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"brotan" poems
Hace falta papel, hace falta tinta, las letras brotan solas, hacen falta horas. Alma salvaje y nocturna, merodeadora impaciente, que niega entregarse a un Morfeo ausente. Tristeza que evoca al dolor, que evoca al sufrimiento, donde el osado se regodea al leer las palabras impresas, no con tinta negra, sino con lágrimas de un simple ser. No será la primera vez que el osado se desvela, un dolor igual al pago de su sacrificio, por entrever los sentimientos del que también fue osado. La noche nuestra musa, misteriosa y atractiva, como canto de sirena, belleza de los mares. Por siempre devota mi alma a tu luna, antaña luz a tu filosofía oscura. Profeta milenaria de adorno espectral, poema interminable con descanso finito.     Canción y plegaria,     llanto escrito,     llévate mi corazón     y deja mi alma     triste hasta el alba.
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Jan 14, 2017
Jan 14, 2017 at 8:57 PM UTC
Desvelo
¿Por qué es difícil la poesía? Como de un venero brotan, luego perdidos en demasía, versos al estanque de descartes, ¡tantos que creo se agotan! Mas, ¿por qué no gozan de escaño en la verbal melodía? Alma que al papel hiere con arte deja como sello un verso. Sea eso sólo cierto en parte, no sé si el folio terso como el cuero se ha visto curtido, o es de mi pluma fallo, cubierta por azafrán de marte, o soy yo que mi alma he perdido, pues de lineas queda el papel vestido y poesía en ellas no hallo.
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Dec 8, 2015
Dec 8, 2015 at 7:55 AM UTC
¿Por qué es difícil la poesía?
Brotan ahora todos los sueños, surtidores canoros (ruiseñores bulbules), -palmeras esteli-dáctilas (verdegayes Apolos, Marsyas zinzolines y Momos policromos)-, surten, irruyen todos los sueños: voces viriles (sobran gorjeos y gorgoritos y gorigoros). Saltan ahora todos los sueños, alcotanes y neblíes y azores, -desde sus hórreos-, halietos, gerifaltes, halcones borníes eufóricos y tagres y alfaneques y sacres y esparveres jubilosos! (No a la caza de pieza alguna! ¡No llevan rumbo ni meta ni piloto, 1 ni derrotero ni objetivo! ¡Vacantes son y en huelga, sueños ensueños en ocio!). Saltan ahora todos los sueños, a que zozobren -procelarias- en los Pontos; saltan, para que el Viento espárzalos, alíferos farautes estentóreos, ¡a que el Viento dispérselos, favilas hechas Coros!
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Poemilla de bogislao.
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Acuarimántima ii
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Flor el pantano, vertiente la roca: tu alma embellece lo que toca. La carne pasa, tu vida queda toda en mi verso de sangre o de seda. Hay que ser dulce sobre todas las cosas: más que un chacal vale una mariposa. Eres gusano que labra y opera: para ti crecen las verdes moreras. Para que tejas tu seda celeste la ciudad parece tranquila y agreste. Gusano que labras, de pronto eres viejo: ¡el dolor del mundo crispa tus artejos! A la muerte tu alma desnuda se asoma, ¡y le brotan alas de águila y paloma! Y guarda la tierra tus vírgenes actas, hermano gusano, tus sedas intactas. ¡Vive en el alba y el crepúsculo, adora el tigre y el corpúsculo, comprende la polea y el músculo! Que se te vaya la vida, hermano, no en lo divino sino en lo humano, no en las estrellas sino en tus manos. Que llegará la noche y luego serás de tierra, de viento o de fuego. Por eso deja que todas tus puertas se cimbren, a todos los vientos abiertas. Y de tu huerta al viajero convida: ¡dale al viajero la flor de tu vida! Y no seas duro, ni parco, ni terco: ¡sé una frutaleda sin garfios ni cercos! Dulce hay que ser y darse a todos, para vivir no hay otro modo de ser dulces. Darse a las gentes como a la tierra las vertientes. Y no temer. Y no pensar. Dar para volver a dar. Que quien se da no se termina porque hay en él pulpa divina. ¡Como se dan sin terminarse, hermano mío, al mar las aguas de los ríos! Que mi canto en tu vida dore lo que deseas. Tu buena voluntad torne en luz lo que miras. Que tu vida así sea. -¡Mentira, mentira, mentira!
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El estribillo del truco
Flor el pantano, vertiente la roca: tu alma embellece lo que toca. La carne pasa, tu vida queda toda en mi verso de sangre o de seda. Hay que ser dulce sobre todas las cosas: más que un chacal vale una mariposa. Eres gusano que labra y opera: para ti crecen las verdes moreras. Para que tejas tu seda celeste la ciudad parece tranquila y agreste. Gusano que labras, de pronto eres viejo: ¡el dolor del mundo crispa tus artejos! A la muerte tu alma desnuda se asoma, ¡y le brotan alas de águila y paloma! Y guarda la tierra tus vírgenes actas, hermano gusano, tus sedas intactas. ¡Vive en el alba y el crepúsculo, adora el tigre y el corpúsculo, comprende la polea y el músculo! Que se te vaya la vida, hermano, no en lo divino sino en lo humano, no en las estrellas sino en tus manos. Que llegará la noche y luego serás de tierra, de viento o de fuego. Por eso deja que todas tus puertas se cimbren, a todos los vientos abiertas. Y de tu huerta al viajero convida: ¡dale al viajero la flor de tu vida! Y no seas duro, ni parco, ni terco: ¡sé una frutaleda sin garfios ni cercos! Dulce hay que ser y darse a todos, para vivir no hay otro modo de ser dulces. Darse a las gentes como a la tierra las vertientes. Y no temer. Y no pensar. Dar para volver a dar. Que quien se da no se termina porque hay en él pulpa divina. ¡Como se dan sin terminarse, hermano mío, al mar las aguas de los ríos! Que mi canto en tu vida dore lo que deseas. Tu buena voluntad torne en luz lo que miras. Que tu vida así sea. -¡Mentira, mentira, mentira!
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Dos especies de manos se enfrentan en la vida, brotan del corazón, irrumpen por los brazos, saltan, y desembocan sobre la luz herida a golpes, a zarpazos. La mano es la herramienta del alma, su mensaje, y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente. Ante la aurora veo surgir las manos puras de los trabajadores terrestres y marinos, como una primavera de alegres dentaduras, de dedos matutinos. Endurecidamente pobladas de sudores, retumbantes las venas desde las uñas rotas, constelan los espacios de andamios y clamores, relámpagos y gotas. Conducen herrerías, azadas y telares, muerden metales, montes, raptan hachas, encinas, y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares fábricas, pueblos, minas. Estas sonoras manos oscuras y lucientes las reviste una piel de invencible corteza, y son inagotables y generosas fuentes de vida y de riqueza. Como si con los astros el polvo peleara, como si los planetas lucharan con gusanos, la especie de las manos trabajadora y clara lucha con otras manos. Feroces y reunidas en un bando sangriento avanzan al hundirse los cielos vespertinos unas manos de hueso lívido y avariento, paisaje de asesinos. No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos, mudamente aletean, se ciernen, se propagan. Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos, y blandas de ocio vagan. Empuñan crucifijos y acaparan tesoros que a nadie corresponden sino a quien los labora, y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros caudales de la aurora. Orgullo de puñales, arma de bombardeos con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña: ejecutoras pálidas de los negros deseos que la avaricia empuña. ¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden al agua y la deshonran, enrojecen y estragan? Nadie lavará manos que en el puñal se encienden y en el amor se apagan. Las laboriosas manos de los trabajadores caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas. Y las verán cortadas tantos explotadores en sus mismas rodillas.
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Las manos
Dos especies de manos se enfrentan en la vida, brotan del corazón, irrumpen por los brazos, saltan, y desembocan sobre la luz herida a golpes, a zarpazos. La mano es la herramienta del alma, su mensaje, y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente. Ante la aurora veo surgir las manos puras de los trabajadores terrestres y marinos, como una primavera de alegres dentaduras, de dedos matutinos. Endurecidamente pobladas de sudores, retumbantes las venas desde las uñas rotas, constelan los espacios de andamios y clamores, relámpagos y gotas. Conducen herrerías, azadas y telares, muerden metales, montes, raptan hachas, encinas, y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares fábricas, pueblos, minas. Estas sonoras manos oscuras y lucientes las reviste una piel de invencible corteza, y son inagotables y generosas fuentes de vida y de riqueza. Como si con los astros el polvo peleara, como si los planetas lucharan con gusanos, la especie de las manos trabajadora y clara lucha con otras manos. Feroces y reunidas en un bando sangriento avanzan al hundirse los cielos vespertinos unas manos de hueso lívido y avariento, paisaje de asesinos. No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos, mudamente aletean, se ciernen, se propagan. Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos, y blandas de ocio vagan. Empuñan crucifijos y acaparan tesoros que a nadie corresponden sino a quien los labora, y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros caudales de la aurora. Orgullo de puñales, arma de bombardeos con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña: ejecutoras pálidas de los negros deseos que la avaricia empuña. ¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden al agua y la deshonran, enrojecen y estragan? Nadie lavará manos que en el puñal se encienden y en el amor se apagan. Las laboriosas manos de los trabajadores caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas. Y las verán cortadas tantos explotadores en sus mismas rodillas.
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La plaza es diminuta. Cuatro muros leprosos, una fuente sin agua, dos bancas de cemento y fresnos malheridos. El estruendo, remoto, de ríos ciudadanos. Indecisa y enorme, rueda la noche y borra graves arquitecturas. Ya encendieron las lámparas. En los golfos de sombra, en esquinas y quicios, brotan columnas vivas e inmóviles: parejas. Enlazadas y quietas, entretejen murmullos: pilares de latidos. En el otro hemisferio la noche es femenina, abundante y acuática. Hay islas que llamean en las aguas del cielo. Las hojas del banano vuelven verde la sombra. En mitad del espacio ya somos, enlazados, un árbol que respira. Nuestros cuerpos se cubren de una yedra de sílabas. Follajes de rumores, insomnio de los grillos en la yerba dormida, las estrellas se bañan en un charco de ranas, el verano acumula allá arriba sus cántaros, con manos visibles el aire abre una puerta. Tu frente es la terraza que prefiere la luna. El instante es inmenso, el mundo ya es pequeño. Yo me pierdo en tus ojos y al perderme te miro en mis ojos perdida. Se quemaron los nombres, nuestros cuerpos se han ido. Estamos en el centro imantado de ¿donde? Inmóviles parejas en un parque de México o en un jardín asiático: bajo estrellas distintas diarias eucaristías. Por la escala del tacto bajamos ascendemos al arriba de abajo, reino de las raíces, república de alas. Los cuerpos anudados son el libro del alma: con los ojos cerrados, con mi tacto y mi lengua, deletreo en tu cuerpo la escritura del mundo. Un saber ya sin nombres: el sabor de esta tierra. Breve luz suficiente que ilumina y nos ciega como el súbito brote de la espiga y el ***** Entre el fin y el comienzo un instante sin tiempo frágil arco de sangre, puente sobre el vacío. Al trabarse los cuerpos un relámpago esculpen.
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Pilares
La plaza es diminuta. Cuatro muros leprosos, una fuente sin agua, dos bancas de cemento y fresnos malheridos. El estruendo, remoto, de ríos ciudadanos. Indecisa y enorme, rueda la noche y borra graves arquitecturas. Ya encendieron las lámparas. En los golfos de sombra, en esquinas y quicios, brotan columnas vivas e inmóviles: parejas. Enlazadas y quietas, entretejen murmullos: pilares de latidos. En el otro hemisferio la noche es femenina, abundante y acuática. Hay islas que llamean en las aguas del cielo. Las hojas del banano vuelven verde la sombra. En mitad del espacio ya somos, enlazados, un árbol que respira. Nuestros cuerpos se cubren de una yedra de sílabas. Follajes de rumores, insomnio de los grillos en la yerba dormida, las estrellas se bañan en un charco de ranas, el verano acumula allá arriba sus cántaros, con manos visibles el aire abre una puerta. Tu frente es la terraza que prefiere la luna. El instante es inmenso, el mundo ya es pequeño. Yo me pierdo en tus ojos y al perderme te miro en mis ojos perdida. Se quemaron los nombres, nuestros cuerpos se han ido. Estamos en el centro imantado de ¿donde? Inmóviles parejas en un parque de México o en un jardín asiático: bajo estrellas distintas diarias eucaristías. Por la escala del tacto bajamos ascendemos al arriba de abajo, reino de las raíces, república de alas. Los cuerpos anudados son el libro del alma: con los ojos cerrados, con mi tacto y mi lengua, deletreo en tu cuerpo la escritura del mundo. Un saber ya sin nombres: el sabor de esta tierra. Breve luz suficiente que ilumina y nos ciega como el súbito brote de la espiga y el ***** Entre el fin y el comienzo un instante sin tiempo frágil arco de sangre, puente sobre el vacío. Al trabarse los cuerpos un relámpago esculpen.
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Te dejo ir poco a poquito Porque algunas noches no te recuerdo y en otras brotan memorias disfrazadas de lluvia en mis ojos Porque beso otros labios pero escondo secretos Y en los secretos te escondo Me olvido de ti mientras el sol me vigila Por las noches esperas paciente en mi mente Como si supieras que te dejo ir poco a poquito
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Sep 19, 2020
Sep 19, 2020 at 2:27 PM UTC
Poco a poquito
Ha muerto Rubén Darío,         ¡el de las piedras preciosas! Hermano, ¡cuántas noches tu espíritu y el mío, unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas, sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío, más allá de los astros y de las nebulosas!           Ha muerto Rubén Darío,           ¡el de las piedras preciosas! ¡Cuántos años intensos junto al Sena vivimos, engarzando en el oro de un común ideal los versos juveniles que, a veces, brotar vimos como brotan dos rosas a un tiempo de un rosal! Hoy tu vida, inquieta cual torrente bravío, en el Mar de las Causas desembocó; ya posas las plantas errabundas en el islote frío que pintó Böckin... ¡ya sabes todas las cosas!           Ha muerto Rubén Darío,           ¡el de las piedras preciosas! Mis ondas rezagadas van de las tuyas; pero pronto en el insondable y eterno mar del todo se saciara mi espíritu de lo que saber quiero: del Cómo y del Porqué, de la Esencia y del Modo. Y tú, como en Lutecia las tardes misteriosas en que pensamos juntos a la orilla del Río lírico, habrás de guiarme... Yo iré donde tu osas, para robar entrambos al musical vacío y al coro de los orbes sus claves portentosas...           Ha muerto Rubén Darío           ¡el de las piedras preciosas!
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Homenaje
Oremos por las nuevas generaciones, abrumadas de tedios y decepciones; con ellas en la noche nos hundiremos. Oremos por los seres desventurados, de moral impotencia contaminados...                           ¡Oremos! Oremos por la turba que a cruel prüeba sometida, se abate sobre la gleba; galeote que agita siempre los remos en el mar de la vida revuelto y hondo, danaide que sustenta tonel sin fondo...                           ¡Oremos! Oremos por los místicos, por los neuróticos nostálgicos de sombra, de templos góticos y de cristos llagados, que con supremos desconsuelos recorren su ruta fiera, levantando sus cruces como bandera.                           ¡Oremos! Oremos por los que odian los ideales, por los que van cegando los manantiales de amor y de esperanza de que bebemos, y derrocan al Cristo con saña impía, y después lloran, viendo l'ara vacía.                           ¡Oremos! Oremos por los sabios, por el enjambre de artistas exquisitos que mueren de hambre. ¡Ay!, el pan del espíritu les debemos, aprendimos por ellos a alzar las frentes, y helos pobres, escuálidos, tristes, dolientes...                           ¡Oremos! Oremos por las células de donde brotan ideas-resplandores, y que se agotan prodigando su savia: no las burlemos. ¿Qué fuera de nosotros sin su energía? Oremos por el siglo, por su agonía del Suicidio en las negras fauces...                           ¡Oremos!
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Oremus
Oremos por las nuevas generaciones, abrumadas de tedios y decepciones; con ellas en la noche nos hundiremos. Oremos por los seres desventurados, de moral impotencia contaminados...                           ¡Oremos! Oremos por la turba que a cruel prüeba sometida, se abate sobre la gleba; galeote que agita siempre los remos en el mar de la vida revuelto y hondo, danaide que sustenta tonel sin fondo...                           ¡Oremos! Oremos por los místicos, por los neuróticos nostálgicos de sombra, de templos góticos y de cristos llagados, que con supremos desconsuelos recorren su ruta fiera, levantando sus cruces como bandera.                           ¡Oremos! Oremos por los que odian los ideales, por los que van cegando los manantiales de amor y de esperanza de que bebemos, y derrocan al Cristo con saña impía, y después lloran, viendo l'ara vacía.                           ¡Oremos! Oremos por los sabios, por el enjambre de artistas exquisitos que mueren de hambre. ¡Ay!, el pan del espíritu les debemos, aprendimos por ellos a alzar las frentes, y helos pobres, escuálidos, tristes, dolientes...                           ¡Oremos! Oremos por las células de donde brotan ideas-resplandores, y que se agotan prodigando su savia: no las burlemos. ¿Qué fuera de nosotros sin su energía? Oremos por el siglo, por su agonía del Suicidio en las negras fauces...                           ¡Oremos!
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¿Cómo luchar por algo que ya esta perdido? ¿Cómo luchar por un amor que no es correspondido? ¿Cómo detener la lluvia de tristeza que me embarga? ¿Cómo secar las lágrimas que me brotan del alma? ¿Cómo hacerme el loco cuando la veo? Si es imposible porque es tanto mi deseo Que creo que se ha convertido en una obsesión Irremediablemente es suyo mi corazón Y al llegar la aurora emergen mis aullidos Como un lobo solitario anhelando su presencia Vagando por mi mente su imagen dulce y tierna Destrozando a su paso toda mi poca prudencia Surgen dudas en mi que me agotan de impaciencia ¿Cómo luchar por algo que ya esta perdido? ¿Cómo luchar por un amor que no es correspondido? Y mi alma se inunda en una lluvia de lagrimas y tristezas.
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Nov 1, 2017
Nov 1, 2017 at 2:52 PM UTC
¿Cómo luchar?
¡No te amaré! Muriera de sonrojos antes bien, yo que fui cantar maldito de blancas hostias y de nimbos rojos; yo que sólo he alentado los antojos de un connubio inmortal con lo infinito. ¡No te amaré! Mi espíritu atesora el perfume sutil de otras edades de realeza y de fe consoladora, y ese noble perfume se evapora al beso de mezquinas liviandades. Mi mundo no eres tú: fueron los priores militantes, caudillos de sus greyes; el mundo en que, magníficos señores, fulminaron los Papas triunfadores su anatema fatal contra los reyes. Fue la etapa viril en que se cruza, con Bayardo que esgrime su tizona, Escot que sus dialécticas aguza: la edad en que la negra caperuza forjaba el silogismo en la Sorbona. Y no sé de pasión, y me contrista vibrar la lira del amor precario. ¡Sólo brotan mis versos de amatista al beso de Daniel, el simbolista, y al ósculo de Juan, el visionario!
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Esquiva
En la eropsiquis plena de huéspedes entonces meandros de espera ausencia enlunadados muslos de estival epicentro tumultos extradérmicos excoriaciones fiebre de noche que burmúa y aola aola aola al abrirse las venas con un pezlampo inmerso en la nuca del sueño hay que buscarlo                                                                                                               al poema Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio desnudo desquejido sin raíces de amnesia en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con aliento a zorrino y a rumiante distancia de santas madres vacas hincadas sin aureola ante charcos de lágrimas que cantan con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo                                                                                                               al poema Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso lúcido beodo inobvio entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente antes que se dilate la pupila del cero mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que brotan del intrafondo eufónico con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente hay que buscarlo                                                                                                               al poema
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Hay que buscarlo
En la eropsiquis plena de huéspedes entonces meandros de espera ausencia enlunadados muslos de estival epicentro tumultos extradérmicos excoriaciones fiebre de noche que burmúa y aola aola aola al abrirse las venas con un pezlampo inmerso en la nuca del sueño hay que buscarlo                                                                                                               al poema Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio desnudo desquejido sin raíces de amnesia en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con aliento a zorrino y a rumiante distancia de santas madres vacas hincadas sin aureola ante charcos de lágrimas que cantan con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo                                                                                                               al poema Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso lúcido beodo inobvio entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente antes que se dilate la pupila del cero mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que brotan del intrafondo eufónico con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente hay que buscarlo                                                                                                               al poema
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En tu frente descansa el color de las amapolas, el luto de las viudas halla eco, oh apiadada: cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos, el delgado labrador te da la espalda, de tus pisadas brotan temblando los dulces sapos. El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su olvidada voluntad, las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros, y la humedad es grande a su alrededor: cruzando sus pensamientos incompletos, queriendo alcanzar algo, oh buscándote, le palpitan los ojos pálidos en tu red como instrumentos perdidos que brillan de súbito. O recuerdo el día primero de la sed, la sombra apretada contra los jazmines, el cuerpo profundo en que te recogías como una gota temblando también. Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna, sobrelejos, vigilas el mar como un ladrón. Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta desesperadamente a ti por el metal que necesita.
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Serenata
Dos rojas lenguas de fuego que a un mismo tronco enlazadas se aproximan y, al besarse, forman una sola llama. Dos notas que del laúd a un tiempo la mano arranca, y en el espacio se encuentran y armoniosas se abrazan. Dos olas que vienen juntas a morir sobre una playa y que al romper se coronan con un penacho  de plata. Dos jirones de vapor que del lago se levantan y, al juntarse allá en el cielo, forman una nube blanca. Dos ideas que al par brotan; dos besos que a un tiempo estallan, dos ecos que se confunden; eso son nuestras dos almas.
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Rima xxiv
Cielo que gira y nube no asentada sino en la danza de la luz huidiza, cuerpos que brotan como la sonrisa de la luz en la playa no pisada. ¡Qué fértil sed bajo tu luz gozada!, ¡qué tierna voluntad de nube y brisa en torbellino puro nos realiza y mueve en danza nuestra sangre atada! Vértigo inmóvil, avidez primera, aire de amor que nos exalta y libra: danzan los cuerpos su quietud ociosa, danzan su propia muerte venidera, arco de un solo son en el que vibra nuestra anudada desnudez gozosa.
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Sonetos - v
Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas, querido Juan, has muerto finalmente. De nada te valieron tus pedazos mojados en ternura. Cómo ha sido posible que te fueras por un agujerito y nadie haya ponido el dedo para que te quedaras. Se habrá comido toda la rabia del mundo por antes de morir y después se quedaba triste triste apoyado en sus huesos. Ya te abajaron, hermanito, la tierra está temblando de ti. Vigilemos a ver dónde brotan sus manos empujadas por su rabia inmortal.
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Final