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"atardecer" poems
Siguen los años Creo haberte superado Sin embargo Aún me haces daño No lo puedo soportar Y ni siquiera estas aquí para mirar Yo soy el que se ofrece a escribirte Masoquismo, me ganas sin piedad Eres como la respiración Cuando vienes te quedas Una corta asfixia Después te vas Y mi pecho se encoge Por la miseria de ese momento He desperdiciado mucho tiempo Llego siempre al mismo punto Por más grande que sea el mundo Siento que algún día te veré Y mis recuerdos volverán de golpe Me congelaré Y me culparé mil veces Por no haberme comportado de la peor manera Ya que fui demasiado bueno Tanto que di miedo y pena Odio llegar a lo mismo Lo repito sin parar Se vuelve tediosa Esta tristeza sin lugar Debes irte Debo dejar que te vayas Aunque me duela, lo se Pero entre nosotros no se ganó nada La vida me dice que ya pasó Que no puedo aferrarme a la misma imagen Todos cometemos errores Todos nos salimos del margen Vamos a mostrarle la cara a la mañana Para vivir un día normal Hasta que llegue el atardecer Y pueda volver a empezar.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 9:00 PM UTC
Volver a empezar.
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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El parque lezama
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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Elsa Angélica Reina de la luna de la medianoche, Anticuerpos de la oscuridad Mi amour 'mío desmayo suave, Elsa Angélica Affuse abajo alma mía ¿En castellano Ourn del yacía Para que todos seeith en la página corriente principal, Picotazos Cassia, sudor convento Multa de goteo entre las líneas Estamos espíritu de la antigüedad en la búsqueda foulard En donde otros de a nosotros arte ciego Elsa Angélica Glaive al dolor de la mina Me sanó con tu canto América Sólo soy una bestia volvió esclavo noble Una visita obligada española a la mirada del poeta .... Elsa Angélica Ingrowing enamorada Ourn Me Inhale a tu café almizcle, En donde se tira por el empuje decisivo Y de la celestiales nuestras de por amanecer y al atardecer .... Me Kyanize, voy de Kudo thou No lasitud, no hay gruñidos larrup Calles de pasillo caballerosidad dorada Capa del sol, con Ourn propia sonrisa de Sólo una luna de un sol en la trayectoria de directos Sin dolor, ni la ira, libre al fin .... Sintiendo la explosión universal, Almas que pasan, entrelazados como uno !!!!!! ( Spanish version) ( English translated) Elsa Angelica Queen of midnight moon, Antibody of darkness Mi amour' of mine gentle swoon, Elsa Angelica Affuse down mine soul Wherein ourn castellan lay's For all to seeith on mainstream page, Cassia pecks, convent sweat Drip's fine between the lines We're spirit's of old in foulard quest Wherein other's to us art blind Elsa Angelica Glaive to mine pain's Healed me by thy Latin chant I'm just a beast turned noble slave A Spanish must to poet's glance.... Elsa Angelica Ingrowing in ourn love Inhale me to thy coffee musk, Wherein were pulling by crucial ****** And the celestial's our's by dawn and dusk.... Kyanize me, I'll kudo's thou No lassitude, no larrup growls Streets of gilded chivalry aisle Cloak the sun, with ourn own smile's Just a moon an sun in direct path's No hurt, nor anger, free at last.... Feeling the universal blast Souls to pass, entwined as one!!!!!!
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Jun 26, 2015
Jun 26, 2015 at 4:53 PM UTC
Romanticismo universal (poema dedicación / canción al amor mío ( Universal romance, dedication poem/song to mine love) spanish dialect...
Elsa Angélica Reina de la luna de la medianoche, Anticuerpos de la oscuridad Mi amour 'mío desmayo suave, Elsa Angélica Affuse abajo alma mía ¿En castellano Ourn del yacía Para que todos seeith en la página corriente principal, Picotazos Cassia, sudor convento Multa de goteo entre las líneas Estamos espíritu de la antigüedad en la búsqueda foulard En donde otros de a nosotros arte ciego Elsa Angélica Glaive al dolor de la mina Me sanó con tu canto América Sólo soy una bestia volvió esclavo noble Una visita obligada española a la mirada del poeta .... Elsa Angélica Ingrowing enamorada Ourn Me Inhale a tu café almizcle, En donde se tira por el empuje decisivo Y de la celestiales nuestras de por amanecer y al atardecer .... Me Kyanize, voy de Kudo thou No lasitud, no hay gruñidos larrup Calles de pasillo caballerosidad dorada Capa del sol, con Ourn propia sonrisa de Sólo una luna de un sol en la trayectoria de directos Sin dolor, ni la ira, libre al fin .... Sintiendo la explosión universal, Almas que pasan, entrelazados como uno !!!!!! ( Spanish version) ( English translated) Elsa Angelica Queen of midnight moon, Antibody of darkness Mi amour' of mine gentle swoon, Elsa Angelica Affuse down mine soul Wherein ourn castellan lay's For all to seeith on mainstream page, Cassia pecks, convent sweat Drip's fine between the lines We're spirit's of old in foulard quest Wherein other's to us art blind Elsa Angelica Glaive to mine pain's Healed me by thy Latin chant I'm just a beast turned noble slave A Spanish must to poet's glance.... Elsa Angelica Ingrowing in ourn love Inhale me to thy coffee musk, Wherein were pulling by crucial ****** And the celestial's our's by dawn and dusk.... Kyanize me, I'll kudo's thou No lassitude, no larrup growls Streets of gilded chivalry aisle Cloak the sun, with ourn own smile's Just a moon an sun in direct path's No hurt, nor anger, free at last.... Feeling the universal blast Souls to pass, entwined as one!!!!!!
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¿Dónde está la memoria de los días que fueron tuyos en la tierra, y tejieron dicha y dolor y fueron para ti el universo? El río numerable de los años los ha perdido; eres una palabra en un índice. Dieron a otros gloria interminable los dioses, inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores; de ti sólo sabemos, oscuro amigo, que oíste al ruiseñor, una tarde. Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra pensará que los dioses han sido avaros. Pero los días son una red de triviales miserias, ¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza, de que está hecho el olvido? Sobre otros arrojaron los dioses la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas, de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera; contigo fueron más piadosos, hermano. En el éxtasis de un atardecer que no será una noche, oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.
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A un poeta menor de la antología
But release your precious heart to its feast. A veces imagino tu mano que se posa suave, muy suave como un viento anónimo, en mi mejilla. Y me tocas el cuello y el lóbulo de la oreja con mucho cuidado. Imagino sólo tu mano. Quisiera morderla y beberme la sangre que emane de tus dedos. Quisiera que me mancharas los labios con esa sangre negra muy negra, suave y muy tibia. Sueño que estoy muy cerca. Puedo contarte las pestañas. Te mueves al ritmo de tu respiración. No te mueves. Tus ojos se llenan de brillo conforme la navaja se llena más de ti. No he visto nunca nada tan hermoso. Y no gimes, no luchas. Piensas que todo nos llevó a esto y yo te lo confirmo cuando pongo mi oreja en tu pecho y escucho lo últimos latidos pum, pum pum p Te sigo con la mirada. Tienes las manos frías y las estrellas apenas alcanzan a resplandecer. Tu sombra es tan ligera que puedo tomarla y hacerla mía para siempre. Y lo haré. Serás mío para toda la vida. Y tus manos heladas, tu piel y tu carne. No conocerás nada más que mi lengua sobre tu espalda, mis dientes en tus nudillos, mis uñas arañando tu cabeza. Tendrás los colores de un atardecer: escarlata, azafrán, índigo y luego muy ***** y muy brillante, como una noche luminosa. Eres extraordinario. Y me comeré tu corazón.
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Feb 1, 2013
Feb 1, 2013 at 2:50 PM UTC
Festín.
A dios no lo encontré precisamente en una iglesia, ni tampoco en un sermón. No nos conocimos un domingo, ni se me presentó envuelto en sotanas. A dios lo vi en una solitaria zebra, en un hocico húmedo y arrugado, y en el tímido beso de una hiena. En el sincronizado nado de los delfines, la jorobada espalda de una ballena y un atardecer radiante de rojo y azul. Me lo topé en las canas de mi padre y la fe intensa de mi madre. En la tenacidad de mi hermanita, convertida hoy en empoderada mujer, y en el calor de esas amistades que prevalecen a pesar de tiempo y distancia. Dios se me apareció en un primer beso y una caricia sincera. Lo encontré detrás de ese par de ojos azules que gritaban “te amo”, y en la impotencia y el dolor que hoy causa el haberlos perdido. Lo atrapé escondido en la grandeza de Machu Picchu, y corriendo por las majestuosas planicies sudafricanas. En las calles de mi pueblo pequeñito, tan lleno de virtudes y problemas, y en el eco del grito latinoamericano. A dios lo veo en las cicatrices que exhiben mis rodillas, producto de cada caída. Reside en mi fuerza y coraje, que me han levantado, y también en cada persona que me ha brindado una mano. Y es que a dios lo veo en algo tan simple como lo es la gracia de ser humano. En la risa, el éxito, el dolor y los errores. El amor, la soledad, la esperanza y la incertidumbre. Dios, mis amigos, está en la valentía de vivir.
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Nov 8, 2015
Nov 8, 2015 at 6:52 PM UTC
dios
La amistad silenciosa de la luna (cito mal a Virgilio) te acompaña desde aquella perdida hoy en el tiempo noche o atardecer en que tus vagos ojos la descifraron para siempre en un jardín o un patio que son polvo. ¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día, podrá decirte verdaderamente: No volverás a ver la clara luna, Has agotado ya la inalterable suma de veces que te da el destino. Inútil abrir todas las ventanas del mundo. Es tarde. No darás con ella. Vivimos descubriendo y olvidando esa dulce costumbre de la noche. Hay que mirarla bien. Puede ser la última.
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La cifra
Volver y volver a perder mis dedos en tu cabellera, volver a contraer y volver a perder la calma cuando la calma es lo que se necesita para volver al momento cero en que te conocí. Volver y volver a los días cuando la respuestas a mis insistencias fueron no, queriendo decir sigue intentándolo que volveré amar, volveré a donde el amor no es utópico. Querer ser lo que no era una opción en su momento, momento en que querer ya no era opción, Querer estar en el punto medio del inicio cuando nos presentaron el uno al otro y se marcó el final de dos soledades. Así como se dice: Quién no espera nada no se decepciona”. Yo digo: Que uno sabe reconocer lo mejor cuando lo peor era lo único que se conocía. Con una mirada, me di un viaje al interior de eso que estaba resguardado, lo nunca visto: la profundidad de lo que estaba a la superficie; La hermosura latente. Y en un atardecer: Tus ojos mirando hacia el mar, los míos a la luna, tú aroma en mi camisa, mi mano en tu pelo, tú pelo sobre mi hombro, mi hombro sosteniendo cabeza y mi corazón como bailando a la par con el tuyo. Todo parece utópico, pero no lo es…
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Oct 10, 2011
Oct 10, 2011 at 3:01 PM UTC
Hermosura latente.
Ella amará a otro hombre. Yo voy lejos, andando hacia el olvido. Y puede suceder que alguien me nombre, pero ella fingirá no haber oído. Ella amará a otro hombre: el tiempo pasa y el amor finaliza, y es natural que lo que fue una brasa acabe convirtiéndose en ceniza. Aunque nadie lo quiera, envejecen las vidas y las cosas, y es natural también que en primavera los rosales den rosas. Es natural. Por eso, ella amará a otro hombre, y está bien. No sé si ya olvidó mi último beso, ni me importa con quién. Pero quizás, un día, oyendo una canción, sentirá que esa vieja melodía le cambia el ritmo de su corazón. O será algún vestido que yo le conocí, o el olor del jardín cuando ha llovido, pero algún día ha de pensar en mí. O puede ser un gesto, un modo de mirar, o ciertas calles, o un botón mal puesto, o una hoja seca que voló al azar. Y de alguna manera tendrá que recordarme, sin querer, escuchando unos pasos en la acera como los míos al atardecer. Será en algún momento, no importa cuándo o dónde, aquí o allá, porque el amor, por parecerse al viento, parece que se ha ido y no se va. Y si en ese momento ella suspira y él pregunta por qué, le tendrá que inventar una mentira para que nunca sepa por qué fue. Y él no verá esa huella, eso tan mío en lo que ya perdí; y, aunque la pueda amar más que yo a ella, ella no podrá amarlo más que a mí...!
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Ella amará a otro hombre
Tengo el tiempo de barrera entre despertar y mirar las estrellas y que la casualidad no me ponga unas nubes, personas plagadas de nuevas maneras. Todos guardan un cuento que se actúa de forma diferente en cada situación, de igual forma tenemos esencia y algunos tenemos conciencia que puede ser borrada por bombas de hielo o soles de amor. La velocidad de la luz hace difícil esperar, calculo que hay dos horas que solo pasan a la velocidad del sonido y las paso dormido porque sueño despierto. Llego al atardecer entre siluetas del pasado, las fotos del verano y tu terraza sobresalen en mi escritorio, más no empiezo el cuento del adiós porque parto cada noche a buscar esa estrella que miramos los dos.
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Sep 6, 2015
Sep 6, 2015 at 1:59 PM UTC
La velocidad del sonido
Los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. Sobre la cresta de los peñones, vestidas de primera comunión, las casas de los aldeanos se arrodillan a los pies de la iglesia, se aprietan unas a otras, la levantan como si fuera una custodia, se anestesian de siesta y de repiqueteo de campana. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. A veces "suele" acontecer que precisamente allí se encuentra una estación. ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las catorce horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, de donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. En los compartimentos de primera, las butacas nos atornillan sus elásticos y nos descorchan un riñón, en tanto que las arañas realizan sus ejercicios de bombero alrededor de la lamparilla que se incendia en el techo. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros, y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. ¿Llegaremos al alba, o mañana al atardecer...? A través de la borra de las ventanillas. el crepúsculo espanta a los rebaños de sombras que salen de abajo de las rocas mientras nos vamos sepultando en una luz de catacumba. Se oye: el canto de las mujeres que mondan las legumbres del puchero de pasado mañana; el ronquido de los soldados que, sin saber por qué, nos trae la seguridad de que se han sacado los botines; los números del extracto de lotería, que todos los pasajeros aprenden de memoria. pues en los quioscos no han hallado ninguna otra cosa para leer. ¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo a alguno de los agujeritos que hay en el cielo! ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las veintisiete horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje.
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El tren expreso
Los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. Sobre la cresta de los peñones, vestidas de primera comunión, las casas de los aldeanos se arrodillan a los pies de la iglesia, se aprietan unas a otras, la levantan como si fuera una custodia, se anestesian de siesta y de repiqueteo de campana. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. A veces "suele" acontecer que precisamente allí se encuentra una estación. ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las catorce horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje. Campos de piedra, de donde las vides sacan una mano amenazante de bajo tierra. Jamelgos que llevan una vida de asceta, con objeto de entrar en la plaza de toros. Chanchos enloquecidos de flacura que se creen una Salomé porque tienen las nalgas muy rosadas. En los compartimentos de primera, las butacas nos atornillan sus elásticos y nos descorchan un riñón, en tanto que las arañas realizan sus ejercicios de bombero alrededor de la lamparilla que se incendia en el techo. A riesgo de que el viaje termine para siempre, la locomotora hace pasar las piedras a diez y seis kilómetros, y cuando ya no puede más, se detiene, jadeante. ¿Llegaremos al alba, o mañana al atardecer...? A través de la borra de las ventanillas. el crepúsculo espanta a los rebaños de sombras que salen de abajo de las rocas mientras nos vamos sepultando en una luz de catacumba. Se oye: el canto de las mujeres que mondan las legumbres del puchero de pasado mañana; el ronquido de los soldados que, sin saber por qué, nos trae la seguridad de que se han sacado los botines; los números del extracto de lotería, que todos los pasajeros aprenden de memoria. pues en los quioscos no han hallado ninguna otra cosa para leer. ¡Si al menos pudiéramos arrimar un ojo a alguno de los agujeritos que hay en el cielo! ¡Campanas! ¡Silbidos! ¡Gritos!; y el maquinista, que se despide siete veces del jefe de la estación; y el loro, que es el único pasajero que protesta por las veintisiete horas de retardo; y las chicas que vienen a ver pasar el tren porque es lo único que pasa. De repente, los vagones resbalan sobre los trastes de la vía, para cantar en sus dos cuerdas la reciedumbre del paisaje.
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Y el Alma se asustó a las cinco de aquella tarde azul desteñida. El labio entre los linos la imploró con pucheros de novio para su prometida. El Pensamiento, el gran General se ciñó de una lanza deicida. El Corazón danzaba; más, luego sollozó: la bayadera esclava estaba herida? Nadal Fueron los tigres que la dan por correr a apostarse en aquel rincón, y tristes ver 'los ocasos, que llegan desde Atenas. No habrá remedio para este hospital de nervios, para el gran campamento irritado de este atardecer) Y el General escruta volar siniestras penas allá ................................ en el desfiladero de mis nervios!
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En las tiendas griegas
El momento que te largaste, la luna se colgo como espejo, un recuerdo doloroso de tu existencia. Güera; brillando porcelana y distante pero presente en la noche de mi vida seguiendo tu partida. Ahora que es invierno se ha puesto peor. Caídas de nieve hirientamente blanca forman tus costillas en mi patio, manchas de tierra visible tus lunares, y cuando miro por la ventana lo tengo por seguro que mientras viva tu memoria’s melliza en mi cielo, yo me morire con cada atardecer. — The moment you left, the moon hung itself like a mirror, a painful reminder of your existence. Pale; shining porcelain and distant, but present in the night of my life following your departure. Now that it’s winter it has become worse; downfalls of agonizingly white snow form your ribs in my backyard, visible dirt stains your beauty marks, and when I look out the window I’m assured that as long as your memory’s twin lives in my sky, I will die with each and every sunset.
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Dec 22, 2013
Dec 22, 2013 at 1:52 AM UTC
Invernal
Cruza el sol la ventana Anticipando el atardecer No tardará en irse Pues no es aquí a donde pertenece Su luz alcanza a llegar A una esquina vacía ][ Que no se cruce una nube Ni salgan aves a escena Aquí dos muros y un suelo Se han rociado de infinito
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Feb 4, 2015
Feb 4, 2015 at 11:25 PM UTC
Light threads
Tu amor llegó calladamente; calladamente se me fue... Porque el amor es una fuente que se nos seca de repente, sin saber cómo ni por qué. Amor de un beso que se olvida y de un suspiro que se va; amor de paso en nuestra vida, pues se le da la bienvenida cuando tal vez se aleja ya. Así tu amor fue como el mío, mujer de un claro atardecer: amor que pasa como un río, sin estancarse en el hastío ni repetirse en el placer. Amor feliz que da sin tasa, pues sólo pide, a cambio, amor; amor que deja, cuando pasa, no la ceniza de una brasa, sino el perfume de una flor. Amor que al irse no está ausente; amor sin dudas y sin fe, como este amor intrascendente, que, si llegó calladamente, calladamente se fue...
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Canción cotidiana
Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el **** se les caiga en la vereda. Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas -empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas. Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran  desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.
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Exvoto
Sonrisas ocultas, Dedos estáticos, Suspiros al océano, Delirio azulado. Respiración agitada. Atracción infiltrada Que has provocado Con tu mirada. Ojos brillosos, Destellos luminosos, Primavera eterna En un otoño airoso. Tu cuello al atardecer, Tus manos mojadas de cielo, Tus ojos reviven mis sueños Y rellenan todos mis huecos. Pulmones llenos de deseos, Tambores a lo lejos... Melodías que tu alma canta, Mientras yo las bailo en mi cama. Melodías, que tus silencios Hacen discretos Mis momentos, De pensar en ti cielo. Delirio verde azulado Haces que me derrita En arena Me vuelves rojo violeta.
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Oct 1, 2014
Oct 1, 2014 at 6:49 PM UTC
Delirio azulado
¡Qué sola, tierra, sin nosotros! Es posible que sea el alma, vagabunda por tu ladera, la que se sienta solitaria. Hoy es mi pie el que te recorre. Paso a paso te desencanta. Más de cien años de tu sueño sobre los mares reclinada. Más de cien años sin nosotros, encadenados a otras albas. Anduvimos por su recuerdo como en imagen reflejada. Si quisimos oler tu hierba, oír tu viento entre las cañas, morder el pan de tus otoños, beber el vino de tus parras, si quisimos sentirnos, tierra, niños llorosos en tu falda, otros otoños, otros vientos, otras olas nos despertaban de nuestro sordo atardecer y nuestra mágica mañana. Miro. Te veo como siempre: nuevamente desencantada. Hoy es mi pie el que te recorre, mi propia voz la que te llama, entre juncos, entre manzanas, entre las ruinas de las barcas como esqueletos de ballena que se mantuvieron en tus playas ¡Qué triste, tierra, sin nosotros! Es posible que sea el alma, vagabunda por tu ladera, la que se sienta solitaria.
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Mañana primera
Entre un bosque de mástiles, y con sus muelles empavesados de camisas, Chioggia fondea en la laguna, ensangrentada de crepúsculo y de velas latinas. ¡Redes tendidas sobre calles musgosas... sin afeitar! ¡Aire que nos calafatea los pulmones, dejándonos un gusto de alquitrán! Mientras las mujeres se gastan las pupilas tejiendo puntillas de neblina, desde el lomo de los puentes, los chicos se zambullen en la basura del canal. ¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos de los pies! Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen con ella la cintura, como con una falda suntuosa y con olor a mar. Al atardecer, un olor a frituras agranda los estómagos, mientras los zuecos comienzan a cantar... Y de noche, la luna, al disgregarse en el canal, finge un enjambre de peces plateados alrededor de una carnaza.
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Chioggia
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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La mano de Virgilio se demora sobre una tela con frescura de agua y entretejidas formas y colores que han traído a su Roma las remotas caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda. En un atardecer muere un judío crucificado por los negros clavos que el pretor ordenó, pero las gentes de las generaciones de la tierra no olvidarán la sangre y la plegaria y en la colina los tres hombres últimos. Sé de un mágico libro de hexagramas que marca los sesenta y cuatro rumbos de nuestra suerte de vigilia y sueño. ¡Cuánta invención para poblar el ocio! Sé de ríos de arena y peces de oro que rige el Preste Juan en las regiones ulteriores al Ganges y a la Aurora y del hai ku que fija en unas pocas sílabas un instante, un eco, un éxtasis; sé de aquel genio de humo encarcelado en la vasija de amarillo cobre y de lo prometido en la tiniebla. ¡Oh mente que atesoras lo increíble! Caldea que primero vio los astros. Las altas naves lusitanas; Goa. Las victorias de Clive, ayer suicida; Kim y su lama rojo que prosiguen para siempre el camino que los salva. El fino olor del té, el olor del sándalo. Las mezquitas de Córdoba y del Aksa y el tigre, delicado como el nardo. Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo para que tu memoria no me ahogue.
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El oriente
Un anciano consume su tabaco en la vieja cachimba de nogal. La tarde es solamente un cielo opaco y el recuerdo amarillo de un rosal. El anciano dormita... Es tan triste la tarde para ver un reloj descompuesto, y la infinita crueldad de un calendario con la fecha de ayer. Y silencio, un silencio propicio para rememorar cómo canta una boca la lectura de la antigua conseja familiar. En el fino paisaje se depura una tristeza del atardecer, y el reloj descompuesto parece una dolida conciencia de caoba en la pared. Una pobre conciencia, cuya charla con la vieja cachimba de nogal es el agrio murmullo de un postigo y el recuerdo amarillo del rosal.
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Una pobre conciencia
Delgada y sinuosa como la cuerda mágica. Rubia y rauda:                                 dardo y milano. Pero también inexorable rompehielos. Senos de niña, ojos de esmalte. Bailó en todas las terrazas y sótanos, contempló un atardecer en San José, Costa Rica, durmió en las rodillas de los Himalayas, fatigó los bares y las sabanas de áfrica. A los veinte dejó a su marido por una alemana; a los veintiuno dejó a la alemana por un afgano; a los cuarenta y cinco vive en Proserpina Court, int. 2, Bombay. Cada mes, en los días rituales, llueven sapos y culebras en la casa, los criados maldicen a la demonia y su amante parsi apaga el fuego. Tempestad en seco.                                             El buitre blanco picotea su sombra.
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Golden lotuses - 2
mecha vaugham vivió la mayor parte en su uteró lejos de otros ruidos del mundo o mundanales y conoció paisajes raros llenos de pájaros nerviosos y conoció paisajes "oh bichos" decía dirigiéndose a los bichos que poblaban su cuerpo y mucho más su sueño aleteando picoteándole el alma "oh bichos que me despiertan la voz" decía mecha vaugham callándose de pronto o intentando volar "¿qué es esto que me pega al piso?" decía zangoloteando chapoteando con gran horror o fastidio de los vecinos del 3 "pies que piesan en vez de alar o cómo / sería el mundo el buey lo que se hija / si no nos devoráramos / si amorásemos mucho" decía mecha vaugham "si fuéramos o fuésemos / como rostros humanos / empezando de a dos / completos en el resto" decía mecha derrumbándose finalmente en el suelo un día pasó lo que sigue: pájaro de voz tenor que la amoraba mucho antes de ser devorado del todo plantó un arbolito en su alma mecha vaugham devoró al pajarito pero el arbolito creció creció empezó a cantarle de noche el tenorino no la dejó dormir no la dejó vivir y cuando mecha vaugham murió salió otra vez volando del árbol el pájaro ese pájaro a mecha vaugham le alfombraron la tumba con pedacitos de su mismo uteró todos los pájaros del mundo al atardecer picoteaban allí o aleteaban todos del mundo menos uno
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Lamento por el uteró de mecha vaugham
Qué victoria es tenerte, amor mío, podrías arrancar mis dientes, que para nada me han servido esta vez. Qué victoria es tenerte, porque ambos estamos perdidos, como en el atardecer muerto de noviembre. Gime, amor, porque sé que sueles ser silenciosa. Di incoherencias y ríe conmigo -o de mí-, amor, porque de eso se trata. Y, por favor, no me olvides en el momento en el que ya no delire, ni cuando sangre en mi cara ya no tenga, y las sábanas sean blancas, como tu falda inmaculada, o tus pantaletas mojadas.
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Aug 24, 2017
Aug 24, 2017 at 11:17 PM UTC
Saturno.