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"abismos" poems
*Mi táctica es mirarte aprender como sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé como, ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos. Mi táctica es ser franca y saber que sos franco y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no hayan telón ni abismos. Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple, mi estrategia es; que un día cualquiera ni sé cómo, ni sé con que pretexto por fin me necesites.* ― Mario Benedetti
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 8:57 PM UTC
Táctica y estrategia
La luz devasta las alturas       Manadas de imperios en derrota       El ojo retrocede cercado de reflejos       Países vastos como el insomnio       Pedregales de hueso       Otoño sin confines       Alza la sed sus invisibles surtidores       Un último pirú predica en el desierto       Cierra los ojos y oye cantar la luz:       El mediodía anida en tu tímpano       Cierra los ojos y ábrelos:       No hay nadie ni siquiera tú mismo       Lo que no es piedra es luz Como las piedras del Principio Como el principio de la Piedra Como al Principio piedra contra piedra Los fastos de la noche: El poema todavía sin rostro El bosque todavía sin árboles Los cantos todavía sin nombre Mas ya la luz irrumpe con pasos de leopardo Y la palabra se levanta ondula cae Y es una larga herida y un silencio sin mácula     La alegría madura como un fruto     El fruto madura hasta ser sol     El sol madura hasta ser hombre     El hombre madura hasta ser astro     Nunca la luz se repartió en tantas luces     Los árboles las calles las montañas     Se despliegan en olas transparentes     Una muchacha ríe a la entrada del día     Es una pluma ardiendo el canto del canario     La música muestra sus brazos desnudos     Su espalda desnuda su pensamiento desnudo     En el calor se afila el instante dichoso     Agua tierra y sol son un solo cuerpo     La hora y su campana se disuelven     Las piedras los paisajes se evaporan     Todos se han ido sin volver el rostro     Los amigos las bellas a la orilla del vértigo     Zarpan las casas la iglesia los tranvías     El mundo emprende el vuelo     También mi cuerpo se me escapa     Y entre las claridades se me pierde     El sol lo cubre todo lo ve todo     Y en su mirada fija nos bañamos     Y en su pupila largamente nos quemamos     Y en los abismos de su luz caemos     Música despeñada     Y ardemos y no dejamos huella
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Piedra nativa
La luz devasta las alturas       Manadas de imperios en derrota       El ojo retrocede cercado de reflejos       Países vastos como el insomnio       Pedregales de hueso       Otoño sin confines       Alza la sed sus invisibles surtidores       Un último pirú predica en el desierto       Cierra los ojos y oye cantar la luz:       El mediodía anida en tu tímpano       Cierra los ojos y ábrelos:       No hay nadie ni siquiera tú mismo       Lo que no es piedra es luz Como las piedras del Principio Como el principio de la Piedra Como al Principio piedra contra piedra Los fastos de la noche: El poema todavía sin rostro El bosque todavía sin árboles Los cantos todavía sin nombre Mas ya la luz irrumpe con pasos de leopardo Y la palabra se levanta ondula cae Y es una larga herida y un silencio sin mácula     La alegría madura como un fruto     El fruto madura hasta ser sol     El sol madura hasta ser hombre     El hombre madura hasta ser astro     Nunca la luz se repartió en tantas luces     Los árboles las calles las montañas     Se despliegan en olas transparentes     Una muchacha ríe a la entrada del día     Es una pluma ardiendo el canto del canario     La música muestra sus brazos desnudos     Su espalda desnuda su pensamiento desnudo     En el calor se afila el instante dichoso     Agua tierra y sol son un solo cuerpo     La hora y su campana se disuelven     Las piedras los paisajes se evaporan     Todos se han ido sin volver el rostro     Los amigos las bellas a la orilla del vértigo     Zarpan las casas la iglesia los tranvías     El mundo emprende el vuelo     También mi cuerpo se me escapa     Y entre las claridades se me pierde     El sol lo cubre todo lo ve todo     Y en su mirada fija nos bañamos     Y en su pupila largamente nos quemamos     Y en los abismos de su luz caemos     Música despeñada     Y ardemos y no dejamos huella
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Algo está buscando el sol. Busca la luna a su cara escondida. Las estrellas han perdido su firmamento y buscan las nubes a los vientos. Busca el cóndor al hombre desaparecido. Los petreles buscan y las toninas al mar buscan que se afana a la caza de una cumbre de una cumbre extraviada que se esfuerza por hallar a sus abismos. Los leones marinos añoran los témpanos perdidos. Las arenas se afanan en busca de un desierto. Añora a sus alas la mariposa. Busca a su selva el copihue. Hurga el cielo en el espejo de mis ojos vacíos. Separado de mí mismo yo me busco perdido entre las hojas de un libro difícil de entender.
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Nov 15, 2011
Nov 15, 2011 at 10:55 AM UTC
Búsqueda (III)
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Nov 2, 2014
Nov 2, 2014 at 12:24 PM UTC
Untitled
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Decid cuando yo muera... (¡y el día esté lejano!) soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento, en el vital deliquio por siempre insaciado, era la llama al viento... *** sensual y triste, por las islas de su América; en un pinar de Honduras vigorizó el aliento; la tierra mexicana le dio su rebeldía, su libertad, su fuerza... Y era una llama al viento. De simas no sondadas subía a las estrellas; un gran dolor incógnito vibraba por su acento; fue sabio en sus abismos, -y humilde, humilde, humilde-, porque no es nada una llamita al viento. Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales, que nunca humana lira jamás esclareció, y nadie ha comprendido su trágico lamento... Era una llama al viento y el viento la apagó.
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Futuro
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto. Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso. Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida. Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores. Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino. Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.
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Oda al vino
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto. Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso. Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida. Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores. Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino. Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.
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El ave azul del sueño sobre mi frente pasa: tengo en mi corazón la primavera y en mi cerebro el alba. Amo la luz, el pico de la tórtola, la rosa y la campánula, el labio de la virgen y el cuello de la garza. !Oh, Dios mío, Dios mío!...             Sé que me ama... Cae sobre mi espíritu la noche negra y trágica; busco el seno profundo de sus sombras para verter mis lágrimas. Sé que en el cráneo puede haber tormentas, abismos en el alma y arrugas misteriosas sobre las frentes pálidas. ¡Oh, Dios mío, Dios mío!...             Sé que me engaña...
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Rimas - xiv
¿Por qué ese orgullo, Elvira? Que se domen en ti loca ambición, ruines enojos, y quítate esa venda de los ojos, y que esos ojos a lo real se asomen. Mira, cuando tus ansias vuelo tomen y te finjan grandezas tus antojos, bellas, rostro divino, labios rojos, que unas comen pan duro, otras no comen. Bajan a los abismos nieves puras cuando rueda el alud; y se hace fango después de estar en cumbres altaneras. ¡Ay, yo he visto llorar sus desventuras a encopetadas hembras de alto rango sobre el sucio jergón de las rameras!
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Abrojos - xxxiii
Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
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Entresuelo
Un ropero, un espejo, una silla, ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, la noche como siempre, y yo sin hambre, con un chicle y un sueño, una esperanza. Hay muchos hombres fuera, en todas partes, y más allá la niebla, la mañana. Hay árboles helados, tierra seca, peces fijos idénticos al agua, nidos durmiendo bajo tibias palomas. Aquí, no hay mujer. Me falta. Mi corazón desde hace días quiere hincarse bajo alguna caricia, una palabra. Es áspera la noche. Contra muros, la sombra lenta como los muertos, se arrastra. Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba. Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda. Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, hasta el último vuelo de la última ala, cuando la carne toda no sea carne, ni el alma sea alma. Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. ¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! Esta noche me falta. Sube un violín desde la calle hasta mi cama. Ayer miré dos niños que ante un escaparate de maniquíes desnudos se peinaban. El silbato del tren me preocupó tres años, hoy sé que es una máquina. Ningún adiós mejor que el de todos los días a cada cosa, en cada instante, alta la sangre iluminada. Desamparada sangre, noche blanda, tabaco del insomnio, triste cama. Yo me voy a otra parte. Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
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Em épocas de instabilidade, Caro navegante... Tenha muita cautela ao escolher teus caminhos. Pois existem portas que, quando abertas... Nunca mais se fecharão. Já outras portas, quando se fecham, Jamais poderão ser abertas novamente. Grande amigo... Há caminhos em que os Espíritos gritam E o sangue se derrama... Caminhos esses por onde o fogo consumidor se alastra E o ímpio se transmuta. Ali a dor é colossal. E cresce a cada passo dado. Onde a guerra é lei. E te fere a todos instantes. A morte será teu guia por estes vales estreitos. Lugar em que abismos devoram os injustos Em que a própria terra engole os fracos E o veneno proferido se multiplica no retorno Afogando os incautos nas marés do próprio sangue. Por ali deve ser o teu andar, filho meu. Não temas. Tais caminhos se cruzarão, um dia Onde não houver mais tempo nem espaço, nobre guerreiro... E os véus ocultos do eterno se abrirão, Para os vitoriosos que se deleitarão Nas glórias do amor infinito.
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Aug 24, 2016
Aug 24, 2016 at 11:44 AM UTC
CONCILIUM
Mujer que recogiste los primeros frutos de mi pasión, ¡con qué alegría como una santa esposa te vería llegar a mis floridos jazmineros! Al mirarte venir, los placenteros cantares del amor desgranaría, colgada en la risueña galería, la jaula de canarios vocingleros. Si a mis abismos de tristeza bajas y si al conjuro de tu labio cuajas de botones las rústicas macetas, te aspiraré con gozo temerario como se aspira en un devocionario un perfume de místicas violetas.
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Flor temprana
La noche fácil y aparentemente sagrada o mejor dicho el abismo de la noche no es como otros abismos tiene fondo su tálamo de niebla o relente o fango acoge escarabajos desamparados ronquidos de mal tiempo sobornables insomnios labios absueltos que se reconcilian todas las resonancias del silencio y las noticias de la lóbrega todas las alegrías inoportunas y los presagios confirmados caen como gotas de sudor o rocío en el abismo con fondo de la noche son demasiados alumbrones y furias por esta sola vez el abismo tiene no sólo fondo sino espesas modorras así que aprovecho el bostezo universal para instalarme en sus fauces y sentir cómo la niebla el relente o el fango pasan sobre mis párpados los borran.
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Nocturno cero
Duele la piel del ser lejano ausente bajo la piel que riega la honda pena, faltan las blancas manos de azucena y el corazón de heridas se resiente. Abismos de pasíon Amor presiente en la insondable noche -azul serena- porque la amada fue una estrella ajena que sin saber llegó cuando el poniente. El largo recorrido fue distancia para medir la inmensidad desierta que diluyó el sabor de la fragancia. Inútilmente la pupila abierta escruta los rincones de la estancia porque se fue el Amor estando alerta.
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Soneto
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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Ii. tres meses
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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No sólo el fofo fondo los ebrios lechos légamos telúricos entre fanales senos y sus líquenes no sólo el solicroo las prefugas lo impar ido el ahonde el tacto incauto solo los acordes abismos de los órganos sacros del orgasmo el gusto al riesgo en brote al rito ***** al alba con su esperezo lleno de gorriones ni tampoco el regosto los suspiritos sólo ni el fortuito dial sino o los autosondeos en pleno plexo trópico ni las exellas menos ni el endédalo sino la viva mezcla la total mezcla plena la pura impura mezcla que me merme los machimbres el almamasa tensa las tercas hembras tuercas la mezcla sí la mezcla con que adherí mis puentes
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La mezcla
¡Bienaventurados, los dignificados por la dignidad glacial de la muerte; los invulnerables ya para los hados, una y misma cosa ya con el Dios fuerte! ¡Bienaventurados! Bienaventurados los que destruyeron el muro ilusorio de espacio y guarismos; los que a lo absoluto ya por fin volvieron; los que ya midieron todos los  abismos. Bienaventurada, dulce muerta mía, a quien he rezado como letanía de fe, poesía y amor, estas páginas... que nunca leerás. Por quien he vertido, de noche y de día, todas estas lágrimas... que no secarás.
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I. bienaventurados