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"celos" poems
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Celos de saberte lejos, de no tenerte, de no poder pedirte nada. Celos de todo aquello que se queda en mi lengua, de todo lo que no puedo decirte. Celos de la geografía, de la altura, de la tes de tu piel. Celos de esos ojos que todo lo viven y todo lo ven. ¿Dónde quedo cuando no admito que te miro? Cuando escucho tu voz y sé que no me pertenece. ¿Dónde quedo si me escondo para sonreírte? Si en camas y cubos bailamos en secreto y los cigarros se agotan en el calor de la función. ¿Dónde queda el corazón si lo entrego a la cercanía a lo fácil, a la melancolía? Celos de la bocina que besa tu boca mientras escucho la lejanía de tu voz en el eco de una mañana distante. Envidia de los lentes que abrazan tu rostro, de la ropa que cubre tu torso. ¿Por qué no puedo ser esos brazos? ¿Por qué no puedo ser esa tela? Celos por perderte, porque no te tengo. El miedo a tu fluir porque eres libre porque eres hombre, porque eres viento.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 5:01 AM UTC
Lejano
Me carcomen los celos me cubro la cara con la mano me pregunto , que me pasa? no hay razon de este sentimiento. me retuerzo... lo se, es de impotencia me digo: no seas mas necia miedo de tanta lujuria tantas ganas de sentirme tuya es que quiero sentirme tuya y es que quiero sentirte mia aunque sea una vez en la vida tengo celos de lo que haces y es porque no se ni lo que haces! celos de no verte ni sentirte aqui presente celos ala maldita duda de que deseas mi reina de cuna los celos me recorren los cesos lo siento hasta en los huesos es que no hay lugar que no te sienta largate celos antes que me arrepienta . 10-11-13 EveGaby
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Nov 14, 2013
Nov 14, 2013 at 9:16 PM UTC
Celos
Una noche tuve un sueño... Luna opaca, cielo ***** yo en un triste cementerio con la sombra y el silencio. En sudarios medio envueltos, descarnados esqueletos muy afables y contentos mi vista recibieron. Indagaron los sucesos que pasaban ese tiempo: las maniobras del ejército, los discursos del Congreso, de la Bolsa los manejos, y reían de todo eso. Con sorpresa supe de ellos que gustaban de los versos que en mis dudas y en mis celos a mi amada siempre ofrezco. ¡Que sabían, me dijeron, ya en la historia de los besos!... Y se hacían muchos gestos y ademanes picarescos. Y reían con extremos entre el ruido de sus huesos. En seguida refirieron que se siente mucho hielo, en las noches del invierno, en las fosas de los muertos. Despedime. ¡Muy correctos los saludos que me hicieron! Salí al campo. Miré luego, luna opaca, cielo ***** Muy ufano, dice el médico que la causa de estos sueños se halla toda por mis nervios y en el fondo del cerebro.
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Rima - v
A veces veo a mis antiguos errores con cariño a veces veo a mis antiguos horrores con desgracia o con arrepentimiento aunque sinceramente no lo hago pues todo me dio algo cada uno de ellos de esos pequeños grandes altos gordos flacos errores De todos aprendí a confiar menos a perder más a entregarme ya sin esperar nada de nadie nunca más Aprendí que todo lo que tengo se puede ir o perder o lo puedo dejar desaparecer Aprendí de ellos como morir como hacer drama como se pretende ser algo que no se es Aprendí de ellos que hay diferentes tipos de locuras de celos de penes de cielos Y de todos esos errores aprendí que nada es más cierto que los errores que comete uno mismo que no hay nada en ellos que cambiaría y que en su momento los adore como a nada como si fueran el único porque en su momento lo fueron y disfrute cada caricia como disfruto cada recuerdo pues no hay nada más puro que el amor y la electricidad de la pasión. Esas cosas que las acciones no demeritan pues los sentimientos son mas fuertes que la razón. De todos ellos aprendí de mis morenos de mis blancos de mis dientones o miopes errores en algún momento aprendí y viví.
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May 13, 2014
May 13, 2014 at 7:34 AM UTC
Errores
A veces, mi egoísmo me llena de maldad, y te odio casi hasta hacerme daño a mí mismo: son los celos, la envidia, el asco al hombre, mi semejante aborrecible, como yo corrompido y sin remedio, mi querido hermano y parigual en la desgracia. A veces -o mejor dicho: casi nunca-, te odio tanto que te veo distinta. Ni en corazón ni en alma te pareces a la que amaba sólo hace un instante, y hasta tu cuerpo cambia y es más bello -quizá por imposible y por lejano. Pero el odio también me modifica a mí mismo, y cuando quiero darme cuenta soy otro que no odia, que ama a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo, que lleva tu apellido, y tiene, igual que tú, el cabello largo. Cuando sonríes, yo te reconozco, identifico tu perfil primero, y vuelvo a verte, al fin, tal como eras, como sigues siendo, como serás ya siempre, mientras te ame.
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Carta sin despedida
Dime: ¿Cómo olvidar la primera vez que dejé mi huella por tu cuerpo, el primer beso furtivo, la primera muestra de deseo compartido, la primera vez que sonreí y a ti se te iluminaron los ojos de miedo e ilusión porque ya no había vuelta atrás, los primeros celos, el primer juramento de compromiso, la primera vez que olvidamos la oscura realidad y nos rendimos ante la poesía de la utopía, el primer "amor" que huyó de tus labios o la primera mentira que asomaba, por fin, la verdad? ¿Cómo planear la vida sin primeras veces? ¿Cómo acabar lo que no puede volver a empezar? Si todos estamos enamorados de los principios. Y cuanto más tarde: mejor.
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Aug 10, 2014
Aug 10, 2014 at 11:19 PM UTC
Todo sería más bonito si sólo existiesen los principios.
Y ya ves: yo estoy solo, murmurando tu nombre, recordando los besos que te di y no te di, y acaso tú, esta tarde, le sonreíste a un hombre que ni siquiera se parece a mí. O puede suceder, quién sabe cuándo, que irás entre el gentío de una calle cualquiera, y yo sé de qué modo se le quedan mirando a una mujer bonita que pasa por la acera. Sí, tal vez siento celos, celos tristes, celos de no estar juntos, celos de no sé quién; celos de por qué sales y de cómo te vistes, que no quieren ser celos y son celos también. Y de repente no te siento mía, o estás como más lejos de repente, y tengo la tristeza de una casa sombría donde aún sopla el perfume de una mujer ausente. Afuera está la tarde, con su gris infinito; afuera está la lluvia, calladamente cruel, y quisiera decirte cómo te necesito... pero se me emborrona la tinta en el papel...
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Carta de amor ii
Amante abandonado por una infiel amada, ¿Por qué los puños alzas torvo y airado al cielo? ¿Por qué la frente inclinas con hondo desconsuelo y como loco miras y no ambicionas nada? ¿Por qué te desesperas? ¿Por qué?... Porque admirada Pasa; porque es hermosa; porque tu ardiente anhelo Fue su amor y ahuyentaban tus sombras y tu duelo Los besos de su boca, la luz de su mirada. Al recordar su rostro tiemblas y palideces, y al juzgar que a otro ama, de celos te estremeces, Porque embriagan tu mente sus hechizos fatales. Me das lástima, ¡oh mártir de un amor sin ventura! La vida pasa pronto, fugaz es la hermosura... ¡Piensa en las calaveras, que todas son iguales!
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A un enamorado
Vengada la hermosa Filis de los agravios de Fabio a verle viene al aldea enfermo de desengaños. A ruego de los pastores baja de su monte al prado, que como se ve querida da a entender que la forzaron. Eso mismo que desea, quiere que la estén rogando, que sube al gusto los precios amor conforme a los años. Huyóse Fabio celoso, pensó Fabio hallar sagrado, pero hay estados de amor que está en el remedio el daño. ¡Desdichado del que llega a tiempo tan desdichado que le matan los remedios con que muchos quedan sanos! En fin, a Fabio rendido viene a ver su dueño ingrato, alegre porque es amor en las venganzas villano. No va sin galas a verle, aunque pudiera escusarlo, que la mayor hermosura no deja en casa el cuidado. Lleva de palmilla verde saya y sayuelo bizarro, con pasamanos de plata si en ellos pone las manos. No lleva cosa en el cuello que Fabio le hubiese dado, porque no entienda que viven memorias de sus regalos. Joyas lleva que él no ha visto, no porque le ha hecho agravio, mas porque sepan ausencias que no está seguro el campo. Con una cinta de cifras lleva el cabello apretado, que quien gusta de dar celos se vale de mil engaños. De rebociño le sirve para mayor desenfado el capote de los ojos bordado de negros rayos. En argentadas chinelas listones lleva, admirados de que quepan tantos bríos en tan pequeños espacios. Llegó Filis al aldea, entró en su casa de Fabio, los pastores la reciben como al sol los montes altos. Dando perlas con la risa extiende a todos los brazos, que gana mares de amor y da perlas de barato. Apenas Fabio la mira cuando a un tiempo se bañaron el alma en pura alegría, los ojos en tierno llanto. No hablaron los dos tan presto, aunque los ojos hablaron, Filis porque no quería, Fabio porque quiere tanto. Cuando en esta suspensión los dos se encuentran mirando a un tiempo bajan los ojos como que envidian de falso. Habló Filis y tuvieron alma de coral sus labios, que ver humilde al rendido hace piadoso al vengado. A Fabio culpa le pone que es error hacer, amando, con la lengua valentías, si el alma no tiene manos. Él responde y se disculpa, que viendo cerca los brazos, pide perdón ofendido quien ama desengañado.
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Guzmán el bravo
Vengada la hermosa Filis de los agravios de Fabio a verle viene al aldea enfermo de desengaños. A ruego de los pastores baja de su monte al prado, que como se ve querida da a entender que la forzaron. Eso mismo que desea, quiere que la estén rogando, que sube al gusto los precios amor conforme a los años. Huyóse Fabio celoso, pensó Fabio hallar sagrado, pero hay estados de amor que está en el remedio el daño. ¡Desdichado del que llega a tiempo tan desdichado que le matan los remedios con que muchos quedan sanos! En fin, a Fabio rendido viene a ver su dueño ingrato, alegre porque es amor en las venganzas villano. No va sin galas a verle, aunque pudiera escusarlo, que la mayor hermosura no deja en casa el cuidado. Lleva de palmilla verde saya y sayuelo bizarro, con pasamanos de plata si en ellos pone las manos. No lleva cosa en el cuello que Fabio le hubiese dado, porque no entienda que viven memorias de sus regalos. Joyas lleva que él no ha visto, no porque le ha hecho agravio, mas porque sepan ausencias que no está seguro el campo. Con una cinta de cifras lleva el cabello apretado, que quien gusta de dar celos se vale de mil engaños. De rebociño le sirve para mayor desenfado el capote de los ojos bordado de negros rayos. En argentadas chinelas listones lleva, admirados de que quepan tantos bríos en tan pequeños espacios. Llegó Filis al aldea, entró en su casa de Fabio, los pastores la reciben como al sol los montes altos. Dando perlas con la risa extiende a todos los brazos, que gana mares de amor y da perlas de barato. Apenas Fabio la mira cuando a un tiempo se bañaron el alma en pura alegría, los ojos en tierno llanto. No hablaron los dos tan presto, aunque los ojos hablaron, Filis porque no quería, Fabio porque quiere tanto. Cuando en esta suspensión los dos se encuentran mirando a un tiempo bajan los ojos como que envidian de falso. Habló Filis y tuvieron alma de coral sus labios, que ver humilde al rendido hace piadoso al vengado. A Fabio culpa le pone que es error hacer, amando, con la lengua valentías, si el alma no tiene manos. Él responde y se disculpa, que viendo cerca los brazos, pide perdón ofendido quien ama desengañado.
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Al pie de un roble escarchado donde Belardo el amante desbarató un tosco nido que habían tejido las aves, de breves pasadas glorias, de presentes largos males, así se queja diciendo: quien tal hace, que tal pague. La bella Filis un día, al tiempo que el sol esparce sus rayos por todo el suelo, dorando montes y valles, sintiendo que el corazón se le divide en dos partes, así el [lo] mesmo decía: quien tal hace, que tal pague. Hice a los desdenes guerra, guerra desdenes me hacen; maté a Belardo con celos, celos es bien que me maten. No atendí siendo llamada, agora no me oye nadie; con justa causa padezco: quien tal hace, que tal pague. Desamé a Belardo un tiempo, y el amor para vengarse, quiere que le quiera agora, y que él me olvide y desame. Dejadme, pasiones frescas, frescas pasiones, dejadme vivir para que publique: quien tal hace, que tal pague. No le da pena el rigor del frío tiempo que hace, que el fuego de amor la ampara que dentro en su pecho nace. Dando de coraje voces, que revienta de coraje, dice por momentos Filis: quien tal hace, que tal pague. ¿Do está, Belardo, la fe que prometiste guardarme? más yo la quebré primero, tú puedes de mí quejarte. Diste primero en quererme, yo primero en olvidarte, tú harta disculpa tienes: quien tal hace, que tal pague. Sacó del seno un papel y con mil ansias le abre, y antes de leerle todo le arruga, rompe y deshace diciendo: «Yo soy la causa, no tengo de quién quejarme, quien dio la causa revienta: quien tal hace, que tal pague».
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Al pie de un roble escarchado donde Belardo el amante desbarató un tosco nido que habían tejido las aves, de breves pasadas glorias, de presentes largos males, así se queja diciendo: quien tal hace, que tal pague. La bella Filis un día, al tiempo que el sol esparce sus rayos por todo el suelo, dorando montes y valles, sintiendo que el corazón se le divide en dos partes, así el [lo] mesmo decía: quien tal hace, que tal pague. Hice a los desdenes guerra, guerra desdenes me hacen; maté a Belardo con celos, celos es bien que me maten. No atendí siendo llamada, agora no me oye nadie; con justa causa padezco: quien tal hace, que tal pague. Desamé a Belardo un tiempo, y el amor para vengarse, quiere que le quiera agora, y que él me olvide y desame. Dejadme, pasiones frescas, frescas pasiones, dejadme vivir para que publique: quien tal hace, que tal pague. No le da pena el rigor del frío tiempo que hace, que el fuego de amor la ampara que dentro en su pecho nace. Dando de coraje voces, que revienta de coraje, dice por momentos Filis: quien tal hace, que tal pague. ¿Do está, Belardo, la fe que prometiste guardarme? más yo la quebré primero, tú puedes de mí quejarte. Diste primero en quererme, yo primero en olvidarte, tú harta disculpa tienes: quien tal hace, que tal pague. Sacó del seno un papel y con mil ansias le abre, y antes de leerle todo le arruga, rompe y deshace diciendo: «Yo soy la causa, no tengo de quién quejarme, quien dio la causa revienta: quien tal hace, que tal pague».
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Ya el sol esconde sus rayos, el mundo en sombras se vela, el ave a su nido vuela. Busca asilo el trovador. Todo calla: en pobre cama duerme el pastor venturoso: en su lecho suntüoso se agita insomme el señor. Se agita; mas ¡ay! reposa al fin en su patrio suelo; no llora en mísero duelo la libertad que perdió. Los campos ve que a su infancia horas dieron de contento, su oído halaga el acento del país donde nació. No gime ilustre cautivo entre doradas cadenas, que si bien de encanto llenas, al cabo cadenas son. Si acaso, triste lamenta, en torno ve a sus amigos, que, de su pena testigos, consuelan su corazón. La arrogante erguida palma que en el desierto florece, al viajero sombra ofrece, descanso y grato manjar. Y, aunque sola, allí es querida del árabe errante y fiero, que siempre va placentero a su sombra a reposar. Mas ¡ay triste! yo cautiva, huérfana y sola suspiro, el clima extraño respiro, y amo a un extraño también. No hallan mis ojos mi patria; humo han sido mis amores; nadie calma mis dolores y en celos me siento arder. ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo ni ceder a mi tristura, ni consuelo en mi amargura podré jamás encontrar. Supe amar como ninguna, supe amar correspondida; despreciada, aborrecida, ¿no sabré también odiar? ¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! La infeliz Zoraida ahora sólo venganzas implora, ya condenada a morir. No soy ya del castellano la sumisa enamorada: soy la cautiva cansada ya de dejarse oprimir.
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La cautiva
Sonríele a la luna, que se muere de la envidia Del brillo de tus ojos y el rubor de tus mejillas; Sonríele al sol, que no puede del rencor, Y susurra a tus espaldas que él es mejor. Sonríele a los astros, que refunfuñan en lo alto, Que no saben reaccionar ante este error humano, Que los hace estremecerse allá en el cielo, Y que no saben qué hacer, con estos celos Porque hoy los poetas te cantan a ti, linda, y no a ellos.
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Nov 25, 2015
Nov 25, 2015 at 10:17 AM UTC
Astros
Cuando buscamos el amor nos cortamos al correr, nos matamos a besos o morimos por celos. Cuando buscamos el amor en las cajas de cereal, subimos felices al cielo, caemos juntos, nos levantamos juntos, nos lanzamos a lo desconocido, nos perdemos en el mar de gente. Cuando el amor por fin aparece viene de adentro y lo seguimos buscando ingenuamente sabiendo que el amor siempre estuvo con uno mismo.
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Sep 24, 2017
Sep 24, 2017 at 6:02 PM UTC
Cuando buscamos el amor.
Mi vida esta invadida por una inmensa tristeza . Son innumerables los momentos que estas en mi mente , sonriendo, hermosa, feliz en mis brazos como esa mujer que tanto deseo tener ami lado dia dia asi.. llena de alegría por tenernos. Pero al ver que tus días se an combertido en tormentos, porque mi compañía y mi amor dejaron de ser suficientes, porque se que nosoy solo para ti de la forma que tu corazon necesita.. al diablo la sociedad, lo que este bien o mal en ese mundo que mas me da, si no tengo tu sonrisa. Dicen que no hay q meter a Dios enla politica, pero se que el daria 3 votos ami favor porque al final donde hay amor, pues que gane el amor. Pero me voy y te dejo libre porque se que tengo que luchar por la carne de mi carne.. aunque sienta esta decepcion dentro de mi misma porque quiero correr a tus brazos porque nada me llena ni me hace feliz en este momento , porque siento miedo y celos tambien de que estas haciendo tu vida lejos de la mia. No quiero que llores por mi , dejame llorar ami por las dos. Quiero desde lo mas profundo de mi alma que seas feliz, deja que sea yo la que se retuerza de celos cuando te vea feliz al lado de otra persona que te dio lo que esta cobarde no pudo. Deja que sea yo la que te llore a mares por el resto de mi vida. Se que hay dias de sol, dias de lluvia y de tormentas. Pero la tormenta de tu recuerdo nunca se alejara de mi, porque se lo que vivi, se que es real. Se que esa coneccion se quedara en mi memoria por el resto de mis días . Vuelvo a mi monotonia pero ahora atormentada por ese recuerdo perfecto de tu sonrisa cuando estamos juntas.
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Sep 28, 2018
Sep 28, 2018 at 8:07 AM UTC
Carta de una cobarde
Mi vida esta invadida por una inmensa tristeza . Son innumerables los momentos que estas en mi mente , sonriendo, hermosa, feliz en mis brazos como esa mujer que tanto deseo tener ami lado dia dia asi.. llena de alegría por tenernos. Pero al ver que tus días se an combertido en tormentos, porque mi compañía y mi amor dejaron de ser suficientes, porque se que nosoy solo para ti de la forma que tu corazon necesita.. al diablo la sociedad, lo que este bien o mal en ese mundo que mas me da, si no tengo tu sonrisa. Dicen que no hay q meter a Dios enla politica, pero se que el daria 3 votos ami favor porque al final donde hay amor, pues que gane el amor. Pero me voy y te dejo libre porque se que tengo que luchar por la carne de mi carne.. aunque sienta esta decepcion dentro de mi misma porque quiero correr a tus brazos porque nada me llena ni me hace feliz en este momento , porque siento miedo y celos tambien de que estas haciendo tu vida lejos de la mia. No quiero que llores por mi , dejame llorar ami por las dos. Quiero desde lo mas profundo de mi alma que seas feliz, deja que sea yo la que se retuerza de celos cuando te vea feliz al lado de otra persona que te dio lo que esta cobarde no pudo. Deja que sea yo la que te llore a mares por el resto de mi vida. Se que hay dias de sol, dias de lluvia y de tormentas. Pero la tormenta de tu recuerdo nunca se alejara de mi, porque se lo que vivi, se que es real. Se que esa coneccion se quedara en mi memoria por el resto de mis días . Vuelvo a mi monotonia pero ahora atormentada por ese recuerdo perfecto de tu sonrisa cuando estamos juntas.
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Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -del campamento lujuriante Hada. Guisos cuán apetitosos mano albi-roja guisaba -Rosa maritornes única! (mejor sus manos rosa-albas, frentes, mejillas que la fiebre dora, frentes, mejillas que la fiebre exalta, acariciaban -gaviotas sobre la mar que hispe la borrasca-) Oh Rosa la de mis besos y en su boca vibrátil... (tibia aljaba de la lengua vivaz -venusina flecha para mi boca sansebastianizada...-) Oh Rosa la de los ojos como la noche cerrada: y un sutil estrabismo los volvía pérfidas y malignas azagayas para mi corazón -al par audaz y tímido-, para mi corazón: dardos, virotes y macanas! Y me herían dulcísimos sus ojos de terciopelo -negros- y de lascivia -en llamas! Oh Rosa de los abrazos de fulva leona en brama! Rosa pícara felina! Y en sus brazos morenos naufragaba mi ser -mi ser, a pique, jubiloso!- Oh mármol móvil en la móvil hamaca! Oh mármol ágil sobre los yerbales! Rútilo mármol en las rubias aguas 1 del Cauca río: -retozante Fauno, flavo Sileno ansioso de la nuda Oreada 2 fogoso mármol, Venus sapiente, en la alcoba, a la noche insomne y ávida! Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -síntesis de Ninones y de Aspasias. Por ella, riñas, enojos, celos, duelos, algaradas: Rosa, Helena de esa Troya, mucho más hembra que la Helena clásica! Rosa la de los labios gordezuelos y los perfectos muslos y las róseas cúpulas elásticas! Rosa..., fugada con los años idos...: ¿dónde amarás ahora, Venus de Bolombolo, Lais del Cauca?
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Canción de rosa del cauca
Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -del campamento lujuriante Hada. Guisos cuán apetitosos mano albi-roja guisaba -Rosa maritornes única! (mejor sus manos rosa-albas, frentes, mejillas que la fiebre dora, frentes, mejillas que la fiebre exalta, acariciaban -gaviotas sobre la mar que hispe la borrasca-) Oh Rosa la de mis besos y en su boca vibrátil... (tibia aljaba de la lengua vivaz -venusina flecha para mi boca sansebastianizada...-) Oh Rosa la de los ojos como la noche cerrada: y un sutil estrabismo los volvía pérfidas y malignas azagayas para mi corazón -al par audaz y tímido-, para mi corazón: dardos, virotes y macanas! Y me herían dulcísimos sus ojos de terciopelo -negros- y de lascivia -en llamas! Oh Rosa de los abrazos de fulva leona en brama! Rosa pícara felina! Y en sus brazos morenos naufragaba mi ser -mi ser, a pique, jubiloso!- Oh mármol móvil en la móvil hamaca! Oh mármol ágil sobre los yerbales! Rútilo mármol en las rubias aguas 1 del Cauca río: -retozante Fauno, flavo Sileno ansioso de la nuda Oreada 2 fogoso mármol, Venus sapiente, en la alcoba, a la noche insomne y ávida! Cerca de donde júntase la Comiá con el Cauca, Rosa pícara vivía -síntesis de Ninones y de Aspasias. Por ella, riñas, enojos, celos, duelos, algaradas: Rosa, Helena de esa Troya, mucho más hembra que la Helena clásica! Rosa la de los labios gordezuelos y los perfectos muslos y las róseas cúpulas elásticas! Rosa..., fugada con los años idos...: ¿dónde amarás ahora, Venus de Bolombolo, Lais del Cauca?
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Si entré, si vi, si hablé, señora mía, ni tuve pensamiento de mudarme, máteme un necio a puro visitarme, y escuche malos versos todo un día. Cuando de hacerlos tenga fantasía, dispuesto el genio, para no faltarme cerca de donde suelo retirarme, un menestril se enseñe a chirimía. Cerquen los ojos que os están mirando, legiones de poéticos mochuelos, de aquellos que murmuran imitando. ¡Oh si os mudasen de rigor los cielos! Porque no puede ser (o fue burlando) que quien no tiene amor pidiese celos.
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Satisfacciones de celos
Bien sé, devota mujer, cuando te contemplo en tus fervores y celo arder, que no me puedes querer como quieres a Jesús. Bien sé que es vano soñar con el edén entrevisto de tu boca, sin cesar, y tengo celos de Cristo cuando vas a comulgar. Pero sé también que son, por mi mal y por tu daño, piedades y devoción, caretas con que el engaño te disfraza el corazón. Y comprendo, no te asombre, que hay en tu espíritu dos cultos con un solo nombre, que rezas al hombre-Dios y sueñas con el Dios-hombre; y el ardor de que me llenas acabará por quemar todo el jugo de mis venas; y, por no quererme amar, tú te vas a condenar y a mí también me condenas.
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Celoso
Celoso estoy, celoso. Para el campo te has ido, y solo estoy ahora, muy solo, y aburrido. Sé que parientes tuyos te están acompañando, ¡Y cuán desagradables siempre me han parecido! Mas me siento celoso, muy celoso, pensando Que te encuentras muy lejos, precisamente cuando La primavera, hermosa como nunca, ha venido. Todo este azul -conozco cómo son las mujeres- Te obligará -lo niegas-? a olvidar que me quieres, Y yo aquí, mientras tanto, pienso en ti cada instante, Y nervioso, sin calma, A todas horas siento como deshecha el alma, Que solloza de tedio, pero en su amor, constante; Y como por ti sólo mi corazón alienta, Ve tu adorada imagen siempre de mí delante... ¡Mientras que tú en el campo vivirás muy contenta! Y yo, siempre celoso... Aquí en París el tiempo muy suave está y hermoso y adorable. Y rabiando, viéndome solo, vivo: y estas líneas te escribo, A ti, que ves tus días sin afán ni congojas Allá donde hay rumores de fuentes y de hojas. Llevarás gran sombrero de paja, con glicinas, Que pondrá en tus mejillas, el sol trasparentando, Vivos ruedos cambiantes en horas matutinas; y mientras pasa el tiempo más me irás olvidando, y mientras más me olvidas... ¡yo más en ti pensando! Bella estarás, dichosa. ¡Cómo la primavera verás en torno hermosa! Yo de cólera lloro... Todo un mes ha llovido; Y de mí te alejaron cuando más necesaria me eras tú, cual consuelo de mi ánimo abatido En la vida que llevo... ¡vida tan solitaria! Jamás te había amado como en este momento; ¡y cómo me exaspera este aire suave y tibio, soplo de primavera, Que con vagos aromas va entrando a mi aposento! ¿Te dije que te amaba?.. ya amor por ti no siento, y como sufro mucho, sábelo bien, quisiera que esta amargura mía tu corazón sufriera. Comprendo que mal hago, que esto es mal pensamiento, pero, dime, ¿qué quieres en mi vida de llanto, si tanta falta me haces... y si te quiero tanto?... Quisiera que me echaras de menos, hasta el punto que este abril detestaras, y hasta quisiera, en medio de mis penas sombrías y mi horrible tristeza, Que en estos solitarios e interminables días Te estuvieras quejando de dolor de cabeza.
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Celos
Celoso estoy, celoso. Para el campo te has ido, y solo estoy ahora, muy solo, y aburrido. Sé que parientes tuyos te están acompañando, ¡Y cuán desagradables siempre me han parecido! Mas me siento celoso, muy celoso, pensando Que te encuentras muy lejos, precisamente cuando La primavera, hermosa como nunca, ha venido. Todo este azul -conozco cómo son las mujeres- Te obligará -lo niegas-? a olvidar que me quieres, Y yo aquí, mientras tanto, pienso en ti cada instante, Y nervioso, sin calma, A todas horas siento como deshecha el alma, Que solloza de tedio, pero en su amor, constante; Y como por ti sólo mi corazón alienta, Ve tu adorada imagen siempre de mí delante... ¡Mientras que tú en el campo vivirás muy contenta! Y yo, siempre celoso... Aquí en París el tiempo muy suave está y hermoso y adorable. Y rabiando, viéndome solo, vivo: y estas líneas te escribo, A ti, que ves tus días sin afán ni congojas Allá donde hay rumores de fuentes y de hojas. Llevarás gran sombrero de paja, con glicinas, Que pondrá en tus mejillas, el sol trasparentando, Vivos ruedos cambiantes en horas matutinas; y mientras pasa el tiempo más me irás olvidando, y mientras más me olvidas... ¡yo más en ti pensando! Bella estarás, dichosa. ¡Cómo la primavera verás en torno hermosa! Yo de cólera lloro... Todo un mes ha llovido; Y de mí te alejaron cuando más necesaria me eras tú, cual consuelo de mi ánimo abatido En la vida que llevo... ¡vida tan solitaria! Jamás te había amado como en este momento; ¡y cómo me exaspera este aire suave y tibio, soplo de primavera, Que con vagos aromas va entrando a mi aposento! ¿Te dije que te amaba?.. ya amor por ti no siento, y como sufro mucho, sábelo bien, quisiera que esta amargura mía tu corazón sufriera. Comprendo que mal hago, que esto es mal pensamiento, pero, dime, ¿qué quieres en mi vida de llanto, si tanta falta me haces... y si te quiero tanto?... Quisiera que me echaras de menos, hasta el punto que este abril detestaras, y hasta quisiera, en medio de mis penas sombrías y mi horrible tristeza, Que en estos solitarios e interminables días Te estuvieras quejando de dolor de cabeza.
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Los dos enviando cartas rompían su relación, parecían un no me dejes reales cartas de amor. Mirando entre palabras verías al culpable, lo extraño del culpable ninguno de ese amor. Los celos crean contexto y razón, poseyendo a sus víctimas accionan planes sin control. ¿Será posible volver al amor siendo un coautor de tal error? ¿un espíritu quebrado unirá sus trozos con palabras de amor y perdón? Conmociona mi espíritu tus tristes cartas de adiós, algunos no recibimos cartas ni por quiebre, ni amistad, menos siquiera por amor.
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May 17, 2025
May 17, 2025 at 3:02 AM UTC
Cartas y culpables
Ya sólo eres aquella que tiene la costumbre de ser bella. Ya pasó la embriaguez. Pero no olvido aquel deslumbramiento, aquella gloria del primer momento, al ver tus ojos por primera vez. Yo sé que, aunque quisiera, no he de volverte a ver de esa manera. Como aquel instante de embriaguez; y siento celos al pensar que un día, alguien, que no te ha visto todavía, verá tus ojos por primera vez.
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Celos
La casa, junto al río. Alegre el saloncito. La ventana Sobre el jardín. Aromas. Luz. Estío, Aves en el azul de la mañana. Copiado en grande espejo, se columbra El tocador de mármol de la alcoba Que un claro sol alumbra; Y en la negra caoba Del luciente piano Yergue su aristocracia, Colocado con gracia, Ramo de rosas del jardín cercano. Y salida del baño, en amplia bata Que el seno mal recata, Yace tendida en el sofá, fumando Un cigarrillo y otro, y viendo el humo Subir en espirales. Yo, imitando Su inocente placer, pues también fumo. -¿Y qué piensas hacer? ¿Salir? Supongo Que saldrás, pues no creo Que hoy al «Bosque» no vayas de paseo. Y pensando estarás: «¿Y qué me pongo? ¿Qué sombrero? ¿Qué traje? ¿Y qué sombrilla Llevaré? ¿Blanca o de color de rosa?» Y dirás cual la cosa más sencilla: «¡Bah! Si todo me queda a maravilla», Porque eso sí... Cual nadie vanidosa. ¿Sonríes? Cuántos al pasar tu talle Y tu cara, entre arrobos, Como si fueran bobos Se quedarán mirándote en la calle! ¿Y una cita no tienes? Di, responde. ¿Cita con quién? ¿Y en dónde? Si quieres ir a Armenonville, pidamos Una mesa. ¿No quieres? ¿O a «Perroquet» prefieres Ir esta noche? ¿Vamos o no vamos? ¿O más bien a «Florida» Para ver a la Nasch, como albayalde, Y flaca siempre, y siempre bien vestida Por Lelong o Patou, pero de balde Cual «reclame» de sus casas de costura? No fumes más. No insistas. Te hace daño. ¿Cambiaste la montura Del anillo? ¿A Deauville no vas este año? Una pregunta, nada más, loquilla: Para verte los ojos, frente a frente, Acercaré la silla: La mirada, ¿no sabes?, nunca miente. No son celos. Te digo Que no son celos; pero aquel amigo Con quien te vi en el Bitz.... te lo aseguro, Sí, no son celos, no lo son. Te juro Que celoso no soy... Mas tienes suelto El brazalete... Dime con franqueza, Con franqueza, ¿a salir con él no has vuelto? Apoya sobre mi hombro la cabeza; Mas no cierres los ojos, oye, mira; Dime que todo, todo fue mentira, Que, nunca has sido loca, Y nunca lo serás para engañarme, Y vivirás, y vives, para amarme.... Mas dilo con el alma entre la boca, Dímelo pronto, pronto.... ¿No oyes? ¿Estás dormida?                                           -«Tonto, tonto! Qué tonto eres así, Imitando Toi et moi de Géraldy».
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Intimidades
La casa, junto al río. Alegre el saloncito. La ventana Sobre el jardín. Aromas. Luz. Estío, Aves en el azul de la mañana. Copiado en grande espejo, se columbra El tocador de mármol de la alcoba Que un claro sol alumbra; Y en la negra caoba Del luciente piano Yergue su aristocracia, Colocado con gracia, Ramo de rosas del jardín cercano. Y salida del baño, en amplia bata Que el seno mal recata, Yace tendida en el sofá, fumando Un cigarrillo y otro, y viendo el humo Subir en espirales. Yo, imitando Su inocente placer, pues también fumo. -¿Y qué piensas hacer? ¿Salir? Supongo Que saldrás, pues no creo Que hoy al «Bosque» no vayas de paseo. Y pensando estarás: «¿Y qué me pongo? ¿Qué sombrero? ¿Qué traje? ¿Y qué sombrilla Llevaré? ¿Blanca o de color de rosa?» Y dirás cual la cosa más sencilla: «¡Bah! Si todo me queda a maravilla», Porque eso sí... Cual nadie vanidosa. ¿Sonríes? Cuántos al pasar tu talle Y tu cara, entre arrobos, Como si fueran bobos Se quedarán mirándote en la calle! ¿Y una cita no tienes? Di, responde. ¿Cita con quién? ¿Y en dónde? Si quieres ir a Armenonville, pidamos Una mesa. ¿No quieres? ¿O a «Perroquet» prefieres Ir esta noche? ¿Vamos o no vamos? ¿O más bien a «Florida» Para ver a la Nasch, como albayalde, Y flaca siempre, y siempre bien vestida Por Lelong o Patou, pero de balde Cual «reclame» de sus casas de costura? No fumes más. No insistas. Te hace daño. ¿Cambiaste la montura Del anillo? ¿A Deauville no vas este año? Una pregunta, nada más, loquilla: Para verte los ojos, frente a frente, Acercaré la silla: La mirada, ¿no sabes?, nunca miente. No son celos. Te digo Que no son celos; pero aquel amigo Con quien te vi en el Bitz.... te lo aseguro, Sí, no son celos, no lo son. Te juro Que celoso no soy... Mas tienes suelto El brazalete... Dime con franqueza, Con franqueza, ¿a salir con él no has vuelto? Apoya sobre mi hombro la cabeza; Mas no cierres los ojos, oye, mira; Dime que todo, todo fue mentira, Que, nunca has sido loca, Y nunca lo serás para engañarme, Y vivirás, y vives, para amarme.... Mas dilo con el alma entre la boca, Dímelo pronto, pronto.... ¿No oyes? ¿Estás dormida?                                           -«Tonto, tonto! Qué tonto eres así, Imitando Toi et moi de Géraldy».
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Cuando contemplo a veces que plegando los labios enmudeces, mi adoración pretende en su locura bajar hasta tu alma a paso lento y sorprender, en su mansión oscura, como nota de luz tu pensamiento. Cuando me miran, oh mujer, tus ojos luminosos cual sol de primavera, por oír anhelante las pulsaciones de tus nervios flojos y el rumor de tu pecho palpitante, en mi pasión quisiera el misterioso oído de los magos que en las nocturnas sombras escondidos escuchan, a la orilla de los lagos, hasta sus más recónditos murmullos, de las ramas los débiles crujidos y la reventazón de los capullos. Y al sospechar que los recuerdos llenas de otro amor ya pasado con la historia, me muerden el espíritu los celos y quieren mis anhelos extender con la sombra de mis penas la noche del olvido en tu memoria.
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Cuando contigo estoy, dueña del alma