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Y ya ves: yo estoy solo, murmurando tu nombre, recordando los besos que te di y no te di, y acaso tú, esta tarde, le sonreíste a un hombre que ni siquiera se parece a mí. O puede suceder, quién sabe cuándo, que irás entre el gentío de una calle cualquiera, y yo sé de qué modo se le quedan mirando a una mujer bonita que pasa por la acera. Sí, tal vez siento celos, celos tristes, celos de no estar juntos, celos de no sé quién; celos de por qué sales y de cómo te vistes, que no quieren ser celos y son celos también. Y de repente no te siento mía, o estás como más lejos de repente, y tengo la tristeza de una casa sombría donde aún sopla el perfume de una mujer ausente. Afuera está la tarde, con su gris infinito; afuera está la lluvia, calladamente cruel, y quisiera decirte cómo te necesito... pero se me emborrona la tinta en el papel...
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Carta de amor ii
Y ya ves: yo estoy solo, murmurando tu nombre, recordando los besos que te di y no te di, y acaso tú, esta tarde, le sonreíste a un hombre que ni siquiera se parece a mí. O puede suceder, quién sabe cuándo, que irás entre el gentío de una calle cualquiera, y yo sé de qué modo se le quedan mirando a una mujer bonita que pasa por la acera. Sí, tal vez siento celos, celos tristes, celos de no estar juntos, celos de no sé quién; celos de por qué sales y de cómo te vistes, que no quieren ser celos y son celos también. Y de repente no te siento mía, o estás como más lejos de repente, y tengo la tristeza de una casa sombría donde aún sopla el perfume de una mujer ausente. Afuera está la tarde, con su gris infinito; afuera está la lluvia, calladamente cruel, y quisiera decirte cómo te necesito... pero se me emborrona la tinta en el papel...