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"venta" poems
When Winchester races first took their beginning It is said the good people forgot their old Saint Not applying at all for the leave of Saint Swithin And that William of Wykeham's approval was faint. The races however were fixed and determined The company came and the Weather was charming The Lords and the Ladies were satine'd and ermined And nobody saw any future alarming. — But when the old Saint was informed of these doings He made but one Spring from his Shrine to the Roof Of the Palace which now lies so sadly in ruins And then he addressed them all standing aloof. 'Oh! subjects rebellious! Oh Venta depraved When once we are buried you think we are gone But behold me immortal! By vice you're enslaved You have sinned and must suffer, ten farther he said. These races and revels and dissolute measures With which you're debasing a neighboring Plain Let them stand —You shall meet with your curse in your pleasures Set off for your course, I'll pursue with my rain. Ye cannot but know my command o'er July Henceforward I'll triumph in shewing my powers Shift your race as you will it shall never be dry The curse upon Venta is July in showers—.
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When Winchester Races
El puño labrador se aterciopela, y en cruz en cada labio se aperfila. Es fiesta! El ritmo del arado vuela; y es un chantre de bronce cada esquila. Afílase lo rudo. Habla escarcela... En las venas indígenas rutila un yaraví de sangre que se cuela en nostalgias de sol por la pupila. Las pallas, aquenando hondos suspiros, como en raras estampas seculares, enrosarian un símbolo en sus giros. Luce él Apóstol en su trono, luego; y es, entre inciensos, cirios y cantares, el moderno dios-sol para el labriego. Echa una cana al aire el indio triste. Hacia el altar fulgente va el gentío. El ojo del crepúsculo desiste de ver quemado vivo el caserío. , La pastora de lana y llanque viste, con pliegues de candor en su atavío; y en su humildad de lana heroica y triste, copo es su blanco corazón bravío. Entre músicas, fuegos de bengala, solfea un acordeónl Algún tendero da su reclame al viento: "Nadie iguala!" Las chispas al flotar lindas, graciosas, son trigos de oro audaz que el chacarero siembra en los cielos y en las nebulosas. Madrugada. La chicha al fin revienta en sollozos, lujurias, pugilatos; entre olores de urea y de pimienta traza un ebrio al andar mil garabatos. "Mañana que me vaya..." se lamenta un Romeo rural cantando a ratos. Caldo madrugador hay ya de venta; y brinca un ruido aperital de platos. Van tres mujeres.. ., silba un golfo... Lejos el río anda borracho y canta y llora prehistorias de agua, tiempos viejos. Y al sonar una caja de Tayanga, como iniciando un huaino azul, remanga sus pantorrillas de azafrán la Aurora.
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Terceto autóctono
El puño labrador se aterciopela, y en cruz en cada labio se aperfila. Es fiesta! El ritmo del arado vuela; y es un chantre de bronce cada esquila. Afílase lo rudo. Habla escarcela... En las venas indígenas rutila un yaraví de sangre que se cuela en nostalgias de sol por la pupila. Las pallas, aquenando hondos suspiros, como en raras estampas seculares, enrosarian un símbolo en sus giros. Luce él Apóstol en su trono, luego; y es, entre inciensos, cirios y cantares, el moderno dios-sol para el labriego. Echa una cana al aire el indio triste. Hacia el altar fulgente va el gentío. El ojo del crepúsculo desiste de ver quemado vivo el caserío. , La pastora de lana y llanque viste, con pliegues de candor en su atavío; y en su humildad de lana heroica y triste, copo es su blanco corazón bravío. Entre músicas, fuegos de bengala, solfea un acordeónl Algún tendero da su reclame al viento: "Nadie iguala!" Las chispas al flotar lindas, graciosas, son trigos de oro audaz que el chacarero siembra en los cielos y en las nebulosas. Madrugada. La chicha al fin revienta en sollozos, lujurias, pugilatos; entre olores de urea y de pimienta traza un ebrio al andar mil garabatos. "Mañana que me vaya..." se lamenta un Romeo rural cantando a ratos. Caldo madrugador hay ya de venta; y brinca un ruido aperital de platos. Van tres mujeres.. ., silba un golfo... Lejos el río anda borracho y canta y llora prehistorias de agua, tiempos viejos. Y al sonar una caja de Tayanga, como iniciando un huaino azul, remanga sus pantorrillas de azafrán la Aurora.
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Como llegamos a la venta -desde donde, a lo hondo, se oye el río- desmontamos de las cabalgaduras: en las piedras cantaron los espolines canción de estrellas teñidas de sangre... -Ah de la venta! ah de la venta! Cantaron nuestras vozarrones. Luego cantaron canción de burbujas y de cristales, las copas traslúcidas. E inquirimos por el tesoro de la venta serrana: Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... En la venta se cruzan vientos duros -la venta, en la garganta de la sierra desnuda-. Cantaba el viento, cantaba el viento. Allá en el fondo, a lo hondo, la línea del río y el treno del río. Luego de la canción de las burbujas cantó el fuego en las piedras del hogar. Cantaba la sangre peán de lujuria. Más tarde iban cantando las estrellas vigías, su silenciosa música. Y rezongaban preces las viejas de la venta... Tornamos a inquirir: -¿dónde está María-Luz, de los bezos de moras? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido. Y volvimos a las cabalgaduras piafantes. La Cruz del Sur en la linde del monte y el cielo. Cantó el hierro en los cantos redondos. Callados iniciamos el descenso por el camino en caracoles y en escalas; por el camino en lumbre tamizada de violetas; por el camino en perfumes del viento que susurra; por el camino en perfumes ásperos del monte; por el camino en músicas de las aguas dormidas y de las aguas que se despeñan. De su prisión de vidrio verde saltó el claro cristal: gorjear de burbujas y del perfume del anís montañero. Íbamos silenciosos. Cada cual dialogaba tácitamente con su amigo de vidrio. Mas uno de nosotros -el viandante de la barba taheña- cantó, cantó (que taladró la noche con su voz recia) El Rey de los Alisos, malamente... E inquirió con voz más ruda: -¿qué se haría el tesoro de la venta? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... Tornó a cantar la voz de las burbujas y del claro cristal... Y al río, al fin, llegamos... -¿Si Nuño Ansúrez no nos pasa en la barca...? -Bah! da lo mismo!                                     -Bah! da lo mismo! Nueva canción de vidrio y de burbujas y fresco trasegar diamantes vívidos. Media noche. En las márgenes del río qué limpia media noche!                                             Esta es la selva de múrice y de oro!                                     Esta es la abierta vida innúmera! -¿Y qué se haría el tesoro de la venta? -¿Dónde está María-Luz, de ojos de hulla, de melena de hulla, y boca sombreada...? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido...
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Relato de claudio monteflavo
Como llegamos a la venta -desde donde, a lo hondo, se oye el río- desmontamos de las cabalgaduras: en las piedras cantaron los espolines canción de estrellas teñidas de sangre... -Ah de la venta! ah de la venta! Cantaron nuestras vozarrones. Luego cantaron canción de burbujas y de cristales, las copas traslúcidas. E inquirimos por el tesoro de la venta serrana: Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... En la venta se cruzan vientos duros -la venta, en la garganta de la sierra desnuda-. Cantaba el viento, cantaba el viento. Allá en el fondo, a lo hondo, la línea del río y el treno del río. Luego de la canción de las burbujas cantó el fuego en las piedras del hogar. Cantaba la sangre peán de lujuria. Más tarde iban cantando las estrellas vigías, su silenciosa música. Y rezongaban preces las viejas de la venta... Tornamos a inquirir: -¿dónde está María-Luz, de los bezos de moras? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido. Y volvimos a las cabalgaduras piafantes. La Cruz del Sur en la linde del monte y el cielo. Cantó el hierro en los cantos redondos. Callados iniciamos el descenso por el camino en caracoles y en escalas; por el camino en lumbre tamizada de violetas; por el camino en perfumes del viento que susurra; por el camino en perfumes ásperos del monte; por el camino en músicas de las aguas dormidas y de las aguas que se despeñan. De su prisión de vidrio verde saltó el claro cristal: gorjear de burbujas y del perfume del anís montañero. Íbamos silenciosos. Cada cual dialogaba tácitamente con su amigo de vidrio. Mas uno de nosotros -el viandante de la barba taheña- cantó, cantó (que taladró la noche con su voz recia) El Rey de los Alisos, malamente... E inquirió con voz más ruda: -¿qué se haría el tesoro de la venta? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... Tornó a cantar la voz de las burbujas y del claro cristal... Y al río, al fin, llegamos... -¿Si Nuño Ansúrez no nos pasa en la barca...? -Bah! da lo mismo!                                     -Bah! da lo mismo! Nueva canción de vidrio y de burbujas y fresco trasegar diamantes vívidos. Media noche. En las márgenes del río qué limpia media noche!                                             Esta es la selva de múrice y de oro!                                     Esta es la abierta vida innúmera! -¿Y qué se haría el tesoro de la venta? -¿Dónde está María-Luz, de ojos de hulla, de melena de hulla, y boca sombreada...? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido...
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Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
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La venta
Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
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He stood on the hill with his cap turned backwards, And it made no logic at all Since the sun was hitting his eyes, but he didn't seem to care For the orange line, over his face And yet, when I approached closer He seemed further away, and the galaxy was spreading across his face It looked like a magnificent burn Which he got From dreaming Too much The sun turned black and the boy was no more. Now, the only thing I could see in front of me was a shade... Not like I could describe it, since it was a shade of fear seen from my eyes. I wasn't looking with my eyes, yet with my soul alone. A discovery far more greater than what I've known my whole life. So I, naturally, search for Hope and Dreams My Ideals, too Yet I only found Illusions Lying broken on the crimson floor As the Life and Thought beat it up But then a darkness far greater than all of the others came. Really, it can't be seen with your eyes, so you need to look with your soul. Blacker than the venta black. Just a deathly black. It was Him, for sure. Not Him as the God, but the one who takes your hand at the end of your suffering. And so, Illusion's hand was taken While Life and Thoughts spit on the ground and disappeared, Death embraced me and him. It was far more comfortable than I'd thought it would be; An indisputable peace found only within your heart. It's an irony, but it shine so bright With it's darkness That we both knew we were finally safe. And the boy? Oh, well he sat on the ground. Took a sip of time Like he always does, from time to time. He looked at me, absorbing All of my questions Changing his form to however I Had imagined him at that moment And just when I thought I had caught up with him, he'd transform yet again. Then it hit me. He was Illusions himself; And just when I wanted to Embrace him and make him confirm, Just like Hopes, Dreams, and All of my Ideals... He broke at that moment. And all I'm left with Is this blinding darkness Sparkling with it's sweet venom; I realise life is more and less that I had ever guessed. Illusions are not to be trusted. Because Illusions always break.
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Feb 6, 2018
Feb 6, 2018 at 10:21 AM UTC
{Illusions always break}
He stood on the hill with his cap turned backwards, And it made no logic at all Since the sun was hitting his eyes, but he didn't seem to care For the orange line, over his face And yet, when I approached closer He seemed further away, and the galaxy was spreading across his face It looked like a magnificent burn Which he got From dreaming Too much The sun turned black and the boy was no more. Now, the only thing I could see in front of me was a shade... Not like I could describe it, since it was a shade of fear seen from my eyes. I wasn't looking with my eyes, yet with my soul alone. A discovery far more greater than what I've known my whole life. So I, naturally, search for Hope and Dreams My Ideals, too Yet I only found Illusions Lying broken on the crimson floor As the Life and Thought beat it up But then a darkness far greater than all of the others came. Really, it can't be seen with your eyes, so you need to look with your soul. Blacker than the venta black. Just a deathly black. It was Him, for sure. Not Him as the God, but the one who takes your hand at the end of your suffering. And so, Illusion's hand was taken While Life and Thoughts spit on the ground and disappeared, Death embraced me and him. It was far more comfortable than I'd thought it would be; An indisputable peace found only within your heart. It's an irony, but it shine so bright With it's darkness That we both knew we were finally safe. And the boy? Oh, well he sat on the ground. Took a sip of time Like he always does, from time to time. He looked at me, absorbing All of my questions Changing his form to however I Had imagined him at that moment And just when I thought I had caught up with him, he'd transform yet again. Then it hit me. He was Illusions himself; And just when I wanted to Embrace him and make him confirm, Just like Hopes, Dreams, and All of my Ideals... He broke at that moment. And all I'm left with Is this blinding darkness Sparkling with it's sweet venom; I realise life is more and less that I had ever guessed. Illusions are not to be trusted. Because Illusions always break.
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La venta de Cidones está en la carretera que va de Soria a Burgos. Leonarda, la ventera, que llaman la Ruipérez, es una viejecita que aviva el fuego donde borbolla la marmita.Ruipérez, el ventero, un viejo diminuto -bajo las cejas grises, dos ojos de hombre astuto-, contempla silencioso la lumbre del hogar.Se oye la marmita al fuego borbollar.Sentado ante una mesa de pino, un caballero escribe. Cuando moja la pluma en el tintero, dos ojos tristes lucen en un semblante enjuto.El caballero es joven, vestido va de luto.El viento frío azota los chopos del camino. Se ve pasar de polvo un blanco remolino.La tarde se va haciendo sombría. El enlutado, la mano en la mejilla, medita ensimismado.Cuando el correo llegue, que el caballero aguarda, la tarde habrá caído sobre la tierra parda de Soria. Todavía los grises serrijones, con ruina de encinares y mellas de aluviones, las lomas azuladas, las agrias barranqueras, picotas y colinas, ribazos y laderas del páramo sombrío por donde cruza el Duero, **** al sol de ocaso su resplandor de acero.La venta se oscurece. El rojo lar humea. La mecha de un mohoso candil arde y chispea.El enlutado tiene clavado en el fuego los ojos largo rato; se los enjuga luego con un pañuelo blanco. ¿Por qué le hará llorar el son de la marmita, el ascua del hogar?Cerró la noche. Lejos se escucha el traqueteo y el galopar de un coche que avanza. Es el correo.
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Al maestro "azorín" por su libro castilla
Las campanas, los domingos, Con su alegre repicar, Eran canto de alborozo Bajo el cielo matinal. Hoy las oigo sólo en sueños... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos... ¡cuán lejanos Esos tiempos están ya!... Sin escuela, por las calles, Campo, río, libertad. Los domingos de la infancia... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos, por el puente Cuántas veces vi pasar Para misa a los labriegos: Las campanas ya no oirán  Muchos de ellos, bajo tierra... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos, los labriegos El crepúsculo al llegar Regresaban a sus campos... Un cantar aquí y allá, Y la plaza casi sola... ¡Cómo es triste recordar! En la venta, junto al puente, Se escuchaba el rasguear De los tiples, bajo el oro De la tarde tropical; Y bailaban los labriegos... ¡Cómo es triste recordar! En redor de las fogatas, En la plaza del lugar, Los rapaces nos uníamos Al venir la oscuridad, Y saltábamos sobre ellas... ¡Cómo es triste recordar! Los domingos en la noche, Ya cansados de jugar, Nos rendíamos al sueño, En un sueño de honda paz. Hoy... ¡las noches intranquilas! ¡Cómo es triste recordar! Los domingos de la infancia... ¡Qué dichoso despertar! ¡El vestido limpio, frutas, Campo, río, libertad! ¡Ya la tarde... todo lejos!... ¡Cómo es triste recordar!
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Los domingos de la infancia