mis preocupaciones y carencias.
Que la sangre fluya
y los arpones
floten.
Quiero sentir el suave abrazo
de la soga en mi cuello.
Mis ojos saliendo de sus
cuencas desoladas.
Ver la muerte buscarme
por primera vez ser recibido
sin pedirlo.
Quiero ver las lágrimas
sobre mi ataúd,
hartado de alegóricas flores
pretendiendo adornar
lo que un día fue
un muerto sin andar.
Quiero saltar
desde el piso veinte
de un edificio
y conocer el concreto
como nunca nadie
lo ha hecho
sé que no quiero vivir
en concreto.
Para finalizar,
antes del final,
quiero morir en el mar
de tus ojos derretidos, y terminar
en tus melancólicas clavículas.
Ahogado, ahorcado,
desangrado, olvidado.
Nov 20, 2017
Nov 20, 2017 at 11:27 PM UTC